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domingo, 30 de junio de 2013

La filmoteca española en You Tube: colección guerra civil

La Filmoteca española lo ha hecho fácil para ver 64 peliculas de la guerra civil. Se puede consultar la página aquí, en su página en YouTube. Con introducciones del historiador Julián Casanova.

lunes, 23 de julio de 2012

"La memoria como práctica" ("Dealing with the Legacy of Political Violence"). Conferencia de Jo Labanyi en la Universidad de Michigan

Como pasa tantas veces, buscando otra cosa en internet, terminé encontrando esta conferencia de Jo Labanyi, hispanista inglesa a quien he citado múltiples veces aquí. Labanyi es una estudiosa y profesora en la New York University y ha escrito mucho sobre la memoria y el olvido en el contexto español. Quizá su estudio más conocido es el en que habla del concepto del espectro, tomando como punto de partida la obra de Derrida ("History and Hauntology..."). La conferencia de abajo la da en inglés en la Universidad de Michigan en el año 2010 (creo que luego formará parte del libro Unearthing Franco's Legacy). Enfocándose en España, argumenta en contra de la idea de que "la memoria siempre es buena y el olvido, siempre malo" y problematiza la idea de una sola "memoria histórica." Os invito a escuchar la conferencia y dejar comentarios en esta entrada, si os interesa. Como avisa Labanyi misma al empezar su charla, es muy crítica con ciertas prácticas de la memoria, tanto las de la izquierda como de la derecha. Una conferencia que asegurará una reacción fuerte.

domingo, 27 de marzo de 2011

Otra crítica de Ispansi, la película de Carlos Iglesias

Ha salido otra crítica negativa de Ispansi, la película sobre los niños exiliados a la URSS. Se puede consultarla en La Voz Libre. Entre otras cosas, el autor opina que Ispansi tiene un "guión [que] es de pena, penita, pena. De un maniqueísmo ridículo." No le han gustado el uso de la voz en off, el "anticlericalismo facilón" ni la "doble trampa: histórica y estructural" que caracteriza el principio de la película.

No he visto ni una sola crítica positiva de esta película, pero aun pienso verla cuando salga en DVD. Por mala que sea, sigue siendo la primera película de ficción sobre el exilio de los niños a la URSS. Y quedan cosas que aprender, aun de películas malas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Ensayo en Letras Libres: "Los archivos, la izquierda y la guerra civil"

Visto en: Letras Libres
 
ENERO DE 2011
Ensayo

Los archivos, la izquierda y la Guerra Civil
por Stephen Schwartz
Los archivos relacionados con la Guerra Civil española son innumerables y parecen haber sido estudiados a conciencia. Sin embargo, en este ensayo, Schwartz desvela nueva documentación sobre la controvertida participación de comunistas, poum y otras fuerzas radicales en ese sangriento conflicto.
Leer artículo íntegro aquí.

El ensayo se refiere al libro España traicionada, publicado originalmente en inglés (Spain Betrayed) y ahora, traducido al español.
Leer reseña de la Fundación Nin

lunes, 27 de diciembre de 2010

Tráiler de "Ispansi," película sobre el exilio de los niños a la URSS

Llevo tiempo esperando ver esta película. Abajo están el tráiler y el póster oficiales. Estreno: marzo de 2011



Ispansi (Españoles) - Trailer
Uploaded by TrailersyEstrenos. - Watch feature films and entire TV shows.

De: http://www.trailersyestrenos.es/2010/12/ispansi-espanoles-trailer.html
Al poco tiempo de comenzar la Guerra Civil Española, la República envió a 3.000 niños a la Unión Soviética para protegerles de los bombardeos de Franco. Los primeros en salir fueron los niños sin padres, los niños de los orfanatos.
Nuestra protagonista femenina se llama Beatriz, la hija de una familia acaudalada de derechas, con padre y hermano falangistas, que tuvo la mala suerte de quedarse embarazada de un hombre que se negó a casarse con ella. Al no poder abortar, por creencias religiosas, ni asumir su maternidad fuera del matrimonio, se convierte en víctima de su propia ideología, y tiene que esconder a su criatura en un orfanato de Madrid. Al enterarse del inminente viaje de su hijo a Rusia, roba la identidad de una republicana muerta (Paula) para ofrecerse de voluntaria como cuidadora de los niños, y de esta forma emprende un viaje terrible junto a su hijo rodeada de sus enemigos naturales a miles de kilómetros de su país y su gente.
En junio del 41, Hitler invadió la Unión Soviética, en septiembre estaba a dieciséis kilómetros de Moscú. El convoy de niños españoles huye de Stalingrado. La continua llegada de tropas de refresco para la defensa de Moscú entorpece una y otra vez el viaje de los españoles; en una de estas paradas se les une un comisario político del Partido Comunista de España que va a curar sus heridas de guerra a Samarcanda; este personaje se convertirá en nuestro protagonista masculino: se llama Álvaro.

Título original: Ispansi
Año: 2010
País: España
Duración: 115 minutos
Género: Drama
Estreno en España: 18-03-2011
Director: Carlos Iglesias
Reparto: Esther Regina (Paula), Carlos Iglesias (Álvaro), Isabel Blanco (Rosario), Francisco Conde (Guardia), Olga Dinnikova (La Suiza), Iñaki Guevara (Jorge), Bruto Pomeroy (Ángel), Isabelle Stoffel (Ludmila), Camino Teixeira (Paula sirvienta), Eloisa Vargas (Piedad).
Guión: Carlos Iglesias.
Producción: Antonio P. Pérez y Robert Boner.
Música: Mario de Benito.
Fotografía: Tote Trenas.
Montaje: Miguel Ángel Santamaría.
Director de producción: Eduardo Santana.
Vestuario: Eva Arretxe.
Productoras: Maestranza Films, Saga-Productions, Télévision Suisse-Romande y Un Franco 14 Pesetas.
Distribución en España: Alta Films.

Web Oficial: www.ispansi.es

sábado, 7 de agosto de 2010

Libros sobre el comunismo

Este verano me he sumergido en libros sobre el estalinismo y el comunismo en España y en el exilio. Mi enfoque ha sido el exilio de los niños a la URSS en 1937, pero para entender su situación hay que estudiar el papel del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) y el PCE en moldear sus identidades políticas (algunos lo tacharían de un "lavado de cerebros") en la URSS. Antonio Elorza, historiador y Catedrático de Ciencias Polticas en la Complutense, ha escrito una crítica de varios libros sobre el comunismo, publicada ayer en Babelia. Los libros son: Bandera roja, de David Priestland; Trotski, revolucionario sin fronteras, de Jean-Jacques Marie; Entre Franco y Stalin, de Josep Puigsech; Los viejos camaradas, de Santiago Carrillo; y El libro negro del comunismo, de Stéphane Courtois. Leer más aquí.

viernes, 19 de marzo de 2010

Los "niños de la guerra" en Rusia

De momento me encuentro trabajando en un proyecto sobre los niños de la guerra en la URSS, y esta noticia me llamó la atención por lo injusto de la situación. ¿Cuántos sabíamos que aún había más de 100 "niños" en Rusia? Intenté buscar más información sobre este personaje "Vestov," mencionado en el artículo, que tuvo la cara de llamarles a los ancianos "arrendatarios de mala fe," pero no pude averiguar más sobre el asunto. No sé qué pasará, pero el caso me parece hecho para la diplomacia española-rusa.
La memoria suspendida

EL PAÍS - Opinión - 17-03-2010

El director del departamento de la propiedad del Ayuntamiento de Moscú, N. Vestov, ha catalogado a los niños de la guerra de España que aún viven en la capital de Rusia de "arrendatarios de mala fe". Así que les ha enviado una carta al Centro Español, donde se reúnen, en una calle céntrica, para decirles que se van a tener que ir de allí en unos días... salvo que paguen por el alquiler mensual 10 veces más (de 634 a 6.291 euros).

Los niños de la guerra de 1936 ya no son tan niños, así que no se trata de que vayan a tener que irse a jugar a la calle. La cuestión tiene más bien que ver con las malas maneras propias del capitalismo más salvaje. El centro ha conseguido mantener los vínculos entre los 161 ancianos que sobreviven de entre los 3.000 que llegaron huyendo de la Guerra Civil. Resulta que el valor del local que tienen alquilado, y cuya renta pagan religiosamente con ayuda del Gobierno español, ha crecido de manera vertiginosa en los últimos tiempos, y la municipalidad de la capital quiere sacarle rendimiento.

Así que el señor Vestov ha echado mano de una disposición municipal del pasado 29 de diciembre, que priva de subvenciones y facilidades a los inquilinos morosos, para darles el disgusto. La honradez de los niños de la guerra, que aseguran llevar las cuentas al día, no cuenta nada, ni cuentan tampoco su larga historia y las tremendas vicisitudes por las que pasaron.

Se arrincona, así, no sólo la parte que en relación a los niños de la guerra tiene que ver con España, sino la que tiene que ver con la propia Rusia. Y es que una buena parte de cuantos llegaron allí huyendo del avance franquista estuvieron listos para pelear contra Hitler cuando invadió la Unión Soviética. En esos campos de batalla murieron 70 de aquellos niños y otros 200 desaparecieron, enfermos o hambrientos.

Tuvieron que dejar España y lucharon en otra tierra. Cuando quisieron regresar, Stalin y La Pasionaria no los dejaron: los estaban preparando como la élite que volvería a España al caer Franco. Ya habían construido allí sus vidas, cuando les permitieron volver, en 1956: muchos se quedaron. Y ahora, como si se quisiera rematar la faena, los quieren echar a la calle.

martes, 26 de enero de 2010

Marinos soviéticos en la guerra civil

El blog Tiempo de Historia nos informa del libro de arriba.

Resumen y ficha:

Marinos soviéticos con la flota republicana durante la Guerra Civil

Willard C. Frank
Divum & Mare (Editorial Aglaya, en www.editorialaglaya.com)
Precio: 16,00€
Páginas: 160
ISBN: 978-84-936502-2-3
Fecha: septiembre 09

Sinopsis:

En el verano de 1936, el gobierno de la República española, a consecuencia del apoyo prestado por la Alemania nazi y la Italia fascista a los militares sublevados, pide ayuda a la Unión Soviética. Stalin tras unos primeros momentos de dudas accede a esta petición enviando asesores militares para evaluar a los restos del ejército republicano y preparar la recepción de las armas que había decidido enviar. Entre estos asesores llega a España a finales de agosto como Primer Consejero Naval el capitán de navío Nikolai Gerasomovich Kuznetsov nombrado Primer Consejero Naval Soviético en España. Kuznetsov sería el primero de los más de 100 asesores navales soviéticos que actuaron en España durante la Guerra Civil. Willard C. Frank ha investigado en los archivos rusos las memorias y actuaciones de estos marinos soviéticos enviados a España entre 1936 y 1939. Ofreciéndonos en esta obra sus nombres, sus actividades como asesores, consejeros, e incluso su actuación como comandantes de submarinos, tanto en la base naval de Cartagena como en el Cantábrico y en el Estado Mayor de la Flota.

viernes, 8 de enero de 2010

"Ispansi" - película sobre los niños de la guerra

'Ispansi' quiere decir "españoles" en ruso

Carlos Iglesias rueda en Suiza un filme sobre los 'niños de la Guerra Civil'


RODRIGO CARRIZO COUTO - La Chaux-de-Fonds
EL PAÍS - Cultura - 30-12-2009

Suiza lo vio crecer como hijo de la emigración española de los sesenta. Y en Suiza apuntala su extraño viaje de astuto cómico a respetado cineasta. Carlos Iglesias vuelve a los nevados paisajes alpinos estos días para emprender una nueva aventura cinematográfica tras el éxito de su debut, Un franco, 14 pesetas. La temática vuelve a discurrir por los meandros de la memoria histórica. Si en el primer asalto fue su propia experiencia y la de su familia en tierras de promisión, para Ispansi, su nuevo filme, Iglesias fija su aguda y tierna mirada en el drama de los niños de la guerra.

"Entre 1937 y 1939 casi 30.000 niños huyeron de la Guerra Civil por los puertos de Bilbao, Valencia o Barcelona", explica Iglesias en una aldea perdida en las montañas del Jura, donde rueda rodeado de trenes de época, militares del Ejército Rojo y barbudos campesinos suizos que recuerdan vivamente a Dostoievski.

"De ellos, la historia más triste es la de los niños que fueron a la URSS, pues los demás, al finalizar la guerra, pudieron volver a España. Pero los niños de Rusia se convirtieron en una moneda de cambio. Stalin invirtió mucho en su educación y Franco no quería jóvenes formados en el comunismo soviético". Con una sonrisa, Iglesias aclara: "Aunque lo cierto es que vivieron en Rusia mucho mejor de lo que hubieran podido vivir en sus aldeas y pueblos de origen, pues accedieron a estudios superiores y desarrollaron carreras técnicas inimaginables en la España de entonces".

Ispansi quiere decir "españoles" en ruso. Y el palabro sonó continuamente en los cincuenta en la Unión Soviética. En 1953, al comenzar el deshielo entre Franco y la URSS, el imperio comunista permitió la vuelta de los prisioneros de la División Azul. A través de la Cruz Roja se negoció entonces la posibilidad del retorno a España de los niños y adultos que no tuvieran delitos de sangre ni hubieran ocupado cargos políticos durante los años de la cruenta Guerra Civil.

"Sin embargo, el mayor drama fue entonces el reencuentro entre esos jóvenes y unas familias que ya no les reconocían", explica Iglesias. "Eran unos adultos formados en el comunismo y que generaban sospechas. La mayoría volvió inmediatamente a la URSS para no salir ya nunca más". El cineasta agrega que sobre el telón de fondo del drama de los niños de la guerra está la historia nunca contada de los adultos que les acompañaron. "Y que es fascinante", añade con contagioso entusiasmo.

Primero la emigración, y ahora la Guerra Civil. Parece evidente que Iglesias, que alcanzó notoriedad en la televisión con personajes bien alejados de los que ahora le interesan, está abonado a buscar respuestas entre las sombras de la memoria histórica. "Yo soy el primer sorprendido de que nadie se haya ocupado de filmar estos temas, pero debe de ser porque el cine español dispone de recursos limitados, y contar una historia así es muy caro. Sólo el éxito de Un franco... me ha permitido llevar adelante este nuevo proyecto. Comenzamos a planificar esta película sin crisis, pero al levantarnos un día... nos la encontramos de lleno", comenta divertido. "En realidad, nuestra producción se ha quedado algo coja, pero es positivo en el fondo, porque nos obliga a ser creativos. No me canso de ver Plácido, de Luis García Berlanga. Ése es el espíritu que intento transmitir a mi equipo: poner imaginación y creatividad".

La película es una coproducción hispanosuiza. Y gran parte del equipo de Un franco, 14 pesetas repite -incluido el director de fotografía, Tote Trenas, o actrices como Isabel Blanco- para añadir al rodaje una reconfortante sensación de familiaridad en medio del invierno suizo.

"Hay un mensaje en Ispansi: intentar crear un puente entre las dos Españas. Tenemos una historia común y necesitamos que se nos cuente desde la distancia y con equilibrio. Esta historia ocurrida hace setenta años tiene un claro mensaje para nuestro tiempo, pues la crispación y división son, en muchos aspectos, similares", dice su director.

Para un reportaje más extenso de la prensa suiza (en español), hacer clic aquí

martes, 20 de octubre de 2009

Nuevo libro sobre el final de la II República

De: El País

Ángel Viñas y Fernando Hernández reconstruyen el desastre republicano en la Guerra Civil, centrado en el golpe del coronel Casado y el mito del dominio comunista sobre Negrín

18/10/2009

Sobre el final de la Guerra Civil se dispone de una abundante literatura. Está, en gran medida, teñida por los testimonios de vencedores y vencidos. Entre los primeros predominan el júbilo y la mitologización. A la alegría de la VICTORIA se unieron las múltiples y variadas leyendas que presentaron el conflicto como una lucha por la salvación de España y para evitar que la PATRIA (siempre con mayúsculas) fuese a caer en las garras de Moscú. Entre los segundos dominan las querellas durante los largos años del exilio; la angustia por determinar las responsabilidades de la derrota y los intentos de echarlas, en la mayor medida posible, sobre los demás.

(...) La guerra fría, con sus exigencias políticas, ideológicas y militares, indujo a una amplia gama de historiadores, politólogos y simples propagandistas a presentar la guerra española no como un fenómeno precursor de la mundial sino como una muestra, afortunadamente fracasada, de la pugna sistémica. La Unión Soviética habría tendido a establecer en España una República popular avant la lettre, un anticipo de lo que el Ejército Rojo impuso en la Europa central y oriental por la fuerza de las bayonetas. Aunque dictador con rasgos a veces poco recomendables, Franco habría sido el "centinela de Occidente", el visionario que había sabido infligir la primera derrota al comunismo por la fuerza de las armas. En extraña coyunda, conservadores, libertarios, un amplio sector socialista, renegados comunistas, trotskistas y poumistas de gran imaginación llevaron a la literatura una interpretación sobre la Guerra Civil y su final que convenía y alegraba a todos, también a los franquistas. Culminó en tres mitos esenciales:

1. Los republicanos -bajo la férula del PCE y formalmente bajo un Gobierno dirigido por Negrín- mantuvieron la resistencia cuando ya nada quedaba por hacer. Sobre ellos recaen los muertos y la sangre derramada en los últimos meses de la contienda.

2. Ante la repulsa que en los mandos militares y en las organizaciones políticas despertaba tan absurda estrategia, Negrín preparó, en connivencia con los comunistas, un golpe de fuerza que le habría permitido poner bajo su control a los restos del Ejército Popular para así proseguir una resistencia desesperada, que sólo convenía a la URSS.

3. Afortunadamente, gente que no estaba tan alocada y era más sensible a las exigencias de la realidad preparó un golpe destinado a cortar tal deriva.

(...) Todavía hoy destacados historiadores del conservadurismo de habla inglesa argumentan que Negrín, el hombre de la resistencia contra Franco, habría sido, quisiéralo o no, un instrumento del PCE. Los comunistas españoles, lacayos de la Unión Soviética, se habrían comportado como vehículos transmisores de los deseos de Stalin a través de la Internacional Comunista (...).

Tales mitos, que siguen teniendo plena vigencia hoy en día entre los autores pro franquistas y muchas de cuyas manifestaciones asume acríticamente una cierta corriente de historiadores, son el objeto del presente libro. (...) Negrín fue lo más próximo que los españoles de la época tuvieron a una figura de la talla del líder francés (Charles de Gaulle) o a la de un Winston Churchill. Si España no continuara siendo la proverbial madre amarga y su política fuera menos cainita es verosímil que la memoria de Negrín hubiese sido rehabilitada hace tiempo con todos los honores. Aunque ello no haya sido así, como tampoco lo ha sido la épica lucha que una parte sustancial del pueblo español mantuvo contra el expansionismo fascista, ofrece cierto consuelo el que al menos, en el año 2008, su partido decidiera readmitirle póstumamente a la militancia junto con treinta y cinco de sus partidarios, expulsados ignominiosamente de éste en 1946 en los albores de la guerra fría.

(...) Tras dos años y medio de resistencia la República fue derrotada debido a la superioridad y mayor disciplina del adversario y a la continuada retracción de las democracias. Pero su derrota en concreto se configuró también por la desintegración derivada de una dinámica de discordia interna que fue creciendo en intensidad y que dio al traste con cualquier posibilidad de salvación de un mayor número de vidas republicanas.

(...) Demostramos, con documentos en la mano, que Negrín no fue un instrumento de los comunistas; que, al contrario, estos últimos se encontraban en una relación de dependencia cuando no de supeditación con respecto a él; que si bien uno y otros caminaron juntos un largo trecho, hubieron de divergir en el tramo postrero sin que el PCE pudiera hacer nada por evitarlo; que ambos fueron víctimas de los prejuicios y del clima en el momento histórico en que les tocó desarrollar su acción y que, en definitiva, tanto la Guerra Civil como su conclusión deben reinterpretarse desde coordenadas muy diferentes a las utilizadas por la historiografía pro franquista o anticomunista de la guerra fría.

[En la última fase de la guerra] no hubo nunca dos conspiraciones en paralelo, aunque opuestas. Sólo hubo una, la casadista, a la cual se unieron ciertos sectores procedentes de un Frente Popular local relativamente aislado, como era el madrileño. Sus componentes ni representaban a sus partidos y organizaciones nacionales, ni contaban con el menor átomo de autorización, salvo en el caso notorio de los libertarios, brazo armado de la insurrección. En puridad (...) podría hablarse de una conspiración anarco-casadista.

Casado manipuló las esperanzas e ilusiones de los mandos del Ejército Popular, muchos de ellos preocupados por resolver su "pequeño problema personal", y otros deseosos de creer en la posibilidad de una sintonía entre "compañeros". Se basaron en el espíritu corporativo, en la noción de que la política de resistencia sólo hacía el caldo gordo a los comunistas y a los presuntos intereses soviéticos, en la crítica sistemática a Negrín y en la animosidad contra el PCE y que éste se había ganado a pulso. Aprovecharon al máximo la anómala situación constitucional creada por la dimisión de Azaña y el conocimiento por parte de Casado de los movimientos tácticos del presidente del Gobierno, tras recibir alguna de sus confidencias e interceptar sus comunicaciones.

(...) Las razones de la insurrección casadista están claras. Ante todo, la creencia de que al ofrecer en almoneda la cabeza de Negrín y el poder comunista a Franco, éste podría mostrar condescendencia. Pero hubiese bastado con leer, como hizo un diplomático chileno, aquel monumento a la monstruosidad jurídica que fue la Ley de Responsabilidades Políticas -promulgada cuando ya Casado cabildeaba con los emisarios de Franco-, que perseguía con efectos retroactivos (que iban ¡hasta octubre de 1934!) conductas perfectamente amparadas por la legalidad republicana y derivaba de ellas responsabilidades criminales, para darse cuenta de qué forma se manifestaría la proverbial "magnanimidad" del Caudillo.

El desplome de la República, de Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez. Editorial Crítica. A la venta el 22 de octubre. Precio: 35 euros.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Reportaje sobre el exilio a la URSS

MEMORIA HISTÓRICA

Los tres éxodos de Emilia


La dura vida de una "niña de la guerra" civil española en Siberia, tierra de exiliados y presos

PILAR BONET
ELPAIS.com - España - 12-09-2009

En Chitá, en Siberia Oriental, a más de 6.000 kilómetros de Moscú, vive Emilia Falcón. Tiene 79 años y llegó a lo que entonces era la URSS en 1937, entre los niños evacuados de la guerra civil española. De los casi tres mil "niños de la guerra" refugiados en la Unión Soviética, hoy quedan en Rusia menos de 170. De ellos, Emilia es la que reside más alejada de su país natal, en una región que ha sido destino tradicional de exiliados y presos.

Nacida en Gijón en 1930, Emilia llegó a Chitá en 2001 desde Uzbekistán. Ese éxodo -el tercero- se acumulaba al de la Guerra Civil y al de la Segunda Guerra Mundial, y fue la consecuencia de la desintegración de la Unión Soviética, ya que cuando ese Estado desapareció, la asturiana residía en Samarcanda y esa circunstancia la metamorfoseó de "ciudadana de la URSS" en "ciudadana de Uzbekistán". Al reducirse las perspectivas de futuro para los hijos y nietos, la familia optó por trasladarse a Rusia. Leonid, el yerno de Emilia, encontró trabajo en una imprenta de Chitá y allí fueron.

Emilia, su hija Dolores, su yerno y dos nietas, Ana María y Lolita, residen en una modesta vivienda. Ignacio y Víctor, los otros dos hijos de Emilia, se encuentran en Krasnoyarsk (Siberia) y en Samarcanda, respectivamente, y sus apellidos -Telechea Falcón- evidencian su origen como descendientes de dos "niños de la guerra", la asturiana Emilia Falcón Díez y el vasco Ignacio Telechea Lama.

Emilia es el centro y en gran medida el sostén material de la familia en Chitá. Como a los otros "niños de la guerra", el Gobierno español le manda una pensión, en su caso es de cerca de 600 euros mensuales. La familia lucha por sobrevivir. Para emigrar de Uzbekistán, tuvieron que vender por 1.500 dólares un piso de Samarcanda, justo el dinero indispensable para trasladarse y comprar ropa para el frío siberiano.

La abuela Falcón tiene ojos vivos y aspecto de chiquillo travieso. "Llegamos en barco a Leningrado en 1937. Yo venía con mi hermana gemela Petronila. De mi infancia en Gijón recuerdo la alarma. Cuando sonaba, nos refugiábamos en el sótano. Una vez, una bomba mató a una mujer con una niña. Aún puedo encontrar ese lugar". A su madre volvió a verla en un viaje a España en 1972. Su inseparable hermana Petronila regresó a Asturias tras la muerte de Stalin, allí se casó, tuvo hijos y murió.

Leningrado es una imagen viva en su memoria. "Nos llevaron al baño y nos dieron unos calzoncillos y nosotras nos negamos a ponérnoslos diciendo que no éramos chavales, sino niñas. Entonces nuestras educadoras se levantaron la falda y nos enseñaron que ellas también los llevaban". La Segunda Guerra Mundial sorprendió a Emilia y Petronila en un orfanato de las afueras de Moscú. De allí, fueron evacuadas por el Volga hacia Stalingrado. Lo recuerda como un viaje de casi un mes con barcos que encallaban y era necesario remolcarlos. El hambre era tal que incluso trataban de ocultar la disentería que se cebaba sobre ellos por miedo a ver reducida su ración de comida.

"En Stalingrado salíamos a la estepa a cazar roedores y los llevábamos a la cantina donde nos los cocinaban. Se alimentaban de trigo, así que no sabían mal". De Stalingrado, en 1942, salieron hacia Birsk, en Bashkortostán, esta vez hacinados en trenes de mercancías, que eran bombardeados y se demoraban en vías muertas para dejar pasar a los convoyes militares rumbo al frente. "En Birsk no esperaban tantos niños. Debíamos de ser unos quinientos. Muchos murieron de hambre y de frío. La tuberculosis era una cosa horrible", afirma. "Petronila y yo sólo teníamos un abrigo. Ella se lo ponía para ir a la escuela por la mañana y yo, por la tarde. Yo tejía calcetines que luego vendía o intercambiaba por alimentos".

En 1944, Emilia volvió a la región de Moscú, donde como aprendiza de tejedora ayudó a confeccionar una "guerrera blanca de seda" para Stalin. En Moscú conoció a Ignacio Telechea, el hijo de un comunista de Bilbao. Se enamoraron. Emilia tenía 17 años cuando nació su primer hijo. Con él, Ignacio y Emilia se marcharon a Samarcanda, donde Telechea fue ingeniero en una fábrica.

Un día de 1962 "Ignacio se marchó al trabajo por la mañana y no volvió. Nunca le volví a ver". Telechea abandonó familia, documentos y empleo en pos de una mujer a la que siguió hasta Nukús, junto al mar de Aral. Murió en 1994. "Fue muy difícil sacar adelante a tres hijos...", explica Emilia.

En un gran bolso, Emilia guarda las cartas en papel cebolla de su madre, el pasaporte uzbeko que sustituyó al soviético y también el pasaporte español, que recuperó en 2002. Su lengua natal fluye de nuevo de sus labios en la cena, a la que se une con retraso la nieta, Anita, que estudia chino en la universidad y viene de la biblioteca.

En Chitá, la familia Falcón siente la crisis económica. Sus paisanos en Siberia son los rusos retornados de Asia Central, con los que se reúnen para comer plov (plato de arroz centroasiático) y evocar una naturaleza más benigna. España está en el bolso de los recuerdos, en la puntual pensión, en las papeletas para votar por correo, y también en las palabras que remiten a una infancia bruscamente interrumpida: "Chavales", "párvulos", "bomba", "refugio", "calle Padilla, 26, de Gijón".

jueves, 3 de septiembre de 2009

"War is Beautiful," de James Neugass

Continuando con el tema de los brigadistas internacionales, empezado con el artículo del 29 de agosto sobre Matti Mattson, incluyo abajo un reportaje extenso en inglés acerca de un manuscrito del brigadista James Neugass, publicado originalmente en 1937 y "exhumado" (en palabras de Dan Kaufman) el año pasado. La memoria perdida (y aquí quiero decir "memoria" en el sentido del género literario) de Neugass se llama War is Beautiful, y a pesar de su título desafortunado (como nota el presente reportaje, es una alusión irónica a los esloganes fascistas), el libro es una crónica de la guerra desde la guerra. Según Kaufman, War is Beautiful nace de un diario mantenido por Neugass -- que como Matt Mattson, era conductor de ambulancias -- e incluye descripciones de la vida cotidiana en la guerra tanto como los horrores de la contienda -- las mutilaciones, el hambre, las matanzas. El libro es de unas 500 páginas, y aunque hubiera rumores que existían en algún lugar las memorias de Neugass, no fue hasta el año 2000 que un librero encontró el manuscrito en el estado de Vermont (Neugass falleció de un infarto en 1949).

Para mí, siendo estadounidense, una de las cosas que más me choca del reportaje es lo que dice sobre el tratamiento de los veteranos del Lincoln por parte de su propio gobierno. Como bien apunta Kaufman, "the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco" ("empezaron los esfuerzos por desdeñar los motivos de los veteranos aún antes de la caída de Barcelona," traducción mía). Presagiando la obsesión por perseguir a comunistas en los años 50, J. Edgar Hoover y el FBI empezaron a perseguir a los veteranos del Lincoln, asegurando que eran "anti-American" y tramando una especie de "revolución" en EE.UU. (ver párrafo 14 del artículo). Como bien se sabe, siempre se recurre a tendencias nacionalistas cuando se percibe una amenaza desde fuera, y en años recientes (la era de Bush hijo), hemos oído mucho de la supuesta falta de patriotismo de los estadounidenses que cuestionaban o protestaban las políticas domésticas y extranjeras del Gobierno. La falta de una banderita de USA en el traje podía verse casi como un acto de traición. Pero volviendo al tema de los brigadistas, tenía que haber sido sumamente difícil volver a Estados Unidos sabiendo que la contienda no se había resuelto, y encima, averiguar que su propio país iba a terminar aliándose con Franco. El reportaje de Kaufman es un estudio sobre la memoria de Neugass, pero también una indagación en el contexto en que fue escrita, y en el que apareció por casualidad, tantos años después.


Artículo de la revista The Nation
Publicado en línea: 12.8.09
Versión impresa: 29.8.09
Autor: Dan Kaufman

La Despedida: A Lost Memoir of the Spanish Civil War

By Dan Kaufman

"Who could see you and not remember you?" Federico García Lorca wrote in 1926, describing the brutality of the Guardia Civil, Spain's paramilitary police, toward his beloved Gypsies. Ten years later, at the onset of the Spanish Civil War, that brutality would be visited upon Lorca when fascist soldiers loyal to Gen. Francisco Franco executed the poet and dumped his body in a fosa común, a mass grave, near Granada. For decades, Lorca's insistence on remembrance clashed with Spain's post-Franco pacto del olvido, or pact of forgetting, an agreement between the government and the army that opened the door to democracy in exchange for a sweeping amnesty of the Franco regime. Recently, however, the pact has shown signs of unraveling. In 2007 Spain's Socialist government enacted the Law of Historical Memory, which for the first time officially acknowledges the victims of Franco's dictatorship. The law also allows anyone with evidence of a mass grave to ask the state for help in unearthing and identifying any human remains found in it. Last October, after a decade-long effort by Spanish human rights groups, the crusading judge Baltasar Garzón ordered the exhumation of nineteen Francoist mass graves, including the one believed to hold Lorca's corpse. Yet more than seventy years after Lorca was killed, the resistance to excavating the country's repressed memory remains fierce; a week after Garzón issued his order, Javier Zaragoza, Spain's chief prosecutor, challenged it on the grounds that the judge lacked jurisdiction. Fearful that the country's Supreme Court would agree with Zaragoza, Garzón tactically withdrew his order, referring it instead to Spain's provincial courts in the hope of keeping the investigation alive.

By chance, around the same time last year an unexpected exhumation of literary remains dating to the Spanish Civil War was completed with the publication of War Is Beautiful, a long-lost memoir by James Neugass, a volunteer ambulance driver during the conflict. The book's publication is remarkable for many reasons, not least the survival of the manuscript. In 2000, more than fifty years after Neugass died of a heart attack in a Greenwich Village subway station and nearly as many years after most of his papers were destroyed in a cellar flood, a book dealer discovered a manuscript of Neugass's in a Vermont bookstore that was believed to have come from the collection of Max Eastman, onetime editor of the influential leftist magazine The Masses. It had most likely been sent to Eastman for review, and in the margins someone, perhaps Eastman, wrote, "The title, 'War is Beautiful,' is a Fascist slogan. If this is naïve and misdirected irony it is very dangerous." Five hundred pages long, an incomplete copy of the typewritten manuscript wound its way to Neugass's son Paul, and then to Peter Carroll and Peter Glazer, historians of American involvement in the conflict. The pair edited the original manuscript, now housed in a university library, and shaped it into the book published last year.

Nearly 3,000 Americans volunteered to defend the democratic Spanish Republic from a military revolt led by Franco, who was aided by Hitler and Mussolini. Shortly after the war began, the US government forbade Americans from entering Spain, so most entered the country illegally, usually by crossing the Pyrenees at night or occasionally by stowing away on small ships that embarked from France. The volunteers formed two American battalions and later became known collectively as the Abraham Lincoln Brigade. A separate, legal organization for aiding the Republic, called the American Medical Bureau, was founded by a New York surgeon named Edward Barsky. (The bureau owed its legality to a State Department exception for groups providing humanitarian aid.) Barsky established base hospitals in churches and monasteries, and set up a mobile medical unit. At its peak strength, Barsky's staff included more than 100 doctors, nurses and drivers. Neugass, a 32-year-old poet who made his living as a fencing instructor, cook, social worker and janitor, arrived in Spain in November 1937 and was assigned to be Barsky's aide and an ambulance driver.

For Neugass, two facts of the war were inescapable: Hitler and Mussolini were providing overt military support for Franco, and the Non-Intervention Agreement signed by the Western democracies, crucially France and Britain, forbade any involvement in the Spanish Civil War, including the sale of arms to the Republic. Italy and Germany were also signatories to the treaty, but they openly defied it: Italy dispatched more than 75,000 professional soldiers to aid Franco, and Germany mobilized pilots and a fleet of ultramodern bombers. (Responding to Germany and Italy's involvement in the war, the Soviet Union sent military equipment and some 3,000 personnel to aid the Republic.) Neugass's mind drifts to those tactical facts repeatedly, even when his immediate problem is commonplace. "The lack of a tire pump can kill a man as easily as the lack of a helmet. I haven't got one of those either. All of them are up at the lines...or should be," he wrote. "The entire country is organized to strengthen the thin thousand mile dam of dugouts, men and munitions which separate not only the Republic but every democratic nation on earth, from fascism." His metaphor proved prescient; five months after the Republic fell, Hitler invaded Poland.

Neugass's memoir, drawn from a contemporaneous diary, follows the haphazard rhythm of the war, moving jaggedly between boredom, fleeting triumphs and terror. Brief, vivid descriptions of daily life, such as an unpalatable dish of bacalao ("tastes like rawhide soaked in glue then boiled in machine oil"), mingle closely with unsentimental depictions of wounded soldiers. "A sniper got Fred Mowbray of New Orleans in the base of the spine," he writes. "Paralyzed from the waist down, urine accumulating in the kidneys, he begged to be catheterized.... He begged for morphine, which could not be given him. Crying all the more pitifully because he was not delirious, Fred was carried out of the ward and evacuated this morning. I hear that spine cases, sooner or later, all die." Neugass sometimes sounds like a world-weary, Popular Front Raymond Chandler. "The clay complexion of death is international," he writes. "What can you do? Go out and make more dead."

Conversant in Spanish and acquainted with Spain from his travels there before the war, Neugass is periodically able to slip out of his American skin and steal a local perspective of the conflict. During a short respite in Mezquita, a small town near the Aragon front, he is invited to join an impoverished family of twelve for dinner. "I was asked to eat," he writes. "When I looked at the size of the single earthenware jug in the fireplace, I answered that I had already had supper.... The mother lifted the crock from the fireplace and emptied a steaming mass of potatoes." The family insisted that Neugass share their food with them: thirteen people ate off a single plate. When they finished the potatoes, the meal was over.

After dinner, Neugass interviews the father of the family, a landless peasant. Neugass asks the man what political party he belongs to. "Soy revolutionario, como todos," he answers. Pressing the point, Neugass asks again to which party he belongs. "De los matafascistas.... I believe in the fascist-killer party," the man answers. "But which party is that?" Neugass asks. "That is every political party," the man replies. "What is communism?" Neugass asks, switching tactics. The man replies hesitatingly, "I don't know...significa, significa...tractors!... And the other parties also...communism, socialism, anarchism...it all means...machines for the land!"

The desperation of the peasant was typical of many who toiled at the bottom of Spain's semifeudal agricultural system. Much of the Spanish countryside was divided into enormous agricultural estates called latifundios, and the estate owners generally considered their workers to be almost indistinguishable from their other property. Between 1918 and 1921 a series of peasant uprisings erupted in southern Spain. Though the army and the Guardia Civil eventually put down the laborers' revolt, sporadic strikes and reprisals continued throughout agrarian Spain. The landowners, anxious to subjugate the peasantry, enthusiastically supported Franco's military revolt against the Republic, which had been trying, with limited success, to introduce land reform and break up the latifundios. Gen. Emilio Mola, an architect of the rebellion, articulated the fascists' method to regain control over the peasants in a martial law proclamation on the second day of the war: "Re-establishing the principle of authority unavoidably demands that punishments be exemplary both in terms of the severity with which they will be imposed and the speed with which they will be carried out."

Neither the landowners nor the fascist troops needed much encouragement. As the British historian Paul Preston details in a profile of Capt. Gonzalo Aguilera, an estate owner and press officer for Franco, the day before Mola's proclamation Aguilera lined up his workers, randomly selected six and publicly shot them as a warning to the others. (Aguilera's actions are not surprising in light of what he told an AP correspondent about the Spanish masses. "They are slave stock," he said. "They are good for nothing but slaves and only when they are used as slaves are they happy.") Near Córdoba, at the beginning of the war, a landowner shot ten of his workers in retribution for every fighting bull the workers had slaughtered for food during a brief collectivization of his estate. Outside Seville, fascist officers made peasants dig their own graves before shooting them. Just before the peasants were murdered, the officers mocked them. "Didn't you ask for a plot of land?" the officers yelled. "Now you're going to have one, and for ever."

Neugass's memoir is particularly important given the growing revisionist tendency in accounts of the Spanish Civil War published in the past decade. Prominent articles by George Packer in The New Yorker and Sam Tanenhaus in Vanity Fair echo the sentiments of George Orwell--who in Homage to Catalonia described the Soviet-backed purge of the revolutionary militia he'd joined, and cautioned that any postwar Republican government was "bound to be Fascistic." Both Packer and Tanenhaus suggest that Spain would have faced a Stalinist future if the Republic had prevailed, and they praise Orwell as a singular prophet. Packer writes that unlike Ernest Hemingway and John Dos Passos, "Orwell kept his bearings, neither turning the war into a stage for his own psychodrama nor wilting under the pressure of ambiguous reality." Tanenhaus's piece, "Innocents Abroad," asserts that the traditional view of the Spanish Civil War as a noble fight against fascism is the "last great myth of the 20th-century left" and that the conflict "brutalized and corrupted the idealistic young American volunteers." Like Packer, Tanenhaus praises Orwell as an exception to "the literary rule" and points out that Homage to Catalonia sold only 700 copies when it was released in Britain in 1938. In their unqualified admiration for Orwell, however, Packer and Tanenhaus slight the cautionary note in Lionel Trilling's introduction to the first American edition of Homage to Catalonia, published in 1952. Orwell, Trilling wrote, "told the truth, and told it in an exemplary way, quietly, simply, with due warning to the reader that it was only one man's truth."

For Packer and Tanenhaus, Orwell's criticisms are backed by a trove of Soviet-held documents (the "Moscow Archives") unearthed after the disintegration of the Soviet Union. Particularly influential in the English-speaking world, and cited in Tanenhaus's piece, is a selection of these documents edited by Ronald Radosh, Mary Habeck and Grigory Sevostianov and published in 2001 under the title Spain Betrayed. This collection, consisting mostly of private communiqués between Russian military and diplomatic officials in Spain and various officials in Moscow, provides an intriguing glimpse into the Soviet involvement in Spain. Interspersed with the documents are commentaries written by the book's editors. The book asserts that the newly discovered documents prove the Soviet Union "sought to take over and run the Spanish economy, government and armed forces in order to make Spain a Soviet possession."

Yet the documents teem with contradictions (sometimes within the same document) and resist such oversimplified conclusions. Revealing too are the documents the editors chose to exclude. As Helen Graham, a British scholar of the Spanish Civil War, points out in a thoughtful review of Spain Betrayed, the editors include only one document from 1939, when a military rebellion against the Socialist prime minister revealed how little the Soviets actually controlled the army and government of Spain. (Material from the Moscow Archives relating to this late rebellion was published in 1999 by two Spanish academics, Antonio Elorza and Marta Bizcarrando.) Graham is baffled by the lack of any context in the editors' commentary. "Professor Radosh and his co-editors leave entirely out of account the broader picture of Republican Spain at war," she writes. "It is as if they see it as a blank screen waiting to be written on by Soviet and Comintern players."

In his Vanity Fair article, Tanenhaus writes that several Lincoln deserters, whose names disappear from the Moscow Archives, faced "potential death sentences." But as Peter Carroll, Neugass's editor and the author of a scholarly history of the Lincoln Brigade, notes in a pointed essay called "The Myth of the Moscow Archives," there can be a vast difference between potential and actual. One of the men whom Tanenhaus suspects might have been shot, an African-American soldier named Edward Carter, returned to the United States after fighting in Spain. Carter served in the US Army in World War II and was posthumously awarded the Congressional Medal of Honor by President Clinton. Carroll, who was one of the first researchers to view the Moscow Archives, stresses the need for skepticism and rigor when drawing on the archives' documents: "Reports sent to the Kremlin by Soviet generals can hardly be taken at face value or treated as statements of policy without considering that reporters serving under Stalin would, to put it mildly, attempt to place themselves in the best light."

The recollections of the surviving Lincoln veterans, who now number only a couple dozen, are the most poignant reminders of the need to heed Trilling's warning. George Sossenko, a 90-year-old vet who fought in the anarchist Sébastien Faure Century and was later adopted by the Lincolns, recently told me, "The Soviet Union, with some assistance from Mexico, was the only country which helped the Spanish Republic. They put a lot of money in it. No need to say that they didn't want to have on their side other ideological groups competing with them." At the same time, Sossenko feels that the divisions in the Republic were overemphasized and varied widely. He mentioned his anarchist militia as an example: "I was on the Aragon front with Durruti's army [Buenaventura Durruti, the Spanish anarchist leader], and very often we received Russian supplies and weapons." Sossenko, like Neugass, believes that the focus on the left's infighting is meant only to obscure the larger betrayal of Republican Spain by the Western democracies.

Jim Benet, a 95-year-old ambulance driver with the Lincolns and a former editor and reporter at The New Republic, was particularly unimpressed with Orwell's account. "In the first place he was terribly arrogant," Benet told me. "He wanted it to be about a different thing than it was." Benet feels that Orwell, who understood little Spanish, was missing a key part of the story. ("When I came to Spain, and for some time afterwards, I was not only uninterested in the political situation but unaware of it. I knew there was a war on, but I had no notion what kind of a war," Orwell admits in Homage to Catalonia.) "I think the people who were connecting it only with the Russians and Stalin were overreaching," Benet said. "It did seem to us at the time that basically this was a Spanish thing, and of course people took sides. The Russians took sides and the Germans took sides, but basically it was a Spanish conflict."

Still, some of the vets were strongly critical of the Soviet presence in Spain. Maynard Goldstein, a 95-year-old Lincoln volunteer and likely the last American survivor of Jarama, the brigade's first battle, worked closely with the Soviets after he was promoted to intelligence officer. "Our problems were the Russian system of government, of military operation," he told me. "I got into fights with the Russians." After the civil war ended, Goldstein planned to spy on the Nazis in Belgium for the Soviets. He returned to New York and awaited contact from Moscow, but after a year with no word he gave up; instead he became involved in the Communist Party in the Bronx before breaking with the party in 1948 over Tito. Despite his criticism of the Soviets, however, Goldstein doesn't blame them for the Republic's loss. "The fascists were the professional soldiers," he said. "Did we have any great battles? No. It was a question of holding the lines, and that wasn't easy."

Other volunteers, like Neugass, embraced a nonideological, though fierce, antifascism. Neugass describes a scene on the Córdoba front where a group of Lincoln soldiers were attacked at night and forced to withdraw to the next hill, leaving behind several wounded men. Before morning, as the Lincolns were approaching the hill, they saw large fires burning. The wounded Americans were being burned alive. "Not only were there no fascist wounded brought in that night," Neugass writes, "but no prisoners were taken."

Despite those brief moments, Neugass wasn't prone to vengeance. "I am a poor hater of people and a great hater of ideas," he writes. Toward the end of his service in Spain, he describes a moment that sheds light on the meaning of the title he gave his manuscript. In a relatively unscathed village near Segura de los Baños, the site of one of the Republic's last-ditch counter-offensives, Neugass manages to buy 250 extremely scarce eggs for the wounded men and the hospital staff. Besides the Republican wounded, the hospital had taken in an injured, delusional fascist prisoner whose hunger complicated the delicate question of distributing the eggs:

A great change came over the fascist this morning. Sana [a nurse] had soft-boiled a quantity of eggs for the patients. As she worked down the ward, carefully feeding liquid gold into the mouths of each man, I wondered what she would do when she got to the fascist. The sheet had come down from his face and he was for once quiet. The eyes of even the half-conscious were on him and on Sana. Would he be fed?... The fascist should be given an egg although the other wounded in the ward look at him as if he were the one who shot them, and perhaps he was.... With the entire ward looking at her, Sana held the fascist head-case in her arms and fed him two soft-boiled eggs. She is not Mary Magdalen and he is not Christ. If this is religion, then I am religious.

Like Guernica, Segura endured a massive, unanswered aerial bombardment, another casualty of the Republic's outmatched forces. Barsky ordered Neugass and other members of the medical team to exhume civilian bodies from the ruins to prevent an outbreak of the plague. While sifting through the rubble, Neugass saw a farmer and his wife kneeling on the floor, staring at their bloodstained infant child. "The child had been suffocated," he writes. "Major B.'s [Barsky] hands can do many things but they cannot repair death. Remembering his first and useless instructions, the mother again and again breathed into the lips of what had been her daughter." Within a month, after a harrowing retreat through fascist territory in which he was nearly killed, the exhausted and emotionally drained Neugass decided to return home to "write what I had seen in Spain."

Two years ago, in the New York Sun, Ronald Radosh disputed that the Lincoln veterans went to Spain to save its democracy. "The kind of republic the volunteers sought was a prototype of what the Soviet Union created at the end of World War II," he wrote. But the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco. In January 1938, FBI director J. Edgar Hoover wrote to FDR's attorney general, Homer Cummings, detailing the warnings of a confidential source regarding the volunteers. According to Hoover, the source told him that the Communist Party was sending men to Spain "to train such individuals in the art of military science so that they can be returned to the United States to lead the vanguard of the revolution in this country." Hoover concluded by urging Cummings to inform Roosevelt of this secret plot.

After the war, the Lincoln veterans were labeled "premature antifascists" by the US military and Hoover's FBI, and countless vets were harassed at work or at home by FBI agents. In the early '40s Edward Barsky started an organization aimed at aiding the hundreds of thousands of Republican refugees who were living in concentration camps in southern France. At the time, the United States was anxious to solidify its bond with the anticommunist Franco. Barsky was called to testify before the House Un-American Activities Committee, but he refused to comply with the subpoena, partly on the grounds that the hearing could expose the names of the refugees. In 1947 Congress held Barsky in contempt; after a series of court battles he was sentenced to six months in prison (he served five) and temporarily stripped of his medical license. The Supreme Court upheld the sentence in an 8-1 decision.

For the Republican refugees, the Supreme Court's ruling was simply a continuation of the West's abandonment of the Spanish Republic. A German officer with the International Brigades described the scene of the refugees' arrival at the French border:

That afternoon the Republican troops came. They were received as though they were tramps.... The Spaniards were asked what was in the haversacks...and demanded that they should be opened. The Spaniards did not understand. Until the last moment they persisted in the tragic error of believing in international solidarity.... The dirty road on which the disarmed men stood was not merely the frontier between two countries, it was an abyss between two worlds. Under the eyes of the Prefect and the generals, the men of the Garde Mobile took away the bags and bundles containing the Spaniards' personal belongings and emptied their contents into a ditch filled with chloride of lime. I have never seen such anger and helplessness as those of the Spaniards. They stood as though turned to stone, and they did not understand.

For the vets it was difficult to leave Spain to the ravages of Franco. Garzón's judicial order accuses Franco and thirty-four accomplices of the disappearance and systematic killing of more than 114,000 people between 1936 and 1952, many of them interred like Lorca in fosas comunes. Franco also sent an estimated 1 million political prisoners to jails, concentration camps or to work on forced labor battalions. Like Neugass, Matti Mattson, a 92-year-old former ambulance driver with the Lincolns, knew it was just the beginning. "We said, Just wait, there's another one coming," Mattson told me recently. Mattson left Spain in November 1938, when all the International Brigades were sent home. "It was very tough because the war was still going on and the prime minister decided if he sends us home maybe the Italians and the Germans will be sent home as well," Mattson said. "We had lost a lot of territory and retreated all the way in the Aragon. Republican Spain had been severed in two parts." On April 1, 1939, Franco announced the end of military hostilities. The same day, the United States, which like the other Western democracies remained neutral during the war, recognized Franco's government.

Last October, around the time of the publication of War Is Beautiful, Mattson returned to Barcelona for the seventieth anniversary of his departure, the day the Republic called La Despedida, the farewell. At his small, tasteful apartment in Brooklyn, he showed me one tangible provision of the Law of Historical Memory, an application for Spanish citizenship offered by the Spanish government to all surviving members of the International Brigades. But Mattson's eyes glowed much brighter when he recalled La Despedida: how the International Brigades marched on the Diagonal through the city and how he heard La Pasionaria's famous speech urging the volunteers to come back "when the olive tree of peace is in flower." He recalled it all with extraordinary vividness, especially the gratitude of the Spanish people for the precious gift of solidarity. "I never saw anything like it," he said. "People lined up on the sidewalks. All the balconies were full and the windows were full and women had flowers--they'd come running out and give you flowers. After a while there were so many flowers that you couldn't take any more--the flowers were all over the street. It was paved with flowers."

About Dan Kaufman

Dan Kaufman, a musician and writer living in Brooklyn, has written about the Abraham Lincoln Brigade for the New York Times and the New York Observer.
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