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martes, 26 de octubre de 2010

Tráiler de "Al final de la escapada," la nueva película de Albert Solé

Del artículo en El País (25/10/10):

"Al final de la escapada narra el último combate de Miguel Núñez, un revolucionario que pasó catorce años en las cárceles franquistas, que fue torturado y condenado a muerte, un idealista y hombre de acción que luchó contra las dictaduras centroamericanas y que, ya enfermo, organizó y controló cada detalle de su muerte."


Al final de la escapada from Hans Hansen on Vimeo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Sobre la muerte de Jordi Solé Tura

De: El Plural

CLARA BOSCH
05/12/2009

La Gota Malaya

La memoria de Jordi Solé Tura somos todos

Ayer, falleció una de las personas más importantes durante la transición a la democracia en nuestro país. Fue militante anti franquista, dirigente del Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC), diputado en el Parlament, ponente de la Constitución Española y del primer Estatut, concejal del ayuntamiento de Barcelona, Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, Ministro de Cultura con Felipe González, y Senador. A través de este artículo quiero rendirle mi más sentido homenaje.

En enero del año pasado, Jordi Solé Tura recibió un emotivo homenaje, que le rindieron las más de mil personas que se congregaron en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Ese día, su hijo Albert Solé, presentó el documental que hizo en honor a su padre: Bucarest, la memoria perdida; en el que narra la búsqueda personal que hace Albert –periodista nacido en el exilio en 1962 – por recuperar sus propias raíces, enmarcadas entre un doble exilio. Su padre, Jordi Solé Tura, fue obligado a exiliarse por su militancia antifranquista a finales de los años 50. Luego, tras una vida repleta de experiencias políticas y personales, Jordi inició el camino hacia un nuevo exilio, el interior, de la mano del alzhéimer, y por tanto esta vez, sin posibilidad de retorno.

Para muchos, Solé Tura fue básicamente, su profesor. EL PROFESOR. Ése que todo estudiante desea tener, ése que hace unas clases atractivas e interesantes y enseña en mayúsculas. Ése que en un momento complicado – los años 70 – se atrevía a hablar de catalanismo y de libertad, y habría un horizonte nuevo a toda una generación de alumnos que tuvieron el privilegio de asistir a sus clases de derecho en la Universitat de Barcelona.

Para muchos más, Solé Tura ha sido, y será, un referente político. Por su lucha antifranquista, su militancia en el PSUC – partido por el que fue diputado en Catalunya –, su defensa del eurocomunismo – a partir de la experiencia del mítico Partido Comunista Italiano de Enrico Berlingüer –, su lucha acérrima contra los sectarismos y las visiones anticuadas y conservadoras, y su carácter próximo y nada narcisista, lamentablemente muy alejado de lo que hoy encarnan algunos líderes políticos.

Jordi Solé Tura siempre pensó en colectivo, más allá de algunas cerrazones ideológicas, y aún así, nunca fue infiel a sus convicciones. Cuando en 1983, con el PSUC destrozado por una ruptura interna, algunos miembros de su partido le propusieron que encabezara las listas para Barcelona, él aceptó a sabiendas de que los resultados iban a suponer pérdidas dolorosas para el PSUC, aunque finalmente, consiguió ser concejal de Barcelona. Cuando un tiempo después ingresó en el Partit Socialista de Catalunya (PSC), ninguno de sus ex compañeros pudo sentirse agraviado, puesto que adoptó dicha decisión de una forma totalmente respetuosa hacia el PSUC.

Pero más allá de todo esto, Jordi Solé Tura ha sido un elemento clave para la historia de España. No solo por su lucha política, sino también por su papel fundamental durante el proceso de redacción de la Constitución española, puesto que fue elegido miembro de la ponencia de siete diputados encargados de elaborar el proyecto de la nueva Constitución, que estos días celebra su 31 aniversario.

Como Ministro de Cultura, remodeló la Biblioteca Nacional y el Teatro Real, inauguró el Museo Thyssen Bornemisza en Madrid y el Centro Reina Sofía se convirtió en Museo de Arte Contemporáneo, culminando dicha conversión con el traslado del Guernica. Finalmente, Solé Tura firmó el contrato de venta de la Colección Thyssen al Estado español, que tuvo lugar el 18 de junio de 1993.

Es por todas las razones expuestas por las que quiero rendirle homenaje hoy. Porque aunque soy muy joven y no he podido gozar de verle en todo su esplendor político, o de asistir a sus clases, Solé Tura ha sido, es, y será, una pieza fundamental de nuestra historia.

Del documental Bucarest, la memoria perdida hay una escena que a mí me pareció especialmente emotiva, en la que se reflejan los esfuerzos de Solé Tura por tararear La Internacional. No hay canción en el mundo que defina mejor, a mi modo de ver, a este gran hombre.

Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.

La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.

Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

Clara Bosch es licenciada en Ciencias Políticas

sábado, 28 de noviembre de 2009

Entrevista en inglés con Albert Solé

Hemos escrito aquí en varias ocasiones de la película Bucarest, la memoria perdida, que ganó un Goya en 2009 para mejor documental. Vertigo Magazine, del Reino Unido, ha publicado una entrevista extensa con el director, Albert Solé:
By Nancy Harrison

Spanish Journalist and documentary filmmaker Albert Solé’s early life was one of exile and subterfuge as he and his parents – major figures in the Spanish resistance -- moved around Europe in order to evade Franco’s forces. His father, Jordi Solé Tura, was head of an anti-Franco pirate radio station -- La Pirenaica – broadcasting from locations as various as Budapest, Paris and Bucharest. Upon his return to Spain Tura was a key figure in the new constitution, and remained a powerful force in Spanish politics, serving for many years as Cultural Minister.

As a result of his father’s failing health – the onset of Alzheimer’s began seriously eroding his memory – Solé decided to try to capture some of his father’s fading memories. Digging deeper into the family history, he also began to discover much more about his own roots. Brought up believing he was born in Budapest (as stated on his birth certificate), Solé later discovered that that fact, as with much of the reality of his childhood, had been part of the subterfuge. He had, in fact, been born in Bucharest. Learning this, he realized his ‘memories’ of his childhood were actually constructions, and not necessarily ‘real’. As a result, his film Bucharest, Memory Lost (Bucharest, la Memoria Perdida) (2008) became instead an examination of the concept of memory – of where the physical centre of memory lies (as he accompanies his father while he undergoes MRI brain scans), of the potency of “official” historical and political memory, the emotional force of cultural memory, and the strength of personal memory.

Nancy Harrison: The exploration of memory in the film is very thought provoking -- you explore the history of your family: personal memory, but also collective memory in the form of Spanish history. And then within collective memory, you have further gradations – for example political history which has an ‘official’ version, and then actual history – the ‘lived’ history – which do you think is the strongest force within your film?

Albert Solé: Well, I don’t really understand personal stories alone without some sort of historical background, and particularly in the case of my film. But I would say that in most life histories, you cannot understand them without the background. In my case, in the beginning, the purpose was to shoot a film about the story of my family, as simple as that. It was the film that started as a need I had, I felt I had to recover all of my father’s memories as I worried that they were about to get lost. But I believe in this combination – I knew that every single decision in my familial story was linked to History with a capital H. I didn’t have an exact idea of the combination about what part of one and the other that I wanted to put in my film. As I was working along on the film, I was working in an intuitive way, but I saw that I wouldn’t be able to keep expanding the story if I didn’t have the background. The film, and my own story, was like a work in progress -- that I finally understood when I reached the end of the film. I normally work with this improvisational method, and I build it little by little.

NH: The film examines different forms of memory. There is memory as a mechanical -- biological – function: your brain. Then there is psychological memory: your identity, your place in a larger memory of culture or nationality. And then there is emotional memory – those tiny things that stand out in our memories. For example in the film you said that you supported various footballers as a small child…

AS: Because they were Hungarian – and so was I!

NH: But that stuck in your mind. And your mother’s recollection about when she first met your father she was amazed that he was wearing white socks. These are small, purely emotional memories that have no logical grounding in any larger story. How did you find managing the tension between memory as a mechanical function -- for example your father’s neurological scans and the actual physical erosion of his memory -- and the emotional memories. Is memory more here (the head) or here (the heart)?

AS: You describe it perfectly – there is a contraction about memory. It is hard to say what is stronger. For my mother, I believe it is in small emotional details; for my father memory used to be focussed on very big ideas and events. For him, his personal story was constructed around political facts, about the structure of the state and democracy – for my mother the very important thing was the white socks. There are big contradictions in the film, and I have not really been able to have an answer to them. For instance for me the main contradiction is as you say the whole films intends to be a metaphor about the real meaning of memory, and yet at the end, after spending all the film trying to recover memories, at the end (my mother) says ‘to survive I don’t want to have memories. I don’t want to remember…’ And for me this was surprising. All this work, just to be stopped by someone who said OK, that’s the limit of remembering for me. And for me this contradiction was very useful to illustrate to understand the strange world which is memory – this strange labyrinth, where some small details are kept, yet some big experiences are lost. So, how does it work? How does the memory work? I don’t know, it’s a mystery. But I do absolutely believe that we as a generation have the mission to pass on the memory from our generation to the other. But we also have to respect the pain of the people who are not willing to have these memories. The other conclusion is that of course everybody has got their own way of understanding of how memory works. During all the processes of the movie I kept on working towards an exact definition of memory. We scanned the internet, and found ideas – you know ‘…memory is a big country…’, and it was full of bullshit. At the end, a journalist who wrote an article about the film found the exact sentence for me – something like: ‘memory is what we remember’. As simple and as subjective as this. It is a personal idea.

NH: And I expect that the doctors feel that the seat of the memory is within your brain, and a psychologist would think it was in your consciousness….Taking the point of view of memory as collective, political memory, a noticeable aspect of your childhood was the secrecy during your father’s exile, the clandestine activities – the word clandestine figures quite often in your film. There does seem to be much less secrecy now – compared against your father’s generation. Much of it is down to technology – with global telecommunications, the internet, CNN and 24 hour news broadcasts now contrasted to the ‘pirate radio’ of your father’s time. Official versions of information – in the form of propaganda – still exist in some places, but not nearly as strong a force as during that period. The film details the smuggled notes and manufactured identities – do you think that the accessibility of information now is changing the way that political memory is created, as it can not be so easily controlled and massaged into ‘official’ versions.

AS: I think so – can you imagine how it would have been to have the internet at that time? Life would have been completely changed. But right now I am working on another film – also concerning memory, for Television Espanola – where I am recovering many Franco speeches. In one of them he was saying – it was the mid 50’s, when television was starting to spread –he was advising the people not to rely on television, because television was very dangerous. And this is the exact same thing that the Chinese or the Iranian authorities are trying to do with the internet – trying to forbid people to have access, by claiming the dangers of information. So the attitude remains the same – despite the difference in technology, the fight was the same: between those who have the information, who were trying to suppress the information, and the others who are trying by any means to get to the information.

NH: Despite the political aspects, the film is very personal – its really ‘your story’ However as a journalist and a documentary maker, you are a recorder of events: an observer. As a contrast your father was a participant in events: a catalyst -- someone who made events happen. Do you think that your ‘unintentional’ early participation in events in your childhood has been something that has shaped you into an observer role?

AS: Of course. I really was an unexpected participant in many of these major events. I remember when I was 10, my father took me to a big meeting in Italy, where the Euro Communism conference was held. Where all the main leaders were attending – Georges Marchais, Santiago Carrillo -- the heads of the Communist party at the time. And I was the only kid there. For me it was so boring, but here they were debating very big issues – real history was happening then. And then suddenly in the middle of a speech everything stopped and someone said “look, there is a kid on the window ledge – he may fall down” and suddenly I realised that all the most powerful eyes in Europe were looking at me – and I was only a small person, but I was able to stop history at that moment. So yes, early on I unintentionally participated in many historic events, and grew up knowing many influential people. And this gave me a lot of difficulty in my work as a journalist, because it was felt that I might not be able to have the appropriate distance to facts. You are so much involved in everything political, you feel life much more from the viewpoint of a politician and less from the point of an independent observer. And I think that this has been the reason why I have moved away from journalism, and towards other forms of communication such as filmmaking.

NH: How old were you when you realised how important your father was?

AS: Very young. When I was eight, one day my teacher at school said something to me that was puzzling. I had taken a note from my father – I had been late, or ill or something like that – and she said "This is your father? That’s incredible!". And so I realised that my father was different. And when I was a teenager I found it a very heavy thing to carry of course – my father was the ‘Father of the Constitution’, and I think it probably took me about 30 years to finally have my head out of the water, and to find myself out of the shadow of him. And also my mother – she was also very important. She was a business person and strong politically also. And being an only child with such a strong background, I think it takes time to find yourself. And I think this film has been a big help. For years I felt kind of guilty that I was carrying such a heavy load of collective memory. Now I know how I fit into all of this.


martes, 11 de agosto de 2009

Festival de cine español en Londres

El London Spanish Film Festival tendrá lugar del 18 de septiembre al 3 de octubre de 2009, en el Cine Lumiere, 17 Queensberry Place, Londres. Entre las películas relacionadas con el tema de este blog son: Nedar, de Carla Subirana; Bucarest, la memòria perduda, de Albert Solé; Las cosas del querer, de Jaime Chávarri; El verdugo, de Luis García Berlanga; y Muerte de un ciclista, de Juan Antonio Bardem.

En este blog he escrito de los dos primeros títulos, documentales catalanes de 2008 que se conectan por el tema del Alzhéimer y la España franquista. Me alegra que los dos se estrenen en Londres y que también formen parte de una mesa redonda sobre la memoria colectiva en la España actual, dirigida
por el prestigioso historiador de la GCE, Paul Preston.

Preston también incluirá en su discusión
De monstruos y de faldas, cortometraje de Carolina Astudillo (24 mins., 2008). En De monstruos y de faldas, cuatro mujeres narran la experiencia de sus madres y tías, quienes fueron encarceladas en Les Corts, cárcel de Barcelona, donde actualmente existen grandes almacenes en la Diagonal.

viernes, 17 de julio de 2009

Reseña: "Bucarest, la memoria perdida," de Albert Solé

Estoy de vacaciones, y he estado viendo muchas películas últimamente, la mayoría de cine negro estadounidense. Pero ya era hora de volver a mi campo de investigación, así que anoche he visto dos españolas -- Bucarest, la memoria perdida, un documental de Albert Solé, y La buena nueva, película de ficción ("basada en hechos reales") de Helena Taberna. Aquí me gustaría reseñar brevemente la película de Solé, y en otro post hablaré de la de Taberna.

Me enteré por primera vez de Bucarest, la memoria perdida hace unos meses, y escribí aquí de la película antes de haberla visto, y antes de que ganara un Goya en la categoría de cine documental. Albert Solé, su director, es hijo de Jordi Solé Tura, uno de los padres fundadores de la Constitución de 1978. Solé Tura sufre actualmente el Alzhéimer, pero aquí, la "memoria perdida" no sólo se refiere a la de Solé Tura, sino también a la de su hijo, nacido en Rumania en 1962. Como gran parte del film nos enseña, cuando se altera o se borra la memoria de alguien que queremos, hay un cambio (a veces imperceptible hasta mucho tiempo después) en nuestra memoria e identidad también - nuestros recuerdos de quien era esa persona, o de quienes éramos nosotros con ella, chocan con nuestra imagen actual de esa persona -- y ese choque produce los recuerdos que vamos a tener algún día. Parte de nuestra identidad muere también con la inhabilidad de esa persona de relatarnos nuestra historia. Pero, como ha dicho Pablo Neruda, "es mejor recordar lo que va a suceder," y esa parece ser la labor de Albert Solé en la creación de esta película.

foto de Jordi Solé Tura, en EcoDiario
Bucarest, la memoria perdida narra la vida política del padre, un militante antifranquista, que, tras varios exilios, vuelve a España y es instrumental en el desarrollo democrático del país. Entrevistas personales muy emotivas con familiares de Solé contrastan con los recuerdos de figuras políticas destacadas como Jorge Semprún, Santiago Carrillo, y hasta Manuel Fraga. Fragmentos audiovisuales de la época franquista, tanto dentro como fuera de España (las emisiones de Radio Pirenaica, por ejemplo), recorren varias décadas de la historia española, ayudando a establecer la identidad de un hombre que está perdiendo todo sentido de sí mismo y su historia. El director explora la identidad intelectual y política de Solé Tura más que su papel como esposo y padre, pero no es decir que estas posiciones -- la familiar y la política -- no se mezclen, una interfiriendo en, o mejor dicho, informando a la otra.

El tema del exilio es el hilo conductor del documental de Solé -- el exilio exterior e interior y el auto-exilio provocado por el Alzhéimer. La película empieza señalando la inestabilidad de la identidad, sobre todo de la vida empezada en el exilio: Solé no sabía hasta que tenía 9 años que no había nacido en Hungría, el país que siempre habían mencionado sus padres (nos enteramos después que se intercambió Budapest por Bucarest en el certificado de nacimiento de Solé, para mantener la clandestinidad de la familia). La existencia se define por múltiples apellidos, documentos falsificados, mudanzas cuyo destino se desconoce por los propios viajeros.

Los paralelos que crea Solé entre esta vida y la de su padre ahora, luchando por reconocerse, y por reconocer a su propio hijo y mujer, es lo que hace que este film sea tan maravillosamente concebido. Esta no es una película sobre el Alzhéimer y los efectos desastrosos de esta enfermedad -- no se trata de definir en quien se ha "convertido" Jordi Solé Tura o en explotar su condición debilitada. Bucarest, la memoria perdida es un intento de recuperar un pasado que ya no se puede verificar por su propio autor, de reconstruir una identidad que va más allá del ámbito familiar y permite apreciar y entender los esfuerzos de otra generación para derribar el fascismo. Al mismo tiempo, el documental ofrece un "álbum familiar" para transmitir la historia del abuelo a la hija del director, a quien va dedicada la película.

Albert Solé, en los Goya 2009, en http://www.daylife.com/photo/0bXY6IL2dy124

El director termina su obra elegíaca contrastando las perspectivas de dos mujeres: la segunda esposa de su padre, y Noa, la hija de Albert Solé. La esposa de Solé Tura le dice al director que es mejor no recordar quien era su marido antes. Duele demasiado recordar, y entre lágrimas, admite que olvidar es la única manera de seguir adelante. Para ella, el olvido de su esposo es contagioso; parece ser que la única manera de acompañarlo es por vivir con él, y con el Alzhéimer, día a día. En seguida después de esta entrevista, la última secuencia del film se nos presenta con una vista desde arriba de un laberinto, el que está en la portada del DVD. Oímos la voz de una niña - es Noa, la hija del director -- buscando a su abuelo. "Jordi," le llama, "¿dónde estás?" Noa intenta explicarle cómo salir del laberinto, y es esta imagen poderosa con la que termina el film. El padre-director provee el enlace entre pasado y futuro, enfatizando la necesidad de transmitir el pasado de una generación a otra. De la misma manera que Albert Solé empieza el film deseando indagar en quien era su padre, así lo acaba su propia hija. Los dos tienen en común el deseo de revelar a Solé Tura, para conocer sus orígenes, y así ayudar a salir del laberinto la memoria.


Bucarest, la memoria perdida es un documental serio, y con eso quiero decir que es una obra pulida y profesional. Las escenas fluyen de una a otra sin transiciones torpes o intervenciones inapropiadas por parte del director. La voz en off es justo lo suficiente para no estorbar, y las entrevistas mantenidas con los familiares de Solé Tura nunca parecen explotar la gravedad de la situación en que se encuentran.

Si tuviera que hacer una crítica del documental, diría que huye de ser más crítico para con la información recibida (para con los recuerdos de los otros, en otras palabras). Aquí, el director parece aceptar todo lo que le dicen sin cuestionar nada de la biografía de su padre. Entiendo que dada la condición cognitiva de Jordi Solé Tura, el director tiene que depender de las perspectivas de los amigos y conocidos de su padre, pero a mi parecer confía demasiado en ellas y nunca las cuestiona, prefiriendo dejarlos hablar y soltar sus recuerdos para la cámara. Los entrevistados terminan creando un retrato más o menos unidimensional de Solé Tura, un retrato que apoya la labor del director y no va en su contra. En otros documentales que he visto en torno a la memoria familiar-política, los directores -- también de la generación de los hijos o nietos de la guerra -- han tendido a cuestionar más las versiones narradas por sus entrevistados, sobre todo cuando no corresponden con las mantenidas por los documentalistas. Son documentales más auto-reflexivos o metafílmicos. Aquí, es como si la imagen de Solé Tura promovida por su hijo-director se centrara casi exclusivamente en su vida política, y los entrevistados sirven para confirmar y elaborar ese retrato, no queriendo desviar de cierto camino pre-establecido. He notado muy pocas críticas de Solé Tura; en cambio, los espectadores reciben una visión muy admirable del ex-militante antifranquista. Hay algunos momentos que indican las divisiones internas entre los comunistas de aquel entonces, incluyendo el alejamiento de Solé Tura del PCE, pero más que nada Bucarest, la memoria perdida nos enseña un Jordi Solé Tura sumamente inteligente, políticamente comprometido, esencial para el movimiento antifranquista y en la Transición, y admirado por todos. Tal vez fuera así, y mis dudas son mal razonadas, pero estudiar el cine documental me ha hecho desconfiar más de las técnicas empleadas para contar una historia.

Por un lado, se puede decir que esta película indaga en la fragilidad de la identidad y la memoria. Pero por otro lado, es un intento de presentar (¿estabilizar? ¿confirmar?) ciertos recuerdos para llenar el vacío dejado por la memoria perdida de Solé Tura. Para él, la historia está acabando o ha acabado ya. Pero para su hijo y su nieta, sigue transformándose. Bucarest, la memoria perdida es, entonces, una película sobre la herencia del pasado y el deber de recordar. Vincula, en este caso, la transmisión del pasado familiar con la del pasado reciente de España. Se lo recomiendo mucho a todos los que están interesados en la historia reciente de España, sobre todo en el exilio, la vida clandestina, y el tardofranquismo. El éxito de Bucarest, la memoria perdida apunta el interés en el tema de la memoria, y también ejemplifica el florecimiento del documental en España en años recientes, punto que espero explorar más tarde en este blog. Espero que continúe este fenómeno!

sábado, 24 de enero de 2009

El cine documental y la memoria

Bucarest, la memòria perduda, es un documental autobiográfico de Albert Solé, un periodista y cineasta nacido en el exilio en Rumania en 1962. Se estrenó hace poco más de un año ya, pero me he enterado de él sólo hoy, al leer El documental como síntoma, un editorial del director en El País. El documental ha estado nominado a los premios Goya.

Solé es el único hijo de Jordi Solé Tura, un político español encarcelado y exiliado en los años 50 por su militancia antifranquista, y el que luego se destacaría por ser uno de los padres de la Constitución y Ministro de Cultura bajo los gobiernos de Felipe González. Abajo se puede ver un fragmento de una entrevista con Albert Solé, en el que habla de darse cuenta de que su padre padecía del alzhéimer.



Solé Tura no es el primer político español para ser diagnosticado de demencia en los últimos años (Adolfo Suárez, Pasqual Maragall); en un país tan ocupado con el tema de la memoria y el olvido, esta conexión resulta muy simbólica. En EEUU sólo hay que pensar en el caso de Ronald Reagan, un hombre cuya candidatura y presidencia fueron marcadas por su empeño en devolver al país al mítico lugar del cine hollywoodiense (leáse: recordar con nostalgia una época perdida para no tener que enfrentarse con el presente), un hombre cuya frase memorable llegó a ser, "No recuerdo." Es imposible decir por cierto si su insistencia en no recordar era síntoma de su alzhéimer latente, o si le proveía con una coartada conveniente al ser cuestionado por temas de gran relevancia política, como sucedió con el escándalo Irán-contra.

Políticamente hablando, el caso de Solé Tura no tiene nada que ver con el de Reagan. Pero cuando los políticos pierden la memoria, se pierde también parte de la historia nacional, porque esa figura ya no puede comentar directamente lo que experimentó, ni especular sobre las decisiones que tomó ni por qué. La historia personal y política se apropian por los que creen poder contárnosla en su lugar, muchas veces tendiendo a mitificar al personaje. Seguramente esto pasó al morirse Reagan, cuando su cortejo fúnebre se nos presentaba en la tele como la muerte de una era entera. Y creo que también ha pasado hasta cierto punto con Adolfo Suárez, porque recuerdo estar en Madrid en verano de 2005 (cuando su hijo anunció que el padre de este sufría una demencia) y preguntarme si no se manipularía ahora aún más la memoria de la Transición.

Por lo que he leído, el filme de Solé combina un estudio del deterioro de la memoria biológica de su padre con un intento de recuperar un pasado histórico y personal. Según comenta el director en Todo cine:
Nunca es fácil rodar un documental autobiográfico, y más cuando he estado tantos años "robando" historias ajenas para mis documentales. Sin embargo, siento que la imagen de mi padre se está desdibujando. Cada vez que avanza un paso más en su enfermedad, me doy cuenta que ese inmenso capital acumulado a lo largo de una vida intensa se está perdiendo. Siento la frustración de no poder capturar sus recuerdos, de no poder explicarle a mi hija pequeña y a las nuevas generaciones la riqueza y la complejidad que rodearon las vidas de esa generación de idealistas. Por otra parte, hay mil preguntas sobre mi propia historia que se están quedando sin respuesta, algunas de ellas afectan a la Historia con mayúsculas, otras son de índole estrictamente personal. Bucarest es, a la vez, búsqueda personal y reflexión histórica. El documental va evolucionando hacia nuevos temas. Al final, se convierte en una metáfora sobre el alzheimer y la pérdida de la memoria. Es un documental que se va construyendo sobre las informaciones que van aportando los entrevistados. Es una búsqueda difícil y a veces dolorosa, pero un viaje necesario para recomponer el puzzle de la memoria.
En el editorial de hoy, Solé considera el papel que desempeña el cine documental en la sociedad española, por un lado lamentando su visibilidad escasa en el cine y la televisión, y por otro lado notando que este pasado año ha habido un aumento en las películas documentales producidas, factor que ve como "síntoma" de un país que aún intenta "ordenar [su] álbum de fotos." Por mi parte espero que los documentales cobren valor en el ámbito público del cine español, pero por otro lado, entiendo que el cine documental siempre ha sido y será un género minoritario. El internet puede jugar un papel importante en difundir estos filmes y hacerlos llegar a espectadores inesperados. YouTube y otros servicios muchas veces contienen documentales enteros, ofreciendo acceso a los de nosotros que nunca los habríamos visto de otra manera. Pero si los documentales se pueden leer como la necesidad de una sociedad de mirarse al espejo, es problemático que sigan siendo mayormente materia del "canal Arte." El cine documental parece ser el lugar propicio para tratar con la memoria (sé que hay algunos que proponen que el cine de ficción es mejor en este sentido), especialmente cuando permite elucidar las conexiones entre lo personal y lo político y entre las diferentes generaciones que intentan recuperar un pasado que se les escapa. Este punto es uno con que se enfrenta no sólo Solé, sino muchos otros cuyos parientes sobrevivieron la GCE y el franquismo. ¿Quién contará el pasado cuando sus protagonistas ya no pueden, y cómo?
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