Hay, por supuesto, otros motivos por no haber continuado con los posts de julio de 2011. Con la crisis y la llegada al poder del PP, hemos visto que el tema de la memoria histórica ha desaparecido casi por completo del radar. Aparte de artículos esporádicos en la prensa, la memoria histórica parece ser precisamente eso: histórica, algo del pasado. Pero mientras la mal llamada memoria histórica se perciba por algunos como una "fase" o un movimiento que duró una década (2000-2010), es cierto que hay muchos -- demasiados -- que siguen buscando justicia para sus familiares. Es cierto que quedan lugares del franquismo a punto de desaparecer para siempre, y sin reconocimiento oficial de lo que eran en su época. Es cierto que un dictador está enterrado bajo una enorme cruz, mientras que hay otros muertos que nunca serán identificados o enterrados con dignidad. Y es cierto que hay activistas memorialistas en toda España y en otros países también, que desean ver un mejor futuro para la memoria -- una memoria democrática, con todo lo que implica ese adjetivo.
Cuando hice el viaje, recién (a fines de abril de 2011) me había enterado de que estaba embarazada. Al principio, temiendo estar lejos por si pasara algo, había considerado cancelar mis planes. Pero cuánto más lo pensaba, más me sentía como si este viaje fuera imprescindible. Es difícil explicar como me vino a la cabeza la idea de volver a España para visitar memoriales de la guerra y el franquismo. En cierto sentido, sabía por instinto que era un viaje que tenía que hacer. Creo que fue un componente natural de la trayectoria de investigación que había empezado al cursar el doctorado. Después de tantos años de estudio, tanta lectura y escritura sobre la guerra civil y la posguerra, quería conocer en persona lo que significaba "la memoria histórica" en la España actual. Entonces, dejando atrás el blog, la literatura, el cine, los artículos y las reseñas, emprendí un viaje bien organizado y programado que me llevó desde Des Moines, Iowa a Madrid, Bilbao, Gernika, Pamplona, Zaragoza y de vuelta a Madrid. Al volver a EE. UU., cargando historias que no eran mías, las que de alguna manera había compartido, juré que no sería, en palabras de Marita Sturken, simplemente ya otro "turista de la Historia," sino que continuaría - ahora con más esfuerzo que nunca - a aportar lo que podía al movimiento memorialista.
Aunque (o porque) soy muy consciente de cómo puede cambiar con el tiempo la memoria, he decidido no descolgar el blog y dejar que las 1.031 entradas sirvan como testimonio y archivo de una época. Muchas de las entradas son mis propias reflexiones o reseñas, pero otras son artículos copiados y pegados, huellas de un tiempo en que era fácil encontrarse todos los días con algo nuevo que se publicaba sobre la memoria. Habrá otro momento en que se estudiará la "memoria histórica" bajo otro objetivo -- el del futuro. La memoria del franquismo no es historia si entendemos la historia como parte del presente y del futuro también. En La estela del tiempo. Imagen e historicidad en el cine español contemporáneo, Cristina Moreiras-Menor escribe, "Cuando hablamos de tiempo histórico, ¿a qué nos referimos? Cuando hablamos de historia, historicidad, ¿estamos hablando exclusivamente del pasado? ¿O podemos, debemos, incluir en esa referencia otras temporalidades?" (11). Este blog se creó pensando en los enlaces entre el pasado y el presente, y en la cuestión de una memoria para el futuro. Por eso, considero mi deber volver a un lugar que siempre llevo presente. Mis recuerdos no serán lo que habrían sido si hubiera escrito en 2011 sobre lo que vi. Sin embargo, serán un regalo humilde y muy tardío a los que tanto apoyo y cariño me demostraron y a quienes recuerdo de manera especial cada vez que hablo de la memoria, en cualquier contexto.













