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domingo, 1 de mayo de 2011

"Escuchando al juez Garzón" - toma 2, Minnesota

Hace unas semanas vi la mitad de Escuchando al juez Garzón, el filme documental recién estrenado de Isabel Coixet. Vino con el nuevo libro de Garzón, La fuerza de la razón (Debate). El documental es realmente una conversación -- algunos dirían que un monólogo -- entre Baltasar Garzón y su entrevistador, el escritor y periodista Manuel Rivas. Lo dejé porque es, en mi opinión, una película difícil de ver de una sentada. A nadie le gusta ver una película -- aunque sea documental -- que es un discurso. Es muy diferente que escuchar en persona una conferencia. Aunque no creo que la película de Coixet sea o vaya a ser un éxito cinematográfico, es la idea de escuchar que encuentro interesante, punto sobre el que intentaré elaborar un poco más después.

Ante todo quisiera agradecer a K.L. por haberme avisado de la conferencia del juez Garzón en Minnesota. El año pasado, cuando ella seguía allí de estudiante, la facultad de lenguas y literaturas romances organizó un congreso sobre el tema de las exhumaciones titulado "Exhuming Bodies, Producing Knowledge" (Exhumando Cuerpos, Produciendo Conocimiento); por casualidad coincidía con la retirada del juez de su puesto y las manifestaciones a su favor a nivel doméstico e internacional. Había pensado en asistir a este congreso, pero al último momento decidí quedarme en Iowa. Por eso, cuando supe de la visita del juez a Minnesota, sabía que esta vez sí tenía que asistir a la charla. En Iowa tengo pocas oportunidades de escuchar conferencias de tal prestigio, y esta era una oportunidad extraordinaria que no podía perder. Otro motivo por asistir a la conferencia es que recién propuse un panel sobre la figura del juez para un congreso en St. Louis, Missouri en noviembre de 2011. Para más información sobre ese panel, favor de pinchar aquí (ver "Special Sessions" y "Baltasar Garzón: International Justice on Trial;" las propuestas para ponencias son para el 3 de junio de 2011).
foto sacada el 25.4.11 a la entrada del salón
La conferencia, "Verdad, Justicia y Reparación," empezó a las 14 h en el Law Center de la Universidad de Minnesota. Llegué a eso de las 13,30 y me quedé sorprendida al ver que iba a hablar el juez en un salón de tal tamaño (relativamente pequeño). Me senté en la cuarta fila a la izquierda, pero habría sido fácil estar en la primera, justo enfrente del hablante. Poco a poco iba llegando gente -- jóvenes con pinta de ser estudiantes, mayores con pancartas a favor del juez, profesores de diferentes disciplinas y técnicos de video. Unas tres mujeres con pancartas hechas a mano las levantaban al empezar y terminar la conferencia, recordándome al abril de 2010 cuando también fui inspirada a crear una y postear la foto en este blog.
Lugar donde tuvo lugar la conferencia
Público en apoyo a Garzón (estoy sentada justo detrás de esta señora, con la mano en la cara (foto de aquí)
El juez Garzón con la profesora Hilbink y la profesora Ferrán
La conferencia empezó con una introducción de las profesoras Ofelia Ferrán (profesora de español y autora de Working Through Memory) y Lisa Hilbink (profesora de ciencias políticas y autora de Judges beyond Politics in Democracy and Dictatorship: Lessons from Chile), quienes describieron la conferencia del juez como una continuación del congreso de hace un año.

Notaron que en aquel momento, tenían lugar las manifestaciones a favor del juez. El público de la conferencia pareció ser mayormente a favor del juez, y respondió con un fuerte aplauso. En el video de abajo (sacado en mi cámara, por eso la calidad es baja) vemos a la profesora Hilbink durante la presentación del juez:

Antes de describir la conferencia del juez, tengo que decir que me alegra poderla haber escuchado en español. La "traducción simultánea" que habían prometido era, en realidad, una pantalla de ordenador proyectada detrás del juez. Por lo que parece, era un estudiante graduado de traducción que tuvo la tarea dificilísima de ir traduciendo todo lo que decía el juez, para que los no hispanohablantes lo pudiesen entender. No he estudiado mucho la traducción, pero algo sé, y es que tanto la interpretación como la traducción son trabajos agotadores, y se tiende a limitar el tiempo en que uno trabaja para asegurar la calidad de la traducción. El juez Garzón habló unas 2 horas sin parar, y aunque yo no seguía muy a menudo la traducción al inglés, pensé que seguramente se perdían ciertas ideas, porque sencillamente no es posible que una persona traduja y escriba al ordenador en tiempo real, especialmente cuando el hablante apenas tomaba una pausa. No sé por qué razón decidió la Universidad ofrecer una traducción así, pero probablemente habría sido mejor que hubiesen contratado a un traductor profesional o por lo menos, que hubiesen tenido presentes a varios traductores para aligerar el trabajo del primero. Si yo no hubiese entendido español, tengo la sensación de que no habría podido captar las ideas más importantes del juez. De ninguna manera es una crítica al juez, pero haber anticipado la extensión posible de su conferencia habría resultado en un mejor producto para los oyentes no hispanohablantes.

El juez empezó explicando que no hablaba bien el inglés y que por eso iba a hablar en español. Esta primera oración la pronunció en inglés y provocó una risa del público que había venido a oírlo. La conferencia que dio tuvo muy poco que ver con España, y mucho más con el tema de los derechos humanos en varios contextos históricos y culturales. Saqué unas 7 páginas de apuntes, pero intentaré condensar las ideas principales aquí.

En cierto sentido la conferencia del juez casi se podía considerar como un texto elemental sobre la historia de los derechos humanos, del siglo XX hasta la actualidad. El juez empezó subrayando el concepto del derecho a la verdad y el derecho a la justicia y en realidad, fueron estos conceptos que informaron la primera mitad de la conferencia. Hablando primero del caso de España, Chile y Argentina, el juez enfatizó que "no es una facultad de los jueces, es una obligación" investigar los crímenes contra la humanidad, y siempre buscar la verdad sobre cualquier impulso de negacionismo. En España, dijo, la defensa de la Transición -- el "esto no pasó aquí" -- es una de las razones principales que "no ha habido ninguna investigación, no ha habido ninguna respuesta" a las demandas de verdad y justicia para las víctimas del franquismo. Según el juez, sigue existiendo una "fase de negacionismo" que "no se ha superado" todavía por completo.

Trazando una historia larga de atrocidades del siglo XX, desde el genocidio armenio a las dictaduras militares del Cono Sur, el juez luego empezó a elaborar el estatus de los derechos humanos. A pesar de ser el siglo con múltipes traumas históricos, dijo, el siglo XX también es el siglo en que más se ha hecho a favor de los derechos humanos. Aquí destacó el año de 1998 y habló del Estatuto de Roma y la detención de Augusto Pinochet en Londres. Hablando de su propia participación en esta detención, dijo, "Sólo hice una cosa, que fue pedirla." Comentó después lo que llamó "la beligerancia contra la justicia universal" en España durante aquel tiempo, explicando que cuando pidió la detención del dictador chileno, hubo más de 100 demandas presentadas en su contra en España.

Uno de los puntos fundamentales de esta conferencia fue la idea de que cuando la justicia se ocupa de crímenes del Estado, ha hecho posible ocuparse también de otros crímenes. Puso como ejemplo la manera en que la Argentina ha empezado a examinar más profundamente el problema de la violencia de género. Pero también apuntó la manera en que las acciones de un país pueden tener repercusiones positivas en otros. En este caso habló de Uruguay, que recientemente ratificó políticas dictatoriales, la más importante siendo la Ley de Amnistía de este país, que garantizaba amnistía para crímenes contra la humanidad ocurridas durante la dictadura militar (1973-85). Mencionó también el caso de Brasil, que intentaba, según el juez, decir que "la Ley de Amnistía no se toca" y explicó que la Corte Internacional no lo aceptó. Resumiendo diferentes casos latinoamericanos resultó ser una manera de aludir al caso de España y su propia Ley de Amnistía sin tener que hablar directamente de ella. Asimismo era una manera de llegar al tema de la justicia universal.

Según el juez, se ha estancado la justicia universal por motivos diplomáticos, políticos y económicos. En España, comentó la reforma de 2009 de la Ley de Jurisdicción Universal y también el sentido de que España no siempre se ha tendido a percibir como el país responsable de o mejor preparado para empezar investigaciones de tamaño internacional. En cambio, muchas veces ha dominado la idea de que "si investigan Uds., entonces no lo tenemos que hacer nosotros." Me gustaría haber podido encontrar la cita exacta, pero el juez citó el ejemplo de José María Aznar, que en algún momento explicó que España sirve como "un buzón" para tramitar las pedidas de otros países, no para procesarlas sí misma. Desde la perspectiva del juez, hubo tres casos principales que empezaron la polémica de la jurisdicción universal -- el de China, el de Israel y Gaza y el de Guantánamo. Citó también la presidencia de George W. Bush y la guerra de Irak como factores que condujeron a la oposición de la jurisdicción universal. Este no fue el único momento en que mencionó el papel de EE.UU. Cuando hablaba de las dictaduras de Latinoamérica, le recordó al público que estas se habían apoyado en su gran mayoría por los vecinos de América del Norte.

Tal vez, como era de esperar, el juez terminó la conferencia enfocándose en el caso de España. Explicó que, a pesar de lo que parece, España comparte mucho con otras sociedades posdictatoriales. Volvió a citar la Ley de Amnistía, diciendo que "no hubo transición -- fue una transición formal." La derogación de otras leyes de amnistía no parece haber tenido el más mínimo impacto en España. El deseo de integrarse en el resto de Europa es otra razón que España no quiso o no pudo tratar el tema de la dictadura durante la década de los 70 e incluso los 80. Sin embargo, como afirmó, "los olvidos impuestos oficialmente. . . no coinciden con la voluntad de los seres humanos." Añadió luego que el análisis del pasado traumático nunca es voluntario, siempre es algo que se impone desde fuera.

Quizá, con el paso de una semana desde que oí la conferencia, estoy imaginando esto, pero parece que en este momento de la conferencia, el juez habló de forma más enfática. Pareció emocionado cuando habló de una anciana de 100 años, que en 2009, había pedido una prueba del ADN para tratar de emparejarla con un niño robado. Nunca ocurrió la prueba, porque la mujer murió antes, y nadie nunca le respondió. En este momento, el juez preguntó, "¿Por qué no dijo nada España al respecto?" y se contestó en parte, "Es muy jodido para mí." Enfatizó que "lo importante es la investigación," no lo que termina pasándole a él.

El fin de la conferencia se caracterizó por la conciencia del hablante de que se había extendido un poco pasado el tiempo esperado. Por eso, no me pareció que habló tanto del tema de la reparación como de la verdad y la justicia. Sí le dio tiempo para explicar que la "reconciliación es leer conjuntamente la historia" y que "la justicia se exige, no se pide." Y también comentó que a estas alturas, no hay planes bien establecidos para enseñar el pasado reciente de España. Dijo que mucho depende de los políticos, porque tendrán que decidir si esta historia conjunta puede existir en algún momento en los libros de texto.

No creo que nadie esperase que el juez fuese a hablar durante 2 horas. El cartel para la conferencia había sugerido una conferencia de una hora, con una recepción después, para empezar a las 16 h. Al final del discurso, era obvio que algunos del público se habían cansado un poco, o tuvieron que salir por otros motivos, porque noté varias veces que pequeños grupos salían de puntillas del salón mientras seguía hablando el juez. Yo también tenía que irme, pensando en el viaje en coche que me esperaba, pero no quería porque la conferencia realmente me había captado la atención y apenas noté pasar el tiempo.

Al final de la conferencia, por motivos de tiempo, se permitieron unas 3 or 4 preguntas. En este momento, terminó el traductor su trabajo y la profesora Ferrán empezó de servir de intérprete al juez, o al resto del público. La mayoría de las preguntas no eran nada especiales, pero me impresionó que el juez contestase seriamente cada una, como si todas mereciesen la pena de una respuesta.

El momento más curioso de esta fase de preguntas era cuando una mujer le criticó a Obama al hacerle una pregunta al juez. Al principio, aunque hablaba en inglés, no entendí qué preguntaba y me dio vergüenza ajena. Vez tras vez, la mujer citaba lo que llamaba "the village idiot" (lit. el tonto del pueblo). "The village idiot tells me" (me dice el tonto del pueblo), decía, y terminó su propio discurso diciendo, "Will you defend the village idiot when he goes to Guantánamo?" (¿defenderá Ud. al tonto del pueblo cuando vaya a Guantánamo?). En un momento dado, creí entender que, desde su punto de vista, el presidente Obama merecía ser preso en Guantánamo. Pensé que debía ser de algún grupo marginal como del Tea Party, pero luego se me ocurrió que pudo haber sido alguien de la izquierda radical. El juez le ofreció una respuesta muy mesurada y tranquila. Ante todo, le dijo, "¿Y me toma por el tonto del pueblo,?" elicitando una risa un poco nerviosa del público. Pero luego, le respondió que mienten todos los políticos (una de las críticas de la mujer había sido que Obama mintiera durante su campaña electoral) y citó su participación breve en la política, en que le preguntó a un político si no le preocupaba no cumplir con las promesas de su campaña. El político contestó que "para eso existen las campañas electorales." Después, el juez le explicó a esta mujer que tenemos que actuar si no estamos satisfechos con la forma en que se hacen las cosas en la política. Dijo que hay demasiada gente que se contenta con leer un artículo o ver un programa de la tele para informarse. Hay que ir más allá de los medios y ser ciudadanos pro-activos.

Otra pregunta tuvo que ver con la reparación. Aunque el video de mi cámara no sea de la mejor calidad, por lo menos se puede escuchar bien. Como el archivo era demasiado grande para subir, lo voy a enlazar aquí.
La misma persona que preguntó sobre la reparación quería saber cómo el juez manejaba el tema del miedo. Pensé que su respuesta era aplicable a muchos contextos. Otra vez, he enlazado aquí el video breve de la respuesta del juez.

Al terminar las preguntas, mucha gente subió al salón donde iba a tener lugar una recepción. No necesariamente pensé que tendría la oportunidad de hablar con el juez, pero me fui acercando hasta donde estaba hablando con un pequeño grupo de personas. He asistido a muchas conferencias con diversos teóricos y estudiosos, y nunca me ha gustado este tipo de pos-encuentro con el hablante, porque típicamente tiende a rodearse por la gente más conocida e importante, y huye de hablar con la gente corriente. Sin embargo, en este caso, me pareció que al juez le interesaba más hablar con exactamente estas últimas personas. Las coordinadoras de la conferencia seguían intentando hacer que subiese a la recepción ofrecida en su honor, pero pareció no enterarse. Había personas que le querían hablar de sus familiares, una pareja mayor que quería sacarse una foto con él y gente como yo, que simplemente cumplía la ilusión de conocer en persona a esta figura representativa de la justicia universal. Justo cuando pareció que no iba a haber manera de hablar con él, se acercó al podio para recoger algo, y en ese momento aproveché la oportunidad para presentarme. Como también había traído conmigo el nuevo libro, se ofreció a firmármelo y no solo lo firmó, me escribió una dedicación personal.

Durante mucho tiempo he leído del egocentrismo del juez, de sus apodos de "juez estrella" y "super juez," y he leído también las críticas que dicen que la figura de Baltasar Garzón y su juicio están quitando la luz del caso más importante y pendiente, que era y es el de las víctimas del franquismo. En un post reciente en su blog, María José Barreiro ha tachado el fenómeno del "progarzonismo que nos invade." Por supuesto, es imposible que un encuentro de 5 minutos con el juez pueda revelarnos mucho de su persona, pero a mí me impresionó que llevase tanto tiempo con cada persona que le quería hablar, especialmente cuando ya había hablado durante 2 horas. Es muy posible que -- de no ser estadounidense -- viera de una manera distinta al juez. Pero no vi durante su discurso un enfoque en el caso contra él (apenas se refirió a él -- habría que saber de él de antemano para leer entre líneas) o un interés en defenderse contra estas críticas de los últimos años. La conferencia demostró su capacidad intelectual, su conocimiento amplio del derecho, la historia y la política y su interés en defender a quienes no pueden o a quienes no se sienten capaces de defenderse. Sin duda, la conferencia iba dirigida principalmente a una audiencia progresista, pero tampoco la encontré especialmente crítica de partidos conservadores o derechistas.

Al volver a casa, pensaba en el título de la película de Coixet, Escuchando al juez Garzón. Durante un par de horas, escuchamos al juez Garzón en Minnesota. Sin duda, habrá los que creen que el título de la película refleja en sí el problema del juez que quiere dirigirse la atención mediática. Pero en realidad, ¿cuándo hemos escuchado al juez? Después de su destitución vergonzosa de abril de 2010, todos han hablado por y para él. Aunque entienda por qué hay gente que critica la atención que ha recibido, en cierto sentido creo que ha sido la causa contra él que más luz ha arrojado sobre el auto de 2008, porque la indignación internacional surgida en torno al caso contra Garzón en la mayoría de los casos no tiene que ver con él y quién es, sino por lo increíble que parece llevarle al tribunal un juez que ha intentado investigar los crímenes franquistas. Sí, por supuesto que hubo familiares y gente comprometida con las víctimas mucho antes del juez, que exigían verdad, justicia y reparación y nunca recibían la ayuda de nadie. Pero ¿por qué criticar el enfoque en el juez si hablar de él casi siempre termina conduciendo al tema de los derechos humanos en España y más allá de sus fronteras?

Como expliqué aquí hace un año, apoyo al juez Garzón no por él, sino por lo que representa. De vez en cuando aparecen aquí comentaristas anónimos que me quieren explicar todo lo que no entiendo de derecho español. Es verdad que no soy experta en este tema, ni mucho menos. Pero me he informado durante mucho tiempo sobre el caso contra Garzón, y me sigue pareciendo todo lo que ha sucedido una táctica cuidadosamente planeada y construida para asegurar que la historia la puedan seguir escribiendo unos, y no otros. Como se ha explicado en otros blogs, la demora en llevarle al juicio al juez parece ser diseñada para desconectarlo de la investigación que inició la primera demanda. Hay muchas irregularidades que rodean el caso contra Garzón. Pero estas no solo tienen que ver con él, sino con asegurar la calidad del proceso democrático para cada ciudadano.

La conferencia del juez Garzón en la Universidad de Minnesota no era sobre él y su caso particular. Tampoco era sobre España. Era, en parte, sobre la historia de la impunidad y los intentos de reparar los traumas del pasado. También, sobre el poder de la memoria y el rechazo al olvido oficial. Escuchando al juez Garzón me confirmó lo que ya creía y creo. Me da la sensación de que se escucha de una manera distinta fuera de España que en su propio país.

Nota: todos los videos y las fotos son míos, excepto la de la señora de la pancarta. Para ver más fotos, pinchar aquí. Por desgracia, existió por un día en internet el video íntegro de la conferencia, pero ya no funciona el enlace.

domingo, 6 de febrero de 2011

De dictadores: Julián Casanova sobre el caso de Chile y el de España

TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA
El ansiado olvido

JULIÁN CASANOVA 06/02/2011

Decía el embajador estadounidense en Chile, en un cable confidencial enviado a Washington a comienzos de 2007, poco después de la muerte de Pinochet, que los chilenos miraban con menos rencor al pasado, a su dictadura, que los españoles a la de Franco. El comentario, aunque superficial y bastante inexacto, puede servir para introducir algunas observaciones de historia comparada, de similitudes y diferencias entre ambas dictaduras, y sobre la forma en que son recordadas.

Pinochet aprendió muchas cosas de Franco. El dictador chileno, como antes había hecho el español, intentó imponer una visión histórica que legitimara la necesidad del golpe de Estado y lo presentara como salvador de la nación. Durante sus dictaduras, Franco y Pinochet festejaron el 18 de julio en España y el 11 de septiembre en Chile como un mito fundacional de "salvación nacional" frente a la revolución marxista. Esa versión oficial, establecida a partir del control de la educación, de la censura y de la persecución a quien se oponía públicamente, generó políticas de desinformación y de manipulación de la historia, muy difíciles de combatir durante las respectivas transiciones a la democracia.

El golpe de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, no provocó una guerra civil y su dictadura, de 17 años, duró 20 menos que la de Franco. Después de miles de asesinatos y de violencias masivas de los derechos humanos, ambos dictadores gozaron de amplios apoyos entre sus ciudadanos. Franco murió en la cama y nunca tuvo que preocuparse de responder a cargos sobre crímenes contra la humanidad. Pinochet sobrevivió 16 años a su Gobierno autoritario y su arresto en Londres, en octubre de 1998, abrió en Chile una profunda discusión sobre el pasado, en la que afloraron con toda su crudeza las historias y memorias enfrentadas de militares y de familiares de los desaparecidos y víctimas de la represión.

El legado de los crímenes de las dos dictaduras se abordó de forma muy diferente en los dos países. En España, tras la Ley de Amnistía aprobada el 15 de octubre de 1977, el Estado renunciaba a abrir en el futuro cualquier investigación judicial o a exigir responsabilidades contra "los delitos cometidos por los funcionarios públicos contra el ejercicio de los derechos de las personas". Bajo el recuerdo traumático de la guerra, interpretada como una especie de locura colectiva, con crímenes reprobables en los dos bandos, y el del miedo impuesto por la dictadura, nadie habló entonces de crear comisiones de la verdad que investigaran los miles de asesinatos y la sistemática violación de los derechos humanos practicada hasta el final por Franco y sus fuerzas armadas.

En Chile, por el contrario, y pese a que la democracia, bajo la vigilancia y el corsé impuesto por el tirano todavía vivo, no pudo derogar la amnistía que se habían concedido los propios militares con la Ley de 1978, el primer presidente democrático, Patricio Alwin, decidió establecer una Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. No se podía llegar a la reconciliación nacional, pensó Alwin, sin antes conocer y reconocer a los desaparecidos y víctimas de la violencia de las fuerzas armadas. Formada, bajo la presidencia del prestigioso jurista Raúl Rettig, por expertos en derechos humanos, pero también por partidarios de la dictadura, como el historiador Gonzalo Vial Correa, la Comisión entregó su informe, de 1.350 páginas, el 8 de febrero de 1991, menos de un año después del encargo oficial.

El informe Rettig, interpretado por los militares chilenos como un ataque a su honor y dignidad, fue un hito en el proceso de reconstrucción de la democracia y de la memoria colectiva. En España, durante la transición, y en la larga década posterior de Gobiernos socialistas, no hubo políticas de reparación, jurídica y moral, de las víctimas de la guerra y de la dictadura. No solo no se exigieron responsabilidades a los supuestos verdugos, tal y como marcaba la Ley de Amnistía, sino que tampoco se hizo nada por honrar a las víctimas y encontrar sus restos.

Por eso, no resulta sorprendente que cuando comenzó a plantearse entre nosotros, por fin, casi tres décadas después de la muerte de Franco, la necesidad de políticas públicas de memoria, como se había hecho en otros países, apareciera un enérgico rechazo de quienes más incómodos se encontraban con el recuerdo de la violencia, con la excusa de que se sembraba el germen de la discordia y se ponían en peligro la convivencia y la reconciliación. Acostumbrados a la impunidad y al olvido del crimen cometido desde el poder, se negaron, y se niegan, a recordar el pasado para aprender de él.

Para muchos españoles, el rechazo de la dictadura y de las violaciones de los derechos humanos no ha formado parte de la construcción de su cultura política democrática. Y por eso tenemos tantas dificultades para mirar con libertad, conocimiento y rigor a las experiencias traumáticas del siglo XX. Parece que estemos en un eterno debate y, en realidad, seguimos rodeados de miedos y mentiras. Y, lo que es más importante para el futuro, sin claras políticas educativas y culturales sobre los derechos humanos.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

viernes, 11 de junio de 2010

Juan Guzmán, un juez chileno: "El pecado de Garzón es querer llegar a la verdad"

De: Público.es

"El pecado de Garzón es querer llegar a la verdad"
Juan Guzmán. Juez chileno. El magistrado que procesó a Pinochet analiza el proceso del Tribunal Supremo contra Garzón

ALBERT MARTÍN VIDAL BARCELONA 11/06/2010 08:00 Actualizado: 11/06/2010 08:03

El juez Guzmán, alto y de porte británico, se lamenta de que en Chile "los jóvenes ya no saben qué pasó". Invitado por el Departament de Interior de Catalunya a un coloquio sobre la revisión jurídica de las dictaduras, asegura que "siempre hay algo en común en los acontecimientos horribles" y expresa su esperanza en que "en el siglo XXI seamos menos bárbaros que en el XX". Pero su optimismo no es grande: "A veces, sólo a veces, se consigue justicia".

Usted denuncia que sufrió "persecución" por parte de la Justicia durante el proceso a Pinochet. ¿Cómo valora el proceso que está viviendo Garzón?

Es como en la Inquisición: quien difiere del grupo dominante conservador debe morir. Varela no debió iniciar este proceso por prevaricación, todos sabemos que ese no es el caso. Garzón no está aplicando la Ley de Amnistía de 1977, sino la ley penal internacional que establece que las amnistías no proceden con respecto a los crímenes de lesa humanidad. Ya investigó violaciones de derechos humanos en Chile o Argentina, y una de las mayores funciones del procedimiento penal es la investigación acerca del paradero de las víctimas de desapariciones forzadas. Es una labor humanitaria, no sólo jurisdiccional. El pecado de Garzón es querer romper la impunidad y llegar a la verdad, que es lo que debe hacer un juez.

¿Le recuerda a lo que usted vivió?

A mí me iban a echar aplicando el estatuto administrativo. Me aplicaron dos sanciones, una verbal y una por escrito, las dos por hechos falsos. A la siguiente, salía de la judicatura. Fueron más sutiles que aquí pero el resultado era el mismo: sacarme del camino. Lo dejé antes de que continuaran acosándome los miembros de la Corte Suprema.


En España el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial abre la vía a la justicia universal pero no se está aplicando.

Es absurdo y prueba que los jueces que pretenden hacer justicia de situaciones como una guerra civil o una dictadura están expuesto a presiones muy grandes. Es increíble que en una sociedad moderna como la española, que llegó tan arriba en esta cuestión, no se aplique la justicia universal. Y que se alteren tanto los hechos como para decir que hay una prevaricación es triste. Dos agrupaciones fascistoides llevaron esto a la justicia y un juez que posiblemente envidia la trayectoria de Garzón mordió el anzuelo. Varela ha sido utilizado y le va a costar mucho salir de esto.


Usted es conocido por el proceso a Pinochet, a quien no llegó a juzgar. ¿Hasta qué punto siente que ganó esa batalla?

Hice lo que pude. Fue una batalla que di durante ocho años. Consistió en lograr el desafuero de Pinochet y procesarle en tres ocasiones, en tomarle declaración y significó exponer al mundo los crímenes cometidos bajo su dictadura. Más no pude porque eran tribunales superiores los que dejaban sin efecto mis resoluciones. La opinión pública nacional e internacional sabe muy bien que no me equivoqué.

¿Qué recuerda de sus horas de conversación con él?

Tenía la conciencia muy tranquila, se declaraba un ángel y decía que gracias a él se erradicó el comunismo de Chile. Hubo un cambio radical entre la primera y la segunda vez que le interrogué. En el año 2000, Pinochet estaba convencido de que no le iba a procesar. Me trató atentamente, me invitó a café. En 2004, ya procesado, se enojó porque la computadora tardaba en imprimir la declaración y antes de firmarla la leyó entera porque, según dijo al funcionario en referencia a mí, "este gallo [tipo] me cambia las cosas".

Aplicó el concepto de secuestro permanente. ¿Se podría aplicar en España?

El secuestro se comete desde que se priva de la libertad a alguien hasta que se le devuelve la libertad o aparecen sus restos. Los secuestros permanentes eluden la aministía porque el delito se sigue perpetrando hacia el futuro después de la fecha de la amnistía. Ese fue mi planteamiento y perfectamente lo podría haber aplicado Garzón.

¿Qué respondía a quienes le acusaban de no dejar cicatrizar el pasado?

Nada, porque las cosas no se dicen en la cara, se dicen por detrás. ¿Qué pienso yo? Para que cicatricen las heridas primero tienen que sanar. ¿Y cómo se va a sanar la herida de una desaparición forzada de una persona? Encontrándola, o entregando a los familiares sus restos para que les den santa sepultura y terminara su agonía. El ser humano necesita que haya justicia en el sentido más amplio y esta se obtiene precisamente utilizando medios legales.

¿Es eso imprescindible para culminar una transición política?

Sí, cuando es tan cercana a los hechos como en Chile o España, hay que cerrar las heridas a través de la justicia.

¿Por qué defiende usted la creatividad del jurista?

Si se mira su sentido estricto, la ley cae en el pasado. Hay que aplicar la ley en forma progresiva, no quedarse en la ley de 1890, sino hacerla aplicable al siglo XX y al XXI, eso es la interpretación progresiva, que no progresista. Además, el juez debe utilizar los elementos de interpretación que le da la ley. Los jueces que quieren estar con la época y el momento histórico deben pasar por ahí. En eso Garzón ha sido un maestro.


¿Es inevitable la politización de la justicia?

Las instituciones son cada vez más justas, pero lamentablemente el hombre sigue siendo un animal político y hace que muchas veces prevalezca la política a la justicia. Es por eso que ocurre lo del juez Garzón y por lo que muchos jueces en el mundo se ven inhibidos de llevar hacia adelante la acción legal.

sábado, 15 de mayo de 2010

Cartas sobre Garzón

¿Cuándo un magistrado del Tribunal Supremo va a escuchar comentarios sobre la suspensión de Garzón como los que siguen?

Ánimo, señor juez


FELIPE MANUEL MARTÍN /PAULINA MORALES - Badajoz / Valencia - 16/05/2010

Al final, los peores de los pronósticos se han cumplido y, como si de una cacería al hombre se tratara (al juez en este caso), Baltasar Garzón Real ha sido suspendido como magistrado-juez del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional. Un día muy triste en primer lugar para él, su familia, amigos, compañeros, funcionarios de la Audiencia... También para muchos miles y millones de españoles y ciudadanos del mundo, y de profesionales del Derecho y del mundo de la Justicia (Universal). Unas breves letras de ánimo y confianza dirigidas a quien España, como país, tanto le debe, sin entrar en las formas y el fondo de una resolución final, la del auto de apertura del juicio oral dictada por el magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela, que estimo totalmente contrario a Derecho. Todos sus autos en la causa especial 20048/2009 seguidas tras la querella contra Garzón, con todos mis respetos, serán declarados, espero que pronto, nulos de pleno Derecho. Sea por la propia Sala del Tribunal Supremo que lo juzgará, sea con posterioridad por el Tribunal Constitucional o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Desde Extremadura, ánimo señor juez. Ánimo, y palante, que decimos en esta tierra.

Como chilena, actualmente residente en España, no puedo dejar de manifestarme en torno a la situación que atraviesa el juez Baltasar Garzón a raíz de su iniciativa de investigar judicialmente los crímenes cometidos por la dictadura franquista. Bien sabemos los chilenos de regímenes autoritarios. Ya recuperada la democracia, el anhelo de justicia en relación con las atrocidades cometidas en materia de derechos humanos por la dictadura pinochetista era un sentir ampliamente compartido por el pueblo chileno. Sin embargo, no fue hasta la detención del dictador en Londres, en virtud de una orden promovida por el juez Garzón, que la justicia chilena se vio impelida a cumplir con su trabajo y procesar al máximo responsable, en gran parte debido a la presión política generada a partir del argumento que utilizó el Gobierno chileno para defender el regreso del dictador al país, a saber, que los crímenes cometidos en Chile debían ser juzgados en dicho territorio.

Pinochet nunca llegó a ser condenado. Murió estando procesado por innumerables causas, tanto relativas a derechos humanos como a uso indebido de recursos públicos. Cuando falleció, los sentimientos fueron encontrados: alegría tranquila porque su recuerdo nefasto iría desapareciendo, pero también vergüenza e impotencia porque nunca llegó a pagar por sus crímenes y atropellos múltiples a los derechos humanos de miles y miles de compatriotas. En medio de todo esto, si algo de dignidad pudimos sentir aquel día, se la debemos en gran parte a este juez valiente y justo que nos mostró que algo de justicia es posible en este mundo.

miércoles, 21 de abril de 2010

Un juez chileno apoya a Garzón (traducido al inglés)

En: International Justice Tribune, no. 104
Publicado: el 21.4.10

Chilean judge supports Garzon

Published on : 21 April 2010 - 10:05am | By International Justice Tribune (RNW)

Spanish judge Baltasar Garzón is facing prosecution, accused of overreaching his judicial powers when investigating atrocities committed during and after the country’s 1936-39 civil war. Retired Chilean judge Juan Guzmán Tapia, who worked closely with Garzón when prosecuting late Chilean dictator Augusto Pinochet, speaks of political games.

By José Zepeda

The charge against Garzón is based on a 1977 Amnesty Law. What do you think of this claim?
It is very clear that neither the 1977 Amnesty law nor statute of limitation can do justice to the terrible crimes related to the Spanish Civil War and the subsequent dictatorship of general Francisco Franco. People don’t like to talk about it, but it was a terrible dictatorship which resulted in a lot of victims.

The massive disappearances, many caused by ideological affiliations, are obviously not eligible for amnesty, nor are they covered by it. This is the norm of international and criminal law.

Have conservative forces in Spain influenced this decision?
Yes, this also happened in Chile. The most conservative forces had an interest in repression, as they were on the ideological side of Pinochet in Chile and on that of Franco in Spain. Generally, these people are opposed to progressive systems and judges, as they are against progressive jurisdiction such as universal jurisdiction.

How politicised is this case against Garzón?
In this case the jurisdiction is above the parties. I know Garzón very well: he is a brave man, very humane and compassionate. He follows his vocation as a judge, and he often faces the dilemma whether to investigate or not.

He has dared to do what no other judge has dared to do before. Investigating this issue is closer to humanism than to the political left or right. I think that politics has nothing to do with this, at least in regards to the investigations.

Garzón really faces the possibility that he will be tried.
Garzón is in a situation he doesn’t deserve. The reasons for him to take on this mission were reasons of justice, humanism and truth.

Some ask how one can investigate crimes where the people involved or responsible already died. Well, one of the missions of the judiciary is to seek the truth, and the truth in this case can only be found when one has the perseverance - that Garzón has shown - to investigate.

Furthermore, the judiciary has to give everyone what he or she deserves. Relatives of the victims have the right to find the bodies, and to know where the remains of their families are. This is a very complex issue, where powers behind the scene are playing games that go beyond punishing a judge who has arguably violated the law.

Were you discredited during your dealings with Pinochet?
Of course. I did not apply the prescribed amnesty under Pinochet. There was an Amnesty Law decree in 1978 that covered the worst crimes during the dictatorship, which took place between 1973 and 1978. I said that the Amnesty Law did not cover the forced disappearances.

Of course I was accused of misfeasance, but that is a matter of interpretation. I interpreted that the decree was not applicable to the kidnappings, which was what these forced disappearances actually were. They could not punish me for this interpretation.

Did the persecutions influence your decision to quit?
I was prosecuted by the Supreme Court, I suffered permanent accusations and investigations. I had to plea, I was accused of stealing money and sexual intimidation. They stopped short of charging me with drug trafficking or being a paedophile.

At a certain point my fellow Chilean judges started treating me the way the Spanish judges are treating Garzón now. By that time I was 66, I had been a judge for 26 years. I decided that I wanted to leave with my head held high, instead of being followed by the arms of fraud.

(Translation by Robin van Wechem)

sábado, 17 de abril de 2010

El Wall Street Journal arremete contra el juez Garzón

Como siempre publico aquí noticias a favor del juez Garzón, he decidido incluir el artículo de abajo, publicado el martes 13 de abril en el diario conservador neoyorquino, el Wall Street Journal. Nunca leo este diario, pero me parece necesario compartir esta editorial, si es sólo para expresar mi más profundo desacuerdo con su postura, que se desentiende por completo de los asuntos más relevantes relacionados con el caso contra el juez.

Como para competir con la editorial recién publicada en el New York Times, aquí, los editores sostienen que el juez ha traspasado los límites de la jurisdicción. No hay ningún intento por parte de éstos de explorar el origen de las querellas contra el juez o los problemas fundamentales con la Ley de Amnistía, porque para ellos, lo único importante es 1) la personalidad del "juez hiperactivo," y 2) la cuestión de la justicia universal. Lo más aborrecible del artículo es cuando los editores recuerdan el caso contra Pinochet, y, en vez de reconocer el alto valor de aquel intento de perseguir al ex dictador chileno, dicen: "The judge's admirers considered the warrant against Pinochet the very essence of justice. We warned at the time that it was a recipe for legal anarchy and international discord, and profoundly antidemocratic to boot."

Aquí, los editores vuelven a recordarnos de su perspectiva de aquel momento, en que avisaron que la persecución de Pinochet era una "receta para la anarquía legal y la discordia internacional, y además, profundamente antidemocrático" (traducción mía). El uso simultáneo de las frases "anarquía legal," "discordia internacional" y el adjetivo "antidemocrático" intentan crear un sentido de miedo de qué podría ocurrir si los gobiernos de unos países se involucraran inncecesariamente en los asuntos de otro. Los editores escriben suponiendo que un país "democrático" nunca requiere la perspectiva legal de un "tercero." ¿Qué pasa, en otras palabras, cuando una supuesta democracia comete crímenes contra derechos humanos? ¿Se ha de suponer que sólo ese país -- por ser "democrático" y capaz de manejar sus propios asuntos en su propio sistema jurídico -- tiene derecho a juzgar tales crímenes?

Este tema no es el en que los editores deben estar enfocándose, pero resulta más fácil sugerir que todos los problemas de Garzón han surgido a raíz de casos en que el juez se ha atrevido a mirar tras las fronteras de su propio país -- Pinochet, Bush, Bin Laden, etc. Puede que la cuestión de la justicia universal sea uno de los motivos por los que ha enfadado a tanta gente, pero en 1998, estoy segura que la misma gente que ahora arremete contra el juez, antes lo apoyaban. Nunca es lo mismo perseguir a dictadores en otros países, que hacerlo en el país de uno mismo.

Yo apoyo al juez Garzón, pero me importa un comino que se llame "Garzón," o que sea un "juez estrella," un "juez hiperactivo," etc. Sigo sin entender cómo un país democrático pueda haber permitido que pasaran al Tribunal Supremo querellas de grupos como Manos Limpias, o de los políticos corruptos encarcelados. Es una burda de la democracia!!! Con tanto enfoque en el juez, estamos perdiendo de vista cada día más el origen de todo este lío -- la decisión de perseguir crímenes contra el franquismo. La prensa y el público, tan obsesionados los dos con seguir el esplendor y la decadencia de una figura como la del juez, se están olvidando de que las querellas presentadas contra su persona representan al mismo tiempo, querellas contra las víctimas del franquismo que el juez ha intentado defender. El circo mediático que rodea este caso es como el sueño de la derecha -- con un enfoque extendido en la persona del juez, resulta fácil re-enterrar la cuestión de la memoria histórica. Porque a algunos les gustaría creer que es el juez quien está ensuciando el camino de la modélica Transición, ensuciando implícitamente los nombres de sus autores.

Los editores del Wall Street Journal operan sobre la base de que "lo que pasa en España queda en España:" "Whether it's legal for the Spanish judge to re-fight Spain's 70-year-old civil war will be settled by Spaniards, in Spain, according to Spanish law. Which sounds right to us. Here's hoping Mr. Garzón's imitators grant other countries the same respect." (Los españoles decidirán si es legal o no que el juez re-luche contra una guerra civil de 70 años, y lo decidirán en España, según la Ley española, lo que nos parece correcto. Esperemos que los imitadores del sr. Garzón concedan el mismo respeto a otros países" - traducción mía). Qué fácil y sencilla visión de la democracia tienen los editores del WSJ! La democracia, y ser ciudadano democrático, no significa preocuparse sólo por lo que pasa en el país de uno. Significa entender cómo los ataques injustos contra el proceso democrático en otros países terminan afectándonos a todos nosotros.
Artículo del 13 de abril

A 'Torture' Judge's Comeuppance

Spain's Garzón is indicted for judicial overreach.

Spanish judge Baltazar Garzón was indicted last week for his probe into Civil War-era executions and disappearances. A Spanish Supreme Court judge charged him with manipulating justice, overstepping his jurisdiction and ignoring a 1977 amnesty on atrocities linked to Francisco Franco's dictatorship.

So it turns out there are limits to Spanish jurisdiction—in Spain at least.

Mr. Garzón first rose to global legal stardom for issuing the 1998 arrest warrant that prompted U.K. authorities to place former Chilean strongman Augusto Pinochet under house arrest for over a year. The warrant rested on the concept of "universal jurisdiction," whereby a judge of any state claims legal jurisdiction over an individual from any other state suspected of having committed certain classes of crime. The judge's admirers considered the warrant against Pinochet the very essence of justice. We warned at the time that it was a recipe for legal anarchy and international discord, and profoundly antidemocratic to boot.

The hyperactive judge has since gone after everyone from Osama bin Laden to Argentine military officers to Italian Prime Minister Silvio Berlusconi. Last year he launched proceedings against former Bush Administration officials on "torture" allegations. Mr. Garzón's colleagues in the Spanish judiciary have also followed his lead with moves against Israeli, Rwandan and Chinese officials for various abuses, real or imagined.

Few of these cases have amounted to much, unless you count a lot of ruined travel plans. And now, at long last, the Garzón shtick is wearing thin. Jaime Alonso, one of the lawyers who filed the case, accuses the judge of employing "judicial gymnastics" to gain "a political platform for his own glory." Spain's Congress has also attempted to curb the judiciary's extraterritorial enthusiasms by limiting its purview to cases with a Spanish connection, and where the target's home country isn't already investigating.

Judge Garzón faces a trial and, if convicted, a ban of up to 20 years from court. Whether it's legal for the Spanish judge to re-fight Spain's 70-year-old civil war will be settled by Spaniards, in Spain, according to Spanish law. Which sounds right to us. Here's hoping Mr. Garzón's imitators grant other countries the same respect.

jueves, 18 de febrero de 2010

Carta de El Salvador sobre el caso Garzón

Cuando se piensa en el juez Garzón, se tiende a pensar en España o Chile. Pero esta carta de El Salvador recuerda el efecto que ha tenido el juez en otros países también:

En: El País.com
Sobre el juez Garzón

JOSé M. TOJEIRA, (Rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA) - El Salvador - 19/02/2010

A quienes hemos sufrido crímenes de lesa humanidad que han quedado impunes, nos agrede y duele el enjuiciamiento actual contra el juez Baltasar Garzón. En su defensa, el juez ha pedido que se consulte a jueces y juristas de América Latina. En mi calidad de testigo y, en su momento, parte ofendida en el juicio que consagró la impunidad de los autores intelectuales del asesinato de seis jesuitas en El Salvador y dos de sus trabajadoras, el 16 de noviembre de 1989, quisiera hacer una pequeña relación de lo que significó para nosotros la aplicación del principio de justicia universal del juez Garzón en el conocido caso del dictador Pinochet.

En primer lugar, nos dio ánimo y esperanza. El caso Pinochet abrió posibilidades inédit/i> abrió posibilidades inéditas. En El Salvador teníamos una recomendación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA pidiendo al Gobierno de nuestro país que investigara con estándares internacionales el caso de los jesuitas en el nivel de la autoría intelectual, llevara a juicio a sus autores e indemnizara adecuadamente a las víctimas. El entonces presidente de El Salvador, Francisco Flores, dijo con toda tranquilidad que no iba a seguir las recomendaciones. Las recomendaciones siguen hoy pendientes, pero los dos últimos Gobiernos han abierto al menos conversaciones sobre el camino de cumplimiento de las mismas. Para nosotros no hay duda de que los esfuerzos del juez Garzón por aplicar el principio de justicia universal contribuyó tanto a darnos fuerza en la defensa de nuestros derechos como a darnos seguridad moral.

Al igual que Pinochet, quienes mataron a los jesuitas y sus dos trabajadoras están amnistiados. Y ambos casos se han abierto en España a pesar de las amnistías que en sus países los protegían. Acusar al juez Garzón de prevaricato porque los crímenes de la Guerra Civil que investigó están amnistiados no deja de escandalizarnos. Supone que las amnistías españolas son más respetables que las latinoamericanas. O que los criminales de lesa humanidad españoles son más dignos del perdón legal que otros criminales del mundo. Para quienes pensamos que la humanidad es una, en esa gran tradición que abrieron cada cual a su modo Francisco de Vitoria o Bartolomé de las Casas, perseguir ahora al juez Garzón es enfrentarse a una tradición, no siempre continuada ni defendida, pero que ennoblece al pensamiento español.

Si el juez existe para algo es para defender el derecho de la víctima y no del verdugo. Más aún, desde el uso del idioma, y más allá de los contenidos de las diversas legislaciones, podríamos llamar prevaricador a cualquier juez que se implique defendiendo a los verdugos. Y ciertamente no es éste el caso de Baltasar Garzón. Lamentaríamos, sin embargo, que fuera ése el caso de los jueces que en este momento están decidiendo sobre el juez Garzón.

sábado, 13 de febrero de 2010

La trayectoria del juez Garzón

De: Público.es

El juez que marcó la diferencia

La trayectoria del magistrado que cambió la Audiencia Nacional

Á. VÁZQUEZ - MADRID - 13/02/2010 08:00

La forma en la que la Audiencia Nacional investiga el crimen organizado debe mucho a los jueces que deciden solicitar ese tribunal como destino. Baltasar Garzón es uno de ellos desde 1988. Su carácter, su ambición, su forma de entender la jurisdicción le ha permitido abrir brecha en muchos de los frentes con los que él y sus compañeros deben combatir a diario: terrorismo, narcotráfico, los delitos económicos más graves y los crímenes de persecución universal.

Quizá por eso sea prácticamente el único juez central de Instrucción cuyo apellido es capaz de encabezar por sí solo un titular. Saltó a la fama nada más aterrizar en la Audiencia Nacional. Su anterior destino fue la Inspección del Consejo General del Poder Judicial, el mismo que ahora tramita con urgencia su suspensión por haberse atrevido a abrir la primera causa penal para investigar el franquismo o por haber impartido cursos en Nueva York financiados por el Santander.

Primer juez en Francia

Fue el primer magistrado que se desplazó a Francia para interrogar a la cúpula etarra. Josu Ternera o Santi Potros tuvieron que comparecer ante él. Lo que no supieron nunca los terroristas fue el examen sobre la madurez de nuestro sistema democrático y judicial al que las autoridades francesas sometieron al magistrado antes de autorizar el interrogatorio.

Entonces la lucha contra ETA se centraba en los comandos. Fue Garzón quien amplió el campo de batalla a las instituciones, al entender que no sólo es terrorista quien porta la pistola, sino también el que le financia y le da cobertura social. Para llegar ahí fueron cruciales los papeles que se intervinieron a ETA en 1992 cuando cayó la cúpula de Bidart.Desde entonces hasta ahora ha llovido mucho. Y muchas condenas.

El Tribunal Supremo estableció que las organizaciones juveniles del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, Jarrai, Haika y Segi, eran terroristas. Después vinieron Gestoras pro Amnistía y los aparatos políticos de la banda, Ekin y Xaki. El Supremo sólo absolvió a los condenados en el macrosumario 18/98 que se enmarcaban en un proyecto de la desobediencia civil.

Pero su labor en esos casos fue muy tenida en cuenta en la puesta de largo de la Ley de Partidos, con la ilegalización de Batasuna, al igual que ha ocurrido con todas las formaciones con las que la izquierda abertzale trataba de burlar su ilegalización.

Y al terrorismo de ETA se sumó el yihadista. Fue el primero en perseguir al argelino Grupo Islámico Armado (GIA), cuando solo utilizaba España para falsificar documentos y lograr financiación. Por ello fue condenado Allekema Lamari, al que rebajó la pena el Supremo y pudo ser uno de los autores del 11-M que se suicidó en Leganés.

Garzón no se hizo famoso solo por el terrorismo en la Audiencia Nacional. Instruyó el caso Nécora, uno de los asuntos más recordados por sus detractores como ejemplo de que es un mal instructor. Olvidan que de ese sumario partieron las bases para acabar con los grandes clanes del narcotráfico en Galicia. Los Oubiña y los Charlines lamentaron ese precedente que les obligó a atomizar sus organizaciones.

Y este capítulo tiene que incluir UCIFA y la operación Temple, que durante un tiempo tuvo el triste honor de ser el mayor alijo de cocaína incautado en el mundo. El narcotraficante Urfi Cetinkaya, actualmente en prisión en Turquía, no se olvidó del instructor durante el tiempo que permaneció huido. Le mandaba mensajes en cada alijo de droga que enviaba a España. "Esto es mejor para la salud que Garzón", decían.

Tras un periodo en la política de diez meses, volvió al juzgado con fuerzas renovadas. Fueron los años del GAL. Ya había investigado el caso Amedo y a la vuelta se ocupó de Segundo Marey. Ni la persona que le llevó a la política, Felipe González, se libró de su investigación contra los crímenes de Estado.

Persecuciones universales

El otro capítulo que no puede olvidarse de los casos que ha llevado Garzón es el de la jurisdicción universal. Se inició con el secuestro del buque Achille Lauro, en el que se asesinó a un ciudadano estadounidense. El sirio Monzer Al Kassar, residente en España, fue absuelto de haber facilitado las armas al comando palestino que cometió el secuestro.

La cima de su fama llegó en 1998, cuando consiguió retener en Londres al dictador chileno Augusto Pinochet por crímenes contra la humanidad. Aún tiene abiertos varios procedimientos por estos delitos, como el genocidio del pueblo saharaui y las torturas de Guantánamo.

Sus casos siguen siendo los más importantes. Siempre en el ojo del huracán. Del BBV Privanza Jersey salió el caso Gürtel y Pretoria y aún habrá más, cuando se examinen los papeles intervenidos.

Esta semana la Sala le examinará otra vez. Será por la instrucción del caso del chivatazo, al resolver los recursos de las partes.

domingo, 24 de enero de 2010

Aznar y Cheney: dos "ex" que piensan que siguen en poder


En Estados Unidos, para mí es difícil pensar en otro ex-político tan insoportable como Dick Cheney. Como diría una amiga, es "como el Espíritu Santo, está en todas partes." Sólo que no tiene nada de santo. Es de sobra conocido su política de tortura; su manía por recurrir a tácticas del miedo (porque por un rato largo podía contar con el miedo del pueblo para proseguir con su política fascista); su interés perverso en permitir que se fisgue por la información telefónica y electrónica de miles de ciudadanos, sin ninguna razón menos la supuesta protección del terrorismo; su manera, al igual que su compañero vaquero, de manejar asuntos exteriores y domésticos; y de tomar decisiones que históricamente han sido más propias de un Jefe de Estado.

Puede que José María Aznar no tenga nada en común con Dick Cheney; sin embargo, la mente tiende a asociarlos, porque como Cheney, Aznar se niega a jubilarse y está en todas partes. Es casi como si los dos pensaran que siguen en el poder.

Por su parte, Aznar ha dedicado los últimos años quejándose del gobierno actual y de todos los errores que está haciendo, y de los que, nos asegura, no habrían pasado si estuviera gobernando su partido. Una de sus afirmaciones preferidas -- y las de su partido - es que "hay que mirar hacia el futuro, no el pasado." Por eso, durante todo el proceso que llevaba a la aprobación de la Ley de Memoria, no oímos nada de los suyos menos lo de "no hay que abrir las heridas del pasado" o que las exhumaciones no hacían más que fomentar el rencor entre los españoles.

Qué casualidad, entonces, que el ex líder dijera, esta vez en una entrevista en el diario chileno El Mercurio, que el franquismo no ha supuesto "ningún peso en mis espaldas," o que haya sido él que ha dictaminado que la transición democrática chilena ha terminado con la reciente elección del político multimillionario y derechista Sebastián Piñera. Veamos las siguientes citas, sacadas del diario chileno (para que estén en su contexto original):
-¿Piensa que la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda pone el fin a la transición chilena?

-El triunfo de Piñera pone fin a la transición chilena.

-Aunque Piñera votó por el No en el plebiscito de 1988, en la coalición que lo apoya existen algunos dirigentes que apoyaron o fueron parte del gobierno militar, algo por lo que Piñera fue interpelado en varias ocasiones durante la campaña. ¿Cómo combatió usted el fantasma del franquismo.

-Nosotros no teníamos ningún peso en nuestras espaldas en ese sentido, y estoy convencido que Sebastián Piñera tampoco lo tendrá. Es un contexto histórico superado de modo definitivo y justamente el éxito de la transición democrática en Chile, tal como lo fue en España, radica en saber mirar hacia el futuro.

No extraña que el candidato de la oposición, Eduardo Frei, dijera, después de una visita de Aznar a Chile en septiembre, que "no tienen por qué venir extranjeros a darnos lecciones de lo que tenemos que hacer." A estas alturas todo el mundo sabe cuáles han sido las secuelas en España de una transición con "punto final," o una transición cuyos políticos determinaron que sería mejor no mirar hacia el pasado. A diferencia de España, Chile ha afrontado mucho más rápidamente su pasado dictatorial (desde luego el régimen pinochetista no duró tanto tiempo como el franquista) -- no ha sufrido bajo la misma especie de "pacto de olvido" que España. De hecho, en las últimas semanas hemos visto muchas noticias sobre el Museo de la Memoria, pensado como un lugar para recordar a las víctimas de Pinochet. Como es natural, queda mucho por hacer; aún hay desaparecidos que no se han localizado o identificado por todo Chile. Entonces, ¿la transición se ha acabado? ¿La transición se ha acabado por la instalación de un candidato como Piñera, que ha roto la cadena de presidentes de izquierda en Chile democrático?

Para Aznar, sí. Lo que intenta conseguir es que se perciba una ruptura definitiva con el pasado pinochetista, igual que en España ha operado como si España no tuviera necesidad de hablar más del franquismo. Por supuesto, no ha sido "ningún peso" en sus espaldas -- porque ha hecho todo lo posible para fingir que el franquismo nunca existió. De esa manera, será más fácil para su partido -- no tendrán que existir bajo la sombra de Franco, y pueden guardar la apariencia de ser un partido de cambio, un partido que le interesa "mirar el futuro," no el pasado, un partido democrático como cualquier otro.

Ha de ser claro que "mirar el futuro" -- tan cliché en el mundo político - es un código o un eufemismo para cerrar el libro de historia antes de terminar de contarla -- es, en muchos casos, olvidar el pasado. Por lo menos en el caso citado, "mirar el futuro" exime a uno de responsabilizarse por el pasado; es contar con la ignorancia del pueblo; es tratar con condescendencia a la mismísima gente que se supone va a votar por el partido de uno. Declarar concluida la transición chilena corresponde perfectamente con la política de Aznar en España sobre la memoria histórica.

¿Hay alguna razón que le convenga a Aznar dar por terminada la transición chilena o decir que el franquismo no le pesa? La "cruzada" de Aznar es muy similar a la de Cheney. Los dos no se esconden; de hecho, son personajes más públicos que nunca. Su nueva campaña: ser autores del pasado, y tratar de determinar para todos cuál es la historia que se va a contar "en el futuro." Aunque no sea la del país de uno.

martes, 1 de septiembre de 2009

España y la justicia en otros países

Con motivo del primer aniversario de este blog hace unas semanas, dije que empezaría a "colgar" posts bilingües de vez en cuando, con el fin de ayudar a difundir mejor en este lado del charco las noticias que salen en España con respecto al tema de la recuperación de la memoria histórica. En los últimos días el profesor, investigador y bloguero Miguel Angel Rodríguez Arias ha trabajado sin parar, publicando artículos poderosos e insertando vídeos relevantes en su blog "El país de los niños perdidos" en que reclama la situación de los desaparecidos. Muchas veces Rodríguez Arias -- y no ha sido el único para hacer estas comparaciones -- cita el caso de desaparecidos en otros países, como la Argentina, y contempla cómo otras posdictaduras han intentado reparar sus pasados traumáticos históricos. Como comenta el artículo de abajo, España es "la única que deja impunes los crímenes de una dictadura."

In honor of the first anniversary of this blog a few weeks ago, I said I would begin to make bilingual posts from time to time, in order to help better spread, from this side of the pond, the news coming out in Spain with regard to the "recovery of historical memory." In recent days, the professor, researcher and blogger Miguel Angel Rodríguez Arias has worked nonstop on his blog "The Country of Lost Children," where he has published powerful articles and embedded relevant videos protesting against the situation of the "disappeared." Often Rodríguez Arias -- and he has not been the only one to draw such comparisons -- cites the case of the "disappeared" in other countries, such as Argentina, and considers how such post-dictatorships have tried to heal their traumatic historic pasts. As the article below states, Spain is "the only country in which the crimes of a dictatorship have gone unpunished."


De: Público.es

La justicia internacional saca los colores a España

La justicia española es la única que deja impunes los crímenes de una dictadura. Argentina, Chile, Brasil o Alemania marcan la vía jurídica para investigar las desapariciones forzadas

DIEGO BARCALA / ERIK LÓPEZ - MADRID - 01/09/2009 04:00

El terrorismo de Estado produce investigaciones judiciales en Brasil. La dictadura argentina cumple condena. Augusto Pinochet murió en Chile acosado por los jueces. Y Alemania acaba de anular las sentencias de los tribunales militares nazis. En cambio, para la justicia española, Franco y sus generales no cometieron ninguno de esos crímenes.

Sólo el magistrado que desató en 1998 el proceso a Pinochet, Baltasar Garzón, hizo el año pasado un intento fallido de juzgar al frasquismo. En su instrucción, registró 114.000 desapariciones forzadas. Los familiares de las víctimas, juristas y ONG de prestigio e incluso la ONU reclaman a España que juzgue su pasado.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica reclamó el pasado domingo, día internacional de los desaparecidos, que España cumpla con lo firmado en 1992 en la Asamblea General de la ONU: "Los Estados actuarán (...) para contribuir por todos los medios a prevenir y a eliminar las desapariciones forzosas". La ONU, a través del grupo de trabajo sobre las desapariciones forzadas, se lo ha pedido sin éxito desde 2005, según reclama Amnistía Internacional.

El magistrado emérito del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, explica porqué el Gobierno o los jueces deben colaborar en la investigación de las fosas: "Cuando escucho hablar, por ejemplo, de la fosa de Lorca veo la necesidad de recordar que son asesinatos extrajudiciales. Por tanto, los jueces que no investiguen podrían estar prevaricando al incumplir la ley actual de Enjuiciamiento Criminal, que exige al juez que reconozca los cadáveres y si luego decide que el caso ha prescrito, lo hará a posteriori".

"Inhumano y cruel"

El investigador de Derecho internacional de la Universidad de Castilla-La Mancha Miguel Ángel Rodríguez Arias añade que "el Gobierno viola los derechos humanos de los familiares de las víctimas al no investigar". "Es inhumano y cruel que se torture a las familias de estas víctimas que quieren saber donde están enterrados sus seres queridos", agrega.

Rodríguez Arias cree que, tras el portazo a Garzón en la Audiencia Nacional, la única opción de los familiares es acudir "a buscar justicia fuera de España, en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos".

Los argumentos que han impedido hasta ahora investigar el franquismo tienen dos bases: los crímenes han prescrito y la Ley de Amnistia de 1979 elimina la búsqueda de culpables. Sin embargo, la jurisprudencia internacional destruye ambos conceptos.

En 2003, la Corte Suprema de Argentina anuló el perdón legal de los militares. Los juicios se reabrieron y el propio dictador Jorge Videla será juzgado en los próximos días por la desaparición de 32 presos políticos en 1976.

La justicia argentina anuló por "inconstitucional" las leyes creadas por la dictadura para evitar a la justicia.

En 1979, seis años antes de la llegada de la democracia a Brasil, la dictadura aprobó una ley de amnistía que permitió el retorno de exiliados y la liberación de presos políticos. Los culpables del asesinato de 383 presos políticos se escudaron en esa misma ley para quedar impunes.

La Justicia brasileña actual ha decidido reabrir la investigación para que los crímenes no queden impunes.

La ley de Amnistía española fue aprobada en 1979, pese a que dos años antes España firmó en la ONU tratados de protección de derechos humanos que exigían la investigación de la represión política. "Sin embargo, algunos sostienen que la ley de Amnistía es lo más grandioso de la Transición", sentencia Martín Pallín.

Por su parte, Rodríguez Arias insiste en que "los crímenes contra la humanidad no prescriben. Otra cosa es que luego cumplan sus penas. Además, según el investigador, no sólo se trata de delitos cometidos en el fragor de la Guerra Civil, sino "de prácticas que se prolongaron durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, como fue el robo de bebés por parte del Estado".

No obstante, Rodríguez Arias considera que "estos crímenes no fueron, sino que son", ya que sus víctimas aun sufren las consecuencias.


miércoles, 19 de agosto de 2009

"Tres pasos para el retorno," de Pepe Rovano


foto de The Olive Press

Hoy es el 73º aniversario de la muerte de Federico García Lorca, así que parece un momento oportuno para hablar de "Tres pasos para el retorno," una película documental de Pepe Rovano, que se estrenó el 25 de junio en Granada. Es gracias al blog de cine Memoriando que he sabido de este film.

"Tres pasos para el retorno" "narra el proceso de búsqueda del cuerpo del poeta Federico García Lorca y de otras tres victimas de la represión franquista en Granada, bajo el punto de vista de un chileno que reflexiona sobre el tema de las desapariciones en su país y en esta ciudad." Pepe Rovano vino a Granada para completar sus estudios de doctorado, y encontró en algunos de los profesores de la Universidad una conexión con el pasado dictatorial de su propio país. Como explica un artículo de EFE, "se sintió atraído por el hecho de que dos profesores de su universidad, los forenses Miguel Botella y José Antonio Lorente, participaran desde 2001 en la investigación de casos de desaparecidos en su país durante la dictadura de Pinochet." Según parece, fue a partir de ese momento que empezó a investigar el caso de Federico García Lorca. El documental, en palabras del director, "es totalmente subjetivo," e incluye entrevistas con figuras destacadas como Ian Gibson, biográfo de FGL, y Enrique Morente. También incorpora un viaje a Chile.

No he visto la película, pero como siempre me ha interesado este tipo de conexiones entre España y América Latina, la agregaré a mi lista virtual de pelis extranjeras para mirar. Ya me ha llamado la atención la palabra "retorno" en el título de la película, por lo que sugiere sobre volver al pasado, y volver al país de uno por medio de otro. Para explicarme mejor, me ha gustado mucho esta cita de Pepe Rovano: «al consultar a los forenses Miguel Botella y José Antonio Lorente supe que tenían en la Universidad de Granada datos genéticos de los desaparecidos en Chile, y un pedazo de memoria de mi país se encuentra en Granada». Seguramente el intercambio cultural e histórico que subyace la creación de esta película la aportará un ángulo único y no tan común en los estudios sobre la desaparición y fusilamiento del poeta.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Las guardianas de la memoria dictatorial

¿Por qué son las mujeres que se empeñan tanto en defender a sus padres y esposos cuando han sido dictadores? ¿Será una manera de proteger el legado patriarcal, o de re-conectarse con esa gran figura ausente? ¿Es una forma de generar interés en la figura de estos hombres, cuando ya queda poco? ¿De generar dinero por contar al público algún detalle desconocido hasta ahora? ¿O es su intento de re-escribir el pasado histórico para las generaciones venideras que juzgarán (ya lo han hecho) a estos hombres?

A través de la novela El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite (Barcelona: Destino, 1978), C., la narradora, relata sus recuerdos de la hija de Franco, Carmencita. Aquí, C. recuerda ver con su hija y una amiga de esta el entierro de Franco en la tele de un bar:
Y ya me parecía emocionante verla seguir andando hacia el agujero donde iban a meter a aquel señor, que para ella era simplemente su padre, mientras que para el resto de los españoles había sido el motor tramposo y secreto de ese bloque de tiempo, y el jefe de máquinas, y el revisor, y el fabricante de las cadenas de engranaje, y el tiempo mismo. . . [. . .] me parecía imposible explicarles mi repentina emoción a la vista de Carmencita Franco, huérfana de ese padre sempiterno, que a veces se retrataba con ella para la prensa en habitaciones inaccesibles, durante las breves pausas de su dictatorial vigilancia (119).
Unos 30 años después de la publicación de esta novela, y como para coincidir con el aniversario de la muerte de su padre, Carmencita Franco ha publicado, gracias a la ayuda de los historiadores Jesús Palacios y Stanley Payne, un libro de memorias de Franco, titulado sencillamente, Franco, mi padre. Según un artículo publicado en el diario ABC, "la duquesa ha decidido hablar a inciativa propia, cuando ha cumplido 82 años, los mismos con los que falleció el dictador." Mientras que algunos califican el libro como las memorias de Carmencita Franco, otros lo han tachado - como en el caso del artículo de ABC - de un "libro biográfico" escrito por Palacios y Payne, y con la colaboración de Carmencita. Sea lo que fuere, es de notar que es realmente la primera vez desde la muerte de su padre que Carmencita ha hablado públicamente de él.

Me parece significativo también el vínculo entre la fecha de la muerte de Franco y el cumpleaños de Carmencita, especialmente porque sólo la semana pasada, Lucía Hiriart, la viuda de Augusto Pinochet, también ha hablado con la prensa chilena sobre su marido, el que murió hace 2 años el 10 de diciembre de 2006 (en el cumpleaños de ella). Es decir, para estas mujeres (y tal vez especialmente para Hiriart), los cumpleaños están íntimamente conectados con la muerte de dictadores que -- por difícil que sea pensarlos así - para ellas eran padre y marido ante todo. Cumplir años, entonces, es cumplir también con la misión familiar: rectificar en libros y entrevistas las versiones que se cuentan de Franco y Pinochet. A la vez, Carmencita Franco y Lucía Iriart pueden humanizar a los ex-dictadores al demostrar su lado íntimo y familiar.

Por su parte, Carmencita Franco afirma que su padre no era una figura especialmente cariñosa con ella: "no se ocupaba mucho de mí, porque al ser yo mujer, de mi educación siempre estaba mucho más pendiente mi madre." La hija de Franco también dice que a este no le molestaba que lo caracterizaran de "dictador" ya que "al fin y al cabo era una dictadura, y a él, en su época, la Dictadura de Primo de Rivera le parecía que era buena, no estaba tan demonizada como ahora, que cualquiera podría decir: '¡Ufff, una dictadura!, ¡llamarme dictador a mí!'; y eso no le molestaba porque comprendía que lo era. Y a mi madre tampoco" (ver más citas de la dossier de prensa aquí). La hija de Franco también admite que durante la dictadura franquista había represión, pero parece querer deshacerse de este tema cuando dice que no era algo de que se hablaba en casa.

Al igual que Carmencita Franco, la viuda de Pinochet, Lucía Hiriart, nunca ha tenido el afán de hablar con la prensa; sin embargo, en una entrevista con la revista chilena Qué Pasa, parece que ha querido usar la oportunidad para sacar a la luz todo lo que sufrió el ex-dictador poco antes de morir (esta historia es también una que se ha relatado muchas veces de los últimos días de Franco): "Él se fue de este mundo con el convencimiento de la gran injusticia que cometieron en su contra. [. . .] Lo calumniaron tanto... además de todas las injusticias que se dijeron con respecto al papel que tuvo como Presidente de la República."

Es interesante examinar los comentarios de Carmencita Franco y Lucía Hiriart con respecto a lo que dicen sobre el estado aparentemente estable y próspero en que Franco y Pinochet dejaron sus respectivos países. Carmencita Franco: "Yo soy su hija, pocas sombras le voy a dar. Y las luces más importantes creo que fueron elevar el nivel de vida, la seguridad social, preocuparse mucho de la gente para poder crear una clase media que hoy existe y que antes de mi padre no existía. Eso es lo más importante que consiguió." Lucía Hiriart: "Resulta que después de 17 años entregó el país en forma espléndida, de manera democrática, y hoy dicen que ¡nada de eso se hizo! ¿Todo se ha hecho en estos últimos 20 años?" Las dos mujeres siguen la el argumento exacto de cualquier dictadura - que trae estabilidad económica y seguridad para la gente. En otras palabras, no es una dictadura, sino una "dictablanda," como me habría dicho Pilar, la señora con quien me quedé por unas semanas en 2005.

Vale mencionar también la forma en que Hiriart manipula la idea de la memoria para su propio uso. Para Hiriart, es ofensivo lo que la gente ha hecho con la memoria de su marido: "Lo más duro es que aun cuando mi marido ha muerto y no le pudieron encontrar nada ilícito, hasta hoy sacan a relucir cosas y ofenden su memoria. Eso es muy duro" (el énfasis es mío).

Debe de ser muy difícil escuchar un comentario así para la gente cuyos parientes perecieron en la dictadura chilena, al igual que cuando, en España, se escucha el mantra viejo de "no reabrir heridas" o no "remover el pasado" cada vez que surge un tema relacionado con la memoria histórica, como las iniciativas del juez Garzón. Tal vez estas mujeres, que ya tienen unos 80 años, sienten que ya no hay nada que perder si hablan.

Siempre que piense en Carmencita Franco, pienso en el vídeo conocido de ella (abajo, con perdón por la última imagen) cuando niña, hablando a "todos los niños del mundo" que aún están "en poder de los enemigos de mi patria." En el vídeo, se puede apreciar cómo se mueven los labios del dictador mientras Carmencita hace el esfuerzo de reproducir correctamente el mensaje para los oyentes y espectadores. La manipulación de los niños para fines políticos es un tema que me da rabia, en cualquier contexto. Y aunque Carmencita es ya muy mayor, aquí es sólo una niña, que imita como una muñeca al ventríloquo de su padre. En cierto sentido, es lo que sigue haciendo hoy, como Hiriart. Las mujeres que son las guardianas de la memoria dictatorial no hablan mucho, pero cuando lo hacen, hay que mirar, como en el vídeo de hace tantos años, la boca del padre o del marido, y ver el origen del mensaje. Es lo que hace una dictadura. Sigue reproduciendo el mismo mensaje año tras año, aún después de terminada.

sábado, 8 de noviembre de 2008

"Aunque fuese en inglés" - Otra vez, Garzón

Hoy, en una columna titulada "La transición," el escritor y periodista gallego Manuel Rivas ha escrito sobre el auto de Garzón y la manera en que ciertos "padres y guías predilectos de la Santísima Transición. . .ahora amonestan a diario a aquellos que no se atienen al programa." Rivas concluye su breve editorial diciendo que "el auto de Garzón claro que tiene un sentido simbólico, además de su valor jurídico. Salva a la Justicia. Debería acompañar a la Constitución como anexo. Y los profesores de ética, divulgarlo en la escuela. Aunque fuese en inglés." Aunque fuese en inglés. Con esta frase Rivas sugiere que no vaya a ser BG que determine la resolución del auto, sino que puede ser alguien que, como dice el profesor e historiador Julián Casanova, sea "un juez de fuera" (ver "Si a Garzón no le dejan, lo hará un juez de fuera").

Confío en la opinión de Casanova (ver foto abajo, de www.publico.es), y es obvio que otros también, porque el profesor ha sido elegido para participar en el comité oficial del juez. Tuve la fortuna de escuchar a Casanova pronunciar un discurso en persona en un congreso al que asistí sobre la GCE, pero antes lo había leído con gran interés, tanto en sus columnas en El País, como en sus libros sobre la contienda. Hoy, Público.es publica una entrevista bastante extensa con él; aquí me gustaría comentar un poco la idea que cita allí - la de que los crímenes franquistas se tendrán que juzgar desde fuera, en vez de desde dentro de España.

Hace poco cité en este blog a Paul Ricoeur (ver post del 1 de noviembre) y su comentario de que hace falta una "tercera persona" para mediar entre la dicotomía víctima-verdugo. Por supuesto Ricoeur no se refiere a España. El auto del juez BG no se piensa para juzgar a criminales franquistas (o sea, castigarlos). No se está hablando de una época de historia reciente: los mencionados en el auto ya fallecieron hace muchos años. Pero puede ser útil la idea de Ricoeur si se consideran 2 puntos: 1) la participación anterior del juez en el caso Pinochet y 2) los intentos repetidos (y según parece, fracasados) de ocuparse del pasado franquista en España por medio de la Ley de Memoria u otros actos simbólicos de reparación.

Tiñe de otro color la situación actual de BG si se recuerda la forma en que mediaba en el caso Pinochet. Por cierto había muchas críticas de Garzón en aquel entonces - se preguntaba que por qué había que tener el pueblo chileno a un juez exterior (y sobre todo, uno de España) metido en un asunto nacional. Pero también había los que aplaudieron la aplicación de la justicia universal, o sea, la noción de que el caso constituía un asunto internacional por haber sido cometidos crímenes contra la Humanidad. Aunque falleció Pinochet antes de que pudiera ser juzgado (como casi todos los ex-dictadores de la historia), su detención en Londres en 1998 marcó, sin duda, un momento decisivo en la trayectoria del caso.

Es curioso pensar que, mientras que antes BG era el "juez de fuera," ahora es posible que necesite el mismo tipo de "intervención." Según Casanova, si no es BG, será otro juez, porque "el proceso ya es imparable." Hay los que ven el auto del juez como síntoma de los fracasos de la Ley de Memoria. Es decir, la justicia ha tenido que actuar donde la política no ha podido o querido. Como comenta Emilio Silva, "la ley de la Memoria del Gobierno no se ha responsabilizado de las exhumaciones y las familias han tenido que buscar otra vía para que el Estado se responsabilice" (de "La ARMH recurrirá el acuerdo...," de Europa Press, citado en www.memoriahistorica.org). Pero tal vez tampoco sea una cuestión del Estado español. Tal vez el auto tenga que escribirse desde fuera. Porque de momento parece como si la discusión sobre la competencia del juez se estuviera apoderando de la de las exhumaciones de las fosas comunes, de las víctimas y sus descendientes.

jueves, 28 de agosto de 2008

Baltasar Garzón y España

Baltasar Garzón se conoce como el "superjuez" o el "juez estrella" de España. Para conocer más sobre su biografía, recomiendo leer la entrevista y el artículo de Daniel Rothenberg, "Let Justice Judge: An Interview with Judge Baltasar Garzón and an Analysis of His Ideas."

Me enteré por primera vez de BG durante el "caso Pinochet" (también es el título de un documental de 2002 de Patricio Guzmán) a fines de los 90 cuando el ex-dictador chileno fue arrestado en Londres, gracias a una orden de detención de Garzón, que pidió que fuera extraditado a España. Según el artículo de Rothenberg, todo empezó en 1996, como resultado de 2 casos distintos, y a petición de familiares españoles de desaparecidos durante la dictadura argentina y chilena (929-30). Pero como lo explica Rothenberg, mientras este "caso" (un eufemismo sumamente inadecuado, considerando el sinnúmero de atrocidades bajo el régimen de Pinochet) particular iba evolucionándose, empezó a incluir a miles de otras personas argentinas y chilenas también. Así que está claro que desde el principio, el "caso" iba a tener un peso o un valor transnacional.

En los últimos años, el nombre de Garzón ha aparecido con gran frecuencia en la prensa, dando la impresión de que no hay caso que no le interese perseguir. En marzo, expresó públicamente que se debe procesar a George Bush y a sus aliados por crímenes de lesa humanidad en Irak. Ha investigado a ETA, ha denunciado por genocidio a las fuerzas militares de Ruanda, ha pedido el arresto de grupos mafiosos rusos en Madrid. Y hoy he leído en el sitio de la ARMH que también ha estado en Colombia, asistiendo a las exhumaciones de fosas comunes.

Hablando aquí como alguien sin ninguna conexión personal o directa con la dictadura franquista - o cualquier otra dictadura - tengo que confesar que siempre he admirado desde lejos el labor de Garzón y sus esfuerzos de perseguir y arrestar a los criminales que aún andan libremente por las calles, como si nunca hubieran tenido nada que ver con detenciones, despariciones, torturas, y asesinatos.* Pero al mismo tiempo, puedo entender por qué hay gente que lo critica.

Como varios investigadores - entre ellos, el historiador y profesor extremeño Francisco Espinosa Maestre - ya han apuntado, debemos tener en cuenta muchos factores al observar la participación de Garzón en la llamada justicia "universal" o transnacional. Ante todo, es imposible no considerar la relación histórica entre España y países como Chile o la Argentina. Cada uno ha tenido una dictadura y ha manejado de una forma diferente la transición a la democracia y la memoria de su pasado traumático. Pero el involucramiento español en los sistemas políticos y jurídicos de Chile y Argentina se puede percibir menos como ayuda, y más como una imposición de la "madre patria" o un intento de arreglar o controlar lo que no pueden arreglar por su cuenta estos países. Es más, pensando en la aparente ausencia de Garzón en la cuestión de las fosas comunes de España, es natural cuestionar - como ya han hecho muchos - los motivos del juez en otros países.

El artículo de hoy (de la portada de la ARMH), "PIDEN AL JUEZ GARZÓN QUE ASISTA A EXHUMACIONES DE FOSAS COMUNES EN ESPAÑA," cita a Garzón en Colombia, después de haber asistido a una exhumación de desaparecidos colombianos. Según el juez, "La verdad es que no había tenido ocasión de ver una fosa en la que se está descubriendo cadáveres y ver los cuerpos y sus restos." Luego reconoció la importancia de las exhumaciones para las familias de los desaparecidos, afirmando que "la desaparición forzada de personas es el peor crimen que puede existir." Se puede leer el resto del artículo aquí

Desde hace tiempo me he preguntado si tal situación - o sea, la de Garzón en los asuntos exteriores - se puede leer como lo que llamaría Freud un "desplazamiento," definido brevemente en Wikipedia como "un mecanismo de defensa inconsciente en que la mente redirige algunas emociones de un objeto y/o representación psíquica. . .que se persigue como peligroso o inaceptable a uno aceptable." No digo que Garzón mismo exprese tal concepto o que él personalmente desplace algo, sino que sus acciones se pueden percibir, por admirables que sean, como expresiones de un duelo inacabado, que luego se desplaza hacia países como la Argentina y Chile. Creo que si organizaciones como la ARMH tuvieran la atención y el apoyo de un juez "de primer plano" como Garzón, tal vez fuera más fácil proseguir con las exhumaciones y la documentación necesaria de los restos, sobre todo porque gran parte del trabajo sigue siendo de voluntarios.

De momento, habrá que esperar a ver cómo responde el juez a la pedida pública de la ARMH. . .

*Un buen ejemplo reciente (julio 2008) de alguien así es el caso del ex-presidente serbio-bosnio Radovan Karadzic, que fue arrestado por la policía serbia después de 13 años andando en libertad.
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