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lunes, 7 de octubre de 2013

Estreno de Franco's Settlers


Los Colonos del Caudillo / Franco's Settlers (Trailer) (2012) from play loud! productions on Vimeo.

FILM PREMIERE OF THE DOCUMENTARY FRANCO’S SETTLERS


We are happy to announce that our film Franco’s Settlers will have its world premiere at the Valladolid International Film Festival.

1st Screening: Wednesday, October 23rd, 11:30AM, at Cines Broadway 5
2nd Screening and official premiere: Friday, October 25th, 7PM, at Cines Broadway 5

After the second screening there will be a Q&A with the filmmakers
and some of the film’s protagonists.

Somewhere on the high plains of La Mancha in Spain resides a village that carries the name of its creator, Francisco Franco. Llanos del Caudillo is one of over 300 settlement villages built during the dictatorship of General Franco. Franco’s Settlers portraits this unordinary small town as if looking through a magnifying glass. The film is a contemporary evaluation of the figure of the dictator Franco, an attempt to dissect recent Spanish history and to review how Spaniards deal with the heritage of their past.

"Rarely a movie has been so much in sync with its times.
With Franco's Settlers Post and Palacios put the finger on the sore spot."
Rafael Poch (La Vanguardia)

"'Spain is a country, which hasn't talked about its recent past', says Emilio Silva.
Franco's Settlers could correct this situation once movie theaters start showing it." Enrique Müller (El País)




play loud! productions (film & music)
gubener strasse 23 – berlin 10243 – germany

WORLD PREMIERE OF "FRANCO'S SETTLERS"

martes, 22 de junio de 2010

Artículo de José Antonio Martín Pallín

De:El País.com

TRIBUNA: JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN
'Robó en una iglesia para vestir a un hijo'

JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN 23/06/2010

Los militares sublevados que desataron nuestra Guerra Civil comenzaron a construir su entramado "jurídico" a golpe de bandos de guerra. En el de 24 de julio de 1936, dictado por el general Queipo de Llano, se ordena pasar por las armas, sin juicio previo, a todos los dirigentes y simpatizantes del Gobierno de la República. El de 28 de julio de 1936 suaviza la brutalidad de su predecesor y, junto con otras disposiciones posteriores, abre paso a juicios sumarísimos sin garantías, que terminan, en la mayoría de los casos, con penas de muerte.

Algunos fragmentos de la "jurisprudencia" emanada de estos consejos de guerra puede ilustrar sobre las consecuencias, demoledoras e insoportables para el mundo del derecho, de la política represiva y exterminadora que se aplicó durante la Guerra Civil y la posguerra. Bastan unos pocos casos para ilustrar sobre las dimensiones de las aberraciones jurídicas cometidas.

Uno: "Se trata de una mujer de mala conducta, de ideas comunistas que se incautó víveres y ropas de una iglesia para confeccionar ropas a un hijo suyo" (sentencia del 11 de marzo de 1941).

Otro en León, el 5 de noviembre de 1936, contra el gobernador civil y otras personas relacionadas con el Gobierno de la República. Al catedrático de instituto Manuel Santamaría Andrés se le imputa "haber sido presidente del Partido de Izquierda Republicana, destacado elemento del mismo, frecuentando el Gobierno Civil en el que estuvo hasta momentos antes de ser atacado por la fuerza el día 20 de julio, constando en su descargo que por discrepancias con la orientación del Frente Popular, al surgir el movimiento salvador, estaba separado del cargo que desempeñaba en el partido de Izquierda Republicana". Con estas acusaciones, muchos de ustedes habrán pensado que fue suspendido de empleo y sueldo y apartado de la cátedra. Están equivocados, fue condenado por traición a la patria y pasado por las armas a las 48 horas.

Nos enfrentamos a una cuestión que no es exclusivamente jurídica, sino de dignidad democrática. Un sistema democrático que se inspira en los valores superiores de la justicia, la libertad, la igualdad y el pluralismo político, no puede digerir sin traumas y complicaciones colaterales toda la brutalidad que se puso en marcha el 18 de julio de 1936 con el único objetivo de aniquilar a la mayoría de la población española que trataba de impulsar los valores impecablemente democráticos y republicanos que proclamaba la Constitución de 1931.

Si, como dicen algunos, el problema de España en la segunda mitad del 1936 era el orden público, es un hecho cierto que el presidente de las Cortes republicanas, Diego Martínez Barrio, propuso al general Mola, el mismo día 18 de julio, el Ministerio de Gobernación para que restaurase la normalidad alterada por la sublevación de los militares en África del Norte y en alguna parte de la Península. Su respuesta negativa evidenció el propósito de los rebeldes. Se trataba de instaurar un régimen totalitario inspirado en la Alemania nazi y la Italia fascista que dejase sin efecto las libertades y derechos ciudadanos, sustituyéndolos por la voluntad incuestionable de un Jefe, llámese Fürher, Duce o Caudillo, aun a costa de eliminar física y moralmente a más de la mitad de los españoles.

Para conseguir estos obsesivos y crueles objetivos no dudaron en diseñar políticas que, como confesó el general Franco a un periodista inglés, pudiesen llevar al exterminio de todos los que profesasen ideas democráticas o permaneciesen fieles a la legalidad republicana, hoy día prolongada por la Constitución de 1978. No hace falta un profundo conocimiento de las normas jurídicas para concluir, con arreglo a la legalidad entonces vigente, que los militares alzados contra el Gobierno salido de las urnas cometieron un delito contra la forma de Gobierno y de rebelión militar.

Pero lo más asombroso para cualquier jurista nace de la subversión de la lógica y racionalidad del Derecho al considerar a los que permanecen fieles al Gobierno legítimo de la República como reos de rebelión militar, si pertenecían al Ejército y como auxiliadores de la rebelión si eran civiles.

Llegaron a subvertir el orden jurídico y el lenguaje hasta el extremo de considerar a la España oficial legitimada por las urnas como rebeldes y, por tanto, reos de crímenes de traición a la patria. Las cifras de ejecuciones en consejos de guerra sumarísimos no podrán ser borradas de la historia porque dejaron rastros y documentos elocuentes, como los que hemos citado antes.

La dignidad democrática exige que los mecanismos legales y judiciales dejen claro que la actitud de una parte importante del Ejército en el mes de julio de 1936 constituyó un delito de rebelión militar. Lo que hizo el juez Garzón, con su decisión de 16 de octubre de 2008, trataba de restaurar la pura racionalidad de la ley al considerar al general Franco y a sus más directos colaboradores como culpables de un delito contra la forma de Gobierno y de rebelión militar. Todos sabemos que estaban en su mayoría muertos, pero no existe ningún obstáculo legal para romper la subversión insoportable de la racionalidad jurídica y colocar a cada uno en su sitio. A los rebeldes como tales y las víctimas como leales ciudadanos que permanecieron fieles a los valores democráticos que encarnaba la legalidad republicana y que pagaron con su vida, con sus bienes y con un cruel destino su defensa de las libertades que ahora todos disfrutamos.

La resolución judicial del Juez de Instrucción Central número 5 responde a los más estrictos cánones asumidos por la comunidad internacional. La vida, la dignidad, la libertad y la justicia constituyen los pilares sobre los que se construye una sociedad civilizada y un Estado de derecho. El poder judicial no puede ignorar estos valores y principios que, además, les vienen impuestos por los tratados internacionales asumidos por España e integrados en la Constitución de 1978.

La esponja del olvido no puede borrar la esencia de la democracia. Cualquier intento de ensamblar la dictadura con la democracia carece de sustento jurídico, político y ético. El pasado debe ser expulsado del marco de la democracia a través de la declaración de nulidad de las sentencias infamantes que repugnan a la conciencia de los seres civilizados.

Lo hizo Alemania en 1998 y en 2002, es decir, 47 años después de la derrota del régimen nazi, y lo ha vuelto a hacer en 2009. La ley alemana no puede ser más sencilla y coherente. Se dispone la nulidad ipso iure de todas las sentencias y condenas dictadas por la Administración de la justicia penal a partir del 30 de enero de 1933, en contra de los más elementales principios de justicia y que tenían por objeto la consolidación del régimen nacional socialista, al tiempo que estaban basadas en discriminación por motivos políticos, militares, raciales, religiosos o ideológicos.

¿Puede España permanecer ajena a estas exigencias?

sábado, 27 de marzo de 2010

jueves, 4 de febrero de 2010

Memoria histórica en España y Alemania


La editorial Iberoamericana ha publicado La cultura de la memoria. La memoria histórica en España y Alemania.

Madrid / Frankfurt, 2009, Iberoamericana / Vervuert, 208 p., € 18.00
Bibliotheca Ibero-Americana, 131
ISBN: 9788484893080
Ante las tendencias globalizadoras, cobran mayor importancia los procesos colectivos de la memoria. En este contexto, el volumen analiza los métodos y abordajes del pasado reciente de dos países marcados por sendas dictaduras.
Se puede ver y descargar el índice del libro aquí

viernes, 15 de enero de 2010

Franco e Hitler: Operation Mincemeat, un libro de Ben Macintyre

De: Público

De cómo Franco intentó que los nazis ganaran la Guerra

El historiador Ben Macintyre desvela por primera vez los nombres de los altos mandos del dictador español que pasaron información a Hitler

PUBLICO. ES - Madrid - 15/01/2010 11:12

Aquella mañana de 1943, un pescador de origen portugués descubría el amoratado rostro de un cadáver ataviado con el uniforme propio de los oficiales británicos; flotaba sobre las aguas de la costa de Huelva con un elegante maletín atado a su muñeca.

Como si de un pergamino dentro de una botella se tratara, ese maletín contenía los supuestos planes secretos del Ejército Aliado que dos altos mandos de Franco filtraron al ejército nazi sin saber que el cadáver y los documentos eran en realidad un gancho de la Inteligencia británica para engañar a Hitler. La Operación Mincemeat había comenzado, y la dictadura española mordía el anzuelo intentando con torperza que Hitler ganara la contienda.

Es lo que sostiene el historiador Ben Macintyre en su nuevo libro, Operation Mincemeat, en el que cita por primera vez a destacados militares del régimen franquista que violaron la supuesta neutralidad española para ayudar a la Alemania hitleriana.

El autor sostiene que los dos hombres que cogieron los documentos del supuesto coronoel William Martin (en realidad un mendigo escocés) fueron el coronel José López Barrón Cerruti -destacado policía secreto franquista- y el teniente coronel Ramón Pardo Suárez, miembro del Alto Estado Mayor español.

Según la tesis del libro, los nazis recibieron también la ayuda del almirante Salvador Moreno, ministro de Marina, y de Francisco Gómez Jordana y Souza, ministro de Exteriores, que ayudaron a verificar los documentos en cuestión.

Los altos mandos franquistas trataron de ocultar su actuación. Los documentos fueron fotocopiados en la embajada alemana antes de que técnicos españoles los reintrodujeran en los sobres y volvieran a colocarlos en agua de sal durante 24 horas antes de entregar el cadáver a los británicos.

"Orden directa de Franco"

El historiador Gabriel Cardona, consultado por The Times, cree que la ayuda prestada entonces a los alemanes obedecía a órdenes directas de Franco.

"Estoy seguro de que Franco vio esos documentos. Las gentes como Pardo le veneraban como si fuese un dios. Nada ocurría dentro del estamento militar sin su conocimiento", dijo Cardona.

Críticas de eurodiputados alemanes e italianos por la simbología franquista de la Eurocámara

En España, hemos visto cómo diversos colectivos memorialistas han citado ejemplos de otros países posdictatoriales, como la Argentina o Chile, para ilustrar cómo éstos han manejado la memoria de las dictaduras respectivas en contraste con el caso de España. No, por supuesto que no son lo mismo, empezando con la duración de los regímenes; sin embargo, sí se pueden establecer muchos paralelos, empezando con las desapariciones, que en España se hicieron clandestinamente, mientras que en la Argentina, eran los Ford Falcons que secuestraban públicamente a la gente. Quizá no sea así, pero cada vez que leo en la prensa española sobre algún ex policía argentino extraditado, por ejemplo, o de la apertura del museo de la memoria en Chile, me es imposible no detectar las conexiones implícitas que se hacen con España (que nunca pudo castigar a los culpables del franquismo, ni tiene todavía un museo nacional de la memoria). Pasó lo mismo el otro día cuando el abogado de Garzón dijo -- y estoy parafraseando -- que en Alemania no se podría imaginar un caso como la querella contra Garzón por parte de Falange.

Para mí, parte del problema con el "reconocimiento" de las secuelas de la dictadura franquista - secuelas aún muy visibles, como las fosas, o como la simbología franquista -- viene de la idea, todavía dominante hasta en círculos "académicos," que la dictadura franquista no era tan cruel como otros regímenes. Pero sí ha tenido un efecto todo el trabajo que se ha hecho dentro y fuera de España estos últimos años para informar al público de los crímenes franquistas. Por ejemplo, en Estados Unidos también puedo leer de la "memoria histórica," el caso de Lorca, o el de Garzón, cuando antes no se veía nada o muy poco en los medios sobre estos temas.

A veces, cuando las leyes no se cumplen, o cuando se cumplen mal, las críticas internacionales pueden provocar un cambio en los procedimientos típicos. Un caso extremo es el país de Uganda, que está promoviendo la aprobación de una ley -- la que se ha vinculado con grupos evangélicos y ultra conservadores en Estados Unidos - que podría recomendar la pena de muerte para homosexuales. Las críticas de esta ley han arrojado luz sobre los derechos gay y derechos humanos en Uganda, ganando la atención de políticos de izquierda y derecha en EE.UU. y muchos otros países, y en la ONU, que hoy ha avisado que se retire el proyecto de ley. Nada tiene que ver España con Uganda. Sin embargo, pongo el ejemplo para apuntar que a veces, tiene que ser por medio de otro país que se resuelve un asunto interior.

Hoy hemos visto un ejemplo de representantes de otros países que han pedido la retirada de la simbología franquista de la Eurocámara. Según informa La Vanguardia en el artículo de abajo, un eurodiputado alemán y otro italiano han reclamado que sigan habiendo en Bruselas símbolos franquistas. Se ha citado el ejemplo alemán, que prohíbe estrictamente el uso de símbolos esvásticos. Del artículo de abajo copio esta cita importante: "De los tres estados europeos que fueron víctimas del fascismo, sólo el español no prohíbe el uso de símbolos fascistas a la ley fundamental." Lo que pasó en España durante la dictadura no es un asunto doméstico, es un asunto global porque involucra la violación de derechos humanos. Si Alemania e Italia pueden prohibir símbolos fascistas, ¿por qué no en España?
Eurodiputados alemanes e italianos reclaman que se retire la simbología franquista de la Eurocámara

Cuando Federico Trillo presidía la cámara, se envió un original de la Constitución de 1978 con el águila, el yugo y las flechas

15/01/2010 | Actualizada a las 11:10h | Política

Bruselas (ACN).- Eurodiputados alemanes e italianos reclaman que se retire la simbología franquista que hay en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas. 'Es una catástrofe que en la Eurocámara haya un símbolo franquista. En Alemania sería totalmente imposible que una esvástica estuviera visible en un edificio así', dice la eurodiputada alemana Cornelia Ernst, que lamenta que en la Eurocámara se exhiba una Constitución española con el águila franquista.

Eso tampoco sería posible en Italia, como explica el europarlamentario socialista Rosario Crocetta. De los tres estados europeos que fueron víctimas del fascismo, sólo el español no prohíbe el uso de símbolos fascistas a la ley fundamental.

En Alemania 'está prohibido por ley mostrar símbolos nazis en lugares públicos y decir 'Heil Hitler' no está permitido. Tendría que ser así en todos los países de Europa y, por descontado, también aquí en el Parlamento Europeo', reclama Ernst, europaramentària del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea- Izquierda Verde Nórdica y miembro de la comisión europarlamentaria de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos Internos, en declaraciones el ACN.

En la misma línea, el eurodiputado del Grupo de los Verdes- Alianza Libre Europea Jan Philipp Albrecht considera que 'es muy importante tener una ley penal de este tipo porque no queremos vivir el nazismo otra vez'. Y es que, para Albrecht, mostrar en público este tipo de símbolos 'insulta los sentimientos de la gente que vivir durante el periodo del régimen nazi'.

Asimismo, añade Crocetta, 'un artículo concreto de la Constitución italiana prohíbe la reconstitución del partido fascista y todos los símbolos que hacen referencia al fascismo, de manera que es imposible reproducirlos, y por eso se ha sacado de todos los edificios públicos tanto el haz romano, el elemento que distinguía el fascismo, como los lemas de 'Viva il Duce y todas las inscripciones de exaltación de la guerra o contra los judíos'.

Después de la desaparición del régimen totalitario, Italia vivió un periodo de 'desfeixisització' de las instituciones y la sociedad, explica Crocetta en una entrevista en el ACN.

'El de las instituciones fue muy rápido, mientras que el de la sociedad, que tiene que ver con la ideología y las estructuras mentales de cada uno, fue más complejo y todavía hoy hay impulsos peligrosos con elementos propios del fascismo,' puntualiza el eurodiputado haciendo referencia a los comportamiento de algunos partidos italianos de ultraderecha, como la Liga Norte.

'En cambio, este proceso en España fue más lento y eso permitió que se metabolizara mejor, de manera que España hoy no es fascista y por eso hay que eliminar este símbolo del régimen anterior, que no la representa', reclama.

'Los símbolos no son secundarios sino importantes, y más porque la Constitución donde hay este viejo símbolo fascista es totalmente contraria a lo que representa el símbolo', sentencia.

Quejas formales

Fuentes parlamentarias han argumentado la presencia de los símbolos franquistas en el edificio de la Eurocámara alegando que, cuando se pidió en los estados miembros un 'objeto representativo de su vida política, parlamentaria o ciudadana', el Congreso de los diputados decidió enviar una copia original de la Constitución, y en todos los originales está el mismo escudo, el franquista, que es el que era vigente en la época.

El Senado belga, por ejemplo, regaló a los eurodiputados una silla de su hemiciclo, el italiano uno máquina estenogràfica y el francés un busto de Victor Hugo y el manuscrito de su proyecto de ley de amnistía de 1876, con sus anotaciones personales.

'Parto de la idea de que retirarán este símbolo y si no lo hacen nos quejaremos al presidente de la Eurocámara, Jerzey Buzek, y lo haremos público a los medios de comunicación', amenaza la europarlamentaria Ernst.

De hecho, ya este jueves el eurodiputado de ERC, Oriol Junqueras, ha presentado una queja formal en el Parlamento Europeo por la exposición de los símbolos fascistas, mientras que CiU y ICV han anunciado que pedirán explicaciones y el PSC se ha comprometido a reclamar al gobierno español que retire la simbología preconstitucional y envíe a Bruselas un nuevo ejemplar de la Constitución.
Para más información, ver "Un águila franquista en la Eurocámara"

sábado, 28 de noviembre de 2009

Web y blog para historiadores y memorialistas: "Sites of Memory"

Me he topado con la web y el blog "Sites of Memory," basados en Alemania. La web, cuyo subtítulo es "Historical Markers, Memorials, Monuments, and Cemeteries," fue creado por Mark R. Hatlie, y sirve para educar a docentes y estudiantes de historia de diversos "sitios de memoria." Según la página de inicio, el título de la web, aunque pueda tomarse como punto de partida la definición formulada por Pierre Nora, se diferencia un poco temáticamente de la de este historiador francés.

Para mí, los elementos más útiles de esta web son las referencias bibliográficas (lecturas recomendadas), muchas de ellas con un enlace para leer
el artículo en forma electrónica, y la capacidad interactiva del sitio, la que permite que los lectores aporten información relevante como fotos y otros datos para países particulares. He notado que todavía falta una página sobre España, cosa que me extraña un poco, dado todo lo que se ha hablado de los "lugares de la memoria" en los últimos años. Espero que alguien cree una categoría para España y empiece a añadir información sobre los sitios de la represión franquista. La web "Sites of Memory" también mantiene un blog, pero no se ha actualizado desde abril.

lunes, 26 de octubre de 2009

Dos documentales sobre Almería y la guerra civil

En tierra extraña es una película documental sobre el exilio de los almerienses a Francia. Según la sinopsis en Vimeo:

El 1 de abril de 1.939 no llegó la paz. Llegó la victoria.La victoria de una parte de España contra la otra. Y mientras unos la celebraban, otros en barco, en tren o, la mayoría de las veces, a pie huían desesperados a tierras siempre extrañas. EN TIERRA EXTRAÑA, Exiliados republicanos almerienses en Francia, es un documental que trata de escuchar las respuestas a las preguntas que durante demasiado tiempo nadie hizo a estos exiliados almerienses.


En tierra extraña (In a Strange Land). Español (eng sub). from 29 LETRAS on Vimeo.


El otro documental lo he visto en otros blogs, pero nunca lo he mencionado aquí. Se trata de Bombas y olvidos, que narra el bombardeo alemán de 1937 de la ciudad de Almería. El tráiler está abajo, junto con la sinopsis del filme de Vimeo:


BOMBAS Y OLVIDOS (Bombs and Oblivion). Español (eng sub). from 29 LETRAS on Vimeo.

Sinopsis:

El 31 de mayo de 1937, en plena guerra civil española, cinco barcos de guerra alemanes bombardearon durante sesenta minutos e indiscriminadamente la ciudad de Almería, disparando más de 200 obuses de gran calibre. Hubo 30 muertos y un centenar de heridos, cincuenta casas fueron destruidas y causaron daños en doscientas más. No perseguían objetivo militar alguno, sólo sembrar el terror. Bombas y Olvidos. Almería 1937 recuerda aquellos hechos a través de testigos directos del bombardeo -los "niños de la guerra"- en una tierra de retaguardia y acogida, marcados por la infancia bajo las bombas pero siempre con Almería en el corazón.

jueves, 3 de septiembre de 2009

"War is Beautiful," de James Neugass

Continuando con el tema de los brigadistas internacionales, empezado con el artículo del 29 de agosto sobre Matti Mattson, incluyo abajo un reportaje extenso en inglés acerca de un manuscrito del brigadista James Neugass, publicado originalmente en 1937 y "exhumado" (en palabras de Dan Kaufman) el año pasado. La memoria perdida (y aquí quiero decir "memoria" en el sentido del género literario) de Neugass se llama War is Beautiful, y a pesar de su título desafortunado (como nota el presente reportaje, es una alusión irónica a los esloganes fascistas), el libro es una crónica de la guerra desde la guerra. Según Kaufman, War is Beautiful nace de un diario mantenido por Neugass -- que como Matt Mattson, era conductor de ambulancias -- e incluye descripciones de la vida cotidiana en la guerra tanto como los horrores de la contienda -- las mutilaciones, el hambre, las matanzas. El libro es de unas 500 páginas, y aunque hubiera rumores que existían en algún lugar las memorias de Neugass, no fue hasta el año 2000 que un librero encontró el manuscrito en el estado de Vermont (Neugass falleció de un infarto en 1949).

Para mí, siendo estadounidense, una de las cosas que más me choca del reportaje es lo que dice sobre el tratamiento de los veteranos del Lincoln por parte de su propio gobierno. Como bien apunta Kaufman, "the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco" ("empezaron los esfuerzos por desdeñar los motivos de los veteranos aún antes de la caída de Barcelona," traducción mía). Presagiando la obsesión por perseguir a comunistas en los años 50, J. Edgar Hoover y el FBI empezaron a perseguir a los veteranos del Lincoln, asegurando que eran "anti-American" y tramando una especie de "revolución" en EE.UU. (ver párrafo 14 del artículo). Como bien se sabe, siempre se recurre a tendencias nacionalistas cuando se percibe una amenaza desde fuera, y en años recientes (la era de Bush hijo), hemos oído mucho de la supuesta falta de patriotismo de los estadounidenses que cuestionaban o protestaban las políticas domésticas y extranjeras del Gobierno. La falta de una banderita de USA en el traje podía verse casi como un acto de traición. Pero volviendo al tema de los brigadistas, tenía que haber sido sumamente difícil volver a Estados Unidos sabiendo que la contienda no se había resuelto, y encima, averiguar que su propio país iba a terminar aliándose con Franco. El reportaje de Kaufman es un estudio sobre la memoria de Neugass, pero también una indagación en el contexto en que fue escrita, y en el que apareció por casualidad, tantos años después.


Artículo de la revista The Nation
Publicado en línea: 12.8.09
Versión impresa: 29.8.09
Autor: Dan Kaufman

La Despedida: A Lost Memoir of the Spanish Civil War

By Dan Kaufman

"Who could see you and not remember you?" Federico García Lorca wrote in 1926, describing the brutality of the Guardia Civil, Spain's paramilitary police, toward his beloved Gypsies. Ten years later, at the onset of the Spanish Civil War, that brutality would be visited upon Lorca when fascist soldiers loyal to Gen. Francisco Franco executed the poet and dumped his body in a fosa común, a mass grave, near Granada. For decades, Lorca's insistence on remembrance clashed with Spain's post-Franco pacto del olvido, or pact of forgetting, an agreement between the government and the army that opened the door to democracy in exchange for a sweeping amnesty of the Franco regime. Recently, however, the pact has shown signs of unraveling. In 2007 Spain's Socialist government enacted the Law of Historical Memory, which for the first time officially acknowledges the victims of Franco's dictatorship. The law also allows anyone with evidence of a mass grave to ask the state for help in unearthing and identifying any human remains found in it. Last October, after a decade-long effort by Spanish human rights groups, the crusading judge Baltasar Garzón ordered the exhumation of nineteen Francoist mass graves, including the one believed to hold Lorca's corpse. Yet more than seventy years after Lorca was killed, the resistance to excavating the country's repressed memory remains fierce; a week after Garzón issued his order, Javier Zaragoza, Spain's chief prosecutor, challenged it on the grounds that the judge lacked jurisdiction. Fearful that the country's Supreme Court would agree with Zaragoza, Garzón tactically withdrew his order, referring it instead to Spain's provincial courts in the hope of keeping the investigation alive.

By chance, around the same time last year an unexpected exhumation of literary remains dating to the Spanish Civil War was completed with the publication of War Is Beautiful, a long-lost memoir by James Neugass, a volunteer ambulance driver during the conflict. The book's publication is remarkable for many reasons, not least the survival of the manuscript. In 2000, more than fifty years after Neugass died of a heart attack in a Greenwich Village subway station and nearly as many years after most of his papers were destroyed in a cellar flood, a book dealer discovered a manuscript of Neugass's in a Vermont bookstore that was believed to have come from the collection of Max Eastman, onetime editor of the influential leftist magazine The Masses. It had most likely been sent to Eastman for review, and in the margins someone, perhaps Eastman, wrote, "The title, 'War is Beautiful,' is a Fascist slogan. If this is naïve and misdirected irony it is very dangerous." Five hundred pages long, an incomplete copy of the typewritten manuscript wound its way to Neugass's son Paul, and then to Peter Carroll and Peter Glazer, historians of American involvement in the conflict. The pair edited the original manuscript, now housed in a university library, and shaped it into the book published last year.

Nearly 3,000 Americans volunteered to defend the democratic Spanish Republic from a military revolt led by Franco, who was aided by Hitler and Mussolini. Shortly after the war began, the US government forbade Americans from entering Spain, so most entered the country illegally, usually by crossing the Pyrenees at night or occasionally by stowing away on small ships that embarked from France. The volunteers formed two American battalions and later became known collectively as the Abraham Lincoln Brigade. A separate, legal organization for aiding the Republic, called the American Medical Bureau, was founded by a New York surgeon named Edward Barsky. (The bureau owed its legality to a State Department exception for groups providing humanitarian aid.) Barsky established base hospitals in churches and monasteries, and set up a mobile medical unit. At its peak strength, Barsky's staff included more than 100 doctors, nurses and drivers. Neugass, a 32-year-old poet who made his living as a fencing instructor, cook, social worker and janitor, arrived in Spain in November 1937 and was assigned to be Barsky's aide and an ambulance driver.

For Neugass, two facts of the war were inescapable: Hitler and Mussolini were providing overt military support for Franco, and the Non-Intervention Agreement signed by the Western democracies, crucially France and Britain, forbade any involvement in the Spanish Civil War, including the sale of arms to the Republic. Italy and Germany were also signatories to the treaty, but they openly defied it: Italy dispatched more than 75,000 professional soldiers to aid Franco, and Germany mobilized pilots and a fleet of ultramodern bombers. (Responding to Germany and Italy's involvement in the war, the Soviet Union sent military equipment and some 3,000 personnel to aid the Republic.) Neugass's mind drifts to those tactical facts repeatedly, even when his immediate problem is commonplace. "The lack of a tire pump can kill a man as easily as the lack of a helmet. I haven't got one of those either. All of them are up at the lines...or should be," he wrote. "The entire country is organized to strengthen the thin thousand mile dam of dugouts, men and munitions which separate not only the Republic but every democratic nation on earth, from fascism." His metaphor proved prescient; five months after the Republic fell, Hitler invaded Poland.

Neugass's memoir, drawn from a contemporaneous diary, follows the haphazard rhythm of the war, moving jaggedly between boredom, fleeting triumphs and terror. Brief, vivid descriptions of daily life, such as an unpalatable dish of bacalao ("tastes like rawhide soaked in glue then boiled in machine oil"), mingle closely with unsentimental depictions of wounded soldiers. "A sniper got Fred Mowbray of New Orleans in the base of the spine," he writes. "Paralyzed from the waist down, urine accumulating in the kidneys, he begged to be catheterized.... He begged for morphine, which could not be given him. Crying all the more pitifully because he was not delirious, Fred was carried out of the ward and evacuated this morning. I hear that spine cases, sooner or later, all die." Neugass sometimes sounds like a world-weary, Popular Front Raymond Chandler. "The clay complexion of death is international," he writes. "What can you do? Go out and make more dead."

Conversant in Spanish and acquainted with Spain from his travels there before the war, Neugass is periodically able to slip out of his American skin and steal a local perspective of the conflict. During a short respite in Mezquita, a small town near the Aragon front, he is invited to join an impoverished family of twelve for dinner. "I was asked to eat," he writes. "When I looked at the size of the single earthenware jug in the fireplace, I answered that I had already had supper.... The mother lifted the crock from the fireplace and emptied a steaming mass of potatoes." The family insisted that Neugass share their food with them: thirteen people ate off a single plate. When they finished the potatoes, the meal was over.

After dinner, Neugass interviews the father of the family, a landless peasant. Neugass asks the man what political party he belongs to. "Soy revolutionario, como todos," he answers. Pressing the point, Neugass asks again to which party he belongs. "De los matafascistas.... I believe in the fascist-killer party," the man answers. "But which party is that?" Neugass asks. "That is every political party," the man replies. "What is communism?" Neugass asks, switching tactics. The man replies hesitatingly, "I don't know...significa, significa...tractors!... And the other parties also...communism, socialism, anarchism...it all means...machines for the land!"

The desperation of the peasant was typical of many who toiled at the bottom of Spain's semifeudal agricultural system. Much of the Spanish countryside was divided into enormous agricultural estates called latifundios, and the estate owners generally considered their workers to be almost indistinguishable from their other property. Between 1918 and 1921 a series of peasant uprisings erupted in southern Spain. Though the army and the Guardia Civil eventually put down the laborers' revolt, sporadic strikes and reprisals continued throughout agrarian Spain. The landowners, anxious to subjugate the peasantry, enthusiastically supported Franco's military revolt against the Republic, which had been trying, with limited success, to introduce land reform and break up the latifundios. Gen. Emilio Mola, an architect of the rebellion, articulated the fascists' method to regain control over the peasants in a martial law proclamation on the second day of the war: "Re-establishing the principle of authority unavoidably demands that punishments be exemplary both in terms of the severity with which they will be imposed and the speed with which they will be carried out."

Neither the landowners nor the fascist troops needed much encouragement. As the British historian Paul Preston details in a profile of Capt. Gonzalo Aguilera, an estate owner and press officer for Franco, the day before Mola's proclamation Aguilera lined up his workers, randomly selected six and publicly shot them as a warning to the others. (Aguilera's actions are not surprising in light of what he told an AP correspondent about the Spanish masses. "They are slave stock," he said. "They are good for nothing but slaves and only when they are used as slaves are they happy.") Near Córdoba, at the beginning of the war, a landowner shot ten of his workers in retribution for every fighting bull the workers had slaughtered for food during a brief collectivization of his estate. Outside Seville, fascist officers made peasants dig their own graves before shooting them. Just before the peasants were murdered, the officers mocked them. "Didn't you ask for a plot of land?" the officers yelled. "Now you're going to have one, and for ever."

Neugass's memoir is particularly important given the growing revisionist tendency in accounts of the Spanish Civil War published in the past decade. Prominent articles by George Packer in The New Yorker and Sam Tanenhaus in Vanity Fair echo the sentiments of George Orwell--who in Homage to Catalonia described the Soviet-backed purge of the revolutionary militia he'd joined, and cautioned that any postwar Republican government was "bound to be Fascistic." Both Packer and Tanenhaus suggest that Spain would have faced a Stalinist future if the Republic had prevailed, and they praise Orwell as a singular prophet. Packer writes that unlike Ernest Hemingway and John Dos Passos, "Orwell kept his bearings, neither turning the war into a stage for his own psychodrama nor wilting under the pressure of ambiguous reality." Tanenhaus's piece, "Innocents Abroad," asserts that the traditional view of the Spanish Civil War as a noble fight against fascism is the "last great myth of the 20th-century left" and that the conflict "brutalized and corrupted the idealistic young American volunteers." Like Packer, Tanenhaus praises Orwell as an exception to "the literary rule" and points out that Homage to Catalonia sold only 700 copies when it was released in Britain in 1938. In their unqualified admiration for Orwell, however, Packer and Tanenhaus slight the cautionary note in Lionel Trilling's introduction to the first American edition of Homage to Catalonia, published in 1952. Orwell, Trilling wrote, "told the truth, and told it in an exemplary way, quietly, simply, with due warning to the reader that it was only one man's truth."

For Packer and Tanenhaus, Orwell's criticisms are backed by a trove of Soviet-held documents (the "Moscow Archives") unearthed after the disintegration of the Soviet Union. Particularly influential in the English-speaking world, and cited in Tanenhaus's piece, is a selection of these documents edited by Ronald Radosh, Mary Habeck and Grigory Sevostianov and published in 2001 under the title Spain Betrayed. This collection, consisting mostly of private communiqués between Russian military and diplomatic officials in Spain and various officials in Moscow, provides an intriguing glimpse into the Soviet involvement in Spain. Interspersed with the documents are commentaries written by the book's editors. The book asserts that the newly discovered documents prove the Soviet Union "sought to take over and run the Spanish economy, government and armed forces in order to make Spain a Soviet possession."

Yet the documents teem with contradictions (sometimes within the same document) and resist such oversimplified conclusions. Revealing too are the documents the editors chose to exclude. As Helen Graham, a British scholar of the Spanish Civil War, points out in a thoughtful review of Spain Betrayed, the editors include only one document from 1939, when a military rebellion against the Socialist prime minister revealed how little the Soviets actually controlled the army and government of Spain. (Material from the Moscow Archives relating to this late rebellion was published in 1999 by two Spanish academics, Antonio Elorza and Marta Bizcarrando.) Graham is baffled by the lack of any context in the editors' commentary. "Professor Radosh and his co-editors leave entirely out of account the broader picture of Republican Spain at war," she writes. "It is as if they see it as a blank screen waiting to be written on by Soviet and Comintern players."

In his Vanity Fair article, Tanenhaus writes that several Lincoln deserters, whose names disappear from the Moscow Archives, faced "potential death sentences." But as Peter Carroll, Neugass's editor and the author of a scholarly history of the Lincoln Brigade, notes in a pointed essay called "The Myth of the Moscow Archives," there can be a vast difference between potential and actual. One of the men whom Tanenhaus suspects might have been shot, an African-American soldier named Edward Carter, returned to the United States after fighting in Spain. Carter served in the US Army in World War II and was posthumously awarded the Congressional Medal of Honor by President Clinton. Carroll, who was one of the first researchers to view the Moscow Archives, stresses the need for skepticism and rigor when drawing on the archives' documents: "Reports sent to the Kremlin by Soviet generals can hardly be taken at face value or treated as statements of policy without considering that reporters serving under Stalin would, to put it mildly, attempt to place themselves in the best light."

The recollections of the surviving Lincoln veterans, who now number only a couple dozen, are the most poignant reminders of the need to heed Trilling's warning. George Sossenko, a 90-year-old vet who fought in the anarchist Sébastien Faure Century and was later adopted by the Lincolns, recently told me, "The Soviet Union, with some assistance from Mexico, was the only country which helped the Spanish Republic. They put a lot of money in it. No need to say that they didn't want to have on their side other ideological groups competing with them." At the same time, Sossenko feels that the divisions in the Republic were overemphasized and varied widely. He mentioned his anarchist militia as an example: "I was on the Aragon front with Durruti's army [Buenaventura Durruti, the Spanish anarchist leader], and very often we received Russian supplies and weapons." Sossenko, like Neugass, believes that the focus on the left's infighting is meant only to obscure the larger betrayal of Republican Spain by the Western democracies.

Jim Benet, a 95-year-old ambulance driver with the Lincolns and a former editor and reporter at The New Republic, was particularly unimpressed with Orwell's account. "In the first place he was terribly arrogant," Benet told me. "He wanted it to be about a different thing than it was." Benet feels that Orwell, who understood little Spanish, was missing a key part of the story. ("When I came to Spain, and for some time afterwards, I was not only uninterested in the political situation but unaware of it. I knew there was a war on, but I had no notion what kind of a war," Orwell admits in Homage to Catalonia.) "I think the people who were connecting it only with the Russians and Stalin were overreaching," Benet said. "It did seem to us at the time that basically this was a Spanish thing, and of course people took sides. The Russians took sides and the Germans took sides, but basically it was a Spanish conflict."

Still, some of the vets were strongly critical of the Soviet presence in Spain. Maynard Goldstein, a 95-year-old Lincoln volunteer and likely the last American survivor of Jarama, the brigade's first battle, worked closely with the Soviets after he was promoted to intelligence officer. "Our problems were the Russian system of government, of military operation," he told me. "I got into fights with the Russians." After the civil war ended, Goldstein planned to spy on the Nazis in Belgium for the Soviets. He returned to New York and awaited contact from Moscow, but after a year with no word he gave up; instead he became involved in the Communist Party in the Bronx before breaking with the party in 1948 over Tito. Despite his criticism of the Soviets, however, Goldstein doesn't blame them for the Republic's loss. "The fascists were the professional soldiers," he said. "Did we have any great battles? No. It was a question of holding the lines, and that wasn't easy."

Other volunteers, like Neugass, embraced a nonideological, though fierce, antifascism. Neugass describes a scene on the Córdoba front where a group of Lincoln soldiers were attacked at night and forced to withdraw to the next hill, leaving behind several wounded men. Before morning, as the Lincolns were approaching the hill, they saw large fires burning. The wounded Americans were being burned alive. "Not only were there no fascist wounded brought in that night," Neugass writes, "but no prisoners were taken."

Despite those brief moments, Neugass wasn't prone to vengeance. "I am a poor hater of people and a great hater of ideas," he writes. Toward the end of his service in Spain, he describes a moment that sheds light on the meaning of the title he gave his manuscript. In a relatively unscathed village near Segura de los Baños, the site of one of the Republic's last-ditch counter-offensives, Neugass manages to buy 250 extremely scarce eggs for the wounded men and the hospital staff. Besides the Republican wounded, the hospital had taken in an injured, delusional fascist prisoner whose hunger complicated the delicate question of distributing the eggs:

A great change came over the fascist this morning. Sana [a nurse] had soft-boiled a quantity of eggs for the patients. As she worked down the ward, carefully feeding liquid gold into the mouths of each man, I wondered what she would do when she got to the fascist. The sheet had come down from his face and he was for once quiet. The eyes of even the half-conscious were on him and on Sana. Would he be fed?... The fascist should be given an egg although the other wounded in the ward look at him as if he were the one who shot them, and perhaps he was.... With the entire ward looking at her, Sana held the fascist head-case in her arms and fed him two soft-boiled eggs. She is not Mary Magdalen and he is not Christ. If this is religion, then I am religious.

Like Guernica, Segura endured a massive, unanswered aerial bombardment, another casualty of the Republic's outmatched forces. Barsky ordered Neugass and other members of the medical team to exhume civilian bodies from the ruins to prevent an outbreak of the plague. While sifting through the rubble, Neugass saw a farmer and his wife kneeling on the floor, staring at their bloodstained infant child. "The child had been suffocated," he writes. "Major B.'s [Barsky] hands can do many things but they cannot repair death. Remembering his first and useless instructions, the mother again and again breathed into the lips of what had been her daughter." Within a month, after a harrowing retreat through fascist territory in which he was nearly killed, the exhausted and emotionally drained Neugass decided to return home to "write what I had seen in Spain."

Two years ago, in the New York Sun, Ronald Radosh disputed that the Lincoln veterans went to Spain to save its democracy. "The kind of republic the volunteers sought was a prototype of what the Soviet Union created at the end of World War II," he wrote. But the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco. In January 1938, FBI director J. Edgar Hoover wrote to FDR's attorney general, Homer Cummings, detailing the warnings of a confidential source regarding the volunteers. According to Hoover, the source told him that the Communist Party was sending men to Spain "to train such individuals in the art of military science so that they can be returned to the United States to lead the vanguard of the revolution in this country." Hoover concluded by urging Cummings to inform Roosevelt of this secret plot.

After the war, the Lincoln veterans were labeled "premature antifascists" by the US military and Hoover's FBI, and countless vets were harassed at work or at home by FBI agents. In the early '40s Edward Barsky started an organization aimed at aiding the hundreds of thousands of Republican refugees who were living in concentration camps in southern France. At the time, the United States was anxious to solidify its bond with the anticommunist Franco. Barsky was called to testify before the House Un-American Activities Committee, but he refused to comply with the subpoena, partly on the grounds that the hearing could expose the names of the refugees. In 1947 Congress held Barsky in contempt; after a series of court battles he was sentenced to six months in prison (he served five) and temporarily stripped of his medical license. The Supreme Court upheld the sentence in an 8-1 decision.

For the Republican refugees, the Supreme Court's ruling was simply a continuation of the West's abandonment of the Spanish Republic. A German officer with the International Brigades described the scene of the refugees' arrival at the French border:

That afternoon the Republican troops came. They were received as though they were tramps.... The Spaniards were asked what was in the haversacks...and demanded that they should be opened. The Spaniards did not understand. Until the last moment they persisted in the tragic error of believing in international solidarity.... The dirty road on which the disarmed men stood was not merely the frontier between two countries, it was an abyss between two worlds. Under the eyes of the Prefect and the generals, the men of the Garde Mobile took away the bags and bundles containing the Spaniards' personal belongings and emptied their contents into a ditch filled with chloride of lime. I have never seen such anger and helplessness as those of the Spaniards. They stood as though turned to stone, and they did not understand.

For the vets it was difficult to leave Spain to the ravages of Franco. Garzón's judicial order accuses Franco and thirty-four accomplices of the disappearance and systematic killing of more than 114,000 people between 1936 and 1952, many of them interred like Lorca in fosas comunes. Franco also sent an estimated 1 million political prisoners to jails, concentration camps or to work on forced labor battalions. Like Neugass, Matti Mattson, a 92-year-old former ambulance driver with the Lincolns, knew it was just the beginning. "We said, Just wait, there's another one coming," Mattson told me recently. Mattson left Spain in November 1938, when all the International Brigades were sent home. "It was very tough because the war was still going on and the prime minister decided if he sends us home maybe the Italians and the Germans will be sent home as well," Mattson said. "We had lost a lot of territory and retreated all the way in the Aragon. Republican Spain had been severed in two parts." On April 1, 1939, Franco announced the end of military hostilities. The same day, the United States, which like the other Western democracies remained neutral during the war, recognized Franco's government.

Last October, around the time of the publication of War Is Beautiful, Mattson returned to Barcelona for the seventieth anniversary of his departure, the day the Republic called La Despedida, the farewell. At his small, tasteful apartment in Brooklyn, he showed me one tangible provision of the Law of Historical Memory, an application for Spanish citizenship offered by the Spanish government to all surviving members of the International Brigades. But Mattson's eyes glowed much brighter when he recalled La Despedida: how the International Brigades marched on the Diagonal through the city and how he heard La Pasionaria's famous speech urging the volunteers to come back "when the olive tree of peace is in flower." He recalled it all with extraordinary vividness, especially the gratitude of the Spanish people for the precious gift of solidarity. "I never saw anything like it," he said. "People lined up on the sidewalks. All the balconies were full and the windows were full and women had flowers--they'd come running out and give you flowers. After a while there were so many flowers that you couldn't take any more--the flowers were all over the street. It was paved with flowers."

About Dan Kaufman

Dan Kaufman, a musician and writer living in Brooklyn, has written about the Abraham Lincoln Brigade for the New York Times and the New York Observer.

sábado, 15 de agosto de 2009

Documental sobre Enric Marco

En el contexto del Holocausto ha habido casos de impositores de víctimas de los campos de concentración. Uno que se me viene a la cabeza es el de Binjamin Wilkomorski, que fingía ser un superviviente de los campos nazis, y escribió sus memorias, luego descubiertas como falsas en los años 90. En España también hubo un caso parecido, cuando en 2005 fue revelado que Enric Marco, líder de la asociación Amical de Mauthausen, había inventado un pasado horroroso en que había sufrido por el campo de concentración Flossenberg (ver artículo en El Mundo).

Ich Bin Enric Marco es una nueva película documental de Santiago Fillol y Lucas Vermal que recupera a la figura de Enric Marco y lo acompaña a Alemania. Según la nota de los directores en la web del film, "[n]o juzgar al protagonista era necesario desde nuestra perspectiva para captar su frágil condición de protagonista/narrador de dos historias igualmente determinantes, la verdadera y la falsa o, si se quiere, la vieja y la nueva."

Sinposis (de Film Affinity): "Enric Marco, ex presidente de la asociación de deportados más importante de España, se embarca en un viaje a Alemania, un desmitificador trayecto hacia su pasado. Dos años antes, un historiador demostró que Marco no fue el miembro de la resistencia que decía ser y que había inventado las historias que estuvo contando en televisión sobre su experiencia en los campos de concentración. Ahora, Marco sigue la ruta de su viaje en tren de 1941 como parte de un convoy de trabajadores mandados por Franco a Hitler."

Para leer más sobre esta película, ver "El hombre que nunca estuvo allí," en El Periódico de Catalunya y "El caradura 6.448," en La Provincia.

Reseña en Blogs & Docs

jueves, 2 de abril de 2009

Nuevo libro sobre la migración y el exilio españoles

Iberoamericana/Vervuert Verlag
Madrid/Frankfurt, 2009
ISBN: 9788484894179

(enlace al libro, con un índice en PDF).

Descripción: Desde los diferentes aspectos del fenómeno migratorio, aborda su estudio de forma multidisciplinar, ahondando en su papel en la historia reciente de España y su reflejo en la lengua y la literatura.
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