Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Protestan en la Universidad Carlos III una conferencia de Pío Moa
Los universitarios se rebelan contra los que hacen "apología del fascismo"
Ante la presencia de Pío Moa, varios estudiantes defienden que la universidad no se convierta en un espacio "para verter falacias, infamias y demagogia
23/11/2010 13:47 / PATRICIA CAMPELO / Madrid
El ultraconservador Pío Moa pronunció ayer una conferencia sobre historia de España en la Universidad Carlos III de Madrid ante un aula que albergaba alrededor de 20 personas. Minutos antes, un numeroso grupo de estudiantes mostraba su rechazo a la presencia del escritor revisionista, autor de expresiones como "Franco no aniquiló a los rojos, los escarmentó".
"No queremos que personajes así vengan a la universidad a utilizar nuestras aulas como plataforma para vender libros sobre mentiras". El sentimiento de Pablo Gómez, miembro del colectivo de estudiantes Rise Up, es compartido por las decenas de compañeros que junto a él, sacaron tarjetas rojas para protestar por la presencia de quien creen, hace "apología de la dictadura fascista del general Franco".
"¿Porqué rebuznas tanto?", espetó Moa a la estudiante que leía un comunicado
Dentro del ciclo de dos conferencias preparadas por la asociación universitaria Alianza Estudiantil, el invitado versó su ponencia sobre "cinco cuestiones clave de la historia de España", lo que viene a ser el contenido de uno de sus libros. Este es uno de los motivos que provocó la queja de los estudiantes: "La universidad no debe usarse ni para dar un mitin político como fue en el caso de Rosa Díez en la UCM", recuerda Pablo, "ni para propiciar que un falsificador de la historia venda más libros".
Algo "nervioso"
Al inicio de la conferencia, los universitarios, que copaban el aula, se pusieron en pie y, mientras levantaban unas tarjetas rojas, una estudiante intentaba leer un comunicado mientras el Moa le reprochaba: "No rebuznes tanto" y le interrogaba con la misma cantilena: "¿Porqué rebuznas tanto?".
Unos minutos después, tras la lectura del manifiesto firmado por la asociación universitaria Carlos Marx y el colectivo Rise Up, asociaciones mayoritarias en la universidad Carlos III, los estudiantes abandonaron el aula con los reproches de Moa, quien les increpaba: "¡A rebuznar a otra parte, chalados!". El objetivo de los estudiantes, tal y como relata Pablo, era el de mostrar su disconformidad: "No queremos coartar la libertad de expresión de nadie, sólo que nos oiga mediante un acto pacífico y simbólico".
Cerca de 20 personas, entre alumnos, prensa y miembros de la asociación convocante del acto, siguieron la ponencia del invitado en el espacio que la universidad había destinado a tal fin. Sobre este aspecto también se quejó Moa en un blog en el que denuncia que no le dejaran un salón de actos "las democráticas autoridades", y donde también confiesa que acudía a la universidad "algo nervioso", por el recuerdo que tenía de otro incidente "en tiempos del rector proetarra Peces-Barba".
Desde la asociación convocante indican que el acto ha tenido mucho éxito
"La Universidad no es ni será un espacio para verter falacias, infamias y demagogia", protestaban los estudiantes en la lectura de su comunicado, en el que también anunciaban su intención de seguir luchando "para conseguir justicia".
Asimismo, explicaron que sacaron "tarjeta roja" a Pío Moa y "a todos los que piensan que Franco salvó a España, que estaríamos mejor sin inmigrantes y que las mujeres deberían quedarse en casa". "Entendemos que frente aquellos que utilizan la provocación y la difamación para adquirir notoriedad pública, los estudiantes debemos lanzar un mensaje claro: en la Universidad pública no", putualizaron los universitarios para concluir que, en general, la tarjeta roja será mostrada siempre "al oportunismo", y a los que intenten "hacer caja a costa de la Universidad" y pretendan "eliminar su carácter social".
Desde la asociación convocante defienden su derecho a invitar a ponentes cuyas publicaciones consideren "interesantes", como es el caso de Pío Moa de quien opinan que "sus libros reflejan muy bien lo que es la historia de España", opina Kevin Ayuso, presidente de la asociación conservadora y liberal, Alianza Estudiantil, a Público.es.
"Lo sucedido es la respuesta a un ponente con el que no están de acuerdo y vienen a molestar", ha subrayado Ayuso, quien reconoce que la intención de los manifestantes era la de "boicotear el acto", algo que a su juicio no han conseguido porque la charla "ha transcurrido con normalidad".
domingo, 23 de mayo de 2010
Editorial de Julián Casanova
TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA
Sinfonía de maldad
JULIÁN CASANOVA 23/05/2010
El proceso de acoso y derribo al juez Baltasar Garzón ha abierto nuevas vías para repensar la historia de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco y para examinar las formas en que los españoles hemos intentado durante la democracia "superar" aquellas experiencias traumáticas. Parece un buen momento además, dada la cantidad de inexactitudes y falsedades que se han dicho y escrito, para incitar la discusión sobre los usos de las memorias y los mitos en la construcción de ese pasado. Los historiadores, al menos, deberíamos hacerlo, pese a los límites y dificultades que una tarea de ese tipo siempre encuentra en la sociedad española.
Varias cuestiones han salido a la luz con toda su crudeza en los últimos meses. La primera es muy obvia: en lo que se refiere a la Guerra Civil y a la dictadura, algunos prefieren estimular la ignorancia antes de promover el conocimiento. Son los que repiten desde la política y los medios de comunicación que están hartos de memoria, de historia de la Guerra Civil y de la dictadura; que, con la que está cayendo, su expresión favorita, ya vale de mirar al pasado. No tienen ningún problema, sin embargo, en recordar o reinventar, para adaptarla a su gusto, la historia de la Reconquista, de los Reyes Católicos, del descubrimiento de América, de la grandeza de la monarquía imperial o de la gloriosa Guerra de la Independencia. Solo usan la historia que les sirve para conmemorar su maravilloso presente como políticos.
En varios países de Europa occidental, después de la Segunda Guerra Mundial, e incluso en los años cincuenta, como sucedió en Francia con un grupo de soldados alsacianos de las SS, muchos criminales fascistas fueron amnistiados en nombre de la reconciliación nacional. Tras el silencio sobre el pasado de fascismo y comunismo, resistencia y colaboración, hubo investigaciones que revelaron la parte más incómoda de esa historia y comenzó a discutirse sobre las implicaciones que la negación y ocultación de hechos criminales había tenido para la sociedad civil democrática. La educación de los ciudadanos sobre su pasado sirvió después de beneficio para el futuro.
Nada de eso ha ocurrido en España, donde se legitima a los verdugos franquistas por los supuestos crímenes anteriores de sus víctimas. Da igual que los historiadores presenten sólidas pruebas de que la Guerra Civil la provocó un violento golpe de Estado contra la República y de que esa guerra y la posterior dictadura fueron desastrosas para nuestra historia y para nuestra convivencia. Treinta y cinco años después de la muerte de Franco, demostrada hasta la saciedad la venganza cruel, organizada e inclemente que administró a todos sus oponentes, todavía tiene que aparecer un diputado o político relevante del Partido Popular que condene con firmeza el saldo de muerte y brutalidad dejado por las políticas represivas de la dictadura y defienda el conocimiento de esa historia como una parte importante del proceso de aprendizaje de los valores democráticos de la tolerancia y de la defensa de los derechos humanos. Todo lo que se les ocurre es recordar el terror rojo, como si la función del relato histórico fuera equilibrar las manifestaciones de barbarismo. Es como si para explicar el gulag y los crímenes estalinistas tuviéramos que recurrir a la represión de la policía del zar o a las tropelías del Ejército Blanco durante la guerra civil rusa.
La violencia política de los militares sublevados contra la República se llevó a la tumba a 100.000 personas durante la guerra y 50.000 más en la posguerra. El juez Baltasar Garzón quiso investigar las circunstancias de la muerte y el paradero de todas esas víctimas, abandonadas muchas de ellas por sus asesinos en las cunetas de las carreteras, en las tapias de los cementerios, enterradas en fosas comunes, asesinadas sin procedimientos judiciales ni garantías previas.
La lucha por desenterrar ese pasado, el conocimiento de la verdad y el reconocimiento jurídico y político de esas víctimas nunca fueron señas de identidad de nuestra transición a la democracia, y un sector importante de la sociedad muestra todavía una notable indiferencia hacia la causa de quienes padecieron tanta persecución. Los mitos y ecos de la propaganda franquista se imponen a la información veraz porque cientos de miles de personas poco o nada aprendieron en las aulas sobre esa historia y porque algunos medios de comunicación jalean y aplauden a los seudohistoriadores encargados de transmitir en un nuevo formato las viejas crónicas de los vencedores. No se trata para ellos de explicar la historia, sino de enfrentar la memoria de los unos a las de los otros, recordando unas cosas y ocultando otras, sacando a pasear otra vez las verdades franquistas, que son, como los mejores especialistas sobre ese periodo han demostrado, grandes mentiras históricas.
Se ha instalado entre nosotros la discordia y una sinfonía de maldad suena en España cuando se intenta rescatar del olvido y de la manipulación esas historias de víctimas y verdugos. Eso es lo que ha sorprendido tanto fuera de nuestras fronteras, en prestigiosos medios de comunicación: que en vez de investigar los crímenes del franquismo, se persiga a quienes, como Baltasar Garzón, han tenido el valor de exigir información, verdad y justicia.
viernes, 27 de noviembre de 2009
"Revisionismo" = Neofranquismo
Fuente: El Plural (27.11.09)
El historiador Julián Casanova considera que la Ley de Memoria Histórica era imprescindibleConsultar aquí una charla en Público
“El revisionismo en España es neofranquismo”
LUIS MARCHAL
“Lo que se llama revisionismo en España es neofranquismo”. Esto lo dijo ayer en Madrid el historiador Julián Casanova en la presentación del libro que ha escrito junto a Carlos Gil Andrés, Historia de España en el siglo XX (Ariel). Así de rotundo deslegitimó, sin nombres y apellidos, a autores como Pío Moa que reinventan la historia para afirmar que la Guerra Civil española comenzó en 1934 en vez de en 1936 y que fue provocada por partidos de izquierdas en vez de por un golpe militar.
El revisionismo, en opinión de Casanova, es una “copia” de los argumentos fundamentales del franquismo. Eso sí, actualizados al siglo XXI y dirigidos a un público que se siente muy satisfecho por ellos.
Aval de investigaciones
Casanova no niega que los historiadores sean los primeros que deben hacer revisión, “porque las verdades nunca son absolutas y eternas”. Pero, esta tarea tiene que ser avalada por investigaciones que maticen investigaciones anteriores, que pasen filtros y que no desmonten los hechos por desmontarlos.
Nada la hacía ineludible
En la presentación, el catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza expuso que en 1936, antes del golpe de Estado en contra del Gobierno de la II República, “nada hacía necesariamente ineludible una Guerra Civil”. No era necesaria en 1934, año en el que sitúan los revisionistas su inicio.
El golpe la provocó
Las palabras de Casanova continuaron. A su juicio, es “evidente” que en julio de 1936 hubo un golpe de Estado que, al fracasar, provocó la Guerra Civil. Los militares no se echaron atrás en sus pretensiones y la contienda desembocó en la dictadura de Franco.
No fue en 1934
El catedrático de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos José Álvarez Junco, que introduzco a los presentes el libro presentado, también se mostró en contra de los denominados revisionistas: “Octubre de 1934 fue un desastre, hubo desprecio hacia las instituciones por los dos lados. Sin embargo, la Guerra Civil no era inevitable aquel año”.
El poder militar, subordinado al civil en 1981
Por otra parte, Casanova aseguró que en su análisis –y en el de Gil Andrés– del siglo XX español, se comprueba que “no está claro que el poder militar quiera subordinarse al poder civil hasta 1981”. Ese año fue la última vez que en nuestro país tuvo lugar un golpe de Estado.
El siglo de los ciudadanos
En Historia de España en el siglo XX no se hacen valoraciones, sino exposiciones. Casanova recordó que el XX “fue el siglo de los ciudadanos”. A pesar de esta característica, éstos “no pudieron votar durante 40 años”. La dictadura franquista realmente fue una “excepcionalidad” trágica.
“Retribución jurídico-política” a las víctimas
Respecto a la Ley de Memoria Histórica, el también autor de La Iglesia de Franco (Editorial Crítica) argumentó que era “imprescindible” aprobarla, aunque ya con la democracia se dejó de describir a un bando como representante de la verdadera España. ¿Descafeinada? Para Casanova, “si la Ley no salía como salió no habría salido”. Él la defendió en el sentido de que hace una “retribución jurídico-política” a unas víctimas a las que no se había hecho ningún reconocimiento durante muchísimo tiempo. Como conclusión, dejó claro que, si ésta se cumple, “es muy útil para avanzar en la gestión de la memoria”.
lunes, 10 de agosto de 2009
¿Puede ser un fusilamiento un "crimen legal"? Pío Moa, otra vez
De: El PluralEl ex de los GRAPO no cambia
Pío Moa defiende el “fusilamiento legal” de las Trece Rosas
JOSÉ MARÍA GARRIDO
Hace 70 años, trece jóvenes miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas (siete de ellas eran menores de edad) fueron fusiladas por el régimen franquista. Su delito no fue otro que luchar contra la dictadura y a favor de la libertad. Hoy en día, mientras la izquierda sigue recordando este oscuro episodio de nuestra historia más reciente, la extrema derecha sigue defendiendo su asesinato, tal y como se puede comprobar en el último artículo que Pío Moa ha publicado en Libertad Digital.Pío Moa no cambia. En el pasado, el ahora reconvertido en historiador de cabecera de Libertad Digital no dudó en militar en los GRAPO, banda terrorista que acabó con la vida de decenas de personas. En la actualidad, no se le revuelven las tripas a la hora de defender el asesinato de las conocidas como las Trece Rosas.
Defensa de la muerte
Coincidiendo con los homenajes que tanto el Partido Socialista como el Partido Comunista han realizado esto días para no olvidar el asesinato de estas trece muchachas, Moa no ha dudado en defender al régimen franquista alegando que las Trece Rosas eran “en realidad comunistas” y formaban parte del “sector más fanático y stalinista del PCE, que habíaN intervenido en multitud de asesinatos”.
Sin pruebas
Sin aportar ningún tipo de pruebas -tal y como hace en todas sus publicaciones históricas-, el ex de los GRAPO culpa a las Trece Rosas de haber asesinado “a sangre fría” a un militar, su hija adolescente y un soldado conductor en la carretera de Extremadura. Asesinato por el que el régimen franquista mató a las Trece Rosas y a otros 43 hombres.
Defensa del fusilamiento
En definitiva, el empleado de Federico Jiménez Losantos afirma que “el fusilamiento fue, desde luego, un crimen legal” que tenía como único objetivo “aplastar de raíz aquel tipo de actividad y, sobre todo, destruir la esperanza de reorganización comunista”.
jueves, 6 de agosto de 2009
Adolfo Prego, otra vez
“La historia se hace cada uno diciendo lo que le da gana”
El juez Prego carga, una vez más, contra la Ley de Memoria
ELPLURAL.COM
El juez del Tribunal Supremo (TS), Adolfo Prego de Oliver y Tolivar, no ha dejado pasar la oportunidad que le ha brindado la Universidad Complutense de Madrid para volver a cargar contra la Ley de Memoria Histórica. El magistrado, que aceptó la querella del sindicato ultraderechista Manos Limpias contra el juez Garzón por intentar enjuiciar el franquismo, asegura que no se puede hacer la historia “a golpe de ley”.
Prego ha participado en los cursos de verano de la universidad pública para repetir lo que ya dejó claro a finales del 2007, en el manifiesto que firmó contra la Ley de Memoria Histórica, y que acoge el blog de Pío Moa, el ex terrorista de Grapo a quien Prego ve como "una de las cabezas mejor amuebladas y mejor ventilada de este país".
“A golpe de ley”
Prego critica la Ley de Memoria porque no se puede hacer historia a “golpe de ley”, sino que es “producto de estudio” de historiadores. Según el juez, la historia la hacen “los lectores y los historiadores”. Se entiende así la afición de Prego por presentar conferencias de Pío Moa, en el Casino de Madrid, donde justificó “el alzamiento” de Franco debido al “proceso de sovietización” de España con el Frente Popular.
Regímenes no democráticos
Según el magistrado, que el poder judicial se involucre en la historia “sólo” ocurre en aquellos regímenes que “no son democráticos”. Aunque, por esa regla de tres, países que han luchado por recuperar su historia, o por condenar mediante la justicia a los responsables de dictaduras, serían “antidemocráticos”, como es el caso de Alemania.
Lo que nos dé la gana
En cambio, por si sus tesis revisionistas, compartidas con Pío Moa, no hubieran quedado explícitas, Prego aseguró que la historia se hace “cada uno diciendo lo que le da la gana”.
DENAES
Prego también forma parte del patronato de la ultraconservadora Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) que puede presumir, como sus más recientes intervenciones, de haber denunciado los pitidos a Don Juan Carlos en la Copa del Rey o de haber organizado una manifestación con una decena de personas en la Verja de Gibraltar durante la visita de Moratinos.
lunes, 22 de junio de 2009
"Revisionismo" histórico

En su artículo "Critical Historical Revision and Political Revisionism" [en: International Journal of Iberian Studies, 21.3 (2008): 219-29], el profesor e historiador Enrique Moradiellos (Universidad de Extremadura) plantea algunas razones por las cuales España ha visto un resurgimiento de "revisionismo histórico," frase que tacha de inapropiada para explicar este fenómeno, dado que estos personajes no "revisan" nada, sino que recuperan y promueven vez tras vez los viejos y bien pisados temas de la dictadura franquista (220). Entre estos temas (no todos tratados por Moradiellos aquí) se citan frecuentemente la revolución de Asturias como causa de la GCE, la imagen de una II República fuera de control, incapaz de gobernarse a sí mismo ni a sus ciudadanos, y una dictadura light (la "dictablanda") sin la que, paradójicamente, España nunca habría podido entrar en democracia. Moradiellos identifica cinco factores para entender el fenómeno revisionista, y creo que merece la pena mencionar algunos aquí en relación a un artículo publicado hoy en el diario El Plural, sobre la conexión entre grupos y personas ultraderechistas y la querella contra el juez Garzón.
Según este artículo y otras fuentes, el juez que admitió la querella "tildó el levantamiento franquista de 'contrarrevolución' ". Ya se había revelado la falta de parcialidad del juez Adolfo Prego cuando se demostró recientemente que había firmado un manifiesto en contra de la Ley de Memoria; sin embargo, como apunta dicho artículo (citando datos aparecidos en Público), hay todavía más pruebas de su imparcialidad, tales como su apoyo público del golpe de 1936 y su alianza con "historiadores" como Pío Moa, cuyo libro popular (y pro-franquista), Los mitos de la guerra civil, vendió como loco hace unos años. No sé lo suficiente del sistema jurídico español para saber si el juez pudo haberse recusado del caso, pero a mi parecer, habría sido un momento adecuado para hacerlo. Saber todo lo que subyace la querella contra Garzón es lo que hace que la gente pierda fe en el proceso democrático y reaccione con un cinismo a todo lo que está remotamente relacionado con la política. Eso es precisamente lo que desean los "revisionistas."
El historiador Enrique Moradiellos explica que una de las estrategias de revisionistas es intentar establecer paralelos -- por curiosos que sean -- entre el pasado y la actualidad, para desacreditar los actores políticos del presente. Moradiellos cita las conexiones que hace Pío Moa entre octubre 1934 y noviembre 2004, durante el debate del Estatuto de Catalunya. Moradiellos observa que Moa vincula al Presidente del gobierno, el PSOE y la ERC con el inicio de la GCE en 1934. Reproduzco la cita incluida por Moradiellos, pero la traduzco aquí al español, ya que aparece en inglés en el artículo que comento: "The PSOE and the Ezquerra Republicana de Cataluña (Catalan Republican Left) planned and launched the Civil War in 1934. Two parties that are again reunited now. [El PSOE y la ERC planearon y empezaron la Guerra Civil Española en 1934. Dos partidos que otra vez están reunidos ahora]" (221). Es este tipo de vínculo que ha hecho el juez Adolfo Prego al firmar su nombre en el manifiesto en contra de la Ley de Memoria, añadiéndose a la lista de figuras "destacadas" como Jiménez Losantos y César Vidal. En este manifiesto, se "defendían que los golpistas no fueron quienes hicieron estallar la guerra, y cargaban la responsabilidad al Frente Popular, integrado según este documento por 'agrupaciones marxistas radicales, estalinistas, anarquistas, racistas sabinianas, golpistas republicanas y nacionalistas catalanas, todas ellas ajenas a cualquier programa de libertad'" (ver artículo en El Plural citado arriba).
Según Moradiellos, entre los otros factores que influyen en la creación del discurso revisionista son: los cambios demográficos (la nueva generación de "nietos" sin recuerdos directos de la dictadura) (222); la política de los años 90 (222); interpretaciones utópicas de 1931-36 y de los republicanos en la guerra (224); y los principios del movimiento para la recuperación de la memoria histórica (225).
Creo que en cierta medida se puede leer la querella contra Garzón como síntoma o efecto del discurso revisionista. Por supuesto hay muchos otros factores que impactan todo lo que ha pasado desde el auto de Garzón en octubre 2008 -- por ejemplo, la reputación del juez como "juez estrella," su involucramiento en casos que persiguen a políticos corruptos (el caso Gürtel) de la derecha -- pero es difícil entender la indiferencia mostrada hacia los colectivos y las verdaderas víctimas y la atención prestada a "Manos Limpias" (entre ellos, por el juez Adolfo Prego al admitir la querella en primer lugar) sin tener en cuenta esta observación de Moradiellos: "la llamada 'revisionismo histórico está jugando un papel protagonizador en intentar parar las demandas maximalistas del movimiento para la recuperación de la memoria histórica articuladas por víctimas de la represión franquista. Y lo hace por degradar el alcance enorme y la crueldad de los crímenes cometidos por el franquismo durante la guerra y la posguerra según la premisa de que eran partes de un proceso general de violencia 'en ambos lados y en términos casi iguales'" (226-227, traducción mía).
Como dije el otro día, la querella contra Garzón, y las especulaciones sobre qué puede suceder o no ahora, están enmascarando el asunto verdadero -- y mucho más importante -- aquí: se siguen ignorando a las víctimas del franquismo mientras que se concentra la atención en la "prevaricación" de Garzón. El auto de Garzón en octubre 2008 marcó un momento clave en la "recuperación" de la memoria histórica en España. ¿Está forzando las cosas decir que Manos Limpias y, por consecuencia, Adolfo Prego, están participando en un acto de "revisionismo" histórico para castigarle a Garzón y los que lo han apoyado? Garzón amenaza, aunque ya sólo simbólicamente, con la evidencia presentada en el auto sobre las víctimas del franquismo. Ahora lo único que se le puede hacer es pintarle a él como "criminal."
Moradiellos nota que más de un tercio de españoles nacieron en la democracia, así que no tienen ninguna experiencia directa con la dictadura (222). Las luchas revisionistas son luchas por la memoria del pueblo - si no se sabe o no se "recuerda" nada, se puede ir rellenando lagunas con la información equivocada y así crear y mantener la Historia preferida. Afortunadmente, en la era de la nueva tecnología, se puede exponer y difundir, a veces instantáneamente, información como la que tenemos sobre Manos Limpias y el juez Prego.
Si "revisar," según la RAE, significa 1. Ver con atención y cuidado. 2. tr. Someter algo a nuevo examen para corregirlo, enmendarlo o repararlo, es gracias a los testimonios orales y escritos y a la labor de asociaciones que se ha podido "revisar" una historia mantenida durante años de dictadura y hasta después. No se puede aceptar el "revisionismo" como el de gente como Pio Moa porque así, como explica Moradiellos, "we are again on the path already followed by our grand fathers: the dead as a weapon of self-legitimation and demonization of the enemy" [avanzamos en el camino ya establecido por nuestros abuelos: los muertos como armas arrojadizas de auto-legitimitación y demonización del enemigo" (227, traducción mía). La querella contra Garzón, y el hecho de que se admitiera por el TS, desde mi perspectiva es una querella contra todos los que están implicados en el auto sobre los desaparecidos del franquismo. No parece ser este detalle algo que le importa mucho al juez Prego.
lunes, 23 de marzo de 2009
Revisionismo histórico
De: www.diarioinformacion.com
Fabra edita un libro que niega el golpe militar de 1936 y justifica a Franco
La Diputación de Castellón ha editado un libro del coronel José Luis Lapeña Carrasco (1929-2005) que cuestiona que el levantamiento de 1936 fuera un golpe militar y justifica las actuaciones de Francisco Franco que dieron lugar a la Guerra Civil.
ALFONS GARCIA Franco, escribe el oficial, colaboró a partir del 18 de julio de 1936 con las demás fuerzas sublevadas "con el fin de dar a España un Régimen de Justicia, Paz, Orden y Armonía para todos los españoles".
La obra, la última publicada por la corporación que preside Carlos Fabra dentro de su colección Memòries, fue presentada por el vicepresidente y diputado de Cultura, Miguel Ángel Mulet, durante la última Feria del Libro de Castellón, en mayo de 2008, pero pasó sin pena ni gloria. El documento contiene, sin embargo, afirmaciones que pueden ser muy polémicas y que chocan con la historiografía establecida, en especial en lo que toca a la contienda entre 1936 y 1939.
Ésta, dice España, sueño imposible, que así se llama el libro, "no será un golpe militar al estilo de los del siglo XIX", sino que es vista como un conflicto entre dos partes "con ideas distintas e irreconciliables". En la zona "nacional", afirma Lapeña, "prevalecerá la visión del mundo de la clase media española, con sus valores y con sus defectos"; en la "republicana" -nótese la diferencia en los juicios-, "se intentará de cara al exterior disimular una mercancía anarquista, sindicalista o comunista, claramente proletaria, con la bandera de un liberalismo burgués, tranquilo y europeo, que conseguirá engañar durante algún tiempo a muchos ingenuos".
Así, continúa, mientras "la conciencia religiosa dará razón y sentido a toda una generación de jóvenes que irán a la muerte alegremente por su fe" (los franquistas), la "exaltación revolucionaria" producirá en el otro bando "un espíritu de lucha y una tenacidad dignos de mejor causa".
Si el alzamiento "nacional" no fue un golpe militar, según Lapeña, sí que lo fue, en cambio, lo que se produjo tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Este triunfo "había dado a trabajadores, parados y revolucionarios, una patente de impunidad alejada de todo principio de orden y autoridad". El Gobierno salido de las urnas "no hará otra cosa que ceder constantemente, ante el empuje revolucionario, que quiere imponerse y dominar toda España". "Era un auténtico golpe de Estado" que tenía como modelo la revolución rusa.
La tesis del coronel es, así pues, contraponer un intento de rebelión de corte bolchevique manejada desde Moscú -"la URSS actuaba en España como si esta fuese una República Socialista Soviética más", dice- con la resistencia de las clases medias españolas contra el comunismo y en favor del catolicismo.
El autor subraya así el apoyo de Pío XI al "Movimiento Nacional" y la declaración del cardenal primado de Toledo, Isidro Gomá: "Debe reconocerse que la guerra de España es una verdadera cruzada en pro de la religión católica".
de www.elplural.com
Edita un libro que defiende a Franco y niega que el levantamiento fuera un golpe militar
Fabra, de presunto corrupto a presunto nostálgico del franquismo
La Diputación de Castellón, donde gobierna el popular Carlos Fabra (imputado en nueve delitos de corrupción), ha editado un libro del coronel José Luis Lapeña Carrasco que cuestiona que el levantamiento de 1936 fuera un golpe militar, y justifica las actuaciones de Franco que dieron lugar a la Guerra Civil. La obra, según subraya Fabra en las páginas de presentación, se explaya en los momentos más cercanos de la historia de España dado su "gran conocimiento de causa".
“Franco - escribe el coronel José Luis Lapeña (1929-2005) en su libro- colaboró a partir del 18 de julio de 1936 con las demás fuerzas sublevadas "con el fin de dar a España un régimen de justicia, paz, orden y armonía” para todos los ciudadanos, segú relata el diario Levante.
El libro, que se llama "España, sueño imposible", sostiene que la guerra no fue "un golpe militar al estilo de los del siglo XIX", sino que se trató un conflicto entre dos partes "con ideas distintas e irreconciliables". En la zona "nacional", prevaleció "la visión del mundo de la clase media española, con sus valores y con sus defectos"; en la "republicana" -nótese la diferencia en los juicios-, se intentó "de cara al exterior, disimular una mercancía anarquista, sindicalista o comunista, claramente proletaria, con la bandera de un liberalismo burgués, tranquilo y europeo, que conseguirá engañar durante algún tiempo a muchos ingenuos". Así, mientras "la conciencia religiosa" dio "razón y sentido a toda una generación de jóvenes" que fueron "a la muerte alegremente por su fe" (los franquistas), la "exaltación revolucionaria" produjo en el otro bando "un espíritu de lucha y una tenacidad dignos de mejor causa".
Franco no protagonizó un golpe militar
Si el alzamiento "nacional" no fue un golpe militar, según Lapeña, sí que lo fue, en cambio, lo que se produjo tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Este triunfo "había dado a trabajadores, parados y revolucionarios, una patente de impunidad alejada de todo principio de orden y autoridad". El Gobierno salido de las urnas, insiste, no hizo "otra cosa que ceder constantemente, ante el empuje revolucionario", que quiso "imponerse y dominar toda España". "Era un auténtico golpe de Estado" que tenía como modelo la revolución rusa.
La derecha más acérrima
Las tesis de Lapeña se inscribe en la línea abierta por autores pro Franco como Stanley G. Payne, Pío Moa y César Vidal desde finales de los noventa, momento que coincide con la redacción del libro del militar de Castelló, en 1998.

