Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
miércoles, 30 de noviembre de 2011
El Roto sobre El Valle de los Caídos
Como para comentar este último punto, a la izquierda, una viñeta de El Roto sobre el Valle, publicada hoy en El País.
Cuando pueda, también intentaré echarle mi propia perspectiva sobre los asuntos de arriba al ciberespacio.
domingo, 31 de julio de 2011
El 20-N y las elecciones
El dibjuante Peridis lo retrató así en El País el 29 de julio de 2011:
domingo, 21 de noviembre de 2010
Opinión sobre la recomendación de "voladura" de la cruz de El Valle de los Caídos
La recién (y continua) polémica sobre el Valle de los Caídos y qué hacer con él me ha motivado a escribir este post, a pesar de ya haber comentado varias veces en el blog este lugar de la memoria y desmemoria. Ante todo creo que es importante reconocer una vez más que no soy española, no viví por una dictadura, ni tengo familiares afectados por una guerra o dictadura. Por lo tanto, puede que haya los que piensan que no tengo derecho a opinar sobre este tema, o que sencillamente no lo entiendo bien. Reconozco que, con lo que voy a decir abajo, también puede haber los que piensan que me opongo a otras iniciativas parecidas (o nacidas del mismo impulso ideológico) pero no es así. Sigo en contra de la colaboración de la Iglesia y el Estado -- en Estados Unidos, en España o en cualquier lugar. Creo que la no-separación representa un peligro al proceso democrático en un sentido doméstico tanto como internacional. Finalmente, he de repetir que no pretendo equiparar el contexto histórico estadounidense con el español, solamente utilizar mi perspectiva desde aquí para evaluar el sitio polémico de El Valle de los Caídos -- y sobre todo, la recomendación de la "voladura" de la cruz hecha hace unos días por parte del Foro por la Memoria (para ver una lista muy completa de enlaces sobre esta noticia, ver el blog de Eduardo Montagut).
Como suele pasar en internet, muchas veces leemos de segunda mano lo dicho. Sin duda, es importante saber cómo varios medios han retratado un acontecimiento. Pero siempre es mejor empezar con la cita misma, con la fuente de la polémica en sí. Un documento en la página del Foro por la Memoria, en el que se exponen varias recomendaciones para qué hacer con el lugar, expresa así el deseo de ver desaparecer la cruz enorme que reina sobre la Basílica del Valle de los Caídos: "La gran cruz debe ser desmantelada, de ninguna forma puede consentirse que se siga alzando hacia el cielo ese símbolo de muerte y venganza. Propugnamos una voladura (controlada) como culminación de un gran acto público nacional de desagravio a las víctimas del franquismo."
Es importante notar que, de todas las recomendaciones hechas por el Foro por la Memoria (algunas con las que concuerdo más que otras) en el mismo texto, la que más se ha enfatizado en los medios es la de la cruz. No es una casualidad. Especialmente después de la visita del Papa y sus comentarios sobre los años 30, el tema de la religión y el laicismo está más presente que nunca en el ámbito mediático.
Es difícil, incluso imposible, ver de forma neutral la cruz de los caídos. Para unos, sigue siendo un arma que se usó contra el pueblo; es una cruz construida con la sangre, el sudor y la vida de presos, una cruz construida para ser visible desde lejos, una cruz no para consolar, sino para provocar miedo y sumisión ante el dictador y su régimen. Para otros, la cruz es el símbolo máximo de la fe cristiana, la señal de una herencia que insisten es católica, y solamente católica. Es, dicen, parte de una herencia religiosa, histórica y cultural y quitarla es destruir parte del patrimonio nacional.
En los últimos años hemos visto la retirada de muchos símbolos franquistas, aunque quedan varios todavía visibles. Las iglesias, catedrales y otros lugares religiosos han gozado de ciertas exenciones, gracias a la Ley de Memoria. Artículo 15.1 y 15.2 dice:
Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas (1). Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley (2).¿Cómo leer la cruz del Valle de los Caídos con respecto al artículo de arriba? Es verdad que existe un artículo específico (núm. 16) que dice regular lo que pasa en el Valle. Pero nadie se ha atrevido a hablar de la cruz como otro símbolo más de la dictadura que hay que retirar...hasta ahora. En este caso, no es un escudo, una insignia o una placa. La cruz, en España, es como el símbolo por excelencia bajo el cual existen los demás símbolos dictatoriales.
Por un lado, empatizo con el sentimiento tras la recomendación del Foro por la Memoria. Para ellos y los que comparten esta opinión, eliminar la cruz por completo es imprescindible para dar un paso más a la verdad, justicia y reparación. Dejar la cruz es un insulto, y admite una relación con el pasado que el gobierno actual es incapaz de cambiar o terminar. Parece que el Estado ha querido fingir -- hasta la aprobación de la Ley de Memoria (e incluso después) -- que el Valle de los Caídos existía por su cuenta, como su propia entidad, libre de las restricciones ejercidas en el resto de la sociedad democrática. El Estado no ha querido asumir responsabilidades por lo que sucedía o sucede en el Valle. De esta manera, el Estado no tenía que reconocer o condenar el papel de la Iglesia durante la guerra y la dictadura, ni el legado oscuro del lugar. Al citarlo explícitamente en la Ley de Memoria, por lo menos intentó indicar su estatus polémico, asegurando que queden excluidos del lugar "actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo."
El problema con el Valle de los Caídos es el uso político que se quiere hacer del lugar. No se trata de sólo la intromisión de la Iglesia en el Estado, sino también el hecho de que la Iglesia no ve problemático apelar a la política durante sermones y misas celebradadas en homenaje a ex-dictadores. Hemos visto varios ejemplos en que la Iglesia ha intentado influir directamente el resultado de elecciones presidenciales (esto ha ocurrido también en Estados Unidos, por parte de curas que se han negado a dejar comulgar a los que no se opongan al aborto, por ejemplo, o durante la presidencia de Bush, en que los religiosos usaban su puesto para recomendar un voto en contra de John Kerry) y otros momentos políticamente decisivos. Derribar la cruz en el Valle de los Caídos no va a des-politizar el lugar, ni mucho menos. En cambio, lo haría aún más cargado de política, significando que quedaría más lejos todavía la esperanza del Foro por la Memoria que se convierta en un "Memorial dedicado a las víctimas del fascismo y a los presos políticos que lo construyeron como trabajadores forzados."
Como he dicho ya, empatizo con y respeto la opinión del Foro por la Memoria sobre la "voladura de la cruz." Pero no creo que hayan evaluado bien (quizás no les importe este aspecto) el efecto de un término como "voladura" en relación con una cruz. La violencia dentro de esta palabra irónicamente demuestra la urgencia que siente el Foro por construir algo nuevo. Es como si el Foro pensara que podía empezar todo de cero por borrar el símbolo más visible de la dictadura. Pero además, la violencia implicada en una voladura no hace más que dar vigor a la derecha que cree que la izquierda se constituye de rojos ateos fuera de control. Es echar leña al fuego, es animar comentarios como los del Papa Benedicto. Si lo que se desea es el respeto, la dignidad y la tolerancia de la memoria de los vencidos, si lo que se espera es que un día exista una especie de "reconciliación" o consenso sobre el pasado, entonces pedir una voladura de la cruz me parece el camino equivocado.
Hace unos días, en un artículo de opinión, el historiador Julián Casanova comentó: "Es necesario dar a conocer la relación de víctimas de la violencia franquista durante la guerra y la posguerra, ofrecer la información sobre el lugar en el que fueron ejecutadas y las fosas en las que fueron enterradas." Casanova ha dicho cosas semejantes en muchos otros artículos, ponencias y libros; es uno de los historiadores españoles cuya opinión más respeto. Pero al terminar su artículo, hizo un comentario que me llamó especialmente la atención, cuando recordó que tampoco "puede dejarse de lado, abandonar o destruir, la memoria de los vencedores. Sus lugares de memoria son la mejor prueba del peso real que la unión entre la religión y el patriotismo tuvo en la dictadura. No es posible renunciar al objetivo de saber, a que coexistan memorias y tradiciones diferentes." Concuerdo con el sr. Casanova, y creo que su opinión puede aplicarse a la situación del Valle de los Caídos.
Dinamitar la cruz, aunque fuera una "voladura controlada," sería como quitar la cabeza enorme de una estatua, y dejar el resto del cuerpo del jinete en su caballo para que la gente especulase sobre su identidad. Es más, por la carga religiosa de este símbolo en particular, ¿no resultaría difícil pensar en el lugar como un espacio de reconciliación? ¿No sería como ver imposible cualquier diálogo con el "otro lado"? Es verdad que el Valle de los Caídos ha sido, por mucho tiempo, un lugar de desmemoria, tanto para españoles como para extranjeros. Pero en los últimos años la Ley de Memoria, los aniversarios de la muerte de Franco y los logros del movimiento memorialista han ayudado a revelar más y más la historia enterrada allí demasiados años. El sitio ya no es lo que era, y es capaz de transformarse más todavía. Pero no se puede hacer todo de un golpe; la memoria no se transforma de la noche a la mañana, y sólo porque se ha quitado o destruido uno de los símbolos máximos de la represión no significa que de repente el lugar pierda su vínculo con el pasado dictatorial. En ese sentido, comparto la opinión del sr. Casanova, que ve necesario no "destruir la memoria de los vencedores" por entender en sus lugares de memoria evidencia visible de la relación entre Iglesia y Estado en la España del siglo XX. Es posible que un día exista un museo donde ver las placas o estatuas de la dictadura. Pero esto sería imposible para la cruz, por su tamaño y porque ya no existiría como tal.
No creo que la cruz se vaya a retirar de donde está ahora. Costaría demasiado dinero, produciría demasiadas peleas y sería muy peligroso derribarla. Este es un asunto muy complicado, porque desde luego la cruz no es el único tema cuando se habla del Valle, sino también la Basílica en sí y las prácticas religiosas practicadas allí, las tumbas de Franco y Primo de Rivera y los restos contenidos en las criptas. La recomendación del Foro es buena en el sentido de que ha motivado la discusión sobre el sitio. Y la memoria se transforma mediante el debate.
Pensando en la polémica de la cruz, fui a buscar mis fotos de 1998, año en que hice mi primera y única visita a El Valle de los Caídos. Ya he escrito en otro post sobre aquella experiencia, así que por ahora me limitaré a subir la foto de abajo. No pude encontrar las demás fotos, porque las saqué del álbum para enseñárselas a mis estudiantes en algún momento y no sé donde están ahora. Pongo la foto de abajo como símbolo de mi ignorancia total del significado del lugar en aquel año.
En la foto, creo que miro hacia la cruz, con el paisaje detrás de mí. Para mí la cruz era, en aquel momento, un símbolo religioso. Era como si visitara cualquier otra catedral española, excepto por la cruz enorme que dominaba todo; no tenía realmente la más mínima conexión histórica para mí. Si no fuera por mi compañero (español), quien realmente no tenía ninguna ganas de acompañarme, no habría sabido de la existencia de las tumbas dentro. Avanzar rápido 12 años. Sé lo que es el Valle ahora, lo que ha sido, lo que era en un principio. No tengo muchas ganas de volver a ver este lugar, pero si regresara, ya sé que lo haría con otro conocimiento y otro fin. Al pensar en las recomendaciones del Foro, aún me quedan estas preguntas:
- ¿podría transformarse el sitio en un Memorial si permaneciera la cruz?
-¿qué harían con las tumbas de Franco y Primo de Rivera?
-¿cómo tratar la exhumación de restos de las criptas del Valle?
-¿visitarían el lugar más españoles si supieran que ya no era un lugar estrictamente de memoria franquista?
-¿qué pasaría con el artículo 16 de la Ley de Memoria? ¿No tendría que re-escribirse para reflejar los cambios?
-¿qué significa la "batalla" de este lugar para la identidad democrática o "nacional" de España?
-¿es posible tener un lugar de memoria fascista y no seguir las normas de otros países europeos, como Alemania (país frecuentemente citado, al igual que Argentina, cuando se habla de la memoria histórica en España)?
-¿cómo re-escribir la historia de El Valle de los Caídos, sin perder o borrar esa misma historia?
Creo que he llegado al fin de este post, pero no creo que haya terminado la discusión sobre este tema. Dejo las preguntas de arriba como puntos a los que habrá que volver en los siguientes meses (e incluso, años).
sábado, 20 de noviembre de 2010
Artículo sobre la tumba de Franco (en inglés): "Should Spain Close Franco's Tomb?"
Should Spain Close Franco's Tomb?
By LISA ABEND – Sat Nov 20, 1:30 am ET
Every year around this time, a tempest brews in the mountains just north of Madrid. On the weekend closest to Nov. 20, devotees of Francisco Franco, who died on that day in 1975, travel to the elaborate basilica-turned-mausoleum called Valley of the Fallen, where he is buried. There, they pay homage to the general who ruled Spain as dictator for nearly 40 years. Because the site is owned by the state, the event produces heated complaints over the Spanish government's continued financial support for what some see as a monument to fascism. But this year, it isn't just the leftists who are up in arms; the small band of monks who oversee the basilica have their own reasons for gently rebelling.
One year after his Nationalist forces won the 1936-39 civil war that ignited when he helped stage a coup against Spain's democratically-elected government, Franco commissioned the Valley of the Fallen as a monument to the war's dead. When it was at last inaugurated in 1959, the dictator dedicated the site to "all the fallen" and had the bodies of Republican soldiers disinterred and re-buried there. Yet because the monument was built in part by the forced labor of political prisoners, and because its most striking icons - from the Pieta at the foot of a massive, 490-foot cross, to the looming statues of crusaders that line the walls of the underground basilica - were emblems of the dictator's National Catholicism, the Valley of the Fallen has always been closely identified with the war's victors. The presence there of the tombs of both the founder of Spain's fascist party and Franco himself only reinforce that association. (See TIME's Francisco Franco covers.)
"The idea that this is a monument for all the dead is historically inaccurate," says Julian Casanova, professor of history at the University of Zaragoza. "It's like building a pyramid and saying it's not about the pharaoh buried there."
Which is why several thousand Spaniards will trek to the Valley this weekend. For many, it will be an opportunity to commemorate the dictator's passing with a funeral Mass. Others will punctuate their march from Madrid to the monument with fascist salutes and songs. And all of them will be met by another group, smaller but no less fervent, who will be there protesting the fact that the government continues to financially support the place. (See TIME's 2005 piece: "Farewell to Franco.")
In Spain, a country that has yet to completely reconcile the divisions created by its brutal civil war and nearly 40-year dictatorship, this is all business as usual. But this year, Nov. 20 brings with it an added complication: the basilica is shut. Two weeks ago, the government institution that oversees the national patrimony closed access to the monument's interior for renovations, citing a dangerous state of disrepair. "There was a problem with several of the stone sculptures, including the Pieta, that were falling apart," says a source within the National Patrimony office. "We had to close it to the public."
The tourists who make Valley of the Fallen one of Spain's most visited sites have largely been understanding. But that is not necessarily the case with the basilica's overseers. In 1957, Franco had a monastery installed at the site and ever since, the twenty or so Benedictine monks who live there have conducted Mass inside the church. Last week, unable to welcome the public into the church, they instead held the service outdoors. "The Law of Religion protects worship," says Father Anselmo, the monastery's abbot. "We celebrated the Eucharist with dignity and serenity, while exercising our freedom of belief." (Will bureaucracy fell Spain's one-man cathedral?)
Some Spaniards, who have watched the socialist-led government pass a Law of Historical Memory that eradicates statues of Franco from public spaces and bars the "exaltation" of his regime, see the basilica closing as an attempt to suppress the homages that normally occur around this time of year. "I don't know what their motives are," says engineer Juan Ignacio Tortosa, 45, who attended the outdoor service. "But I do know that if the abbot hadn't made this decision to hold the outdoor service, the government would have had the good luck of no one showing up this weekend [for the commemorative Mass].
Indeed, this year's polemic occurs against a backdrop in which the future of the Valley of the Fallen is in doubt. Several political parties have argued that it should be turned into a museum about the civil war, while other groups have demanded that, at the very least, Franco's body should be removed and re-interred in his family's plot. The Forum for Historical Memory, an organization that represents the families of Franco's victims, even suggested recently that the whole complex should be "blown up."
At the offices of the National Patrimony, they deny having any motive other than keeping the public safe, and expect the basilica to re-open by the middle of December, if not sooner. In the meantime, Father Anselmo will conduct another outdoor service this weekend, this one a funeral rite held in the memory of "brother Franco."
It's true, Father Anselmo admits, that there will likely be a small group of people who spend a few minutes after the service giving fascist salutes and singing the Falangist theme song "Cara al Sol." But he, too, stresses that his actions are not political. "The Valley of the Fallen is about reconciliation," he says. "Reconciliation through a religious path."
But given the continued debate over what the monument signifies, true reconciliation seems far off. As this weekend demonstrates, unending controversy and conflict are far more likely.
View this article on Time.com
jueves, 18 de noviembre de 2010
Editorial de Julián Casanova: "Treinta y cinco años sin Franco"
Treinta y cinco años sin Franco
JULIÁN CASANOVA
EL PAÍS - Opinión - 19-11-2010
A las diez de la mañana del 20 de noviembre de 1975, unas horas después de que se anunciara oficialmente su muerte, Carlos Arias Navarro leyó en público el testamento político de Francisco Franco, un "hijo fiel de la Iglesia" que solo había tenido por enemigos a "aquellos que lo fueron de España".
El domingo 23, en el funeral de Estado, Marcelo González Martín, cardenal primado de España y arzobispo de Toledo, recordó el deber de conservar "la civilización cristiana, a la que quiso servir Franco, y sin la cual la libertad es una quimera". Esa misma tarde, una losa de granito de 1.500 kilos cubrió la fosa abierta para el caudillo en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, junto a la tumba de José Antonio Primo de Rivera. Bendecido por la Iglesia católica, sacralizado, rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. Así murió Franco.
Su legado y el de la larga dictadura que presidió no es fácil resumirlo y es objeto de debate entre historiadores y de encontradas opiniones entre la ciudadanía.
Franco buscó y consiguió la aniquilación de sus enemigos que, si eran solo los de España, fueron en verdad muchos. Gobernó con el terror y la represión, pero también tuvo un importante apoyo social, muy activo por parte de las numerosas personas que se beneficiaron de su victoria en la Guerra Civil y más pasivo de quienes cayeron en la apatía por el miedo o de quienes le agradecieron la mejora del nivel de vida durante sus últimos 15 años en el poder.
Cuando murió, su dictadura se desmoronaba. La desbandada de los llamados reformistas o "aperturistas" en busca de una nueva identidad política era ya general. Muchos franquistas de siempre, poderosos o no, se convirtieron de la noche a la mañana en demócratas de toda la vida.
La mayoría de las encuestas realizadas en los últimos años de la dictadura mostraban un creciente apoyo a la democracia, aunque nada iba a ser fácil después de la dosis de autoritarismo que había impregnado la sociedad española durante tanto tiempo.
Tras una compleja Transición, sembrada de conflictos y de obstáculos, la democracia cambió el lugar de España en Europa, con su total integración en ella, uno de los sueños de las élites intelectuales españolas desde finales del siglo XIX.
El reto de los españoles del siglo XXI ya no consiste en crear una democracia plena con igualdad de derechos y libertades, caballo de batalla, a veces sangriento, de algunas de las generaciones que nos precedieron, sino en seguir cambiando para mejorarla y reforzar la sociedad civil y la participación ciudadana.
Treinta y cinco años después de la muerte del último dictador de nuestra historia, la sociedad española ha podido dejar atrás algunos de los problemas fundamentales que más le habían preocupado en el pasado. Pero desde su tumba, Franco parece mostrar todavía el camino a seguir en otros no menos importantes.
El Valle de los Caídos fue suyo en vida y continúa siéndolo tras su muerte, incapaces los Gobiernos democráticos de establecer una política coherente de gestión pública de esa historia. Las miradas libres a ese pasado traumático y la reparación política, jurídica y moral de las víctimas de la violencia franquista generan el rechazo y el bloqueo de poderosos grupos bien afincados en la judicatura, en la política y en los medios de comunicación.
Y la jerarquía de la Iglesia católica, que ha logrado preservar con creces en la democracia la privilegiada situación que el franquismo le donó, protege con uñas y dientes sus finanzas y sus derechos adquiridos en la educación y discute, con el apoyo enérgico del Vaticano, cada palmo de territorio que el Estado quiere conquistar en el orden moral. Treinta y cinco años sin Franco y no tenemos una ley de libertad religiosa adaptada a la actual sociedad democrática plural y culturalmente diversa.
Asentada la democracia, debemos recordar el pasado para aprender. Miles de familias están esperando que el Estado ponga los medios para recuperar a sus seres queridos, asesinados, escondidos debajo de la tierra, sin juicios ni pruebas, para que no quedara ni rastro de ellos. Es necesario dar a conocer la relación de víctimas de la violencia franquista durante la guerra y la posguerra, ofrecer la información sobre el lugar en el que fueron ejecutadas y las fosas en las que fueron enterradas.
Y frente a esas historias todavía por descubrir, no puede dejarse de lado, abandonar o destruir, la memoria de los vencedores. Sus lugares de memoria son la mejor prueba del peso real que la unión entre la religión y el patriotismo tuvo en la dictadura.
No es posible renunciar al objetivo de saber, a que coexistan memorias y tradiciones diferentes. Pero para eso, antes, hay que remover los obstáculos que impiden rescatar de las cunetas y de las fosas perdidas a las víctimas de tanta tortura y asesinato. Treinta y cinco años después de la muerte de su principal responsable.
domingo, 22 de noviembre de 2009
La Iglesia Católica, homenajeando a dictadores y falangistas -- ¿es pecado?
Esta mañana, he leído una noticia en el New York Times que dice que al hijo de Ted Kennedy (el senador recientemente fallecido de Massachusetts) le han negado la comunión en una iglesia del estado de Rhode Island. El obispo y Patrick Kennedy se han envuelto en una lucha de palabras muy pública, con el obispo y sus tropas explicando que Kennedy no es un "buen católico," porque apoya el derecho al aborto, y por eso, no se puede comulgar. Es más, el obispo les ha instruido a los demás curas del diócesis no permitir que Kennedy comulgue. Reacciones así de la Iglesia no hacen más que repelar a la gente. Si la Iglesia tiene tantas dificultades reclutando a feligreses, ¿por qué no se da cuenta de que parte del problema empieza con ellos? El papel de la Iglesia no es manipular la política. ¿Estos obispos van a averiguar la postura en torno al aborto de cada persona que asiste a misa? Por supuesto que no -- a por Kennedy, porque es demócrata. Sólo hay que ver lo que le pasó a John Kerry durante la campaña de 2004 para ver que si eres político y católico, debes estar "pro-vida" - or else.Todos conocemos bien la relación íntima entre la Iglesia y el Estado en España durante el franquismo, pero la España actual tampoco ha podido romper los lazos que le une a la Iglesia, como se ha visto en lo que se refiere al papel que juega la religión en las aulas, o al tema del aborto y los anti-conceptivos. Lo que me pone enferma es ver que aún sigue habiendo religiosos que no ven ningún problema en homenajear a Francisco Franco o José Antonio durante una misa. NO ESTA BIEN y debe existir una multa por hacerlo. Con todo lo que nos ha enseñado la historia reciente y el movimiento memorialista....con todo lo que se sabe de la relación entre la Iglesia y el Estado durante el franquismo (algo de lo que han escrito hasta religiosos practicantes, como Hilari Raguer).....con la Ley de Memoria....con las fotos de exhumaciones y la evidencia de tortura, desapariciones, fusilamientos, etc.....uno pensaría que la Iglesia por fin condenaría actos como los que siguen, pero no. Pregunto yo, ¿es un pecado homenajear a los responables para miles de muertos? ¿En Alemania se reza para el alma de Hitler, o en Chile, para el de Pinochet?
La Iglesia bendice otro acto ilegal por el 20-N
Un cura bendijo a Primo de Rivera en el acto ilegal de los falangistas en Madrid
PÚBLICO.ES - MADRID - 22/11/2009 14:51
El partido FE-La Falange convocó otra vez un nuevo acto ilegal para homenajear a José Antonio Primo de Rivera, al que anoche acudieron más de doscientas personas. La concentración tuvo lugar entre el número 24 de la calle Génova de Madrid, donde nació el fundador de La Falange, y Moncloa, desde donde posteriormente partieron hacia el Valle de los Caídos.
El acto comenzó con el discurso de Manuel Sainz de Inestrillas, seguido del ex líder falangista Gustavo Morales y el del actual presidente nacional de la Falange Manuel Andrino. Como era de esperar, sus discursos estuvieron plagados de críticas hacia el Gobierno de Zapatero y también hacia el Partido Popular.
Rodeados de más de doscientas personas entre las que se encontraban representantes de las falanges de Alemania, Italia, Francia o Bulgaria los dirigentes llamaron a la "unidad" y pidieron a los allí presentes "sentirse orgullosos de ser falangistas".Tras los discursos comenzó la marcha que arrancó desde la calle Génova, donde un percance con uno de los asistentes obligó a la policía a intervenir, y se dirigió hacia Moncloa, donde llegaron tras más de una hora de recorrido en la que no pararon de gritar consignas a favor de Primo de Rivera y de la Falange.
La Iglesia no se lo perdió
Una vez en Moncloa un cura dedicó unas palabras a Primo de Rivera antes de rezar un padre nuestro y de bendecir la corona que un séquito de unas cincuenta personas llevaron hasta el Valle de los Caídos donde ofrecerán una misa en recuerdo del ex mandatario falangista.
El año pasado por estas fechas, un fuerte dispositivo de Guardia Civil impidió la entrada con simbología fascista a las dos marchas falangistas que se acercaron al Valle. El artículo 16 de la Ley 52/2007 de Memoria Histórica, consagra el Valle de los Caídos como un lugar de culto "no siendo posible en ningún lugar del recinto llevar a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas o del franquismo".
Y hoy también
Durante la mañana de hoy han seguido los actos. Cientos de personas se han congregado esta mañana en el centro de madrid, Como todos los años, se ha llevado a cabo una celebración en recuerdo Franco y al Fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. Se ha celebrado en la Plaza de Oriente a las 12 horas.
La Confederación Nacional de Ex Combatientes ha convocado la concentración donde se ha leído un manifiesto y se ha escuchado el 'Cara al Sol'. A las 14.30 horas tendrá lugar un almuerzo de la hermandad en el Hotel Centro Norte.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Sobre el reportaje "Lo que queda de Franco" de RTVE
viernes, 20 de noviembre de 2009
"Lo que queda de Franco" de RTVE
Se cumplen ya más de 30 años de la muerte de Franco y aunque haya ya 2 generaciones que no han conocido la España de la dictadura, la sombra del Generalísimo y su simbología aún perdura. En calles y edificios oficiales aún quedan reliquias de la simbología fascista.
domingo, 23 de noviembre de 2008
"El Follonero" en El Valle de los Caídos
En el reportaje, tras enviar a una pareja gay al Valle de los Caídos en una parodia del concurso de Cuatro Pekín Express, el Follonero se dirigió a la tumba del dictador y realizó el siguiente monólogo: "Paco, te voy a contar cómo está España. ¿Sabes quién manda? El nieto de un republicano. Y a los invertidos les llaman gays y se pueden casar, ¡y el Real Madrid lo han eliminado de tu Copa, bueno, la tuya no, la del rey. Lo ha eliminado un equipo vasco!" ("La Falange no amenaza, demanda").Por su parte, la Falange ha expresado en un comunicado su decisión de denunciar a los productores del episodio "ante los juzgados."
sábado, 22 de noviembre de 2008
"20-N: los últimos días de Franco"


"La mayoría de los españoles ya ni nos acordamos de lo que era el 20-N," comentó el jueves 20-N José Luis Rodríguez Zapatero. Según ZP, la memoria y el olvido parecen ser una especie de elección personal: "'Los residuos que quedan (del franquismo) irán desapareciendo poco a poco; habrá gente con más disponibilidad a que eso suceda y otras con menos'" (citado en Colpisa). Son comentarios curiosos de un líder bajo cuya presidencia se ha aprobado la Ley de Memoria y que, hace sólo unas semanas, hablaba a favor del auto del juez Garzón. Puede que las críticas a ZP con respecto a la economía hayan hecho que responda con más cuidado todo lo relacionado con el discurso de la memoria histórica, especialmente cuando ciertos líderes del PP se han empeñado en señalar el "pasado violento" del PSOE.
Por ejemplo, el 19 de noviembre Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad y del PP de Madrid, recordó el asesinato de Calvo Sotelo, en lo que tiene que ser el acontecimiento más citado de la derecha en cuanto a los antecedentes de la GCE (con la Revolución de Asturias en segundo lugar). La "Espe" también criticó al PP que según ella, al decir que "'había que mirar hacia adelante, le ha hecho aparecer como franquista'" ("Aguirre: 'El PSOE sí tiene un pasado violento'").
Resulta interesante observar la manera en que los dos políticos, por lo menos en el contexto de estos comentarios, parecen querer deshacerse del pasado. Por su parte, ZP recuerda la influencia de la distancia temporal y las ganas que tiene (o no) la gente de proseguir más allá de las huellas del franquismo, mientras que para Aguirre, lo importante es apuntar que el otro "bando" es el que necesita disculparse.
Como para responder los comentarios de ZP, justo cuando parecía que este 20-N no se iba a recordar públicamente (aparte de unos falangistas dedicados), me enteré de"20-N: los últimos días de Franco," una peli hecha para televisión que se estrenó en Antena 3 el jueves. Según parece, el filme made for TV tuvo mucho éxito (tal vez más de lo esperado), "disparando sus datos hasta el 19.7%, lo que le permite dar batalla en el cuarto día de la semana por primera vez en mucho tiempo" ("Había interés por ver la muerte de Franco"). El éxito relativo de la peli realmente no es de extrañar, ya que presenciar la muerte de cualquier dictador es una obsesión frecuente. Sólo hay que pensar en la cantidad de libros que imaginan la muerte de Franco - o en todas las películas que han salido sobre los últimos días de Hitler.

El tratamiento repetido de la agonía de Franco es intrigante, pero ya se ha escrito mucho en un nivel crítico y teórico sobre esta cuestión, y sobre la manera en que tales representaciones pueden ser síntomas de un deseo de matar simbólicamente a esta figura. No es mi intención demorarme en este asunto aquí.
Sin embargo, sí quería mencionar a Manuel Alexandre, el actor que desempeña el papel de Franco (el que, a mi parecer, a veces se ve más como Pinochet que Franco). Es muy interesante que parte de la peli se filmara en el Pardo (en el dormitorio y el comedor del dictador, entre otros lugares); así, las escenas están impregnadas, como nos explica el director, de una "autenticidad" y un "realismo." Aún así, la perspectiva de Alexandre sobre el pasado franquista es, según el actor, sumamente "apolítica," característica que tal vez fue necesario para que Alexandre pudiera encarnar de forma más auténtica a Franco (ver "Vea un adelanto de. . ."):
"Ni tengo pasado ni recuerdo nada de él. El 1 de julio de 1940 decidí borrar para siempre de mi cabeza la política de este país. Desde entonces soy radicalmente apolítico", explica a El Mundo si se le pregunta por sus recuerdos del franquismo.Por un lado, se puede entender, apreciar y respetar la postura de Alexandre. Pero por otro lado se puede leer los comentarios como evidencia de que, a pesar de lo que piensa ZP, no es verdad que "la mayoría de los españoles" no se acuerde "de lo que era el 20-N." ¿Para quién -- y a quién está hablando ZP cuando dice esto? Es obvio que sigue interesando el tema de la muerte de Franco. ¿Es porque ya no hay recuerdos de aquella fecha (y así, ganas de "recordarla" o imaginarla) o porque hay espectadores que buscan que los actores confirmen la historia que piensan conocer ya? O, ¿puede ser que, después de tantas representaciones, lo que se busca es olvidar por medio de una versión definitiva que, como promete Antena 3, va a contestar las preguntas que aún tienen los espectadores sobre la muerte de Franco?
Sobre aquella época, el actor asegura que "Me repugnaban los unos y los otros. Iba a un pueblo y me decían que los fascistas habían matado a 200 y yo decía: 'Qué hijos de puta'; iba a otro pueblo y me decían que allí los rojos habían matado a otros 200 y yo repetía siempre lo mismo: 'Qué hijos de puta'".
"Se hicieron muchas barbaridades, por eso no quiero saber nada de aquello". ¿Y cómo se prepara un personaje sin memoria y sin querer recordar esa época? "Ese trabajo lo han hecho los guionistas y el director, que al final son los responsables de todo. Yo sólo pongo la guinda a su trabajo", dice como mirando hacia otra parte.
En un fragmento de la peli, un médico del equipo de quirófanos del dictador expresa su molestia de que tenga que operarle a Franco, alguien que ha gobernado casi 40 años. Su queja es un recordatorio de que el pasado no es pasado, o que la historia sigue evolucionándose. Vista al lado de todas las imágenes de las exhumaciones de las fosas comunes, la muerte de Franco -- su "agonía" -- parece espantosamente libre de sufrimiento. Aún así, "operar" a Franco, o imaginar su cuerpo debilitado bajo la navaja, puede ser representativo de una justicia que nunca llegó. Pero en vez de olvidar a Franco, es concienciar al público de quien era, de qué era responsable. Es hacer presente la historia. De momento, sigue habiendo necesidad de "recordar" el 20-N.
martes, 18 de noviembre de 2008
Revisiones: antes del 20-N
Norberto Pico, el secretario general de FE JONS, explica en el sitio oficial de Falange que la Guardia Civil impidió ayer el acceso al Valle "a quienes asistían a la Misa por el eterno descanso del alma de José Antonio Primo de Rivera." Luego denuncia la "falsa democracia" española y se queja de que los falangistas "llevamos décadas padeciendo esta falta de libertades." No le voy a conceder al sr. Pico el honor de difundir los vídeos de Falange, pero cabe decir que el grupo tiene su propio canal en YouTube, y que en uno de los fragmentos, se ve una quema de la bandera republicana en un 18 de julio del siglo XXI.
No es una gran noticia que aún existan grupos así en España, ni que deseen crear y mantener su propia especie de "memoria histórica," con la que esperan conseguir la participación de los más jóvenes de la sociedad. Hay de todo, y en todo el mundo. La idea principal es apelar a los que se sienten oprimidos, frustrados, o castigados de alguna manera por "el sistema," como se diría en inglés.
Stanley Payne, el historiador y profesor jubilado de la Universidad de Wisconsin-Madison, ha escrito algunos de los títulos más conocidos en inglés sobre el caso del fascismo español. Sebastiaan Faber, en su libro reciente Anglo-American Hispanists and the Spanish Civil War, habla un poco del fenómeno del historiador extranjero como resultado curioso de la dictadura franquista:
One of the curious side effects of the Franco dictatorship has been the prominence and popularity bestowed on the foreign intellectuals who wrote about Spanish history and culture during and following his rule. Hispanistas such as [Herbert] Southworth, Paul Preston, Pierre Vilar, Hugh Thomas, Gabriel Jackson, and Stanley Payne have enjoyed a success among the Spanish public that no foreign expert on French or British history will ever enjoy in France or Britain. This is, in part, because the Spanish have long been unusually preocuppied with foreign views of themselves, but also because, during and even after the dictatorship, the foreign historians' scholarly freedom and aura of objectivity granted them a credibility not easily available to any Spanish historian. (180)En otro momento, cuando recién inciaba mis estudios universitarios hace más de 15 años, es posible que hubiera categorizado a Payne con los demás historiadores foráneos (mayormente británicos) como Paul Preston o Hugh Thomas. Ahora, considerando el tipo de comentarios y argumentos que produce Payne, creo que lo ubicaría más al lado de alguien como Pío Moa, cuyo libro revisionista de la guerra civil - el bien denomiado Los mitos de la guerra civil - creó tanta polémica cuando salió (pero que, al mismo tiempo, sigue generando interés por determinados sectores de la población).
El 3 de noviembre, en el Diario de Cádiz, y el 16 de noviembre en publico.es, Payne ha concedido entrevistas sobre su nuevo libro, España, una historia única, y sus pensamientos en torno a la Ley de Memoria, las exhumaciones, y las iniciativas del juez Garzón. Por supuesto el libro sale justo antes del 20-N. No lo he leído - y probablemente nunca lo leeré -- pero la descripción en Casa del libro es revelador: "el autor es afín ideológicamente a autores tan potentes como Pío Moa o César Vidal, y a medios como Libertad digital, El Mundo o La Razón. Nuestra historia estudiada desde fuera siempre supone un plus de interés para los lectores, se trata de una historia global de España."
No puedo comentar este libro en particular, pero si la perspectiva de Payne en esta entrevista nos sugiere algo de su pensamiento crítico, no es una historia global, como vemos en estos fragmentos (la pregunta del entrevistador está en negrita):
¿Qué opina de la represión franquista?Hay "revisionistas" de todo tipo en la historia, y las formas de "revisar" el pasado son innumerables. Pero el 20-N no es sólo para homenajear a los viejos padres de Falange y del régimen. Hace unos años, salió un documental de cortos producidos de directores jóvenes, Entre el dictador y yo. Todos tenían que responder la pregunta, "¿Cuál fue la primera vez que oí hablar de Franco?" Y este año se ha firmado por diversos intelectuales y artistas un manifiesto a favor del juez Garzón, que se presentará el 20 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Porque el auto del juez también puede revisar. Pero primero, tiene que contar.
Fue un error y en muchos casos un crimen. Pero hubiera sido lo mismo si hubieran ganado los otros. No es una justificación, es una perspectiva histórica.
¿Vincula a la izquierda actual con la republicana?
El Partido Socialista nunca ha pedido perdón por comenzar su propia guerra civil en 1934 y cometer asesinatos de masa. Es el mismo partido que el actual.



