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domingo, 30 de enero de 2011

Tráiler: Alomà. Una utopía, una esperanza

Hoy me ha llegado un enlace al siguiente tráiler:


Alomà. Una Utopía, una Esperanza from Ramon Gras on Vimeo.

Ver blog del director (nieto de Josep Alomà) aquí

En el primer post, escrito en 2009, dice:
Benvinguts al Memorial de Josep Alomà.

El present blog suposa un nou punt de trobada per a totes aquelles persones interessades en la trajectòria de Josep Maria Alomà i Sanabras, històric militant cenetista de Tarragona.

El naixement d' aquest espai coincideix en el temps amb dos fets significatius relacionats amb Alomà: d' una banda, l' Homenatge a Josep Maria Alomà que es materialitzarà aquest novembre a la ciutat de Tarragona. De l' altra, la celebració del centenari del seu naixement.

Josep Alomà fou primer tinent d' alcalde i Conseller de Cultura i Patrimoni de l' Ajuntament de Tarragona, alhora que director del Diari de Tarragona durant la guerra civil. Mestre de formació bàsicament autodidacta, presidí el Consell de l' Escola Nova Unificada (CENU) de Tarragona on impulsà una pedagogia emancipadora i moderna.

El blog es manté obert a les vostres aportacions.

Molt cordialment,

Ramon Gras i Alomà

sábado, 15 de enero de 2011

Un corto sobre el cine libertario, finalista para un Goya

Título original: El cine libertario: cuando las películas hacen historia
Nacionalidad: Española
Producción: Delta Films (Verónica Vigil) (Verónica Vigil)

Al estallar la guerra civil española en julio de 1936, el sindicato anarquista CNT socializó la industria del cine en España. En Madrid y Barcelona los trabajadores del cine asumieron a través del sindicato los bienes de producción y se produjeron numerosas películas. Esto dio lugar a un período único que no se ha vuelto a producir en ninguna otra cinematografía mundial. Pese a que el país estaba sumido en una cruenta guerra, entre 1936 y 1938 se rodaron y estrenaron películas de muy variada temática: dramas sociales, comedias musicales, filmes de denuncia, documentales bélicos…. componen un variado mosaico que da lugar a uno de los momentos más insólitos y originales de la cinematografía española. A través de las voces de distintos expertos, así como del testimonio en primera persona del director de fotografía y restaurador español Juan Mariné, que inició su carrera en el cine trabajando en estas películas, el documental recorre cada una de las producciones que constituyen un legado excepcional de la cinematografía española. Fue un periodo muy efímero durante el cual los guionistas, los directores, los técnicos y los actores españoles demostraron una de las máximas del mundo del espectáculo: pese a los bombardeos, el hambre y el drama de la guerra, el espectáculo debía continuar, y continuó.

Visto primero en Memoriando

jueves, 4 de noviembre de 2010

Un pueblo en armas (Fury Over Spain), una película de la CNT de 1937

¡Perdonad mi ausencia del blog de la semana pasada! Ya espero poder actualizar más el blog este fin de semana. Empezaré con este video:

Es gracias a este blog que he sabido de la película



Aquí se puede ver una reseña de la película del New York Times de 1937

jueves, 7 de octubre de 2010

Documental: "Memorias rotas"


Memorias Rotas (2010)
Dirección: Manane Rodríguez, sobre guión propio junto a Eliseo Fernández y Carmen García Rodeja.
Duración: 66 minutos
El largometraje cuenta un episodio aterrador y fascinante de la Guerra Civil española. En octubre de 1937, el comandante republicano José Moreno Torres, panadero gallego y sindicalista de la CNT, fue delatado cuando se refugiaba con su batallón en A Fonsagrada (municipio de Lugo). Los falangistas los asesinaron y los sepultaron en una fosa común. Los cuerpos fueron hallados hace solo dos años, gracias a un romance popular que narra lo sucedido y que se conservó en el pueblo durante todo este tiempo.

Julián Casanova en El País: "La semilla anarquista"

De: ElPaís.com


La semilla anarquista
La CNT agrupó tras su bandera rojinegra a cientos de miles de españoles. Tanto por su eficacia como sindicato que mejoraba la vida de los trabajadores como por su sueño de un mundo sin dioses ni amos

JULIÁN CASANOVA 06/10/2010

Se cumplen ahora 100 años de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Cuatro décadas antes, en noviembre de 1868, el italiano Giuseppe Fanelli, enviado por Mijaíl Bakunin, había llegado a España para organizar los primeros núcleos de la Asociación Internacional de Trabajadores. Comenzó así una historia de frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de terrorismo y de violencia; de huelgas e insurrecciones; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.

Desde Fanelli hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Sin ellos, nunca hubiera llegado a ser un movimiento de masas, se hubiera quedado en una ideología útil para individualidades rebeldes, muy revolucionaria pero frágil, arrinconada por el crecimiento socialista y relegada a la violencia verbal.

No ha pasado inadvertida esa presencia anarquista. Su leyenda de honradez, sacrificio y combate fue cultivada durante décadas por sus seguidores. Sus enemigos, a derecha e izquierda, siempre resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revólver. Son, sin duda, imágenes exageradas a las que tampoco hemos escapado los historiadores que tan a menudo nos alimentamos de esas fuentes, apologéticas o injuriosas, sin medias tintas. Imágenes que anticiparon Juan Díaz del Moral o Gerald Brenan y que se han hecho también con un importante hueco en la literatura, con La bodega, de Vicente Blasco Ibáñez; Aurora Roja, de Pío Baroja; La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza o, más reciente, La hija del caníbal, de Rosa Montero. Una veta, en fin, explotada por el cine, por Ken Loach y su Tierra y Libertad o Vicente Aranda en Libertarias.

Hace ya tiempo que José Álvarez Junco identificó las dos corrientes doctrinales de las que bebía el movimiento anarquista: el individualismo liberal y el comunitarismo socialista, una dualidad muy difícil de equilibrar en la práctica pese a todas sus llamadas a la armonía natural. El anarquismo parecía de entrada una utopía derivada de la filosofía optimista de la Ilustración, que mantuvo, como hijo del mismo tiempo que era, estrechas conexiones con las conspiraciones y sociedades secretas de tipo democrático radical, con el federalismo y con la fraseología romántico-populista. Pero, al mismo tiempo, iba mucho más lejos de lo proyectado por el racionalismo liberal y el republicanismo, con su pretensión de abolir el Estado, colectivizar los medios de producción y, sobre todo, con su antipoliticismo, la verdadera seña de identidad del movimiento, el rasgo que marcó la ruptura con sus sucesivos compañeros de viaje, desde los federales a los socialistas, pasando por los republicanos.

El anarquismo que triunfó en España en las primeras décadas del siglo XX, justo cuando desaparecía del resto del mundo, fue el "comunitario", el "solidario", estrechamente unido al sindicalismo revolucionario, que confiaba en las masas populares para llevar a buen puerto la revolución. Al servicio de esa causa se fundaron círculos y tertulias, ateneos obreros, escuelas laicas y racionalistas. Desde el primer momento, le acompañaron en su desarrollo numerosas publicaciones que, en su labor ideológico-cultural, criticaron al capitalismo y a las clases dominantes, incitaron a la lucha social y contribuyeron a gestar una red cultural alternativa, proletaria, "de base colectiva".

"Creo que nos hacen falta dos organizaciones, una abierta, amplia, funcionando a la luz del día; la otra secreta, de acción", había escrito Piotr Kropotkin, uno de los padres del anarquismo, en 1881. La propuesta, que reflejaba el acoso al que la policía y las fuerzas del orden sometían a los anarquistas en los diferentes países, resultó profética porque por esos dos caminos tácticos transitó el movimiento durante toda su historia, envuelto siempre en una doble organización: una de tipo asociativo, sindical, que federaría a las sociedades obreras alrededor de objetivos reivindicativos; y otra de tipo ideológico, que agruparía a los más "conscientes", centrada en la propaganda doctrinal y cuidando siempre de las desviaciones reformistas en el movimiento sindical. La Federación Anarquista Ibérica, creada en 1927, y su relación con el sindicalismo de la CNT en los años de la Segunda República constituye el mejor ejemplo de esa dualidad.

Cuando llegó la República, el 14 de abril de 1931, la CNT apenas tenía 20 años de historia. Aunque muchos identificaban a esa organización con la violencia y el terrorismo, en realidad eso no era lo más significativo ni lo más sorprendente de su corta historia. El mito y realidad de la CNT, el único sindicalismo revolucionario y anarquista que quedaba ya en Europa, se había forjado por otros caminos, por el de las luchas obreras y campesinas, un sindicalismo eficaz que ganaba conflictos a patronos intransigentes con los trabajadores. La CNT desarrolló sus lenguajes de clases y sueños revolucionarios en la prensa, en los talleres y fábricas, en las calles. Así, a través del adoctrinamiento y de las reivindicaciones laborales, quedó sellada su definición ideológica, su impronta antipolítica y antiestatal, su sindicalismo de acción directa, independiente de los partidos políticos, llamado a transformar la sociedad con la revolución.

El golpe de Estado de julio de 1936 cambió bruscamente ese rumbo. La guerra civil que siguió a esa sublevación impuso una lógica militar y frente a ella el sindicalismo de protesta y la clásica crítica al poder político quedaron inservibles. Un golpe de Estado contrarrevolucionario, que intentaba frenar la revolución, acabó finalmente desencadenándola. Muchos anarquistas vieron entonces sus sueños cumplidos. Duró poco, pero esos meses del verano y otoño de 1936 fueron lo más parecido a lo que ellos creían que era la revolución y la economía colectivizada. Poco importaba que la revolución se llevara por medio a miles de personas, "excesos inevitables", "explosión de las iras concentradas y de la ruptura de cadenas", en palabras de Diego Abad de Santillán. La necesaria destrucción de ese orden caduco era para ellos algo insignificante, comparada con la "reconstrucción económica y social" que se emprendió en julio de 1936, sin precedentes en la historia mundial. Esa es la imagen feliz del paraíso terrenal que transmitió la literatura anarquista, las declaraciones de Buenaventura Durruti a los corresponsales extranjeros, o la prensa que podían leer los obreros de Barcelona y los milicianos en el frente de Aragón.

Metidos en la revolución, en la guerra y en la persecución del contrario, los anarquistas vivieron su edad de oro, corta edad de oro. Extendieron una compleja red de comités revolucionarios por todo el territorio republicano. Colectivizaron tierras y fábricas. Crearon milicias. Participaron en el gobierno de la Generalitat y en el de la República. Y hasta que la revolución se congeló, soñaron despiertos con un mundo sin clases, sin partidos, sin Estado. Los que sobrevivieron la dura represión franquista tras la derrota se fueron a la tumba recordando aquella revolución popular, sin amos ni autoridad.

Las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que ya no volvería a salir. Sus militantes resistieron en la clandestinidad, protagonizaron diversas escaramuzas en la guerrilla y asomaron sus cabezas en algunos conflictos. Muchos de ellos se enrolaron en la resistencia francesa contra el nazismo, pensando que aquella era todavía su guerra, la que acabaría con todos los tiranos. Pero murieron Hitler y Mussolini, las potencias del Eje fueron derrotadas y Franco siguió. El anarquismo no pudo ya respirar. La guerra y la dictadura lo destruyeron. Los cambios que se produjeron desde los años sesenta, con la modernización y el desarrollo, le impidieron echar de nuevo raíces.

No fue solo un fenómeno español, pero el anarquismo acabó identificado con la historia de España de la primera mitad del siglo XX, como se han encargado de recordar decenas de testimonios, documentales, libros, novelas y películas que han mantenido la llama encendida frente a todos sus detractores. Así de solemne, compleja y contradictoria resulta su historia.

Julián Casanova es coordinador de Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España (Editorial Crítica).

lunes, 4 de octubre de 2010

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cien años de anarquismo en España

Visto en: Alasbarricadas.org (foro anarquista) y en el blog de Antón Castro

Julián Casanova (coord.), Tierra y libertad. Cien años de anarquismo en España, Editorial Crítica, Barcelona, 2010

Sinopsis
El centenario de la fundación de la CNT es un momento adecuado para hacer un balance histórico de la compleja trayectoria del anarquismo español: de sus diversas manifestaciones, sus formas de organización, sus luchas y sus ideas. Tal es el propósito de este volumen, coordinado por Julián Casanova y realizado por una serie de prestigiosos especialistas, en que José Álvarez Junco estudia la filosofía política del anarquismo español; Clara E. Lida, la historia de la Primera Internacional en España; Rafael Núñez Florencio, los años del terrorismo; Carlos Gil Andrés, los orígenes y consolidación de la CNT; Julián Casanova, el anarquismo durante la Segunda república y la guerra civil; Mary Nash nos habla de las libertarias y el anarcofeminismo; Alicia Alted Vigil, del exilio de los anarquistas; Javier Navarro Navarro, de la cultura anarquista en España y José Luis Ledesma, finalmente, nos ofrece los perfiles biográficos de veinte de los representantes más destacados del movimiento libertario.

Escuchar entrevista con el historiador Julián Casanova en RTVE

sábado, 14 de agosto de 2010

La pelicula "Caracremada" en Venecia

De: El Pais
El último maquis llega a Venecia

El filme 'Caracremada', de Lluís Galter, competirá en la próxima edición del festival

ANNA FLOTATS - Barcelona
EL PAÍS - 15-08-2010

Ramon Vila, alias Caracremada dedicó los últimos 15 años de su vida a cortar torres de alta tensión con una sierra. Formaba parte de su solitaria rutina en el bosque, igual que comer, dormir o lavarse los dientes. El sabotaje a las centrales eléctricas fue la resistencia particular de este hombre indomable, hijo de casa pobre, activista obrero, encarcelado antes y durante la República, que fue el último maquis en Cataluña. El director Lluís Galter (Figueres, 1983) narra la vida de este guerrillero antifranquista en su ópera prima, Caracremada, que acaba de ser seleccionada para competir en el apartado Orizzonti de la 67ª edición de la Muestra Internacional de Cine de Venecia.
Galter no es un apasionado de la historia, ni tampoco un profundo conocedor de los maquis, más allá de los mediáticos Marcel·lí Massana y Quico Sabaté. Este joven estudiante de Comunicación Audiovisual estaba obsesionado con grabar una película inspirada en El mito de Sísifo, de Albert Camus. Un día, un amigo le hizo cambiar de idea: contar la filosofía del absurdo era demasiado abstracto. Necesitaba un personaje. Y entonces ese amigo le regaló la única biografía que existe de Ramón Vila. "Me interesaba mucho la parte invisible de su historia, la más clandestina", cuenta Galter. En su película no hay disparos ni persecuciones. La imagen principal es Caracremada serrando torres de alta tensión en medio del bosque. Hizo de la resistencia su oficio. "Sabotear las centrales era su protesta contra la dictadura porque creía que así provocaría el caos y la caída del Régimen, era el acto individual de un hombre para resistir hasta la muerte", explica el director. Según la biografía publicada por Josep Clara, Ramon Vila Caracremada, el darrer maqui català, el protagonista de la película de Galter nació en Peguera (Berguedà) en 1908 y conoció la represión obrera trabajando de minero. Se afilió a la CNT y al poco tiempo ya lideró un grupo armado en una revuelta libertaria en la cuenca del Alt Llobregat. Hizo la guerra en la columna de Hierro y después, en el exilio francés, luchó contra los nazis. Tras la liberación, quiso volver a Cataluña para proseguir una obstinada lucha contra el franquismo. Pasó sus últimos años de vida escondido en el bosque, saboteando tendidos eléctricos hasta que, en 1963, la Guardia Civil lo abatió a tiros en Castellnou del Bages. Ambientada en estos bosques de la Cataluña Central, el filme de Galter nació de manera casual entre cuatro amigos de facultad que acabaron siendo 30. Se empezó a rodar "con un presupuesto irrisorio" y sin una productora detrás, pero con las cámaras en marcha, el productor Paco Poch se interesó por el proyecto. Igual que varios Ayuntamientos catalanes, la Diputación de Girona, el Consell de les Arts, Memorial Democràtic y el Museo del Exilio de La Jonquera. TV-3 ha comprado los derechos de antena de la película, que también se presentará, aunque sin competir, en el Festival de San Sebastián. El Caracremada del siglo XXI lo interpreta Lluís Soler. "Pensamos en él desde el primer momento porque sus facciones se parecen ligeramente a las de Ramón Vila", opina Galter. El maquillaje solo sirvió para desfigurarle sutilmente la cara. Cuentan leyendas sin mucho fundamento que Caracremada debe su apodo a un rayo que cayó encima de su casa o a una caída infantil sobre un brasero. La película apenas tiene diálogo y la mayoría de personajes están interpretados por gente corriente, porque "sus rasgos y sus miradas lo dicen todo".Todavía sin fecha de estreno es España, Galter ve la nominación en Venecia como la oportunidad de dar a conocer su película -que competirá en el apartado de nuevas tendencias con Guest, de José Luis Guerín- y potenciar su distribución. "Es una lástima que el filme guste más en Italia, donde ni les va ni les viene el tema de los maquis, que en España o Cataluña", denuncia Galter. Aun así, el director puntualiza: su película es local, pero no localista, porque la manera de contarla, desde la filosofía del absurdo, "es universal y se entiende en todo el mundo".

Para ver un fragmento del filme, pinchar aqui
Ver más en el post de este blog, de agosto de 2009

viernes, 18 de junio de 2010

Nuevo libro sobre el cine durante la guerra civil

De: Público.es

Sexo, circo y anarquía bajo las bombas
El historiador Juan A. Ríos Carratalá recupera en El tiempo de la desmesura' los rodajes más insólitos y las películas malditas de la Guerra Civil española

CARLOS PRIETO MADRID 17/06/2010 23:08 Actualizado: 17/06/2010 23:35

Se abre el telón y aparecen un cineasta de la CNT y una vedette desnuda metida en una jaula. El director grita acción. Entran en escena un domador, un boxeador y un par de leones. Y la diva se echa un bailecito junto a las fauces de los felinos. ¿Cómo se llama la película? Carne de fieras. Bienvenidos al estrafalario mundo de los rodajes españoles durante la Guerra Civil, fenómeno analizado por Juan A. Ríos Carratalá en El tiempo de la desmesura, ensayo que publica ahora la editorial Barril & Barril.

Ríos, catedrático de la Universidad de Alicante y especialista en la historia del teatro y el cine en España, analiza en el libro las tribulaciones de tres rodajes Carne de fieras, El genio alegre y Rojo y negro porque "son tres películas malditas de nuestro cine. Todas tienen algo en común: la desmesura de aquel tiempo. En estas historias todo es exagerado y tremendo. El simple hecho de rodar una película en esas circunstancias se convirtió en una locura", explica Ríos a Público.

El negocio de los desnudos

Dentro de este clima hiperbólico sobresale por méritos propios Carne de fieras. Por un motivo muy sencillo: era un proyecto bizarro por sí mismo, sin necesidad de que viniera la guerra a disparatarlo más.

Su impulsor fue un avispado empresario catalán llamado Arturo Caballero. El hombre se había quedado extasiado tras ver actuar en el madrileño Teatro Maravillas a la starlette francesa Marlène Grey. "Provista de un tanga como única defensa, la mujer danzaba en una jaula de leones cuya voracidad era mantenida a raya por un domador circunspecto", cuenta Ríos sobre una función que se repetía entre 10 y 14 veces al día en sesiones de 20 minutos y que había pasado antes por el Circo Price.

A Caballero, propietario del cine Doré, actual sede de la Filmoteca Española, se le iluminó la bombilla. Aprovechando la permisividad de la República ¿por qué no rodar un filme sobre la bailarina rubia y su minino juguetón? El empresario contrató como director al valenciano Armand Guerra, un militante cosmopolita de la CNT que alternaba películas anarquistas con trabajos alimenticios. Guerra había rodado el cortometraje revolucionario La Commune!, estrenado en París en 1914 y producido por una cooperativa anarquista, pero también productos más convencionales para la UFA alemana.

"Era un encargo oportunista. Caballero le propuso rodar deprisa y corriendo una película en torno a la función. Y Guerra lo afrontó desde el pragmatismo: era una historia menor que apenas le interesaba más allá de las treinta mil pesetas del contrato como director, guionista e intérprete", razona el ensayista.

Trabajo para todos

El rodaje de Carne de fieras arrancó en los jardines del Retiro el 16 de julio de 1936. Sí, mala fecha. Dos días después, a Armand Guerra le salió la bestia revolucionaria que llevaba dentro. Con la Guerra Civil en marcha, el director persiguiendo fascistas por ahí y el productor asegurando que no tenía más dinero, el rodaje parecía tener los días contados. Pero, contra todo pronóstico razonable, la CNT llegó al rescate.
"La dirección de la CNT recomendó a Armand Guerra que culminara su trabajo en el largometraje para no dejar en la estacada a los artistas y técnicos contratados. La CNT tenía entonces una fuerza tremenda en el mundo del espectáculo", cuenta Ríos.

La organización ácrata destacaba por un ardor sindical a prueba, literalmente, de bombas. En el libro se menciona un ejemplo contundente: la política de contrataciones del cine Avenida de la Gran Vía en 1938. La sala contaba con un representante, un contador, un jefe de cabina, un operador, un ayudante de cabina, dos taquilleras, un conserje, un sereno, dos porteros, un ordenanza, un encargado de limpieza, una mujer de lavabo, un electricista, un tramoyista y, como traca final, ocho músicos y once acomodadores. Y dos huevos duros, cabría añadir.

Pese a que todavía no habían empezado los bombardeos sobre Madrid y reinaba la euforia tras la victoria en el cuartel de La Montaña, el rodaje de Carne de fieras acabó desmadrándose. Parte del equipo técnico tuvo que marcharse al frente. Y los leones empezaron a morirse de hambre debido a las restricciones de alimentos. Ningún problema: la CNT movilizó al gremio de la alimentación para conseguir carne fresca para los felinos. El sindicalismo, desde luego, ya no es lo que era.

En septiembre de 1936 acabó un rodaje "cuyo único objetivo era terminar como fuera, porque había otras urgencias", razona Ríos. "No era un tiempo para los melodramas sentimentales con final feliz. La guerra había dado un vuelco a la realidad. En medio de tanta violencia y temores camuflados de entusiasmo, nadie se preocupaba de una película destinada a sacar provecho de la expectación causada por un desnudo. Ni siquiera Arturo Caballero, el desconcertado empresario que consideraba su inversión como un impuesto revolucionario", añade.

A finales de septiembre Armand se fue pitando a rodar documentales propagandísticos en la primera línea de frente. El montaje final de Carne de fieras quedó en manos de su ayudante de dirección, Daniel Parrilla, obligado a unir las piezas de una trama sin desperdicio. La mujer de un boxeador se lía con un cantante de cabaré con ínfulas de barítono. El púgil se consuela adoptando un huérfano y ligando con una vedette especialista en contonearse desnuda en una jaula.

En efecto, un delirio, aunque no exento de chicha histórica, según el historiador Román Gubern. "No puede pasarse por alto su sorprendente permisividad erótica para el año 1936, en una época en que eran muy raras, incluso en las cinematografías más avanzadas, las exhibiciones anatómicas tan francas y prolongadas". "Armand Guerra, en aquellos días revueltos, filmó al margen de una censura que imaginaba desaparecida", apunta Ríos.

Arturo Caballero intentó estrenar la película acabada la guerra. Como el franquismo no estaba preparado para ver a una domadora desnuda, el productor barajó la posibilidad de pintarle un bikini, aunque lo descartó por problemas de presupuesto. El muy inconsciente tuvo suerte: la cosa no estaba ni siquiera para bañadores de dos piezas. Aún habría que esperar 20 años para ver a una actriz en bikini.

Los españoles, pensaban algunos, no estaban preparados ni para eso ni para muchas otras cosas. Según Ríos, la censura también "podría haber incluido en su memorial de agravios la presencia de una esposa adúltera, un divorcio consumado de mutuo acuerdo y un protagonista dispuesto a convivir maritalmente con una mujer que, además de exhibirse desnuda, mantiene relaciones con su compañero de trabajo, un domador que acepta su suerte con la resignación de un hombre de mundo. Carne de fieras estaba sentenciada de antemano".

Los rollos del filme, guardados en el cine Doré, acabaron en el Rastro, donde los compró un coleccionista. La película fue restaurada por la Filmoteca de Zaragoza, que la estrenó el 15 de septiembre de 1991. Cinco décadas perdidas. Sin carne y sin todo lo demás.

domingo, 6 de diciembre de 2009

"Vivir de pie...," una película de Valenti Figueres




Visto en: Público

Intérpretes: Mónica López (Narrador), Lluís Marco (Cipriano Mera)

Clasificación: Pendiente por calificar

Género: Documental

Albañil, sindicalista, miembro de la CNT e, incluso, Teniente Coronel. Cipriano Mera Sanz es una de las personalidades más interesantes de la Guerra Civil. Nacido en el humilde barrio de Tetuán, fue condenado a muerte tras la derrota de su bando, pero logró salvarse. Se exilió en Francia, donde, además de seguir activamente las ideas anarquistas, se integró en las Juventudes Libertarias y luchó por acabar con la vida de Franco. En mayo del 68, no dudó en lanzarse a las barricadas callejeras.

Sitio oficial de la película (muy recomendable, es sumamente detallado)

Biografía de Cipriano Mera (en inglés)
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