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domingo, 11 de septiembre de 2011

Novela: "La guerra de mi abuelo"

Editorial: Roca
Fecha de publicación: julio de 2011
Autor: Leonardo Cervera
ISBN: 978-84-9918-289-6
14 €

Se puede leer el primer capítulo de la novela en la web enlazada abajo.

Sinopsis de la web de la editorial: "Pedro es un joven que tiene problemas en casa y en el colegio. La llegada de su abuelo, que ingresa en una residencia de ancianos de su ciudad y se convierte en un amigo inesperado, le pondrá en contacto con el pasado de su familia.

A través de las historias de su abuelo sobre la guerra civil, Pedro conocerá una realidad cercana en el tiempo pero muy diferente de la suya, lo que le ayudará a madurar y a relativizar sus propios problemas.

La guerra de mi abuelo es una historia de amistad durante los primeros meses de la guerra civil española y un alegato contra la estupidez de la guerra, una novela que rinde homenaje a las víctimas de aquel terrible conflicto, con un mensaje positivo de reconciliación y respeto hacia las opiniones de los demás."

Consultar entrevista con el autor en el blog El Placer de la Lectura.

domingo, 1 de febrero de 2009

La "Ley de Nietos," el PP y Cuba

Hace un par de semanas escuché en Programa La Memoria una discusión interesante sobre las peticiones de nacionalidad española por parte de los hijos y nietos del exilio. Rafael Guerrero, el director del programa, entrevistó a invitados de países tan diversos como Perú, Canadá, Argentina y España para hablar de los procedimientos para obtener la nacionalidad española, algo que puso en efecto la Ley de Memoria Histórica de 2007.

Según la
página especial para descendientes en la web del Ministerio de Justicia: "la citada Ley en su disposición adicional séptima permite la adquisición por opción de la nacionalidad española de origen a las personas cuyo padre o madre hubiera sido originariamente español y a los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio." Esta web detalla los diferentes casos bajo los cuales se permite pedir la nacionalidad española: 1) "las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español;" 2) "los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio; y 3) "las personas que ya optaron a la nacionalidad española no de origen." Se pueden encontrar las solicitudes necesarias y la información que las acompaña en este sitio web, o en la Embajada o Consulado de España en los países afectados. Es bueno saber que estos documentos también vayan a estar disponibles en un lugar además de internet para asegurar que todo el mundo que los necesite, los pueda acceder.

La denominada "Ley de nietos" ha determinado oficialmente que la condición de "exilio" será entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955. No he visto mucho sobre qué opinan los descendientes de estas fechas. Sin embargo, el director del PP en el Exterior, Alfredo Prada, ha afirmado que el gobierno de ZP las ha establecido por razones puramente políticas.

Según un artículo de hoy en la portada de Crónicas de la Emigración
, Prada ha explicado que las fechas establecidas por el Gobierno excluyen a los españoles que emigraron después de 1955, y por motivos no necesariamente políticos. No es del todo sorprendente que un "popular" intente redirigir o transferir la atención del público de las implicaciones de la Ley de Nietos a un detalle inferior como el de los años permitidos para solicitar la nacionalidad. Pero sí es curioso que un dirigente del PP -- un partido a quien le gusta hablar tan frecuentemente en contra de las políticas de la inmigración -- busque abrir y ofrecer la nacionalidad española a más gente de la que fue ya señalada por la ley.

Prada dice que el PP apoya la inciativa del Gobierno para los hijos y nietos del exilio, pero al mismo tiempo habla del "gravísimo incumplimiento electoral" del gobierno que ha participado en un "fraude para la colectividad española en el exterior y un fraude a la historia, porque se han acotado unas fechas sin sentido ni explicación.” ¿Qué explicación busca obtener Prada? Parece que lo que desea es usar la cuestión de otras emigraciones para tapar el exilio como resultado de la guerra y la represión franquista, como explicó en noviembre: “El PP está de acuerdo con que los nietos alcancen la nacionalidad española con independencia de la fecha en que se fueron sus abuelos y con independencia de las razones por las que éstos abandonaron España. Es decir, que alcancen la nacionalidad española sin cortapisas ni limitaciones”. Con decir "con independencia de la fecha en que se fueron sus abuelos," Prada
huye de la necesidad de reconocer la relevancia de la guerra y el franquismo en este contexto. El juego en que participa - decir que quiere extender las fechas - no es más que una estrategia retórica, diseñada para enturbiar las aguas. El PP puede fingir que apoya los intereses de los descendientes de exiliados, pero la "propuesta" de Prada prueba que no habla en serio.

Aunque no esté de acuerdo con Prada, leer sus comentarios me ha hecho pensar en la posibilidad de que los que solicitan la nacionalidad española lo puedan hacer por razones no necesariamente relacionadas con la "memoria" del exilio. Desde mi perspectiva extranjera, es fácil pensar en la Ley de Nietos como una especie de justicia simbólica y retroactiva que funcionará para devolverles a los hijos y los nietos algo que se les robó a sus abuelos y padres. Pero han pasado muchos años de espera para esta ley, y seguramente, con el paso del tiempo, puede haber otros motivos - además de los personales - que influyen en el deseo de obtener la nacionalidad española. Está aquí donde quisiera apuntar un artículo publicado hoy en
El País sobre el caso de Cuba, "La 'fábrica de españoles'."

Es obvio que en contraste con países como México o la Argentina, Cuba representa un caso diferente en lo que se refiere a la Ley de Nietos. En casi todos los artículos que he leído sobre este asunto, como el de hoy, se citan razones políticas para querer salir de la isla: "El asunto tiene una dimensión política y preocupa: si todo marcha según lo previsto, el 2% de la población cubana será española en 2011. Algunos aseguran que se trata de un cálculo conservador."

La posibilidad de una emigración al revés, de Cuba a España, añade una dimensión significativa y complicada al diálogo sobre los descendientes del exilio español. Hasta el momento se ha hablado mucho de la nacionalidad, y con razón. Hablar de obtener la nacionalidad significa evaluar este concepto en un contexto sumamente transnacional -- o, si se prefiere,
posnacional -- que encima, puede involucrar cuestiones de raza y/o clase social. No es de extrañar que el tono de varios artículos que he visto (el que cité arriba, entre ellos) haya indicado una leve inquietud sobre qué significará la Ley de Nietos para España como nación.

Sorprendentemente, nadie parece haber hablado de lo que significaría esta ley para la construcción de una memoria del pasado. Puede ser que es porque sólo recién han empezado los trámites para obtener la nacionalidad española, pero creo que es también porque es un asunto muy, muy complejo, cuyos efectos no se podrán identificar hasta que no haya pasado mucho tiempo. Por ejemplo, como cita el artículo en
El País, puede haber gente que decide irse a España "No por cuestiones políticas, simplemente para progresar." ¿Qué pasa con estas personas que, aunque tengan antepasados españoles, posiblemente no deseen identificarse con una historia traumática como la de la guerra civil y el franquismo?

Esta es una pregunta que se me ocurrió por primera vez hace un par de años, gracias a un artículo de Andreas Huyssen, "Diaspora and Nation: Migration into Other Pasts," en el que el autor pregunta, "is it possible or even desirable for a diasporic community to migrate into the history of the host nation? How does such a temporal migration, as it were, affect diasporic memory itself? And how can diasporic memory have an impact on the national memory into which it migrates?" (154). Huyssen no está hablando del contexto español, y sería ingenuo apropiar o malinterpretar sus preguntas al considerar la relación Cuba-España con respecto a los descendientes del exilio. Aún así, sus preguntas dan mucho en que pensar al contemplar las intersecciones entre la memoria histórica definida como lo ha sido hasta ahora -- una memoria contenida dentro de las fronteras nacionales - y una memoria que necesariamente habrá que incluir una apreciación para la diáspora republicana y sus huellas en países como Cuba, Argentina y México.

miércoles, 14 de enero de 2009

"Los antepasados" de Maite Pagazaurtundúa

Cuando los muertos hablan.

Me encantan las bibliotecas - el silencio, y ese olor que producen los libros viejos. Aún más, me gusta vagar por las estanterías, buscando el libro exacto para estimular mis ideas, o abrir mi pensamiento a la razón o a la duda. Suelo descubrir lo que quiero leer al buscar el título de otro libro que no tiene nada que ver con el que intentaba encontrar. Aunque a veces me quejaba de ella cuando no encontraba lo que necesitaba, ahora echo de menos aquella biblioteca enorme de mis estudios de doctorado, cuyos donantes bien dotados la llenaban siempre de nuevos libros inesperados. No es exactamente lo mismo, pero viviendo donde vivo ahora también me da acceso a una biblioteca universitaria cercana, y desde hace meses voy allí para sacar lo último o tropezarme con algo un poco más fuera del radar. Fue así como descubrí El viudo sensible y otros relatos, de Maite Pagazaurtundúa.
(foto de la autora de Ernesto Agudo, ABC, 23.4.05)

De este libro me llamó la atención el hecho de que eran relatos, algo que no tardaría mucho en leer. Me encanta la novela, pero durante el semestre típicamente leo relatos y poesía por la cuestión del tiempo. No me gusta dejar abandonada una novela de la que sólo he leído la mitad para retomarla después.

Lamentablemente, de la "literatura vasca" sé muy poco, excepto por lo que he leído de Bernardo Atxaga. Cuando me puse a investigar sobre la autora de El viudo sensible, me enteré de que a su hermano Joxeba, un sargento de la Guardia Municipal de Andoain, lo había fusilado ETA en 2003. También, que ella ayudó a fundar ¡Basta ya!, y que, además de ser filóloga, es ahora Presidenta de la FVT (Fundación de Víctimas del Terrorismo).

Hay que admitir que el relato que más me atrajo de El viudo sensible y otros relatos era "Los antepasados," una historia sobre los fantasmas de la guerra civil que habitan una playa en San Sebastián, y la primera obra de ficción que he leído que alude a la recuperación de la memoria histórica en la actualidad.

Lo primero en que pensé al empezar a leer este relato fue que me recordó temáticamente uno de Javier Marías por la cuestión de fantasmas que narran (ver "Cuando fui mortal," en el libro homónimo, 1996). Pero aquí, a diferencia del relato de Marías, se mantiene un diálogo de fantasmas, que recién se han despertado de un largo silencio, como explica el narrador, un preso fusilado en la cárcel de Ondarreta el 16 de noviembre de 1936: "Por fin pude dormirme. Necesitaba pensar que las voces y los murmullos de los presos desaparecían también. Y los tiros. Y la miseria. Estuve adormilado mucho tiempo" (170).

Como muchas otras obras contemporáneas sobre la GCE y el franquismo, el relato de Pagazaurtundúa mezcla elementos de la realidad histórica de la época con los ficticios. La cárcel Ondarreta era una cárcel en San Sebastián, demolida a fines de los años 40. Según un artículo de Mikel G. Gurpegui en El Diario Vasco, "sus cimientas aún asoman entre las arenas." La autora de "Los antepasados" ha incorporado un detalle similar en su relato, cuando el narrador ex-preso nos cuenta, "Tal vez sentía de forma vaga el rumor de las olas que azotaban mis piedras enterradas bajo la arena. Tal vez lo sentía, y tal vez me influía, pero no puedo dar fe de ello. Tal vez pasó como en el sueño del coma cerebral, pero era distinto, lógicamente" (170). Aunque estos fantasmas de la guerra han estado "dormidos" (léase olvidados, o mejor dicho, aún no "recuperados" de la historia), ahora parece que algo los ha resucitado (pero resucitado no, ya que nunca estaban del todo muertos - algo los ha revivido o despertado) y los está llamando para convocarse. Es así que el narrador y ex-preso Blas Blanco se encuentra con el ex-capitán socialista Juan Rodríguez Lozano, nadie menos que el abuelo del Presidente del gobierno, fusilado el 20 de agosto de 1936, igual que relata "Los antepasados" (aunque sin mencionar un segundo que esta figura se relaciona con ZP).

Además de estos hombres, se juntan otros personajes fantasmas, como Joxepa y Juana, la esposa de Blas, que está esperando que él la encuentre: "Estoy muy atenta, porque a lo mejor con los ecos de las voces encuentra el camino. Lo espero desde que llegué. Pasé muchos años sin recordarlo y me parecía un sueño que hubiese parido una hija suya, ya ves qué olvidado lo llegué a tener" (172).

¿Qué son las "voces" a las que se refieren los personajes de "Los antepasados"? ¿A quiénes pertenecen? Hay evidencia de que son de los descendientes de los fusilados. Cuando conversan Blas y Juana, él le habla de lo que ha oído: "la voz contaba nuestra historia sin desgarro, como un relato antiguo" (178). Juana teoriza entonces que la voz es de "tu nieto Iñaki y sus crías" (179) y le cuenta a su marido cómo la hija de ambos pudo transmitir a sus cinco hijos la historia de sus abuelos.

Creo que la voz que oye Blas no es necesariamente singular, porque también tiene en cuenta una colectividad; "Los antepasados" alude a los actos de homenaje que recuerdan a los muertos de la GCE. Por ejemplo, Juana le comenta a Blas, "yo sabía que mi memoria era muy débil pero empecé a echarte de menos cuando llegué aquí y no quise perder los sentidos, por eso, por esperarte, y cuando escuché el homenaje bastante cerca de este nicho algo acerté a ver y cuando comprobé que te recordaban hasta los políticos, en voz alta, el día 14 de abril y con megáfono, imaginé que te llegaría el eco, con el viento. . ." (179).

Uno de los elementos más interesantes de "Los antepasados" - y de este libro en particular - es la inclusión de una "contrahistoria"al final de cada relato. En "Los antepasados" se puede leer la contrahistoria como una nota medio auto-reflexiva de la autora, "la mujer [que] envió a su paciente editora madrileña la historia que le confiaron las almas de aquella cárcel varada en la playa" (180). En la contrahistoria se narra también un extraño suceso - la "preocupante falta de arena en las playas donostiarras" (180), que preocupa por las implicaciones para el turismo a la zona. En "La contrahistoria" otra persona narra -- alguien que no estuvo presente antes, cuando hablaban los fantasmas. Es 2004, y este narrador resume las noticias televisivas sobre la arena escasa; parece que sólo él (¿ella?) entiende las razones tras esta desaparición o perturbación de la playa: "La mujer sonrió ante la ignorancia de los periodistas y políticos locales. No sabían que los niños y las mareas los habían despertado. A Blas, a Josefa, a tantos otros" (181).

La contrahistoria, en el sentido foucauldiano, es recuperar y re-escribir la historia desde el punto de vista de los "vencidos," y ese es el efecto de "Los antepasados." Pero no por eso significa que la historia se contenga dentro del pasado. Esta es una historia literalmente construida por sobre el pasado, que mira hacia el futuro. Los muertos empiezan a hablar cuando los vivos los reconocen e identifican como suyos, cuando los vivos tienen la necesidad de preguntar por ellos. Aquí, "Los antepasados" no se refiere a los antepasados particulares de una sola familia, sino a esa colectividad humana de la que descendemos todos.

viernes, 29 de agosto de 2008

Los nietos o la "tercera generación"

Apareció hoy en El País un breve artículo relacionado con 2 personas mencionadas en este blog recientemente - Federico García Lorca y Baltasar Garzón. Nieves Galindo, la nieta de un republicano fusilado, pedirá a Garzón que investigue "el paradero de su abuelo, Dióscoro Galindo, maestro de la localidad granadina de Pulianas asesinado el 18 de agosto de 1936 junto con dos banderilleros y el célebre poeta." El artículo menciona que ésta no es la primera vez que la nieta de Galindo ha intentado abrir la fosa, pero que hasta el momento se ha encontrado con la resistencia de los descendientes de Lorca.

Aparte de lo que implique esta exhumación para la familia Galindo, la familia Lorca, los especialistas lorquianos, o la ARMH, me parece importante señalar que según parece, es una nieta del fusilado - alguien de la "tercera generación" - la que ha iniciado el proceso de búsqueda e investigación. Por ejemplo, como ya se sabe, el presidente del gobierno es el nieto de un republicano ejecutado. Emilio Silva, el fundador de la ARMH, es el nieto de Emilio Silva Faba, uno de los "13 de Priaranza," exhumados de una fosa común en 2000, año en que se fundó la organización.

Es cierto que la idea de una "generación" (de cualquier tipo) raras veces ha sido productiva por la tendencia de sobre-categorizar o esencializar a la gente que la compone. Sólo hay que pensar en las generaciones literarias (el '98, el '27, etc.) o la mal apodada "Generación X" que marcó la vida de mi generación en los 90. Aún así, ¿no puede ser útil considerar el papel de la tercera generación en la "recuperación de la memoria histórica"? Sin duda, la manera en que los nietos abordan el tema de la GCE y la dictadura será diferente que la forma en que los hijos ven estos temas.

Paloma Aguilar, en su libro sobre la memoria de la guerra civil durante la transición a la democracia, habla de un factor íntimamente conectado con la memoria colectiva - lo que otros han llamado en otros contextos "the generational effect." Se explica tal efecto entendiendo que el mismo evento histórico puede producir efectos diversos según la edad de la población (entre otros factores). Aguilar cita a Schuman y Scott (1989) y su estudio sobre la memoria de la guerra de Vietnam en Estados Unidos. Los autores concluyeron que la memoria de la Segunda Guerra Mundial significó algo muy diferente para los de la generación que la vivió, que para los que vivieron la guerra de Vietnam con la misma edad (3). Por cierto presenciamos algo parecido, como explica Aguilar, en cuanto a la memoria de la GCE.

Muchos otros teóricos, sobre todo en los contextos del Holocausto y del Cono Sur, han estudiado y comentado la necesidad de examinar a la segunda generación y su relación con el pasado traumático. Pero puede ser que en España, a casi 33 años desde la muerte de Franco, resulta más eficaz -- si es que vamos a hablar de generaciones -- evaluar el papel de la tercera generación.
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