Hace un par de semanas escuché en Programa La Memoria una discusión interesante sobre las peticiones de nacionalidad española por parte de los hijos y nietos del exilio. Rafael Guerrero, el director del programa, entrevistó a invitados de países tan diversos como Perú, Canadá, Argentina y España para hablar de los procedimientos para obtener la nacionalidad española, algo que puso en efecto la Ley de Memoria Histórica de 2007.
Según la página especial para descendientes en la web del Ministerio de Justicia: "la citada Ley en su disposición adicional séptima permite la adquisición por opción de la nacionalidad española de origen a las personas cuyo padre o madre hubiera sido originariamente español y a los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio." Esta web detalla los diferentes casos bajo los cuales se permite pedir la nacionalidad española: 1) "las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español;" 2) "los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio; y 3) "las personas que ya optaron a la nacionalidad española no de origen." Se pueden encontrar las solicitudes necesarias y la información que las acompaña en este sitio web, o en la Embajada o Consulado de España en los países afectados. Es bueno saber que estos documentos también vayan a estar disponibles en un lugar además de internet para asegurar que todo el mundo que los necesite, los pueda acceder.
La denominada "Ley de nietos" ha determinado oficialmente que la condición de "exilio" será entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955. No he visto mucho sobre qué opinan los descendientes de estas fechas. Sin embargo, el director del PP en el Exterior, Alfredo Prada, ha afirmado que el gobierno de ZP las ha establecido por razones puramente políticas.
Según un artículo de hoy en la portada de Crónicas de la Emigración, Prada ha explicado que las fechas establecidas por el Gobierno excluyen a los españoles que emigraron después de 1955, y por motivos no necesariamente políticos. No es del todo sorprendente que un "popular" intente redirigir o transferir la atención del público de las implicaciones de la Ley de Nietos a un detalle inferior como el de los años permitidos para solicitar la nacionalidad. Pero sí es curioso que un dirigente del PP -- un partido a quien le gusta hablar tan frecuentemente en contra de las políticas de la inmigración -- busque abrir y ofrecer la nacionalidad española a más gente de la que fue ya señalada por la ley.
Prada dice que el PP apoya la inciativa del Gobierno para los hijos y nietos del exilio, pero al mismo tiempo habla del "gravísimo incumplimiento electoral" del gobierno que ha participado en un "fraude para la colectividad española en el exterior y un fraude a la historia, porque se han acotado unas fechas sin sentido ni explicación.” ¿Qué explicación busca obtener Prada? Parece que lo que desea es usar la cuestión de otras emigraciones para tapar el exilio como resultado de la guerra y la represión franquista, como explicó en noviembre: “El PP está de acuerdo con que los nietos alcancen la nacionalidad española con independencia de la fecha en que se fueron sus abuelos y con independencia de las razones por las que éstos abandonaron España. Es decir, que alcancen la nacionalidad española sin cortapisas ni limitaciones”. Con decir "con independencia de la fecha en que se fueron sus abuelos," Prada huye de la necesidad de reconocer la relevancia de la guerra y el franquismo en este contexto. El juego en que participa - decir que quiere extender las fechas - no es más que una estrategia retórica, diseñada para enturbiar las aguas. El PP puede fingir que apoya los intereses de los descendientes de exiliados, pero la "propuesta" de Prada prueba que no habla en serio.
Aunque no esté de acuerdo con Prada, leer sus comentarios me ha hecho pensar en la posibilidad de que los que solicitan la nacionalidad española lo puedan hacer por razones no necesariamente relacionadas con la "memoria" del exilio. Desde mi perspectiva extranjera, es fácil pensar en la Ley de Nietos como una especie de justicia simbólica y retroactiva que funcionará para devolverles a los hijos y los nietos algo que se les robó a sus abuelos y padres. Pero han pasado muchos años de espera para esta ley, y seguramente, con el paso del tiempo, puede haber otros motivos - además de los personales - que influyen en el deseo de obtener la nacionalidad española. Está aquí donde quisiera apuntar un artículo publicado hoy en El País sobre el caso de Cuba, "La 'fábrica de españoles'."
Es obvio que en contraste con países como México o la Argentina, Cuba representa un caso diferente en lo que se refiere a la Ley de Nietos. En casi todos los artículos que he leído sobre este asunto, como el de hoy, se citan razones políticas para querer salir de la isla: "El asunto tiene una dimensión política y preocupa: si todo marcha según lo previsto, el 2% de la población cubana será española en 2011. Algunos aseguran que se trata de un cálculo conservador."
La posibilidad de una emigración al revés, de Cuba a España, añade una dimensión significativa y complicada al diálogo sobre los descendientes del exilio español. Hasta el momento se ha hablado mucho de la nacionalidad, y con razón. Hablar de obtener la nacionalidad significa evaluar este concepto en un contexto sumamente transnacional -- o, si se prefiere, posnacional -- que encima, puede involucrar cuestiones de raza y/o clase social. No es de extrañar que el tono de varios artículos que he visto (el que cité arriba, entre ellos) haya indicado una leve inquietud sobre qué significará la Ley de Nietos para España como nación.
Sorprendentemente, nadie parece haber hablado de lo que significaría esta ley para la construcción de una memoria del pasado. Puede ser que es porque sólo recién han empezado los trámites para obtener la nacionalidad española, pero creo que es también porque es un asunto muy, muy complejo, cuyos efectos no se podrán identificar hasta que no haya pasado mucho tiempo. Por ejemplo, como cita el artículo en El País, puede haber gente que decide irse a España "No por cuestiones políticas, simplemente para progresar." ¿Qué pasa con estas personas que, aunque tengan antepasados españoles, posiblemente no deseen identificarse con una historia traumática como la de la guerra civil y el franquismo?
Esta es una pregunta que se me ocurrió por primera vez hace un par de años, gracias a un artículo de Andreas Huyssen, "Diaspora and Nation: Migration into Other Pasts," en el que el autor pregunta, "is it possible or even desirable for a diasporic community to migrate into the history of the host nation? How does such a temporal migration, as it were, affect diasporic memory itself? And how can diasporic memory have an impact on the national memory into which it migrates?" (154). Huyssen no está hablando del contexto español, y sería ingenuo apropiar o malinterpretar sus preguntas al considerar la relación Cuba-España con respecto a los descendientes del exilio. Aún así, sus preguntas dan mucho en que pensar al contemplar las intersecciones entre la memoria histórica definida como lo ha sido hasta ahora -- una memoria contenida dentro de las fronteras nacionales - y una memoria que necesariamente habrá que incluir una apreciación para la diáspora republicana y sus huellas en países como Cuba, Argentina y México.
Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
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domingo, 1 de febrero de 2009
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