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miércoles, 29 de julio de 2015

Libro: Democracy Without Justice in Spain, de Omar Encarnación (La democracia sin justicia en España)

Resumen (via la editorial):

Spain is a notable exception to the implicit rules of late twentieth-century democratization: after the death of General Francisco Franco in 1975, the recovering nation began to consolidate democracy without enacting any of the mechanisms promoted by the international transitional justice movement. There were no political trials, no truth and reconciliation commissions, no formal attributions of blame, and no apologies. Instead, Spain's national parties negotiated the Pact of Forgetting, an agreement intended to place the bloody Spanish Civil War and the authoritarian excesses of the Franco dictatorship firmly in the past, not to be revisited even in conversation. Formalized by an amnesty law in 1977, this agreement defies the conventional wisdom that considers retribution and reconciliation vital to rebuilding a stable nation. Although not without its dark side, such as the silence imposed upon the victims of the Civil War and the dictatorship, the Pact of Forgetting allowed for the peaceful emergence of a democratic state, one with remarkable political stability and even a reputation as a trailblazer for the national rights and protections of minority groups.

Omar G. Encarnación examines the factors in Spanish political history that made the Pact of Forgetting possible, tracing the challenges and consequences of sustaining the agreement until its dramatic reversal with the 2007 Law of Historical Memory. The combined forces of a collective will to avoid revisiting the traumas of a difficult and painful past and the reliance on the reformed political institutions of the old regime to anchor the democratic transition created a climate conducive to forgetting. At the same time, the political movement to forget encouraged the embrace of a new national identity as a modern and democratic European state. Demonstrating the surprising compatibility of forgetting and democracy, Democratization Without Justice in Spain offers a crucial counterexample to the transitional justice movement. The refusal to confront and redress the past did not inhibit the rise of a successful democracy in Spain; on the contrary, by leaving the past behind, Spain chose not to repeat it.

Reseña del libro (inglés)

domingo, 6 de febrero de 2011

De dictadores: Julián Casanova sobre el caso de Chile y el de España

TRIBUNA: JULIÁN CASANOVA
El ansiado olvido

JULIÁN CASANOVA 06/02/2011

Decía el embajador estadounidense en Chile, en un cable confidencial enviado a Washington a comienzos de 2007, poco después de la muerte de Pinochet, que los chilenos miraban con menos rencor al pasado, a su dictadura, que los españoles a la de Franco. El comentario, aunque superficial y bastante inexacto, puede servir para introducir algunas observaciones de historia comparada, de similitudes y diferencias entre ambas dictaduras, y sobre la forma en que son recordadas.

Pinochet aprendió muchas cosas de Franco. El dictador chileno, como antes había hecho el español, intentó imponer una visión histórica que legitimara la necesidad del golpe de Estado y lo presentara como salvador de la nación. Durante sus dictaduras, Franco y Pinochet festejaron el 18 de julio en España y el 11 de septiembre en Chile como un mito fundacional de "salvación nacional" frente a la revolución marxista. Esa versión oficial, establecida a partir del control de la educación, de la censura y de la persecución a quien se oponía públicamente, generó políticas de desinformación y de manipulación de la historia, muy difíciles de combatir durante las respectivas transiciones a la democracia.

El golpe de Pinochet, el 11 de septiembre de 1973, no provocó una guerra civil y su dictadura, de 17 años, duró 20 menos que la de Franco. Después de miles de asesinatos y de violencias masivas de los derechos humanos, ambos dictadores gozaron de amplios apoyos entre sus ciudadanos. Franco murió en la cama y nunca tuvo que preocuparse de responder a cargos sobre crímenes contra la humanidad. Pinochet sobrevivió 16 años a su Gobierno autoritario y su arresto en Londres, en octubre de 1998, abrió en Chile una profunda discusión sobre el pasado, en la que afloraron con toda su crudeza las historias y memorias enfrentadas de militares y de familiares de los desaparecidos y víctimas de la represión.

El legado de los crímenes de las dos dictaduras se abordó de forma muy diferente en los dos países. En España, tras la Ley de Amnistía aprobada el 15 de octubre de 1977, el Estado renunciaba a abrir en el futuro cualquier investigación judicial o a exigir responsabilidades contra "los delitos cometidos por los funcionarios públicos contra el ejercicio de los derechos de las personas". Bajo el recuerdo traumático de la guerra, interpretada como una especie de locura colectiva, con crímenes reprobables en los dos bandos, y el del miedo impuesto por la dictadura, nadie habló entonces de crear comisiones de la verdad que investigaran los miles de asesinatos y la sistemática violación de los derechos humanos practicada hasta el final por Franco y sus fuerzas armadas.

En Chile, por el contrario, y pese a que la democracia, bajo la vigilancia y el corsé impuesto por el tirano todavía vivo, no pudo derogar la amnistía que se habían concedido los propios militares con la Ley de 1978, el primer presidente democrático, Patricio Alwin, decidió establecer una Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. No se podía llegar a la reconciliación nacional, pensó Alwin, sin antes conocer y reconocer a los desaparecidos y víctimas de la violencia de las fuerzas armadas. Formada, bajo la presidencia del prestigioso jurista Raúl Rettig, por expertos en derechos humanos, pero también por partidarios de la dictadura, como el historiador Gonzalo Vial Correa, la Comisión entregó su informe, de 1.350 páginas, el 8 de febrero de 1991, menos de un año después del encargo oficial.

El informe Rettig, interpretado por los militares chilenos como un ataque a su honor y dignidad, fue un hito en el proceso de reconstrucción de la democracia y de la memoria colectiva. En España, durante la transición, y en la larga década posterior de Gobiernos socialistas, no hubo políticas de reparación, jurídica y moral, de las víctimas de la guerra y de la dictadura. No solo no se exigieron responsabilidades a los supuestos verdugos, tal y como marcaba la Ley de Amnistía, sino que tampoco se hizo nada por honrar a las víctimas y encontrar sus restos.

Por eso, no resulta sorprendente que cuando comenzó a plantearse entre nosotros, por fin, casi tres décadas después de la muerte de Franco, la necesidad de políticas públicas de memoria, como se había hecho en otros países, apareciera un enérgico rechazo de quienes más incómodos se encontraban con el recuerdo de la violencia, con la excusa de que se sembraba el germen de la discordia y se ponían en peligro la convivencia y la reconciliación. Acostumbrados a la impunidad y al olvido del crimen cometido desde el poder, se negaron, y se niegan, a recordar el pasado para aprender de él.

Para muchos españoles, el rechazo de la dictadura y de las violaciones de los derechos humanos no ha formado parte de la construcción de su cultura política democrática. Y por eso tenemos tantas dificultades para mirar con libertad, conocimiento y rigor a las experiencias traumáticas del siglo XX. Parece que estemos en un eterno debate y, en realidad, seguimos rodeados de miedos y mentiras. Y, lo que es más importante para el futuro, sin claras políticas educativas y culturales sobre los derechos humanos.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

miércoles, 6 de enero de 2010

Primer post de 2010: no olvidar el olvido

Después de unos días de viaje en coche (20 horas en total), por fin estoy en casa, y lista para empezar otro año de (Re) generando memorias. Hace muchísimo frío, y está nevando (otra vez), así que tengo pensado escribir algunos posts aquí y volver a 2 lecturas pendientes -- El barranco, de Nivaria Tejera, y Palabras huérfanas (Taurus), el libro de Verónica Sierra que acaba de salir hace unos meses. También sigo leyendo una antología buenísima de poesía de la guerra, editada por Jorge Urrutia. Las portadas de los tres libros están abajo. Pienso escribir posts sobre cada uno en otro momento.













Por motivos que explicaré después, estoy leyendo la traducción en inglés de la novela de Tejera (orig. El barranco, trad. como The Ravine), y me está llevando mucho tiempo para terminar. De hecho, es un libro que empecé a leer en junio (!), pero lo he dejado muchas veces, no porque no me haya enganchado, sino porque es un libro difícil, y muchas veces he optado por leer otra cosa.

Compré el libro de Sierra justo después que salió, pero sólo lo empecé a leer anoche. Creo que me va a enseñar muchísimo, sobre todo en relación con los niños exiliados a la URSS. Los documentos y las fotos incluidos por la autora son sumamente conmovedores, dándonos una idea de las condiciones durísimas enfrentadas por los niños de la guerra. Tal vez el elemento más fuerte son los testimonios de los niños mismos, muchas veces rescatados en forma de cartas a sus familias: Sierra ha transcrito sus palabras, corrigiendo errores de ortografía, pero nunca alterando la información -- las cartas son como mensajes en una botella, que nos llegan años después. Hay muchos puntos de contacto entre este libro de no ficción y la novela epistolar de Emma Riverola, Cartas desde la ausencia.

El domingo pasado tuve la suerte de poder pasar unas cuantas horas en Nueva York, algo que siempre me gusta hacer cuando pueda. La ciudad se recuperaba de las celebraciones de Año Viejo, y quizás por el frío o el día de la semana, no había mucha gente en la calle. Aún así, disfruté mucho de poder estar allí y entré en muchas tiendas, sólo para escaparme del frío unos minutos. Por desgracia, no encontré libros en español -- aunque los buscaba -- pero sí hice una compra en la librería de St. Mark's -- Oblivion, del antropólogo francés Marc Augé (traducción al inglés publicada por University of Minnesota Press, 2004). Es con este concepto -- el olvido -- que quisiera empezar el año 2010 de este blog.

Dentro de los últimos 2 o 3 años, han salido varios libros, películas y artículos construidos en torno al olvido. En el contexto español, tal vez el ejemplo más citado es el de Reyes Mate, La herencia del olvido, que ganó el Premio Nacional de Ensayo de 2009. Dos películas documentales, Bucarest, la memoria perdida, de Albert Solé, y Nadar, de Carla Subirana, también han tratado la amnesia desde la perspectiva de un hijo y una nieta, respectivamente, que presencian la pérdida literal de la memoria de sus familiares debido al Alzhéimer. El cómic de Paco Roca, Arrugas, también ha abordado la cuestión del Alzhéimer, y fue galardonado con el Premio Nacional del Cómic en 2008. En un sentido teórico, Paul Connerton, un sociólogo e investigador conocido, ha publicado recientemente un estudio titulado Seven Types of Forgetting (Siete modos del olvido) en la revista interdisciplinar Memory Studies.

En este artículo, como indica el título, Connerton busca explorar diferentes categorías del olvido. En vez de ver el olvido como la antítesis de la memoria (o como si el olvido fuera malo y la memoria, buena) o como algo que hay que eliminar, Connerton intenta explorar cómo se manifiesta el olvido en un sentido colectivo y personal. Reconoce que los modos identificados no son exhaustivos y afirma que los ve como un punto de partida para seguir examinando el olvido. Lo que no hace es tratar de ofrecer una explicación por cómo el olvido impacta la memoria o vice-versa. Ahora que he leído el ensayo de Augé, me sorprende un poco que Connerton no lo haya citado, porque la obra de Augé pudo haber iluminado el estudio de este último.

Abajo pongo algunas citas de Augé para considerar, con una traducción abreviada al final (todas las traducciones son mías):

1) "to praise oblivion is not to revile memory; even less is it to neglect remembrance, but rather to recognize the work of oblivion in the first one and to spot it in the second. Memory and oblivion in some way have the same relationship as life and death" (pág. 14). Alabar el olvido no es denigrar la memoria; no significa descuidar la memoria, sino reconocer la labor del olvido . . .En cierto sentido, la memoria y el olvido tienen la misma relación como la vida y la muerte.

2) "The definition of death as the horizon of every individual and distinct life, while obvious, nevertheless takes on another meaning, a more subtle and more everyday meaning, as soon as one perceives it as a definition of life itself -- of life between two deaths. So it is with memory and oblivion. The definition of oblivion as loss of remembrance takes on another meaning as soon as one perceives it as a component of memory itself" (pág. 15). La definición de la muerte como el horizonte de cada vida y cada ser humano, mientras que es evidente, llega a tener otro significado -- uno más sutil y cotidiano -- tan pronto como uno la perciba como una definición de la vida misma, o de la vida entre dos muertes. Así es con la memoria y el olvido. La definición del olvido como una pérdida de la memoria coge otro significado en cuanto uno lo perciba como un componente de la memoria misma.

3) Una cita que me ha gustado especialmente es ésta: "Memories are like plants: there are those that need to be quickly eliminated in order to help the others burgeon, transform, flower. Those plants that achieve their destiny, those flourishing plants have in some way forgotten themselves in order to transform: between the seeds or the cuttings from which they were born and what they have become there is hardly any apparent relationship anymore. In that sense, the flower is the seed's oblivion" (pág. 17). Los recuerdos son como las plantas: hay los que se tienen que eliminar rápidamente para poder ayudar a los otras a florecer y transformarse. Esas plantas que logran su destino, esas plantas florecientes en algún sentido se han olvidado de sí mismas para transformarse: entre las semillas o los esquejes de los que nacieron y lo que han llegado a ser, apenas existe una relación. Así es que la flor es el olvido de la semilla.

La perspectiva de Augé está basada en su experiencia como antropólogo, y encontramos muchas alusiones al campo etnográfico (también al mundo de la literatura). Sin embargo, no es decir que éste sea un libro sólo para especialistas de esta disciplina, porque ofrece a todos los interesados en la memoria, la amnesia y la política una manera de entender el olvido en un sentido más amplio. De hecho, una de las afirmaciones más interesantes y provocativas de Augé es la idea de que igual que hay un deber de recordar, existe uno para olvidar también. Las últimas tres páginas del libro explican que tanto la memoria como el olvido se necesitan para "the full use of time" (el uso completo del tiempo) [89]. Para Augé, el tiempo es el punto de referencia central del ensayo, porque opina que hay que saber olvidar para vivir en el presente y hasta señala, en lo que suena como paradoja, que es por el olvido que se llega a recordar (pág. 3).

¿Qué significa todo esto para el caso de España? Estoy segura que no soy la única para observar que últimamente, más y más críticos literarios y estudiosos culturales han estado hablando del "fin" de la memoria histórica en España, como si es algo que, en un tiempo, estuviera de moda y ya no lo está, como si hubiera llegado el momento de hablar de otra cosa. No voy a mencionar nombres, porque no es mi intención criticarle a nadie personalmente, sino las ideas perpetuadas por ellos. Existen hispanistas conocidos que han publicado artículos o entrevistas afirmando, casi con alivio, que por fin parece estar "despidiéndose" el movimiento memorialista en España --por un lado, las novelas y películas ambientadas en la época de la guerra o la posguerra, y por otro lado, las noticias frecuentes sobre exhumaciones (sin contar el caso de García Lorca que ha ocupado mucho de la prensa reciente) o la retirada de la simbología franquista. Estos críticos parecen estar diciéndonos, "vale, ya ha llegado el momento de enfocarnos en otros temas, porque ya se ha dicho todo lo que se puede decir sobre el franquismo y la guerra, y ya nos toca hablar de otros asuntos más relevantes." Palabras que suelen aparecer en este tipo de crítica académica -- o lo que denomino aquí como "despedida a la memoria" -- son "montones," "inundar" "saturados con," o "hartos de," todos diseñados para expresar un nivel máximo de fatiga y exasperación con todo estudio crítico de la memoria histórica en España. Desde mi perspectiva, esta especie de crítica responde a las tendencias naturales de la Academia de privilegiar lo nuevo y lo reciente; 2) el "periodo de conservación" limitado de la memoria, en un sentido teórico; 3) la brecha entre lo dicho y lo hecho, o la teoría y la práctica; y 4) la idea comúnmente aceptada de que recordar demasiado o recuperar el pasado exhaustivamente no es bueno para la salud psíquica de un país y su gente.

Además de los estudiosos de varios campos disciplinarios que proclaman el final de la memoria histórica en España, también hay los políticos, quienes tienen su propia agenda. Recuerdo haber leído estas últimas semanas de cómo la Ley de Memoria ha servido casi como un "escape" para el PSOE, porque ha sido una manera de guardar las apariencias, sin realmente tener que abordar las cuestiones difíciles del pasado como la anulación de sentencias y otros temas que no son políticamente favorables para este partido: en otras palabras, estamos haciendo algo, hemos hecho algo, ahora favor de dejarnos en paz. Pero haber aprobado una ley no significa nada si no se cumple o si nadie intenta hacer que se aplique correctamente. ¿Es la Ley de Memoria una ley del olvido?

¿Qué significa el "olvido" para España en el contexto de la memoria histórica? No creo que sea una palabra que muchos quieran oír, porque aún se conecta con el olvido fomentado por el régimen franquista y con el llamado "pacto del olvido." Mucha gente ha pasado muchísimas horas de sus vidas rescatando del olvido historias, vidas, muertes, nombres y apellidos -- ¿por qué querrían hablar ahora del "olvido" justo cuando han recuperado tanto?

Hay que reconocer que hay los que quieren dar por terminada esta época de la historia reciente de España -- o sea, la de aproximadamente los últimos 10 años -- para dejar de hablar de fosas comunes, Franco, el exilio, el Valle de los Caídos, la Ley de Memoria, la retirada de símbolos franquistas, etc. ¿Es porque ya no existe una necesidad de hablar de estos temas, o porque hay los que quisieran imponer su propio olvido? ¿Se ha llegado a un momento, después de mucho trabajo arduo, en que recordar ya no es la meta final, sino entender cómo y qué olvidar para seguir adelante? Está claro que el olvido es otra cara de la moneda de la memoria, pero ¿se tiene que oponerse a ella, o puede existir e interactuar con ella?

Leer el libro de Augé me ha refrescado el pensamiento sobre la memoria. No creo que haya concluido la discusión sobre la memoria histórica en España -- especialmente no para los que trabajan para mantener viva la memoria de sus familiares -- porque cualquier diálogo en torno a la memoria también requiere una conversación sobre el olvido (algo que aún no hemos visto) -- ¿qué es? Si existen diferentes modos de olvidar, ¿cómo ocurren? ¿Cómo afecta el olvido colectivo al olvido personal? Si el olvido no significa borrar el pasado, si no es eliminar la memoria, entonces ¿cómo se maneja? Si es nuestro deber recordar el pasado, ¿es también olvidarlo, como dice Augé? ¿Olvidar qué?

Para concluir este post, me gustaría decir que no creo que "la memoria" sea simplemente una fase pasajera en España (o en cualquier otro país). Puede que sea un concepto que surge en momentos dados, y por diversas razones -- pero no "desaparece" sólo porque fallecen los sobrevivientes, o porque se ha aprobado una ley, o porque estudiosos e investigadores han determinado que ya no figura una representación de dicha memoria en la literatura o el cine. La memoria siempre está presente, junto con el olvido, e impacta a diario la política y la historiografía. No se puede estudiar la política sin estudiar la memoria!! Y el olvido es una parte de esta ecuación también. Como dice James E. Young, en el prólogo al libro de Augé, "without forgetting there is no space left by which to navigate the meaning of what one has remembered" (sin olvidar no queda espacio por el que navegar por el significado de lo que uno ha recordado) [viii, traducción mía].

Los blogs son el vehículo ideal para recordar, y también, olvidar. Cada artículo que posteamos, cada entrada que escribimos, nos da una manera de recordar, aunque sea sólo temporalmente, lo sucedido. Este blog, y especialmente, otros como el mío -- muchos más extensos y más frecuentemente actualizados -- son una herramienta para grabar la Historia y las historias. Pero como el post más reciente es el primero que se lee, un blog también puede convertirse rápidamente en un vehículo del olvido. Tenemos que ser conscientes de las historias que se seleccionan (o no) para ser subrayadas, tanto en los blogs como en otros medios de comunicación. Si seguimos lo que dice Young en la cita de arriba, entendemos que los blogs también deben ser un punto de reflexión e interpretación -- no podemos recordar todo, ni es deseable que lo hagamos.

Queda mucho más por decir y debatir en torno al olvido. Pero por ahora, volveré citar a Augé, porque para mí lo dice todo: "la flor es el olvido de la semilla." Es con este pensamiento que me gustaría empezar el año 2010 de este blog.
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