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domingo, 1 de mayo de 2011

"Escuchando al juez Garzón" - toma 2, Minnesota

Hace unas semanas vi la mitad de Escuchando al juez Garzón, el filme documental recién estrenado de Isabel Coixet. Vino con el nuevo libro de Garzón, La fuerza de la razón (Debate). El documental es realmente una conversación -- algunos dirían que un monólogo -- entre Baltasar Garzón y su entrevistador, el escritor y periodista Manuel Rivas. Lo dejé porque es, en mi opinión, una película difícil de ver de una sentada. A nadie le gusta ver una película -- aunque sea documental -- que es un discurso. Es muy diferente que escuchar en persona una conferencia. Aunque no creo que la película de Coixet sea o vaya a ser un éxito cinematográfico, es la idea de escuchar que encuentro interesante, punto sobre el que intentaré elaborar un poco más después.

Ante todo quisiera agradecer a K.L. por haberme avisado de la conferencia del juez Garzón en Minnesota. El año pasado, cuando ella seguía allí de estudiante, la facultad de lenguas y literaturas romances organizó un congreso sobre el tema de las exhumaciones titulado "Exhuming Bodies, Producing Knowledge" (Exhumando Cuerpos, Produciendo Conocimiento); por casualidad coincidía con la retirada del juez de su puesto y las manifestaciones a su favor a nivel doméstico e internacional. Había pensado en asistir a este congreso, pero al último momento decidí quedarme en Iowa. Por eso, cuando supe de la visita del juez a Minnesota, sabía que esta vez sí tenía que asistir a la charla. En Iowa tengo pocas oportunidades de escuchar conferencias de tal prestigio, y esta era una oportunidad extraordinaria que no podía perder. Otro motivo por asistir a la conferencia es que recién propuse un panel sobre la figura del juez para un congreso en St. Louis, Missouri en noviembre de 2011. Para más información sobre ese panel, favor de pinchar aquí (ver "Special Sessions" y "Baltasar Garzón: International Justice on Trial;" las propuestas para ponencias son para el 3 de junio de 2011).
foto sacada el 25.4.11 a la entrada del salón
La conferencia, "Verdad, Justicia y Reparación," empezó a las 14 h en el Law Center de la Universidad de Minnesota. Llegué a eso de las 13,30 y me quedé sorprendida al ver que iba a hablar el juez en un salón de tal tamaño (relativamente pequeño). Me senté en la cuarta fila a la izquierda, pero habría sido fácil estar en la primera, justo enfrente del hablante. Poco a poco iba llegando gente -- jóvenes con pinta de ser estudiantes, mayores con pancartas a favor del juez, profesores de diferentes disciplinas y técnicos de video. Unas tres mujeres con pancartas hechas a mano las levantaban al empezar y terminar la conferencia, recordándome al abril de 2010 cuando también fui inspirada a crear una y postear la foto en este blog.
Lugar donde tuvo lugar la conferencia
Público en apoyo a Garzón (estoy sentada justo detrás de esta señora, con la mano en la cara (foto de aquí)
El juez Garzón con la profesora Hilbink y la profesora Ferrán
La conferencia empezó con una introducción de las profesoras Ofelia Ferrán (profesora de español y autora de Working Through Memory) y Lisa Hilbink (profesora de ciencias políticas y autora de Judges beyond Politics in Democracy and Dictatorship: Lessons from Chile), quienes describieron la conferencia del juez como una continuación del congreso de hace un año.

Notaron que en aquel momento, tenían lugar las manifestaciones a favor del juez. El público de la conferencia pareció ser mayormente a favor del juez, y respondió con un fuerte aplauso. En el video de abajo (sacado en mi cámara, por eso la calidad es baja) vemos a la profesora Hilbink durante la presentación del juez:

Antes de describir la conferencia del juez, tengo que decir que me alegra poderla haber escuchado en español. La "traducción simultánea" que habían prometido era, en realidad, una pantalla de ordenador proyectada detrás del juez. Por lo que parece, era un estudiante graduado de traducción que tuvo la tarea dificilísima de ir traduciendo todo lo que decía el juez, para que los no hispanohablantes lo pudiesen entender. No he estudiado mucho la traducción, pero algo sé, y es que tanto la interpretación como la traducción son trabajos agotadores, y se tiende a limitar el tiempo en que uno trabaja para asegurar la calidad de la traducción. El juez Garzón habló unas 2 horas sin parar, y aunque yo no seguía muy a menudo la traducción al inglés, pensé que seguramente se perdían ciertas ideas, porque sencillamente no es posible que una persona traduja y escriba al ordenador en tiempo real, especialmente cuando el hablante apenas tomaba una pausa. No sé por qué razón decidió la Universidad ofrecer una traducción así, pero probablemente habría sido mejor que hubiesen contratado a un traductor profesional o por lo menos, que hubiesen tenido presentes a varios traductores para aligerar el trabajo del primero. Si yo no hubiese entendido español, tengo la sensación de que no habría podido captar las ideas más importantes del juez. De ninguna manera es una crítica al juez, pero haber anticipado la extensión posible de su conferencia habría resultado en un mejor producto para los oyentes no hispanohablantes.

El juez empezó explicando que no hablaba bien el inglés y que por eso iba a hablar en español. Esta primera oración la pronunció en inglés y provocó una risa del público que había venido a oírlo. La conferencia que dio tuvo muy poco que ver con España, y mucho más con el tema de los derechos humanos en varios contextos históricos y culturales. Saqué unas 7 páginas de apuntes, pero intentaré condensar las ideas principales aquí.

En cierto sentido la conferencia del juez casi se podía considerar como un texto elemental sobre la historia de los derechos humanos, del siglo XX hasta la actualidad. El juez empezó subrayando el concepto del derecho a la verdad y el derecho a la justicia y en realidad, fueron estos conceptos que informaron la primera mitad de la conferencia. Hablando primero del caso de España, Chile y Argentina, el juez enfatizó que "no es una facultad de los jueces, es una obligación" investigar los crímenes contra la humanidad, y siempre buscar la verdad sobre cualquier impulso de negacionismo. En España, dijo, la defensa de la Transición -- el "esto no pasó aquí" -- es una de las razones principales que "no ha habido ninguna investigación, no ha habido ninguna respuesta" a las demandas de verdad y justicia para las víctimas del franquismo. Según el juez, sigue existiendo una "fase de negacionismo" que "no se ha superado" todavía por completo.

Trazando una historia larga de atrocidades del siglo XX, desde el genocidio armenio a las dictaduras militares del Cono Sur, el juez luego empezó a elaborar el estatus de los derechos humanos. A pesar de ser el siglo con múltipes traumas históricos, dijo, el siglo XX también es el siglo en que más se ha hecho a favor de los derechos humanos. Aquí destacó el año de 1998 y habló del Estatuto de Roma y la detención de Augusto Pinochet en Londres. Hablando de su propia participación en esta detención, dijo, "Sólo hice una cosa, que fue pedirla." Comentó después lo que llamó "la beligerancia contra la justicia universal" en España durante aquel tiempo, explicando que cuando pidió la detención del dictador chileno, hubo más de 100 demandas presentadas en su contra en España.

Uno de los puntos fundamentales de esta conferencia fue la idea de que cuando la justicia se ocupa de crímenes del Estado, ha hecho posible ocuparse también de otros crímenes. Puso como ejemplo la manera en que la Argentina ha empezado a examinar más profundamente el problema de la violencia de género. Pero también apuntó la manera en que las acciones de un país pueden tener repercusiones positivas en otros. En este caso habló de Uruguay, que recientemente ratificó políticas dictatoriales, la más importante siendo la Ley de Amnistía de este país, que garantizaba amnistía para crímenes contra la humanidad ocurridas durante la dictadura militar (1973-85). Mencionó también el caso de Brasil, que intentaba, según el juez, decir que "la Ley de Amnistía no se toca" y explicó que la Corte Internacional no lo aceptó. Resumiendo diferentes casos latinoamericanos resultó ser una manera de aludir al caso de España y su propia Ley de Amnistía sin tener que hablar directamente de ella. Asimismo era una manera de llegar al tema de la justicia universal.

Según el juez, se ha estancado la justicia universal por motivos diplomáticos, políticos y económicos. En España, comentó la reforma de 2009 de la Ley de Jurisdicción Universal y también el sentido de que España no siempre se ha tendido a percibir como el país responsable de o mejor preparado para empezar investigaciones de tamaño internacional. En cambio, muchas veces ha dominado la idea de que "si investigan Uds., entonces no lo tenemos que hacer nosotros." Me gustaría haber podido encontrar la cita exacta, pero el juez citó el ejemplo de José María Aznar, que en algún momento explicó que España sirve como "un buzón" para tramitar las pedidas de otros países, no para procesarlas sí misma. Desde la perspectiva del juez, hubo tres casos principales que empezaron la polémica de la jurisdicción universal -- el de China, el de Israel y Gaza y el de Guantánamo. Citó también la presidencia de George W. Bush y la guerra de Irak como factores que condujeron a la oposición de la jurisdicción universal. Este no fue el único momento en que mencionó el papel de EE.UU. Cuando hablaba de las dictaduras de Latinoamérica, le recordó al público que estas se habían apoyado en su gran mayoría por los vecinos de América del Norte.

Tal vez, como era de esperar, el juez terminó la conferencia enfocándose en el caso de España. Explicó que, a pesar de lo que parece, España comparte mucho con otras sociedades posdictatoriales. Volvió a citar la Ley de Amnistía, diciendo que "no hubo transición -- fue una transición formal." La derogación de otras leyes de amnistía no parece haber tenido el más mínimo impacto en España. El deseo de integrarse en el resto de Europa es otra razón que España no quiso o no pudo tratar el tema de la dictadura durante la década de los 70 e incluso los 80. Sin embargo, como afirmó, "los olvidos impuestos oficialmente. . . no coinciden con la voluntad de los seres humanos." Añadió luego que el análisis del pasado traumático nunca es voluntario, siempre es algo que se impone desde fuera.

Quizá, con el paso de una semana desde que oí la conferencia, estoy imaginando esto, pero parece que en este momento de la conferencia, el juez habló de forma más enfática. Pareció emocionado cuando habló de una anciana de 100 años, que en 2009, había pedido una prueba del ADN para tratar de emparejarla con un niño robado. Nunca ocurrió la prueba, porque la mujer murió antes, y nadie nunca le respondió. En este momento, el juez preguntó, "¿Por qué no dijo nada España al respecto?" y se contestó en parte, "Es muy jodido para mí." Enfatizó que "lo importante es la investigación," no lo que termina pasándole a él.

El fin de la conferencia se caracterizó por la conciencia del hablante de que se había extendido un poco pasado el tiempo esperado. Por eso, no me pareció que habló tanto del tema de la reparación como de la verdad y la justicia. Sí le dio tiempo para explicar que la "reconciliación es leer conjuntamente la historia" y que "la justicia se exige, no se pide." Y también comentó que a estas alturas, no hay planes bien establecidos para enseñar el pasado reciente de España. Dijo que mucho depende de los políticos, porque tendrán que decidir si esta historia conjunta puede existir en algún momento en los libros de texto.

No creo que nadie esperase que el juez fuese a hablar durante 2 horas. El cartel para la conferencia había sugerido una conferencia de una hora, con una recepción después, para empezar a las 16 h. Al final del discurso, era obvio que algunos del público se habían cansado un poco, o tuvieron que salir por otros motivos, porque noté varias veces que pequeños grupos salían de puntillas del salón mientras seguía hablando el juez. Yo también tenía que irme, pensando en el viaje en coche que me esperaba, pero no quería porque la conferencia realmente me había captado la atención y apenas noté pasar el tiempo.

Al final de la conferencia, por motivos de tiempo, se permitieron unas 3 or 4 preguntas. En este momento, terminó el traductor su trabajo y la profesora Ferrán empezó de servir de intérprete al juez, o al resto del público. La mayoría de las preguntas no eran nada especiales, pero me impresionó que el juez contestase seriamente cada una, como si todas mereciesen la pena de una respuesta.

El momento más curioso de esta fase de preguntas era cuando una mujer le criticó a Obama al hacerle una pregunta al juez. Al principio, aunque hablaba en inglés, no entendí qué preguntaba y me dio vergüenza ajena. Vez tras vez, la mujer citaba lo que llamaba "the village idiot" (lit. el tonto del pueblo). "The village idiot tells me" (me dice el tonto del pueblo), decía, y terminó su propio discurso diciendo, "Will you defend the village idiot when he goes to Guantánamo?" (¿defenderá Ud. al tonto del pueblo cuando vaya a Guantánamo?). En un momento dado, creí entender que, desde su punto de vista, el presidente Obama merecía ser preso en Guantánamo. Pensé que debía ser de algún grupo marginal como del Tea Party, pero luego se me ocurrió que pudo haber sido alguien de la izquierda radical. El juez le ofreció una respuesta muy mesurada y tranquila. Ante todo, le dijo, "¿Y me toma por el tonto del pueblo,?" elicitando una risa un poco nerviosa del público. Pero luego, le respondió que mienten todos los políticos (una de las críticas de la mujer había sido que Obama mintiera durante su campaña electoral) y citó su participación breve en la política, en que le preguntó a un político si no le preocupaba no cumplir con las promesas de su campaña. El político contestó que "para eso existen las campañas electorales." Después, el juez le explicó a esta mujer que tenemos que actuar si no estamos satisfechos con la forma en que se hacen las cosas en la política. Dijo que hay demasiada gente que se contenta con leer un artículo o ver un programa de la tele para informarse. Hay que ir más allá de los medios y ser ciudadanos pro-activos.

Otra pregunta tuvo que ver con la reparación. Aunque el video de mi cámara no sea de la mejor calidad, por lo menos se puede escuchar bien. Como el archivo era demasiado grande para subir, lo voy a enlazar aquí.
La misma persona que preguntó sobre la reparación quería saber cómo el juez manejaba el tema del miedo. Pensé que su respuesta era aplicable a muchos contextos. Otra vez, he enlazado aquí el video breve de la respuesta del juez.

Al terminar las preguntas, mucha gente subió al salón donde iba a tener lugar una recepción. No necesariamente pensé que tendría la oportunidad de hablar con el juez, pero me fui acercando hasta donde estaba hablando con un pequeño grupo de personas. He asistido a muchas conferencias con diversos teóricos y estudiosos, y nunca me ha gustado este tipo de pos-encuentro con el hablante, porque típicamente tiende a rodearse por la gente más conocida e importante, y huye de hablar con la gente corriente. Sin embargo, en este caso, me pareció que al juez le interesaba más hablar con exactamente estas últimas personas. Las coordinadoras de la conferencia seguían intentando hacer que subiese a la recepción ofrecida en su honor, pero pareció no enterarse. Había personas que le querían hablar de sus familiares, una pareja mayor que quería sacarse una foto con él y gente como yo, que simplemente cumplía la ilusión de conocer en persona a esta figura representativa de la justicia universal. Justo cuando pareció que no iba a haber manera de hablar con él, se acercó al podio para recoger algo, y en ese momento aproveché la oportunidad para presentarme. Como también había traído conmigo el nuevo libro, se ofreció a firmármelo y no solo lo firmó, me escribió una dedicación personal.

Durante mucho tiempo he leído del egocentrismo del juez, de sus apodos de "juez estrella" y "super juez," y he leído también las críticas que dicen que la figura de Baltasar Garzón y su juicio están quitando la luz del caso más importante y pendiente, que era y es el de las víctimas del franquismo. En un post reciente en su blog, María José Barreiro ha tachado el fenómeno del "progarzonismo que nos invade." Por supuesto, es imposible que un encuentro de 5 minutos con el juez pueda revelarnos mucho de su persona, pero a mí me impresionó que llevase tanto tiempo con cada persona que le quería hablar, especialmente cuando ya había hablado durante 2 horas. Es muy posible que -- de no ser estadounidense -- viera de una manera distinta al juez. Pero no vi durante su discurso un enfoque en el caso contra él (apenas se refirió a él -- habría que saber de él de antemano para leer entre líneas) o un interés en defenderse contra estas críticas de los últimos años. La conferencia demostró su capacidad intelectual, su conocimiento amplio del derecho, la historia y la política y su interés en defender a quienes no pueden o a quienes no se sienten capaces de defenderse. Sin duda, la conferencia iba dirigida principalmente a una audiencia progresista, pero tampoco la encontré especialmente crítica de partidos conservadores o derechistas.

Al volver a casa, pensaba en el título de la película de Coixet, Escuchando al juez Garzón. Durante un par de horas, escuchamos al juez Garzón en Minnesota. Sin duda, habrá los que creen que el título de la película refleja en sí el problema del juez que quiere dirigirse la atención mediática. Pero en realidad, ¿cuándo hemos escuchado al juez? Después de su destitución vergonzosa de abril de 2010, todos han hablado por y para él. Aunque entienda por qué hay gente que critica la atención que ha recibido, en cierto sentido creo que ha sido la causa contra él que más luz ha arrojado sobre el auto de 2008, porque la indignación internacional surgida en torno al caso contra Garzón en la mayoría de los casos no tiene que ver con él y quién es, sino por lo increíble que parece llevarle al tribunal un juez que ha intentado investigar los crímenes franquistas. Sí, por supuesto que hubo familiares y gente comprometida con las víctimas mucho antes del juez, que exigían verdad, justicia y reparación y nunca recibían la ayuda de nadie. Pero ¿por qué criticar el enfoque en el juez si hablar de él casi siempre termina conduciendo al tema de los derechos humanos en España y más allá de sus fronteras?

Como expliqué aquí hace un año, apoyo al juez Garzón no por él, sino por lo que representa. De vez en cuando aparecen aquí comentaristas anónimos que me quieren explicar todo lo que no entiendo de derecho español. Es verdad que no soy experta en este tema, ni mucho menos. Pero me he informado durante mucho tiempo sobre el caso contra Garzón, y me sigue pareciendo todo lo que ha sucedido una táctica cuidadosamente planeada y construida para asegurar que la historia la puedan seguir escribiendo unos, y no otros. Como se ha explicado en otros blogs, la demora en llevarle al juicio al juez parece ser diseñada para desconectarlo de la investigación que inició la primera demanda. Hay muchas irregularidades que rodean el caso contra Garzón. Pero estas no solo tienen que ver con él, sino con asegurar la calidad del proceso democrático para cada ciudadano.

La conferencia del juez Garzón en la Universidad de Minnesota no era sobre él y su caso particular. Tampoco era sobre España. Era, en parte, sobre la historia de la impunidad y los intentos de reparar los traumas del pasado. También, sobre el poder de la memoria y el rechazo al olvido oficial. Escuchando al juez Garzón me confirmó lo que ya creía y creo. Me da la sensación de que se escucha de una manera distinta fuera de España que en su propio país.

Nota: todos los videos y las fotos son míos, excepto la de la señora de la pancarta. Para ver más fotos, pinchar aquí. Por desgracia, existió por un día en internet el video íntegro de la conferencia, pero ya no funciona el enlace.

martes, 28 de septiembre de 2010

Siguen buscando justicia. 1975: los últimos fusilamientos del franquismo

De: Público.es

Víctimas de la pantomima judicial de Franco y olvidados por la democracia
Ayer se cumplieron 35 años de los últimos fusilamientos de los consejos de guerra fascistas en 1975

DIEGO BARCALA Madrid 28/09/2010 08:00 Actualizado: 28/09/2010 09:00

Flor Baena tiene hoy 57 años. La última vez que vio a su hermano, el militante del Frente Revolucionario Antifascista Patriota (FRAP) Xosé Humberto Baena, ella tenía 22. Dos menos que él. Acompañó a su padre a la cárcel de Carabanchel, donde estaba detenido acusado del asesinato de un policía. "Le vimos entre rejas, a través de un cristal. Se le veían perfectamente las heridas. Estaba muy golpeado, con las uñas arrancadas. Le habían metido palillos en los dedos hasta que confesara. Nos reconoció que no sabía lo que había firmado y que era inocente", recuerda.

Lo que Xosé Humberto firmó casi inconsciente y torturado fue su culpabilidad. Con esa farsa de declaración le sobró al tribunal militar franquista para condenarlo a muerte junto con otros diez militantes de ETA y del FRAP. En la madrugada del sábado 28 de septiembre de hace 35 años murieron fusilados cinco de ellos (dos de ETA y tres del FRAP) que no consiguieron el indulto. Los consejos de guerra fueron una pantomima. No permitieron que los acusados presentaran testigos ni pruebas en su defensa.

"Una mujer nos envió una carta contando que antes de que lo fusilaran fue a una comisaría para decir que ella había visto a los asesinos del policía Lucio Rodríguez y que mi hermano, que había salido en la tele, no estaba allí. Decía que un jefe de la comisaría, jugando con su pistola, le dijo: Olvídese de ese tema, están todos en el mismo saco'", explica Flor indignada. Esa misiva desapareció quemada en un misterioso incendio que se produjo en 1977 en la casa familiar de los Baena. "Por supuesto, nadie investigó el incendio que se produjo poco después de que mi padre fuera a Madrid a reclamar su inocencia", añade Flor.

El testimonio de aquella testigo no sirvió como prueba en un juicio que no tuvo pruebas de balística, ni arma del crimen, ni pruebas materiales. El padre de Baena luchó hasta su muerte en 1982 por la inocencia de su hijo. Su pelea la heredó Flor, que ha recurrido sin éxito al Tribunal Supremo, al Constitucional, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo y a todas las instancias del Gobierno. "Sólo quiero limpiar el nombre de mi hermano. No pido indemnizaciones ni dinero. Sólo que anulen esa sentencia injusta y al menos, que se sepa lo que ocurrió", clama Flor.

El portazo del Constitucional se basó en que la sentencia es previa a la aprobación de la Carta Magna y el TEDH denegó su petición porque en 1975 España no había firmado todavía el Convenio Europeo de Derechos Humanos. El Gobierno se escuda en la Ley de Memoria que abre la puerta a los recursos judiciales que luego los tribunales se empeñan en cerrar.

Justicia universal

El último intento por limpiar los nombres de Baena y sus compañeros pasa por la aplicación de la justicia universal en Argentina. Allí ha acudido Silvia Carretero, viuda del militante del FRAP, José Luis Sánchez-Bravo. Carretero estaba embarazada cuando los tres militantes murieron en una tapia de El Goloso. Su dolor es tan intenso que declina dar entrevistas.

"El dolor de estas personas es enorme y sólo piden que se cierre la herida que todavía llevan dentro. Sin revanchas", analiza el director del documental Septiembre del 75, Adolfo Dufour. Esta película recorre los sucesos de aquellos tenebrosos días de 1975. "La mirada de Flor me convenció para hacer el documental. Lleva el dolor en el rostro. La película habla de su lucha durante 35 años pero sobre todo denuncia la violencia que sólo deja ausencia y dolor", cuenta el realizador.

La película explica también la contestación de los militantes del FRAP en el exilio ante la lucha armada. "Matar es matar. Es acabar con la vida igualmente, tal y como lo dice Amnistía Internacional. Queremos hacer una reflexión sobre la pena de muerte en general", Añade Dufour. Septiembre del 75 cuenta con valiosos testimonios de los testigos de aquel consejo de guerra que conmovió al mundo entero ante la irreflexión de un régimen que empezó y acabó con la muerte fascista como método de supervivencia. "El jiji jaja, corríamos delante de los grises, que dicen algunos ahora. Nada de eso. Los grises mataban. La Guardia Civil mataba. La Brigada Político Social mataba. En estas condiciones fuimos condenados a muerte y en esas condiciones fue asesinado Humberto Baena", recuerda en la cinta Manuel Blanco Chivite, militante del FRAP cuya pena de muerte fue conmutada.

El asesinato de Baena y los otros condenados en 1975 fue fríamente descrito en la prensa de la época con titulares como el de ABC: "Sentencias de muerte cumplidas". Fueron detenidos, apenas 24 horas después de los atentados y la prensa anunció la detención de los asesinos del policía". 35 años después, la justicia sigue culpándoles.

viernes, 11 de junio de 2010

Juan Guzmán, un juez chileno: "El pecado de Garzón es querer llegar a la verdad"

De: Público.es

"El pecado de Garzón es querer llegar a la verdad"
Juan Guzmán. Juez chileno. El magistrado que procesó a Pinochet analiza el proceso del Tribunal Supremo contra Garzón

ALBERT MARTÍN VIDAL BARCELONA 11/06/2010 08:00 Actualizado: 11/06/2010 08:03

El juez Guzmán, alto y de porte británico, se lamenta de que en Chile "los jóvenes ya no saben qué pasó". Invitado por el Departament de Interior de Catalunya a un coloquio sobre la revisión jurídica de las dictaduras, asegura que "siempre hay algo en común en los acontecimientos horribles" y expresa su esperanza en que "en el siglo XXI seamos menos bárbaros que en el XX". Pero su optimismo no es grande: "A veces, sólo a veces, se consigue justicia".

Usted denuncia que sufrió "persecución" por parte de la Justicia durante el proceso a Pinochet. ¿Cómo valora el proceso que está viviendo Garzón?

Es como en la Inquisición: quien difiere del grupo dominante conservador debe morir. Varela no debió iniciar este proceso por prevaricación, todos sabemos que ese no es el caso. Garzón no está aplicando la Ley de Amnistía de 1977, sino la ley penal internacional que establece que las amnistías no proceden con respecto a los crímenes de lesa humanidad. Ya investigó violaciones de derechos humanos en Chile o Argentina, y una de las mayores funciones del procedimiento penal es la investigación acerca del paradero de las víctimas de desapariciones forzadas. Es una labor humanitaria, no sólo jurisdiccional. El pecado de Garzón es querer romper la impunidad y llegar a la verdad, que es lo que debe hacer un juez.

¿Le recuerda a lo que usted vivió?

A mí me iban a echar aplicando el estatuto administrativo. Me aplicaron dos sanciones, una verbal y una por escrito, las dos por hechos falsos. A la siguiente, salía de la judicatura. Fueron más sutiles que aquí pero el resultado era el mismo: sacarme del camino. Lo dejé antes de que continuaran acosándome los miembros de la Corte Suprema.


En España el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial abre la vía a la justicia universal pero no se está aplicando.

Es absurdo y prueba que los jueces que pretenden hacer justicia de situaciones como una guerra civil o una dictadura están expuesto a presiones muy grandes. Es increíble que en una sociedad moderna como la española, que llegó tan arriba en esta cuestión, no se aplique la justicia universal. Y que se alteren tanto los hechos como para decir que hay una prevaricación es triste. Dos agrupaciones fascistoides llevaron esto a la justicia y un juez que posiblemente envidia la trayectoria de Garzón mordió el anzuelo. Varela ha sido utilizado y le va a costar mucho salir de esto.


Usted es conocido por el proceso a Pinochet, a quien no llegó a juzgar. ¿Hasta qué punto siente que ganó esa batalla?

Hice lo que pude. Fue una batalla que di durante ocho años. Consistió en lograr el desafuero de Pinochet y procesarle en tres ocasiones, en tomarle declaración y significó exponer al mundo los crímenes cometidos bajo su dictadura. Más no pude porque eran tribunales superiores los que dejaban sin efecto mis resoluciones. La opinión pública nacional e internacional sabe muy bien que no me equivoqué.

¿Qué recuerda de sus horas de conversación con él?

Tenía la conciencia muy tranquila, se declaraba un ángel y decía que gracias a él se erradicó el comunismo de Chile. Hubo un cambio radical entre la primera y la segunda vez que le interrogué. En el año 2000, Pinochet estaba convencido de que no le iba a procesar. Me trató atentamente, me invitó a café. En 2004, ya procesado, se enojó porque la computadora tardaba en imprimir la declaración y antes de firmarla la leyó entera porque, según dijo al funcionario en referencia a mí, "este gallo [tipo] me cambia las cosas".

Aplicó el concepto de secuestro permanente. ¿Se podría aplicar en España?

El secuestro se comete desde que se priva de la libertad a alguien hasta que se le devuelve la libertad o aparecen sus restos. Los secuestros permanentes eluden la aministía porque el delito se sigue perpetrando hacia el futuro después de la fecha de la amnistía. Ese fue mi planteamiento y perfectamente lo podría haber aplicado Garzón.

¿Qué respondía a quienes le acusaban de no dejar cicatrizar el pasado?

Nada, porque las cosas no se dicen en la cara, se dicen por detrás. ¿Qué pienso yo? Para que cicatricen las heridas primero tienen que sanar. ¿Y cómo se va a sanar la herida de una desaparición forzada de una persona? Encontrándola, o entregando a los familiares sus restos para que les den santa sepultura y terminara su agonía. El ser humano necesita que haya justicia en el sentido más amplio y esta se obtiene precisamente utilizando medios legales.

¿Es eso imprescindible para culminar una transición política?

Sí, cuando es tan cercana a los hechos como en Chile o España, hay que cerrar las heridas a través de la justicia.

¿Por qué defiende usted la creatividad del jurista?

Si se mira su sentido estricto, la ley cae en el pasado. Hay que aplicar la ley en forma progresiva, no quedarse en la ley de 1890, sino hacerla aplicable al siglo XX y al XXI, eso es la interpretación progresiva, que no progresista. Además, el juez debe utilizar los elementos de interpretación que le da la ley. Los jueces que quieren estar con la época y el momento histórico deben pasar por ahí. En eso Garzón ha sido un maestro.


¿Es inevitable la politización de la justicia?

Las instituciones son cada vez más justas, pero lamentablemente el hombre sigue siendo un animal político y hace que muchas veces prevalezca la política a la justicia. Es por eso que ocurre lo del juez Garzón y por lo que muchos jueces en el mundo se ven inhibidos de llevar hacia adelante la acción legal.

sábado, 17 de abril de 2010

El Wall Street Journal arremete contra el juez Garzón

Como siempre publico aquí noticias a favor del juez Garzón, he decidido incluir el artículo de abajo, publicado el martes 13 de abril en el diario conservador neoyorquino, el Wall Street Journal. Nunca leo este diario, pero me parece necesario compartir esta editorial, si es sólo para expresar mi más profundo desacuerdo con su postura, que se desentiende por completo de los asuntos más relevantes relacionados con el caso contra el juez.

Como para competir con la editorial recién publicada en el New York Times, aquí, los editores sostienen que el juez ha traspasado los límites de la jurisdicción. No hay ningún intento por parte de éstos de explorar el origen de las querellas contra el juez o los problemas fundamentales con la Ley de Amnistía, porque para ellos, lo único importante es 1) la personalidad del "juez hiperactivo," y 2) la cuestión de la justicia universal. Lo más aborrecible del artículo es cuando los editores recuerdan el caso contra Pinochet, y, en vez de reconocer el alto valor de aquel intento de perseguir al ex dictador chileno, dicen: "The judge's admirers considered the warrant against Pinochet the very essence of justice. We warned at the time that it was a recipe for legal anarchy and international discord, and profoundly antidemocratic to boot."

Aquí, los editores vuelven a recordarnos de su perspectiva de aquel momento, en que avisaron que la persecución de Pinochet era una "receta para la anarquía legal y la discordia internacional, y además, profundamente antidemocrático" (traducción mía). El uso simultáneo de las frases "anarquía legal," "discordia internacional" y el adjetivo "antidemocrático" intentan crear un sentido de miedo de qué podría ocurrir si los gobiernos de unos países se involucraran inncecesariamente en los asuntos de otro. Los editores escriben suponiendo que un país "democrático" nunca requiere la perspectiva legal de un "tercero." ¿Qué pasa, en otras palabras, cuando una supuesta democracia comete crímenes contra derechos humanos? ¿Se ha de suponer que sólo ese país -- por ser "democrático" y capaz de manejar sus propios asuntos en su propio sistema jurídico -- tiene derecho a juzgar tales crímenes?

Este tema no es el en que los editores deben estar enfocándose, pero resulta más fácil sugerir que todos los problemas de Garzón han surgido a raíz de casos en que el juez se ha atrevido a mirar tras las fronteras de su propio país -- Pinochet, Bush, Bin Laden, etc. Puede que la cuestión de la justicia universal sea uno de los motivos por los que ha enfadado a tanta gente, pero en 1998, estoy segura que la misma gente que ahora arremete contra el juez, antes lo apoyaban. Nunca es lo mismo perseguir a dictadores en otros países, que hacerlo en el país de uno mismo.

Yo apoyo al juez Garzón, pero me importa un comino que se llame "Garzón," o que sea un "juez estrella," un "juez hiperactivo," etc. Sigo sin entender cómo un país democrático pueda haber permitido que pasaran al Tribunal Supremo querellas de grupos como Manos Limpias, o de los políticos corruptos encarcelados. Es una burda de la democracia!!! Con tanto enfoque en el juez, estamos perdiendo de vista cada día más el origen de todo este lío -- la decisión de perseguir crímenes contra el franquismo. La prensa y el público, tan obsesionados los dos con seguir el esplendor y la decadencia de una figura como la del juez, se están olvidando de que las querellas presentadas contra su persona representan al mismo tiempo, querellas contra las víctimas del franquismo que el juez ha intentado defender. El circo mediático que rodea este caso es como el sueño de la derecha -- con un enfoque extendido en la persona del juez, resulta fácil re-enterrar la cuestión de la memoria histórica. Porque a algunos les gustaría creer que es el juez quien está ensuciando el camino de la modélica Transición, ensuciando implícitamente los nombres de sus autores.

Los editores del Wall Street Journal operan sobre la base de que "lo que pasa en España queda en España:" "Whether it's legal for the Spanish judge to re-fight Spain's 70-year-old civil war will be settled by Spaniards, in Spain, according to Spanish law. Which sounds right to us. Here's hoping Mr. Garzón's imitators grant other countries the same respect." (Los españoles decidirán si es legal o no que el juez re-luche contra una guerra civil de 70 años, y lo decidirán en España, según la Ley española, lo que nos parece correcto. Esperemos que los imitadores del sr. Garzón concedan el mismo respeto a otros países" - traducción mía). Qué fácil y sencilla visión de la democracia tienen los editores del WSJ! La democracia, y ser ciudadano democrático, no significa preocuparse sólo por lo que pasa en el país de uno. Significa entender cómo los ataques injustos contra el proceso democrático en otros países terminan afectándonos a todos nosotros.
Artículo del 13 de abril

A 'Torture' Judge's Comeuppance

Spain's Garzón is indicted for judicial overreach.

Spanish judge Baltazar Garzón was indicted last week for his probe into Civil War-era executions and disappearances. A Spanish Supreme Court judge charged him with manipulating justice, overstepping his jurisdiction and ignoring a 1977 amnesty on atrocities linked to Francisco Franco's dictatorship.

So it turns out there are limits to Spanish jurisdiction—in Spain at least.

Mr. Garzón first rose to global legal stardom for issuing the 1998 arrest warrant that prompted U.K. authorities to place former Chilean strongman Augusto Pinochet under house arrest for over a year. The warrant rested on the concept of "universal jurisdiction," whereby a judge of any state claims legal jurisdiction over an individual from any other state suspected of having committed certain classes of crime. The judge's admirers considered the warrant against Pinochet the very essence of justice. We warned at the time that it was a recipe for legal anarchy and international discord, and profoundly antidemocratic to boot.

The hyperactive judge has since gone after everyone from Osama bin Laden to Argentine military officers to Italian Prime Minister Silvio Berlusconi. Last year he launched proceedings against former Bush Administration officials on "torture" allegations. Mr. Garzón's colleagues in the Spanish judiciary have also followed his lead with moves against Israeli, Rwandan and Chinese officials for various abuses, real or imagined.

Few of these cases have amounted to much, unless you count a lot of ruined travel plans. And now, at long last, the Garzón shtick is wearing thin. Jaime Alonso, one of the lawyers who filed the case, accuses the judge of employing "judicial gymnastics" to gain "a political platform for his own glory." Spain's Congress has also attempted to curb the judiciary's extraterritorial enthusiasms by limiting its purview to cases with a Spanish connection, and where the target's home country isn't already investigating.

Judge Garzón faces a trial and, if convicted, a ban of up to 20 years from court. Whether it's legal for the Spanish judge to re-fight Spain's 70-year-old civil war will be settled by Spaniards, in Spain, according to Spanish law. Which sounds right to us. Here's hoping Mr. Garzón's imitators grant other countries the same respect.
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