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miércoles, 7 de enero de 2009

Ricard Vinyes - "La memoria como política pública"

Ricard Vinyes, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona, ha publicado hoy en El País "La memoria como política pública," un artículo que seguramente va a generar mucha discusión por algunas reflexiones que hace en su último párrafo: "el perdón carece de sentido. No lo tiene ni la demanda de perdón por parte del Estado, ni la concesión que pueda hacer la sociedad afectada. No hay nada que perdonar ni nada que vengar." Pero el artículo de Vinyes va mucho más allá del tema del perdón, abordando el término "víctima," y las implicaciones del "deber" de la memoria (o el olvido).

Para Vinyes, "considerar la memoria como un deber moral, o considerar el olvido como un imperativo político y civil. . .genera un elemento de coerción, pero sobre todo crea un dilema al plantear la opción entre olvido y recuerdo: ¿Es preciso recordar, o es preciso olvidar?" El problema con esta dicotomía de la memoria y el olvido, según el profesor Vinyes, es que termina limitando la cuestión "a una opción estrictamente individual, y en consecuencia exime de responsabilidad a la Administración, porque la decisión - de olvidar, o de recordar, no importa - queda reducida a la más estricta intimidad por lo que no puede haber actuación pública, tan solo inhibición." Vinyes propone una "política pública," la que intenta definir a continuación:
Una política pública es la combinación de tres elementos: un objetivo, un programa y un instrumento. El objetivo consiste en asumir como patrimonio de la nación los esfuerzos, valores y conflictos que han hecho posible la democratización de la sociedad y sobre los cuales se sostienen sus expresiones institucionales. El programa son las actuaciones diversas destinadas a preservar, estimular y garantizar la transmisión de ese patrimonio. El instrumento es la institución pública que tiene el mandato de garantizar los objetivos, crear el programa y desarrollarlo.
Aunque Vinyes trata de delimitar lo que entiende como "política pública," no entiendo del todo cómo imagina implementar tal política en España. Puede que me equivoque enormemente, pero para mí Vinyes está diciendo que hay que involucrar más al Estado en la memoria, y así garantizar un acceso a la memoria pública. Como explica el autor, "una de las funciones de la política pública es garantizar el acceso de la ciudadanía a la confección de la memoria pública." ¿Esto ocurriría por medio de leyes como la Ley de Memoria? ¿Por crear un archivo nacional de la guerra? ¿Un museo? ¿Cómo sería distinta esta política de la que existe actualmente?

Es interesante que Vinyes concluya diciendo que el perdón no es posible, ni tampoco la reparación. Lo que propone Vinyes en lugar de estos conceptos es explicar, reconocer, y asumir por medio de la política pública el daño efectuado por el franquismo Avishai Margalit, en su libro The Ethics of Memory, parece creer en el perdón, pero asegura que sólo es posible cuando se elimina el rencor. Es importante apuntar que este perdón no significa que se olvide del daño cometido, sino del "resentimiento" (en palabras de Margalit, "resentment") que resulta de la injusticia cometida:
I maintain that what is needed for successful forgiveness is not forgetting the wrong done but rather overcoming the resentment that accompanies it. It is like forgetting an emotion in the sense of not reliving it when memory of the event comes to mind. The right model for forgiving, both psychologically and ethically, is the covering-up model, not the blotting-out model. What ought to be blotted out is the memory of the emotion in the sense of reliving it, not in the sense of remembering it. (208)
Si la "política pública" necesariamente involucra la política y a los políticos, resulta difícil imaginar cómo los dos partidos principales en España crearían una política satisfactoria en la opinión de una mayoría de la ciudadanía (y carente del resentimiento que señala Margalit). Aquí otra vez se resalta, desde mi punto de vista, lo que es la memoria transgeneracional. Tal vez es mejor decir "trans" en vez de "inter," ya que implica una memoria que intenta pensarse más allá del límite innatural de dos o tres generaciones. O sea, es pensar la memoria del pasado como una memoria del futuro, que sale del ámbito familiar y busca en el colectivo su historia. ¿Está lista España para "asumir" su pasado, en palabras de Vinyes, y mirar hacia esta "memoria del futuro"?

Parecería que el país ha progresado a pasos agigantados en los últimos años para reconciliarse con la memoria de la guerra y del franquismo, pero aún quedan muchos desafíos (por ejemplo, un reconocimiento de los niños robados de madres republicanas, o el caso actual de los descendientes del exilio). Cuando Vinyes habla de reconocer y asumir el pasado, no dice que muchos de los políticos aún se niegan a reconocer abiertamente el pasado franquista y las conexiones latentes de su partido con él. Creo coincidir con el autor en que el reconocimiento del "daño causado por la dictadura" y la irreparabilidad del mismo tiene que ocurrir antes que se pueda asumir una tarea de política pública.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

"¿Quién se beneficia de esto?" - el censo de desaparecidos

Ante todo, quisiera saludar a Elita (recomiendo ver su excelente blog literario Bibliácora) y agradecerle el dato del artículo en El País que me comentó el otro día.*

Es difícil saber donde empezar esta entrada, considerando la cantidad de artículos publicados hoy sobre Baltasar Garzón y la creación de un censo de desaparecidos del franquismo (y temas relacionados). Esta mañana, sólo en El País (periódico que leo diariamente), había por lo menos 3 artículos nuevos, más un editorial, "Garzón y la memoria." Aunque geográficamente yo esté lejos de España, creo que sería cierto decir que éste es un momento histórico para el país. Según Natalia Junquera ("Media España, sin datos), "[c]on su petición de datos para realizar un censo de desaparecidos y muertos por la Guerra Civil, el juez Baltasar Garzón revolucionó ayer a asociaciones, investigadores e instituciones públicas de casi toda España."

*El 2 de septiembre, El País publicó un artículo de Manuel Altozano, "Garzón lanza la mayor investigación sobre desaparecidos del régimen de Franco." La noticia salió días después de que organizaciones como la ARMH criticaron a Garzón por haber asisitido a exhumaciones y ayudado investigaciones en otros países fuera de España. Hay aspectos complicados del proceso legal en España que reconozco no entender del todo. Pero sí es evidente que la participación de Garzón ha sido fundamental en acelerar los trámites para identificar y documentar a los desaparecidos.

A veces, lo que me parece casi tan interesante como los artículos que salen con respecto a este tema son los comentarios que se publican a su final por los lectores. Los foros de discusión, las salas de chat y otras regiones del mundo virtual parecen incubar gente de una mentalidad extrema -- o de izquierdas o de derechas -- que no puede callarse la boca, exhibiendo así para todo el mundo las opiniones que tal vez no se atreverían a comentar públicamente. A veces hablan por hablar, a veces por ver cómo le responden, a veces por apoyar o defender a alguien con ideas parecidas. Si el tema es controvertido, como casi siempre suele ser el de la GCE y la memoria histórica, echo un vistazo a los comentarios al final del artículo para salir del lenguaje (supuestamente) objetivo y ver qué es lo que opina la gente común y corriente.

No me acuerdo ahora del artículo en que apareció esta pregunta, pero la apunté porque me pareció relevante, aunque se hizo con un tono un tanto amargado o mosqueado. "¿Quién se beneficia de todo esto,?" preguntó la persona del comentario número 60, y, si mal no recuerdo, después de haberse preguntado si también contaban víctimas de otras guerras y de otros momentos históricos. Más que sugerir que las últimas noticias surgían por razones políticas, la irritación del autor parecía provenir de la distancia temporal de la GCE y el franquismo.

Se ha oído mucho, sobre todo del PP (pero también de otros), que todo lo referido a las fosas, la simbología franquista, las conmemoraciones, y la ley de Memoria es reabrir heridas, es remover el pasado para no dejar cicatrizar las heridas. Como antes he hecho aquí, me pregunto: ¿de quién(es) son estas heridas? ¿Cuál es el pasado que tanto desean dejar enterrado los que critican propuestas como la del censo, la desclasficiación de archivos, o reparaciones para los descendientes de represaliados? La pregunta "¿quién se beneficia de esto?" es una pregunta egoísta si se considera, en primer lugar, para qué razón existen tales intentos de identificación, documentación y reparación. La pregunta se niega a examinar las razones tras las decisiones recientes sobre qué hacer (o no) con el pasado traumático histórico: su autor determina que el caso del franquismo no merece un tratamiento especial, ya que hay tantos casos parecidos en la Historia.

Quién se beneficia de esto. Avishai Margalit, en su libro The Ethics of Memory, habla de qué obligaciones -- si es que las hay -- tenemos frente al pasado. ¿Hay un deber a recordar? ¿Hay un "derecho a la memoria," como dijo Dulce Chacón? O, ¿hay un exceso de memoria, como proponen otros como Manuel Cruz en Las malas pasadas del pasado? Creo, como Margalit, en lo que llama la "ética de la memoria." Esa ética, según la entiendo yo, no sólo significa nuestra responsabilidad hacia el pasado, sino hacia el futuro. En cualquier contexto político, hay que romper con la idea de que todo lo que hacemos ahora lo hacemos por y para nosotros.

Sé que la pregunta se formuló como un comentario suelto al final de un artículo. Sé que es una opinión entre muchas. Pero preguntar quién se beneficia del censo propuesto o de las exhumaciones es un insulto a los muertos, y un insulto a sus familias. No hay "beneficios" cuando se está hablando de guerras.
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