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jueves, 21 de octubre de 2010

Congreso en Colorado sobre la II República, abril 2011

The Second Spanish Republic, 80 years later - April 22-23, 2011

THE SECOND SPANISH REPUBLIC 80 YEARS LATER.

Confirmed speakers include Enric Bou, Sebastiaan Faber, and Stanley Payne.

Coinciding with the eightieth anniversary of the proclamation of the Second Republic in Spain, this interdisciplinary conference seeks to produce a revision and a critical assessment of the Republic’s significance above and beyond its connections with the Spanish Civil War. A complex period that has raised numerous conflicting interpretations, the Second Republic remains a touchstone of the political, social and cultural development of modern Spain in the twenty-first century. Over the past eighty years, it has been transformed into a lieu de mémoire, a powerful symbol for numerous ideologies, and an historical heterotopy.

Conference organizers seek abstracts for 20-minute papers dealing with one of the following four topics: politics, social issues, literature, and culture and the arts. We particularly welcome papers that address the Second Republic as a whole or that try to provide an overall interpretation of the main trends and tendencies at play during the period (as opposed to detailed studies of individual events, authors or works). Topics of interest include, but are not limited to, the following aspects of the Second Republic:

-Social Conflict and Class Struggle
-Development in Literature and the Arts
-Cultural Politics and Reform
-Economy and Welfare State
-Political Ideologies and the Rise of Totalitarianism
-Education, Pedagogy, Secularization
-Women in the Republic
-Role of Religion
-Urban vs. Rural
-The Spanish Republic in a European Context

Please send a 300-word proposal and a brief C.V. to:
republic80after@gmail.com
by December 15, 2010

Please direct questions to Juan Herrero-Senés or Javier Krauel at: republic80after@gmail.com

martes, 25 de mayo de 2010

Stanley Payne, en El Mundo

En el post anterior cité a un estudioso al que admiro y respeto. En cambio, ahora cito a alguien que algunos han llamado el "Pío Moa estadounidense," Stanley Payne, profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.). Vi la siguiente entrevista por medio de Wikio, pero fue publicada originalmente en el diario El Mundo. Como parece que hay que tener una contraseña para acceder la entrevista, la he copiado de un blog. Como era de esperar, Payne sigue echando leña al fuego al culpar por la guerra al gobierno LEGITIMO de la II República (y parece que, por extensión, a toda la izquierda), y al usar términos como el "Alzamiento."

Stanley G. Payne: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra?.

CARLOS FRESNEDA / Nueva York
«La izquierda utiliza la Guerra Civil por su rentabilidad política»

El hispanista Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) vuelve al ruedo político con un argumento que amenaza con levantar ampollas: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra? (Espasa), Payne pone al día la vieja tesis y carga las tintas en la responsabilidad del Partido Socialista y de líderes como Santiago Carrillo. En su opinión, la derecha asumió hace tiempo los abusos del franquismo, pero desde la izquierda se sigue teniendo «una visión romántica» y se utiliza incluso la Guerra Civil por «rentabilidad política».

Pregunta.- Su libro llega en un momento crispado y crítico en España. ¿Qué le parece la decisión del Consejo General del Poder Judicial de suspender a Baltasar Garzón por su investigación sobre las desapariciones del franquismo?

Respuesta.- Una de las mayores debilidades de España es la politización de su sistema judicial. Las actividades de Garzón han estado muy determinadas por la política. En lo que se refiere a la «amnistía», siempre ha medido por un rasero muy distinto a la izquierda y a la derecha. En vez de ser un juez imparcial que se atiene a la ley, Garzón ha sido muy frecuentemente el «antijuez», preocupado, sobre todo, por la publicidad y por la política.

P.- Lo cierto es que el caso Garzón, y no hace mucho la Ley de Memoria Histórica, han vuelto a poner la Guerra Civil al rojo vivo. ¿Reviven los viejos fantasmas?

R.- No creo que el Gobierno pretenda revivir la Guerra Civil, sería exagerado decir eso. Lo que Zapatero está intentando en todo caso es rentabilizar la Guerra Civil, sacarle partido político. A mí me parece, sobre todo, una maniobra para estigmatizar históricamente a la derecha y, por extensión, al PP.

P.- En su libro, asegura que el PSOE fue uno de los principales obstáculos para la democracia antes y durante la Guerra Civil. ¿No es una acusación demasiado fuerte?

R.- A los hechos me remito. Está claro que las graves contradicciones internas y las tensiones entre las facciones de Besteiro, Prieto y Largo Caballero ayudaron mucho a que las cosas fueran mal en la República. Indalecio Prieto hizo una pequeña autocrítica, pero el Partido Socialista -y la izquierda en su conjunto- no ha hecho una examen autocrítico de sus errores.

P.- Usted acusa también a Santiago Carrillo de ser uno de los pocos extremistas que en realidad quería la guerra...

R.- Es cierto. Conviene recordar que Carrillo no fue un demócrata hasta 1977. Sus discursos en las Juventudes Comunistas eran muy radicales; de alguna manera, estaba esperando la llegada de la guerra, como tantos extremistas. El Carrillo de la Transición actuó de un modo muy responsable, pero en los últimos años ha vuelto a la vieja retórica de la izquierda y mantiene una posición muy sectaria.

P.- Parece que está exculpando usted a la extrema derecha.

R.- Los dos extremos estaban deseando y provocando la guerra civil. La extrema izquierda y la extrema derecha pensaban que iba a ser un conflicto rápido y que iba a culminar con la victoria. La sociedad española no estaba, en realidad, tan polarizada; lo que se había polarizado era el activismo radical. La radicalización de las minorías fue letal y acabó contagiando a todo el sistema y a los líderes políticos, que permitieron que el país se encaminase hacia un proceso revolucionario violento.

P.- Hasta ahora, hemos cargado las tintas sobre la izquierda, pero díganos, ¿qué podría haber hecho la derecha para evitar la Guerra Civil?

R.- Lo que podría haber hecho la derecha es, en el fondo, muy simple: someterse a todos los abusos de la izquierda. Someterse a la persecución es, a veces, la mejor opción política (al fin y al cabo, ésa era la posición de la Iglesia Católica hasta el 18 de julio de 1936). Así se podría haber evitado la guerra, al menos en ese momento. Tal vez el Frente Popular se habría partido o las condiciones podrían haber mejorado. O, tal vez, dada la naturaleza de la izquierda, podíamos haber asistido a una Guerra Civil bastante distinta.

P.- Sin el asesinato de Calvo Sotelo, ¿se habría evitado el conflcito [sic] armado?

R.- Se podría haber evitado el Alzamiento, eso creo. Franco lo consideraba prematuro unos días antes. Nadie duda de que el asesinato fue el detonante.

P.- ¿Cuál fue la baza peor jugada de la República?

R.- El Gobierno de la República fue poco inteligente a la hora de poner a prueba el nivel de tolerancia de la derecha. En las sociedades humanas, hay siempre un nivel de tolerancia que se puede soportar sin contraatacar. Pero el Gobierno de la República sobrepasó ese límite. Debería haber reforzado la ley y la Constitución, y, sin embargo, no se hizo... Incluso después del asesinato de Calvo Sotelo, Casares Quiroga tuvo la ocasión de crear un gobierno de conciliación nacional, aunque sólo fuera para mantener la seguridad. Pero tanto Casares como Azaña y Largo Caballero creyeron que el conflicto era inevitable y, hasta cierto punto, lo instigaron porque estaban convencidos de que la rebelión militar no iría muy allá. Cometieron un grave error de cálculo.

P.- ¿Tuvo la República alguna opción real de ganar la guerra?

R.- La tuvo durante las seis u ocho primeras semanas. Pero las divisiones políticas y los errores militares frustraron esa capacidad. Uno de los tópicos de la guerra es que la fuerza militar de Franco era abrumadoramente superior. En ciertas fases de una guerra de desgaste, como lo fue la Guerra Civil española, hubo un claro desequilibrio, pero las diferencias no fueron tan grandes.

P.- Entonces, ¿por qué perdió realmente la República?

R.- Creo que el propio Negrín dio en el clavo cuando se refería a «las intrigas, celos y divisiones» que corrompieron la República, y también a «los errores y la irresponsabilidad» de los líderes, asumiendo su parte de culpa. Hablar a estas alturas de las guerras civiles que hubo dentro de la Guerra Civil resulta tal vez un tópico, pero está claro que las disensiones internas debilitaron tremendamente a la izquierda.

P.- Usted critica duramente la versión de la izquierda, pero no podemos olvidar que, durante 40 años, en España existió una sola versión de la guerra.

R.-Queda tan sólo un pequeña minoría de franquistas que consideran que Franco era maravilloso, pero incluso la opinión más conservadora acepta el hecho de que fue una dictadura que llevó a cabo un fiera represión. La derecha no idealiza el franquismo como la izquierda sigue idealizando el Frente Popular, con sus abusos e incluso sus prácticas terroristas. El debate en España no es sobre la izquierda frente a la derecha, sino sobre la necesidad de reconocer la realidad histórica de la guerra sin romantizarla.

P.- ¿Qué lección se puede extraer finalmente de la Guerra Civil?

R.- Una muy simple: respetar las reglas del juego democrático. Y sirve igual para los dos bandos, estén en el poder o en la oposición. Creo que los españoles aplicaron muy bien esa lección durante la Transición. Lo que no tiene sentido es reabrir la Transición a estas alturas.

martes, 18 de noviembre de 2008

Revisiones: antes del 20-N

En esta época del año, cuando se acerca el 20-N, suelen aparecer, entre otras cosas, editoriales y suplementos recordando la larga muerte de Franco; nuevas ediciones de libros publicados sobre la contienda y el franquismo; documentales televisivos que proponen contar lo que "nunca se ha contado antes;" y unos cuantos falangistas vestidos del mono azul en el Valle de los Caídos. Este noviembre, gracias a la Ley de Memoria, los ultraderechistas no podrán montar su espectáculo privado bajo la cruz del pasado. No importa. Pero aún hay los que protestan, y con los brazos en alto.

Norberto Pico, el secretario general de FE JONS, explica en el sitio oficial de Falange que la Guardia Civil impidió ayer el acceso al Valle "a quienes asistían a la Misa por el eterno descanso del alma de José Antonio Primo de Rivera." Luego denuncia la "falsa democracia" española y se queja de que los falangistas "llevamos décadas padeciendo esta falta de libertades." No le voy a conceder al sr. Pico el honor de difundir los vídeos de Falange, pero cabe decir que el grupo tiene su propio canal en YouTube, y que en uno de los fragmentos, se ve una quema de la bandera republicana en un 18 de julio del siglo XXI.

foto: Mónica Patxot, en www.publico.es

No es una gran noticia que aún existan grupos así en España, ni que deseen crear y mantener su propia especie de "memoria histórica," con la que esperan conseguir la participación de los más jóvenes de la sociedad. Hay de todo, y en todo el mundo. La idea principal es apelar a los que se sienten oprimidos, frustrados, o castigados de alguna manera por "el sistema," como se diría en inglés.

Stanley Payne, el historiador y profesor jubilado de la Universidad de Wisconsin-Madison, ha escrito algunos de los títulos más conocidos en inglés sobre el caso del fascismo español. Sebastiaan Faber, en su libro reciente Anglo-American Hispanists and the Spanish Civil War, habla un poco del fenómeno del historiador extranjero como resultado curioso de la dictadura franquista:
One of the curious side effects of the Franco dictatorship has been the prominence and popularity bestowed on the foreign intellectuals who wrote about Spanish history and culture during and following his rule. Hispanistas such as [Herbert] Southworth, Paul Preston, Pierre Vilar, Hugh Thomas, Gabriel Jackson, and Stanley Payne have enjoyed a success among the Spanish public that no foreign expert on French or British history will ever enjoy in France or Britain. This is, in part, because the Spanish have long been unusually preocuppied with foreign views of themselves, but also because, during and even after the dictatorship, the foreign historians' scholarly freedom and aura of objectivity granted them a credibility not easily available to any Spanish historian. (180)
En otro momento, cuando recién inciaba mis estudios universitarios hace más de 15 años, es posible que hubiera categorizado a Payne con los demás historiadores foráneos (mayormente británicos) como Paul Preston o Hugh Thomas. Ahora, considerando el tipo de comentarios y argumentos que produce Payne, creo que lo ubicaría más al lado de alguien como Pío Moa, cuyo libro revisionista de la guerra civil - el bien denomiado Los mitos de la guerra civil - creó tanta polémica cuando salió (pero que, al mismo tiempo, sigue generando interés por determinados sectores de la población).

El 3 de noviembre, en el Diario de Cádiz, y el 16 de noviembre en publico.es, Payne ha concedido entrevistas sobre su nuevo libro, España, una historia única, y sus pensamientos en torno a la Ley de Memoria, las exhumaciones, y las iniciativas del juez Garzón. Por supuesto el libro sale justo antes del 20-N. No lo he leído - y probablemente nunca lo leeré -- pero la descripción en Casa del libro es revelador: "el autor es afín ideológicamente a autores tan potentes como Pío Moa o César Vidal, y a medios como Libertad digital, El Mundo o La Razón. Nuestra historia estudiada desde fuera siempre supone un plus de interés para los lectores, se trata de una historia global de España."

No puedo comentar este libro en particular, pero si la perspectiva de Payne en esta entrevista nos sugiere algo de su pensamiento crítico, no es una historia global, como vemos en estos fragmentos (la pregunta del entrevistador está en negrita):
¿Qué opina de la represión franquista?
Fue un error y en muchos casos un crimen. Pero hubiera sido lo mismo si hubieran ganado los otros. No es una justificación, es una perspectiva histórica.

¿Vincula a la izquierda actual con la republicana?
El Partido Socialista nunca ha pedido perdón por comenzar su propia guerra civil en 1934 y cometer asesinatos de masa. Es el mismo partido que el actual.
Hay "revisionistas" de todo tipo en la historia, y las formas de "revisar" el pasado son innumerables. Pero el 20-N no es sólo para homenajear a los viejos padres de Falange y del régimen. Hace unos años, salió un documental de cortos producidos de directores jóvenes, Entre el dictador y yo. Todos tenían que responder la pregunta, "¿Cuál fue la primera vez que oí hablar de Franco?" Y este año se ha firmado por diversos intelectuales y artistas un manifiesto a favor del juez Garzón, que se presentará el 20 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Porque el auto del juez también puede revisar. Pero primero, tiene que contar.
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