Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
martes, 22 de junio de 2010
Artículo de José Antonio Martín Pallín
TRIBUNA: JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN
'Robó en una iglesia para vestir a un hijo'
JOSÉ ANTONIO MARTÍN PALLÍN 23/06/2010
Los militares sublevados que desataron nuestra Guerra Civil comenzaron a construir su entramado "jurídico" a golpe de bandos de guerra. En el de 24 de julio de 1936, dictado por el general Queipo de Llano, se ordena pasar por las armas, sin juicio previo, a todos los dirigentes y simpatizantes del Gobierno de la República. El de 28 de julio de 1936 suaviza la brutalidad de su predecesor y, junto con otras disposiciones posteriores, abre paso a juicios sumarísimos sin garantías, que terminan, en la mayoría de los casos, con penas de muerte.
Algunos fragmentos de la "jurisprudencia" emanada de estos consejos de guerra puede ilustrar sobre las consecuencias, demoledoras e insoportables para el mundo del derecho, de la política represiva y exterminadora que se aplicó durante la Guerra Civil y la posguerra. Bastan unos pocos casos para ilustrar sobre las dimensiones de las aberraciones jurídicas cometidas.
Uno: "Se trata de una mujer de mala conducta, de ideas comunistas que se incautó víveres y ropas de una iglesia para confeccionar ropas a un hijo suyo" (sentencia del 11 de marzo de 1941).
Otro en León, el 5 de noviembre de 1936, contra el gobernador civil y otras personas relacionadas con el Gobierno de la República. Al catedrático de instituto Manuel Santamaría Andrés se le imputa "haber sido presidente del Partido de Izquierda Republicana, destacado elemento del mismo, frecuentando el Gobierno Civil en el que estuvo hasta momentos antes de ser atacado por la fuerza el día 20 de julio, constando en su descargo que por discrepancias con la orientación del Frente Popular, al surgir el movimiento salvador, estaba separado del cargo que desempeñaba en el partido de Izquierda Republicana". Con estas acusaciones, muchos de ustedes habrán pensado que fue suspendido de empleo y sueldo y apartado de la cátedra. Están equivocados, fue condenado por traición a la patria y pasado por las armas a las 48 horas.
Nos enfrentamos a una cuestión que no es exclusivamente jurídica, sino de dignidad democrática. Un sistema democrático que se inspira en los valores superiores de la justicia, la libertad, la igualdad y el pluralismo político, no puede digerir sin traumas y complicaciones colaterales toda la brutalidad que se puso en marcha el 18 de julio de 1936 con el único objetivo de aniquilar a la mayoría de la población española que trataba de impulsar los valores impecablemente democráticos y republicanos que proclamaba la Constitución de 1931.
Si, como dicen algunos, el problema de España en la segunda mitad del 1936 era el orden público, es un hecho cierto que el presidente de las Cortes republicanas, Diego Martínez Barrio, propuso al general Mola, el mismo día 18 de julio, el Ministerio de Gobernación para que restaurase la normalidad alterada por la sublevación de los militares en África del Norte y en alguna parte de la Península. Su respuesta negativa evidenció el propósito de los rebeldes. Se trataba de instaurar un régimen totalitario inspirado en la Alemania nazi y la Italia fascista que dejase sin efecto las libertades y derechos ciudadanos, sustituyéndolos por la voluntad incuestionable de un Jefe, llámese Fürher, Duce o Caudillo, aun a costa de eliminar física y moralmente a más de la mitad de los españoles.
Para conseguir estos obsesivos y crueles objetivos no dudaron en diseñar políticas que, como confesó el general Franco a un periodista inglés, pudiesen llevar al exterminio de todos los que profesasen ideas democráticas o permaneciesen fieles a la legalidad republicana, hoy día prolongada por la Constitución de 1978. No hace falta un profundo conocimiento de las normas jurídicas para concluir, con arreglo a la legalidad entonces vigente, que los militares alzados contra el Gobierno salido de las urnas cometieron un delito contra la forma de Gobierno y de rebelión militar.
Pero lo más asombroso para cualquier jurista nace de la subversión de la lógica y racionalidad del Derecho al considerar a los que permanecen fieles al Gobierno legítimo de la República como reos de rebelión militar, si pertenecían al Ejército y como auxiliadores de la rebelión si eran civiles.
Llegaron a subvertir el orden jurídico y el lenguaje hasta el extremo de considerar a la España oficial legitimada por las urnas como rebeldes y, por tanto, reos de crímenes de traición a la patria. Las cifras de ejecuciones en consejos de guerra sumarísimos no podrán ser borradas de la historia porque dejaron rastros y documentos elocuentes, como los que hemos citado antes.
La dignidad democrática exige que los mecanismos legales y judiciales dejen claro que la actitud de una parte importante del Ejército en el mes de julio de 1936 constituyó un delito de rebelión militar. Lo que hizo el juez Garzón, con su decisión de 16 de octubre de 2008, trataba de restaurar la pura racionalidad de la ley al considerar al general Franco y a sus más directos colaboradores como culpables de un delito contra la forma de Gobierno y de rebelión militar. Todos sabemos que estaban en su mayoría muertos, pero no existe ningún obstáculo legal para romper la subversión insoportable de la racionalidad jurídica y colocar a cada uno en su sitio. A los rebeldes como tales y las víctimas como leales ciudadanos que permanecieron fieles a los valores democráticos que encarnaba la legalidad republicana y que pagaron con su vida, con sus bienes y con un cruel destino su defensa de las libertades que ahora todos disfrutamos.
La resolución judicial del Juez de Instrucción Central número 5 responde a los más estrictos cánones asumidos por la comunidad internacional. La vida, la dignidad, la libertad y la justicia constituyen los pilares sobre los que se construye una sociedad civilizada y un Estado de derecho. El poder judicial no puede ignorar estos valores y principios que, además, les vienen impuestos por los tratados internacionales asumidos por España e integrados en la Constitución de 1978.
La esponja del olvido no puede borrar la esencia de la democracia. Cualquier intento de ensamblar la dictadura con la democracia carece de sustento jurídico, político y ético. El pasado debe ser expulsado del marco de la democracia a través de la declaración de nulidad de las sentencias infamantes que repugnan a la conciencia de los seres civilizados.
Lo hizo Alemania en 1998 y en 2002, es decir, 47 años después de la derrota del régimen nazi, y lo ha vuelto a hacer en 2009. La ley alemana no puede ser más sencilla y coherente. Se dispone la nulidad ipso iure de todas las sentencias y condenas dictadas por la Administración de la justicia penal a partir del 30 de enero de 1933, en contra de los más elementales principios de justicia y que tenían por objeto la consolidación del régimen nacional socialista, al tiempo que estaban basadas en discriminación por motivos políticos, militares, raciales, religiosos o ideológicos.
¿Puede España permanecer ajena a estas exigencias?
sábado, 6 de febrero de 2010
Queipo de Llano en el teatro, interpretado por Antonio Dechent
De: Público.es (5 de febrero de 2010)"Tengo este vozarrón de ponerme en la puerta de mi bar"
Entrevista: Antonio Dechent. El actor llevará al teatro al militar sublevado que aterrorizó al sur de España
ÁNGEL MUNÁRRIZ - Sevilla - 05/02/2010 21:11
Antonio Dechent (Sevilla, 1960) cumplirá este año un viejo sueño: convertir en protagonista de una obra de teatro a Gonzalo Queipo de Llano, el militar sublevado contra la República que abrió la primera brecha decisiva para la victoria del bando nacional y aterrorizó a todo el sur de España mediante brutales campañas represivas. La obra, un proyecto de Dechent que él mismo protagonizará, la está escribiendo Pedro Álvarez-Ossorio, director de la sala sevillana La Fundición, y se estrenará en diciembre en Sevilla, ciudad en la que es aún infrecuente abordar públicamente la figura de Queipo de Llano. Biznaga de Plata en el Festival de Málaga por Smoking room, secundario de prestigio y con gran tirón, Dechent ha participado en más de 40 películas, entre ellas Intacto, Alatriste y Los Borgia. Tras estudiar Psicología, su biografía dio un bandazo cuando, a los 23 años y tras lo que él llama su “etapa de tres años en la hostelería”, entró en el Instituto de Teatro de Sevilla.
¿Por qué le interesa Queipo de Llano?
Hombre, es uno de los nombres que hay que tener en cuenta en esta ciudad, ¿no? Un día hace unos años, cuatro o cinco, escuchando la radio, de repente caí en la cuenta. Lo vi, en Radio Sevilla, lanzando aquellas proclamas por las noches, mintiendo por un lado, diciendo que había conquistado plazas que aún no tenía... Queipo y Sevilla, Sevilla y Queipo. Ahí había algo. Y luego me entero de que le gustaba, que era un hombre al que le gustaba realmente hablar por la radio, que incluso invitaba a gente a que lo escuchara allí en Radio Sevilla, y al que sus propios subalternos debían cortar el micrófono a veces, de las barbaridades que decía.
Es un nombre subterráneo en la ciudad, ¿pretende sacarlo a la luz?
Esto no tiene nada que ver con memoria histórica, no va por ahí. Es un hombre que hay que contar, ¿por qué no?
Sabrá que, en Sevilla, su nombre va unido a la polémica.
Mi objetivo no es crear polémica, desde luego. Me interesa el personaje como figura histórica. Quiero hacer esto para comprenderlo, no para buscarme enemigos ni compañeros de viaje. Creo que era un hombre solo, un hombre que se rebeló contra la monarquía y la república, un hombre que hizo lo que todos sabemos que hizo. No va a haber ni toma de posición política, ni moral, ni costumbrismo, ni didactismo. Me interesa la pulsión íntima de Queipo, por qué era así, por qué no tenía amigos. Y vamos a dejar que sean sus palabras las que lo salven o lo condenen. No olvidemos que es un espectáculo, no una conferencia, y que Queipo es un personaje muy teatral, con una grandilocuencia verbal, unida a un lenguaje callejero, que vienen muy bien a un actor. Además de eso, lo que buscamos es la otra parte, la doméstica.
¿Cuándo comienza a escuchar hablar de Queipo? ¿De pequeño, en casa?
Yo no he escuchado hablar de Queipo en mi vida. Quiero decir, había una calle de Queipo, pero poco más. Franco lo hizo tan bien que consiguió que nadie hablara de Queipo en mucho tiempo, porque le era incómodo. Es un poco más de adulto cuando te interesas. De niño tampoco escuchaba hablar de Pablo Iglesias, o de la Pasionaria., de la Pasionaria sí, porque la insultaban en las clases de formación del espíritu nacional. Bueno.
¿Qué le parece que sus restos sigan enterrados en la basílica de La Macarena?
Bueno, si estuviera enterrado en el Cachorro [iglesia de Triana, su barrio], tendría una opinión, pero como está en La Macarena… [se ríe] Habría que hablar mucho sobre la connivencia de la iglesia de la época con la dictadura, ese quid pro quo que hubo, por qué a la guerra se la llamó cruzada, por qué se le dan esos merecimientos a Queipo. Supongo que cuando empiece a trabajar en el personaje iré un día iré a visitarlo, a ver qué me inspira.
¿En qué proyecto trabaja ahora mismo?Ahora estoy con los chavales de Malviviendo [serie de cierto éxito para Internet realizada por jóvenes sevillanos]. Me vieron en un corto de chavales que están empezando, y vinieron a preguntarme si quería colaborar con ellos. Y les dije que no sólo quería colaborar, sino que me encanta lo que hacen. Hago de patriarca del barrio que han inventado. Hago, digamos, un Dechent en estado puro. Es decir, una cosa que yo he hecho toda la vida que es ponerme de una manera que miro a la gente y hago que baje la cabeza y mire al suelo … [se ríe]
¿Y esa habilidad nace o se hace?
Eso se paga, eso me ha dado a mí de comer. Yo tengo dos niños, una mujer y un perro y ninguno mira al suelo cuando llego a casa [risas]. Además de lo de Malviviendo, ahora me voy a Bilbao a hacer Un mundo casi perfecto, con los hermanos Ibarretxe.
Cine, teatro, televisión… El trabajo no le falta.
Bueno, como yo digo, yo era un actor de prestigio, pero lo de aparecer en televisión lo he notado bastante [carcajada]. La televisión es caso aparte, nadie habla jamás de personajes, ni de guión. Ni de arte. Bueno, de arte yo tampoco. Artistas son los flamencos, yo soy un trabajador. Pero lo extraño de la televisión es que consigue que la gente de peluquería, los eléctricos, todo el mundo hable de nóminas y de audiencias. Ése es el ambiente que consigue crear, que no tiene nada que ver con los motivos por los que yo me dedico a esto. Es como ir a fichar a una empresa.
¿Se acabó entonces la televisión para Dechent?
No, no. A mí me dan un saco de dinero y hago lo que me digas [se ríe]. Pero quiero decir, es una cosa muy efímera, como mirar una lavadora. Todo se olvida. Ni yo recuerdo lo que he hecho en televisión. Y que conste que yo respeto, ¿eh? Pero no me gusta el resultado del trabajo.
¿Pero no hay ninguna serie que le guste?
The wire [sin dudarlo].
Española, digo.
Española… Me gustaba mucho Camera café.
¿Ha salido escaldado de 'La familia Mata'?
No, no, yo estoy contentísimo. En todo caso, escaldada mi carrera, no yo. Yo soy responsable de mis actos y además me he divertido haciéndolo. Pero lo cierto es que si sales en una serie cómica en televisión, digamos que Smoking room se olvida.
¿Dificulta el acceso a papeles el vivir en Sevilla?
A mí no. Si no, no viviría aquí. Bueno, supongo que si nos ponemos puntillosos, si estuviera todo el día en los bares donde va todo el mundo, pues a lo mejor… Pero yo soy poco ambicioso en ese sentido. No quiero estar en todas partes a la vez. Además, hace tres años yo hice 12 películas en un año sin contar cortos y miniseries. El que se quiere acordar se acuerda de ti, estés donde estés.
¿A qué atribuye ese tirón?
Mira, hago papeles cortos, así de claro. Si hay, qué sé yo, un jorobado pederasta, me llaman. Uno que tiene un monólogo de cuatro páginas y sólo trabaja un día (o sea, que el sueldo es de un día), pues ése soy yo. Y a lo mejor el curro es más que el del protagonista, que sólo sonríe, escucha el violín y mira con ojos tiernos a la señorita… Hago personajes muy difíciles que aparecen poco. Y como estoy en esto para ser otro, pues me encanta, y lo agradezco.
¿Ha visto a muchos colegas quedarse en la cuneta estos años?
No sólo estos años, no nos equivoquemos. Esta es una profesión muy dura. Si no estás arriba, no te llaman, has muerto. Da grima la cantidad de gente muy válida que está en su casa. Pero es lo que tiene la televisión. Glorifica, enaltece demasiado a gente que ha salido en una serie.
¿Cómo lleva la fama?
Pues tranquilamente, ya ves. Vivo aquí, en mi barrio, donde no me molesta la gente. Y cuando salgo, creo que la gente tiene en la cabeza los personajes de carácter duro que he hecho, y se atreven poco conmigo, cuando yo agradezco muchísimo que me digan “hola” o me pidan una foto, porque creo que para eso estamos. A los únicos que les molesta, que he visto decir “¡oh, por dios no!”, es a chavales con 20 años que han hecho una serie y se creen que se lo merecen.
¿Se ha descargado alguna película de Internet?
Bueno, sí.
¿No hay colisión de intereses?
No, porque me descargo cosas de 1930, ¿entiendes? Sobre todo me descargo cosas en las que no estoy [risas], y películas españolas ninguna, por respeto a los compañeros.
¿Esa voz la tiene desde siempre?
Nooo. Nadie tiene esta voz. Se me quedó así de ponerme en la puerta del bar que tenía aquí en Sevilla, que cerró en el 86 o el 87, y decirle a la gente “Perdona, no puedes pasar”, poniendo esta voz. Vamos, que tengo a esta voz por miedo a que me peguen, por auténtico terror.
¿Ha doblado alguna vez?
Sólo dibujos animados. Un día glorioso me hicieron un regalo, que fue doblar todos los títulos de Popeye. Eso sí, dibujitos, documentales… Pero para qué doblar a nadie. Luego ves una película en la que hay un yonki al que han atropellado, medio moribundo y con la jeringuilla puesta, y un policía, y los dos hablan como marqueses. Es mentira. Me han propuesto doblar, haciéndome falta el dinero, y no lo he hecho.