Visto en: El País
TRIBUNA: FANNY RUBIO
En la penumbra de José Hierro
FANNY RUBIO 29/08/2010
En estos tiempos de poetas felices la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander ha celebrado un encuentro dedicado a José Hierro a los ocho años de su muerte.
Por más que hubiera razones para abordar su relación con la ciudad y la bella bahía que le ofrece la primera imagen del símbolo del mar, recordé uno de los cursos que dirigí en los últimos meses de su vida acerca de la poesía en los años cincuenta. En el coloquio que siguió a la clausura del mismo por José Hierro, una joven hispanista lo animó a admitir si el título de su libro Alegría, premio Adonais de 1947, se debía a una celebración festiva, siendo su contestación paradójica, "señorita o señora, yo estaba en la cárcel, como comprobará con la lectura del primer verso 'llegué por el dolor a la alegría". Como era de esperar, la hispanista no quedó satisfecha, insistiendo en "por qué, entonces, llamó Alegría a tal libro escrito por un preso". Hierro zanjó el debate con un contundente "¡justamente por esa razón, señorita, porque estaba en la cárcel!".
Aunque no faltan actos lúdicos de vino y flores para recordarlo, pues José Hierro en "sociedad" era una fiesta, la reciente edición de las Poesías completas del poeta, prologada y anotada respectivamente por dos profesores poetas, Julia Uceda y Miguel García-Posada, expone documentalmente por primera vez el periplo del muchacho de 17 años José Hierro Real por las cárceles franquistas desde el 3 de septiembre de 1939. Fue procesado y condenado por un tribunal militar a 12 años y un día, condena que, finalmente, quedó reducida a cuatro años y seis meses, obteniendo la libertad en 1944, pasando a un periodo de libertad vigilada hasta 1951 y privado de pasaporte hasta el año 1961.
"¿Cómo se puede no hablar de todo aquello?", escribe años después. Cuando Hierro declara en las primeras apariciones antológicas que "el poeta es obra y artífice de su tiempo (porque) el signo del que le tocó vivir es colectivo"; y lo reitera en 1962 al asegurar que "el poeta vive en un medio que es su tiempo histórico... zarandeado por los hechos, igual que los demás hombres", alude a la experiencia compartida con cientos de miles de compatriotas, incluido su padre, Joaquín Hierro Gimeno, del partido de Manuel Azaña, encarcelado desde 1937 hasta 1941.
En un "auto" del 12 de agosto de 1942 que recuerda Julia Uceda, Hierro hijo es acusado de pertenecer al Partido Comunista y a la organización del Socorro Rojo Internacional. Se le aplicó el Código de Justicia Militar y fue acusado en juicio sumarísimo por auxilio a la rebelión: "Ya ha pasado el tiempo y él ha muerto. Y han muerto muchas gentes que estuvieron en una situación semejante o peor. Y los demás envejecimos".
La mano compasiva que esto expresa es una más entre las de tantos escritores y artistas en situación extrema en aquel tiempo -Miguel Hernández, Lorenzo Aguirre, Marcos Ana, Germán Bleiberg, Cipriano Rivas Cherif o Eduardo Rincón- que nombran tanto la vida como el reino de los muertos, actividades de carácter sagrado cuando convocan fatalmente la herida del destino: "Cuando se hallaba el mundo... Cuando las ramas opulentas... Cuando eran pena y alegría", escribe en el poema Entonces de Tierra sin nosotros. Alumbra con la música una curiosa orfandad engendradora ("pero ya todo / se vino a tierra una mañana. / Lo devastó un viento glorioso, / se desbordó un día la vida, nos tornó locos") empeñado en mostrarse autodidacta ("y les pusimos a las cosas / nuevos nombres"), sobreviviente ("hemos cantado temblorosos / por la alegría de estar vivos"), pedagógico ("aquel que ha sentido en sus manos una vez temblar la alegría no podrá morir nunca").
Imposible no detectar en la simple lectura de estos versos la transmutación del carbón encendido de la crueldad que alimenta su son más exquisito. En esa fragua se gesta la música conjurada como catarsis, expulsada en su vivencia infernal y por último integrada como belleza en acto de conciencia. En esa travesía la lírica popular y el modernismo y simbolismo le acompañan en el acto de convertir el alarido en bálsamo.
Su mejor lectora y amiga, Aurora de Albornoz, no por casualidad niña de exilio y alumna en Puerto Rico de Juan Ramón Jiménez, marca el origen de la pesadilla en el poema Pasos del libro inaugural Tierra sin nosotros ("Si ellos estuvieran muertos / si yo supiera de fijo / que ya se habían borrado / para siempre de la tierra"), que se resuelve en los últimos libros con la integración de los recuerdos.
Nuestro idioma, que levanta de mil maneras acta de la historia vivida, no será el mismo desde que el poeta instaure un horizonte de belleza imprevisto a partir de aquella mutación inicial ("estaba / tan olvidado todo! / Pero esta noche...") desde que Hierro canta lo largamente silenciado como modo de resistencia y besa a ese fantasma que deambula por la escena española en tierra "cumplida de sombra", leemos cómo se vence a la muerte aún sucumbiendo. Alegría que las palabras conquistan cada instante, capaces de reparar la fisura pendiente.
Fanny Rubio es catedrática de Literatura Española de la Universidad Complutense de Madrid.
Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
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martes, 31 de agosto de 2010
sábado, 30 de enero de 2010
José Hierro, "poeta de los vencidos"
Hace unas semanas, de vuelta a casa de mi trabajo, puse un CD de poesía, para variar. Era la voz de José Hierro, leyendo sus poemas. Qué sensación rara oír su voz llenar el interior de mi coche, en medio de la nada en Iowa, y sentir el peso de sus palabras, incluso algunas en inglés. Pensé: un día de estos, tendremos que estudiarlos en clase. En otra universidad leímos poemas seleccionados de Hierro en Cuatro poetas de hoy, una antología cuya tercera edición (la que tengo yo) fue publicada en 1969 (Taurus: Madrid). Hoy es casi imposible encontrar este libro, que incluye poemas de Hierro, Blas de Otero, Gabriel Celaya y José Luis Hidalgo. No sé tanto de los últimos poemas de Hierro, pero los que describen la experiencia de la vida carcelaria ("Canción de cuna para dormir a un preso," "Reportaje," etc.) siempre me impactan mucho y son fundamentales para entender la experiencia del franquismo. De hecho, se podría pensar un curso organizado alrededor de literatura de las cárceles franquistas -- Miguel Hernández, José Hierro, Marcos Ana, Dulce Chacón -- y estoy segura que ya ha habido profesores que lo han hecho.Hoy, con ocasión de la publicación de un nuevo libro -- José Hierro: Poesías completas (1947-2002) -- el suplemento Babelia ha publicado un artículo llamado "Volver a José Hierro." Más que una "crítica," que es lo que se dice ser, es un resumen de la vida y la obra del poeta con algunas citas de sus poemas. Interesante, pero no crítico. Encontramos en otro lugar, la revista electrónica Ojos de papel, una descripción no muy favorable del libro -- "una decepción mayúscula." En palabras del autor de la reseña:
Da la impresión de que se trata de un trabajo a vuela pluma, hecho deprisa y corriendo y sin haber puesto nada, pero nada de carne en el asador. Los editores quizá puedan aducir que su trabajo no pretendía ser definitivo (desde luego no lo es), y que la editorial les pedía sencillamente una poesías completas sin más, dejando a un lado aparato crítico y referencias. Pues bien, en ese caso, se rechaza el trabajo y se acabó. José Hierro merecía otra edición de su Poesía Completa, y no está aproximación descafeinada, desvaída, reumática y anoréxica. Ni José Hierro ni su poesía se merecían esta edición. Una enorme decepción, un enfado monumental para los que conocimos al poeta, lo quisimos y apreciamos.No tengo un ejemplar de este libro, por lo que no puedo comentar directamente en la cita de arriba, pero puedo decir que no confío casi nunca en las Obras Completas, porque uno casi siempre se desilusiona. Los que leemos la poesía completa o compramos las Obras Completas de algún escritor, tendemos a estar obsesionados con él o ella y juzgamos estos libros con ojos más críticos. Siempre va a haber una sección bibliográfica que no parece suficientemente detallada o investigada, o un prólogo que no satisface. Sí que es bueno tener reunidos todos los poemas en un solo lugar, para poder leer los del principio junto con, o en contraste con, los del final. Pero sigo prefiriendo libros viejos, y especialmente, poemas leídos en la voz de quien los escribió.
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