En: El País.com
Agustí Villaronga: "'Pa Negre' toca la fibra sensible de las personas"
La película del director mallorquín arrasa en los premios Gaudí
MERCÈ PÉREZ - Barcelona - 18/01/2011
"¿Agustí Villaronga, dónde estás?". La frase la repitió numerosas veces la actriz Marina Gatell, encima del escenario del Teatro Arteria, con el premio al Mejor Guión en la mano, y sin saber qué hacer ni qué decir. Los responsables de Pa Negre tuvieron que subir tantas veces al estrado, que en una de ellas Villaronga (Mallorca, 1953) se despistó, salió un momento de la sala y no llegó a tiempo de recoger el galardón. "Perdonad, es que he tenido un lío fuera", explicaba entre divertido y asustado.
Al director mallorquín se le veía abrumado entre tanta expectación mediática e intentó por todos los medios apaciguar la euforia desatada por los 13 galardones cosechados: "Ha sido una conjunción mágica de cosas que han hecho que esta película brille más de lo normal, es un momento mágico, que solo pasa una vez en la vida; he pasado hasta vergüenza, debe ser que no estoy acostumbrado", afirmó al término de la ceremonia al tiempo que confesaba que no le gustan mucho estos actos. "Agustí tiene la sensación de haber acaparado mucho, pero hay un antes y un después de estos premios Gaudí", replicaba a su lado la productora del filme, Isona Passola.
Lo cierto es que para Pa Negre, basada en la novela homónima de Emili Teixidor, el ascenso es imparable: este fin de semana se ha reestrenado en salas de toda España, y ayer mismo Nora Navas consiguió el premio a la Mejor Actriz en los galardones José María Forqué, celebrados en Madrid y considerados como la antesala de los Goya. "Rompe con el tópico del cine catalán, una película catalana nunca había tenido tanta resonancia", explicó Villaronga. Para el director en el éxito de la cinta han contribuido dos cosas, "un momento de más apertura y el hecho de haber recibido un premio en el Festival de Cine de San Sebastián".
Villaronga sostiene que el tratamiento de la Guerra Civil y el comportamiento de los personajes son la clave del filme, aunque nunca imaginó la envergadura que tomaría la película: "Al principio me lo planteé como un proyecto sencillo, pero Pa Negre toca la fibra sensible de las personas", sopesó rodeado de estatuillas.
El balear no es un novato en el ámbito de los premios: En 1987, con Tras el Cristal, ganó el Gran Premio del Festival de Cine de Barcelona y en 1989 un Goya al Mejor Guión Original por El niño de la luna. Sin embargo, sus películas no siempre han sido bien recibidas por la crítica, llegando a pesar sobre él el aura de director maldito por el tratamiento explícito de la homosexualidad o la violencia infantil en algunos filmes. "Con Pa Negre pactamos que encontraríamos mayor público, porque ya está bien de ser muy buenos y estar marginados", explicó Passola. No fue la única que se deshizo en elogios hacia el cineasta: "Trabajar con él es una satisfacción alucinante, aunque se sufre mucho, porque es como un cirujano que te abre y te cambia alguna cosa de dentro", dijo Gatell.
Villaronga, que empezó recorriendo Europa como actor con Nuria Espert y que como director, actor y guionista ha participado en 11 películas, prefiere no hacer cábalas sobre los premios Goya, en los que participa con 14 nominaciones. "Pase lo que pase voy a seguir igual", repitió en numerosas ocasiones. Por el momento, ya piensa en su próximo trabajo; rodar un proyecto para televisión sobre Eva Perón que se grabará a partir de la primavera entre Argentina, Madrid y Barcelona.
Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
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martes, 18 de enero de 2011
jueves, 23 de septiembre de 2010
Nueva película de Agustí Villaronga, basada en una novela de Emili Teixidor
A ver si puedo leer la novela antes que salga la película! La tengo en mi lista de libros pendientes desde hace no sé cuando...
De: Público.es
En esta guerra no hay buenos ni malos, sólo seres humanos
Agustí Villaronga ofrece un relato audaz sobre la posguerra española
SARA BRITO SAN SEBASTIÁN 23/09/2010 08:20
Otra película de la Guerra Civil desde la mirada de un niño? Eso mismo pensó Agustí Villaronga antes de decir sí a la adaptación cinematográfica de la novela Pa negre, de Emili Teixidor.
Eso pensamos muchos también al entrar a la sala, demolidos tras siete días de programación irregular y antes de ser testigos de un arranque ejemplar, de puro impacto, en el que un carromato acaba despeñado desde lo alto de un cerro. La secuencia da pie a un melodrama coral, potente y desolador sobre la posguerra en un pueblo de la Catalunya rural. Un relato, contado desde los ojos de un niño y desde el lado de los vencidos, que se propone ir desmontando la dialéctica de buenos y malos tan común en el cine que aborda este asunto. En Pa negre todos los personajes esconden algo oscuro, todos traicionan, todos mienten. Y la película sólo peca de algunos excesos en el tramo final.
Pa negre es ante todo el relato del itinerario hacia la madurez de un niño, Andreu (magnífico Francesc Colomer), que va descubriendo que el mundo de leyendas y fantasmas en que habita es uno construido por las mentiras de los adultos. La sexualidad, las dobleces de los seres humanos, la construcción de una moral en medio de un clima pervertido, pobre y miserable van conformando su viaje, que acaba descubriendo al traidor dentro de él. "Esta es una película sobre el estado anímico y la devastación de la población civil después de la guerra", afirmó ayer Villaronga.
Otra decisión inteligente del director: no hablar frontalmente de la guerra, no machacarnos con el contexto histórico que ya conocemos.Villaronga pone por encima las heridas y las emociones. El pasado y la percepción del otro, del diferente, así como la ruptura de los ideales y la humillación son algunos de los temas que planean en el filme.
La lágrima fácil
Sólo en el último cuarto de película empieza el director a cometer ciertos excesos que ensombrecen el filme. Emocionan, pero por la vía rápida, por la búsqueda frontal del llanto. Y eso sobra. Tampoco había necesidad de explicar el título, Pa negre, de subrayar, de decirnos a la cara algo que ya sabíamos. Ahora bien, con el portazo final nos recupera.
Nada que ver con la decepcionante propuesta de Naomi Kawase. La directora presentó un publirreportaje sobre un tocólogo dueño de una clínica donde las mujeres van a parir de forma natural en Japón. Cuestionable en muchos aspectos es sobre todo la pereza formal y la falta de propuesta lo que molesta.
De ahí, y en busca de alivio, se recala en La vida útil, uno de los filmes más deliciosos vistos en todo el festival, y que concursa en Horizontes Latinos. El uruguayo Federico Veiroj (Acné) realiza un ejercicio encantador de cinefilia en un filme lleno de ironía y ternura. Es la historia de Jorge, dueño de una cinemateca en Uruguay y estancado en su vida personal. La administración del cine es desastrosa y el ambiente, aletargado y gris. Cuando la filmoteca definitivamente cierra, Jorge pierde la ruta, no sabe qué hacer. Hasta que poniendo un pie detrás de otro (como en un paso de baile) empieza a ser el protagonista de su propia película. Lo hará con una banda sonora con la que irá emulando escenas de filmes clásicos.
De: "San Sebastián Film Festival:"
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| Escena de Pa negre |
En esta guerra no hay buenos ni malos, sólo seres humanos
Agustí Villaronga ofrece un relato audaz sobre la posguerra española
SARA BRITO SAN SEBASTIÁN 23/09/2010 08:20
Otra película de la Guerra Civil desde la mirada de un niño? Eso mismo pensó Agustí Villaronga antes de decir sí a la adaptación cinematográfica de la novela Pa negre, de Emili Teixidor.
Eso pensamos muchos también al entrar a la sala, demolidos tras siete días de programación irregular y antes de ser testigos de un arranque ejemplar, de puro impacto, en el que un carromato acaba despeñado desde lo alto de un cerro. La secuencia da pie a un melodrama coral, potente y desolador sobre la posguerra en un pueblo de la Catalunya rural. Un relato, contado desde los ojos de un niño y desde el lado de los vencidos, que se propone ir desmontando la dialéctica de buenos y malos tan común en el cine que aborda este asunto. En Pa negre todos los personajes esconden algo oscuro, todos traicionan, todos mienten. Y la película sólo peca de algunos excesos en el tramo final.
Pa negre es ante todo el relato del itinerario hacia la madurez de un niño, Andreu (magnífico Francesc Colomer), que va descubriendo que el mundo de leyendas y fantasmas en que habita es uno construido por las mentiras de los adultos. La sexualidad, las dobleces de los seres humanos, la construcción de una moral en medio de un clima pervertido, pobre y miserable van conformando su viaje, que acaba descubriendo al traidor dentro de él. "Esta es una película sobre el estado anímico y la devastación de la población civil después de la guerra", afirmó ayer Villaronga.
Otra decisión inteligente del director: no hablar frontalmente de la guerra, no machacarnos con el contexto histórico que ya conocemos.Villaronga pone por encima las heridas y las emociones. El pasado y la percepción del otro, del diferente, así como la ruptura de los ideales y la humillación son algunos de los temas que planean en el filme.
La lágrima fácil
Sólo en el último cuarto de película empieza el director a cometer ciertos excesos que ensombrecen el filme. Emocionan, pero por la vía rápida, por la búsqueda frontal del llanto. Y eso sobra. Tampoco había necesidad de explicar el título, Pa negre, de subrayar, de decirnos a la cara algo que ya sabíamos. Ahora bien, con el portazo final nos recupera.
Nada que ver con la decepcionante propuesta de Naomi Kawase. La directora presentó un publirreportaje sobre un tocólogo dueño de una clínica donde las mujeres van a parir de forma natural en Japón. Cuestionable en muchos aspectos es sobre todo la pereza formal y la falta de propuesta lo que molesta.
De ahí, y en busca de alivio, se recala en La vida útil, uno de los filmes más deliciosos vistos en todo el festival, y que concursa en Horizontes Latinos. El uruguayo Federico Veiroj (Acné) realiza un ejercicio encantador de cinefilia en un filme lleno de ironía y ternura. Es la historia de Jorge, dueño de una cinemateca en Uruguay y estancado en su vida personal. La administración del cine es desastrosa y el ambiente, aletargado y gris. Cuando la filmoteca definitivamente cierra, Jorge pierde la ruta, no sabe qué hacer. Hasta que poniendo un pie detrás de otro (como en un paso de baile) empieza a ser el protagonista de su propia película. Lo hará con una banda sonora con la que irá emulando escenas de filmes clásicos.
De: "San Sebastián Film Festival:"
In the harsh years of post-war rural Catalonia, Andreu, a youngster relegated to the losers' side, comes across the bodies of a man and his son in the woods. When the authorities want to pin the blame on his father, the boy decides to try and help him, setting out to discover who killed them. The experience teaches Andreu moral awareness in a world of adults nourished by lies. To survive, he betrays his own roots, eventually finding the monster living deep inside himself.
Agustí Villaronga brings us Pa Negre (Black Bread) in his third visit to San Sebastian, following Aro Tolbukhin (Official Selection, 2002) and Tras el Cristal (In a Glass Cage, Zabaltegi-New Directors, 1986). Villaronga is a regular at major international festivals, having seen his works screened at the Berlinale (El Mar (The Sea) and Cannes (El niño de la luna). Based on the book of the same name by the Catalan author Emili Teixidor, Pa Negre (Black Bread) features a long list of fine actors including Laia Marull (Silver Shell for Best Actress in 2003 for Te doy mis ojos [Take My Eyes]), Eduard Fernández and Sergi López.
sábado, 20 de febrero de 2010
Dos noticias sobre Emili Teixidor
Una de mis lecturas pendientes es la novela Pa negre (Seix Barral, 2004) de Emili Teixidor (Roda de Ter, 1933), la cual está a punto de convertirse en una adaptación fílmica, dirigida por Agustí Villaronga (abajo, una foto del rodaje en septiembre, en Fotogramas):
El escritor barcelonés sale ahora con Els convidats (Los huérfanos), en que aborda el tema de huérfanos republicanos adoptados por familias del régimen, un tema poco tratado en la literatura reciente sobre la posguerra española. Se puede leer más de esta novela en los siguientes artículos:- "Teixidor refleja el franquismo de la Catalunya rural en Els convidats" (El Periódico de Catalunya)
jueves, 6 de agosto de 2009
"El mar," de Agustí Villaronga
Sólo he visto un fragmento de El mar, película del director mallorquín Agustí Villaronga, pero la veré en otro momento: además, el cartel insinúa algo más que "otra historia de la guerra civil." Ayer, Periódico Diagonal publicó el reportaje de abajo, citando el libro reciente de Pilar Pedraza sobre Agustí Villaronga, alguien que según el estudio, sigue más o menos desconocido en el ámbito del cine español. Cuando salió la película en abril de 2000, El Mundo la llamó "un inquietante cóctel de sexo, sangre y misticismo" y citó un episodio en el Festival de Berlín en que le preguntaron a Villaronga por el uso de violencia en el filme. El director reaccionó de forma negativa, explicando que es algo que "tiene que estar, porque existe, y ya está." Es un detalle interesante para mí, porque recuerdo que dejé de ver la película por precisamente esa razón.
Es un debate interesante para otro momento, pero muchas veces, al ver pelis sobre la GCE y el franquismo, me he preguntado si son necesarias escenas de extrema brutalidad de la guerra y sus efectos -- ¿realmente nos ayudan a entender mejor lo que tuvieron que sufrir personas en la vida real, o a rechazar la violencia? O, ¿se puede ir demasiado lejos, hasta crear un espectáculo para los espectadores, explotando el tema? Mencioné hace poco aquí la película Libertarias, de Vicente Aranda, cuya conclusión es horrorífica. Me acuerdo de debatir el final con una amiga (española), que había opinado de forma distinta: me dijo que la violencia -- y en este caso, la violación y el asesinato -- era totalmente necesaria, porque así eran las cosas, y era mejor que lo supiéramos todos. No lo sé. Pienso en otra película, Te doy mis ojos de Iciar Bollaín; el tema es la violencia doméstica, pero en ningún momento vemos escenas de violencia física: todo se insinúa y eso crea un ambiente aún más tenso y estresante porque no sabemos cuando va a pasar la próxima bofetada o patada. Desde mi perspectiva, a veces, se puede contar mejor el trauma sin enseñarlo.
El artículo del Periódico Diagonal aparece abajo.
De: http://www.diagonalperiodico.net/Fuimos-ninos-de-la-guerra.html
"Fuimos niños de la guerra"
El mar, la película de Agustí Villaronga, es otra fábula incómoda de este director en la que ahonda en el tema del reencuentro.
EDUARDO NABAL
Martes 4 de agosto de 2009. Número 107
Decía Djuna Barnes de sí misma que era la escritora desconocida más famosa del mundo. Algo así podría decirse de Agustí Villaronga y su cine. Desde el malditismo de culto de su espeluznante Tras el cristal hasta su episodio de Aro Tobulkin, el realizador mallorquín ha tenido tantos seguidores fieles como silencios en la Historia con mayúsculas del cine español.
Pilar Pedraza acaba de dedicarle una monografía que viene a paliar, en parte, la injusticia histórica que la literatura sobre el cine español ha cometido contra uno de los realizadores de trayectoria más personal e intransferible de nuestro cine. Las películas de Villaronga, como parte del arte más sólido e impactante de las últimas décadas, están filmadas de espaldas al público. Es decir, es como si este director estuviera esculpiendo de forma obsesiva una y otra vez los mismos espacios y las mismas obsesiones y de vez en cuando –enteras o en fragmentos– vieran la luz pública causando alternativamente admiración, repulsa, desconcierto, pánico, interés o indiferencia.
Si Tras el cristal es “la película que John Waters no enseñaría a sus amigos”, tampoco El mar (2000) es una película que haya despertado demasiado entusiasmo más allá de ciertos círculos de la crítica especializada, los admiradores del realizador, la cinefilia gay y los incondicionales del cine fantástico porque Villaronga ha erigido otra fábula incómoda, sólo aparentemente más clásica en su trama y sus personajes, e igualmente radical en su resolución estética, que además pone en evidencia algunas las constantes de su cine: la sexualidad fuera de la norma, las heridas, la infancia, la violencia, la soledad y la muerte. El mar es una película menos lúgubre y opresiva que Tras el cristal, pero la construcción del relato, su mise en abisme la convierten en otra sombría e implacable bajada a los infiernos del cuerpo y la mente. Tras su brillante y estremecedor prólogo, asistimos a la historia de un reencuentro que desbarata las expectativas del melodrama psicológico al uso para construir otra pieza de cámara obsesiva, a la vez dolorosa y fascinante, sensual y turbadora, pasional y funeraria.
Villaronga ha hecho películas buenas (Tras el cristal, El mar), regulares (Pasajero clandestino, El niño de la luna) y flojas (99.9) pero nunca ha hecho un filme malo o inútil porque su personalidad fílmica es demasiado fuerte y su universo visual demasiado potente. Estuvo cerca del proyecto de Almodóvar y La mala educación (cuya atmósfera turbia, a ratos enfebrecida –teñida de sexo y religión– recuerda algunos pasajes de El mar) y ha intervenido como actor en pequeños cameos en algunas de las películas más apreciables del cine fantástico español reciente como El celo de A. Aloy o El habitante incierto de Guillem Morales.
El mar está basada en la novela homónima de Blair Bonet y los personajes son los más “enteros” de toda la filmografía de Villaronga, sus símbolos y referencias históricas son más claras -con la guerra civil española como terrible leit motiv– pero su puesta en escena desbarata la construcción novelista del relato y también nos incomoda al situar placer y displacer en los momentos más inesperados de la historia. Al contrario que en El niño de la luna o 99.9, el director reduce al máximo los elementos de cine fantástico o los alardes futuristas, de forma que su historia no se saldría de los cánones del relato de infancia y reencuentro, amor y muerte, si no fuera porque su puesta en escena quiebra de nuevo las líneas de la racionalidad dramática y rompe con lo que esperamos de los personajes y sus acciones.
El filme comienza con un prólogo brillante, desgarrador e implacable en el que se nos dan unas pinceladas violentas sobre la infancia de los protagonistas, sacudida y espiritualmente “rota” por el sangriento fin de la guerra civil española que ellos escenifican en una breve y a la vez terrible y bellísima secuencia . El recuerdo de una muerte violenta “un niño que mata salvajemente a otro y después se suicida” va a pesar de un modo obsesivo sobre el resto del filme y sobre esos personajes que quieren vivir hacia fuera y hacia adelante pero viven en el interior de recuerdos vergonzosos, sueños incumplidos, heridas sin cicatrizar y vanas esperanzas de libertad.
El mar no es una película redonda, los actores jóvenes se muestran algo titubeantes en sus difíciles papeles y hay ecos de la narrativa decimonónica que enturbian un tanto la pureza obsesiva y la deslumbrante oscuridad de sus imágenes, pero es, sin duda, uno de los ejemplos más sólidos del cine y del universo de un autor condenado a ser un mito entre los desconocidos. Hoy por hoy, Villaronga sigue siendo una figura errante en el panorama del cine español contemporáneo, un nadador contracorriente en un mar lleno de escollos, intereses espurios, pequeñas perlas y faros de papel.
Es un debate interesante para otro momento, pero muchas veces, al ver pelis sobre la GCE y el franquismo, me he preguntado si son necesarias escenas de extrema brutalidad de la guerra y sus efectos -- ¿realmente nos ayudan a entender mejor lo que tuvieron que sufrir personas en la vida real, o a rechazar la violencia? O, ¿se puede ir demasiado lejos, hasta crear un espectáculo para los espectadores, explotando el tema? Mencioné hace poco aquí la película Libertarias, de Vicente Aranda, cuya conclusión es horrorífica. Me acuerdo de debatir el final con una amiga (española), que había opinado de forma distinta: me dijo que la violencia -- y en este caso, la violación y el asesinato -- era totalmente necesaria, porque así eran las cosas, y era mejor que lo supiéramos todos. No lo sé. Pienso en otra película, Te doy mis ojos de Iciar Bollaín; el tema es la violencia doméstica, pero en ningún momento vemos escenas de violencia física: todo se insinúa y eso crea un ambiente aún más tenso y estresante porque no sabemos cuando va a pasar la próxima bofetada o patada. Desde mi perspectiva, a veces, se puede contar mejor el trauma sin enseñarlo.
El artículo del Periódico Diagonal aparece abajo.
De: http://www.diagonalperiodico.net/Fuimos-ninos-de-la-guerra.html"Fuimos niños de la guerra"
El mar, la película de Agustí Villaronga, es otra fábula incómoda de este director en la que ahonda en el tema del reencuentro.
EDUARDO NABAL
Martes 4 de agosto de 2009. Número 107
Decía Djuna Barnes de sí misma que era la escritora desconocida más famosa del mundo. Algo así podría decirse de Agustí Villaronga y su cine. Desde el malditismo de culto de su espeluznante Tras el cristal hasta su episodio de Aro Tobulkin, el realizador mallorquín ha tenido tantos seguidores fieles como silencios en la Historia con mayúsculas del cine español.
Pilar Pedraza acaba de dedicarle una monografía que viene a paliar, en parte, la injusticia histórica que la literatura sobre el cine español ha cometido contra uno de los realizadores de trayectoria más personal e intransferible de nuestro cine. Las películas de Villaronga, como parte del arte más sólido e impactante de las últimas décadas, están filmadas de espaldas al público. Es decir, es como si este director estuviera esculpiendo de forma obsesiva una y otra vez los mismos espacios y las mismas obsesiones y de vez en cuando –enteras o en fragmentos– vieran la luz pública causando alternativamente admiración, repulsa, desconcierto, pánico, interés o indiferencia.
Si Tras el cristal es “la película que John Waters no enseñaría a sus amigos”, tampoco El mar (2000) es una película que haya despertado demasiado entusiasmo más allá de ciertos círculos de la crítica especializada, los admiradores del realizador, la cinefilia gay y los incondicionales del cine fantástico porque Villaronga ha erigido otra fábula incómoda, sólo aparentemente más clásica en su trama y sus personajes, e igualmente radical en su resolución estética, que además pone en evidencia algunas las constantes de su cine: la sexualidad fuera de la norma, las heridas, la infancia, la violencia, la soledad y la muerte. El mar es una película menos lúgubre y opresiva que Tras el cristal, pero la construcción del relato, su mise en abisme la convierten en otra sombría e implacable bajada a los infiernos del cuerpo y la mente. Tras su brillante y estremecedor prólogo, asistimos a la historia de un reencuentro que desbarata las expectativas del melodrama psicológico al uso para construir otra pieza de cámara obsesiva, a la vez dolorosa y fascinante, sensual y turbadora, pasional y funeraria.
Villaronga ha hecho películas buenas (Tras el cristal, El mar), regulares (Pasajero clandestino, El niño de la luna) y flojas (99.9) pero nunca ha hecho un filme malo o inútil porque su personalidad fílmica es demasiado fuerte y su universo visual demasiado potente. Estuvo cerca del proyecto de Almodóvar y La mala educación (cuya atmósfera turbia, a ratos enfebrecida –teñida de sexo y religión– recuerda algunos pasajes de El mar) y ha intervenido como actor en pequeños cameos en algunas de las películas más apreciables del cine fantástico español reciente como El celo de A. Aloy o El habitante incierto de Guillem Morales.
El mar está basada en la novela homónima de Blair Bonet y los personajes son los más “enteros” de toda la filmografía de Villaronga, sus símbolos y referencias históricas son más claras -con la guerra civil española como terrible leit motiv– pero su puesta en escena desbarata la construcción novelista del relato y también nos incomoda al situar placer y displacer en los momentos más inesperados de la historia. Al contrario que en El niño de la luna o 99.9, el director reduce al máximo los elementos de cine fantástico o los alardes futuristas, de forma que su historia no se saldría de los cánones del relato de infancia y reencuentro, amor y muerte, si no fuera porque su puesta en escena quiebra de nuevo las líneas de la racionalidad dramática y rompe con lo que esperamos de los personajes y sus acciones.
El filme comienza con un prólogo brillante, desgarrador e implacable en el que se nos dan unas pinceladas violentas sobre la infancia de los protagonistas, sacudida y espiritualmente “rota” por el sangriento fin de la guerra civil española que ellos escenifican en una breve y a la vez terrible y bellísima secuencia . El recuerdo de una muerte violenta “un niño que mata salvajemente a otro y después se suicida” va a pesar de un modo obsesivo sobre el resto del filme y sobre esos personajes que quieren vivir hacia fuera y hacia adelante pero viven en el interior de recuerdos vergonzosos, sueños incumplidos, heridas sin cicatrizar y vanas esperanzas de libertad.
El mar no es una película redonda, los actores jóvenes se muestran algo titubeantes en sus difíciles papeles y hay ecos de la narrativa decimonónica que enturbian un tanto la pureza obsesiva y la deslumbrante oscuridad de sus imágenes, pero es, sin duda, uno de los ejemplos más sólidos del cine y del universo de un autor condenado a ser un mito entre los desconocidos. Hoy por hoy, Villaronga sigue siendo una figura errante en el panorama del cine español contemporáneo, un nadador contracorriente en un mar lleno de escollos, intereses espurios, pequeñas perlas y faros de papel.
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