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lunes, 15 de marzo de 2010

Editorial sobre la Ley de Amnistía

Parece que cada vez hay más artículos saliendo sobre la ley de Amnistía, tema tratado en esta editorial aparecida hoy en el diario El País:

La Ley de Amnistía no ampara al franquismo

JAIME SARTORIUS
EL PAÍS - Opinión - 15-03-2010

Durante la época de la dictadura, la amnistía fue una de las principales reivindicaciones de las fuerzas democráticas de la oposición, encontrándose a la misma altura que la exigencia de un Gobierno provisional, la reinstauración de las libertades y los estatutos de autonomía.

La necesidad de reconocer a los cientos de miles de ciudadanos que habían sufrido todo tipo de represión por sus actividades políticas de oposición al franquismo constituyó una imperiosa necesidad de justicia, a la que siempre se opuso la voluntad implacable del dictador. Por eso, cuando se aprobó la solicitud de amnistía al Gobierno en el Congreso Nacional de la Abogacía, celebrado en León en 1970, la conmoción social y política fue enorme, provocando una serie de pronunciamientos a su favor de otros colegios profesionales e instituciones de todo tipo, que el Gobierno sólo pudo contener en parte declarando un mini estado de excepción.

Al llegar la democracia y tras las elecciones del 15 de junio de 1977, la necesidad de promulgar una amnistía se convirtió en insoslayable. Sin su aprobación la credibilidad de la naciente democracia se resentía, por lo que los partidos políticos decidieron crear al efecto una Comisión Parlamentaria a la que se encargó la redacción de un Proyecto de Ley por la que quedaran amnistiadas todas las personas que habían sufrido cualquier tipo de represión por oponerse al levantamiento armado contra la República y a la dictadura en defensa de las libertades públicas.

Se trataba de amnistiar a los reprimidos por el franquismo, no a los franquistas, que ya se habían autoamnistiado, de forma que fueron los partidos de izquierda y los nacionalistas con representación parlamentaria los que tomaron la iniciativa de redactar la ley, sin que los herederos de la dictadura ni siquiera aceptaran participar en la Comisión Parlamentaria, ni votaran posteriormente a favor de una ley que no les afectaba.

No se entiende por ello las continuas referencias a la Ley de Amnistía como amparadora de los delitos cometidos durante la Guerra Civil y la brutal represión practicada por la dictadura tras su conclusión continuada mientras Franco vivió, cuando era una ley que no contemplaba tales supuestos.

Una mera lectura de su articulado permite comprobar que las medidas de gracia que aprueba se refieren únicamente a los actos de intencionalidad política y a los delitos y faltas tipificados en las leyes franquistas que pudieran haber cometido sus opositores. En ningún momento se mencionan los delitos que hubieran podido cometerse por la dictadura, por la sencilla razón de que no eran considerados como tales por las leyes entonces vigentes.En caso de duda, toda disposición legal habrá de tener en cuenta la voluntad del legislador, y nada mejor para entender ésta que examinar lo que fueron las discusiones en la Comisión Parlamentaria redactora de la ley, sobre todo cuando el proyecto fue aprobado en su totalidad, sin modificación alguna, por el pleno del Congreso de los Diputados.

Los debates en la Comisión se redujeron a un tira y afloja de los partidos democráticos para que la amnistía fuera total y a un intento de los representantes de la UCD para limitarla en algunos temas conflictivos. De tal forma que para evitar falsas interpretaciones se fuerza en su artículo 2º a una casuística, que de otra forma hubiera sido innecesaria, en la que no cupiera duda alguna sobre los supuestos comprendidos en la ley: como los delitos de rebelión y sedición, de los que fueron acusados los defensores de la República y otros muchos posteriores juzgados ante tribunales militares, hasta llegar a los integrantes de la Unión Militar Democrática (UMD), en los años setenta; o los de objeción de conciencia o guarda de secreto profesional y los de prensa y similares.

La única preocupación de los representantes de UCD fue que los referidos militares de la UMD no pudieran reingresar en el Ejército y que también estuvieran comprendidos en la amnistía los delitos cometidos por autoridades, funcionarios y agentes del orden público en su actuación represora de las libertades, al encontrarse varias causas abiertas en su contra por homicidios, torturas y otras arbitrariedades en distintos juzgados y tribunales. Pero nada más.

En la Comisión Parlamentaria, y por mor de ser el más joven de sus componentes, me nombraron secretario de la misma, encargado de la redacción de las actas que recogieran lo tratado en las reuniones celebradas, y aunque tras la tercera reunión desistí de ello, pues nunca fueron firmadas por sus componentes, sí conservo las primeras -sin validez legal- y numerosas notas de las discusiones. Ni una sola de ellas hace mención a que la amnistía suponía el borrón y cuenta nueva de las responsabilidades en que hubieran podido incurrir los vencedores de la Guerra Civil.

Nadie planteó que la amnistía se ampliara a los delitos cometidos bajo el paraguas y en defensa de la dictadura. En primer lugar, porque Alianza Popular, su legítima heredera, no quiso intervenir en la Comisión Parlamentaria, a pesar de ser reiteradamente invitada a asistir, declinando la defensa de cualquier derecho en la misma. En segundo lugar, porque los franquistas vencedores en la Guerra Civil y en la posguerra no creían que fuera necesario que les amnistiaran por las tropelías que habían cometido, que no sólo no se persiguieron sino que se avalaron con total impunidad, estimando que estaban suficientemente protegidos por las leyes de la dictadura.

Por eso cuando leo o escucho en los distintos medios de comunicación el argumento de que la Ley de Amnistía impide la investigación de los hechos ocurridos durante la guerra y la posguerra y la búsqueda de los restos de las personas represaliadas que fueron ejecutadas, estimo que se trata de una interpretación arbitraria y sin fundamento.

Que se busquen otras excusas y otras disposiciones legales en las que se puedan proteger de forma vergonzosa, pero que no se amparen en la Ley de Amnistía de 1977, que no se dictó para ellos.
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viernes, 17 de octubre de 2008

Críticas de Garzón y la herencia del pasado

No han pasado siquiera 24 horas desde que se anunció el auto de Baltasar Garzón, y ya han empezado las críticas - no sorprendentemente, por parte del PP, pero también por parte de la familia Lorca que, como se sabe, ha estado mucho en las noticias estas últimas semanas por todo lo que se ha hablado de la apertura de la supuesta tumba del poeta. En Cadena Ser, el portavoz de la familia Lorca ha comentado que "la familia estudia posibles acciones legales contra la iniciativa del magistrado y considera que la apertura de la fosa podría ser una profanación."

Según parece - y como era de esperar - una de las críticas más comentadas tiene que ver con la pedida de Garzón de los certificados de defunción de Franco y sus generales. Según El País, Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, "ha considerado 'esperpéntico' que Garzón haya pedido el certificado de defunción de Franco" e incluso "ha descrito la situación 'como si [Garzón] pide el certificado de defunción de Napoleón'" (ver artículo original aquí). La portavoz del PP, Soraya Saenz de Santamaría, también ha agregado su perspectiva, criticando las iniciativas desde un ángulo legal al decir que "ve 'muchos defectos procesales' en el auto" (citada en "Garzón obliga..." de José Yoldi/Agencias). Tal vez el comentario más interesante ha sido el de Aguirre, que afirmó que "'el PP no estaba en la Guerra Civil'" (citada en "Garzón obliga..." de Yoldi/Agencias).

Es obvio que el contexto español no tiene nada que ver con el de Estados Unidos en este momento. Ni que decir tiene que aquí no hemos pasado por una dictadura. Pero por alguna razón, no pude dejar de pensar en las elecciones venideras en este país, y cómo el partido republicano tiene tantas ansias de alejarse de la administración de George W. Bush.

Durante el tercer y último debate el miércoles 15 de octubre, John McCain le recordó a Barack Obama y a todos los espectadores televisivos con una voz sumamente irritada, "Yo no soy George Bush."

Se puede entender por qué el candidato republicano quiere diferenciarse del presidente actual, un presidente cuya popularidad ha ido bajando severamente desde las últimas elecciones. De una forma semejante, se puede entender la razón por la que el PP desea romper cualquier lazo que tenga - o existente o imaginario - con el régimen franquista.

Como se sabe muy bien, antes que el PP fuera el PP, se conocía como la AP, la Alianza Popular -- un partido de derechas fundado al terminar la dictadura. ¿Fundado por quién? Por Manuel Fraga, un ex-ministro franquista (hoy, el Presidente de Honor del PP) que, hasta el día de hoy, no puede dejar de compartir su punto de vista, especialmente cuando surge un tema relacionado con la dictadura franquista:



Sólo la semana pasada, el PP condenó por primera vez en el Parlamento gallego la dictadura franquista ("El PP condena por primera vez. . ."). Según Fernando Varela, el autor del artículo, la condena ocurrió "por sorpresa y sin ninguna explicación oficial." El próximo día, Manuel Fraga se vio obligado a responder los comentarios (¿acusaciones?) de su propio partido y negar la idea de que el partido se viera "forzado" a apoyar la condena: "Repasando la prensa esta mañana leí al amigo Pons [vicesecretario de Comunicación del PP] decir que el PP se había visto forzado por PSOE y BNG
a condenar la dictadura y tengo que decir que nosotros no podemos vernos forzados a nada. Nosotros en conciencia defenderemos lo que tengamos que defender. Y por lo tanto, no estoy dispuesto a que nos veamos forzados a nadacuando se enjuició la causa 'ese tipo de delitos no existían'"(ver "Garzón obliga...")

Creo que se van a oír más y más comentarios y conversaciones de este tipo ahora que el juez Garzón ha puesto en marcha este intento de rectificar el pasado, de lo que es, tal vez, la única forma posible, después de tanto tiempo. Las críticas que se hacen del juez por parte del PP, de la Fiscalía, de la Falange, etc., se enfocan en cómo el auto de Garzón afecta a ellos, no a los que aún tienen a sus familiares en fosas comunes. Es muy fácil convertir la conversación actual sobre el auto en otro tema por completo: entre ellos, el estado de Derecho, la Constitución y la Ley de Amnistía, o los motivos personales o políticos del juez. ¿Argumentar, por ejemplo, como lo ha hecho Soraya Sanz de Santamaría, que BG emplea una justicia retroactiva o que "cuando se enjuició la causa 'ese tipo de delitos no existían'" (ver "Garzón obliga...") no es quitar aún más la dignidad de la gente que ha tenido que esperar hasta ahora a que se les haga justicia a sus seres queridos?
Reconozco las implicaciones de la Ley de Amnistía en este contexto, pero puesto que los implicados están fallecidos, entonces, ¿qué? Hacer que el enfoque de la discusión sea los certificados de defunción de Franco y los demás es casi irónico, si se piensa que para los que permanecen en fosas comunes, no hubo nunca un certificado oficial de la muerte.
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Aquí se puede escuchar el programa "La ventana" (locutora: Gemma Nierga) sobre las iniciativas del juez (no he podido averiguar los nombres completos de los participantes):


sábado, 6 de septiembre de 2008

Abrir vs. cicatrizar heridas

El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha hablado esta mañana en un congreso del PSM (Partido socialista de Madrid), sobre la "hipocresía" del PP con respecto a la Ley de Memoria y la investigación reciente de Baltasar Garzón en torno a las fosas comunes. Una de las críticas más frecuentes del PP sobre las iniciativas durante el gobierno socialista a hacer frente a la (des)memoria de la guerra civil - la Ley de Memoria Histórica, la retirada de símbolos franquistas, el censo de desaparecidos - ha sido que es un intento de dividir al pueblo español y de reabrir heridas y rencores entre los españoles.

Como informó Carlos Cué el 3 de septiembre ("El PP y los jueces critican a Garzón por 'remover la historia' de la represión," El País), el líder de los populares, Mariano Rajoy, ha afirmado que es "'partidario de no abrir las heridas del pasado, porque no conduce a nada'," mientras Jaime Mayor Oreja, el ex-ministro de Interior de Aznar, ha explicado que la iniciativa de Garzón es un "'disparate'" que sólo representa "'recuperar la peor historia de España.'" Como se sabe, el mismo Mayor Oreja ha hecho comentarios parecidos antes: tal vez el ejemplo más citado (por lo menos en internet) es su pregunta durante una entrevista en La voz de Galicia de 2007, "¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo?" (ver la versión completa aquí).

Desde los comentarios del 3 de septiembre, el portavoz de los populares, Esteban González Pons, ha contradicho a Rajoy, diciendo que las familias de los desaparecidos tienen "'todo el derecho del mundo' a saber dónde están sus cuerpos" ("El PP ahora apoya que se abran las fosas de la guerra"). Es posible que el desacuerdo aparente entre los del PP de un día para otro subraye las divisiones dentro del partido. Pero lo que enfatiza aún más es el peso que tienen los motivos políticos. No es que la política y la ética no se puedan mezclar. Hablo de la manipulación política de la cuestión ética y humana que representan las fosas y la recuperación de sus restos. Como explica ZP, "la mejor manera [de cerrar heridas]. . .como se hace en cualquier país democrático. . .es que no sea objeto de la confrontación partidista":



Es sumamente interesante observar la forma en que los dos partidos hacen referencia a la imagen de la "herida" para hablar a favor o en contra de la conexión con el pasado. La repitición constante de la frase "no reabrir las heridas" por parte del PP es, en primer lugar, una manera de sugerir que los que desean encontrar, identificar y enterrar a sus seres queridos no tienen derecho a sentir esas heridas. Pero aún peor es la sugerencia que esas heridas las causó o está causando una minoría selecta de gente rara - que se está haciendo daño a sí misma.

Está claro que para el PP, "reabrir las heridas" significa mirar hacia atrás, lo cual implicaría, entre otras cosas, recordar a la gente de la encarnación original del partido como la Alianza Popular fundada por Fraga y amigos. "Reabrir las heridas" significaría (significa) también investigar por qué hay heridas, quién las causó, y qué pasó que hasta ahora no se han podido cicatrizar. Los comentarios del PP revelan una falta de respeto total para con la gente que ha sufrido estas pérdidas. Es adoptar un aire paternalista y condescendiente sobre el trauma personal o familiar de otros. Es decir: entendemos mejor que Uds. lo que necesitan, lo que sienten, lo que deben de sentir.

No digo que el PP sea dictatorial; sin embargo, la especie de comentarios que deja saltar alude a la clase de creencias que construye una dictadura: mandando emociones, intentando controlar la memoria del pasado para que sólo exista una versión oficial de la Historia. El partido realmente parece ser un partido derechista pos-dictatorial dedicado a borrar las huellas de su propio pasado - por eso, los comentarios del tipo, "hay que mirar hacia el futuro, no al pasado." Por eso, el miedo a que se toque el tema de la Constitución de 1978, o que se critique el proceso de transición a la democracia.

Lo expresó bien Isaías Lafuente en el prólogo al libro de Emilio Silva, Las fosas de Franco: "¿Puede un país democrático permitir que miles de ciudadanos asesinados como animales por un régimen dictatorial permanezcan enterrados al borde de las cuneta? ¿Puede soportar que eso suceda mientras quien amparó y propició la matanza descansa bajo el altar mayor de una basílica cristiana? La respuesta es tan evidente que casi ofende hacer la pregunta."
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