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miércoles, 25 de julio de 2012

2 meses más para la nueva novela de Javier Cercas

Después del éxito de Anatomía de un instante, vuelve Javier Cercas con una obra de ficción que también está situada durante los años de la Transición. Título agregado a mi lista creciente de libros pendientes para leer....


Via Qué leer:

Javier Cercas publicará nueva novela en septiembre

“Con Las leyes de la frontera, Javier Cercas vuelve a asomarse a los años de la transición, pero en esta ocasión no se fija en la alta política sino en tres delincuentes juveniles y la deriva posterior de sus vidas. Durante el verano de 1978, el Zarco, Tere y el Gafitas se dedican a dar tirones, robar coches, desvalijar casas y atracar bancos, unidos por una atracción tan extraña como indestructible.
Veinte años más tarde, el Gafitas se ha convertido en el abogado más notable de la ciudad y recibe el encargo de defender al Zarco, convertido en el delincuente más famoso de España. Tere, por su parte, vuelve a funcionar como el lazo enigmático entre estos dos hombres tan diferentes y al mismo tiempo tan necesitados el uno del otro.
Este triángulo es el punto de partida de una novela tan cruda como adictiva que puede leerse como la cara B del postfranquismo y, por qué no, de Anatomía de un instante.  Un libro que aborda la transición en su zona marginal y que echa por tierra la fantasía del ascenso social y, de paso, hace añicos ‘el sueño español’.”

lunes, 23 de julio de 2012

"La memoria como práctica" ("Dealing with the Legacy of Political Violence"). Conferencia de Jo Labanyi en la Universidad de Michigan

Como pasa tantas veces, buscando otra cosa en internet, terminé encontrando esta conferencia de Jo Labanyi, hispanista inglesa a quien he citado múltiples veces aquí. Labanyi es una estudiosa y profesora en la New York University y ha escrito mucho sobre la memoria y el olvido en el contexto español. Quizá su estudio más conocido es el en que habla del concepto del espectro, tomando como punto de partida la obra de Derrida ("History and Hauntology..."). La conferencia de abajo la da en inglés en la Universidad de Michigan en el año 2010 (creo que luego formará parte del libro Unearthing Franco's Legacy). Enfocándose en España, argumenta en contra de la idea de que "la memoria siempre es buena y el olvido, siempre malo" y problematiza la idea de una sola "memoria histórica." Os invito a escuchar la conferencia y dejar comentarios en esta entrada, si os interesa. Como avisa Labanyi misma al empezar su charla, es muy crítica con ciertas prácticas de la memoria, tanto las de la izquierda como de la derecha. Una conferencia que asegurará una reacción fuerte.

martes, 14 de diciembre de 2010

Proyección mañana de "Rocío" (1980), película documental de Fernando Ruíz Vergara

Blogs&Docs anuncia que mañana se proyectará el filme "Rocío:"
Mañana miércoles 15 de diciembre en los Cines Maldà

Bloc&Docs y Hamaca os invitamos a la primera proyección pública en Barcelona de Rocío (1980), un documental de Fernando Ruiz Vergara todavía hoy censurado en nuestro país. Esta proyección que conmemora el trigésino aniversario de la película tendrá lugar mañana miércoles 15 de diciembre a las 20:15 horas, en los cines Maldà. El precio de la entrada es de 4 euros.

En Rocío, Fernando Ruiz Vergara desmonta las bases económicas e ideológicas que subyacen en la devoción rociera. Este documento histórico, recuperado por la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia y hoy distribuido por Hamaca, expone breve pero concisamente la penetración y evolución del catolicismo en España, la razón y lógica de la fe mariana, así como la connivencia de la institución eclesástica con los poderes fácticos de corte reaccionario.

La exhibición, en su momento, además de causar un gran escándalo en una sociedad en transición, fue seguida por la denuncia de algunas personalidades señaladas en el filme como responsables de la represión durante la Guerra Civil, lo implicó una pena de cárcel para el autor así como la censura de fragmentos por sendas órdenes judiciales dictadas en 1982 y 1984. Rocío, víctima de un cúmulo de injusticias y despropósitos legales y comerciales, es una prueba más del desencanto fruto "del pacto de silencio” político y cultural que se fraguó durante la Transición Española.

Tras el pase del documental tendrá lugar un coloquio en el que participarán Fernando Ruiz Vergara, Alejandro Alvarado, especialista en la obra, y Josetxo Cerdán, Doctor en Comunicación y profesor titular de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.
Hay varias versiones del documental en internet, pero según parece, ninguna es la versión íntegra. Nunca he visto esta película, pero pongo como ejemplo el video de abajo:

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Joaquín Leguina publica "El duelo y la revancha"

Visto en: Literaturas Noticias
El duelo y la revancha
Los itinerarios del antifranquismo sobrevenido
Joaquín Leguina

Éste es un alegato contra el sectarismo de quienes, sin haber soportado en su mayoría los rigores del franquismo, levantan ahora una bandera a favor de sus víctimas y contra la impunidad de los crímenes cometidos por aquél. Para ellos, durante la guerra civil los buenos no pudieron controlar cabalmente la situación y evitar los desmanes en su territorio, mientras que los malos fueron responsables de un genocidio cuidadosamente planificado. De esta forma, los antifranquistas sobrevenidos, desde un adanismo sospechoso, cometen la misma falta que denuncian: se olvidan de una parte de las víctimas que produjo la vesania desatada por la guerra.

Joaquín Leguina, en un ejercicio que él entiende como una obligación cívica, reflexiona en estas páginas acerca del dolor y la intolerancia; de la batalla –muy alejada del espíritu de la Transición- entre la parte más sectaria de la izquierda que convierte a las víctimas en arietes y una derecha incapaz de asumir de una vez la trágica realidad de las fosas. De la prolongación de todo ello tanto en la judicatura como en la prensa. También del provecho político que se quiere obtener.

Un brillante escrito sobre el duelo y la revancha que suscita la tan traída y llevada «memoria histórica».
Leer artículo en El Mundo ("Leguina avisa de que el 'centro de ataque' de su próximo libro es Garzón")

domingo, 15 de agosto de 2010

Una película sobre el 23-F

De: Nuevatribuna.es
El Congreso de los Diputados albergará el rodaje de la película 23-F

La Cámara Baja llevaba años negándose a autorizar rodajes en el hemiciclo, pero finalmente el pasado mes de junio, tras una ardua negociación con los responsables de la futura película, dio permiso para rodar durante dos días en el mes de agosto.

NUEVATRIBUNA.ES 15.08.2010

El Congreso de los Diputados albergará esta semana el rodaje de la película '23F', cuyo estreno está previsto para el año que viene, en el trigésimo aniversario de la intentona golpista del 23 de febrero de 1981.

Aunque recientemente se estrenaron dos producciones televisiones sobre aquel episodio de la Transición, ésta es la primera película de cine y la única que ha conseguido meter las cámaras en el lugar de los hechos.

La Cámara Baja llevaba años negándose a autorizar rodajes en el hemiciclo, pero finalmente el pasado mes de junio, tras una ardua negociación con los responsables de la futura película, dio permiso para rodar durante dos días en el mes de agosto.

Los productores de la película '23F', que dirigirá José María de la Peña, pidieron tomar imágenes en el hemiciclo alegando que se trata de la primera versión cinematográfica sobre la intentona golpista de 1981. Se da la circunstancia de que las dos recientes producciones televisivas sobre el 23-F que se estrenaron el pasado año no llegaron a grabar un plano en el Congreso.

MONZÓN FUE EL ÚLTIMO EN RODAR ALLÍ

La última vez que se permitió utilizar las dependencias parlamentarias para una producción cinematográfica fue en 1999, bajo presidencia de Federico Trillo, cuando se prestó el Salón de Plenos para "El corazón del guerrero", la primera película de Daniel Monzón, hoy reconocido tras dirigir 'Celda 211'.

La primera respuesta de la Mesa del Congreso fue negativa, siguiendo su mismo criterio de los últimos años. Pero la productora insistió y esgrimió los permisos ya obtenidos para rodar en el Palacio de la Zarzuela, donde el Rey siguió los acontecimientos aquella tarde-noche de 1981, y en el Palacio de Buenavista, sede del Ejército de Tierra y en aquel tiempo el centro militar en el que maniobraba el general Armada.

Al final, la Mesa del Congreso decidió autorizar el rodaje de forma "excepcional" y por sólo dos días, pese a que la productora había pedido inicialmente tres semanas. Las secuencias se rodarán en agosto y antes la productora deberá indicar un plan de rodaje que el Congreso deberá supervisar. Huelga decir que una de las secuencias será la entrada del teniente coronel Antonio Tejero al gritos de "todo el mundo al suelo".

DE TRES SEMANAS A SÓLO DOS DÍAS

A finales de julio, varios trabajadores de la productora encargada del proyecto ya estuvieron en la sede parlamentaria estudiando las localizaciones, tanto en el patio del Congreso como dentro del Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

El rodaje está previsto para el miércoles y jueves próximos, aunque este lunes ya estarán grabando los exteriores y el martes se utilizará para instalar en el Palacio todo el material necesario para la grabación.

La película cuenta en su reparto con el veterano Juan Diego, que interpretará al general Armada; Paco Tous, conocido por la serie de 'Los hombres de Paco' y que dará vida a Tejero, y Fernando Cayo, que repite representando al Rey Juan Carlos, el mismo papel que hizo en una de las producciones televisivas del 23-F.

viernes, 13 de agosto de 2010

Exposición fotográfica de la Transición

Cuando era adolescente y ya llevaba varios años estudiando español, ya sabía que quería ir a España. Un día, mis padres me regalaron, después de lo que a mí me parecía mucho tiempo, A Day in the Life of Spain (ver foto a la izquierda) , un libro enorme de fotos de todas partes del país, sacadas por unos 100 fotógrafos domésticos e internacionales. El libro fue publicado en 1988, y era uno de una serie de libros fotográficos similares -- Un día en la vida de China, de la Unión Soviética, de Estados Unidos, etc. A Day in the Life of Spain retrató precisamente eso -- un día (para ser exacto, el 7 de mayo de 1987) vivido en todo el país por toda clase de gente. Había fotos del paisaje, de mercados, de ferias, y de gente de todas edades y clases sociales. Probablemente algunas fotos eran un poco estereotipadas como ocurre en libros así, pero de eso nada sabía. Las fotos sólo hicieron que quisiera ir aún más a España. Las que más me impresionaron en aquel momento eran  la del Palacio de Cristal en Madrid, y la de un chico joven, su pelo cortado con una cresta (un corte de pelo "Cheroki," no sé cómo explicarlo mejor), caminando enfrente de una pareja de viejos que le miraban con horror.

También formaban parte de este libro fotos de políticos, que me interesaban menos. Hoy, al leer sobre una exposición de fotos de la Transición, me he dado cuenta de que vi por primera vez los retratos de Alberto Schommer en A Day in the Life of Spain. Específicamente, recuerdo fotos de políticos jóvenes, y de unos más viejos. Visualmente, supongo que eran una manera de contrastar dos regímenes. Esta es una de ellas, publicada en el Diario de León (artículo enlazado abajo):

Ver más fotos de Schommer aquí

De: Arte Spain
Exposición fotográfica sobre la transición. La Transición 1977-1988. Alberto Schommer se exhibe a partir de hoy en la galería de arte Rama de Astorga en León, y cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Astorga (León).

La muestra ha recorrido muchas ciudades desde 2006, pero permanecerá en Astorga hasta finales de agosto; es una muestra fotográfica de Alberto Schommer, donde retrata a los protagonistas de la transición española.

Se pueden ver los personajes más importantes de esa época histórica tan difícil, se puede ver retratos, montajes y seres temáticos de los más importantes miembros políticos de los años 1977 al 1982.

Se trata de una mirada, gracias al arte del gran fotógrafo, cargada de memoria que permite reflexionar, desde el lugar en el que se sitúa nuestro país, acerca del camino recorrido desde finales del siglo XX e inicios del XXI.
Leer más sobre la exposición aquí, en el Diario de León

lunes, 12 de julio de 2010

Cuestionar la Transición

De: El País.com


Casi cuarenta años

Reflexionar críticamente sobre la Transición no supone deslegitimarla ni rechazar su evidente eficacia. Sin embargo, algunos se toman a la tremenda cualquier análisis sobre ese periodo que no sea hagiográfico

JORDI GRACIA
EL PAÍS - Opinión - 12-07-2010

A base de repetirlo una y otra vez, al final se convertirá en verdad aceptable y volveremos a enredarnos. Pero no hay caso: reflexionar críticamente sobre la Transición no equivale a deslegitimarla ni a rechazar su evidente eficacia histórica. Pero tampoco hay caso en lo que hace a la ruptura del orden democrático que impuso la conspiración golpista en julio de 1936 para corregir por las armas la victoria en las urnas del Frente Popular. Pese a que insistan Intereconomía y sus socios -fieles discípulos de la explicación franquista de la guerra como salvapatrias redentora del diablo comunista- la República seguirá siendo el precedente inmediato de nuestro sistema democrático, sin duda con políticos en activo peligrosos, pero fundamentalmente reventado por la alianza entre espadones militares y algunos políticos que se deslegitimaron como tales al animar a las armas: convirtieron el controlado desorden de 1935 y 1936 en desorden de sangre ingobernable e irreversible.
Pero quizá importa más otra cosa menos obvia. Hasta hace cuatro días no hubo apenas discusión relevante sobre las condiciones limitadas, pactistas y razonables sobre las que se fue fraguando la Transición. De ese proceso salió, con recelosa desgana de los herederos del franquismo y con resignación inteligente de la oposición, un sistema de poder inequívocamente democrático que encontró su sanción simbólica en la mayoría absoluta socialista de octubre de 1982: los reales y legendarios 10 millones de votos que obtuvo Felipe González. En los últimos tiempos parece tambalearse esa certidumbre: interrogar esa etapa de otro modo, o añadir alguna pregunta esquinada, o reconsiderar alguno de los criterios y las renuncias asumidas entonces parece agredir o violentar la biografía política de quienes anduvieron implicados en mayor o menor grado en la Transición. Da la impresión de que regresar a esa etapa, como observador o analista, abre la espita de la suspicacia o incluso reabre alguna forma de conflicto generacional.

Pero quizá se confunden dos cosas, o una deriva de la otra. Cuando Santos Juliá identificó hace unos días la argentinización de nuestra Transición lo hizo para oponerse a ella, y creo que con toda la razón. Según él, el sentido de la conciliación como eje clave de la Transición "está a punto de ser arrojado al basurero de la historia con la creciente argentinización de nuestra mirada al pasado y la demanda de justicia transicional 35 años después de la muerte de Franco". Sospecha una contaminación de modelos explicativos (y de reivindicaciones judiciales) entre lo que fue la Transición española y lo que fue la salida democrática de un régimen menos cruento, más corto, mucho más reciente y sin totalitarismos ni guerras mundiales en el horizonte (Argentina). Ese espíritu de la Transición hoy es menos unitario y algunos intelectuales o activistas políticos de verbo encendido parecen propiciar una reapertura del caso (el caso es la Transición) con tufo revanchista demasiadas veces y resonancias muy explícitas de venganza. Es un enfoque desequilibrante además de injusto porque ya solo puede imputar a cadáveres, pero además parece encontrar en esa ira vengadora contra el pasado reciente y remoto el combustible ideológico que no obtiene por otras vías.

Pero el asunto clave vuelve a estar en otro ángulo del problema. Lo que no puede derivarse de esa amenaza de argentinización es un cierre de filas o un repliegue hacia la versión establecida de la Transición sino todo lo contrario: alimentar la libertad de decir con franqueza y transparencia lo que durante la primera Transición hubo que decir con cuidado y cautela. No cabe regateo alguno ahora ni caben aquellas aconsejables cautelas. La verdad se puede decir entera, para que quienes lean una y otra vez que el origen de todos los males está en la Segunda República -como algunos repiten por tierra, mar y aire- sepan que eso es mentira y que el origen del mal está en el golpe de Estado ilegítimo y condenable sin reservas que urdió una coalición de fuerzas de derechas, fascistas y católicas. Y el franquismo fue durante casi 40 años su crudelísima y nefasta consecuencia (sin paliativos).

Pero hay otra secuela indeseable. Y es que, igual que aquel pasado hay que contarlo sin disfraces por pura pedagogía cívica, hay que empezar a hacer lo mismo con la Transición, y no cabe regateo alguno de legitimidad ante los análisis críticos sobre ella en aras del blindaje indefinido de sus acuerdos o en aras de la protección actual de la paz civil. Los historiadores seguimos obligados a repensarla, y de nuevo sin la menor reserva en las preguntas ni en las respuestas, tanto si dañan la imagen de las cesiones que se hicieron como si dañan nuestro amor propio colectivo por saber que algunas decisiones de entonces pueden ser revisadas hoy, o pueden ser contadas con la misma crudeza que nadie duda en emplear cuando habla de la guerra o el franquismo.

La resistencia a revisarla carece de sentido porque incumple el deber de toda democracia, que es mutar para seguir fundamentalmente igual; es decir, preservar los mismos valores que entonces preservó pero de acuerdo con lo que es la sociedad española casi cuarenta años más tarde: estabilidad burguesa, protección jurídica, búsqueda de la paz social, deslegitimación de la violencia, respeto político a los nacionalismos y, en fin, la noción conciliadora y no revanchista como bajo continuo que la democracia aplicó con respecto a los franquistas adaptados o no adaptados. Que entonces la izquierda lo hiciese por la fuerza de las cosas y por tacticismo más que por convicción y fraternidad no le quita mérito sino todo lo contrario: significa precisamente que lo hizo bien porque puso por delante el bien común y político antes que la razón ideológica de parte (de parte derrotada). Cada nuevo asedio a la complejidad de la Transición no puede estar atenazado por si rompe o no con el relato actual ni desde luego debe entenderse como una forma de deslegitimación solapada. Volver a preguntar y releer un pasado fundamentalmente bien hecho es la misma operación que entre todos hemos hecho con el pasado fundamentalmente mal hecho que fue el franquismo.

Pero hoy podemos hacer además el análisis de las consecuencias políticas de aquella inteligente estrategia. Quienes no nos sentimos hipotecados por la Transición, sino beneficiarios objetivos de ella -tan nietos de la guerra como hijos de la Transición: titulé un libro mío sobre las letras de la democracia precisamente Hijos de la razón- nos permitimos contar hoy la guerra y el franquismo como fue, por supuesto, pero también debemos preguntar por la Transición sin que en la pregunta vaya la tentación de deslegitimar el proceso. Pero sí considerar algunos de sus efectos en el presente: por ejemplo, la densísima dificultad de la derecha actual para condenar aquel golpe y el franquismo mismo, o la excesiva timidez con la que una parte de la derecha española se ha hecho cargo de su pasado familiar, social y político vinculado al franquismo (y de ahí las salidas de pata de banco de varios de sus dirigentes actuales, terriblemente destructivas de la fiabilidad de su condena de la dictadura). O por ejemplo, la tardía restitución del derecho de las víctimas todavía no identificadas para quien desee hacerlo, o, por ejemplo, la hipoteca católica que pesa sobre un Estado teóricamente laico. O la conjetura sobre si convendría revisar algunos artículos de la Constitución de 1978 tantos años después, o la ley de partidos y su financiación, o si haberse quedado al borde de una estructura federal con el Estado de las autonomías sigue siendo la mejor de las opciones (que entonces sí fue).

Una democracia de casi 40 años está entrenada para contar su pasado con la crudeza necesaria y fundamentalmente lenitiva, y está entrenada también para que no la pongan en jaque estas o aquellas radicalidades, y lo está también para no temer que cada mácula posible en la construcción de su origen la debilite o la desbarate: las tres cosas la robustecen.

lunes, 5 de julio de 2010

Por qué la memoria histórica se debe llamar "las" memorias históricas

Visto en: el blog del autor
Ver artículo en PDF
Los vencidos tienen distinta memoria histórica que los vencedores

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 5 de julio de 2010

Este artículo cuestiona varios de los supuestos que sostienen la imagen de la Transición como modélica. Señala que la oposición a recuperar la memoria histórica se debe al enorme dominio que los vencedores del conflicto civil (1936-1939) y sus descendientes (independientemente del color político en que se encuentren) sobre los aparatos del estado, que promueven la percepción de equidistancia en el desarrollo de atrocidades supuestamente realizadas por ambos bandos. Han sido los vencedores y sus descendientes que han querido promover la imagen de que la Transición fue modélica, basada –según ellos- en la reconciliación. El artículo concluye que millones de vencidos y sus descendientes no se han reconciliado con los vencedores y sus descendientes, la mayoría de los cuales han admitido la responsabilidad de sus antecesores en los horrores de aquel régimen fascista.

No existe pleno conocimiento en grandes sectores de la población española de las atrocidades cometidas por el golpe militar del 1936 y la dictadura que estableció. Sólo los vencidos y sus descendientes conocieron en carne propia los fusilamientos, los encarcelamientos, las torturas, el exilio y sobre todo, la constante humillación con la que el régimen establecido por el golpe militar de 1936 intentó la destrucción psicológica del bando vencido, presentándolo como un bando antiespañol, criminal y asesino, perteneciente a una raza y/o cultura inferior (ver mi artículo El racismo del nacional-catolicismo, Público, 14.01.10). Y lo que es incluso más doloroso es que los vencidos no podían defenderse ni siquiera frente a sus hijos, pues hablar con ellos y transmitirles este conocimiento era ponerlos en peligro. Los vencidos y sus descendientes sufrieron una humillación y un terror constante que nunca experimentaron los hijos de los vencedores. Y la expresión más clara de ello es lo que ha ocurrido con las más de 150.000 personas asesinadas (cuyos cuerpos han desaparecido) y sus familiares. Hasta hace poco estaban prácticamente olvidados y abandonados, treinta y dos años después de haber terminado la dictadura.

Tales horribles experiencias no las conocen los descendientes de los vencedores. A esto me referí cuando, en un artículo reciente, critiqué a Javier Pradera, columnista de El Pais, por su animosidad hacia el intento del Juez Baltasar Garzón de llevar a los tribunales a los asesinos implicados en aquel régimen (animosidad expresada con gran cantidad de insultos hacia los que criticaban tal enjuiciamiento) (ver mi artículo Javier Pradera, la amnistía y la transición, El Plural, 17.05.10). Definí a Javier Pradera como “hijo de vencedores”, lo cual, no significaba (como se malinterpretó en algunas notas que recibí) que cuestionara su compromiso democrático (expresado en su pertenencia durante su juventud a la resistencia hacia la dictadura), sino que señalaba la falta de conocimiento que Pradera tuvo de lo que fue aquella dictadura, experiencia sentida sólo por los vencidos y sus descendientes, entre los cuales Pradera no se encontraba. Los descendientes de los vencidos tenemos un conocimiento y una memoria muy distinta a la de los vencedores. Y queremos que se conozca y que se denuncie lo ocurrido, pues es nuestro deseo que el régimen democrático actual sea continuador y heredero de aquel que España tuvo y por el cual lucharon nuestros padres, ya que estamos orgullosos de lo que nuestros padres hicieron y exigimos al Estado español que lo reconozca y los honre, lo cual no se ha estado haciendo. Es más, creemos que el Estado democrático español no debe considerarse una síntesis de dos sensibilidades, una heredera de la dictadura y la otra mitad heredera de la República. Este sentido de la equidistancia moral y política de lo que erróneamente se llaman los dos bandos (postura promovida por los vencedores y por sus descendientes), no puede ser aceptada en un estado democrático. Éste, para sostener y reproducir una cultura democrática, necesita condenar la dictadura y reconocer el carácter democrático de la República. El franquismo no puede tener ningún reconocimiento en España como propone otro vencedor, Gregorio Marañon, en su artículo en El País “La insobornable verdad” (28.06.10). Sería impensable que en Alemania, que padeció un régimen nazi (semejante al régimen fascista español), un periódico publicara un artículo que defendiera el reconocimiento moral y político de aquellos que impusieron el nazismo.

En realidad, esta resistencia a conocer el pasado, está en parte explicada, no sólo por el enorme dominio que las derechas tuvieron en el proceso de transición de la dictadura a la democracia, sino también por la resistencia de los hijos de los vencedores a que se conozca lo que hicieron sus antecesores, bien por activa o por pasiva, colaborando con el odiado régimen. El miedo a molestar a los descendientes de los vencedores y la excesiva timidez en recuperar y, con ello, corregir la memoria histórica, es indigno del enorme sacrificio de aquellos que lucharon por la democracia y sufrieron por ello. Es vergonzoso, por ejemplo, que la sede del gobierno socialista español, La Moncloa, defina en su web al dictador Franco sólo como político y militar sin nunca citar su componente golpista y dictatorial.

Las consecuencias de una transición inmodélica
La transición, claramente inmodélica -pues dio lugar a una democracia muy incompleta, con gran dominio de las fuerzas conservadoras en los aparatos del estado- dio pie a un abanico electoral claramente sesgado a la derecha. Los partidos homologables a la derecha española en la Unión Europea, no son los partidos de derecha sino los de ultraderecha. Ejemplos de ello hay muchos. Uno de los más recientes es la respuesta de las derechas al caso del Juez Baltasar Garzón (llevado al Tribunal Supremo por el partido fascista) por su intento de enjuiciamiento al fascismo. El público español debe saber que la gran mayoría de medios informativos de derechas en Europa condenaron aquel enjuiciamiento. No así en España. Tanto las derechas españolas (los dirigentes del PP) como las catalanas, Artur Mas, dirigente de CiU y Juan José López Burniol (autor muy promocionado por la televisión pública catalana, TV3) se opusieron a ello. En realidad este último ha escrito varios artículos en El Periódico y, más recientemente, en La Vanguardia (“Razón moral y razón política”, 19.06.10), en el que sostiene que lo que él denomina ambos bandos tenían igual derecho moral y político, defendiendo así a los golpistas de 1936, con el argumento de que eran buenas personas y creían que luchaban por España. Tal argumento, con su relativismo moral, justifica toda serie de atrocidades pues raramente el que las realiza tiene conciencia que haga algo mal. Incluso Hitler y Franco, dos de los asesinos mayores que ha tenido Europa, creían que salvaban su país. Bajo este criterio, que a una persona se la juzgue viene determinado por sus propias intenciones o valores, independientemente del contexto donde se realizan sus acciones.

Esta equidistancia aparece también en Joaquín Leguina en un artículo en el que, partiendo de que muchos fascistas eran buenas personas y muchos republicanos eran asesinos, concluye que los dos bandos eran responsables o, como dijo Pérez-Reverte, todos “somos hijos de puta”, insulto gratuito a todos los que lucharon por la democracia, justificando tal insulto por la existencia de comportamientos censurables también en el lado republicano, ignorando que, mientras la represión era política de estado en la dictadura, no lo fue en el lado de la República. Según el criterio de equidistancia, sostenido por tales autores (todos ellos descendientes de vencedores) tampoco hubo ni buenos ni malos en la II Guerra Mundial, pues los aliados bombardearon Dresden destruyendo toda una ciudad alemana. Este relativismo lleva a una parálisis moral y política.

No pueden evaluarse las atrocidades, sin embargo, sin ver el contexto en el que ocurren. De ahí que no todos los muertos sean iguales. Los curas y monjas asesinados, por ejemplo, eran parte de una institución beligerante en la Guerra, pues la Iglesia clamaba por un golpe militar antes de que éste tuviese lugar y la población era conocedora de tal provocación. Es comprensible, pues, que las clases populares odiaran a la Iglesia (hecho que la Iglesia, en su arrogancia, nunca se ha preguntado el porqué la odiaban). Decir esto no es justificar la expresión de tal odio, sino entenderlo. El hecho de que los curas y las monjas fueran buenas personas (es decir que seguían las pautas del comportamiento convencional) no las convirtió en inocentes. En realidad, en mi juventud conocí a muchos fascistas que eran también muy buenas personas, iban a misa, amaban a sus familias, ayudaban a sus vecinos pero que cuando veían sus intereses en peligro, colaboraban con la policía, que asesinaba, torturaba y exiliaba a aquellos que amenazaban sus intereses, lo cual ocurría con pleno conocimiento y aprobación de los fascistas buenas personas. En realidad, la perfecta novela o película antifascista todavía no se ha hecho. Tal novela tendría que explicar la vida de esta buena gente de la que habla Burniol, que cuando veían sus intereses en peligro apoyaron las crueldades más duras que los seres humanos han visto ocurrir en España.

La mal llamada reconciliación
Una última nota. No es cierto que la transición se basara en una reconciliación. El hecho de que el joven republicano no apretase el gatillo que hubiera matado a Sánchez Mazas, en la novela de Javier Cercas, ha sido interpretado por muchos autores (como Santos Juliá) como el inicio de la reconciliación. No sé cuál es el intento de su autor, Javier Cercas (también hijo de vencedores). Pero me parece absurda tal observación. Aquel joven republicano tendría que haber apretado el gatillo, pues era una guerra contra el fascismo (el cual mató a miles y miles de demócratas) y Sánchez Mazas fue su ideólogo. Millones de hijos de vencidos no se han reconciliado con los vencedores. ¿Cómo puede la hija de un alcalde republicano asesinado por la Falange, cuyo cuerpo está enterrado en un lugar todavía desconocido, reconciliarse con el miembro del Tribunal Supremo que todavía defiende el golpe militar, o con el Sr. Burniol que indica que los golpistas merecen tanto respeto como su padre, el republicano enterrado?

El aceptar que el conflicto civil se lleve a cabo no mediante el conflicto armado, sino a través de unas reglas (sesgadas en el caso español para favorecer a las derechas), como ocurrió en la transición, no quiere decir que hubiera reconciliación, por mucho que líderes de izquierda lo afirmaran durante la transición. Creerse esto es como creerse que la petición de Amnistía por parte de la población movilizada contra la dictadura incluía la petición de perdón a los asesinos, como algunos, incluyendo a Burniol, asumen. Si a una persona le roban su casa sin nunca recuperarla, no se le puede pedir que se reconcilie con el ladrón que continúa viviendo en su propiedad. Esto es lo que ha ocurrido en España. Ponga vencedor en lugar de ladrón y esto es lo que ha estado ocurriendo- los vencedores robaron la memoria histórica, haciendo de la suya, la historia de España. Y ahora se oponen a que se recupere la memoria de los vencidos que fueron los únicos que defendieron la democracia.

En la transición no hubo reconciliación. Hubo un acuerdo de no resolver el conflicto, que continúa existiendo, por vía de las armas. Se decidió hacerlo por reglas que intentaron ser democráticas, en un estado en que las derechas continuaron enraizadas en el aparato del Estado y en el que la competitividad política está sesgada para discriminar a las izquierdas, y ello como consecuencia de la debilidad de las fuerzas democráticas en aquel momento de la Transición. Ni que decir tiene que es más que probable que, considerando la correlación de fuerzas dentro del Estado en aquel periodo 1975-1978, no había otra alternativa. No es pues mi propósito denunciar aquel proceso. Lo que sí creo, sin embargo, es que fue un gran error de las izquierdas definir aquel proceso como modélico, pues el término implica que la democracia que determinó fuera también modélica o que los instrumentos y reglas que la Transición produjo permitan alcanzar tal democracia modélica, lo cual es fácil de mostrar que no es cierto. Es comprensible que las derechas lo definan como modélica. Pero las izquierdas no pueden ni deben considerarla como modélica pues ello implicaría renunciar a conseguir la democracia homologable a la existente en la mayoría de la Unión Europea, que el pueblo español se merece, sin frenos y cortapisas. Y ahí soy optimista. En la medida que el tiempo pasa, las nuevas generaciones no aceptarán este desequilibrio existente en el Estado español. Y las derechas son conscientes de ello. De ahí la enorme resistencia de los vencedores a impedir que se conozca la realidad de lo que pasó en España.

sábado, 3 de julio de 2010

Dos relatos de la guerra, premiados y para leer en internet

De: Nuevatribuna.es
La Memoria, en primera persona
Última actualización 02/07/2010@09:42:42 GMT+1

Dos relatos de Juan Pedro Rodríguez Hernández, colaborador de nuevatribuna.es, han sido premiados y serán incluidos en el libro que la Fundación Jaime Vera publicará con motivo de los 130 años de Historia del PSOE.

NUEVATRIBUNA.ES - 14.5.2010

La Jaime Vera ha celebrado un nuevo certamen de relatos bajo el título "Tu historia es nuestra historia”. La experiencia se inició en octubre de 2009 para "recuperar las voces, las vivencias, la memoria en primera persona".

La Fundación, que funciona como escuela de formación del PSOE, pretende con ello "crear un gran mosaico" que finalmente se va a tejer con 250 relatos que reflejan las experiencias de generaciones de españoles y españolas, fundiendo pasado y presente, experiencias y anhelos, abuelos/a y nietos/as. En el libro se publicarán los 24 relatos seleccionados por un jurado compuesto por Pilar Gómez (directora de la SEACEX), Salvador Clotas (Director de la Fundación Pablo Iglesias), Leire Pajín y Eduardo Madina entre otros cargos orgánicos y responsables de instituciones.

Los relatos premiados a nuestro colaborador Juan Pedro Rodríguez (Madrid, 1978), profesor-tutor de Historia en la UNED, han sido "Barracón 12, preso 5185" y “Héroes anónimos“. El primer relato versa sobre la encarcelación de españoles en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial y la participación como testigo y víctima del fotógrafo catalán Francesc Boix. El segundo relato narra el hallazgo del busto de Pablo Iglesias por Alfonso Guerra durante la Transición. El monumento, en pleno Retiro, había sido dinamitado por las tropas nacionales al ocupar la capital en 1936.

Los relatos proceden de todos los puntos del país y abarcan desde experiencias e historias de la República hasta la actualidad, pasando por la Guerra Civil, el destierro y la represión, el periodo de la Dictadura, la Transición, y llegan hasta nuestros días. Pueden consultarse en la web de la Jaime Vera.

jueves, 1 de julio de 2010

Vicenç Navarro: "La transición inmodélica"

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La Transición inmodélica

Visto en el blog del autor

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 1 de julio de 2010

Este artículo muestra lo inmodélica que fue la Transición pues produjo una democracia muy incompleta, como lo demuestra el enorme dominio de las fuerzas y culturas profundamente conservadoras (heredadas del régimen anterior) en los aparatos del Estado español, tales como el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

Durante muchos años, la versión dominante en los medios de mayor difusión del país sobre la Transición de la dictadura a la democracia en España es que tal Transición fue un proceso modélico que transformó una de las dictaduras más represivas que hayan existido en Europa (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000) en una democracia homologable con cualquier democracia existente en la Unión Europea. Esta versión dominante subraya, además, que el supuesto éxito de tal Transición se basó en la reconciliación de las derechas, herederas de lo que en España se llama franquismo (y fuera de España, fascismo), con las izquierdas y otras fuerzas democráticas, herederas de la República, que lucharon contra la dictadura.

Esta versión dominante, casi oficial, de los hechos ocurridos en España se ha ido cuestionando más y más a medida que se han podido comprobar las enormes deficiencias de la democracia española. Dos hechos recientes muestran lo enormemente incompleta que es la democracia en España. Uno es el enjuiciamiento por parte del Tribunal Supremo del único juez –Baltasar Garzón– que se ha atrevido a intentar llevar a los tribunales a los asesinos y responsables del encubrimiento de los asesinatos por causas políticas de más de 150.000 personas, cuyos cuerpos continúan desaparecidos en la gran mayoría de los casos, enjuiciamiento que se ha hecho a propuesta de la Falange, partido heredero del partido fascista que mató a miles y miles de republicanos.

Esta situación, que The Guardian definió como “bochornosa”, es impensable que ocurra en cualquier otro país democrático de la UE. En realidad, en otros países europeos que sufrieron el fascismo o el nazismo, como Alemania, la Falange estaría prohibida y los miembros del Tribunal Supremo que aquí han mostrado sus simpatías por el golpe militar estarían expedientados y, de continuar expresando tales simpatías, estarían en la cárcel. No así en España. Mientras que unas fuerzas políticas vascas, como Batasuna, están prohibidas por no condenar la violencia de ETA, la Falange, que se muestra orgullosa de sus antecesores, está legalizada, y el Partido Popular, que nunca ha condenado por su nombre la dictadura asesina que existió en España, no es sólo legal, sino que ha gobernado en España. Medios de información afines a tal partido han aplaudido el enjuiciamiento del juez Garzón, contrastando con la postura expresada por la gran mayoría de medios de las derechas europeas, que han denunciado tal enjuiciamiento. En realidad, las fuerzas políticas europeas, homologables al PP, han sido las ultraderechas (ver mi artículo “¿Es el PP franquista?” en www.vnavarro.org).

El segundo hecho es el dictamen del Tribunal Constitucional, que ha eliminado del Estatut elementos claves que habían sido aprobados por el Parlament, por las Cortes españolas y refrendados por el pueblo catalán en un referéndum. El dominio de tal tribunal por la derecha española, próxima al PP, y por otros jueces que comparten la cultura jacobina del régimen anterior ha dado lugar a un resultado predecible que ha invalidado decisiones tomadas por los representantes del pueblo catalán y del pueblo español. Esta decisión ha sido un regalo a los nacionalistas de ambos lados del Ebro. Para los jacobinos españolistas, herederos de la cultura centralista de la dictadura, centrados predominantemente (pero no exclusivamente) en el PP y en UPyD, tales tensiones favorecen la movilización chauvinista anticatalana, que es muy rentable políticamente en sectores de España. Y en Catalunya, la decisión del Tribunal Constitucional se presenta por las derechas nacionalistas catalanas como la decisión de España contra Catalunya, ignorando maliciosamente que los representantes del pueblo español (excepto el PP) votaron a favor de tal Estatut.

La consecuencia de ello es que hoy, en el momento más grave que España y Catalunya están viviendo, con un ataque frontal a los derechos sociales y laborales de las clases populares de todas las naciones de España, las luchas nacionales absorberán todo el espacio político y mediático, llevando a un segundo plano el tema de la reducción del Estado del bienestar, el objetivo deseado por las derechas nacionalistas catalanas y españolas que, aliándose en sus políticas de reducción de derechos sociales y laborales, utilizan ahora las banderas para dejar en segundo lugar la crisis económica y financiera que sus políticas neoliberales provocaron.

Este artículo no puede terminar sin hacer una crítica a las izquierdas gobernantes. La excesiva moderación del Gobierno del PSOE, que alcanza niveles de difícil comprensión (como, por ejemplo, la definición de Franco –el mayor asesino que España haya producido– en la web de la Moncloa como un “político y militar”, sin citar su horrible comportamiento, tanto en el golpe de 1936 como en los 40 años de dictadura) y su enorme pasividad frente al Tribunal Supremo y al Tribunal Constitucional es, también, en parte responsable de la situación actual. Aplaudo el discurso del presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, en su denuncia y crítica del Tribunal Constitucional (el cual nunca tendría que haber existido o, en caso de que existiera, no debería tener mayor potestad que la soberanía popular). En lo único que estoy en desacuerdo es en lo de acatar el dictamen. Es comprensible que lo dijera debido a su cargo institucional.

Pero las leyes no tienen que acatarse cuando son injustas. Si la anciana de raza negra en Alabama, EEUU, hubiera respetado la ley y hubiera continuado sentada en la parte de atrás del autobús, los negros en EEUU todavía estarían considerados ciudadanos de segunda. La desobediencia civil es un acto democrático. Hoy las fuerzas democráticas, a ambos lados del Ebro, deberían protestar por el hecho de que las derechas continúen dominando los aparatos del Estado, no respetando la voluntad popular expresada en el Parlament y en las Cortes españolas. En una democracia, la soberanía procede del pueblo y no de unas instituciones heredadas del régimen anterior.

domingo, 27 de junio de 2010

La "inestimable Transición"

Esta carta, publicada por El País a raíz de una editorial de Santos Juliá, "Duelo por la República Española," aplaude a los que defienden "nuestra inestimable Transición." ¿Era inestimable para todos?
Reivindicación de la Transición

JOSÉ MANUEL ROMERO - Nancy, Francia - 27/06/2010

Quiero expresar mi agradecimiento a Santos Juliá por su magnífico artículo titulado Duelo por la República Española. El historiador no solo demuestra su solvencia intelectual, de sobra conocida, sino también -lo que es al menos igual de importante- su gran sensatez cívica, su sentido de la responsabilidad. En medio de tantos autoproclamados republicanos de pura fachada, su reivindicación profundamente republicana de la Transición es una de las pocas intervenciones saludables de estos últimos tiempos.

Y al propio diario EL PAÍS, que desde hace algunos años ha tomado claro partido por quienes, so pretexto de ese dudosísimo invento de la "memoria histórica", están intentado "denostar como mito y mentira" nuestra inestimable Transición, también quiero agradecerle el que, aunque sea como excepción, haya tenido a bien publicar un artículo como el de Juliá.

martes, 25 de mayo de 2010

Stanley Payne, en El Mundo

En el post anterior cité a un estudioso al que admiro y respeto. En cambio, ahora cito a alguien que algunos han llamado el "Pío Moa estadounidense," Stanley Payne, profesor en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.). Vi la siguiente entrevista por medio de Wikio, pero fue publicada originalmente en el diario El Mundo. Como parece que hay que tener una contraseña para acceder la entrevista, la he copiado de un blog. Como era de esperar, Payne sigue echando leña al fuego al culpar por la guerra al gobierno LEGITIMO de la II República (y parece que, por extensión, a toda la izquierda), y al usar términos como el "Alzamiento."

Stanley G. Payne: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra?.

CARLOS FRESNEDA / Nueva York
«La izquierda utiliza la Guerra Civil por su rentabilidad política»

El hispanista Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) vuelve al ruedo político con un argumento que amenaza con levantar ampollas: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra? (Espasa), Payne pone al día la vieja tesis y carga las tintas en la responsabilidad del Partido Socialista y de líderes como Santiago Carrillo. En su opinión, la derecha asumió hace tiempo los abusos del franquismo, pero desde la izquierda se sigue teniendo «una visión romántica» y se utiliza incluso la Guerra Civil por «rentabilidad política».

Pregunta.- Su libro llega en un momento crispado y crítico en España. ¿Qué le parece la decisión del Consejo General del Poder Judicial de suspender a Baltasar Garzón por su investigación sobre las desapariciones del franquismo?

Respuesta.- Una de las mayores debilidades de España es la politización de su sistema judicial. Las actividades de Garzón han estado muy determinadas por la política. En lo que se refiere a la «amnistía», siempre ha medido por un rasero muy distinto a la izquierda y a la derecha. En vez de ser un juez imparcial que se atiene a la ley, Garzón ha sido muy frecuentemente el «antijuez», preocupado, sobre todo, por la publicidad y por la política.

P.- Lo cierto es que el caso Garzón, y no hace mucho la Ley de Memoria Histórica, han vuelto a poner la Guerra Civil al rojo vivo. ¿Reviven los viejos fantasmas?

R.- No creo que el Gobierno pretenda revivir la Guerra Civil, sería exagerado decir eso. Lo que Zapatero está intentando en todo caso es rentabilizar la Guerra Civil, sacarle partido político. A mí me parece, sobre todo, una maniobra para estigmatizar históricamente a la derecha y, por extensión, al PP.

P.- En su libro, asegura que el PSOE fue uno de los principales obstáculos para la democracia antes y durante la Guerra Civil. ¿No es una acusación demasiado fuerte?

R.- A los hechos me remito. Está claro que las graves contradicciones internas y las tensiones entre las facciones de Besteiro, Prieto y Largo Caballero ayudaron mucho a que las cosas fueran mal en la República. Indalecio Prieto hizo una pequeña autocrítica, pero el Partido Socialista -y la izquierda en su conjunto- no ha hecho una examen autocrítico de sus errores.

P.- Usted acusa también a Santiago Carrillo de ser uno de los pocos extremistas que en realidad quería la guerra...

R.- Es cierto. Conviene recordar que Carrillo no fue un demócrata hasta 1977. Sus discursos en las Juventudes Comunistas eran muy radicales; de alguna manera, estaba esperando la llegada de la guerra, como tantos extremistas. El Carrillo de la Transición actuó de un modo muy responsable, pero en los últimos años ha vuelto a la vieja retórica de la izquierda y mantiene una posición muy sectaria.

P.- Parece que está exculpando usted a la extrema derecha.

R.- Los dos extremos estaban deseando y provocando la guerra civil. La extrema izquierda y la extrema derecha pensaban que iba a ser un conflicto rápido y que iba a culminar con la victoria. La sociedad española no estaba, en realidad, tan polarizada; lo que se había polarizado era el activismo radical. La radicalización de las minorías fue letal y acabó contagiando a todo el sistema y a los líderes políticos, que permitieron que el país se encaminase hacia un proceso revolucionario violento.

P.- Hasta ahora, hemos cargado las tintas sobre la izquierda, pero díganos, ¿qué podría haber hecho la derecha para evitar la Guerra Civil?

R.- Lo que podría haber hecho la derecha es, en el fondo, muy simple: someterse a todos los abusos de la izquierda. Someterse a la persecución es, a veces, la mejor opción política (al fin y al cabo, ésa era la posición de la Iglesia Católica hasta el 18 de julio de 1936). Así se podría haber evitado la guerra, al menos en ese momento. Tal vez el Frente Popular se habría partido o las condiciones podrían haber mejorado. O, tal vez, dada la naturaleza de la izquierda, podíamos haber asistido a una Guerra Civil bastante distinta.

P.- Sin el asesinato de Calvo Sotelo, ¿se habría evitado el conflcito [sic] armado?

R.- Se podría haber evitado el Alzamiento, eso creo. Franco lo consideraba prematuro unos días antes. Nadie duda de que el asesinato fue el detonante.

P.- ¿Cuál fue la baza peor jugada de la República?

R.- El Gobierno de la República fue poco inteligente a la hora de poner a prueba el nivel de tolerancia de la derecha. En las sociedades humanas, hay siempre un nivel de tolerancia que se puede soportar sin contraatacar. Pero el Gobierno de la República sobrepasó ese límite. Debería haber reforzado la ley y la Constitución, y, sin embargo, no se hizo... Incluso después del asesinato de Calvo Sotelo, Casares Quiroga tuvo la ocasión de crear un gobierno de conciliación nacional, aunque sólo fuera para mantener la seguridad. Pero tanto Casares como Azaña y Largo Caballero creyeron que el conflicto era inevitable y, hasta cierto punto, lo instigaron porque estaban convencidos de que la rebelión militar no iría muy allá. Cometieron un grave error de cálculo.

P.- ¿Tuvo la República alguna opción real de ganar la guerra?

R.- La tuvo durante las seis u ocho primeras semanas. Pero las divisiones políticas y los errores militares frustraron esa capacidad. Uno de los tópicos de la guerra es que la fuerza militar de Franco era abrumadoramente superior. En ciertas fases de una guerra de desgaste, como lo fue la Guerra Civil española, hubo un claro desequilibrio, pero las diferencias no fueron tan grandes.

P.- Entonces, ¿por qué perdió realmente la República?

R.- Creo que el propio Negrín dio en el clavo cuando se refería a «las intrigas, celos y divisiones» que corrompieron la República, y también a «los errores y la irresponsabilidad» de los líderes, asumiendo su parte de culpa. Hablar a estas alturas de las guerras civiles que hubo dentro de la Guerra Civil resulta tal vez un tópico, pero está claro que las disensiones internas debilitaron tremendamente a la izquierda.

P.- Usted critica duramente la versión de la izquierda, pero no podemos olvidar que, durante 40 años, en España existió una sola versión de la guerra.

R.-Queda tan sólo un pequeña minoría de franquistas que consideran que Franco era maravilloso, pero incluso la opinión más conservadora acepta el hecho de que fue una dictadura que llevó a cabo un fiera represión. La derecha no idealiza el franquismo como la izquierda sigue idealizando el Frente Popular, con sus abusos e incluso sus prácticas terroristas. El debate en España no es sobre la izquierda frente a la derecha, sino sobre la necesidad de reconocer la realidad histórica de la guerra sin romantizarla.

P.- ¿Qué lección se puede extraer finalmente de la Guerra Civil?

R.- Una muy simple: respetar las reglas del juego democrático. Y sirve igual para los dos bandos, estén en el poder o en la oposición. Creo que los españoles aplicaron muy bien esa lección durante la Transición. Lo que no tiene sentido es reabrir la Transición a estas alturas.

jueves, 29 de abril de 2010

Artículo de Vicenç Navarro sobre las críticas de las movilizaciones

Otra editorial brillante del Dr. Vicenç Navarro.

Visto en: el blog del profesor (PDF disponible aquí)

La resistencia a conocer el pasado
Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 29 de abril de 2010

Este artículo responde a algunas de las críticas hechas predominantemente por las derechas (y también por intelectuales conocidos por su antiizquierdismo) a las movilizaciones progresistas que están ocurriendo en España en protesta del enjuiciamiento del Juez Garzón por sus investigaciones de los crímenes realizados por el fascismo.

La movilización de amplios sectores progresistas en contra del enjuiciamiento de Baltasar Garzón por parte del Tribunal Supremo, como consecuencia de su investigación de los crímenes del fascismo, ha dado lugar a una respuesta de condena por parte de la derecha española acompañada de los “compañeros de viaje” que han hecho de su anti izquierdismo la marca de su labor periodística.

Un argumento utilizado por el PP –que evidencia una carencia de sensibilidad democrática– es el de acusar a tales manifestaciones de ser “antidemocráticas”, pues presentan las críticas y presiones al Tribunal Supremo como comportamientos que no respetan las reglas democráticas. Tal argumento desconoce que el poder de cualquier parte del Estado deriva de la soberanía popular y, como tal, puede ser sujeto de crítica y presión por parte de la ciudadanía. Tal acusación de antidemocrática tiene también un componente elevado de incoherencia, pues la dirección de aquel partido nunca ha criticado a la Iglesia católica por amenazar con la excomunión a los jueces que aplicasen la Ley del Aborto, amenaza que representa el máximo grado de presión e interferencia en una judicatura en la que la mayoría de sus miembros son católicos.

Otro argumento planteado no sólo por las derechas sino también, entre otros, por Joaquín Leguina, Fernando Savater y Santos Julià, en sendos artículos publicados este mes en El País , es que tales movilizaciones están rompiendo la reconciliación nacional, que asumen estuvo plasmada en la Ley de Amnistía, ignorando que tal norma fue resultado de la movilización popular liderada por las izquierdas y cuyo objetivo primordial (en el momento de su aprobación, en el periodo preconstitucional) era sacar de las cárceles a los que lucharon en contra de la dictadura. En realidad, las derechas (Alianza Popular) no la apoyaron. De reconciliación tuvo poca. Y esta todavía no ha llegado, como bien lo muestra el hecho de que casi 150.000 personas asesinadas del bando republicano continúan desaparecidas como consecuencia de la oposición de las derechas a que sea el Estado el responsable de encontrar a tales desaparecidos, tal como instruyen las leyes internacionales, por mucho que Joaquín Leguina lo niegue en su artículo (ver los escritos del magistrado José Mª Mena sobre este tema).

Tal oposición imposibilita la reconciliación, como también la dificulta la oposición al reconocimiento de aquellos que perdieron la vida como consecuencia de su lealtad a la República. El juez Adolfo Prego, miembro del Tribunal Supremo, que está a favor de la penalización del juez Garzón por la ayuda que este intentó proveer a los familiares de los desaparecidos para encontrar a sus seres queridos, se opuso con gran contundencia al reconocimiento de los jueces republicanos asesinados o desterrados por la dictadura. Como escribió The Guardian (20-04-10), “a las izquierdas ni siquiera les dejaron encontrar y enterrar a sus muertos”. Tal nivel de crueldad (y no hay otra manera de definirlo) no tiene equivalente en la Unión Europea. La gran mayoría de los medios de información de la derecha europea han condenado que se haya llevado a los tribunales al único juez que ha querido analizar la represión fascista. No así las derechas españolas, cuyos homólogos en Europa son la ultraderecha.

Pero el argumento que se da con mayor intensidad en la denuncia de las manifestaciones es el mismo que se ha dado durante el periodo democrático para justificar el olvido y la injusticia que ello conlleva. Es el argumento de la equidistancia, indicando que ambos bandos del conflicto civil hicieron las mismas salvajadas (lo cual ha permitido afirmar a Arturo Pérez-Reverte que “todos [vencedores y vencidos] hemos sido igual de hijos de puta” (El Mundo, 26-02-10). De tal equidistancia se concluye que es mejor no reavivar la memoria, pues abriría las heridas, asumiendo erróneamente que estaban cerradas. No por casualidad, la mayoría de los que sostienen tales posturas son hijos de vencedores, independientemente de que hayan pasado el sarampión de haber sido de izquierdas en su juventud. Es frecuente que para lavar tal pasado acentúen ahora sus sarcasmos e insultos a las izquierdas.

El hecho de que hubiera casos de asesinatos políticos en el Estado republicano (muchos menos que los cometidos por el Estado fascista), no niega, sin embargo, la justicia de la causa de la República, de la misma manera que el injusto bombardeo de la ciudad de Dresde (Alemania) por parte de las fuerzas aliadas en su lucha contra el nazismo y el fascismo no niega, tampoco, la bondad de su causa. Tampoco el hecho de que existieran personas no democráticas entre los asesinados republicanos significa que la mayoría de asesinados no hubieran luchado o se hubieran identificado con un gobierno democráticamente elegido. De ahí que tal equidistancia no sea tanto una explicación, sino una justificación para sostener aquella profunda injusticia. El definir como “hijos de puta”, como hace Pérez-Reverte, a los que lucharon defendiendo la República, la mayoría de los cuales no cometieron “salvajadas”, es un insulto injusto e inmerecido, excepto en su propio caso, pues no es de bien nacido ofender a los que sufrieron enormemente por una causa noble, de la cual el que insulta se ha beneficiado ampliamente.

Lo que está ocurriendo en España no es “inexplicable”, como se ha escrito. Es muy explicable, pues es consecuencia del enorme dominio de las derechas en el proceso de la Transición inmodélica que determinó una democracia muy incompleta y un bienestar muy insuficiente. Su oposición a conocer el pasado se explica porque el que controla la visión del pasado controla la hegemonía intelectual del presente. Y esto es lo que ocurre en nuestro país.

miércoles, 28 de abril de 2010

En Nueva York, la "número dos" habla en defensa de la Transición

Visto en: La información.com

De la Vega defiende la transición como un modelo para el resto del mundo


05:03h | EuropaPress

NUEVA YORK, 27 (Especial para EUROPA PRESS, Emilio López Romero) La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, defendió esta tarde en Nueva York (madrugada en España) el periodo de tránsito entre la dictadura franquista y la democracia constitucional iniciado hace ya 35 años, un proceso que a su juicio ha dado "prestigio" al país y se ha convertido en un "modelo" de transición democrática "en todo el mundo y para todo el mundo" porque dejó atrás "esas dos 'españas' que temía Machado y que a nadie más helarán el corazón".

NUEVA YORK, 27 (Especial para EUROPA PRESS, Emilio López Romero)

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, defendió esta tarde en Nueva York (madrugada en España) el periodo de tránsito entre la dictadura franquista y la democracia constitucional iniciado hace ya 35 años, un proceso que a su juicio ha dado "prestigio" al país y se ha convertido en un "modelo" de transición democrática "en todo el mundo y para todo el mundo" porque dejó atrás "esas dos 'españas' que temía Machado y que a nadie más helarán el corazón".

"Decidimos mirar hacia delante en un espíritu de reconciliación y de esperanza en un proyecto común, espíritu que fue compartido por la inmensa mayoría de los españoles, que arraigó profundamente en la sociedad española", afirmó De la Vega durante su intervención en las jornadas 'España: 1975-2010: El presente después del porvenir" celebradas en la Universidad de Nueva York.

La 'número dos' del Ejecutivo afirmó que si algo ha definido a España en los últimos tiempos es que "supimos hacerlo bien" en la transición, una etapa en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos decidió poner el acento "en lo que nos unía más que en lo que hasta entonces nos había separado", aunque reconoció que en cierta manera se comenzaron a restañar "viejas heridas no cicatrizadas".

En todo caso, dijo que el apoyo a las víctimas de la dictadura franquista comenzó a materializarse en los años ochenta, con el país "sumido en una profunda crisis económica", a partir de las pensiones y las indemnizaciones recibidas por los que estuvieron en la cárcel. "Por eso es injusto afirmar que todo se dejó estar, porque no fue así", añadió.

MEMORIA HISTÓRICA


La vicepresidenta defendió la Ley de Memoria Histórica aprobada por el Ejecutivo socialista con la mente puesta en seguir ayudando a "cicatrizar" las heridas del pasado, y que no se hizo "contra nadie ni frente a nadie", sino una ley de democracia y para la democracia, "sin ausencias, ni omisiones, sin exclusión ni olvidos".

Una ley, dijo, no para interpretar ni para reinterpretar la historia, sino para mirar al mañana con ese mismo espíritu que animó nuestra transición, "el espíritu de la tolerancia y la justicia, del reconocimiento y la reparación, del respeto y de la concordia", valores que están "mucho más allá de cualquier hecho puntual que pueda acontecer".

De la Vega celebró que aquella España "gris, cerrada, ensimismada, pobre y atrasada" diera paso con los años a una España "democrática, abierta al mundo, que participa, que decide en los grandes foros internacionales", un país moderno, avanzado y progresista. "Si los jóvenes tuviesen que mirar atrás a la España de hace treinta años ni la reconocerían ni se reconocerían en ella", indicó.

La vicepresidenta resaltó que España está hoy entre las 10 economías más importantes del mundo, que las empresas son líderes en campos con un enorme futuro, en un mundo donde nuestra voz se escucha por primera vez en los foros internacional, "tanto en el ámbito económico como político", y con una posición de vanguardia en el reconocimiento de derechos de ciudadanos y en la lucha por la igualdad.

EUROPA E IBEROAMÉRICA

De la Vega resaltó la vocación europeísta de España, un socio activo que ha impulsado las políticas comunes y la integración que fuera más allá de los mercados porque, según dijo, nuestra país defiende que sólo una unión política "cohesionada y potente" permitirá abrir nuevas posibilidades, avanzar en bienestar y constituir un foco de influencia en un mundo tan complejo.

Además, exaltó que España también se siente "americana" por los lazos históricos, lingüísticos, afectivos, que nos unen a este continente que han permitido forjar una alianza que cada día se renueva y se fortalece con un intenso intercambio en lo político, en lo económico, en lo cultural, en lo humano. "España mira hacia América, sí, y lo hace también hacia el norte del continente", añadió.

También dedicó un tiempo a resaltar la "profunda solidaridad" que caracteriza a la España de nuestro tiempo, que ahora dedica a la cooperación el 0,56 por ciento del PIB y que se ha comprometido a alcanzar la cifra del 0,7 por ciento en 2012. "Apoyar a quienes lo necesitan no es sólo un deber de la humanidad sino el imperativo que nos marca el mundo globalizado", destacó.

La crisis económica y financiera global, dijo la dirigente socialista, ha puesto al descubierto las "enormes flaquezas" de un "gigante" que ha demostrado tener los pies de barro y todos tenemos ante nosotros difíciles retos, y defendió que la mejor receta para superarlos es "tener confianza en los valores que cimientan la democracia, la convivencia y la equidad desde una perspectiva abierta e integradora".

"España se ha ganado esa confianza. Porque gracias a esos valores, en las últimas décadas hemos dejado atrás, y no volverá, esa patria de pueblo y pan injustamente repartido a la que se refería Blas de Otero", añadió la vicepresidenta, que concluyó destacando que hemos dejado atrás "esas dos 'españas' que temía Machado y que a nadie más helarán el corazón".

martes, 27 de abril de 2010

Vicenç Navarro sobre las derechas y la judiciatura

Del blog del Dr. Navarro:

Las derechas, el fascismo y la judicatura

Publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 26 de abril de 2010

Este artículo señala la falta de cambios en la judicatura española, y muy en especial en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo (así como en el Tribunal Constitucional) resultado del enrome dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron en el proceso de transición de la dictadura a la democracia y el gran poder que tales fuerzas continúan teniendo en el aparato del Estado Español.

Uno de los pilares del régimen dictatorial fue la judicatura que aplicaba las leyes de aquel régimen, uno de los sistemas más represores que han existido en la Europa occidental durante el siglo XX. Tal como constaba en el mandato establecido en la Escuela Judicial (donde se formaban los jueces), el cuerpo judicial debía ser “una milicia del Derecho, siempre dispuesta e identificada con las firmes ideas del Estado Nacional, que el Caudillo está construyendo” (citado en el excelente libro El TOP. La represión de la libertad 1963-1977, escrito por Juan José del Águila). Sus prácticas judiciales mostraron su clara militancia durante aquella dictadura.

Los tribunales especiales y consejos de guerra tuvieron especial responsabilidad en la dimensión represora durante la dictadura, así como también los Tribunales de Responsabilidades Políticas de la Masonería y Comunismo, todos ellos muy activos durante el periodo 1936-1963, siendo en 1963 cuando se creó el Tribunal de Orden Público o TOP, que dirigió la represión judicial en contra de los adversarios al régimen. La rama del estado que hacía la labor sucia (incluyendo torturas) era la Policía Política, la Gestapo española, llamada la Brigada Político Social, cuyos miembros nunca fueron sancionados o apartados del cuerpo cuando la democracia se estableció en España. En realidad, una de las dimensiones poco conocidas del pacto de silencio entre la nomenclatura del Estado dictatorial, liderada por el Rey, y la oposición democrática, era que, además del silencio sobre el pasado, se permitiera la continuidad en sus puestos de los personajes que habían protagonizado la represión política, manteniéndolos en los cuerpos y niveles de autoridad. Los hermanos Creix, jefes de la odiada Brigada Política Social en Barcelona, continuaron en sus puestos, aún cuando fueron desplazados al País Vasco.

La lealtad al régimen que éste exigía a los jueces, explica que la gran mayoría de jueces, fueran miembros del bando vencedor del conflicto civil (o hijos del bando vencedor) y, por lo tanto, profundamente conservadores. De ahí que la judicatura, en general, fuera profundamente conservadora y muy próxima, cuando la democracia se estableció, al Partido Popular. La transición, mal llamada modélica, no significó la transformación de la judicatura, con cambios de personal, sino la posibilidad de abrir el sistema judicial a jueces nuevos, algunos con vocación democrática, que para poder avanzar su carrera necesitaron el apoyo de jueces profundamente conservadores. Un ejemplo de ello es el juez instructor del caso Garzón, el juez Varela, que ascendió en la carrera judicial con el beneplácito y soporte de algunos de los miembros del Tribunal Supremo más conservadores (término excesivamente generoso para definir a jueces ultraderechistas, simpatizantes del golpe militar de 1936) que dieron su beneplácito y apoyo al nuevo juez Varela.

La mayoría de la judicatura y magistratura –sucesores de los vencedores de la Guerra Civil- permaneció callada frente a las enormes violaciones de los derechos humanos, acaecidos durante aquel régimen. Nunca denunciaron al TOP y nunca ayudaron o han ayudado a las víctimas del fascismo. Es ofensivo e insultante para las víctimas de aquella represión que el juez Varela se refiriera a la labor de los jueces en apoyo a las víctimas de la represión dictatorial como encomiable. Es difícil alcanzar niveles tan altos de falsedad, pues además de no haber ninguna evidencia de tal apoyo, la decisión de enjuiciar al juez Garzón ha tenido como efecto la interrupción de todos los procesos de ayuda a los familiares de los desaparecidos, que el juez Garzón había iniciado, cuando éste delegó en otros jueces para que ayudaran a las familias a encontrar los cuerpos de sus familiares, y que se ha paralizado como consecuencia del temor que se ha creado por continuar este proceso.

A diferencia de otros países en los que el nazismo y el fascismo se derrotaron, en nuestro país el fascismo no fue derrotado. Y el caso Garzón es un ejemplo de ello. Lo que estamos viendo ahora es como las derechas están utilizando el fascismo para hacer el juego sucio (como ocurrió durante la dictadura), eliminando a Garzón y prohibir que se mire al pasado para corregir el presente.

Una consecuencia de esta situación y de la manera tan inmodélica como se hizo la transición, es que la derecha española, en general, carece de una cultura democrática y su homólogo en Europa es la ultraderecha. Los mayores medios de la derecha democrática europea han condenado la persecución del juez Garzón. No así en España, donde la derecha la apoya, promueve y dirige. De ahí se deriva que el abanico político español esté tan sesgado, de manera que los medios de información llaman centroderecha a las fuerzas políticas, como el PP, que, en términos europeos se corresponden con la ultraderecha, mientras que se define como centro a las pocas derechas democráticas que tenemos. Es un enorme coste de la transición inmodélica el hecho de que estemos en una cultura política tan sesgada hacia las derechas.

Una última observación. En otro artículo que publiqué recientemente en Público “Los jueces y las víctimas” 22.04.10, indiqué que si estuviéramos en Alemania (país que sufrió un régimen semejante a la dictadura española) la Falange estaría prohibida, los jueces del Tribunal de Orden Público habrían terminado en la cárcel y al juez del Tribunal Supremo que ha declarado su apoyo al mayor defensor del golpe militar de 1936, se le habría expulsado del Cuerpo Judicial. Ese artículo estimuló una respuesta negando que ello ocurriera en Alemania. Repito, sin embargo, que hoy cualquier alabanza al Partido Nazi está prohibida en aquel país, como lo está también tal partido. El Tribunal de Nuremberg condenó a prisión a las máximas autoridades judiciales responsables de la represión durante la dictadura nazi. Y, por último, cualquier expresión de simpatía por el gobierno nazi, además de estar prohibida, es causa de inhabilitación en cualquier cargo público de la Administración. Todo ello no implica que existan jueces que hayan ocupado cargos judiciales durante aquella dictadura. Pero en lugar de estar orgullosos de ello, éstos lo mantienen en silencio, porque saben las sanciones que ello acarrea. No así en España, en la que, además de estar en puestos de gran poder, no tienen ninguna vergüenza de haber sido parte de aquel horrible régimen o tener simpatías por él.

Ver artículo en PDF

domingo, 11 de abril de 2010

Eneko: La Transición y el franquismo

Hace poco volví del congreso al que asistí en Montréal, y en cuanto tenga un momento libre, comentaré más al respecto. Al revisar los sitios a los que subscribo en Google Reader, me he encontrado con esta viñeta de Eneko, que como sabéis, es mi dibujante favorito en lo que refiere a temas políticos en el contexto español.

Durante el congreso había mucha conversación sobre el caso contra Garzón, y muchas de las ponencias, la mía incluida, hablaban de la conexión entre lo que Vicenç Navarro (y muchos otros) han llamado la "transición inmodélica" y todo lo que está pasando ahora. De eso se puede hablar más a fondo después...por ahora, esto lo dice todo. Me parece que el primer dibujo es el llamado "consenso."

jueves, 25 de marzo de 2010

Editorial de Vicenç Navarro sobre la transición

Del blog del Dr. Navarro:

La democracia incompleta


Publicado en el diario PÚBLICO, 25 de marzo de 2010

Este artículo cuestiona la percepción promovida por el establishment político del país de que la transición de la dictadura a la democracia fue un proceso modélico. Lejos de ser modélico, el artículo señala que el proceso –dominado por las fuerzas conservadoras que controlaron el Estado-, determinó una democracia claramente limitada y un bienestar insuficiente. El comportamiento del Tribunal Supremo –en el caso Garzón- y la exclusión de voces republicanas en los medios públicos son ejemplos de esta insuficiencia democrática.

Una de las lecturas sesgadas que se hace de nuestra historia reciente y que ha dominado la sabiduría convencional del país es que la transición de la dictadura a la democracia en España fue modélica, pues permitió pasar de un régimen dictatorial a un sistema democrático, homologable al de cualquier otro país europeo, sin que ocurrieran mayores convulsiones en el país. Tal visión de lo que fue la transición es, sin embargo, errónea. No sé si podría haber ocurrido otro tipo de transición, pero lo que me parece evidente es que de modélica tuvo poco, pues la democracia existente en España –resultado de la transición– es extraordinariamente limitada, lo cual explica muchas cosas, incluyendo el enorme retraso del Estado del bienestar en España. Todavía hoy, España es uno de los países que tienen un gasto social público como porcentaje del PIB más bajo de la UE-15, el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al nuestro.

El hecho de que la democracia sea incompleta y el Estado del bienestar sea tan insuficiente se debe al enorme dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron en aquel proceso de transición y que continúan teniendo en la vida económica, política y mediática del país. Tal dominio aparece, entre otros indicadores, en la continuidad de personas procedentes del régimen dictatorial anterior en la cúspide del aparato del Estado, desde la monarquía y el ejército a la judicatura. Una consecuencia de esta situación es el hecho de que el Tribunal Supremo de España, la máxima autoridad judicial del país, no ha llevado a los tribunales a ninguna persona, perteneciente al régimen anterior, responsable de las enormes atrocidades llevadas a cabo por aquel régimen (incluyendo a los más de 150.000 asesinados, cuyos cuerpos no han aparecido). En realidad, el único que parece ser que va a ser penalizado ha sido un juez, el juez Garzón, que intentó llevar a los tribunales a los responsables de tales asesinatos, ayudando, además, a los familiares de los desaparecidos a encontrar a sus muertos.

Y para mayor ofensa a cualquier persona con un mínimo de conciencia democrática, a este hecho se le suma que el presidente del Tribunal fue un colaborador de aquel régimen, que juró en su día lealtad al movimiento fascista (el Movimiento Nacional), y que la denuncia al juez Garzón ha sido protagonizada por la Falange, heredera de aquel régimen. Esta situación vergonzosa es impensable en la Europa democrática. Lo que ocurre en España es comparable a que en Alemania el Partido Nazi (prohibido en aquel país) llevara a los tribunales al único juez que hubiera intentado llevar al régimen nazi a los tribunales por sus atrocidades, siendo juzgado por el Tribunal Supremo alemán, presidido por un juez que había jurado lealtad al nazismo. El escándalo internacional sería enorme. Pues esto es lo que está pasando en España.

Otro ejemplo del dominio conservador es el blindaje mediático del monarca y de la monarquía, que alcanza niveles extremos, no permitiéndose críticas a la institución y al que la dirige en los medios de información y persuasión de mayor difusión del país, que constantemente promueven al monarca y a la monarquía vetando voces republicanas. Las televisiones, tanto públicas como privadas, han estado promocionando la figura del rey en varios programas que silenciaron cualquier voz crítica del monarca o de la monarquía. Estos programas propagandísticos de la monarquía son frecuentes en los medios televisivos, radiofónicos y escritos de mayor difusión del país. Mientras, voces críticas con sensibilidad republicana son sistemáticamente excluidas o encuentran grandes dificultades en expresarse en tales medios.

La prensa en Catalunya ha publicado la noticia de que un documental preparado para la televisión pública catalana que presenta voces republicanas junto con voces monárquicas en un debate sobre los méritos y deméritos de tal institución está encontrando serias dificultades y retrasos en su presentación, habiéndose cancelado su emisión a pesar de haberse anunciado en su programación.

Estos y otros hechos cuestionan la imagen de que la monarquía es una monarquía constitucional homologable a las monarquías existentes en Europa (imagen tan promovida por los medios de mayor difusión). El blindaje a la crítica de la monarquía se debe a que el establishment conservador tiene plena conciencia de que la monarquía es el lazo que une el entramado conservador que domina el país. Las críticas a la monarquía por parte de la ultraderecha la benefician, pues le permiten presentarse como una monarquía centrada (como algunas voces de la izquierda confusa también la presentan). Este blindaje se debe al temor de que el entramado pueda deshacerse. En realidad, si estuvieran seguros de la fortaleza de su dominio, permitirían una mayor diversidad ideológica. El hecho de que no lo permitan es un indicador de su falta de fortaleza. Y de ahí derivan las enormes limitaciones de la democracia.

Una última observación. Cuando se produjo el golpe militar del general Pinochet en Chile, la BBC (la televisión pública británica) hizo y mostró una película (A Very British Coup, BBC), que mostraba que si un gobierno laborista en Gran Bretaña hubiera querido hacer las reformas que hizo el presidente Allende en Chile (al cual tuve el enorme privilegio de asesorar), habría habido un golpe de Estado en Gran Bretaña liderado por la monarquía. Fue uno de los programas más vistos en aquel país. Comparen este comportamiento con el de las televisiones públicas y privadas en España, que no permiten ninguna crítica a la monarquía o dificultan su expresión. ¿Es esto democracia?

sábado, 5 de diciembre de 2009

Sobre la muerte de Jordi Solé Tura

De: El Plural

CLARA BOSCH
05/12/2009

La Gota Malaya

La memoria de Jordi Solé Tura somos todos

Ayer, falleció una de las personas más importantes durante la transición a la democracia en nuestro país. Fue militante anti franquista, dirigente del Partido Socialista Unificado de Catalunya (PSUC), diputado en el Parlament, ponente de la Constitución Española y del primer Estatut, concejal del ayuntamiento de Barcelona, Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, Ministro de Cultura con Felipe González, y Senador. A través de este artículo quiero rendirle mi más sentido homenaje.

En enero del año pasado, Jordi Solé Tura recibió un emotivo homenaje, que le rindieron las más de mil personas que se congregaron en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Ese día, su hijo Albert Solé, presentó el documental que hizo en honor a su padre: Bucarest, la memoria perdida; en el que narra la búsqueda personal que hace Albert –periodista nacido en el exilio en 1962 – por recuperar sus propias raíces, enmarcadas entre un doble exilio. Su padre, Jordi Solé Tura, fue obligado a exiliarse por su militancia antifranquista a finales de los años 50. Luego, tras una vida repleta de experiencias políticas y personales, Jordi inició el camino hacia un nuevo exilio, el interior, de la mano del alzhéimer, y por tanto esta vez, sin posibilidad de retorno.

Para muchos, Solé Tura fue básicamente, su profesor. EL PROFESOR. Ése que todo estudiante desea tener, ése que hace unas clases atractivas e interesantes y enseña en mayúsculas. Ése que en un momento complicado – los años 70 – se atrevía a hablar de catalanismo y de libertad, y habría un horizonte nuevo a toda una generación de alumnos que tuvieron el privilegio de asistir a sus clases de derecho en la Universitat de Barcelona.

Para muchos más, Solé Tura ha sido, y será, un referente político. Por su lucha antifranquista, su militancia en el PSUC – partido por el que fue diputado en Catalunya –, su defensa del eurocomunismo – a partir de la experiencia del mítico Partido Comunista Italiano de Enrico Berlingüer –, su lucha acérrima contra los sectarismos y las visiones anticuadas y conservadoras, y su carácter próximo y nada narcisista, lamentablemente muy alejado de lo que hoy encarnan algunos líderes políticos.

Jordi Solé Tura siempre pensó en colectivo, más allá de algunas cerrazones ideológicas, y aún así, nunca fue infiel a sus convicciones. Cuando en 1983, con el PSUC destrozado por una ruptura interna, algunos miembros de su partido le propusieron que encabezara las listas para Barcelona, él aceptó a sabiendas de que los resultados iban a suponer pérdidas dolorosas para el PSUC, aunque finalmente, consiguió ser concejal de Barcelona. Cuando un tiempo después ingresó en el Partit Socialista de Catalunya (PSC), ninguno de sus ex compañeros pudo sentirse agraviado, puesto que adoptó dicha decisión de una forma totalmente respetuosa hacia el PSUC.

Pero más allá de todo esto, Jordi Solé Tura ha sido un elemento clave para la historia de España. No solo por su lucha política, sino también por su papel fundamental durante el proceso de redacción de la Constitución española, puesto que fue elegido miembro de la ponencia de siete diputados encargados de elaborar el proyecto de la nueva Constitución, que estos días celebra su 31 aniversario.

Como Ministro de Cultura, remodeló la Biblioteca Nacional y el Teatro Real, inauguró el Museo Thyssen Bornemisza en Madrid y el Centro Reina Sofía se convirtió en Museo de Arte Contemporáneo, culminando dicha conversión con el traslado del Guernica. Finalmente, Solé Tura firmó el contrato de venta de la Colección Thyssen al Estado español, que tuvo lugar el 18 de junio de 1993.

Es por todas las razones expuestas por las que quiero rendirle homenaje hoy. Porque aunque soy muy joven y no he podido gozar de verle en todo su esplendor político, o de asistir a sus clases, Solé Tura ha sido, es, y será, una pieza fundamental de nuestra historia.

Del documental Bucarest, la memoria perdida hay una escena que a mí me pareció especialmente emotiva, en la que se reflejan los esfuerzos de Solé Tura por tararear La Internacional. No hay canción en el mundo que defina mejor, a mi modo de ver, a este gran hombre.

Arriba, parias de la Tierra.
En pie, famélica legión.
Atruena la razón en marcha,
es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava en pie a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Para hacer que el tirano caiga
y el mundo siervo liberar,
soplemos la potente fragua
que el hombre libre ha de forjar.

La ley nos burla y el Estado
oprime y sangra al productor.
Nos da derechos irrisorios,
no hay deberes del señor.

Basta ya de tutela odiosa,
que la igualdad ley ha de ser,
no más deberes sin derechos,
ningún derecho sin deber.

Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.

Clara Bosch es licenciada en Ciencias Políticas

lunes, 16 de noviembre de 2009

Jaime Mayor Oreja: "la peor memoria histórica"

Algunos preferirían no tener ninguna memoria histórica....

De: Público
Fecha: 14.11.09

Mayor acusa al Gobierno de recuperar la "memoria de la confrontación"

El dirigente conservador considera que Zapatero ha recurrido a "la peor memoria histórica"

EFE - Barcelona - 14/11/2009 23:11

El ex ministro de Interior y eurodiputado del PP Jaime Mayor Oreja ha acusado al Gobierno de haber recuperado "la peor memoria histórica" y de enfrascarse en "las confrontaciones de siempre" que obligan al país a vivir una "gran chapuza nacional".

Mayor Oreja ha hecho estas manifestaciones en una mesa redonda sobre Las oportunidades de España en un mundo global, celebrada en el marco de la Convención Nacional del PP.

Durante su intervención, Mayor Oreja ha apostado por "volcarse y vaciarse" en el exterior como la mejor forma de "fortalecer" la política interior del país y su cohesión.

"Las penínsulas europeas tienen que saber fortalecer su papel y su presencia continental, e incluso mundial, como mejor antídoto para hacer frente a la tendencia natural de división y de confrontación de carácter interno", ha subrayado.

No obstante, Mayor Oreja ha observado que en la segunda parte de esta década, con un Gobierno socialista, se ha hecho en España "todo lo contrario" y se ha recuperado la "peor memoria histórica", además de reabrirse un proceso territorial y "enfrascarnos en las confrontaciones de siempre".

"Nos hemos vuelto a contemplar a nosotros mismos, a preguntarnos quiénes somos y cuántas naciones tenemos...La conclusión es que hoy vivimos en una gran chapuza nacional", ha indicado.

Por ello, Mayor Oreja ha opinado que en lugar de plantearse el debate en España "mirando al exterior, algunos han preferido abrir un debate hacia dentro, introspectivo, sobre la identidad de España como nación".

Se trata, a su juicio, de un debate "equivocado en su planteamiento, estéril en su utilidad y profundamente distorsionador en sus consecuencias".
Recuperar la buena dirección

Ha considerado Mayor Oreja que si los políticos fueran capaces de volcarse en el papel de España en el exterior, se podría modificar "en la buena dirección" la política interior.

"Cuando uno se enfrasca en su propio problema, es incapaz de elevar la visión y de entender y comprender el nuevo mundo en el que estamos viviendo, que es algo más que una crisis", ha apostillado.

Mayor Oreja ha apostado por rectificar esos errores históricos, que se han "acentuado" en la actualidad "de forma rabiosa".

Por último, ha asegurado que la imagen que se proyecta ahora de España en el exterior es la de una nación con problemas, lo contrario que en la Transición, donde "España era una novedad positiva".

sábado, 24 de octubre de 2009

Nota de Prensa de Contamíname: Pablo de Greiff

De: Prensa Contamíname

Pablo de Greiff: “La transición española es más modélica dentro de España que fuera”


El experto en justicia transicional y reparación de víctimas de las dictaduras inaugura el encuentro Memorias en Transición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo lunes

“La transición española es más modélica dentro de España que fuera, me atrevo a decir”. La afirmación es del filósofo colombiano Pablo de Greiff, reconocido experto en programas de reparación a víctimas del International Center for Transitional Justice (ICTJ) y que inaugura el próximo lunes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el encuentro Memorias en transición, organizado por la Fundación Contamíname y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

La intervención de De Greiff, mediante la conferencia titulada Justicia transicional y desarrollo, es la que da inicio a un programa de cuatro días en el que veinte expertos de diez países reflexionarán sobre asuntos tan diversos como modelos de transición, alcance de los cambios históricos en las transiciones democráticas, reparación de las víctimas y derechos humanos como factores en el restablecimiento de la justicia tras las dictaduras, funciones de los movimientos sociales y los gobiernos en el impulso de los cambios y el papel de las políticas de memoria, de las políticas culturales y de los medios de comunicación en las transiciones a la democracia.

A pesar de que se muestra prudente a la hora de hablar de los casos de países que no son el suyo, el filósofo colombiano ha señalado que “hay países que han corrido riesgos mucho mayores que España en su intento por reconocer a las víctimas, por reformar sus instituciones y por judicializar casos” en el periodo de transición desde las dictaduras a la democracia.

La “ausencia de intentos por aclarar lo que sucedió en el pasado”, acompañada de medidas de reparaciones, de judicialización y de reformas institucionales, “tiene un efecto bastante pronunciado sobre el desarrollo político, pero también en el desarrollo económico de los países que no se muestran dispuestos a embarcarse en este camino”, asegura De Greiff.

En este terreno, “es absolutamente fundamental” el papel de las organizaciones de la sociedad civil: “No conozco ningún país que haya establecido un programa de reparaciones para las víctimas sin que haya mediado un esfuerzo inmenso por parte de la sociedad civil para presionar al gobierno a establecer ese tipo de programas”.

La misma conclusión defiende Eduardo Luis Duhalde, Secretario de Derechos Humanos de la Nación en el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de Argentina e histórico militante de la causa de los derechos humanos en su país. Duhalde será el encargado de pronunciar la conferencia Memoria, verdad y justicia. La experiencia argentina, el próximo martes.

Desde su doble experiencia de integrante de los movimientos sociales y de responsable de políticas públicas, Duhalde destaca el papel de los colectivos de derechos humanos, “verdadero motor” de las políticas de reparación que se han dado en los últimos años en Argentina, impulsados a partir de 2003 durante el mandato del presidente Néstor Kirchner y continuado con la actual presidenta, Cristina Fernández. Es más, el movimiento ha impulsado la mayoría de las convenciones internacionales en materia de derechos humanos en los últimos treinta años.

La idea de la memoria conservada y el pasado de las comunidades es esencial y “se discute poco”, afirma Rossana Reguillo, investigadora social mexicana, profesora en el Departamento de Estudios Socioculturales del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). “Me parece un acierto tratar de colocar una relación fundante en lo que tienen que ver con la memoria y la posibilidad de una construcción de ciudadanía democrática, participativa, consciente e informada”, señala Reguillo.

La experta mexicana es contundente cuando sentencia que “muchos de los obstáculos, muchas de las enormes dificultades para que personas se asuman ciudadanos conscientes, con derechos y que piensen su ciudadanía como un derecho fundamental y no como una graciosa concesión de los poderes tiene su origen fundamental en la memoria”.

Reguillo es la conferenciante del último día del encuentro, el jueves, en el que interviene con la conferencia Ver y pensar el mestizaje y el conflicto desde la cultura mediática. Un día antes, el sociólogo brasileño Emir Sader habrá intervenido con la conferencia Movimientos y gobiernos en el nuevo ciclo político en América Latina.

Seguida de las conferencias, que comienzan cada día a las cinco de la tarde, se celebra una mesa redonda cada día, en la que se abordarán los cuatro asuntos esenciales del encuentro: transición y cambio histórico (el lunes, con la participación del boliviano Luis Tapia, el ecuatoriano Alberto Acosta y el chileno Manuel Antonio Garretón, con la moderación del profesor español Juan Carlos Monedero); justicia y verdad (moderados por el co-fundador de la ARMH Emilio Silva, con la participación del peruano Francisco Soberón, el fiscal español José Antonio Martín Pallín y el alcalde de La Paz, Juan del Granado; movimientos sociales y gobiernos en el nuevo ciclo político en América Latina (con el profesor hispano-argentino Ariel Jerez en la moderación y la participación del historiador español Pablo Sánchez León, el viceministro boliviano Sacha Llorenti, y el venezolano Jesús Chucho García) y medios de comunicación, políticas culturales y políticas de memoria (con la participación del historiador argentino Felipe Pigna, el antropólogo español Francisco Ferrándiz y la socióloga boliviana Guadalupe Cajías, moderados por Alfons Martinell.

El objetivo del encuentro Memorias en Transición, precisamente, pretende establecer el papel de la memoria histórica en los proceso de construcción democrática en las transiciones después de las dictaduras, un análisis que se enmarca en el ámbito iberoamericano, lo que permite establecer un diálogo y una comparación sobre los diferentes procesos de transición que cuestiona una lectura complaciente de la transición española.
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