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viernes, 2 de enero de 2009

Cartas desde la ausencia de Emma Riverola - parte 4

Anoche terminé de leer Cartas desde la ausencia. Esta última sección, "El legado," que va desde 1940 a 2006, es la que más me ha gustado. Me sentí totalmente enganchada, y tuve esa sensación que se tiene con un buen libro -- no quería que terminara. Sin embargo ahora que intento escribir algo sobre la lectura, me cuesta un poco; Cartas es una novela un poco complicada para explicar, si se habla en términos de personajes y cómo se relacionan entre ellos (aunque es verdad que hay libros mucho más complejos en este sentido, como La voz dormida). Además, aunque quisiera hablar de mis impresiones, creo que es importante hacerlo sin revelar demasiados detalles de la trama. Todas las novelas requieren una buena dosis de misterio, pero puede que esta aún más, porque hay relaciones que surgen al final que no necesariamente se esperan al principio.

Para mí uno de los efectos residuales de la escuela graduada es ya no poder simplemente leer un libro, cerrarlo y hacer otra cosa. Si es un libro que realmente me gusta, no dejo de apuntar y subrayar pasajes. Me gusta empezar una novela sin haber leído demasiadas reseñas o saber la biografía completa del autor, para luego ir indagando en los detalles que me interesen. Así leo con la mente más o menos tranquila, y formo mis propias ideas antes que me afecte lo que diga algún crítico literario. Afortunadamente, como Cartas desde la ausencia salió en abril 2008, aún no hay mucha información disponible (por lo menos en Estados Unidos o por internet) sobre la novela, aunque sí existen algunas reseñas breves y un par de entrevistas en diarios.

"El legado" es un título apropiado para este último capítulo de la novela, porque aquí las cartas cruzan varias generaciones, pasando de los supervivientes de la guerra a los que nacieron en los años 60. Lo impresionante de esta sección es su forma de exprimir la esencia histórica y política de varias décadas; Riverola escribe sin perder el rumbo de las historias personales que transcurren al lado de acontecimientos como la II Guerra Mundial, la muerte de Stalin, la repatriación de los niños a España, la revolución cubana, la muerte de Franco, y las elecciones democráticas. Por alguna razón (¿cuestiones de espacio?), hay una laguna entre 1980 y 2006, pero no creo que quite valor del resto de la obra. De hecho, como indican el título y la autora misma, son estas lagunas que forman el eje de la novela.

Leer una novela epistolar siempre significa leer la ausencia. La carta es sólo una huella física de su remitente, y en la era antes del e-mail, no llega con regularidad. La comunicación en Cartas desde la ausencia se interrumpe vez tras vez por múltiples guerras; la censura; trastornos emocionales o psíquicos; discusiones que se convierten en silencios; el encarcelamiento y la muerte; y por algo tan sencillo como el tiempo que lleva para hacer llegar una carta de un lugar a otro. Las palabras evocadas en estas cartas se tiñen de preguntas, recuerdos reales e inventados (muchas veces los niños comentan que tienen que inventar recuerdos de España), y cargan con el peso de no saber.

Desde dentro de España, las palabras se tienen que elegir con cuidado, para evitar la censura o algo peor. Asimismo leemos cartas de Carmen a sus hijos que dicen una cosa, pero luego confiesan otra cuando van dirigidas a su amiga Gloria. Nunca sentía como si las cartas no contaran toda la verdad, porque inevitablemente había alguna de otro personaje que contenía más información. Sé que suena cliché, pero en muchos casos las cartas actúan como pedazos de un puzzle que tenemos que reconstruir. Pero esta no es una historia con una resolución perfecta: es un puzzle inacabado, y así podemos apreciar mejor los huecos dejados por la guerra y el exilio en la memoria y en el legado de estos personajes.

Como lectores, tenemos el privilegio de poder leer todas las cartas y tenemos acceso a un archivo familiar íntimo -- es fácil sentirse voyeur frente a la información que obtenemos, aunque Riverola nunca explota las vidas de sus personajes, ni cae en la nostalgia o el sentimentalismo tan asociados con el género epistolar. Hay veces en que el lector/a se entera de cosas que se ocultan de los personajes - por ejemplo, de un aborto, una aventura, o un intercambio secreto de cartas. Además, somos los únicos que tenemos la habilidad de leer las cartas censuradas al lado de las cartas originales, así que la autora nunca nos priva de la información necesaria para reconstruir las historias de sus personajes.

Hay muchísimos temas de los que podría hablar en relación con esta novela, pero de momento el que me interesa es el mecanismo de la carta, y el triángulo que forma entre los remitentes, los destinatarios, y los lectores implícitos. De ninguna manera quisiera empezar a intentar hablar de teóricos como Lacan o Derrida y sus evaluaciones de "la carta." De hecho, no confío mucho en mi habilidad de explicar lo que he leído de estos dos filósofos. Pero resulta imposible pensar en una novela epistolar sin tener en cuenta lo que han dicho sobre "la carta," a pesar de que no están hablando de una carta como la conocemos (o del contenido de ella en sí), sino de la naturaleza de la relación entre remitente y destinatario. Esta es una cuestión que Slavoj Žižek también ha explorado intensamente en muchas de sus obras críticas (aquí, en el libro Looking Awry):
A letter always arrives at its destination - especially when we have the limit case of a letter without addressee, of what is called in German Flaschenpost, a message in a bottle thrown into the sea from an island after shipwreck. This case displays at its purest and clearest how a letter reaches its true destination the moment it is delivered, thrown into the water -- its true addressee is namely not the empirical other which may receive it or not, but the big Other, the symbolic order itself, which receives it the moment the letter is put into circulation, i.e., the moment the sender 'externalizes' his message, delivers it to the Other, the moment the Other takes cognizance of the letter and thus disburdens the sender of responsibility for it. (10)
Dicho sencillamente, se crea un significado no por lo que dice la carta, sino al reconocernos destinatarios de la carta misma. En palabras de Althusser, este sería un acto de interpelación: al entender que se nos está siendo dirigida la carta, vamos creando una interpretación y examinando cómo nos relacionamos con ella. En este contexto, entonces, es interesante que Žižek utilice el término "responsabilidad," situando esta responsabilidad no con quien ha mandado la carta, sino con el Otro que la "recibe."

Muchas novelas contemporáneas de la GCE y el franquismo parecen tratar la cuestión de la "responsabilidad" del lector/a hacia el pasado y también el futuro. Estas novelas muchas veces dan la sensación de ser novelas detectivescas; el lector/a explora, junto con el protagonista, algún episodio olvidado o desconocido de la guerra y/o la posguerra, en una narración teñida de autoreflexión y elementos metaficticios. Hablo de libros como Soldados de Salamina, Otra maldita novela de la guerra civil, La mitad del alma, Camino de hierro, Los girasoles ciegos, etc. etc. En estas obras lo que se estudia no es la historia con hache mayúscula, sino la historiografía (tal vez un poco menos en Los girasoles ciegos, pero pienso en particular en Segunda derrota). Se pregunta ¿cómo se ha escrito la guerra civil, y qué se debe hacer con tal información?, sobre todo ahora que el archivo del pasado ha caído en manos de la llamada segunda o tercera generación -- a veces sin querer. En todos estos libros encontramos simulacros de documentos franquistas, testimonios orales, cartas y diarios personales que ayudan a iluminar (y a veces, confundir) las investigaciones del narrador o protagonista. Hay diálogos entre los que sobrevivieron la guerra y los que nacieron en la democracia. Hay viajes que cruzan fronteras, que llevan a los personajes a explorar archivos y relaciones familiares antes desconocidas. Hay también un movimiento constante entre pasado y presente, con una falta de tiempo lineal.

La novela de Riverola comparte algunas de estas características, como el tiempo no cronológico (lo digo por el capítulo "La derrota," que ocurre en 2006, para luego volver a 1940). Pero por otro lado es una novela distinta a otras que he leído sobre la GCE y el franquismo porque aquí no interviene una voz narrativa; no hay quien juzgue o interprete la evidencia del pasado. Lo que hay son las cartas, y las respuestas y los silencios que se producen después. Los lectores tenemos más información a nuestro alcance que los personajes; tenemos que crear un nuevo significado de lo narrado.

Es significativo que, de todas las cartas de Cartas desde la ausencia, la última sea para Paula, una mujer de 43 años que, en 2006, ya había pasado la mayoría de su vida en la democracia. Paula recibe esta carta, pero no la lee (otra vez, hemos podido leerla antes que ella). Paula también ha escrito una carta, y al final del libro la vemos enterrar con Andreu (no voy a decir cómo se relaciona con ella). Aunque muerto, son las palabras de este hombre que terminan la novela, buscando en Paula la respuesta de la "inmensa ausencia de mi vida" (287). La red de cartas termina con la muerte de Andreu, pero la novela me hace pensar que la reunión de Paula con él significa que ya no serán necesarias, y que Paula reconstruirá su propia historia partiendo de las de otros. Aún así hay que destacar que aunque haya este primer y último encuentro, representa ya otra ausencia o silencio: la carta de Paula, enterrada con Andreu, y la carta de Andreu, aún no leída por Paula. Tal vez lo importante es que cada uno haya sabido de la existencia del otro, aunque nunca se conocerán en persona.

Cartas desde la ausencia es una novela conmovedora, que explora el exilio de los niños a la URSS y los efectos duraderos de esta ausencia en ellos y en su familia. ¡La recomiendo mucho! Aquí se puede leer una entrevista con Emma Riverola, de La Vanguardia.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La teoría de los "dos diablos"

El informe Nunca más es un documento extenso y esencial para cualquier persona a quien le interesa el tema de derechos humanos; se conoce por los testimionios explícitos sobre torturas, detenciones y secuestros ocurridos en la Argentina durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional. No he leído el informe completo, pero me familiaricé con él al estudiar narrativa y cine sobre la dictadura argentina. Obviamente, no se puede equiparar el contexto dictatorial argentino con el español - y tienen poco en común las transiciones a la democracia de estos países. Quisiera dejar claro desde el principio que aquí estoy hablando de dos contextos totalmente distintos. Aún así, a veces lo que encontramos en estudios de otras dictaduras puede tener cierta resonancia en el contexto español.

En su libro sobre la dictadura argentina, Postmemories of Terror, escribe Susana Kaiser que el informe Nunca más empieza con un reconocimiento del papel de la ultra izquierda, al igual que el de la ultra derecha. Según Kaiser, este intento de balance, o esta manera de "repartir" la culpabilidad a toda la gama política, demuestra que "this society 'convulsed' by terror neither had any participation or responsibility, nor has any role to play in the present in demanding accountability" (25). Para justificar su tesis, Kaiser cita una serie de entrevistas con argentinos de la "segunda generación" (mayormente, jóvenes porteños asociados con organziaciones políticas o con supervivientes de la dictadura), en las que es frecuente oír nombrar lo que ella llama "la teoría de los dos diablos" ("Two Devils Theory"). Es decir, al ser preguntados por lo que saben con respecto a la dictadura, los jóvenes del estudio de Kaiser suelen contestar que a los dos grupos políticos se les puede echar la culpa de lo que ocurrió después.

Menciono aquí esta teoría porque creo que merece la atención que Kaiser la presta. En España también ha sido común oír decir, "bueno, en los dos bandos hubo matanzas. En los dos bandos se cometieron atrocidades." Luego, se pregunta que por qué se excava, literal o simbólicamente, en el pasado, si es que sólo reabre heridas. También es frecuente citar la idea de que en la derecha hubo víctimas, víctimas de las que ahora se olvida la gente que aboga por la "recuperación de la memoria histórica." Se comenta la violencia republicana para "balancear la cuenta" - "bueno, si es que los rojos también mataban..." Por casualidad, después que empecé esta entrada, salieron varios artículos en El país este fin de semana que también apuntan esta tendencia -- lo que llama el historiador y profesor (Universidad de Zaragoza) Julián Casanova, "las teorías del fifty-fifty" ("Juicio a la barbarie").

Según Casanova, era común encontrarse con dificultades al investigar la GCE a fines de los 70, y durante los 80:
Cuando yo pedía dinero para proyectos de investigación a mediados de los ochenta (en instituciones controladas casi todas entonces por los socialistas), se me contestaba que a condición de que analizáramos también la violencia de los otros, de los rojos/republicanos, como si esa violencia hubiera estado también oculta. Era el momento en que las teorías del fifty-fifty, las culpas repartidas al 50%, parecían marcar la política correcta.
Por cierto, las condiciones citadas por Casanova se han mejorado bastante desde los 80. Pero sólo hay que echar un vistazo a la prensa diaria, a los sitios web que profesan hablar de la "verdadera memoria histórica" (léase: la de los nacionales), o a los comentarios al final de un artículo periodístico electrónico para saber que las teorías del fifty-fifty no se han borrado por completo. De hecho, a veces parece que están gozando de más atención que nunca. Lo expresa "Paco 1946" en el comentario número 39 del artículo de hoy, "Juicio a la barbarie:" "Pero no oigo hablar de desenterrar a tantos curas y monjas que murieron en la Casa de Campo. El ser humano sin sentimientos está en todos los sitios ( derecha ó izquierda) y sus maldades no tienen´límite." También, en el sitio web de "memoriahistorica.COM," que parece existir con el mero propósito de contradecir el trabajo de la ARMH en "memoriahistorica.ORG." Leemos en la página principal del primer sitio: "Comenzamos este blog para dar a conocer las barbaridades que se cometieron por parte de los ascendientes ideológicos de aquellos que han elaborado la Ley."

Es hora de que
se cuestione la discusión que surge cuando se habla de la memoria de los "vencidos" (o sea, que también se ha de considerar lo que hicieron los republicanos). A primera vista, el argumento que se hace puede parecer legítimo en cualquier sociedad democrática y liberal en que se ha valorado la convivencia de una variedad de perspectivas políticas. El problema es que la derecha ha aprendido a explotar tal convivencia para su propio bien. Por ejemplo, en la reinvindicación del pasado por la derecha - el lamento repetitivo de "nosotros también sufrimos" - se emplea la idea de que en una sociedad liberal, todo el mundo se puede expresar como quiera (que pueden convivir múltiples perspectivas, aunque entren en conflicto con la una a la otra). Pero desde su perspectiva, no es así - la verdad, en este caso, sólo se refiere a lo que dicen personas como "Paco 1946" o sitios como memoriahistorica.COM. En otras palabras, la verdad (o La Verdad) representa aquella "versión oficial" de la Historia que ya estaba escrita durante 36 años de dictadura (y más).

En el mejor de los casos,
Two Devils Theory (lo cito en inglés, ya que el libro está escrito en ese idioma) representa una perspectiva sumamente ingenua frente al pasado traumático histórico. Hay que reconocer que puede haber razones que se ha arraigado esta perspectiva, como una falta de información (libros de texto que crean esta idea del pasado, por ejemplo). Pero en todo caso, esta perspectiva permite cierta neutralidad frente al pasado al exculpar a todo el mundo. En el peor de los casos, tal teoría es una falacia lógica diseñada (conscientemente o no) para evitar la responsabilidad para con ese pasado y sus víctimas. Es decir, si ya se ha determinado que nadie pudo evitar lo que hizo durante la guerra o la posguerra - que a todos se les podía echar la culpa - entonces, también se puede preguntar, ¿para qué razón crear una "comisión de verdad y reconciliación"? ¿Para qué extraditar a ex-dictadores y a sus parientes y amigos? ¿Para qué crear un registro de represaliados, desclasificar archivos, retirar símbolos franquistas, exhumar restos de fosas comunes? La lista de preguntas se vuelve interminable y ridícula. El argumento de los dos diablos es absurdo. Implica que nunca se puede juzgar a nadie para nada, porque todos participaron y contribuyeron a su propia destrucción y a la de otros.

¿Hay momentos en que "la verdad" no signifique un balance de perspectivas sino una universal? El filósofo Slavoj Žižek, en otro contexto, parece hablar de esta situación exacta cuando dice, "universal truth can only be articulated from a thoroughly partisan position; truth is by definition one-sided. This, of course, goes against the predominant doxa of compromise, of finding a middle path among the multitude of conflicting interests" (en: http://www.lacan.com/zizek-plea.htm). Parece que la derecha ya está actuando bajo este principio, mientras la izquierda sigue operando bajo la noción de que una variedad de perspectivas puede, y debe, exisitir acerca del tema de la GCE y el franquismo. El ideal democrático de un marco que pueda soportar una variedad de perspectivas depende de la participación y colaboración de todos. Si en España hubiera una comisión de Verdad y Reconciliación, no se podría establecer si un lado decidiera no participar. Pero España no ha tenido tal comisión -- para ocupar su lugar, hay la Ley de Memoria Histórica. Hay la ARMH. Y recordemos a cuál partido decidió no votar a favor de la Ley de Memoria Histórica.

Hay que cuestionar la "teoría de los dos diablos," aún tan presente en el discurso sobre la GCE y la dictadura. Primero, se ha de identificar las circunstancias en que surgen tales explicaciones del pasado. Luego se puede cuestionar por qué se apela tanto a esta falacia. ¿Cuál es la historia que parece querer subrayar? ¿Cuál, esconder?

La izquierda también tiene obligaciones. En primer lugar, tiene la obligación de reconocer su propio papel en la creación y el mantenimiento del "pacto de silencio," especialmente durante los 80. En segundo lugar, tiene el deber, cuando se presentan críticas como las que he mencionado arriba, de salir en su propia defensa. Tiene la responsabilidad de enfatizar en cada oportunidad que se le presente, que no, no se tiene que hablar una vez más sobre las pérdidas de la derecha o sobre todos los males que hicieron los rojos. Otra vez, de eso se habló durante 36 años. Aquella historia ya se contó. ¿Por qué nadie habla de fosas comunes que contengan restos de franquistas? ¿Por qué cada día sale otra noticia hablando de republicanos enterrados en una cuneta? Porque estas historias, como apunta Casanova, son las que han estado ocultadas, no las del bando nacional.
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