| Vista desde una celda (visita personal al Fuerte, mayo de 2011) |
Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
Mostrando entradas con la etiqueta viaje a España - 2011. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viaje a España - 2011. Mostrar todas las entradas
viernes, 22 de mayo de 2015
jueves, 15 de agosto de 2013
Asuntos pendientes: más vale tarde que nunca...
Ante todo quisiera pediros perdón por el silencio durante los últimos 2 años y medio. El 16 de agosto este blog cumple 5 años, y antes de dejar en el ámbar (Re) generando memorias aún tengo varios asuntos pendientes o promesas que cumplir (promesas a mí misma y a otra gente, que sabe quién es), entre los que está terminar de escribir la larga reflexión sobre mi viaje a España en mayo de 2011. Los que estáis familiarizados con el blog os acordaréis que poco después de volver a EE.UU., empecé a escribir sobre mi experiencia, que sigue siendo uno de los viajes más "memorables" de mi vida, en varios sentidos. Gracias a la ayuda de amigos blogueros como Pedro Romero de Castilla (La Memoria Viva), Venancio Pla (Fuerte San Cristóbal) y muchos otros, pude conocer en persona a gente con una conexión profunda con la memoria histórica, tanto en el ámbito profesional como personal. Sin embargo, nunca terminé de escribir las entradas sobre aquel viaje. A pesar de lo que os pueda parecer, para mí el largo paréntesis desde mayo 2011 hasta ahora no ha significado una falta de interés en terminar de compartir mis experiencias, sino (por lo menos al principio) una falta de tiempo y energía para reflexionar de manera tan detallada como he querido. Tengo el defecto de postergar todo a menos que me pueda dedicar a ello 100% o de una manera intensa y extendida. No me gusta un esfuerzo parcial o mediocre para cualquier proyecto.
Hay, por supuesto, otros motivos por no haber continuado con los posts de julio de 2011. Con la crisis y la llegada al poder del PP, hemos visto que el tema de la memoria histórica ha desaparecido casi por completo del radar. Aparte de artículos esporádicos en la prensa, la memoria histórica parece ser precisamente eso: histórica, algo del pasado. Pero mientras la mal llamada memoria histórica se perciba por algunos como una "fase" o un movimiento que duró una década (2000-2010), es cierto que hay muchos -- demasiados -- que siguen buscando justicia para sus familiares. Es cierto que quedan lugares del franquismo a punto de desaparecer para siempre, y sin reconocimiento oficial de lo que eran en su época. Es cierto que un dictador está enterrado bajo una enorme cruz, mientras que hay otros muertos que nunca serán identificados o enterrados con dignidad. Y es cierto que hay activistas memorialistas en toda España y en otros países también, que desean ver un mejor futuro para la memoria -- una memoria democrática, con todo lo que implica ese adjetivo.
Cuando hice el viaje, recién (a fines de abril de 2011) me había enterado de que estaba embarazada. Al principio, temiendo estar lejos por si pasara algo, había considerado cancelar mis planes. Pero cuánto más lo pensaba, más me sentía como si este viaje fuera imprescindible. Es difícil explicar como me vino a la cabeza la idea de volver a España para visitar memoriales de la guerra y el franquismo. En cierto sentido, sabía por instinto que era un viaje que tenía que hacer. Creo que fue un componente natural de la trayectoria de investigación que había empezado al cursar el doctorado. Después de tantos años de estudio, tanta lectura y escritura sobre la guerra civil y la posguerra, quería conocer en persona lo que significaba "la memoria histórica" en la España actual. Entonces, dejando atrás el blog, la literatura, el cine, los artículos y las reseñas, emprendí un viaje bien organizado y programado que me llevó desde Des Moines, Iowa a Madrid, Bilbao, Gernika, Pamplona, Zaragoza y de vuelta a Madrid. Al volver a EE. UU., cargando historias que no eran mías, las que de alguna manera había compartido, juré que no sería, en palabras de Marita Sturken, simplemente ya otro "turista de la Historia," sino que continuaría - ahora con más esfuerzo que nunca - a aportar lo que podía al movimiento memorialista.
Aunque (o porque) soy muy consciente de cómo puede cambiar con el tiempo la memoria, he decidido no descolgar el blog y dejar que las 1.031 entradas sirvan como testimonio y archivo de una época. Muchas de las entradas son mis propias reflexiones o reseñas, pero otras son artículos copiados y pegados, huellas de un tiempo en que era fácil encontrarse todos los días con algo nuevo que se publicaba sobre la memoria. Habrá otro momento en que se estudiará la "memoria histórica" bajo otro objetivo -- el del futuro. La memoria del franquismo no es historia si entendemos la historia como parte del presente y del futuro también. En La estela del tiempo. Imagen e historicidad en el cine español contemporáneo, Cristina Moreiras-Menor escribe, "Cuando hablamos de tiempo histórico, ¿a qué nos referimos? Cuando hablamos de historia, historicidad, ¿estamos hablando exclusivamente del pasado? ¿O podemos, debemos, incluir en esa referencia otras temporalidades?" (11). Este blog se creó pensando en los enlaces entre el pasado y el presente, y en la cuestión de una memoria para el futuro. Por eso, considero mi deber volver a un lugar que siempre llevo presente. Mis recuerdos no serán lo que habrían sido si hubiera escrito en 2011 sobre lo que vi. Sin embargo, serán un regalo humilde y muy tardío a los que tanto apoyo y cariño me demostraron y a quienes recuerdo de manera especial cada vez que hablo de la memoria, en cualquier contexto.
Hay, por supuesto, otros motivos por no haber continuado con los posts de julio de 2011. Con la crisis y la llegada al poder del PP, hemos visto que el tema de la memoria histórica ha desaparecido casi por completo del radar. Aparte de artículos esporádicos en la prensa, la memoria histórica parece ser precisamente eso: histórica, algo del pasado. Pero mientras la mal llamada memoria histórica se perciba por algunos como una "fase" o un movimiento que duró una década (2000-2010), es cierto que hay muchos -- demasiados -- que siguen buscando justicia para sus familiares. Es cierto que quedan lugares del franquismo a punto de desaparecer para siempre, y sin reconocimiento oficial de lo que eran en su época. Es cierto que un dictador está enterrado bajo una enorme cruz, mientras que hay otros muertos que nunca serán identificados o enterrados con dignidad. Y es cierto que hay activistas memorialistas en toda España y en otros países también, que desean ver un mejor futuro para la memoria -- una memoria democrática, con todo lo que implica ese adjetivo.
Cuando hice el viaje, recién (a fines de abril de 2011) me había enterado de que estaba embarazada. Al principio, temiendo estar lejos por si pasara algo, había considerado cancelar mis planes. Pero cuánto más lo pensaba, más me sentía como si este viaje fuera imprescindible. Es difícil explicar como me vino a la cabeza la idea de volver a España para visitar memoriales de la guerra y el franquismo. En cierto sentido, sabía por instinto que era un viaje que tenía que hacer. Creo que fue un componente natural de la trayectoria de investigación que había empezado al cursar el doctorado. Después de tantos años de estudio, tanta lectura y escritura sobre la guerra civil y la posguerra, quería conocer en persona lo que significaba "la memoria histórica" en la España actual. Entonces, dejando atrás el blog, la literatura, el cine, los artículos y las reseñas, emprendí un viaje bien organizado y programado que me llevó desde Des Moines, Iowa a Madrid, Bilbao, Gernika, Pamplona, Zaragoza y de vuelta a Madrid. Al volver a EE. UU., cargando historias que no eran mías, las que de alguna manera había compartido, juré que no sería, en palabras de Marita Sturken, simplemente ya otro "turista de la Historia," sino que continuaría - ahora con más esfuerzo que nunca - a aportar lo que podía al movimiento memorialista.
Aunque (o porque) soy muy consciente de cómo puede cambiar con el tiempo la memoria, he decidido no descolgar el blog y dejar que las 1.031 entradas sirvan como testimonio y archivo de una época. Muchas de las entradas son mis propias reflexiones o reseñas, pero otras son artículos copiados y pegados, huellas de un tiempo en que era fácil encontrarse todos los días con algo nuevo que se publicaba sobre la memoria. Habrá otro momento en que se estudiará la "memoria histórica" bajo otro objetivo -- el del futuro. La memoria del franquismo no es historia si entendemos la historia como parte del presente y del futuro también. En La estela del tiempo. Imagen e historicidad en el cine español contemporáneo, Cristina Moreiras-Menor escribe, "Cuando hablamos de tiempo histórico, ¿a qué nos referimos? Cuando hablamos de historia, historicidad, ¿estamos hablando exclusivamente del pasado? ¿O podemos, debemos, incluir en esa referencia otras temporalidades?" (11). Este blog se creó pensando en los enlaces entre el pasado y el presente, y en la cuestión de una memoria para el futuro. Por eso, considero mi deber volver a un lugar que siempre llevo presente. Mis recuerdos no serán lo que habrían sido si hubiera escrito en 2011 sobre lo que vi. Sin embargo, serán un regalo humilde y muy tardío a los que tanto apoyo y cariño me demostraron y a quienes recuerdo de manera especial cada vez que hablo de la memoria, en cualquier contexto.
jueves, 21 de julio de 2011
II. "Gernika is not Spain" - parte I
El 19 de mayo de 2011, salí temprano de Madrid para Bilbao. Fui en autobús, y el viaje me llevó aproximadamente 5 horas en total. Siempre me ha gustado el sistema de transporte en España y tiendo a usar los autobuses cuando dispongo de un poco de tiempo. Nunca he tenido una mala experiencia yendo en autobús, y además, se ve mucho. Por otra parte, ojalá el transporte en EE.UU. fuera así de fácil y barato. Me parece totalmente irracional la decisión reciente de muchos gobernadores estatales de negar fondos federales para construir ferrocarriles que conectarían diferentes estados. Cuando me encuentro fuera de EE.UU., siempre me llama mucho la atención nuestra dependencia del coche.
Nunca había estado en el norte de España, y para este viaje, ya había decidido visitar lugares desconocidos para mí. Fui a Bilbao porque pensé que serviría como un buen punto de partida para una excursión a Gernika. De hecho, a excepción de Madrid, todas las ciudades en que me quedé -- Bilbao, Pamplona y Zaragoza -- tenían una función similar: estuve en Pamplona para poder el fuerte de San Cristóbal, y en Zaragoza para desplazarme a Belchite. De paso, pude conocer un poco mejor el país.
Antes de considerar el viaje a Gernika, leí mucha información turística que decía que no valía la pena o que no había "nada que ver." Pero por alguna razón, no hice caso y al final me alegré mucho de haber podido visitar al Museo de la Paz y decir que estuve en Gernika. Como profesora, siempre he creído que es mejor intentar ver en persona lo que uno enseña. Después de tantas veces explicando la historia del bombardeo de Gernika y el cuadro de Picasso, quería poder apreciar in situ la identidad del pueblo. Por supuesto, no fui pensando que iba a ver restos de 1937, pero sin duda, es un lugar emblemático de la guerra civil, cuya tragedia se sigue citando, lamentablemente, en la actualidad.
En Bilbao, cogí un autobús a Gernika, que me costó 2.35€, unos 4 € más barato de lo que había visto en internet. El viaje nos llevó una hora y pasó por unos paisajes de un verde impresionante. Cuando llegamos, me perdí casi en seguida. No tenía ni idea de adonde ir: no tenía mapa, porque pesné que sería muy difícil perderme en un pueblo de tal tamaño. Me puse a caminar, subiendo una cuesta y parando a varias personas para preguntarles cómo llegar al Museo de la Paz. Cuando vi que llegaba a un barrio, sabía que había ido demasiado lejos y fui bajando, donde saqué esta foto, que anuncia la entrada al pueblo:
Bajando la cuesta, y cruzando por un parque, encontré a mi derecha el Museo de la Paz, pero solo después de haber entrado en otro museo. Soy un desastre total cuando viene a saber orientarme a pie. Debí haber traido una brújula. Antes de entrar en el museo, vi pintada en la fachada de la catedral una graffiti en inglés que decía "Gernika no es España."
Supongo que hay muchas interpretaciones para este comentario en rojo, y contemplé un rato las intenciones del grafitero, especialmente porque decidió comunicar su mensaje en inglés. Sin duda quería decir otra cosa, pero lo traduje algo así como, "lo que ha pasado aquí no necesariamente es representativo del país." No sé si se refiere a la denominación de "Ciudad de la Paz," o a la manera en que Gernika ha asumido su pasado, pero sus palabras se quedaron conmigo el resto del día, casi como un aviso.
Había quedado para comer con un amigo de un amigo a las 13:15, y cuando llegué al museo ya eran las 12:30. Pagué la entrada y bajé a ver primero -- dejando el resto del museo para después -- la exposición fotográfica "Cartografías silenciadas. Espacios de represión franquista," de Ana Teresa Ortega. Este componente de mi visita era un plus, porque no sabía que tenía lugar en el museo y sin duda, se relaciona muy bien con todo lo que me interesa personal y profesionalmente. La exposición, que terminó el 12 de junio, se describe así en el folleto:
"Cartografías silenciadas" es una serie de fotos que, al observarlas superficialmente, no parece contar ninguna historia en particular. Si el espectador contempla las fotos desconociendo su tema, va a ver paisajes abiertos, edificios de piedra gris, faros, puentes, plazas de toros, escuelas y conventos, monasterios y seminarios esparcidos por toda España. En ninguna foto hay evidencia de la historia brutal de estos lugares, y, a menos que el espectador los conozca ya, tendrá que leer cuidadosamente la leyenda de cada foto. Estéticamente, las fotos forman un conjunto por su uso de colores oscuros, la falta de personas y un sentido general de silencio, frialdad y olvido. Aun así, el objetivo de la cámara parece captar el horror de algo que no se habla -- y más que eso, la facilidad asombrosa con que estos lugares parecen existir en un presente continuo, sin reconocer públicamente lo que eran. Por ejemplo -- y es posible que la mayoría de los lectores de este blog ya sepan este detalle, no lo sé -- la cárcel de Málaga, que en su época era la prisión de mujeres donde el doctor Vallejo-Nájera conducía sus experimentos, es hoy ¡UNA ESTACIÓN DE POLICÍA! Después, aquella tarde, volví a ver la exposición acompañada por una persona que lleva unos 10 años trabajando en las fosas del franquismo. Le dije que ver esta foto en particular me hizo pensar en la ESMA en la Argentina, que en 2007 se convirtió en un Museo de la Memoria. Le pregunté que si podía imaginar algo parecido en España, pero me dijo que en España preferirían derrumbar el sitio antes que tener que reconocer su pasado.
Durante la visita a esta exposición, igual que después cuando fui al fuerte San Cristóbal y Belchite, me sentí enfadada con la falta de reconocimiento oficial demostrado a estos lugares. No debió de extrañarme tanto, porque ya sabía que era así, pero ver tantas fotos juntas, todas contando una historia similar, subrayó lo siguiente: primero, es necesario saber de la existencia de estos lugares antes de poder reconocerlos con placas u otros símbolos. Si uno pasa todos los días un lugar que era un campo de concentración, pero no lo sabe, ¿qué posibilidades hay de aprender del pasado histórico? El Instituto de Miguel de Unamuno, en Madrid, era una cárcel durante la guerra. Este colegio figura en una de las fotos de Ana Teresa Ortega (imagen 11 de 46 en la web de la exposición citada antes). En la web del colegio, solo dice que "durante la guerra civil, se dedica por unos años a otras funciones (cuartel, hospital, cárcel etc.)."
Es interesante que se exhibieran estas fotos en un lugar como Gernika, y en un museo como el Museo de la Paz. Cuando uno dice "Gernika," se sabe exactamente de qué habla -- o un pueblo derruido por aviones alemanes, o un cuadro hecho para representar la violencia pura de aquel día. Pero obviamente, este es un pueblo que no vive atrapado en su pasado, sino que ha trabajado durante décadas para salir de él, pero sin olvidar nunca abril de 1937. Volviendo a "Gernika is not Spain," quizá se puede deducir que los esfuerzos por seguir adelante en Gernika no reflejan lo que ha pasado en el resto de España cuando se trata de la memoria histórica. Es verdad que solo estuve en Gernika unas 7 horas, pero el plan del museo me impresionó por su manera de visualizar el concepto de la paz y la reconciliación. Dicho eso, exhibir las fotos de Ortega precisamente aquí ha de hacernos pensar en la posibilidad de los documentos visuales para identificar y re-construir un lugar.
Es difícil imaginar oficialmente identificados todos los sitios en las fotos de Ortega. Y si lo fueran, ¿qué significaría representar el pasado reciente de España? Tal vez, el mayor atributo de las imágenes es la manera en que nos desafían a re-examinar lo que antes nos parecían espacios tranquilos, inofensivos o neutrales del paisaje. Los desaparecidos que salen de las fosas son la evidencia humana de la crueldad de la represión -- las fotos y los documentales hacen visible el poder de la violencia ejercida tantos años. Los lugares fotografiados por Ortega también contribuyen a una representación visual del pasado franquista que aun no se encuentra en muchos libros de historia.
En el próximo post hablaré más concretamente sobre el Museo de la Paz y, en particular, su exhibición sobre Guernica.
Nunca había estado en el norte de España, y para este viaje, ya había decidido visitar lugares desconocidos para mí. Fui a Bilbao porque pensé que serviría como un buen punto de partida para una excursión a Gernika. De hecho, a excepción de Madrid, todas las ciudades en que me quedé -- Bilbao, Pamplona y Zaragoza -- tenían una función similar: estuve en Pamplona para poder el fuerte de San Cristóbal, y en Zaragoza para desplazarme a Belchite. De paso, pude conocer un poco mejor el país.
Antes de considerar el viaje a Gernika, leí mucha información turística que decía que no valía la pena o que no había "nada que ver." Pero por alguna razón, no hice caso y al final me alegré mucho de haber podido visitar al Museo de la Paz y decir que estuve en Gernika. Como profesora, siempre he creído que es mejor intentar ver en persona lo que uno enseña. Después de tantas veces explicando la historia del bombardeo de Gernika y el cuadro de Picasso, quería poder apreciar in situ la identidad del pueblo. Por supuesto, no fui pensando que iba a ver restos de 1937, pero sin duda, es un lugar emblemático de la guerra civil, cuya tragedia se sigue citando, lamentablemente, en la actualidad.
En Bilbao, cogí un autobús a Gernika, que me costó 2.35€, unos 4 € más barato de lo que había visto en internet. El viaje nos llevó una hora y pasó por unos paisajes de un verde impresionante. Cuando llegamos, me perdí casi en seguida. No tenía ni idea de adonde ir: no tenía mapa, porque pesné que sería muy difícil perderme en un pueblo de tal tamaño. Me puse a caminar, subiendo una cuesta y parando a varias personas para preguntarles cómo llegar al Museo de la Paz. Cuando vi que llegaba a un barrio, sabía que había ido demasiado lejos y fui bajando, donde saqué esta foto, que anuncia la entrada al pueblo:
Bajando la cuesta, y cruzando por un parque, encontré a mi derecha el Museo de la Paz, pero solo después de haber entrado en otro museo. Soy un desastre total cuando viene a saber orientarme a pie. Debí haber traido una brújula. Antes de entrar en el museo, vi pintada en la fachada de la catedral una graffiti en inglés que decía "Gernika no es España."
Supongo que hay muchas interpretaciones para este comentario en rojo, y contemplé un rato las intenciones del grafitero, especialmente porque decidió comunicar su mensaje en inglés. Sin duda quería decir otra cosa, pero lo traduje algo así como, "lo que ha pasado aquí no necesariamente es representativo del país." No sé si se refiere a la denominación de "Ciudad de la Paz," o a la manera en que Gernika ha asumido su pasado, pero sus palabras se quedaron conmigo el resto del día, casi como un aviso.
Había quedado para comer con un amigo de un amigo a las 13:15, y cuando llegué al museo ya eran las 12:30. Pagué la entrada y bajé a ver primero -- dejando el resto del museo para después -- la exposición fotográfica "Cartografías silenciadas. Espacios de represión franquista," de Ana Teresa Ortega. Este componente de mi visita era un plus, porque no sabía que tenía lugar en el museo y sin duda, se relaciona muy bien con todo lo que me interesa personal y profesionalmente. La exposición, que terminó el 12 de junio, se describe así en el folleto:
En esta exposición, Ana Teresa Ortega nos presenta los resultados de un trabajo donde, a la capacidad y la fuerza artística que caracterizan su obra, se une ahora una exhaustiva investigación en diversos archivos en busca de las huellas gráficas de los espacios y edificios que se convirtieron en lugares de represión y encarcelamiento en manos del franquismo durante décadas. Investigaciones, por cierto, que en esta exposición ponen de relieve la vertiente documental que tienen la imagen fotográfica.Estas son algunas de las fotos que saqué, para ver cómo se organizaba el proyecto (aquí se pueden ver 2 videos breves del Museo de la Paz en YouTube - parte 1, parte 2):
![]() |
| Cartel a la entrada de la exposición |
"Cartografías silenciadas" es una serie de fotos que, al observarlas superficialmente, no parece contar ninguna historia en particular. Si el espectador contempla las fotos desconociendo su tema, va a ver paisajes abiertos, edificios de piedra gris, faros, puentes, plazas de toros, escuelas y conventos, monasterios y seminarios esparcidos por toda España. En ninguna foto hay evidencia de la historia brutal de estos lugares, y, a menos que el espectador los conozca ya, tendrá que leer cuidadosamente la leyenda de cada foto. Estéticamente, las fotos forman un conjunto por su uso de colores oscuros, la falta de personas y un sentido general de silencio, frialdad y olvido. Aun así, el objetivo de la cámara parece captar el horror de algo que no se habla -- y más que eso, la facilidad asombrosa con que estos lugares parecen existir en un presente continuo, sin reconocer públicamente lo que eran. Por ejemplo -- y es posible que la mayoría de los lectores de este blog ya sepan este detalle, no lo sé -- la cárcel de Málaga, que en su época era la prisión de mujeres donde el doctor Vallejo-Nájera conducía sus experimentos, es hoy ¡UNA ESTACIÓN DE POLICÍA! Después, aquella tarde, volví a ver la exposición acompañada por una persona que lleva unos 10 años trabajando en las fosas del franquismo. Le dije que ver esta foto en particular me hizo pensar en la ESMA en la Argentina, que en 2007 se convirtió en un Museo de la Memoria. Le pregunté que si podía imaginar algo parecido en España, pero me dijo que en España preferirían derrumbar el sitio antes que tener que reconocer su pasado.
Durante la visita a esta exposición, igual que después cuando fui al fuerte San Cristóbal y Belchite, me sentí enfadada con la falta de reconocimiento oficial demostrado a estos lugares. No debió de extrañarme tanto, porque ya sabía que era así, pero ver tantas fotos juntas, todas contando una historia similar, subrayó lo siguiente: primero, es necesario saber de la existencia de estos lugares antes de poder reconocerlos con placas u otros símbolos. Si uno pasa todos los días un lugar que era un campo de concentración, pero no lo sabe, ¿qué posibilidades hay de aprender del pasado histórico? El Instituto de Miguel de Unamuno, en Madrid, era una cárcel durante la guerra. Este colegio figura en una de las fotos de Ana Teresa Ortega (imagen 11 de 46 en la web de la exposición citada antes). En la web del colegio, solo dice que "durante la guerra civil, se dedica por unos años a otras funciones (cuartel, hospital, cárcel etc.)."
Es interesante que se exhibieran estas fotos en un lugar como Gernika, y en un museo como el Museo de la Paz. Cuando uno dice "Gernika," se sabe exactamente de qué habla -- o un pueblo derruido por aviones alemanes, o un cuadro hecho para representar la violencia pura de aquel día. Pero obviamente, este es un pueblo que no vive atrapado en su pasado, sino que ha trabajado durante décadas para salir de él, pero sin olvidar nunca abril de 1937. Volviendo a "Gernika is not Spain," quizá se puede deducir que los esfuerzos por seguir adelante en Gernika no reflejan lo que ha pasado en el resto de España cuando se trata de la memoria histórica. Es verdad que solo estuve en Gernika unas 7 horas, pero el plan del museo me impresionó por su manera de visualizar el concepto de la paz y la reconciliación. Dicho eso, exhibir las fotos de Ortega precisamente aquí ha de hacernos pensar en la posibilidad de los documentos visuales para identificar y re-construir un lugar.
Es difícil imaginar oficialmente identificados todos los sitios en las fotos de Ortega. Y si lo fueran, ¿qué significaría representar el pasado reciente de España? Tal vez, el mayor atributo de las imágenes es la manera en que nos desafían a re-examinar lo que antes nos parecían espacios tranquilos, inofensivos o neutrales del paisaje. Los desaparecidos que salen de las fosas son la evidencia humana de la crueldad de la represión -- las fotos y los documentales hacen visible el poder de la violencia ejercida tantos años. Los lugares fotografiados por Ortega también contribuyen a una representación visual del pasado franquista que aun no se encuentra en muchos libros de historia.
En el próximo post hablaré más concretamente sobre el Museo de la Paz y, en particular, su exhibición sobre Guernica.
jueves, 14 de julio de 2011
I. Belchite, el silencio de los años
Antes de emprender mi viaje a España, investigué en internet cómo llegar al pueblo viejo de Belchite. Sabía de antemano que no iba a ser nada fácil, porque no pensaba alquilar un coche y el horario de autobuses no era exactamente conveniente. Me imaginaba perdida en medio de la nada, documentando el lugar en el atardecer, sin manera de volver al hotel y se me ponía la piel de gallina. Afortunadamente, una amiga zaragozana, con quien estudié en Estados Unidos y a la que no veía desde hace por lo menos 5 años, se ofreció a ayudarme -- y eso, que era el día que libraba del trabajo. Gracias, M.C.
Mi interés en visitar el pueblo viejo de Belchite surgió después de ver foto tras foto en Flickr de las ruinas, y de informarme más de su historia, incluyendo la Batalla de Belchite y todo lo que pasó una vez terminada la guerra civil (la decisión franquista de dejar como símbolo el pueblo derruido; la reconstrucción del nuevo Belchite por presos republicanos; la inaugaración del pueblo por Franco en 1954 y los intentos fallidos de restaurarlo para que sea seguro para visitar y se conserve su valor histórico). Además, nunca había estado en Aragón y sabía que si no visitara el pueblo esta vez, sería muy probable que nunca lo viera, por dos motivos: uno, porque está un poco alejado para turistas sin transporte, y dos, porque está tan deteriorado que es muy probable que dentro de 10 años más ya no siga en su estado actual.
Salimos de Zaragoza a eso de las 9:30 de la mañana. Yo iba en camiseta y vaqueros, con un par de sandalias de tacón muy bajo, de corcho. Iba a ponerme los zapatos de tenis, pero al último momento decidí que no (vaya error). Hacía sol, pero no demasiado calor (pensándolo ahora, no puedo imaginar haber ido en julio o agosto, o con el sol de la tarde. Hicimos bien en salir temprano). Belchite está a unos 48 kilómetros (29 millas) de Zaragoza, y llegamos en poco tiempo. Desde la carretera, reconocí de inmediato la silueta de las ruinas. Aparcamos el coche en el primer camino a la izquierda que vimos, justo después de doblar hacia el pueblo. Nadie estuvo allí menos nosotras, y exploramos durante la próxima hora y media lo que había sido de Belchite. Tratamos de verlo todo, pero hubo momentos en que ninguna quería continuar adelante por la cantidad asombrosa de escombros debajo de los pies. Cuando llegábamos a lo que pensamos era el final del camino, nos topamos con una pareja que llevaba la misma camiseta roja -- no pude leer lo que decía - y nos dimos cuenta de que realmente habíamos empezado con el final del pueblo, no con la entrada. Supongo que si hubiéramos sabido de antemano donde empezar, o si hubiéramos tenido un plano de cómo se había organizado Belchite hace 70 años, habría sido interesante recorrer el camino e identificar lugares que aun estaban de pie -- aquí la plaza mayor, aquí una casa, aquí el ayuntamiento, etc. Pero la verdad es que aun se puede identificar, al igual que si fuera el esqueleto de algún animal, la función original de muchos de los edificios, especialmente los religiosos.
Mi primera impresión de ver las ruinas de Belchite era la de una sensación profunda de olvido, como si el tiempo hubiera parado y hubiéramos llegado demasiado tarde. Mi amiga me había contado que hay los que dicen que aun se puede detectar el sonido de aviones y llantos atrapados en el viento. Es verdad que a mucha gente, solo le importa determinar si hay psicofanías o no. Solo hay que buscar en Google "pueblo viejo de Belchite" y sale un montón de entradas identificándolo como un "pueblo fantasma" o recomendando que se haga una visita de noche. Sí creo que existe tal cosa como un fantasma histórico, y está claro que Belchite está lleno de ellos. Este es un lugar que debería visitar todo aquel al que le interese la memoria histórica, y especialmente, la Guerra Civil española. Y se debe visitar con el mayor respeto.
Durante la hora y media que pasamos allí, mi amiga y yo apenas hablamos, a menos que fuera para apuntar algo. Fui sacando foto tras foto e incluso algunos fragmentos de video, porque me llamó la atención que en medio de toda la destrucción, la única señal de vida fuera el trino de los pájaros. También había evidencia de otras presencias más recientes: la caca de cabras; un par de bragas negras; graffitis y la vegetación invadiendo espacios que antes habían tenido otros propósitos. Caminamos lentamente, pausando para contemplar lo que veíamos. Abajo hay una selección de fotos y un video que saqué con mi cámara (es una cámara normal digital, nada sofisticada):
Estando en Belchite, notamos que casi nada se identifica. Casi la única fuente de información es el letrero grande al principio del camino que anuncia "Belchite. Pueblo Viejo. Ruinas históricas," cerca del cual hay un aviso sobre los peligros de desprendimientos -- de información histórica, no hay nada en absoluto. Es muy importante visitar Belchite habiendo leído antes un poco de su historia y habiendo identificado los edificios más significativos para que se puedan reconocer al llegar allí. Belchite es un pueblo pequeño que vivió otras batallas antes de la GCE y que tuvo una larga y rica historia (para saber más, leer la página del Ayto. de Belchite nuevo y su enlace a la historia de B.V.).
Visitar Belchite me hizo pensar en estos puntos:
1. La manipulación de la historia: Paloma Aguilar Fernández, en su libro fundamental Memory and Amnesia (Berghahn, 2002), explica la manera en que el régimen franquista decidió "utilizar" el pueblo de Belchite: "The town in Saragossa was deliberately omitted from the reconstrution process so that it might survive as a living example of the catastrophe that had befallen Spain and of alleged insanity of the Republicans.[. . .] In Spain, the task of national reconstruction was rapidly undertaken in order to remove the signs of internal strife. Only the old town of Belchite was deliberately left in ruins" [El pueblo de Zaragoza se omitió a propósito del proceso de reconstrucción para que sobreviviera como un ejemplo vivo del catástrofe que había sufrido España, y de la presunta locura de los republicanos. [. . .] Solo el pueblo viejo de Belchite se dejó deliberadamente en ruinas.] (89-90, traducción al español, mía). He buscado más información en internet sobre la decisión de re-construir Belchite, pero no he podido verificar nada. Varias fuentes dicen -- y otras lo niegan, tachándolo de leyenda -- que Franco propuso una reconstrucción de Belchite (viejo), o la construcción de un nuevo pueblo que tuviera lujos como agua corriente.Según parece, la gente optó por tener un nuevo pueblo. Es difícil imaginar que un hombre como Franco dejó que la gente del pueblo tomara sus propias decisiones sobre qué hacer con su pueblo, pero es posible (¿quién no optaría por agua potable?). Lo que sabemos es que dejar como recuerdo el pueblo destruido era una táctica muy estratégica por parte de Franco, que lo inauguró en persona en los años 50. Sabiendo de la manía franquista por todo lo católico, apostólico y romano, es fácil imaginar el valor simbólico que vieron en los lugares religiosos derruidos, los que serían ya más evidencia de la violencia de las "hordas rojas."
2. La violencia de la guerra, y también, del tiempo (a veces, son indistinguibles): en las fotos que cuelgo aquí, hay dos en las que se puede observar la presencia de lo que creo ser de balas u obuses (si alguien tiene otra información, por favor, deja un comentario en este post). Ver la cantidad de agujeros es tan impactante como sentirlos con la mano -- están en todas partes. Caminar en Belchite es también sentir la presencia de la violencia por lo que está debajo de los pies. Sin duda, muchos escombros se deben no a bombardeos, sino a la falta de cuidado del lugar durante los años. Todo está expuesto a los elementos y a la naturaleza del ser humano que pisa suelo aquí.
3. La falta de señales ideológicas: ¿es posible -- y si es posible, ¿es deseable? -- ver las ruinas de Belchite sin adoptar una postura ideológica con respecto a la guerra? Es decir, ¿es posible ver las ruinas y solo ver los horrores de la guerra -- cualquier guerra -- sin decir, "esta destrucción la causaron los republicanos (o los nacionales)"? Después de tantos años de deterioro y olvido, parece razonable que las generaciones jóvenes que visitan este lugar no piensen en quien bombardeó qué o a quién -- especialmente porque no hay ninguna explicación histórica aquí. Posiblemente, es más fácil hablar de un "pueblo fantasma," que hablar de qué hacer con él.
4.¿Qué hacer con este lugar?: aunque ha habido -- y hay pendientes - varios intentos de restaurar estructuras, como el Arco de San Roque (febrero de 2011), el próximo paso debe determinar qué hacer con el pueblo viejo de Belchite para que se sepa su historia, tanto de la época de la guerra, como de antes. Se ha de valorar más este lugar por ser el único pueblo bombardeado que no fue re-construido tras la guerra, y también por lo que se puede aprender de sus otras historias más antiguas. Entiendo y estoy de acuerdo con la gente que dice que hay que alterar lo menos posible el pueblo viejo, pero no se puede dejar que desaparezca, y está en un estado muy frágil. Cuando derrumbaron la cárcel de Carabanchel de Madrid, mucha gente quería que al menos preservaran la cúpula -- y no lo hicieron. Si un lugar de memoria va a ser más que un destino turístico o un lugar vacío de significado visible ocupado por otro lugar, y en cambio, va a simbolizar un enlace entre pasado, presente y futuro, entonces creo que es importante que algunos de los restos físicos de la tragedia o de la memoria traumática se conserven allí (u otro lugar, si no es posible), por lo menos en parte (esta vez, desde luego, tendrían una función completamente diferente de cuando el franquismo).
Visitar Belchite me hizo pensar en otras guerras de hoy y del pasado. En gente que vive entre escombros todos los días. En qué pasa cuando se borra toda la historia de un pueblo, de una familia, o de una persona.
Por casualidad, aquella noche, al llegar a mi hotel, supe que un tornado devastador había destruido la noche anterior la localidad de Joplin, un pueblo de unas 50.000 personas del suroeste de Misuri donde yo viví y trabajé entre 1998-2001, y donde conocí a mi pareja. Aun tenemos a varios amigos que viven allí, y pasamos varios días hasta poder contactar con todos ellos. Murieron más de 150 personas, y era el tornado más destructivo en Estados Unidos desde 1947. Se está hablando de gastos de 1-3 billones de dólares para re-construirlo todo. A pesar de que se trataba de un desastre de la naturaleza, no pude dejar de pensar en lo que había visto en Belchite esa misma mañana: los interiores de lo que habían sido casas, donde se podía apreciar donde había habido escaleras, techos y habitaciones de pintura azul; fachadas y balcones con el hierro de entonces; hilos de paja y madera rota expuestas al cielo en un techo abierto; una plaza donde ya no se reunía nadie. Pensé en donde había vivido en Joplin. Pensé en la historia de este pueblo norteamericano, que antes había sido el corazón de la industria minera de la zona pero que, con el tiempo, había caído en la miseria económica, sufriendo serios problemas con el narcotráfico. Era un lugar feo para vivir, y estuve muy sola el primer año que viví allí. Imaginé todos los apartamentos diferentes en que había vivido cuando estaba allí, y pensar que ya no existían me provocó una sensación extraña. Por supuesto, una guerra no es un tornado, ni vice-versa. Pero el hecho de que mi visita a Belchite coincidiera con el tornado de Joplin significa que pasé los últimos días de mi viaje a España contemplando aun más la importancia de ruinas y nuestras decisiones de qué hacer (o no) con ellas.
Algunos lugares de memoria son solo espacios abiertos, campos o bosques sin ningún indicio físico de lo que fueron menos la memoria de la gente que sabe lo que transcurrió allí. Cuando esa gente haya muerto, ¿quién contará la historia de ese lugar para que la sepa, interprete y comparta la próxima generación?
Belchite, tal como está hoy, no va a seguir existiendo si no se hace algo muy pronto para cuidarlo. El valor en mantenerlo está en poder contar su pasado, y también hacer que ese pasado se integre en la actualidad, y en el futuro de la memoria.
****************************************************************************
Información general sobre Belchite y la Batalla de Belchite en la GCE:
Batalla de Belchite (inglés):
Mi interés en visitar el pueblo viejo de Belchite surgió después de ver foto tras foto en Flickr de las ruinas, y de informarme más de su historia, incluyendo la Batalla de Belchite y todo lo que pasó una vez terminada la guerra civil (la decisión franquista de dejar como símbolo el pueblo derruido; la reconstrucción del nuevo Belchite por presos republicanos; la inaugaración del pueblo por Franco en 1954 y los intentos fallidos de restaurarlo para que sea seguro para visitar y se conserve su valor histórico). Además, nunca había estado en Aragón y sabía que si no visitara el pueblo esta vez, sería muy probable que nunca lo viera, por dos motivos: uno, porque está un poco alejado para turistas sin transporte, y dos, porque está tan deteriorado que es muy probable que dentro de 10 años más ya no siga en su estado actual.
Salimos de Zaragoza a eso de las 9:30 de la mañana. Yo iba en camiseta y vaqueros, con un par de sandalias de tacón muy bajo, de corcho. Iba a ponerme los zapatos de tenis, pero al último momento decidí que no (vaya error). Hacía sol, pero no demasiado calor (pensándolo ahora, no puedo imaginar haber ido en julio o agosto, o con el sol de la tarde. Hicimos bien en salir temprano). Belchite está a unos 48 kilómetros (29 millas) de Zaragoza, y llegamos en poco tiempo. Desde la carretera, reconocí de inmediato la silueta de las ruinas. Aparcamos el coche en el primer camino a la izquierda que vimos, justo después de doblar hacia el pueblo. Nadie estuvo allí menos nosotras, y exploramos durante la próxima hora y media lo que había sido de Belchite. Tratamos de verlo todo, pero hubo momentos en que ninguna quería continuar adelante por la cantidad asombrosa de escombros debajo de los pies. Cuando llegábamos a lo que pensamos era el final del camino, nos topamos con una pareja que llevaba la misma camiseta roja -- no pude leer lo que decía - y nos dimos cuenta de que realmente habíamos empezado con el final del pueblo, no con la entrada. Supongo que si hubiéramos sabido de antemano donde empezar, o si hubiéramos tenido un plano de cómo se había organizado Belchite hace 70 años, habría sido interesante recorrer el camino e identificar lugares que aun estaban de pie -- aquí la plaza mayor, aquí una casa, aquí el ayuntamiento, etc. Pero la verdad es que aun se puede identificar, al igual que si fuera el esqueleto de algún animal, la función original de muchos de los edificios, especialmente los religiosos.
Mi primera impresión de ver las ruinas de Belchite era la de una sensación profunda de olvido, como si el tiempo hubiera parado y hubiéramos llegado demasiado tarde. Mi amiga me había contado que hay los que dicen que aun se puede detectar el sonido de aviones y llantos atrapados en el viento. Es verdad que a mucha gente, solo le importa determinar si hay psicofanías o no. Solo hay que buscar en Google "pueblo viejo de Belchite" y sale un montón de entradas identificándolo como un "pueblo fantasma" o recomendando que se haga una visita de noche. Sí creo que existe tal cosa como un fantasma histórico, y está claro que Belchite está lleno de ellos. Este es un lugar que debería visitar todo aquel al que le interese la memoria histórica, y especialmente, la Guerra Civil española. Y se debe visitar con el mayor respeto.
Durante la hora y media que pasamos allí, mi amiga y yo apenas hablamos, a menos que fuera para apuntar algo. Fui sacando foto tras foto e incluso algunos fragmentos de video, porque me llamó la atención que en medio de toda la destrucción, la única señal de vida fuera el trino de los pájaros. También había evidencia de otras presencias más recientes: la caca de cabras; un par de bragas negras; graffitis y la vegetación invadiendo espacios que antes habían tenido otros propósitos. Caminamos lentamente, pausando para contemplar lo que veíamos. Abajo hay una selección de fotos y un video que saqué con mi cámara (es una cámara normal digital, nada sofisticada):
Estando en Belchite, notamos que casi nada se identifica. Casi la única fuente de información es el letrero grande al principio del camino que anuncia "Belchite. Pueblo Viejo. Ruinas históricas," cerca del cual hay un aviso sobre los peligros de desprendimientos -- de información histórica, no hay nada en absoluto. Es muy importante visitar Belchite habiendo leído antes un poco de su historia y habiendo identificado los edificios más significativos para que se puedan reconocer al llegar allí. Belchite es un pueblo pequeño que vivió otras batallas antes de la GCE y que tuvo una larga y rica historia (para saber más, leer la página del Ayto. de Belchite nuevo y su enlace a la historia de B.V.).
Visitar Belchite me hizo pensar en estos puntos:
1. La manipulación de la historia: Paloma Aguilar Fernández, en su libro fundamental Memory and Amnesia (Berghahn, 2002), explica la manera en que el régimen franquista decidió "utilizar" el pueblo de Belchite: "The town in Saragossa was deliberately omitted from the reconstrution process so that it might survive as a living example of the catastrophe that had befallen Spain and of alleged insanity of the Republicans.[. . .] In Spain, the task of national reconstruction was rapidly undertaken in order to remove the signs of internal strife. Only the old town of Belchite was deliberately left in ruins" [El pueblo de Zaragoza se omitió a propósito del proceso de reconstrucción para que sobreviviera como un ejemplo vivo del catástrofe que había sufrido España, y de la presunta locura de los republicanos. [. . .] Solo el pueblo viejo de Belchite se dejó deliberadamente en ruinas.] (89-90, traducción al español, mía). He buscado más información en internet sobre la decisión de re-construir Belchite, pero no he podido verificar nada. Varias fuentes dicen -- y otras lo niegan, tachándolo de leyenda -- que Franco propuso una reconstrucción de Belchite (viejo), o la construcción de un nuevo pueblo que tuviera lujos como agua corriente.Según parece, la gente optó por tener un nuevo pueblo. Es difícil imaginar que un hombre como Franco dejó que la gente del pueblo tomara sus propias decisiones sobre qué hacer con su pueblo, pero es posible (¿quién no optaría por agua potable?). Lo que sabemos es que dejar como recuerdo el pueblo destruido era una táctica muy estratégica por parte de Franco, que lo inauguró en persona en los años 50. Sabiendo de la manía franquista por todo lo católico, apostólico y romano, es fácil imaginar el valor simbólico que vieron en los lugares religiosos derruidos, los que serían ya más evidencia de la violencia de las "hordas rojas."
2. La violencia de la guerra, y también, del tiempo (a veces, son indistinguibles): en las fotos que cuelgo aquí, hay dos en las que se puede observar la presencia de lo que creo ser de balas u obuses (si alguien tiene otra información, por favor, deja un comentario en este post). Ver la cantidad de agujeros es tan impactante como sentirlos con la mano -- están en todas partes. Caminar en Belchite es también sentir la presencia de la violencia por lo que está debajo de los pies. Sin duda, muchos escombros se deben no a bombardeos, sino a la falta de cuidado del lugar durante los años. Todo está expuesto a los elementos y a la naturaleza del ser humano que pisa suelo aquí.
3. La falta de señales ideológicas: ¿es posible -- y si es posible, ¿es deseable? -- ver las ruinas de Belchite sin adoptar una postura ideológica con respecto a la guerra? Es decir, ¿es posible ver las ruinas y solo ver los horrores de la guerra -- cualquier guerra -- sin decir, "esta destrucción la causaron los republicanos (o los nacionales)"? Después de tantos años de deterioro y olvido, parece razonable que las generaciones jóvenes que visitan este lugar no piensen en quien bombardeó qué o a quién -- especialmente porque no hay ninguna explicación histórica aquí. Posiblemente, es más fácil hablar de un "pueblo fantasma," que hablar de qué hacer con él.
4.¿Qué hacer con este lugar?: aunque ha habido -- y hay pendientes - varios intentos de restaurar estructuras, como el Arco de San Roque (febrero de 2011), el próximo paso debe determinar qué hacer con el pueblo viejo de Belchite para que se sepa su historia, tanto de la época de la guerra, como de antes. Se ha de valorar más este lugar por ser el único pueblo bombardeado que no fue re-construido tras la guerra, y también por lo que se puede aprender de sus otras historias más antiguas. Entiendo y estoy de acuerdo con la gente que dice que hay que alterar lo menos posible el pueblo viejo, pero no se puede dejar que desaparezca, y está en un estado muy frágil. Cuando derrumbaron la cárcel de Carabanchel de Madrid, mucha gente quería que al menos preservaran la cúpula -- y no lo hicieron. Si un lugar de memoria va a ser más que un destino turístico o un lugar vacío de significado visible ocupado por otro lugar, y en cambio, va a simbolizar un enlace entre pasado, presente y futuro, entonces creo que es importante que algunos de los restos físicos de la tragedia o de la memoria traumática se conserven allí (u otro lugar, si no es posible), por lo menos en parte (esta vez, desde luego, tendrían una función completamente diferente de cuando el franquismo).
Visitar Belchite me hizo pensar en otras guerras de hoy y del pasado. En gente que vive entre escombros todos los días. En qué pasa cuando se borra toda la historia de un pueblo, de una familia, o de una persona.
Por casualidad, aquella noche, al llegar a mi hotel, supe que un tornado devastador había destruido la noche anterior la localidad de Joplin, un pueblo de unas 50.000 personas del suroeste de Misuri donde yo viví y trabajé entre 1998-2001, y donde conocí a mi pareja. Aun tenemos a varios amigos que viven allí, y pasamos varios días hasta poder contactar con todos ellos. Murieron más de 150 personas, y era el tornado más destructivo en Estados Unidos desde 1947. Se está hablando de gastos de 1-3 billones de dólares para re-construirlo todo. A pesar de que se trataba de un desastre de la naturaleza, no pude dejar de pensar en lo que había visto en Belchite esa misma mañana: los interiores de lo que habían sido casas, donde se podía apreciar donde había habido escaleras, techos y habitaciones de pintura azul; fachadas y balcones con el hierro de entonces; hilos de paja y madera rota expuestas al cielo en un techo abierto; una plaza donde ya no se reunía nadie. Pensé en donde había vivido en Joplin. Pensé en la historia de este pueblo norteamericano, que antes había sido el corazón de la industria minera de la zona pero que, con el tiempo, había caído en la miseria económica, sufriendo serios problemas con el narcotráfico. Era un lugar feo para vivir, y estuve muy sola el primer año que viví allí. Imaginé todos los apartamentos diferentes en que había vivido cuando estaba allí, y pensar que ya no existían me provocó una sensación extraña. Por supuesto, una guerra no es un tornado, ni vice-versa. Pero el hecho de que mi visita a Belchite coincidiera con el tornado de Joplin significa que pasé los últimos días de mi viaje a España contemplando aun más la importancia de ruinas y nuestras decisiones de qué hacer (o no) con ellas.
Algunos lugares de memoria son solo espacios abiertos, campos o bosques sin ningún indicio físico de lo que fueron menos la memoria de la gente que sabe lo que transcurrió allí. Cuando esa gente haya muerto, ¿quién contará la historia de ese lugar para que la sepa, interprete y comparta la próxima generación?
Belchite, tal como está hoy, no va a seguir existiendo si no se hace algo muy pronto para cuidarlo. El valor en mantenerlo está en poder contar su pasado, y también hacer que ese pasado se integre en la actualidad, y en el futuro de la memoria.
****************************************************************************
Información general sobre Belchite y la Batalla de Belchite en la GCE:
Batalla de Belchite (inglés):
- en Spartacus
- en Major Battles of the Spanish Civil War
- en la Wikipedia
- en la Wikipedia
- Mapa de la batalla
- en la Gran Enciclopedia Aragonesa
- en el Periódico de Aragón (2003)
- en el Heraldo de Aragón (2011)
- Fotoreportaje en Margen Cero (2001)
- "Belchite, condenado al olvido" (14 de julio de 2011), Excelente especial en Aragón Digital
lunes, 11 de julio de 2011
Vuelta de paseo
Pienso en cuánto tiempo ha pasado desde la última entrada aquí y se me viene a la cabeza la frase "Vuelta de paseo," el título de un poema de Federico García Lorca (ver Poeta en Nueva York). Durante los últimos meses, he hecho mucho más que pasear. Parece que, después de unas noticias muy emocionantes, dos viajes transatlánticos, unos viajes domésticos en coche por el Medio Oeste estadounidense, y unas semanas por fin descansando en casa, que ya es hora de retomar este blog. ¡No se puede "regenerar memorias" si la gente se olvida de su existencia! Desde el nacimiento de este blog en agosto de 2008, nunca ha pasado un solo mes sin postear algo, pero durante los últimos meses, decidí no colgar ninguna noticia sobre la memoria histórica, sabiendo que primero tenía pendiente un post personal. Cada vez que intentaba escribir algo, no me salía nada. Y es que la visita a España no iba a ser nada fácil de resumir en pocas palabras, por ser una de las experiencias más conmovedoras y complejas de mi vida hasta ahora.
A mediados de mayo, como sabe la mayoría de los lectores de este blog, fui a España para visitar con gente del movimiento memorialista que conocí gracias a RG. Aunque solo estuve allí unos 10 días, no perdí tiempo, aprovechando de cada momento para conocer un poco mejor y a primera mano la situación de la memoria histórica en España. A pesar de que esta era mi sexta vez en el país, muchas veces tuve la sensación de que veía todo con otros ojos, con otra perspectiva. Este es un viaje que no podría haber hecho si aun escribiera la tesis, o si lo hubiera hecho pensando en publicar un artículo o dar una ponencia. Este era un viaje en que dejé a un lado la teoría de la memoria, el estudio de literatura y cine, y hasta los artículos de la prensa, y conecté con el tema desde otro nivel -- con la gente que lo ha vivido y lo vive personal y profesionalmente cada día.
Debo todo a los que me ayudaron a hacer posible el viaje, especialmente cuando se trataba de visitar lugares remotos o cerrados al público general. También estoy muy agradecida a la gente que me preparó comidas exquisitas en sus casas, tratándome como una amiga o hija más; a la gente que compartió tiempo, energía y conocimiento inestimable conversando conmigo y no temiendo a la grabadora; a la gente que me comunció sus historias familiares y personales dolorosas; y a la gente que me dio una bienvenida que dudo poder recompensar adecuadamente, sino a través de estas palabras.
En los próximos días, compartiré aquí mi encuentro con lugares de memoria como Gernika y el Museo de la Paz; el pueblo viejo de Belchite; el fuerte de San Cristóbal; y el Parque de la Memoria. Hablaré de mis impresiones después de conversar con gente directamente involucrada en el movimiento memorialista. Por último, comentaré un poco lo que vi con respecto al 15-M y el movimiento de "Democracia real, ya." Como siempre, no dudéis en dejar comentarios, sugerencias o preguntas después de leer y ver los posts.
En agosto este blog cumple 3 años. Al igual que el agosto pasado, podéis esperar ver aquí algunos cambios. Esta vez serán menos estéticos y tendrán más que ver con el contenido. Quisiera volver a escribir posts más personales, aunque tengan que ser breves, en vez de copiar y pegar artículos de la prensa. Ya sé que habrá aun menos tiempo para dedicar a este espacio, pero puedo afirmar que voy a continuar el blog todo el tiempo que pueda, y con tal de que tenga lectores. También es posible que pida a unas personas que contribuyan posts de vez en cuando, como una manera de reanimar el contenido del blog.
De todas maneras, mil gracias a tod@s vosotros por haberme esperado, por seguir allí y colaborar con (Re) generando Memorias. ¡Saludos desde Iowa!
A mediados de mayo, como sabe la mayoría de los lectores de este blog, fui a España para visitar con gente del movimiento memorialista que conocí gracias a RG. Aunque solo estuve allí unos 10 días, no perdí tiempo, aprovechando de cada momento para conocer un poco mejor y a primera mano la situación de la memoria histórica en España. A pesar de que esta era mi sexta vez en el país, muchas veces tuve la sensación de que veía todo con otros ojos, con otra perspectiva. Este es un viaje que no podría haber hecho si aun escribiera la tesis, o si lo hubiera hecho pensando en publicar un artículo o dar una ponencia. Este era un viaje en que dejé a un lado la teoría de la memoria, el estudio de literatura y cine, y hasta los artículos de la prensa, y conecté con el tema desde otro nivel -- con la gente que lo ha vivido y lo vive personal y profesionalmente cada día.
Debo todo a los que me ayudaron a hacer posible el viaje, especialmente cuando se trataba de visitar lugares remotos o cerrados al público general. También estoy muy agradecida a la gente que me preparó comidas exquisitas en sus casas, tratándome como una amiga o hija más; a la gente que compartió tiempo, energía y conocimiento inestimable conversando conmigo y no temiendo a la grabadora; a la gente que me comunció sus historias familiares y personales dolorosas; y a la gente que me dio una bienvenida que dudo poder recompensar adecuadamente, sino a través de estas palabras.
En los próximos días, compartiré aquí mi encuentro con lugares de memoria como Gernika y el Museo de la Paz; el pueblo viejo de Belchite; el fuerte de San Cristóbal; y el Parque de la Memoria. Hablaré de mis impresiones después de conversar con gente directamente involucrada en el movimiento memorialista. Por último, comentaré un poco lo que vi con respecto al 15-M y el movimiento de "Democracia real, ya." Como siempre, no dudéis en dejar comentarios, sugerencias o preguntas después de leer y ver los posts.
En agosto este blog cumple 3 años. Al igual que el agosto pasado, podéis esperar ver aquí algunos cambios. Esta vez serán menos estéticos y tendrán más que ver con el contenido. Quisiera volver a escribir posts más personales, aunque tengan que ser breves, en vez de copiar y pegar artículos de la prensa. Ya sé que habrá aun menos tiempo para dedicar a este espacio, pero puedo afirmar que voy a continuar el blog todo el tiempo que pueda, y con tal de que tenga lectores. También es posible que pida a unas personas que contribuyan posts de vez en cuando, como una manera de reanimar el contenido del blog.
De todas maneras, mil gracias a tod@s vosotros por haberme esperado, por seguir allí y colaborar con (Re) generando Memorias. ¡Saludos desde Iowa!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







