sábado, 15 de enero de 2011

Nueva novela: La estación perdida

En la prensa leo más y más de este autor, y voy a apuntar este título para leer en verano.

Tomado de aquí:

La estación perdida (leer primeras páginas en PDF)
Páginas: 544 Euros: 19€

EL AUTOR

Use Lahoz nació en Barcelona en 1976. En 2009 publicó Los Baldrich (Alfaguara), novela con la que fue nombrado Talento FNAC y que tuvo una excelente acogida por parte de los lectores y la crítica. Es autor también de la novela Leer del revés (2005), distinguida en el Festival du Premier Roman de Chambèry, y de los libros de poemas Envío sin cargo (2007) y A todo pasado (2010). Es colaborador habitual en El Viajero de El País y en otros medios nacionales y latinoamericanos.

En 2009 fue autor “revelación” de la FNAC con su novela, Los Baldrich
Ésta es la historia de amor entre un buscavidas y una mujer de un solo hombre.

En La estación perdida se encuentran el amor, el abandono, la identidad, la pérdida, la locura, la ilusión, los sueños, la inocencia, la tolerancia, la inconsciencia, el paso del tiempo, la emigración, los cambios en la sociedad española. La vida en su sentido más amplio.

Una noticia inesperada trastocará la vida de Santiago Lansac. Desde su pequeño pueblo se verá obligado a abrirse camino primero en la capital, y después en Barcelona y allá donde el destino le quiera llevar, en un periplo lleno de aventuras en el que se irá cruzando con gentes cuyas intenciones no sabrá detectar a tiempo. Ante tanto infortunio, sólo el amor podrá salvarle.


La estación perdida es una historia de perdedores, pero sobre todo una comedia humana con personajes inolvidables: Santiago, un loco entrañable, atormentado por el miedo y los pájaros de su cabeza, y Candela, la imagen de la ingenuidad, la fuerza y el amor incondicional en una época en que a las mujeres se las educaba para servir.

(lo que sigue viene de aquí):
Sin renunciar al humor, con una prosa ágil y precisa, y una maestría que lo afianza como narrador, Use Lahoz relata los cambios que sufrió España en la segunda mitad del siglo xx a través de estos antihéroes, obligados a la emigración y lanzados a lo desconocido en una novela repleta de sentimientos.

Después de Los Baldrich (Alfaguara, 2009), Use Lahoz presenta La estación perdida, de nuevo una novela en la que el autor realiza un retrato no sólo de los cambios que se fueron produciendo en España desde los años cuarenta hasta llegar a nuestros días, sino sobre todo de unas personas en busca de oportunidades. La novela es una radiografía de la buena gente focalizada en una familia con un hombre muy particular. Es una novela ágil, de ritmo rápido, de personajes. Protagonizada por un niño de la España rural de la posguerra, que evolucionará a la par que la sociedad de su país. Santiago Cádiar, primero apellidado Lansac, es un soñador, un personaje con trastorno de la personalidad, guiado en cada uno de sus avances por su alucinada imaginación. La identidad, el abandono, la pérdida, el amor, la inocencia, la traición, la locura, el peso de la infancia son sólo algunos de los temas que recorren esta narración no carente de poesía.

El autor acompaña a Santiago Cádiar en todos los momentos de su vida. Es un niño soñador que no es consciente de las penurias que pasan en su pueblo, Valdecádiar, durante la posguerra. Nada hace presagiar el cambio que no tardará mucho en producirse en él. Con dieciocho años Santiago se entera de que en realidad no es hijo biológico de los que hasta ese momento han sido sus padres. No logra superar la vergüenza y el sentimiento de inferioridad que esa noticia le causa. El pueblo de repente es demasiado pequeño para él y decide marcharse. Así empieza su peregrinaje por pensiones y barrios deprimidos de diferentes ciudades en las que se encontrará con personajes amables y sinceros, pero más a menudo con timadores y habitantes de los bajos fondos plácidamente instalados en ellos. Aunque también encontrará el amor. Candela, la que será la mujer de su vida.

Entre los engaños, el amor y su fantasía transcurre una vida plagada de aventuras. Al salir de Valdecádiar descubrirá el un mundo nuevo en la capital de provincias. Entrará a trabajar como soldador en unos talleres y llegará a casarse, guiado por la inercia de los tiempos y sin estar convencido, con Rosario Marciana. Esa boda le dejará una huella imborrable, así como el hecho de tener dos hijas. La falta de amor y las amenazas de su suegra le conducen a la separación y a la vida errante, de pensión en pensión y denunciado por abandono de familia. En mitad de tanto desbarajuste, conocerá a Augusto Maturana, timador profesional y una cruz en su vida, y a Candela Paz, la cara, la única persona que le salva. Ingenua y engañada, Candela se enamora de Santiago y, pese a las incontables argucias de éste, ya no concibe vivir sin él.

Mientras buscan su sitio en Barcelona, ciudad en la que salen adelante a trancas y barrancas, nacerán sus hijos, Daniel y Laura, que vivirán con más oportunidades de las que tuvieron sus padres. La vida errante de Santiago tocará fondo en la barrio chino de Barcelona, trampeando con unos y otros, mientras Candela se desvive por ellos.

Cuando nadie lo espera y Candela sueña con un futuro por fin estable, los pájaros de la cabeza de Santiago volverán a las andadas y partirán con él a Montevideo, otra vez engañado, creyendo que hará las Américas, abandonando una vez a su familia, en busca de si mismo y con el peso de su infancia y las mentiras. La desdicha no le abandonará, y también allí, se verá envuelto en trifulcas y apaños para sobrevivir con la inestimable colaboración de Edison Lanza, el amigo verdadero que nunca falla.

Santiago huye de su falta de identidad, pero no logra encontrarse. Le basta con su imaginación y con la vida paralela que se inventa para sí y a la que recurre cada vez que se siente perdido o atemorizado.

Use Lahoz logra plasmar, con una maestría que le afianza como narrador, la evolución de la clase obrera, de aquellos que en los años cincuenta y sesenta dejaban sus pueblos cargados con una maleta llena de cuatro trapos y muchas más esperanzas que se iban quedando por el camino. Y para lograrlo crea al magnífico Santiago Cádiar, un loco entrañable, carente de malicia, que se enfrenta a cada nuevo revés como si no tuviera más remedio que sufrirlo, pero que atenúa gracias a esa cabeza llena de pájaros que siempre tendrá. Sin embargo, La estación perdida no es una novela de un solo personaje; es la historia de Santiago, pero también la de todos los que le rodean y le quieren, o le desprecian, o le engañan.
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