lunes, 2 de marzo de 2009

Argentina y la Guerra Civil Española

La memoria histórica como proyecto social y cultural es un blog de Eduardo Montagut Contreras. Lo leo todos los días, y muchas veces tengo la sensación de ser estudiante otra vez; las lecciones vienen frecuentemente, pero en pequeñas dosis, fáciles de digerir y con referencias para continuar la investigación. Por ejemplo, el otro día el autor nos organizó una bibliografía fantástica sobre los maquis.

Es gracias a este blog que me he enterado de la publicación de Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil española (el libro salió en junio de 2008). Reproduzco abajo una entrevista con uno de los cuatro co-autores del libro, Jerónimo Boragina, publicada originalmente en Tribuna latina. Cuando se habla de voluntarios extranjeros en la GCE, típicamente se oye hablar de franceses, británicos y estadounidenses. Desde hace mucho tengo un interés en la relación España-Argentina (más en un sentido posdictatorial), así que encontré especialmente interesante esta conexión de la que antes no sabía nada. Al buscar más información, también he encontrado estos enlacea que pueden ser de vuestro interés:
“No sé si la España posfranquista se puede reparar con una ley”
Mariana Cantero

Setenta años después de la Guerra Civil en España, un grupo de historiadores argentinos bucea en la trayectoria de los voluntarios de su país que lucharon en el bando republicano. Después de revisar archivos, recuperar documentos y rescatar testigos, Lucas González, Ernesto Sommaro, Gustavo Dorado y Jerónimo Boragina (que conforman el colectivo Historia desde abajo) publican ahora ‘Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española’ (Ed. Centro Cultural de la Cooperación). La decisión de tocar en este momento el tema, dicen, no es casual: estuvo vetado durante años por las diferentes dictaduras que asolaron el país del sur.

¿Cuáles son las motivaciones que llevaron a los argentinos a participar como voluntarios en la Guerra Civil española?
Se dieron diferentes causas, tanto ideológicas como sociales. La inmigración española, junto a la italiana, era mayoritaria en la Argentina y las ideas republicanas se diseminaron rápidamente. El primer Centro Republicano Español de Buenos Aires se creó en 1907, junto a centenares de instituciones regionales que difundían la cultura y por lo tanto la política española. Y en Buenos Aires los partidos de izquierda (que aglutinaban a socialistas, comunistas y anarquistas) estaban al alza y movilizados contra la dictadura del general Uriburu (que hizo un golpe de estado en 1930). Es decir, que esta mezcla de antifascismo que se vivía en Argentina por el movimiento obrero y las diferentes colectividades de inmigrantes, al lado de los fuertes lazos sociales y culturales con España, crearon el ambiente necesario para que miles de hombres y mujeres se comprometieran en la solidaridad con la causa republicana. Fue realmente fuerte la repercusión, una inmensa marea solidaria de recursos y medios que se brindaron a la República. También salieron del país (Argentina) más de 540 voluntarios que participaron de la contienda (española) en diferentes tareas.

Usted explica en su libro que Buenaventura Durruti vivió, de hecho, en la Argentina ...
Sí, cuando en 1925 la CNT entra en la ilegalidad, Durruti decide marcharse a Latinoamérica organizando la recolección de dinero para la autodefensa obrera. Llega a nuestro país con diversos compañeros de "Los Solidarios", entre los cuales estarían Gregorio Jover, Antonio Rodríguez, Francisco Ascaso y su hermano Alejandro. Intentan trabajar en diferentes oficios, pero cambian de dirección y el 18 de enero de 1926 roban el Banco Provincia de la sucursal San Martín, acción en la cual se supone contaron con el apoyo del anarquista argentino Horacio Badaraco. Después ante el peligro a ser capturados deciden marcharse a Montevideo, Uruguay.

Y algunos de los que colaboraron con Durruti en Argentina lucharon después a su lado en España...
Sí. Paradójicamente, fue el mismo Badaraco quien acompañó a Durruti en su columna durante meses, colaborando como redactor de la publicación anarquista ‘Solidaridad obrera’. Asimismo, hubo muchos milicianos argentinos que participaron en su columna marchándose hacia Teruel.

¿Cómo se organizó el envío de contingentes de voluntarios y qué requisitos tenían que cumplir?
La Internacional Comunista da indicaciones a nivel mundial de reclutar voluntarios para luchar en España contra el fascismo. Eso hizo que el Partido Comunista Argentino llevara adelante estas directivas y empezara el reclutamiento formalmente, pero en la clandestinidad porque la persecución del régimen dictatorial era muy eficaz. Es así como en todo el país se intentó atraer a jóvenes que tuvieran experiencia militar, con claros antecedentes políticos antifascistas y, en tanto que fuera posible, sin cargas familiares. El movimiento anarquista argentino también envió dirigentes a España, pero priorizó la ayuda material y no la de milicianos. No obstante, es muy dificultosa la individualización de los anarquistas, que mayoritariamente calaron en zona catalana, donde tenían la mayor influencia. Después socialistas y republicanos, informalmente y por decisiones más individuales que institucionales, dieron apoyo al envío de decenas de militantes a combatir, pero fue sin duda el Partido Comunista el que pudo organizar y enviar mayor cantidad de voluntarios.

¿Qué tareas se les asignaba una vez en España?, ¿eran enviados a alguna zona en particular?
En España se le daba mucha importancia a la experiencia y habilidades de los voluntarios. Había muy buenos dirigentes comunistas que fueron comisarios políticos, como Ángel Ortelli o Juan J. Real. También traductores de las Brigadas Internacionales, como Nicolás Steinmetz, Lilia Bondareva o Sonia Besmertnaia; o médicos, como Gregorio Bergman, Juan Golstraj o Milan Matkovich. Muchos eran actores, enfermeros, estudiantes, pero el grueso se desempeñaba como trabajadores y obreros en nuestro país. Lo cierto es que el grupo de voluntarios argentinos se encontraba repartido entre el Ejercito Republicano y las Brigadas Internacionales. Al comienzo muchos eran parte de las milicias populares, principalmente en zona catalana para los anarquistas. Socialistas y comunistas participaron en el naciente Ejército Republicano y luego algunos fueron transferidos a las Brigadas Internacionales, principalmente la numero XV, en el Batallón 24.

¿Cuál fue el destino de estos voluntarios en cuanto a campos de concentración?, ¿se sabe cuántos murieron o fueron presos y cuántos regresaron a Argentina?

Cuando la República decide retirar a los brigadistas, éstos van a parar a los campos de concentración en Francia, sobre todo a Saint Cyprien, Argeles Sur Mer y a Gurs. Ángel Ortelli, que fue comisario político de la Segunda División, describe en una nota para el diario ‘Crítica’ del 7 de mayo del 39 la situación en el campo de Saint Cyprien: “(…) es de arena y está junto a una laguna maloliente (…) no había comida, ni habitaciones ni ropa para abrigarse. Durante cinco días no se entregó alimentos y recién después y tras llenar el formulismo exigido comenzó a dárseles un pan para cada 25 personas como comida diaria...”. Otro grupo tuvo mejor suerte y logró ser repatriado en mayo y junio de 1939 por la cancillería Argentina. En cuanto a muertos, los datos son muy inexactos, aproximadamente se puede establecer la muerte o desaparición de un tercio de voluntarios, pero la falta de registros escritos e inclusive su ubicación en una fosa o cementerio, complican todo tipo de registro y cálculo. Varios argentinos también permanecieron más de 20 años presos, como Luis A. Quesada, Juan Arhancet, o Manuel Villar, que permaneció preso en el campo de Albatera y luego en la Modelo de Barcelona, totalizando 18 años.

¿Qué valoración hace de la Ley de Memoria Histórica? ¿Cree que sirve realmente para compensar a las familias de los voluntarios?
No sé si habría que analizar sólo una ley. ¿Qué hay de la educación en las escuelas, del legado cultural y simbólico que en muchos casos aún perdura? Fue tan nefasto el periodo que vivió la España posfranquista hasta 1960, que no sé si se puede reparar con una ley. Fueron torturados, desaparecidos, fusilados; perdieron sus trabajos y sus propiedades cientos de miles de hombres y mujeres. La ley podrá lograr algún avance a nivel jurídico, pero lo peor es la falta de reconocimiento hacia el pueblo, el ocultamiento de la verdad, la humillación y el exilio, y eso no creo que pueda tratarse todo en una ley. Desde aquí convivo con los viejos militantes y luchadores españoles y la ley todavía no ha tenido mayores implicaciones. Por otro lado, creo que podría abarcar más a nivel económico y saldar una deuda histórica, principalmente con los exiliados que no pudieron volver a su tierra. Por el momento tiene sabor a poco, y esperemos que no sea una ley final, sino el punto de partida para mejorar la situación.

¿Por qué en Argentina se ha olvidado esta historia?
Hasta la llegada de la democracia en 1983, se le dio a la sociedad argentina una visión un tanto demoníaca de la Guerra Civil Española. Se la mostró como un derramamiento de sangre entre hermanos, una guerra fraticida que se podría haber evitado. Gran cantidad de políticos argentinos citaban la Guerra Civil que ocurrió en España como visión apocalíptica de lo que podía pasar en nuestro país. Claro que casi nunca se aclaraba que hubo un golpe de Estado, que el pueblo se defendió ante dicho golpe preservando la democracia, y que en esta guerra no hubo solo hermanos, sino también cientos de miles de extranjeros en uno u otro bando.

Hay inclusive militantes de la Juventud Democrática Española desaparecidos por la dictadura militar Argentina. También escasean las publicaciones sobre Argentina y la Guerra Civil.
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