Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
jueves, 18 de febrero de 2010
Editorial de Vicenç Navarro / Viñeta de Vergara
(Nota: La editorial del doctor Vicenç Navarro y la viñeta de arriba de "Territorio Vergara" [7.2.10] no se publicaron juntas, pero parecen hablar de lo mismo).
De: Público.es
El Supremo, ¿cómplice del fascismo?
VICENÇ NAVARRO
Una de mis mayores sorpresas cuando volví de mi largo exilio fue ver la enorme tolerancia que había en España hacia el fascismo. En realidad, ni siquiera se utilizaba el término fascismo para definir el régimen dictatorial que existió en España durante 40 años. Se le llamaba régimen franquista, implicando que era un régimen caudillista dirigido por el general Franco, ignorando que aquel régimen fue mucho más que un régimen caudillista. En realidad, reunió todas las características de los regímenes fascistas, por mucho que politólogos procedentes de aquel régimen, como Juan Linz, y revisionistas de varias sensibilidades políticas –incluidas algunas de centro izquierda– lo nieguen. Como he documentado en otro artículo, “Franquismo o fascismo” (Público, 28-05-09), aquel régimen tenía cada una de las características del fascismo, es decir, un nacionalismo exacerbado con visiones imperialistas basado en una concepción racista que justificaba su derecho de conquista –ver “El racismo del nacional catolicismo” (Público, 14-01-10)–; un absoluto control sobre los medios que intentaba reproducir una ideología totalizante, el nacional catolicismo; una supeditación de la sociedad civil al Estado, dirigido por una persona que el régimen presentaba como dotada de méritos sobrenaturales (referido como “caudillo por la gracia de Dios”), líder supremo del partido fascista, del Estado y de sus Fuerzas Armadas, caudillo que dirigía un Estado enormemente represivo. Por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000. Más de 200.000 personas fueron fusiladas y 114.421 desaparecieron en el periodo 1936-1951, sin que todavía hoy se conozca dónde están sus cuerpos. El mal llamado franquismo fue un régimen fascista, uno de los regímenes que cometió las mayores atrocidades y violaciones de los derechos humanos en la Europa del siglo XX.
Resultado de la manera inmodélica en que se hizo la Transición, no existe plena conciencia de lo horrible que fue aquel régimen. El silencio que siguió a la dictadura y el olvido del pasado (excepto en pequeños círculos académicos) explica que la juventud, por ejemplo, no sepa que en otros países donde existieron regímenes semejantes, como en Alemania, cualquier tolerancia al nazismo está prohibida, incluyendo la existencia del partido nazi o de asociaciones afines. No así en España, cuyo Jefe del Estado –el monarca– fue nombrado por el régimen anterior. En realidad, todavía hoy uno de los dos mayores partidos del país, el PP, muestra su rechazo a condenar aquel régimen por su nombre, excusándose en denuncias genéricas y asumiendo una equidistancia en los horrores y responsabilidades en los dos bandos de la mal llamada Guerra Civil (que, en realidad, fue un golpe militar, ayudado por Hitler y Mussolini, resistido por la mayoría de las clases populares durante tres años), que dan prueba de su falta de comprensión de lo que fue aquel régimen fascista. El PP no es antifranquista, y esto disminuye su credibilidad democrática. Y en algunas comunidades autónomas gobernadas por él, como Madrid y Valencia, sus gobiernos autonómicos todavía apoyan programas educacionales que justifican el golpe militar y el régimen que estableció.
Pero esta tolerancia ha llegado a un extremo que es vergonzoso. Las fuerzas herederas de aquel fascismo quieren llevar a los tribunales al único juez, Baltasar Garzón, que ha intentado llevar a los tribunales al franquismo. Tal situación es impensable en cualquier país democrático europeo que vivió y sufrió el fascismo. Y lo que es vergonzoso es que el Tribunal Supremo esté dispuesto a considerar esta acusación, utilizando además el argumento, defendido por uno de sus miembros, el juez Varela, de que la Ley de Amnistía firmada al final de la dictadura ofreció inmunidad a los dirigentes de aquel régimen, ignorando también que el Estado español firmó tratados internacionales que exigen el juicio de los responsables de aquellas atrocidades. No puede verse hoy en Europa un hecho semejante y cubre a España de vergüenza. ¿Cómo pueden los miembros del Tribunal Supremo (presidido por un juez que juró lealtad al fascismo) llegar a este extremo de insensibilidad democrática? ¿Cómo pueden llegar a legitimar a los herederos del régimen que asesinó al mayor número de españoles y demócratas en el siglo XX, aceptando su demanda? Tal comportamiento ofenderá una vez más a los millones y millones que perdieron todo lo que tenían en su defensa de la democracia. ¿Y donde están las derechas, siempre listas ellas para defender el honor de España, en un momento y en un hecho que cubre de vergüenza al país? Su hipocresía sobre el terrorismo queda evidenciada cuando excluye de su homenaje al enorme número de víctimas del terrorismo fascista, que fue mucho mayor en número que el cometido por el terrorismo de ETA. ¿Cómo es que el príncipe Felipe, en representación del monarca, presidiera los actos de homenaje a los últimos y nunca ha presidido ninguno de los primeros?
El argumento que se ha utilizado para definir lo que estamos viendo es que es un mero conflicto entre dos jueces, uno de ellos molesto por el excesivo protagonismo del otro. El juez Varela que intenta penalizar a Garzón es cómplice de aquella demanda y como tal merece el mayor rechazo por parte de todas las personas demócratas. Su animosidad hacia Garzón y el protagonismo de Garzón son temas irrelevantes. Es una enorme frivolidad ver lo que está ocurriendo como un mero conflicto de personalidades. Al contrario, este comportamiento del Tribunal Supremo (en caso de aceptarse la petición del juez Varela), le haría cómplice del fascismo, mostrando un indicador más de lo inmodélica que fue la Transición de la dictadura a la democracia y de la escasa sensibilidad democrática del Estado español. El fascismo continúa vivo y presente en España.
Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
lunes, 15 de febrero de 2010
Editorial en el L.A. Times sobre el caso de Garzón (inglés y español)
Hay una ironía triste en el comentario de esta persona bien intencionada que escribe en el Daily Kos, "El buen juez Baltasar recuerda con horror los crímenes del franquismo que quedaron impunes durante y después de la Guerra Civil Española. Los republicanos lucharon bajo el lema de 'España - la tumba del fascismo europeo.' Esperemos que la España actual sea la tumba del fascismo estadounidense con el juicio a Bush, Cheney y otros fascistas caseros, quienes literalmente han mutilado nuestra propia República" (traducción mía). Por supuesto, el que cita el "fascismo estadounidense," no parece ser consciente que en España el juez afronta a su propio juzgado. Por eso, me alegra poder colgar la siguiente editorial del diario Los Angeles Times, que apoya al juez y expone el caso actual que le afecta. Después, pongo una noticia de Europa Press sobre la editorial.
De: The Los Angeles Times
Editorial
The case against Baltasar Garzon
Spain's famed judge has run afoul of his own countrymen over an inquiry on Spanish Civil War victims. The case could end his career.
February 15, 2010
Spain's world-famous magistrate, Baltasar Garzon, has made many enemies over the years. He has indicted Osama bin Laden. He has gone after Spanish paramilitaries, Basque separatists and members of drug mafias. On this side of the Atlantic, Garzon is best known as the judge who pushed the frontiers of international law, trying to extradite former Chilean dictator Augusto Pinochet from London and launching an inquiry into the suspected torture of detainees at the U.S. prison in Guantanamo.
After all that, it is perhaps ironic that the biggest threat to Garzon right now comes not from some hit man but from his own judiciary, which alleges that the judge has overreached at home by trying to probe Spanish Civil War atrocities that were covered by an amnesty the country's parliament passed in 1977. Many of Garzon's adversaries on the right and the left have come together in support of the case against him. It's possible Garzon will be suspended from his duties in the coming days. If convicted, his career as a judge would be over.
Tens of thousands of Spaniards died or disappeared in the civil war, which ushered in the dictatorship of Gen. Francisco Franco in 1939. When Franco died in 1975, the amnesty was widely seen as essential for a transition to democracy. But many of the victims have never been accounted for, and the country has not fully come to terms with its violent past. Garzon opened the case on behalf of relatives who sought to exhume and identify the dead. After right-wing groups filed a complaint, an investigative judge concluded that Garzon "consciously decided to ignore" the will of parliament in pursuing the case, and now a five-judge panel must decide whether to put him on trial for criminal intent. Garzon denies wrongdoing; the disappearances, he says, were crimes against humanity and, therefore, cannot be covered by an amnesty.
We admire Garzon for a lifetime of pursuing criminals without regard to ideology or political bent, often at great personal risk. We also recognize that his outsized ego and appetite for attention have antagonized colleagues and politicians. Though we are in no position to judge the legal challenge against him, we worry about politicization of the Spanish legal system with this divisive case, and the haste with which events are unfolding: An administrative panel is considering Garzon's suspension even before judges decide whether to allow charges to be filed.
We sincerely hope that the Spanish courts will put aside personal animosities and political vendettas, and that Garzon's enemies will not use this case to bring down a judge they dislike. Love him or hate him, he deserves a fair hearing. And a democratic Spain deserves an upstanding judiciary.
Copyright © 2010, The Los Angeles Times
De: Europa Press
'Los Angeles Times' sale en defensa de Garzón y critica la "politización" de la Justicia española
NUEVA YORK, 16 Feb. (EUROPA PRESS) -
El periódico estadounidense 'Los Angeles Times' salió este lunes en defensa del juez de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón a raíz de las causas abiertas contra él en el Tribunal Supremo y criticó en un editorial que la posible suspensión del magistrado se haya adoptado por "animosidades personales" en un contexto judicial "politizado".
El diario considera que "el magistrado español más famoso en el mundo" se ha creado "muchos enemigos" durante su carrera. En ella, el rotativo destaca las causas contra el líder de Al Qaeda Usama Bin Laden, la persecución de los crímenes del franquismo, las investigaciones sobre ETA, la lucha contra las redes de delincuencia organizada, la petición de extradición del dictador chileno Augusto Pinochet o su intención de analizar los casos de tortura en la prisión estadounidense de Guantánamo.
Con esta experiencia, 'Los Angeles Times' considera "irónico" que la amenaza le llegue no de una persona en concreto sino de "su propia judicatura, que alega que el juez se ha excedido al intentar probar las atrocidades de la Guerra Civil española que quedaron cubiertas por una amnistía aprobada en el Parlamento en 1977". En la lucha contra Garzón se han unido "adversarios" tanto de derechas como de izquierdas", añade.
El periódico denuncia que España "no ha asumido por completo su violento pasado", y que en este contexto aún existen víctimas del franquismo por identificar y cuerpos por localizar.
"Admiramos a Garzón por una vida dedicada a perseguir criminales sin importarle la ideología o la inclinación política, asumiendo a menudo un gran riesgo personal", apunta el artículo. No obstante, "también reconocemos que su desmedido ego y su ansias de atención le han enemistado con sus compañeros y políticos".
"Aunque no estamos en posición de juzgar el proceso legal contra él (Garzón), nos preocupa la excesiva politización del sistema legal español con este polémico caso, y la precipitación con el que se están desarrollando los acontecimientos", denunció el texto. En concreto, 'Los Angeles Times' se refiere al hecho de que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) debata la suspensión del juez "antes incluso de que se determine si se archivan los cargos".
El periódico norteamericano confía "sinceramente" en que los tribunales españoles "dejen de lado las animosidades personales y las 'vendettas' políticas, y los enemigos de Garzón no usen este caso para tumbar a un juez que no les gusta". "Le quieras o le odies, se merece un juicio justo. Y una España democrática se merece una judicatura digna", concluye el artículo.jueves, 3 de diciembre de 2009
"La herencia nacionalista del fascismo, " de V. Navarro
La herencia nacionalista del fascismo
Dr. Vicenç Navarro
Publicado en el diario PÚBLICO, 3 de diciembre de 2009Este artículo señala que la dictadura fascista impuso un nacionalismo uniforme excluyente enormemente oprimente a las clases populares de las distintas nacionalidades y regiones de España. Tal nacionalismo españolista está siendo promovido por las derechas, creándose un conflicto, no entre Cataluña y España (como los nacionalismos de ambos lados del Ebro presentan), sino entre las fuerzas democráticas anticentralistas y uniformadoras y el nacionalismo jacobino heredado del fascismo.
Hay que enseñarle a la juventud que lo que se llama Guerra Civil en España fue predominantemente una lucha de clases, en la que la banca, la patronal, las oligarquías terratenientes, la Iglesia y la gran mayoría de la oficialidad del Ejército, se levantaron en contra de un gobierno democráticamente elegido, cuyas reformas estaban afectando a sus privilegios. Tal golpe estableció una dictadura enormemente represiva en contra de las clases populares de las distintas nacionalidades y regiones de España. Pero también hay que informarles de que la mal llamada Guerra Civil (en realidad un golpe militar en contra de la mayoría de la población) fue también una lucha entre dos visiones de España, que se entrelazó con el otro conflicto. Los golpistas y sus partidarios tenían una visión uniforme de España, altamente centralizada en una visión jacobina que negaba su pluralidad. Esta visión era empobrecedora, pues imponía una uniformidad enormemente opresiva a las clases populares de las distintas nacionalidades y regiones de España.
Recuerdo bien cuando a la temprana edad de siete años, un Policía Nacional me paró en una calle de Barcelona por hablar mi lengua materna, el catalán, y dándome un bofetón, me gritó “no hables como un perro, habla como un cristiano”. Le escupí en la cara y me llevó al cuartelillo desde donde llamaron a mis padres. Mi padre (que había luchado en muchos frentes de España defendiendo la República Española y la Generalitat de Cataluña) no me dijo nada. Sólo acarició mi cabeza y le oí susurrar “tan joven ya”. Y mi madre me dio el beso más grande de su vida. En Cataluña, la burguesía y otros grupos dominantes hablaban castellano, considerando el catalán como un lenguaje vulgar y de las clases populares, supuestamente poco educadas. Esta fue la experiencia de millones de catalanes.
El golpe fascista se definió a sí mismo como un movimiento nacionalista (Alzamiento Nacional), que prohibió cualquier expresión de cualquier otra nacionalidad, incluyendo la catalana. No deja de ser paradójico, por cierto, que el golpe que se autodefinió como nacional no hubiera podido vencer la resistencia al golpe por parte de las clases populares de todas las nacionalidades y regiones de España, sin la ayuda de las tropas extranjeras (más de 177.000) y el material militar enviado por Hitler y Mussolini. Tal golpe inició el régimen que ha asesinado al mayor número de españoles que hayan perdido su vida en tiempos de paz en el siglo XX, con más de 120.000 personas todavía hoy desaparecidas. Su Caudillo (uno de los mayores asesinos que ha tenido Europa) era la expresión de su brutalidad.
Los fascistas justificaron la represión con el argumento de defender la Unidad de España (tal como ahora los nacionalistas españolistas están justificando su oposición a reconocer la identidad catalana). El fascismo justificó su golpe como la defensa de España contra “comunistas, masones y separatistas”, definiendo como comunistas a todos aquellos que se oponían al régimen, masones a todos aquellos que no eran cristianos, y separatistas a todos aquellos que defendían la identidad catalana, vasca o gallega. Naturalmente que hubo comunistas entre los luchadores por la República (lo cual se les debe agradecer por su labor heroica en aquella lucha), y separatistas entre los que defendieron la identidad catalana (como tienen todo el derecho de serlo). Pero la enorme mayoría de los que se les opusieron no fueron ni comunistas, ni masones, ni separatistas. En realidad, defender la identidad catalana no era (ni continúa siéndolo ahora) el deseo de separarse de España. Lo que en realidad defendían los fascistas no era España sino sus intereses de clase, utilizando a España para alcanzar sus fines. Y los números hablan por sí mismos. Cuando la dictadura terminó en 1978, la concentración de renta y propiedad era la más elevada de Europa, y el retraso social, económico y cultural era el mayor en este continente.
Cuarenta años de dictadura y treinta y dos de olvido de nuestra historia, explican la enorme fuerza que aquella visión nacionalista españolista todavía tiene en sectores de la población que ven cualquier defensa de la identidad catalana como un separatismo (actual o potencial), o una defensa de privilegios. Y hoy las derechas (en complicidad con ciertos sectores confusos jacobinos de las izquierdas) están utilizando este anticatalanismo para movilizar un apoyo electoral, dividiendo y rompiendo España. Aunque tanto el PP como UPyD se definen como no nacionalistas (limitando el término nacionalista para definir los nacionalismos periféricos) ambos son profundamente nacionalistas, promoviendo un nacionalismo excluyente y enormemente opresor, heredero del fascismo.
Cataluña es una parte de España que corre el riesgo de perder su identidad, tal como ha ocurrido en Francia, bajo un estado jacobino. Cataluña, para mantener su identidad, debe defender su propia lengua, cultura y símbolos. De ahí que la gran mayoría de la población en Cataluña sea bilingüe, puesto que el gobierno catalán no amenaza al castellano (que continúa siendo mayoritario en Cataluña), sino que defiende el catalán.
Dos últimas observaciones. Creerse que el deseo de recuperar la identidad es un deseo de las élites catalanas, es no conocer la historia de Cataluña. En Cataluña las fuerzas que históricamente defendieron la identidad catalana fueron las izquierdas, las cuales lideraron la lucha antifascista La otra observación es que la movilización en defensa del Estatut no es, en contra de lo que presentan los nacionalistas de ambos lados del Ebro, una muestra del conflicto Cataluña versus España. En realidad la mayoría del Parlamento Español la ha aprobado. Y la mayoría de la población española (68%) aprueba el Estatut. Lo que tenemos es un conflicto, no de Cataluña en contra de España, sino entre las fuerzas democráticas anticentralista que tienen una visión plural de España, y las derechas herederas del fascismo que no renuncian a su visión uniforme de nuestro país.
