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domingo, 6 de septiembre de 2009

Las obras de García Lorca inspiran otras

Visto en: El Plural.es

"Mudanza” muestra al público la vida del poeta basándose en los objetos que lo rodearon

Lorca presente en al Mostra de Venecia

EL PLURAL / ANDALUCÍA

Un emotivo recuerdo al poeta Federico García Lorca planea sobre el Festival Internacional de Cine de Venecia, en el que el director español Pere Portabella presentó hoy su filme "Mudanza", lleno de silencios y de elementos simbólicos en homenaje al literato granadino.

La cinta, de veinte minutos de duración, recoge, con sonido ambiente y sin ningún tipo de diálogo, el traslado de los objetos que alberga la Huerta de San Vicente, residencia de verano de los García Lorca en Granada, para acoger la exposición temporal "Everstill/Siempre todavía" en ese mismo lugar, que es hoy la Casa-Museo Federico García Lorca.

Presentado por el autor y la sobrina del poeta
El filme, que se exhibe dentro de los eventos paralelos de la sección "Orizzonti" y que se proyecta este sábado por primera vez para el público que acude a la Mostra, fue presentado hoy por el propio autor, a quien acompaña en Venecia la sobrina del poeta Laura García Lorca, sensiblemente emocionada con este homenaje.

Homenaje a Lorca
La cinta de Portabella es una película de símbolos y de vacío, de silencio, para conseguir que el espectador alcance su propia interpretación particular de las imágenes y rinda su propio homenaje al poeta.

Más que un retrato audiovisual
Todo en las imágenes de "Mudanza" contiene un significado y un sentido que va más allá del mero retrato audiovisual con movimientos de panorámica y de "steady cam" del traslado de unos objetos que aún hoy siguen emocionando a Laura García Lorca y a su familia.

Símbolos y silencio

De entre todos los símbolos, destaca la ausencia de cualquier diálogo o música, ya que el sonido ambiente es el único acompañante del espectador en este paseo por los recuerdos de uno de los más importantes literatos españoles. Los gritos de unos niños que parecen provenir del jardín de la Huerta de San Vicente o el canto de unos pájaros que se agolpan fuera de la casa serán los introductores del público en este paseo por la residencia de verano, para después dar paso, progresivamente al más absoluto silencio.


Ver también, en El Periódico:

Portabella revive en Venecia el espíritu de García Lorca

  1. El rupturista director catalán presenta fuera de concurso el corto ‘Mudanza’
  2. «Él, Dalí y Buñuel son básicos en el arte contemporáneo», afirma el cineasta
NANDO SALVÀ
VENECIA

Que un hombre de de 79 años sea este año el presidente del jurado de la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia –en ella, después de todo, se da cancha a las últimas tendencias e innovaciones del lenguaje fílmico– tendría guasa de no ser porque ese señor se llama Pere Portabella. Y es no solo una de las figuras claves de la cultura catalana moderna, sino uno de los autores más rupturistas e iconoclastas de la historia del cine español.

«Siempre he tratado de apoyarme en lo que hicieron las vanguardias artísticas y de romper con los códigos aristotélicos de la narración», explicaba ayer Portabella en Venecia. «Lo que más me gratifica como cineasta es captar el silencio, lo que no se dice pero se piensa, lo que no se ve pero está ahí. La imprecisión de los textos es para mí la esencia del arte», añadió en alusión no a su labor como juez en la Mostra, sino a su nueva película, presentada fuera de competición.

Mudanza, cortometraje de 20 minutos, es esencialmente un homenaje al poeta Federico García Lorca. En él se retrata el traslado de los muebles de la casa de la Huerta de San Vicente de Granada (residencia de verano del escritor y su familia hoy convertida en la Casa-Museo Federico García Lorca), para así dejar espacio a la exposición temporal Everstill/Siempre todavía, celebrada el año pasado y en la que participaron Portabella y otros 29 artistas contemporáneos.

Obviamente, en Mudanza los objetos adquieren un importante significado simbólico. «Quería sacar todo el fetichismo de la casa, todo lo que estorba», afirma el director de El puente de Varsovia (1990) y El silencio antes de Bach (2007). «No quería que nada interfiriera en la relación que se crea entre el espectador y la personalidad de Lorca». Reconoce que, para su generación, el granadino ha sido un referente esencial. «Tanto él como Salvador Dalí y, sobre todo, Luis Buñuel, son tres personajes básicos del arte contemporáneo, sobre todo por el modo en que pelearon para reestructurar los códigos».

PERTINAZ LUCHA / El objetivo de la película, aclaraba ayer Portabella ante la atenta mirada de Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la fundación que lleva su nombre, «era dejar al espectador enfrentado al vacío y empujarlo así a hacer su propia interpretación. Como decía Eisenstein, el argumento no está en la película, sino entre esta y la mirada del espectador, que debe ser el encargado de construir la historia a partir de las pistas que desde la pantalla se le ofrecen. Sin embargo, el cine habitualmente hace lo contrario. No deja espacios. Se llena de ruidos que explicitan pensamientos y reflexiones».

Sin duda, es por su pertinaz lucha contra esas convenciones reaccionarias que Portabella, confesó ayer, se siente mejor tratado por el mundo del arte que por el del cine. «Muchísimo más. Y eso que los artistas nunca nos han tomado en serio, siempre han percibido el cine como un mero divertimento. Pero, pese a que utilizo un lenguaje cinematográfico y uso grúas y travelines, perciben que estoy en su territorio».

sábado, 5 de septiembre de 2009

San Sebastiáan: crean una asociación para familiares de víctimas del franquismo.

Gracias a un lector de este blog por avisarme hoy de la siguiente noticia.

Crean en S.Sebastián una asociación de familiares de víctimas del franquismo

EFE , San Sebastián | 04/09/2009 - visto en: ADN.es

La Asociación de Víctimas del Genocidio, de la que forman parte más de sesenta personas, ha sido constituida recientemente en San Sebastián con el objetivo de reconocer a los que fallecieron en la capital guipuzcoana o se exiliaron durante el franquismo y "reconfortar" a sus descendientes.

El historiador y portavoz de esta nueva asociación, Mikel Egaña, ha informado hoy en una rueda de prensa de que los sesenta miembros con los que cuenta esta agrupación son hijos de donostiarras que fueron fusilados entre 1936 y 1937.

Ha explicado que la asociación pretende además que se hagan públicos todos los documentos oficiales con información sobre estos hechos históricos, así como "profundizar en el concepto de justicia" y lograr que los descendientes de estas víctimas se sientan "reconfortados", dado que actualmente "la sociedad está más sensibilizada" con este tipo de asuntos.

Egaña ha lamentado que la sociedad "todavía no ha sido capaz de valorar este genocidio en su justa medida" y ha anunciado que la asociación desarrollará una serie de actos en recuerdo de las víctimas el próximo día 12 al mediodía en la capital guipuzcoana.

El historiador ha recordado que San Sebastián contaba con 80.000 habitantes en 1936, cuando entraron las tropas de Franco en la ciudad, lo que provocó que "más de la mitad de la población" se exiliara hacia Vizcaya y Francia, por lo que únicamente quedaron entre 30.000 y 34.000 habitantes, de los cuales 385 fueron fusilados.

Ha señalado que casi 6.000 "gudaris" y milicianos donostiarras se alistaron en el ejército vasco para defender la república en esos años y 470 de ellos "fallecieron en el campo de batalla".

Otros 776 niños fueron exiliados en septiembre de 1936 hacia Francia, y en los años posteriores se trasladaron a Gran Bretaña, la Unión Soviética, Bélgica, Luxemburgo y Holanda, entre otros destinos.

Ha relatado asimismo que 21 donostiarras exiliados murieron en las cámaras de gas de los campos de exterminio nazis durante la II Guerra Mundial, y en el verano de 1937, cuando la capital guipuzcoana fue asediada por las tropas franquistas, murieron otras 17 personas como consecuencia de los bombardeos.

Ha indicado que en los años posteriores al fin de la guerra murieron 561 donostiarras más que sufrieron condenas de prisión prolongadas hasta 1958.

Egaña ha equiparado estas cifras con las del holocausto nazi que se produjo en poblaciones centroeuropeas durante la II Guerra Mundial y ha justificado así que la denominación de esta nueva Asociación incluya el término "genocidio".

jueves, 3 de septiembre de 2009

"War is Beautiful," de James Neugass

Continuando con el tema de los brigadistas internacionales, empezado con el artículo del 29 de agosto sobre Matti Mattson, incluyo abajo un reportaje extenso en inglés acerca de un manuscrito del brigadista James Neugass, publicado originalmente en 1937 y "exhumado" (en palabras de Dan Kaufman) el año pasado. La memoria perdida (y aquí quiero decir "memoria" en el sentido del género literario) de Neugass se llama War is Beautiful, y a pesar de su título desafortunado (como nota el presente reportaje, es una alusión irónica a los esloganes fascistas), el libro es una crónica de la guerra desde la guerra. Según Kaufman, War is Beautiful nace de un diario mantenido por Neugass -- que como Matt Mattson, era conductor de ambulancias -- e incluye descripciones de la vida cotidiana en la guerra tanto como los horrores de la contienda -- las mutilaciones, el hambre, las matanzas. El libro es de unas 500 páginas, y aunque hubiera rumores que existían en algún lugar las memorias de Neugass, no fue hasta el año 2000 que un librero encontró el manuscrito en el estado de Vermont (Neugass falleció de un infarto en 1949).

Para mí, siendo estadounidense, una de las cosas que más me choca del reportaje es lo que dice sobre el tratamiento de los veteranos del Lincoln por parte de su propio gobierno. Como bien apunta Kaufman, "the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco" ("empezaron los esfuerzos por desdeñar los motivos de los veteranos aún antes de la caída de Barcelona," traducción mía). Presagiando la obsesión por perseguir a comunistas en los años 50, J. Edgar Hoover y el FBI empezaron a perseguir a los veteranos del Lincoln, asegurando que eran "anti-American" y tramando una especie de "revolución" en EE.UU. (ver párrafo 14 del artículo). Como bien se sabe, siempre se recurre a tendencias nacionalistas cuando se percibe una amenaza desde fuera, y en años recientes (la era de Bush hijo), hemos oído mucho de la supuesta falta de patriotismo de los estadounidenses que cuestionaban o protestaban las políticas domésticas y extranjeras del Gobierno. La falta de una banderita de USA en el traje podía verse casi como un acto de traición. Pero volviendo al tema de los brigadistas, tenía que haber sido sumamente difícil volver a Estados Unidos sabiendo que la contienda no se había resuelto, y encima, averiguar que su propio país iba a terminar aliándose con Franco. El reportaje de Kaufman es un estudio sobre la memoria de Neugass, pero también una indagación en el contexto en que fue escrita, y en el que apareció por casualidad, tantos años después.


Artículo de la revista The Nation
Publicado en línea: 12.8.09
Versión impresa: 29.8.09
Autor: Dan Kaufman

La Despedida: A Lost Memoir of the Spanish Civil War

By Dan Kaufman

"Who could see you and not remember you?" Federico García Lorca wrote in 1926, describing the brutality of the Guardia Civil, Spain's paramilitary police, toward his beloved Gypsies. Ten years later, at the onset of the Spanish Civil War, that brutality would be visited upon Lorca when fascist soldiers loyal to Gen. Francisco Franco executed the poet and dumped his body in a fosa común, a mass grave, near Granada. For decades, Lorca's insistence on remembrance clashed with Spain's post-Franco pacto del olvido, or pact of forgetting, an agreement between the government and the army that opened the door to democracy in exchange for a sweeping amnesty of the Franco regime. Recently, however, the pact has shown signs of unraveling. In 2007 Spain's Socialist government enacted the Law of Historical Memory, which for the first time officially acknowledges the victims of Franco's dictatorship. The law also allows anyone with evidence of a mass grave to ask the state for help in unearthing and identifying any human remains found in it. Last October, after a decade-long effort by Spanish human rights groups, the crusading judge Baltasar Garzón ordered the exhumation of nineteen Francoist mass graves, including the one believed to hold Lorca's corpse. Yet more than seventy years after Lorca was killed, the resistance to excavating the country's repressed memory remains fierce; a week after Garzón issued his order, Javier Zaragoza, Spain's chief prosecutor, challenged it on the grounds that the judge lacked jurisdiction. Fearful that the country's Supreme Court would agree with Zaragoza, Garzón tactically withdrew his order, referring it instead to Spain's provincial courts in the hope of keeping the investigation alive.

By chance, around the same time last year an unexpected exhumation of literary remains dating to the Spanish Civil War was completed with the publication of War Is Beautiful, a long-lost memoir by James Neugass, a volunteer ambulance driver during the conflict. The book's publication is remarkable for many reasons, not least the survival of the manuscript. In 2000, more than fifty years after Neugass died of a heart attack in a Greenwich Village subway station and nearly as many years after most of his papers were destroyed in a cellar flood, a book dealer discovered a manuscript of Neugass's in a Vermont bookstore that was believed to have come from the collection of Max Eastman, onetime editor of the influential leftist magazine The Masses. It had most likely been sent to Eastman for review, and in the margins someone, perhaps Eastman, wrote, "The title, 'War is Beautiful,' is a Fascist slogan. If this is naïve and misdirected irony it is very dangerous." Five hundred pages long, an incomplete copy of the typewritten manuscript wound its way to Neugass's son Paul, and then to Peter Carroll and Peter Glazer, historians of American involvement in the conflict. The pair edited the original manuscript, now housed in a university library, and shaped it into the book published last year.

Nearly 3,000 Americans volunteered to defend the democratic Spanish Republic from a military revolt led by Franco, who was aided by Hitler and Mussolini. Shortly after the war began, the US government forbade Americans from entering Spain, so most entered the country illegally, usually by crossing the Pyrenees at night or occasionally by stowing away on small ships that embarked from France. The volunteers formed two American battalions and later became known collectively as the Abraham Lincoln Brigade. A separate, legal organization for aiding the Republic, called the American Medical Bureau, was founded by a New York surgeon named Edward Barsky. (The bureau owed its legality to a State Department exception for groups providing humanitarian aid.) Barsky established base hospitals in churches and monasteries, and set up a mobile medical unit. At its peak strength, Barsky's staff included more than 100 doctors, nurses and drivers. Neugass, a 32-year-old poet who made his living as a fencing instructor, cook, social worker and janitor, arrived in Spain in November 1937 and was assigned to be Barsky's aide and an ambulance driver.

For Neugass, two facts of the war were inescapable: Hitler and Mussolini were providing overt military support for Franco, and the Non-Intervention Agreement signed by the Western democracies, crucially France and Britain, forbade any involvement in the Spanish Civil War, including the sale of arms to the Republic. Italy and Germany were also signatories to the treaty, but they openly defied it: Italy dispatched more than 75,000 professional soldiers to aid Franco, and Germany mobilized pilots and a fleet of ultramodern bombers. (Responding to Germany and Italy's involvement in the war, the Soviet Union sent military equipment and some 3,000 personnel to aid the Republic.) Neugass's mind drifts to those tactical facts repeatedly, even when his immediate problem is commonplace. "The lack of a tire pump can kill a man as easily as the lack of a helmet. I haven't got one of those either. All of them are up at the lines...or should be," he wrote. "The entire country is organized to strengthen the thin thousand mile dam of dugouts, men and munitions which separate not only the Republic but every democratic nation on earth, from fascism." His metaphor proved prescient; five months after the Republic fell, Hitler invaded Poland.

Neugass's memoir, drawn from a contemporaneous diary, follows the haphazard rhythm of the war, moving jaggedly between boredom, fleeting triumphs and terror. Brief, vivid descriptions of daily life, such as an unpalatable dish of bacalao ("tastes like rawhide soaked in glue then boiled in machine oil"), mingle closely with unsentimental depictions of wounded soldiers. "A sniper got Fred Mowbray of New Orleans in the base of the spine," he writes. "Paralyzed from the waist down, urine accumulating in the kidneys, he begged to be catheterized.... He begged for morphine, which could not be given him. Crying all the more pitifully because he was not delirious, Fred was carried out of the ward and evacuated this morning. I hear that spine cases, sooner or later, all die." Neugass sometimes sounds like a world-weary, Popular Front Raymond Chandler. "The clay complexion of death is international," he writes. "What can you do? Go out and make more dead."

Conversant in Spanish and acquainted with Spain from his travels there before the war, Neugass is periodically able to slip out of his American skin and steal a local perspective of the conflict. During a short respite in Mezquita, a small town near the Aragon front, he is invited to join an impoverished family of twelve for dinner. "I was asked to eat," he writes. "When I looked at the size of the single earthenware jug in the fireplace, I answered that I had already had supper.... The mother lifted the crock from the fireplace and emptied a steaming mass of potatoes." The family insisted that Neugass share their food with them: thirteen people ate off a single plate. When they finished the potatoes, the meal was over.

After dinner, Neugass interviews the father of the family, a landless peasant. Neugass asks the man what political party he belongs to. "Soy revolutionario, como todos," he answers. Pressing the point, Neugass asks again to which party he belongs. "De los matafascistas.... I believe in the fascist-killer party," the man answers. "But which party is that?" Neugass asks. "That is every political party," the man replies. "What is communism?" Neugass asks, switching tactics. The man replies hesitatingly, "I don't know...significa, significa...tractors!... And the other parties also...communism, socialism, anarchism...it all means...machines for the land!"

The desperation of the peasant was typical of many who toiled at the bottom of Spain's semifeudal agricultural system. Much of the Spanish countryside was divided into enormous agricultural estates called latifundios, and the estate owners generally considered their workers to be almost indistinguishable from their other property. Between 1918 and 1921 a series of peasant uprisings erupted in southern Spain. Though the army and the Guardia Civil eventually put down the laborers' revolt, sporadic strikes and reprisals continued throughout agrarian Spain. The landowners, anxious to subjugate the peasantry, enthusiastically supported Franco's military revolt against the Republic, which had been trying, with limited success, to introduce land reform and break up the latifundios. Gen. Emilio Mola, an architect of the rebellion, articulated the fascists' method to regain control over the peasants in a martial law proclamation on the second day of the war: "Re-establishing the principle of authority unavoidably demands that punishments be exemplary both in terms of the severity with which they will be imposed and the speed with which they will be carried out."

Neither the landowners nor the fascist troops needed much encouragement. As the British historian Paul Preston details in a profile of Capt. Gonzalo Aguilera, an estate owner and press officer for Franco, the day before Mola's proclamation Aguilera lined up his workers, randomly selected six and publicly shot them as a warning to the others. (Aguilera's actions are not surprising in light of what he told an AP correspondent about the Spanish masses. "They are slave stock," he said. "They are good for nothing but slaves and only when they are used as slaves are they happy.") Near Córdoba, at the beginning of the war, a landowner shot ten of his workers in retribution for every fighting bull the workers had slaughtered for food during a brief collectivization of his estate. Outside Seville, fascist officers made peasants dig their own graves before shooting them. Just before the peasants were murdered, the officers mocked them. "Didn't you ask for a plot of land?" the officers yelled. "Now you're going to have one, and for ever."

Neugass's memoir is particularly important given the growing revisionist tendency in accounts of the Spanish Civil War published in the past decade. Prominent articles by George Packer in The New Yorker and Sam Tanenhaus in Vanity Fair echo the sentiments of George Orwell--who in Homage to Catalonia described the Soviet-backed purge of the revolutionary militia he'd joined, and cautioned that any postwar Republican government was "bound to be Fascistic." Both Packer and Tanenhaus suggest that Spain would have faced a Stalinist future if the Republic had prevailed, and they praise Orwell as a singular prophet. Packer writes that unlike Ernest Hemingway and John Dos Passos, "Orwell kept his bearings, neither turning the war into a stage for his own psychodrama nor wilting under the pressure of ambiguous reality." Tanenhaus's piece, "Innocents Abroad," asserts that the traditional view of the Spanish Civil War as a noble fight against fascism is the "last great myth of the 20th-century left" and that the conflict "brutalized and corrupted the idealistic young American volunteers." Like Packer, Tanenhaus praises Orwell as an exception to "the literary rule" and points out that Homage to Catalonia sold only 700 copies when it was released in Britain in 1938. In their unqualified admiration for Orwell, however, Packer and Tanenhaus slight the cautionary note in Lionel Trilling's introduction to the first American edition of Homage to Catalonia, published in 1952. Orwell, Trilling wrote, "told the truth, and told it in an exemplary way, quietly, simply, with due warning to the reader that it was only one man's truth."

For Packer and Tanenhaus, Orwell's criticisms are backed by a trove of Soviet-held documents (the "Moscow Archives") unearthed after the disintegration of the Soviet Union. Particularly influential in the English-speaking world, and cited in Tanenhaus's piece, is a selection of these documents edited by Ronald Radosh, Mary Habeck and Grigory Sevostianov and published in 2001 under the title Spain Betrayed. This collection, consisting mostly of private communiqués between Russian military and diplomatic officials in Spain and various officials in Moscow, provides an intriguing glimpse into the Soviet involvement in Spain. Interspersed with the documents are commentaries written by the book's editors. The book asserts that the newly discovered documents prove the Soviet Union "sought to take over and run the Spanish economy, government and armed forces in order to make Spain a Soviet possession."

Yet the documents teem with contradictions (sometimes within the same document) and resist such oversimplified conclusions. Revealing too are the documents the editors chose to exclude. As Helen Graham, a British scholar of the Spanish Civil War, points out in a thoughtful review of Spain Betrayed, the editors include only one document from 1939, when a military rebellion against the Socialist prime minister revealed how little the Soviets actually controlled the army and government of Spain. (Material from the Moscow Archives relating to this late rebellion was published in 1999 by two Spanish academics, Antonio Elorza and Marta Bizcarrando.) Graham is baffled by the lack of any context in the editors' commentary. "Professor Radosh and his co-editors leave entirely out of account the broader picture of Republican Spain at war," she writes. "It is as if they see it as a blank screen waiting to be written on by Soviet and Comintern players."

In his Vanity Fair article, Tanenhaus writes that several Lincoln deserters, whose names disappear from the Moscow Archives, faced "potential death sentences." But as Peter Carroll, Neugass's editor and the author of a scholarly history of the Lincoln Brigade, notes in a pointed essay called "The Myth of the Moscow Archives," there can be a vast difference between potential and actual. One of the men whom Tanenhaus suspects might have been shot, an African-American soldier named Edward Carter, returned to the United States after fighting in Spain. Carter served in the US Army in World War II and was posthumously awarded the Congressional Medal of Honor by President Clinton. Carroll, who was one of the first researchers to view the Moscow Archives, stresses the need for skepticism and rigor when drawing on the archives' documents: "Reports sent to the Kremlin by Soviet generals can hardly be taken at face value or treated as statements of policy without considering that reporters serving under Stalin would, to put it mildly, attempt to place themselves in the best light."

The recollections of the surviving Lincoln veterans, who now number only a couple dozen, are the most poignant reminders of the need to heed Trilling's warning. George Sossenko, a 90-year-old vet who fought in the anarchist Sébastien Faure Century and was later adopted by the Lincolns, recently told me, "The Soviet Union, with some assistance from Mexico, was the only country which helped the Spanish Republic. They put a lot of money in it. No need to say that they didn't want to have on their side other ideological groups competing with them." At the same time, Sossenko feels that the divisions in the Republic were overemphasized and varied widely. He mentioned his anarchist militia as an example: "I was on the Aragon front with Durruti's army [Buenaventura Durruti, the Spanish anarchist leader], and very often we received Russian supplies and weapons." Sossenko, like Neugass, believes that the focus on the left's infighting is meant only to obscure the larger betrayal of Republican Spain by the Western democracies.

Jim Benet, a 95-year-old ambulance driver with the Lincolns and a former editor and reporter at The New Republic, was particularly unimpressed with Orwell's account. "In the first place he was terribly arrogant," Benet told me. "He wanted it to be about a different thing than it was." Benet feels that Orwell, who understood little Spanish, was missing a key part of the story. ("When I came to Spain, and for some time afterwards, I was not only uninterested in the political situation but unaware of it. I knew there was a war on, but I had no notion what kind of a war," Orwell admits in Homage to Catalonia.) "I think the people who were connecting it only with the Russians and Stalin were overreaching," Benet said. "It did seem to us at the time that basically this was a Spanish thing, and of course people took sides. The Russians took sides and the Germans took sides, but basically it was a Spanish conflict."

Still, some of the vets were strongly critical of the Soviet presence in Spain. Maynard Goldstein, a 95-year-old Lincoln volunteer and likely the last American survivor of Jarama, the brigade's first battle, worked closely with the Soviets after he was promoted to intelligence officer. "Our problems were the Russian system of government, of military operation," he told me. "I got into fights with the Russians." After the civil war ended, Goldstein planned to spy on the Nazis in Belgium for the Soviets. He returned to New York and awaited contact from Moscow, but after a year with no word he gave up; instead he became involved in the Communist Party in the Bronx before breaking with the party in 1948 over Tito. Despite his criticism of the Soviets, however, Goldstein doesn't blame them for the Republic's loss. "The fascists were the professional soldiers," he said. "Did we have any great battles? No. It was a question of holding the lines, and that wasn't easy."

Other volunteers, like Neugass, embraced a nonideological, though fierce, antifascism. Neugass describes a scene on the Córdoba front where a group of Lincoln soldiers were attacked at night and forced to withdraw to the next hill, leaving behind several wounded men. Before morning, as the Lincolns were approaching the hill, they saw large fires burning. The wounded Americans were being burned alive. "Not only were there no fascist wounded brought in that night," Neugass writes, "but no prisoners were taken."

Despite those brief moments, Neugass wasn't prone to vengeance. "I am a poor hater of people and a great hater of ideas," he writes. Toward the end of his service in Spain, he describes a moment that sheds light on the meaning of the title he gave his manuscript. In a relatively unscathed village near Segura de los Baños, the site of one of the Republic's last-ditch counter-offensives, Neugass manages to buy 250 extremely scarce eggs for the wounded men and the hospital staff. Besides the Republican wounded, the hospital had taken in an injured, delusional fascist prisoner whose hunger complicated the delicate question of distributing the eggs:

A great change came over the fascist this morning. Sana [a nurse] had soft-boiled a quantity of eggs for the patients. As she worked down the ward, carefully feeding liquid gold into the mouths of each man, I wondered what she would do when she got to the fascist. The sheet had come down from his face and he was for once quiet. The eyes of even the half-conscious were on him and on Sana. Would he be fed?... The fascist should be given an egg although the other wounded in the ward look at him as if he were the one who shot them, and perhaps he was.... With the entire ward looking at her, Sana held the fascist head-case in her arms and fed him two soft-boiled eggs. She is not Mary Magdalen and he is not Christ. If this is religion, then I am religious.

Like Guernica, Segura endured a massive, unanswered aerial bombardment, another casualty of the Republic's outmatched forces. Barsky ordered Neugass and other members of the medical team to exhume civilian bodies from the ruins to prevent an outbreak of the plague. While sifting through the rubble, Neugass saw a farmer and his wife kneeling on the floor, staring at their bloodstained infant child. "The child had been suffocated," he writes. "Major B.'s [Barsky] hands can do many things but they cannot repair death. Remembering his first and useless instructions, the mother again and again breathed into the lips of what had been her daughter." Within a month, after a harrowing retreat through fascist territory in which he was nearly killed, the exhausted and emotionally drained Neugass decided to return home to "write what I had seen in Spain."

Two years ago, in the New York Sun, Ronald Radosh disputed that the Lincoln veterans went to Spain to save its democracy. "The kind of republic the volunteers sought was a prototype of what the Soviet Union created at the end of World War II," he wrote. But the effort to disparage the vets' motives began even before Barcelona fell to Franco. In January 1938, FBI director J. Edgar Hoover wrote to FDR's attorney general, Homer Cummings, detailing the warnings of a confidential source regarding the volunteers. According to Hoover, the source told him that the Communist Party was sending men to Spain "to train such individuals in the art of military science so that they can be returned to the United States to lead the vanguard of the revolution in this country." Hoover concluded by urging Cummings to inform Roosevelt of this secret plot.

After the war, the Lincoln veterans were labeled "premature antifascists" by the US military and Hoover's FBI, and countless vets were harassed at work or at home by FBI agents. In the early '40s Edward Barsky started an organization aimed at aiding the hundreds of thousands of Republican refugees who were living in concentration camps in southern France. At the time, the United States was anxious to solidify its bond with the anticommunist Franco. Barsky was called to testify before the House Un-American Activities Committee, but he refused to comply with the subpoena, partly on the grounds that the hearing could expose the names of the refugees. In 1947 Congress held Barsky in contempt; after a series of court battles he was sentenced to six months in prison (he served five) and temporarily stripped of his medical license. The Supreme Court upheld the sentence in an 8-1 decision.

For the Republican refugees, the Supreme Court's ruling was simply a continuation of the West's abandonment of the Spanish Republic. A German officer with the International Brigades described the scene of the refugees' arrival at the French border:

That afternoon the Republican troops came. They were received as though they were tramps.... The Spaniards were asked what was in the haversacks...and demanded that they should be opened. The Spaniards did not understand. Until the last moment they persisted in the tragic error of believing in international solidarity.... The dirty road on which the disarmed men stood was not merely the frontier between two countries, it was an abyss between two worlds. Under the eyes of the Prefect and the generals, the men of the Garde Mobile took away the bags and bundles containing the Spaniards' personal belongings and emptied their contents into a ditch filled with chloride of lime. I have never seen such anger and helplessness as those of the Spaniards. They stood as though turned to stone, and they did not understand.

For the vets it was difficult to leave Spain to the ravages of Franco. Garzón's judicial order accuses Franco and thirty-four accomplices of the disappearance and systematic killing of more than 114,000 people between 1936 and 1952, many of them interred like Lorca in fosas comunes. Franco also sent an estimated 1 million political prisoners to jails, concentration camps or to work on forced labor battalions. Like Neugass, Matti Mattson, a 92-year-old former ambulance driver with the Lincolns, knew it was just the beginning. "We said, Just wait, there's another one coming," Mattson told me recently. Mattson left Spain in November 1938, when all the International Brigades were sent home. "It was very tough because the war was still going on and the prime minister decided if he sends us home maybe the Italians and the Germans will be sent home as well," Mattson said. "We had lost a lot of territory and retreated all the way in the Aragon. Republican Spain had been severed in two parts." On April 1, 1939, Franco announced the end of military hostilities. The same day, the United States, which like the other Western democracies remained neutral during the war, recognized Franco's government.

Last October, around the time of the publication of War Is Beautiful, Mattson returned to Barcelona for the seventieth anniversary of his departure, the day the Republic called La Despedida, the farewell. At his small, tasteful apartment in Brooklyn, he showed me one tangible provision of the Law of Historical Memory, an application for Spanish citizenship offered by the Spanish government to all surviving members of the International Brigades. But Mattson's eyes glowed much brighter when he recalled La Despedida: how the International Brigades marched on the Diagonal through the city and how he heard La Pasionaria's famous speech urging the volunteers to come back "when the olive tree of peace is in flower." He recalled it all with extraordinary vividness, especially the gratitude of the Spanish people for the precious gift of solidarity. "I never saw anything like it," he said. "People lined up on the sidewalks. All the balconies were full and the windows were full and women had flowers--they'd come running out and give you flowers. After a while there were so many flowers that you couldn't take any more--the flowers were all over the street. It was paved with flowers."

About Dan Kaufman

Dan Kaufman, a musician and writer living in Brooklyn, has written about the Abraham Lincoln Brigade for the New York Times and the New York Observer.

martes, 1 de septiembre de 2009

España y la justicia en otros países

Con motivo del primer aniversario de este blog hace unas semanas, dije que empezaría a "colgar" posts bilingües de vez en cuando, con el fin de ayudar a difundir mejor en este lado del charco las noticias que salen en España con respecto al tema de la recuperación de la memoria histórica. En los últimos días el profesor, investigador y bloguero Miguel Angel Rodríguez Arias ha trabajado sin parar, publicando artículos poderosos e insertando vídeos relevantes en su blog "El país de los niños perdidos" en que reclama la situación de los desaparecidos. Muchas veces Rodríguez Arias -- y no ha sido el único para hacer estas comparaciones -- cita el caso de desaparecidos en otros países, como la Argentina, y contempla cómo otras posdictaduras han intentado reparar sus pasados traumáticos históricos. Como comenta el artículo de abajo, España es "la única que deja impunes los crímenes de una dictadura."

In honor of the first anniversary of this blog a few weeks ago, I said I would begin to make bilingual posts from time to time, in order to help better spread, from this side of the pond, the news coming out in Spain with regard to the "recovery of historical memory." In recent days, the professor, researcher and blogger Miguel Angel Rodríguez Arias has worked nonstop on his blog "The Country of Lost Children," where he has published powerful articles and embedded relevant videos protesting against the situation of the "disappeared." Often Rodríguez Arias -- and he has not been the only one to draw such comparisons -- cites the case of the "disappeared" in other countries, such as Argentina, and considers how such post-dictatorships have tried to heal their traumatic historic pasts. As the article below states, Spain is "the only country in which the crimes of a dictatorship have gone unpunished."


De: Público.es

La justicia internacional saca los colores a España

La justicia española es la única que deja impunes los crímenes de una dictadura. Argentina, Chile, Brasil o Alemania marcan la vía jurídica para investigar las desapariciones forzadas

DIEGO BARCALA / ERIK LÓPEZ - MADRID - 01/09/2009 04:00

El terrorismo de Estado produce investigaciones judiciales en Brasil. La dictadura argentina cumple condena. Augusto Pinochet murió en Chile acosado por los jueces. Y Alemania acaba de anular las sentencias de los tribunales militares nazis. En cambio, para la justicia española, Franco y sus generales no cometieron ninguno de esos crímenes.

Sólo el magistrado que desató en 1998 el proceso a Pinochet, Baltasar Garzón, hizo el año pasado un intento fallido de juzgar al frasquismo. En su instrucción, registró 114.000 desapariciones forzadas. Los familiares de las víctimas, juristas y ONG de prestigio e incluso la ONU reclaman a España que juzgue su pasado.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica reclamó el pasado domingo, día internacional de los desaparecidos, que España cumpla con lo firmado en 1992 en la Asamblea General de la ONU: "Los Estados actuarán (...) para contribuir por todos los medios a prevenir y a eliminar las desapariciones forzosas". La ONU, a través del grupo de trabajo sobre las desapariciones forzadas, se lo ha pedido sin éxito desde 2005, según reclama Amnistía Internacional.

El magistrado emérito del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, explica porqué el Gobierno o los jueces deben colaborar en la investigación de las fosas: "Cuando escucho hablar, por ejemplo, de la fosa de Lorca veo la necesidad de recordar que son asesinatos extrajudiciales. Por tanto, los jueces que no investiguen podrían estar prevaricando al incumplir la ley actual de Enjuiciamiento Criminal, que exige al juez que reconozca los cadáveres y si luego decide que el caso ha prescrito, lo hará a posteriori".

"Inhumano y cruel"

El investigador de Derecho internacional de la Universidad de Castilla-La Mancha Miguel Ángel Rodríguez Arias añade que "el Gobierno viola los derechos humanos de los familiares de las víctimas al no investigar". "Es inhumano y cruel que se torture a las familias de estas víctimas que quieren saber donde están enterrados sus seres queridos", agrega.

Rodríguez Arias cree que, tras el portazo a Garzón en la Audiencia Nacional, la única opción de los familiares es acudir "a buscar justicia fuera de España, en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos".

Los argumentos que han impedido hasta ahora investigar el franquismo tienen dos bases: los crímenes han prescrito y la Ley de Amnistia de 1979 elimina la búsqueda de culpables. Sin embargo, la jurisprudencia internacional destruye ambos conceptos.

En 2003, la Corte Suprema de Argentina anuló el perdón legal de los militares. Los juicios se reabrieron y el propio dictador Jorge Videla será juzgado en los próximos días por la desaparición de 32 presos políticos en 1976.

La justicia argentina anuló por "inconstitucional" las leyes creadas por la dictadura para evitar a la justicia.

En 1979, seis años antes de la llegada de la democracia a Brasil, la dictadura aprobó una ley de amnistía que permitió el retorno de exiliados y la liberación de presos políticos. Los culpables del asesinato de 383 presos políticos se escudaron en esa misma ley para quedar impunes.

La Justicia brasileña actual ha decidido reabrir la investigación para que los crímenes no queden impunes.

La ley de Amnistía española fue aprobada en 1979, pese a que dos años antes España firmó en la ONU tratados de protección de derechos humanos que exigían la investigación de la represión política. "Sin embargo, algunos sostienen que la ley de Amnistía es lo más grandioso de la Transición", sentencia Martín Pallín.

Por su parte, Rodríguez Arias insiste en que "los crímenes contra la humanidad no prescriben. Otra cosa es que luego cumplan sus penas. Además, según el investigador, no sólo se trata de delitos cometidos en el fragor de la Guerra Civil, sino "de prácticas que se prolongaron durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, como fue el robo de bebés por parte del Estado".

No obstante, Rodríguez Arias considera que "estos crímenes no fueron, sino que son", ya que sus víctimas aun sufren las consecuencias.


lunes, 31 de agosto de 2009

La literatura y el franquismo - artículos accesibles en PDF

La revista Anales de Literatura Española (Universidad de Alicante) publica el siguiente número titulado "La memoria literaria del franquismo." Los artículos están disponibles para leer en PDF aquí.

Sumario

José Paulino Ayuso: «Los dramas de la conciencia y la memoria».

Francisco Caudet: «¿Será ya todo silencio?».

Francisco Gutiérrez Carbajo: «La memoria de Julio Diamante».

Joaquín Juan Penalva: «Diario y Los cuadernos de Segovia: La memoria póstuma de Luis Felipe Vivanco».

Juan José Lanz: «La memoria y su silencio: Descripción de la mentira (1977), de Antonio Gamoneda, y la memoria callada del franquismo y de la transición».

***

Ermitas Penas: «La vigencia de la novela de aprendizaje: un análisis de Carreteras secundarias, de Martínez de Pisón y El viento de la luna, de Muñoz Molina».

Eduardo Pérez-Rasilla: «La memoria histórica de la posguerra en el teatro de la transición. La generación de 1982».

Juan A. Ríos Carratalá: «El paraíso ibicenco y Rafael Azcona».

José Romera Castillo: «La memoria histórica de algunas mujeres antifranquistas».

Gregorio Torres-Nebrera: «Imágenes fílmicas de la España del franquismo».

Rafael Utrera Macías: «Raza, novela de Jaime Andrade, seudónimo de Francisco Franco».

lunes, 24 de agosto de 2009

"El Gobierno pedirá a Garzón los documentos sobre el franquismo"


El Gobierno pedirá a Garzón los documentos sobre el franquismo


El Archivo de Salamanca acogerá los 'papeles' más valiosos

EL PAÍS / EP - Madrid
EL PAÍS - España - 24-08-2009

El Gobierno va a solicitar al magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón que los documentos con valor histórico relativos a la investigación que el juez inició el año pasado sobre las víctimas y represaliados de la Guerra Civil y del franquismo sean trasladados al Centro Documental de la Memoria de Salamanca. Así figura en una respuesta parlamentaria enviada por el Ejecutivo el pasado 23 de julio al diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, quien preguntó si el Gobierno había previsto archivar aquellas notas de interés nacional recabadas por el juez durante la instrucción del sumario.

El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero recuerda a Llamazares que la documentación que manejó el juez Garzón "está incorporada a un proceso judicial en curso y, por lo tanto, no se encuentra disponible".

A renglón seguido, anuncia que "una vez concluido el proceso, [la Administración] solicitará al órgano judicial el desglose de los documentos con valor histórico con el fin de que puedan ser remitidos al Centro Documental de la Memoria o a otros archivos con competencia en la materia".

El problema es que no está claro cuándo estará "concluido" ese proceso judicial, porque Garzón se inhibió del caso en favor de 62 juzgados territoriales el pasado noviembre, días antes de que la Audiencia Nacional le declarase incompetente para juzgar los crímenes del franquismo. Los juzgados territoriales tienen que decidir si asumen o no ese caso: unos lo han hecho ya, otros quizá no lo hagan nunca. El Gobierno, en su respuesta a Izquierda Unida, no aclara cuándo daría el proceso judicial por "concluido".

La investigación sobre los represaliados durante la Guerra Civil y la dictadura franquista fue iniciada por Baltasar Garzón el 1 de septiembre de 2008 a partir de las denuncias presentadas por diversas asociaciones de recuperación de la memoria histórica.

Una de las primeras medidas adoptadas por el juez de la Audiencia Nacional hace casi un año fue ordenar la elaboración de un censo sobre los desaparecidos en la guerra y en la dictadura posterior. Ese listado, completo o no, podría poseer el "valor histórico" al que se refiere el Gobierno, pero eso aún no está determinado. Según las asociaciones de familiares de víctimas, el censo contendría referencias de aproximadamente 150.000 represaliados.

En el auto del 16 de octubre en el que Garzón se declaró competente para investigar los hechos, el juez eximió de cualquier responsabilidad sobre estos crímenes a casi 40 altos mandos del régimen franquista, comenzando por Francisco Franco. También exculpó a generales como Mola, Yagüe o Queipo de Llano. El magistrado alegó que todos ellos habían fallecido -pidió las actas de defunción- y que su culpabilidad, de existir, ya estaría prescrita.

Finalmente, Baltasar Garzón se inhibió el pasado 18 de noviembre en favor de los juzgados territoriales. El 29 de ese mes, la Audiencia impuso el veto a la investigación del golpe franquista. La fiscalía de la Audiencia Nacional, que dirige Javier Zaragoza, defendió desde el principio que la Audiencia Nacional no era el órgano competente para entender de estos hechos.

La lista del juez

- Las asociaciones para la recuperación de la memoria y algunos ayuntamientos y comunidades autónomas entregaron al juez Garzón, al abrir éste el sumario, toda su documentación sobre las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura.

- Inicialmente, el historiador Santos Juliá dio una cifra mínima de 90.000 desaparecidos. En menos de un mes, el listado llegó a casi 150.000. Esto convierte a España en uno de los países con mayor número de desaparecidos del mundo.

- El censo, detallado en el auto de Garzón antes de ser inhabilitado para investigar el golpe de Franco, fue definido por el historiador Ian Gibson como "escalofriante".

"Una tarea de todos que no debe demorarse más"

Las enseñanzas de Antígona

Gustavo Martín Garzo
EL PAÍS - Opinión - 24-08-2009

Los montes Torozos son las únicas elevaciones en la inmensa llanura de Tierra de Campos. Durante la Guerra Civil, especialmente durante el terrible verano de 1936, se convirtieron en un cementerio improvisado. Era allí, aprovechando sus cortes y vaguadas, donde grupos de falangistas conducían diariamente a sus rivales políticos y, tras matarles con frialdad, los enterraban entre carrascas, quejigos y encinas. En estos montes se concentra el mayor número de fosas comunes de la provincia de Valladolid.

No fueron meros ajustes de cuentas, sino asesinatos perfectamente organizados cuyo objetivo era el exterminio "planificado, sistemático y generalizado de todo el tejido asociativo y las corporaciones municipales de la Segunda República". Asesinatos consentidos y apoyados por las nuevas autoridades, tan crueles como innecesarios, pues no hubo en la zona ni un conato de resistencia. Las patrullas de falangistas recorrían los pueblos de los alrededores y se llevaban a hombres, muchachos y, en algún caso, mujeres, con la obscena impunidad del que acude a los puestos de la feria a elegir el ganado para el matadero.

Es difícil saber la cifra total de los asesinados, pero la Asociación para la Memoria Histórica habla de unos 2.000, lo que en una zona escasamente poblada es una cifra estremecedora. Un informante que ha vivido en estos montes toda su vida recuerda a su padre comentando que llegaban camiones con más de 20 personas cada noche. Sólo en Medina de Rioseco, la capital de la comarca, un pueblo con una importante tradición sindical y republicana, mataron alrededor de 200 personas.

Todos los años, en un lugar de los montes Torozos, situado junto a Peñaflor de Hornija, a unos 20 kilómetros de Valladolid, se reúnen familiares y amigos para recordar lo que pasó. Es una ceremonia sencilla y emocionante, en que se leen poemas y testimonios personales ante un monumento improvisado con dos vigas de tren.

Este año acudió Sabina de la Cruz, viuda del poeta Blas de Otero. Su familia procede de Cuenca de Campos, un pueblo cercano, y su padre es uno de los desaparecidos. Vivía en Bilbao pero quiso la mala suerte que regresara a su pueblo ese verano para visitar a su familia y aprovecharan para matarle. En los años sesenta, ella y Blas de Otero se acercaron a estos montes tratando de encontrar algún indicio de su fosa, pero nadie quiso hablar con ellos. "Allí no había nada" se dice en el poema estremecedor que ella escribiría a su regreso. "Ni una tumba que Miguel diga dulcísima, / ni esa brizna de hierba que refresca / los huesos de los muertos". Los muertos del bando nacional figuran en placas expuestas a laentrada de las iglesias, pero estos otros no tienen derecho ni siquiera a que se pronuncien sus nombres. Sorprende el silencio de las autoridades y, en general, de la sociedad vallisoletana, que consiente estas manifestaciones anuales como si se tratara de reuniones nostálgicas de ancianos que rememoran tristes batallas de juventud. Y sorprende sobre todo el silencio de la Iglesia, para quien enterrar dignamente a los muertos es una de las tareas esenciales de su credo. Y digo que sorprende porque la mayoría de los asesinados eran creyentes y sin duda habrían deseado para sí mismos un entierro con los rezos, las bendiciones y el amor de sus sacerdotes.

Han pasado 70 años y es más necesario que nunca hablar de todo esto. Los familiares más directos de los desaparecidos son ya muy ancianos, y dentro de poco no quedará nadie que los recuerde. Interesarse por ellos es un acto con un profundo significado cívico, pues a un crimen político se ha respondido con un crimen ontológico. "Los desaparecidos -ha escrito George Steiner- son nuestra memoria. Un mal que existe en nuestros cuerpos personales, una huella con la que vivimos y que ninguna justicia puede borrar. Deuda impagable, sin compensación posible. Así trabaja la memoria, como una marca con la que debemos vivir, como una terrible elección. El desaparecido dejaría de ser si la memoria de los desaparecidos dejara de existir". Y añade: "Si lo que sucedió no se reconoce, entonces no tiene más remedio que seguir ocurriendo siempre, en un eterno retorno".

Somos lo que recordamos. Si al hombre le privaran de memoria perdería su humanidad. Gracias a la memoria no sólo vivimos nuestra vida sino la de los demás. La cultura es memoria. Las bibliotecas, los museos, los monumentos el pasado, son construcciones de la memoria. En ellos se guardan las huellas de los hechos y las vidas de los que nos precedieron, lo que nos permite dialogar con ellos y burlar a la muerte. Todos los seres queridos que desaparecen, siguen viviendo en los relatos de quienes les sobreviven. La memoria es "lo más necesario de la vida". Sin embargo, en muchas cunetas y vaguadas de España aún yacen enterrados sin identificar decenas de hombres y mujeres que fueron asesinados vilmente durante la Guerra Civil. Reconocerlo no es un acto caprichoso ni irresponsable. No se trata de ajustar cuentas con el pasado, sólo de ocuparnos de estos miembros de nuestra comunidad como desearíamos que se ocuparan de nosotros.

Antígona fue condenada a muerte por querer enterrar a su hermano, abandonado al arbitrio de los perros y los cuervos por orden del rey de Tebas.

Cuidar a nuestros muertos, nos enseña Antígona, es integrar su muerte en la vida. Es un acto de amor, tender ese lazo posible y deseado entre seres que se pertenecen y que se ven unos a otros como seres humanos. Los que fueron enterrados sin amor ni lágrimas, fueron deshumanizados por este acto. Recordarles es devolverles la humanidad que se les negó.

Es esto lo que significa la historia del zamorano Venancio Prieto. Su padre fue asesinado en agosto del 36 con otros del pueblo. Dejó mujer y cinco hijos muy pequeños. No tenían para comer y Venancio, que sólo tenía seis años, iba a pedir pan y manojos de leña por las casas. Cuando le preguntaban de quién era él, contestaba candorosamente: "De Medero, el que mataron".

Tiene razón Almodóvar, hay muchos tipos de familia. Por ejemplo, la de ese niño y su padre asesinado por los fascistas; o las de todos los que aún se empeñan en buscar a los seres que perdieron una noche aciaga de hace 70 años. Una familia es un grupo de personas que cuida de un pequeño ser, ha dicho Pedro Almodóvar. Seres pequeños son los niños, pero también los muertos que amamos. No hay nadie más insignificante ni más necesitado que ellos, pues basta que dejemos de recordarlos para que desaparezcan para siempre.

Sorprende que en este país, donde hay tantos defensores de la familia, se olviden de familias tan ejemplares y fieles. Frente a la crueldad de los que una noche entraron en sus casas para privarles de lo que amaban, ellas siguen pronunciando a solas los nombres de esos pequeños seres que son sus muertos. Quieren tomarles de la mano y conducirles, como a niños maltratados, a un país justo donde puedan encontrar el respeto y la ternura que se les negó. Ayudarles en esa tarea es una obligación no sólo política sino moral. Una tarea de todos que no debe demorarse más.

sábado, 15 de agosto de 2009

Documental sobre Enric Marco

En el contexto del Holocausto ha habido casos de impositores de víctimas de los campos de concentración. Uno que se me viene a la cabeza es el de Binjamin Wilkomorski, que fingía ser un superviviente de los campos nazis, y escribió sus memorias, luego descubiertas como falsas en los años 90. En España también hubo un caso parecido, cuando en 2005 fue revelado que Enric Marco, líder de la asociación Amical de Mauthausen, había inventado un pasado horroroso en que había sufrido por el campo de concentración Flossenberg (ver artículo en El Mundo).

Ich Bin Enric Marco es una nueva película documental de Santiago Fillol y Lucas Vermal que recupera a la figura de Enric Marco y lo acompaña a Alemania. Según la nota de los directores en la web del film, "[n]o juzgar al protagonista era necesario desde nuestra perspectiva para captar su frágil condición de protagonista/narrador de dos historias igualmente determinantes, la verdadera y la falsa o, si se quiere, la vieja y la nueva."

Sinposis (de Film Affinity): "Enric Marco, ex presidente de la asociación de deportados más importante de España, se embarca en un viaje a Alemania, un desmitificador trayecto hacia su pasado. Dos años antes, un historiador demostró que Marco no fue el miembro de la resistencia que decía ser y que había inventado las historias que estuvo contando en televisión sobre su experiencia en los campos de concentración. Ahora, Marco sigue la ruta de su viaje en tren de 1941 como parte de un convoy de trabajadores mandados por Franco a Hitler."

Para leer más sobre esta película, ver "El hombre que nunca estuvo allí," en El Periódico de Catalunya y "El caradura 6.448," en La Provincia.

Reseña en Blogs & Docs

viernes, 14 de agosto de 2009

Fotos de la guerra

De: El Periódico

Masacre en Coma-ruga

El reportero escribió sobre la mujer que aparece en esta foto de la huida de Tarragona: «Solo caminaba a ciegas alrededor de su carro»

ERNEST ALÓS
BARCELONA

Una mujer, atónita, da vueltas en torno a su carro. Los aviones, quién sabe si alemanes o italianos, han ametrallado la columna de civiles que huían de Tarragona, en dirección a Barcelona. Las dos mulas que tiraban de su carro yacen reventadas en el suelo. También, en medio de un charco de sangre , su perro. Se agacha y lo toca, a ver si responde. El resto de la columna ha reemprendido la marcha. La mujer no sabe qué hacer. Todo esto sucedió el 15 de enero de 1939 y las imágenes de Robert Capa se publicaron en el semanario ilustrado Picture Post con el título Tragedy of Spain. «No era capaz de hacerse a la idea de lo que había sucedido. Solo caminaba a ciegas alrededor de su carro», escribió el fotógrafo. Militante, añadió: «¿No hay nadie que pueda parar esto?»


«Por encima de ellos están los aviones enemigos, y en terreno abierto no hay protección posible. Todos los que están en la carretera están en manos del destino, que juega con su vida y con su muerte. A veces los aviones descienden y disparan sus ametralladoras contra la procesión, matando a personas y animales. Entonces la caravana se detiene durante unos minutos, pero pronto reemprende su marcha. El sentimiento de terror parece desvanecerse y lo sustituye el estoicismo con el que la mayoría de estas personas conlleva su destino», escribe en sus notas el Capa periodista, cuyo trabajo literario aún debería ser redescubierto.

Quizá después de la fotografía del miliciano caído en Córdoba, ningún otro reportaje fotográfico haya sido escrutado tan intensamente como el que documenta la expedición que Robert Capa, Herbert Matthews, O’Dowd Gallagher, Frank Smothers y Henry Buckley hicieron ese día hasta una Tarragona a punto de caer y luego de vuelta hasta Barcelona, bajo las balas de la aviación enemiga que no distinguían objetivos civiles o militares.

EL LUGAR EXACTO / Después de años de trabajo, Carles Querol ha conseguido identificar el lugar exacto de casi todo el centenar largo de imágenes de Capa: la Rambla Nova de Tarragona, el paso a nivel de El Vendrell, diversos tramos de la N-340, el palacio Cal Batet de L’Arboç, la Ràpita… La N-340 (ida) y las Costes del Garraf (vuelta) han cambiado tan poco que, en algunos casos, los postes de electricidad siguen siendo los mismos que en 1939, y entonces ya tenían unos años.

El trabajo de Querol se ha convertido en un libro, Tragèdia republicana al final de la guerra civil española, que tras el reciente boom Capa puede encontrarse por primera vez en todas las grandes librerías de Barcelona y en una exposición itinerante por las comarcas de Tarragona: casi cada presentación ha brindado una sorpresa. La identificación de una familia de campesinos, el redescubrimiento del fondo fotográfico de Henry Buckley en Sitges… En el Vendrell, una mujer reconoció la casa de su familia en la fotografía de la mujer y el carro ametrallado.

Se trata del Hostal del Garrofer, una antigua posta a pie de la carretera en ruinas desde los años 20, situada en Els Masos de Coma-ruga, 25 kilómetros al norte de Tarragona. Un dibujo de Lluís Brunet muestra la carretera y el hostal antes de su ruina. La ruina del paisaje llegó más tarde: hoy, en el lugar del drama, pasan coches a toda velocidad frente a una tienda de náutica y un club de carretera donde quizá trabajen otro tipo de refugiadas de otras tierras.

El uso excesivo de la palabra "dictadura"

Hace poco en este blog escribí de la presencia de términos relacionados con la dictadura - "estado policial" (María Dolores de Cospedal), "franquista" (Eduardo Madina) -- en el discurso político actual, sobre todo cuando se quiere acusar a políticos del campo opuesto de no cumplir con sus puestos, y cuando el partido de uno está bajo la lupa. A veces el uso de esta terminología es implícita, otras, más explícita, pero no se puede negar que está allí. Llamarle a alguien "franquista" o insinuar que alguien es "dictador/a" se ha vuelto común en la sociedad de hoy --- son insultos fáciles de soltar, y casi nunca se analizan profundamente. La proliferación de términos así, una vez cargados de significado, ha resultado en su banalización total. Lo interesante es que ahora sea la derecha que no se corta, llamándole a Zapatero "dictador" en un intento más para desviar la atención mediática del público más allá de los problemas del PP. Aquí pongo unos ejemplos, sacados de las noticias de esta semana pasada.

1. Arenas sube la tensión y sostiene que España sufre una dictadura

En este artículo, Javier Arenas, el vicesecretario de Política Autonómica del PP, explica que "solamente en las dictaduras, en los regímenes no democráticos se persigue a la oposición con policías y fiscales" (subrayado mío). Otra vez, se le acusa a ZP de "estar atentando contra el espíritu de la Transición." La memoria sagrada de la Transición y sus padres fundadores se cita para recordar a la gente, otra vez, de una "democracia [que] está en peligro" (en palabras de Cospedal el otro día, "en grave riesgo")

fuente: Público
fecha: 12.8.09




2. Mato: 'Zapatero es la persona más dictatorial del mundo'

fuente: Público (publicado originalmente en Europa Press)
fecha: 14.8.09


Como reza el título. Para Mato, Zapatero "se ha apropiado del poder y parece que tiene un poder absoluto sobre todo".

En Estados Unidos hay los que se empeñan en categorizarle a Obama como "fascista" e incluso "nazi." Por supuesto en la era de Bush había quienes le llamaban "fascista" también. Pero me pregunto cómo será oír tales palabras -- en boca del PP o del PSOE -- en un país que realmente sufrió una dictadura. ¿Tendrán aún más peso lingüístico? ¿O es que no importan para nada, porque han perdido casi todo su valor? Me interesa saber qué opináis, así que por favor, no dudéis en comentar aquí este asunto.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Roxana Ferlini, antropóloga forense: sobre las fosas comunes

"Los familiares que reclaman a los difuntos son personas mayores"

Una forense destaca la urgencia de los familiares por identificar a las víctimas de la Guerra Civil

EL PLURAL / AGENCIAS

La arqueóloga forense Roxana Ferllini, encargada en algunos trabajos de exhumación en fosas comunes de la Guerra Civil española, destacó que la identificación y hallazgo de las víctimas sepultadas en fosas comunes se ha vuelto una "urgencia" por el envejecimiento de los familiares.

En una entrevista con Efe, Ferllini declaró que en España "se tiene que trabajar con una mayor urgencia", porque la Guerra terminó hace 70 años, y eso implica que "los familiares que reclaman a los difuntos son personas mayores".

Urgencia
La arqueóloga, nacida en Costa Rica, hizo el comentario al comparar ese trabajo con otros similares realizados por ella en el ámbito de las Naciones Unidas en Kosovo -tras finalizar el conflicto de los Balcanes- y en Ruanda, donde los conflictos son recientes. "El año pasado tuvimos el caso de un hombre que llevaba toda la vida buscando a su padre y murió el día antes de que lo encontrásemos", lamentó la arqueóloga, quien subrayó la importancia de exhumar las fosas antes de que casos como estos se repitan.

Miles de personas
Asimismo, Ferllini recordó que en "España hay más de 100.000 personas que siguen buscando a sus familiares en las fosas comunes", por lo que el trabajo debe avanzar con prontitud. Además, destacó que esta lista se podría "engrosar porque también habrá muertos que no han sido reclamados".

Fosas
Una particularidad de las fosas españolas, señaló la arqueóloga, es que "exceptuando la de Milagros (Burgos), en la que aparecieron 45 cadáveres, en la mayoría yacen entre cinco o diez cuerpos". Esta es una característica única, pues en sus trabajos de exhumación en Kosovo y Ruanda, la costarricense encontró que las fosas comunes contenían normalmente unos 500 cadáveres cada una.

Dignidad

Ferllini, quien lleva trabajando en España desde el verano de 2008, apuntó que cada persona reacciona diferente cuando encuentra a uno de sus familiares desaparecido durante la Guerra Civil. Aún así, todos ellos coinciden en que "por fin podrán descansar tranquilamente" porque han encontrado a sus muertos y les podrán dar un entierro digno.

jueves, 6 de agosto de 2009

¿Es broma? Cospedal: España opera bajo un "Estado policial"

Me encanta la manera que tiene la derecha de criticar el estado actual de las cosas, avisándonos siempre que la democracia está en peligro, la democracia está en peligro!!! En Estados Unidos se hace de una manera implícita, por un grupo minoritario de gente sin nada mejor que hacer, que están seguros que Obama no es ciudadano legítimo de este país. En España, al PP le gusta recordar al público que se debe asociar al gobierno actual con la dictadura de Franco (claro, sólo por alusión, no por nombre). Es muy conveniente, sobre todo cuando el partido de uno está bajo la lupa.
foto de María Dolores Cospedal, El País

Según un reportaje de EFE, publicado hoy en diversos medios, la secretaria y "número dos" del PP, María Dolores de Cospedal, ha afirmado que España vive un "Estado policial" en que el Gobierno emplea "a las instituciones, a la Fiscalía General, a la policía judicial, a los servicios del Ministerio del Interior y al Centro Nacional de Inteligencia". Según la secretaria, "Perseguir a la oposición" es "propio de un sistema antidemocrático." "Esto es lo que practica el Gobierno aunque al PSOE no le guste oirlo; pero es así y así está poniendo en grave riesgo a la democracia, en grave riesgo a las instituciones de la democracia" (énfasis mío).

Que yo sepa, la frase "Estado policial" se refiere a la vigilancia extrema -- no sólo de políticos corruptos o los involucrados con ellos, sino de la población entera de un país. No necesariamente excluye a los gobiernos democráticos, pero generalmente se refiere a gobiernos totalitarios. Corea del Norte sería un ejemplo perfecto, no España. Según Wikipedia, "estado policial" se define como: "un estado donde el gobierno mantiene un estricto control sobre la sociedad, particularmente a través de la supresión de las libertades civiles y a menudo mediante una fuerza de policía secreta y un gran despliegue e inversión en mecanismos de vigilancia. Esto implica que el control por el gobierno contradice la voluntad de los individuos que están siendo controlados. Así, un estado policial es inherentemente antidemocrático. Es similar a la ley marcial."

"El mar," de Agustí Villaronga

Sólo he visto un fragmento de El mar, película del director mallorquín Agustí Villaronga, pero la veré en otro momento: además, el cartel insinúa algo más que "otra historia de la guerra civil." Ayer, Periódico Diagonal publicó el reportaje de abajo, citando el libro reciente de Pilar Pedraza sobre Agustí Villaronga, alguien que según el estudio, sigue más o menos desconocido en el ámbito del cine español. Cuando salió la película en abril de 2000, El Mundo la llamó "un inquietante cóctel de sexo, sangre y misticismo" y citó un episodio en el Festival de Berlín en que le preguntaron a Villaronga por el uso de violencia en el filme. El director reaccionó de forma negativa, explicando que es algo que "tiene que estar, porque existe, y ya está." Es un detalle interesante para mí, porque recuerdo que dejé de ver la película por precisamente esa razón.

Es un debate interesante para otro momento, pero muchas veces, al ver pelis sobre la GCE y el franquismo, me he preguntado si son necesarias escenas de extrema brutalidad de la guerra y sus efectos -- ¿realmente nos ayudan a entender mejor lo que tuvieron que sufrir personas en la vida real, o a rechazar la violencia? O, ¿se puede ir demasiado lejos, hasta crear un espectáculo para los espectadores, explotando el tema? Mencioné hace poco aquí la película Libertarias, de Vicente Aranda, cuya conclusión es horrorífica. Me acuerdo de debatir el final con una amiga (española), que había opinado de forma distinta: me dijo que la violencia -- y en este caso, la violación y el asesinato -- era totalmente necesaria, porque así eran las cosas, y era mejor que lo supiéramos todos. No lo sé. Pienso en otra película, Te doy mis ojos de Iciar Bollaín; el tema es la violencia doméstica, pero en ningún momento vemos escenas de violencia física: todo se insinúa y eso crea un ambiente aún más tenso y estresante porque no sabemos cuando va a pasar la próxima bofetada o patada. Desde mi perspectiva, a veces, se puede contar mejor el trauma sin enseñarlo.

El artículo del Periódico Diagonal aparece abajo.
De: http://www.diagonalperiodico.net/Fuimos-ninos-de-la-guerra.html

"Fuimos niños de la guerra"

El mar, la película de Agustí Villaronga, es otra fábula incómoda de este director en la que ahonda en el tema del reencuentro.

EDUARDO NABAL
Martes 4 de agosto de 2009. Número 107

Decía Djuna Barnes de sí misma que era la escritora desconocida más famosa del mundo. Algo así podría decirse de Agustí Villaronga y su cine. Desde el malditismo de culto de su espeluznante Tras el cristal hasta su episodio de Aro Tobulkin, el realizador mallorquín ha tenido tantos seguidores fieles como silencios en la Historia con mayúsculas del cine español.

Pilar Pedraza acaba de dedicarle una monografía que viene a paliar, en parte, la injusticia histórica que la literatura sobre el cine español ha cometido contra uno de los realizadores de trayectoria más personal e intransferible de nuestro cine. Las películas de Villaronga, como parte del arte más sólido e impactante de las últimas décadas, están filmadas de espaldas al público. Es decir, es como si este director estuviera esculpiendo de forma obsesiva una y otra vez los mismos espacios y las mismas obsesiones y de vez en cuando –enteras o en fragmentos– vieran la luz pública causando alternativamente admiración, repulsa, desconcierto, pánico, interés o indiferencia.

Si Tras el cristal es “la película que John Waters no enseñaría a sus amigos”, tampoco El mar (2000) es una película que haya despertado demasiado entusiasmo más allá de ciertos círculos de la crítica especializada, los admiradores del realizador, la cinefilia gay y los incondicionales del cine fantástico porque Villaronga ha erigido otra fábula incómoda, sólo aparentemente más clásica en su trama y sus personajes, e igualmente radical en su resolución estética, que además pone en evidencia algunas las constantes de su cine: la sexualidad fuera de la norma, las heridas, la infancia, la violencia, la soledad y la muerte. El mar es una película menos lúgubre y opresiva que Tras el cristal, pero la construcción del relato, su mise en abisme la convierten en otra sombría e implacable bajada a los infiernos del cuerpo y la mente. Tras su brillante y estremecedor prólogo, asistimos a la historia de un reencuentro que desbarata las expectativas del melodrama psicológico al uso para construir otra pieza de cámara obsesiva, a la vez dolorosa y fascinante, sensual y turbadora, pasional y funeraria.

Villaronga ha hecho películas buenas (Tras el cristal, El mar), regulares (Pasajero clandestino, El niño de la luna) y flojas (99.9) pero nunca ha hecho un filme malo o inútil porque su personalidad fílmica es demasiado fuerte y su universo visual demasiado potente. Estuvo cerca del proyecto de Almodóvar y La mala educación (cuya atmósfera turbia, a ratos enfebrecida –teñida de sexo y religión– recuerda algunos pasajes de El mar) y ha intervenido como actor en pequeños cameos en algunas de las películas más apreciables del cine fantástico español reciente como El celo de A. Aloy o El habitante incierto de Guillem Morales.

El mar está basada en la novela homónima de Blair Bonet y los personajes son los más “enteros” de toda la filmografía de Villaronga, sus símbolos y referencias históricas son más claras -con la guerra civil española como terrible leit motiv– pero su puesta en escena desbarata la construcción novelista del relato y también nos incomoda al situar placer y displacer en los momentos más inesperados de la historia. Al contrario que en El niño de la luna o 99.9, el director reduce al máximo los elementos de cine fantástico o los alardes futuristas, de forma que su historia no se saldría de los cánones del relato de infancia y reencuentro, amor y muerte, si no fuera porque su puesta en escena quiebra de nuevo las líneas de la racionalidad dramática y rompe con lo que esperamos de los personajes y sus acciones.

El filme comienza con un prólogo brillante, desgarrador e implacable en el que se nos dan unas pinceladas violentas sobre la infancia de los protagonistas, sacudida y espiritualmente “rota” por el sangriento fin de la guerra civil española que ellos escenifican en una breve y a la vez terrible y bellísima secuencia . El recuerdo de una muerte violenta “un niño que mata salvajemente a otro y después se suicida” va a pesar de un modo obsesivo sobre el resto del filme y sobre esos personajes que quieren vivir hacia fuera y hacia adelante pero viven en el interior de recuerdos vergonzosos, sueños incumplidos, heridas sin cicatrizar y vanas esperanzas de libertad.

El mar no es una película redonda, los actores jóvenes se muestran algo titubeantes en sus difíciles papeles y hay ecos de la narrativa decimonónica que enturbian un tanto la pureza obsesiva y la deslumbrante oscuridad de sus imágenes, pero es, sin duda, uno de los ejemplos más sólidos del cine y del universo de un autor condenado a ser un mito entre los desconocidos. Hoy por hoy, Villaronga sigue siendo una figura errante en el panorama del cine español contemporáneo, un nadador contracorriente en un mar lleno de escollos, intereses espurios, pequeñas perlas y faros de papel.

martes, 28 de julio de 2009

El cine de la guerra civil en tiempos de guerra

Como rezó un título reciente en el diario Público ("Hartos de la guerra civil"), cuando viene al cine sobre la guerra civil, hay algunos que creen que el cine contemporáneo es incapaz de retratar "la complejidad de la época;" según el artículo, las películas de hoy siempre imaginan a los republicanos buenos, niños inocentes, y fascistas malvados. El reportaje cita al crítico Sergio Pinilla que explica algunas de las razones tras la banalización del tema en su análisis de Las trece rosas: "Entre articular una lectura política o provocar una respuesta emotiva en el espectador, el director escoge ésta última opción. Impregna así de costumbrismo televisivo el relato de uno de los episodios más lacerantes de la desoladora posguerra española. Este emplazamiento procede tanto de su dilatada trayectoria en el seno de la industria como del abandono de cualquier interrogante estético o ideológico".

Tal vez el antídoto para lo que algunos espectadores perciben como el mal sabor de una época terminada es ver y estudiar películas producidas antes de los años 90 para mejor entender la evolución de la representación de la guerra civil y el franquismo. Otro artículo, también publicado en Público, habla del uso propagandístico del cine, tanto para el bando franquista como el republicano. Estoy agradecida a un amigo en el ciberespacio, que me ha enviado la noticia. Por último, para un resumen y análisis excelentes de la película Raza, mencionada en el artículo de abajo, recomiendo ver este post del blog El cuaderno de ALP.
Imágenes para arengar a las masas

Los bandos enfrentados en la Guerra Civil utilizaron estrategias opuestas en sus películas propagandísticas

JORGE GARCÍA - SAN LORENZO DEL ESCORIAL - 28/07/2009 11:13

Si la Guerra Civil española se distingue por algo de los conflictos bélicos previos es por el uso intensivo de la propaganda y de la información como herramientas de guerra. El cine se convirtió en una maquinaria para el uso partidista de ambos bandos, el franquista y el republicano. Las consignas y hasta las bandas sonoras, donde se introducían palabras como cruzada, separatistas o martirio, manipulaban a los espectadores y restaban importancia a las imágenes. El cine había dejado de ser mudo.

Román Gubern, catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona, pasó ayer por los Cursos de Verano de El Escorial para hablar sobre el cine rodado durante la madre de todas nuestras guerras. "La producción cinematográfica durante la Guerra Civil fue muy variada y extensa, tanto en temática como en recursos", explicó a Público.

El principal problema para los franquistas fue que la industria cinematográfica quedó situada en zona republicana. Esto provocó, según Ferrán Alberich, restaurador e investigador cinematográfico, que "los franquistas tuvieran que viajar a Berlín o Portugal, donde se elaboró Homenaje a Sanjurjo, para producir sus filmes".

Dos frentes, tres estilos

Las películas franquistas como No quiero, no quiero, de Francisco Elías, "exaltaban un código moral y de orden", destaca Alberich. También intentaban, según Gubern, "plasmar la estética militar, la de las filas de soldados desfilando, y reflejar una imagen positiva de la Iglesia". Estas características aparecen reflejadas en documentales propagandísticos como Sevilla recuperada o La reconquista de Málaga.

El franquismo creó varias productoras para fortalecer la rama cinematográfica de su aparato propagandístico. Cifera, productora privada con sede en Sevilla, o Cine Requeté, productora de la Falange afincada en Navarra; realizaron reportajes, películas y documentales para arengar a sus masas.

En la zona republicana todo fue muy distinto. Por una parte, la CNT y el anarquismo "practicaron un cine experimental y vanguardista", explica Gubern. No les importaba incluir actores en un filme documental. "Hasta cierto punto", añade, "el signo de la producción anarquista era el amateurismo entusiasta". Un fervor guerrero que se les acabaría volviendo en contra: la propaganda franquista utilizó para su propio beneficio las imágenes anticlericales recogidas en el filme cenetista Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona.

El republicanismo estuvo dividido durante la Guerra Civil, también en el ámbito cinematográfico. Los marxistas crearon su propia productora, Film Popular, y apostaron por contenidos diferentes a los anarquistas. Ni experimentación, ni propaganda revolucionaria: lo principal era ganar la guerra. Así, surgieron títulos como La sierra de Teruel o Nosotros no somos así.

Los franquistas celebraron su triunfo con una batería de títulos chirriantes, como Raza (José Luis Sáenz de Heredia, 1942). Aunque, paradójicamente, durante el franquismo se rodaron algunas de las obras críticas más certeras sobre el conflicto, gracias a directores que no habían luchado en la guerra, como Basilio Martín Patino, Jaime Camino o Carlos Saura. Pero esa ya es otra historia.

domingo, 26 de julio de 2009

"No están afectados" por la Ley de Memoria

De: Público

Bono se niega de nuevo a retirar tres cuadros franquistas


El diputado de ICV, Joan Herrera, le exige por carta que cumpla la Ley de la Memoria

Ó. LÓPEZ-FONSECA - MADRID - 26/07/2009 08:00

Ni los ha movido ni los moverá. El presidente del Congreso, el socialista José Bono, ha reiterado en privado en los últimos días su negativa a retirar de las paredes del Congreso de los Diputados los cuadros de los tres presidentes de las Cortes franquistas que se exhiben en la planta noble del edificio que alberga el Hemiciclo.

El comentario se produce después de que el diputado de IU-ICV, Joan Herrera, le enviara el pasado miércoles una carta en la que le recordaba la obligación de la Cámara Baja de aplicar la Ley de la Memoria Histórica y eliminar de su sede todo vestigio de la dictadura.

En dicha misiva, Herrera le recuerda que no es la primera carta que le envía en este sentido ni a él ni a su antecesor en el cargo, Manuel Marín, para solicitar la retirada de los cuadros "que recrean a personajes históricos de, cuando menos, dudoso talante democrático". Se refiere a Antonio Iturmendi, presidente de las Cortes entre 1965 y 1969; a su sucesor en la siguiente legislatura (1969-1975), Alejandro Rodríguez de Valcárcel, y a Esteban de Bilbao y Eguía, que presidió la Cámara durante 22 años, desde 1943 a 1963. Este último, al que Franco llegó a recompensar con un título nobiliario, había sido ministro de Justicia entre 1939 y 1943, cargo en el que firmó numerosas penas de muerte.

El diputado de ICV, que alude a la misiva que hace tres años remitió con idéntico fin el ahora senador del PNV Iñaki Anasagasti, recalca que el Congreso, como una de las máximas instituciones del Estado que es, "debe ser muy cuidadoso con los símbolos y con los personajes históricos a los que se homenajea".

Bono, sin embargo, asegura que dichos cuadros "no están afectados" por la Ley de la Memoria y esgrime como argumento para mantenerlos en su actual emplazamiento que cuando se planteó la cuestión en la Mesa del Congreso el pasado verano, también tras una carta del diputado de ICV, esta ya acordó no moverlos.

Herrera aseguraba ayer a Público que dicha decisión del órgano de dirección de la Cámara nunca ha sido transmitido al resto de los diputados y pidió que, al menos, se separen físicamente los retratos de los tres presidentes de las Cortes de la dictadura de los de sus antecesores republicanos y de los del actual periodo democrático.

domingo, 19 de julio de 2009

La foto de la guerra civil española


Le puse a este post "La foto de la guerra civil española" sabiendo que los lectores de este blog conocerían perfectamente la foto a la que me refiero. Por supuesto es la de Robert Capa, y ahora se encuentra en una pared del museo MNAC en Montjüic (su hogar habitual es el museo Reina Sofía). A pesar de que su autor sacara cientas de otras fotos -- incluso algunas descubiertas hace poco en la llamada "maleta mexicana," esta es la que más tiempo lo ha sobrevivido, y la que más atención ha ganado en términos de estudios críticos. La gran pregunta, a veces, es si Capa pudo haber sacado la foto a tal distancia. Otras veces, la pregunta gira en torno a la identidad del miliciano, o en la localización física de la foto -- si está o no en Cerro Muriano, cerca de Córdoba. Como he dicho aquí en otro momento, si es "verdad" o no la foto no importa, y es una lástima que algunos sigan empeñados en volver a debatir el asunto.

No estaría escribiendo otra vez de Capa si no fuera por un mail de mi madre, quien me acaba de enviar un artículo sobre su famosa foto, la del miliciano justo después que alguien lo ha matado. O, mejor dicho, en el momento exacto de la muerte. Porque el hombre aún no está muerto del todo en la foto, y ¿no es este el morbo que nos atrae la mirada? El artículo apareció en la página de Yahoo, difundido, según parece, de El Periódico, un diario que he leído muchas veces. El reportaje, "Robert Capa, caso abierto," informa sobre una nueva exposición de las fotos de Capa en Barcelona y presenta lo último en las investigaciones sobre la foto. El reportaje cita a David Balsells, director de Fotografía en el museo MNAC donde se exhíben las fotos, quien explica su opinión sobre la naturaleza de la foto: "En el año 2000 estaba convencido de que la foto era verdad: ahora ya no sé qué decir, casi preferiría pensar que me es igual."

A mí me es igual que Capa montara la foto o no. Tampoco creo que tenga sentido cuestionar el lugar en que fue sacada, o la identidad del fotógrafo (el artículo plantea la posibilidad de que la amante de Capa, Gerda Taro, sacara la foto). Existe cantidad de otras fotos de Capa para contribuir al estudio de su obra, y lo que es más significativo para la autora de este blog, para el estudio de la guerra. La obsesión por la obra de Capa, sin embargo, para mí va más allá de esta foto: tan conocido es Capa, tan ligado su nombre con lo visual y la GCE, que lo que pasa es que terminamos olvidándonos de todos los otros fotógrafos que también documentaban la contienda. Pongo como ejemplo la obra de Gerda Taro, que por ser la amante de Capa, ha recibido escasa atención aunque su obra puede que sea igual de valiosa. Era genial ver que hubiera en España una exposición de las fotos de Kati Horna, por ejemplo. Capa ha alcanzado el estatus de icono, y con razón. Pero la atención que sigue recibiendo su obra - exposiciones, fotos sin revelar descubiertas en una maleta, y hasta novelas (ver Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes) -- eclipsa a fotógrafos "menores" como Taro y Horna.

No dudo de la importancia de la obra de Robert Capa, y la exposición en el MNAC me suena como un momento esencial para acercarnos a sus fotos. Los estudios diversos sobre la foto del miliciano son realmente reflexiones sobre la naturaleza de la verdad. Su relevancia ya no es sólo lo que se puede apreciar en la imagen sino también la insistencia en revelarla como algo diferente de lo parecía ser al principio. Si supiéramos a ciencia cierta que la foto no fue montada, ¿cambiaría nuestra relación con ella o con otras fotos de Capa? A estas alturas, creo que no.

sábado, 18 de julio de 2009

"¿Qué pasó el 18 de julio?," artículo de Emma Riverola; algunas reflexiones sobre la enseñanza de la historia

Me acuerdo de la primera vez que entendí que mi país era capaz de darme vergüenza -- o por lo menos, que no tenía que estar de acuerdo con todas las decisiones políticas de mi gobierno. Era adolescente, y me escribía con un amigo de correspondencia, Miguel, en Panamá. El año era 1989, y por medio de una revista llamada , destinada para jóvenes principalmente latinoamericanos, tuve la oportunidad de escribir a más de 10 personas en Colombia, Panamá, México, Brasil, Puerto Rico, Perú, Costa Rica, España y lo que era en aquel entonces Checoslovaquia. Conocí a dos de aquellos amigos, uno que vino a Estados Unidos desde Costa Rica, y otra cuando yo fui a Sevilla durante un viaje a España en 1998.

ex-dictador panameño, Manuel Noriega

Miguel y yo llevábamos unos meses escribiéndonos cuando Estados Unidos invadió Panamá el 20 de diciembre de 1989. Hasta aquel momento, nos contábamos lo normal para dos adolescentes - generalmente, se trataba de qué música escuchábamos, adonde salíamos y con quien, y cómo eran las clases. Pero cuando pasó "aquello," cuando los tanques pasaban por las calles de la ciudad de Panamá y los militares subían a todo volumen una música horrible para hacer que Manuel Noriega saliera de su casa para que lo pudieran detener, cambió la amistad que Miguel y yo habíamos forjado por carta. Me contó su tristeza de lo que sucedía en su país. Aunque nunca me lo dijera explícitamente, sabía que yo pertenecía ahora al país invasor, y él, al invadido. Dejamos de escribirnos poco después.

Por lo menos en aquel entonces, se presentaba esta invasión como lo mejor que pudo suceder para Panamá. Similar al caso de Irak, uno de los motivos, ante todo, fue destronar a un dictador, supuestamente para el bien de los ciudadanos. Me metí en Wikipedia a ver qué decían sobre la invasión de Panamá. Entre las razones que citan son: defender a los ciudadanos estadounidenses que se encontraban allí; defender los derechos humanos; y parar el narcotráfico. ¿Defender los derechos humanos? ¿O era más bien defender los intereses de Estados Unidos en la región? ¿Será esta la historia que cuentan los libros de historia en este país sobre la guerra de Irak? ¿O hablarán también de las violaciones graves en contra de los derechos humanos que se produjeron en Irak y Guantánamo?

Para mí, Panamá representó la primera vez que sentí un conflicto interno sobre mi estatus como ciudadana estadounidense. Yo era "gringa." "Yanqui." Volví a experimentar una emoción parecida cuando entré en la universidad. No sabía mucho de la historia brutal de la esclavitud en este país, o de la larga y continua trayectoria del movimiento para derechos civiles, hasta tomar un curso titulado "Black Experience" (la experiencia negra), que presentaba la historia estadounidense desde la perspectiva afro-americana. Tampoco sabía del papel de Estados Unidos en las dictaduras del Cono Sur. Y la primera guerra en Irak era, para mí, unas luces nocturnas medio verdes con explosiones intermitentes. Cuando me fui enterando de todo lo que nunca había aprendido, recuerdo haberme sentido engañada, avergonzada, y enfadada. Pero tuve la suerte de tener a profesores que me ayudaban a abrir la mente a otras historias, a otras Historias.

No siempre me consideraba una persona políticamente responsable; ahora que lo pienso, era una veinteañera relativamente apática. Las clases que tomé no me cambiaron radicalmente la actitud hacia la política o me hicieron participar activamente en campañas o manifestaciones o escribirle cartas de protesta o petición a mi congresista local. La verdad es que tuvieron que pasar varios años -- la presidencia de Clinton - antes que realmente consideré seriamente mi relación con la política, y mi relación conmigo misma como ciudadana estadounidense. Las elecciones de 2000, en que Al Gore "perdió" para cederle la presidencia al hijo Bush, me provocaron una frustración enorme y un sentido de injusticia, y los Estados Unidos después del 11-S marcaron una nueva etapa en la evolución de mi relación con la política y los políticos.

La anécdota sobre mi amigo panameño y mis reflexiones después tienen poco que ver con el tema de este blog, pero surgen aquí gracias a un artículo de opinión que he leído esta mañana,"¿Qué pasó el 18 de julio?," de Emma Riverola, una novelista de la que he escrito aquí en otras ocasiones (ver posts sobre Cartas desde la ausencia y nuestra entrevista). Riverola utiliza una fecha, el 18 de julio, para hablar del papel del sistema educativo en España, sobre todo en lo que se refiere a la enseñanza de la historia reciente. Este es un tema que he comentado aquí antes, y uno que me interesa mucho. Si los libros de texto no enseñan lo que pasó en la historia de un país, si hay información que queda al margen -- por cuestiones de tiempo, espacio, rechazo o pura ignorancia -- los jóvenes se crían en una burbuja que los protege del mundo exterior: como dice Riverola, viven "inmersos en la apatía de la complacencia." Son más fácilmente manipulados por los políticos, y sirven como títeres para los intereses de ellos. Creen ciegamente en lo que leen y lo que ven, y no siempre por culpa suya. La apatía impide la resistencia y el cambio político.

No sé cómo los libros de texto españoles de hoy presentan el 18 de julio. Pero las múltiples interpretaciones de aquella fecha en internet -- que si se denomina golpe de Estado, Alzamiento Nacional o, como señala Riverola, apuntando una web pro-franquista, Día de Liberación - apuntan las dificultades afrontadas por los docentes al enseñar la historia. ¿Puede haber -- ¿debe haber? - un consenso general en los libros sobre la relevancia del 18 de julio para España? Tal vez la pregunta no es esa, sino, cómo bien lo dice Riverola, cómo "devolver a los jóvenes la voluntad de hacer historia"," cómo estimular en ellos el deseo de saber, y ofrecerles las herramientas necesarias para explorar y evaluar distintas versiones del pasado antes de tomar una decisión sobre cómo se debe "leer" ese pasado.

Riverola menciona el impacto de las nuevas tecnologías en nuestra consciencia del pasado: "Las nuevas tecnologías nos han impuesto la inmediatez. El ocio, el conocimiento y el consumo en un clic. Todo es rápido, todo es fácil y rabiosamente innovador. [...] Allí, entre las máquinas de escribir y los papeles que huelen a polvo, duerme nuestro pasado." Especialmente a causa de la velocidad con que el internet publica y borra las noticias, transformando la historia literalmente minuto por minuto, parte del rescate del pasado depende de nuestra habilidad de leer críticamente las historias que recibimos, de apuntar y cuestionar lagunas, blanqueos, mentiras y revisiones que son más bien falsificaciones de documentos, de nombres y de fechas. Pero la otra parte depende de nuestra responsabilidad -- como ciudadanos de cualquier país del mundo -- de, en palabras de Riverola, "transmitir el legado de la historia para que los errores del pasado no se conviertan en la herencia de las futuras generaciones."

Si somos docentes, "transmitir el legado de la historia" es nuestra labor más importante, y no sólo en las clases de historia. Como profesora de literatura, tengo el deber de ayudar a que mis estudiantes conozcan el contexto histórico en que fue escrita una novela. Pero lo que es tal vez más importante, tengo la obligación de motivarlos a explorar más allá de las fronteras del aula y empezar sus propias investigaciones.

Yo nunca he enseñado el 18 de julio como el "Alzamiento Nacional." Ni siquiera utilizo esa frase, pero cuando aparece, explico su relevancia, sus autores, y sus connotaciones. Luego pasamos a hablar de la frase "golpe de estado." Porque el 18 de julio era un golpe de estado contra un gobierno democrático, legítimamente elegido. De acuerdo con el historiador Julián Casanova, "no hay que darle. . .demasiadas vueltas al asunto: sin esa sublevación, no se hubiera producido una guerra civil. Habrían pasado otras cosas, pero no aquella matanza. La mayoría de los historiadores sabemos hoy que eso fue así, aunque se busquen otras excusas o la derecha políticamente centrada de finales del siglo XX se niegue a condenar en las Cortes a los sublevados de 1936, precisamente a aquellos que los cerraron a cal y canto a los representantes legítimos de los ciudadanos durante más de cuatro décadas" (48-9, en La Iglesia de Franco).

Perspectivas contrastantes del 18 de julio:


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