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lunes, 25 de octubre de 2010

Museo de la Ciudad: El exilio español en México

De: Nuevatribuna.es
 
La huella del exilio español en México

Última actualización 25/10/2010@22:14:48 GMT+1
El Museo de la Ciudad acoge una exposición que pretende mostrar quiénes eran los exiliados españoles que se viajaron a México, por qué llegaron, y cómo se establecieron y entablaron un diálogo fructífero con la sociedad que los recibió.
NUEVATRIBUNA.ES - 25.10.2010

Tras la derrota de la República en el año de 1939, México se convirtió en el principal destino en América para miles de españoles desterrados, refrendando así el compromiso con la España republicana que había asumido durante la guerra civil


La muestra, que forma parte de los festejos del Bicentenario de la Independencia mexicana, recuerda que el año pasado se cumplieron setenta años de la llegada a Veracruz del "Sinaia", el primer barco que arribó a México repleto de exiliados que huían de la represión franquista tras la Guerra Civil Española (1936-1939). "El exilio republicano español es un elemento que nos da identidad y nos permite integrarnos a partir de esa identidad", según el coordinador general del Bicentenario en la Ciudad de México, Enrique Márquez, quien vino en septiembre a Madrid para ultimar los preparativos de la exposición.

La muestra, titulada "La herencia cultural del exilio español en México", será inaugurada este 26 de octubre en el Museo de la Ciudad de Madrid de la mano de los alcaldes de la capital española, Alberto Ruiz Gallardón, y de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard.

La exhibición, que podrá visitarse hasta el 30 de enero de 2011, sacará a la luz documentos y artículos del archivo privado del ex presidente mexicano Lázaro Cárdenas, que gobernó su país de 1934 a 1940. "Nunca -comentó el coordinador- se habían mostrado en ninguna exposición documentos y objetos pertenecientes al general Cárdenas".

Entre los objetos que viajan a Madrid destacan varias cartas del poeta español exiliado León Felipe y "un mantón de manila con la bandera de la República (Española), que estaba sobre el piano de la casa de Doña Amalia, la esposa del general" Cárdenas, dijo Márquez. Asimismo, "viene un diario impresionante que le dedican, con miles y miles de firmas, los exiliados al general Cárdenas. Y muchos otros objetos que la familia Cárdenas nos ha dado en préstamo". En su opinión, la exposición "es un motivo de reencuentro entre mexicanos y españoles" y "no llama a la melancolía, sino a actualizar nuestra relación".

La muestra resalta el papel que los exiliados republicanos desempeñaron en la "modernización de la vida y la cultura en México", y en la introducción de "una serie de hábitos y novedades en la vida cotidiana". "En las cafeterías -explicó Márquez- nunca se había gritado y nunca se discutía con voces tan fuertes. Los mexicanos somos un poco más tranquilos. Es en las cafeterías donde los exiliados discuten lo que está ocurriendo con la guerra y si van a regresar (a España)".

Además, esos españoles contribuyeron a "la modernización del comercio y de la industria en la Ciudad de México". "Nunca se ha hablado de lo importante que eso fue para nosotros", aseguró el coordinador del Bicentenario, quien se refirió también a la revolución cultural que provocó el desembarco en México de prestigiosos escritores, artistas, profesores y cineastas españoles.

Entre quienes dejaron su impronta cultural en el país del tequila, Márquez mencionó a Léon Felipe, Eulalio Ferrer ("el gran innovador de la publicidad en México"), Félix Candela ("maestro de muchos arquitectos importantes de hoy") y el filósofo José Gaos. También, continuó, "llegan los cineastas Luis Alcoriza y Luis Buñuel. Con ellos dos, la industria cinematográfica se revoluciona, se moderniza el cine". Además, la Universidad de México "se beneficia con la llegada de científicos y juristas de altísimos nivel", así como de eminentes profesores universitarios: "Siete rectores de grandes universidades de España -recuerda- están sepultados en la Ciudad de México".

La exposición plantea una reflexión sobre la pregunta "¿Cuándo termina el exilio?", y Enrique Márquez aporta una respuesta. "Desde luego -contesta-, en 1975 (año de la muerte de Francisco Franco), pero se extiende hasta 2007, cuando la Ley de Memoria Histórica que decreta el Gobierno español permite que los nietos del exilio tengan la nacionalidad española. ¡Qué mejor muestra de integración entre los dos pueblos!".

Del 27 de octubre de 2010 al 30 de enero de 2011
Museo de la Ciudad
Príncipe de Vergara, 140
28002 Madrid

Teléfono 91 588 65 99

martes, 27 de octubre de 2009

Ponencia de Cuauhtémoc Cárdenas, en recuerdo al exilio republicano a México

En junio 2009, Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del presidente mexicano Lázaro Cárdenas (cuyo gobierno era uno de los pocos para darles la bienvenida a los republicanos exiliados) dio esta ponencia en Veracruz, México. Pensé que podría ser de interés para los lectores de este blog. Nota: faltan las referencias indicadas en la página original donde encontré la ponencia.
Veracruz, puerta de la libertad. El exilio republicano, 1939-2009

Cuauhtémoc Cárdenas

21/06/09

Ponencia de Cuauhtémoc Cárdenas en las jornadas “Veracruz, puerta de la libertad”, conmemorativas de la llegada al puerto de esa ciudad atlántica del primer barco con refugiados republicanos españoles.

Agradezco al Gobierno de Veracruz la invitación que me ha hecho para participar en las Jornadas “Veracruz, puerta de la libertad. El exilio republicano, 1939-2009”, que mucho me distingue, Jornadas que se celebran en ocasión de conmemorarse el 70° aniversario de la llegada a este puerto del barco “Sinaia”, del que desembarcó el primer contingente de exiliados republicanos españoles, al que se sumaron muchos más y que devino en una inmigración que ha dejado grandes y valiosos beneficios a nuestro país, por otro lado, en mi caso, un exilio muy cercano a los afectos familiares y personales

Aprovecho para saludar fraternalmente a quienes nos visitan desde el otro lado del océano y a quienes tuvieron la oportunidad de participar, el pasado 25 de mayo, en la ceremonia que recordó el 70° aniversario de la partida del “Sinaia” del puerto francés de Sète.

Entre el exilio republicano español y México hay gratitudes mutuas. Recibieron y dieron los exiliados; recibió y dio México. En ambos casos y en los dos sentidos, se dieron y recibieron generosidad, amistad y solidaridad, y se encontró una clara y fraterna identidad.

El caso del exilio republicano español que llegó a México, resulta de excepción en la historia de estos tiempos y en la historia que comparten los pueblos de España y México. Otras migraciones han llegado a un país o al otro en distintas épocas, más remotas o más recientes, por causas políticas o económicas; ninguna tan numerosa, en tan corto tiempo, de un continente a otro, ninguna tan distante entre el lugar de procedencia y el de destino, ninguna tan cercana en sentimientos e identidades, tan cercana en sus luchas emancipadoras y en sus esfuerzos de progreso, caracterizados, en ambos lados del océano, por su ideal humanista y sus compromisos libertarios. Eran luchas con aspiraciones y propósitos comunes las que libraban entonces los pueblos de España y de México. Por eso su fácil entendimiento. Por eso la fusión de ese exilio con México y lo mexicano.

“¿El motivo por el que ayuda México a España?” se preguntó Lázaro Cárdenas en sus apuntes personales, y se respondió categórico: “Solidaridad a su ideología”1.

El exilio fue producto de una derrota militar, de una guerra desatada por el fascismo internacional que lanzó su poderío en apoyo de la reacción interna, que no toleraba que España saliera de la Edad Media para florecer en un régimen de igualdad y libertades. Triunfó en España el fascismo internacional también, por la miopía y pusilanimidad de las potencias coloniales de entonces, que sacrificaron no sólo a los pueblos de España, sino que abrieron el paso para que se ensangrentara el mundo, incluyendo a sus pueblos, los de las propias potencias coloniales.

Pero los exiliados republicanos que partieron hacia México, a pesar de un destino incierto y de ir hacia lo desconocido, viajaron con el ánimo y el orgullo muy en alto. Durante la primera travesía del “Sinaia” cargado de refugiados, navegando por el Atlántico, se lee en el periódico que se editaba a bordo: “Circulan unas píldoras contra el mareo, también debieran circular píldoras contra la nostalgia… Ni las condiciones sufridas deben ser ya motivo para continuarlas imaginativamente, sufriendo, ni todo aquello que hubimos de abandonar debe amontonarse –lacrimoso- ante nosotros para entorpecer nuestra marcha. Fatigas y goces pasados deben convertirse en estímulo, o dejemos libre el paso. Estamos recorriendo un paréntesis vacío entre dos vidas. Hay que recorrerlo cantando, con el mejor equipaje posible de recuerdos. De la vida anterior sólo debemos conservar lo que verdaderamente sea el germen, levadura, en la segunda vida. No, no es tiempo de brumosas nostalgias sino de duros propósitos. No de desfallecimientos sino de ímpetus. Lo perdido en bienes materiales, de otra índole, de seguro lo hemos ganado en experiencia, en madurez, en hombría. En grandeza de alma. Y ésta la debemos reflejar en el tono general –exterior o interior- de nuestra vida.

“Que ya no podrá ser frívola, puesto que por ella ha pasado la más honda tragedia de la historia española… Estamos representando a España. Debemos salir airosos de la prueba. Nuestro papel es difícil: es el papel de España, de una España que ha perdido sin haber salido de ella”2.

De este lado del Atlántico, mucho tiempo después, conocidas ya muchas de las valiosas contribuciones del exilio a México, Lázaro Cárdenas, al recordar ante españoles republicanos en México la promulgación de la Constitución de la República, el 14 de abril de 1957, les expresó: “Y México, nuestra patria, abrió sus fronteras para recibir a los perseguidos, hombres, mujeres y niños, no sólo por sentimiento, sino cumpliendo también con los principios, para nosotros siempre inviolables, del derecho de asilo.

“Y al llegar ustedes a esta tierra nuestra, entregaron su talento y sus energías a intensificar el cultivo de los campos, a aumentar la producción de las fábricas, a avivar la claridad de las aulas, a edificar y honrar sus hogares y a hacer, junto con nosotros, más grande a la nación mexicana. En esta forma, han hecho ustedes honor a nuestra hospitalidad y a nuestra patria”3.

Se tiene en algunos la impresión que el exilio republicano que llegó a México estuvo compuesto sólo por intelectuales, profesionales, artistas, científicos, y sin duda el contingente de éstos fue de suma importancia, porque fue numeroso y de una muy alta calidad su contribución en el aula, la cátedra, la investigación, la expansión del pensamiento y el desarrollo de la economía. Pero en los 20, 25 o 30 000 españoles que formaron el exilio republicano, adultos y niños, llegaron a México, los más, trabajadores del campo, la fábrica y el taller, que introdujeron nuevos cultivos o mejoraron los existentes, que aportaron mejores técnicas de trabajo o practicaron oficios novedosos, que se fundieron con el país y su gente, y que sus contribuciones a México fueron tan valiosas como las de quienes se desenvolvieron en campos más públicamente reconocidos, aunque sus nombres no hayan llegado a la memoria pública y se conserven más que nada, en el recuerdo y el cariño de sus proles mexicanas.

Desde que estallara el conflicto, en México, mexicanos y españoles se alinearon tras de uno u otro de los combatientes. La guerra que se libraba en España dividía a la sociedad, encendía los ánimos y abría heridas también en México. Unos saludaron con gozo y beneplácito el levantamiento, otros brindaron firme respaldo a la República. Quienes estaban con la legalidad querían la paz, salvar vidas, proteger la cultura. De ahí las iniciativas para traer a México a los primeros refugiados: los niños de Morelia y el primer grupo de intelectuales que ya en tierra nuestra formaron La Casa de España.

Los primeros republicanos exiliados que pisaron suelo mexicano fueron los 1620 pasajeros del “Sinaia”, quienes hoy hace 70 años desembarcaron en esta H. Veracruz. Aquí llegó el primer contingente del éxodo masivo, que se vio interrumpido en 1942 por el estallido y generalización de la 2ª guerra mundial. En este puerto jarocho empezó la integración y mexicanización de los exiliados, que llegaron y al mismo tiempo no llegaron a tierra extraña.

El exilio, que se pensó temporal, se hizo permanente. Había la ilusión de un pronto regreso, pero la guerra mundial, primero, y al llegar la paz, la mala conciencia de las nuevas grandes potencias que les provocaba su abandono de la República ante la agresión nazi-fascista, así como la exoneración del régimen franquista por sus innumerables crímenes, que eso representó ante la conciencia del mundo la admisión de la España de Franco a la Organización de las Naciones Unidas después, borraron la temporalidad y afirmaron la permanencia de los exilios republicanos.

Los recién llegados, muy pronto, se hallaron en México realizando las mismas actividades que realizaban en España.

La Casa de España, creada por la iniciativa de Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas, que con gran simpatía acogiera el gobierno de Lázaro Cárdenas, a la que llegó un valioso grupo de hombres de cultura y ciencia de España, que constituyó su núcleo fundacional, pronto se transformó y creció como El Colegio de México, hoy, sin lugar a dudas, uno de los más prestigiados centros de educación, investigación y cultura del país.

La creatividad cultural y artística y el ejercicio de la libertad de expresión por parte de los exiliados se reflejó, desde un principio, en las muchas obras –más de dos mil doscientos libros escritos ya en México para 1951, más pinturas, esculturas, películas, etcétera- que empezaron a producirse en México, en la creación de nuevas casas de edición, en el surgimiento de nuevas librerías, en la contribución al desarrollo de oficios como el de restauración de libros y documentos históricos, tipografía, encuadernación, creación también de nuevas escuelas, en las que niños de ambas patrias empezaron a conocerse y convivir.

Muchos de los recién llegados se incorporaron a la cátedra universitaria y a la investigación en biología, química, derecho, filosofía, matemáticas, así como en muchas disciplinas más. Otros reiniciaron su práctica profesional como médicos, abogados, arquitectos, agrónomos, ingenieros de distintas especialidades. Llegaron también empresarios que volvieron a ser exitosos en su tierra de nueva adopción.

México abrió al exilio y a españoles liberales, no necesariamente exiliados, oportunidades que en la España de la dictadura se les habían cerrado. Así, editoriales con su matriz en España pudieron publicar en México libros prohibidos por el franquismo. En México también, en la época de la represión más dura, se editaron cerca de 200 libros y más de 80 ediciones periódicas en lengua catalana, con lo que este idioma sobrevivió en esa época de oscurantismo en España4.

En el número 1 de Quaderns de l’exili, de septiembre de 1943, se dice que “nunca antes de 1939 se había remarcado con tanta insistencia que la lengua era la patria… para un catalán la persistencia del idioma era la médula de la nacionalidad”; Albert Manet, por su lado, autor de La literatura catalana a l’exili declaró que desde 1939 hasta cerca de los años sesenta, “en México se mantuvieron vivas la cultura y la lengua catalanas mientras en Catalunya eran inexistentes”5.

Todos los exiliados republicanos, en una actividad o en otra, sin escatimar esfuerzos, entregaron sus conocimientos, talento y creatividad a México, a su cultura, a la enseñanza y formación de sus niños y jóvenes, a su expansión social y al desarrollo de su economía. Todos, por otro lado, se integraron a la vida de México, haciendo crecer a la familia o formando nuevas familias, identificándose con los valores y sentimientos de la nueva patria, sumándose al esfuerzo por su progreso.

Mucho ha sido lo que el exilio republicano español ha dado a México, no sólo en el tiempo que corre de 1939 a 1977, sino hasta hoy, pues si bien las relaciones diplomáticas estuvieron canceladas en aquel período, las de otra índole –culturales, comerciales y, desde luego, las afectivas-, de hecho, nunca se interrumpieron. De aquel exilio –y hoy todos deseamos que no vuelva a haber más exilios en el mundo-, que hincó raíces hondas en México, surgió una nueva nacionalidad, que es dos en una, la del español-mexicano o mexicano-español, que no es ni más español y menos mexicano o más mexicano y menos español, y que tiene y mantiene identidad, compromiso y corazón aquí y allá.

Al agradecer nuevamente la oportunidad de participar en estas Jornadas y de encontrarme con amistades, identidades y afectos nacidos de aquel exilio, reitero, en mi calidad de ciudadano de nuestro país, mi reconocimiento al pueblo mexicano que recibió fraternalmente al exilio republicano español, y aprovecho para recordar con cariño y rendir homenaje a Lázaro Cárdenas, Presidente de México hace 70 años, quien al abrir el país a los españoles republicanos cumplió con la solidaria y humanista obligación de brindar asilo a hermanos en desgracia, y reafirmó su convicción, que los hechos siguen confirmando hasta este día, que México se enriquecería en lo humano y material y que serían muchos y muy variados y valiosos los beneficios que recibiría del exilio republicano español. Y Lázaro Cárdenas no se equivocó.- Veracruz, 13 junio 2009

Cuauhtémoc Cárdenas, ingeniero, es un dirigente histórico de la izquierda mexicana. Su padre, el general Làzaro Cárdenas tuvo una política de extremada solidaridad con la república española en guerra y, luego, con los republicanos españoles exiliados en México.

Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Layret

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www.sinpermiso.info, 21 junio 2009

domingo, 14 de diciembre de 2008

México, España y la Guerra Civil española


". . .iban rumbo a México, atendiendo la invitación del general Lázaro Cárdenas, buscando un país donde establecerse." - Jordi Soler, Los rojos de ultramar

Según ha informado el diario Público, falleció el viernes la viuda de Lázaro Cárdenas, Amalia Solórzano. Cárdenas, el presidente de México de 1934-40, apoyó activamente al bando republicano desde el principio de la guerra; bajo su presidencia, miles de republicanos fueron acogidos como refugiados y se establecieron en el país. Típicamente, entraban casi todos por Veracruz. Los niños acogidos en México terminaron apodándose como "Los niños de Morelia," ya que Morelia (Michoacán, de donde procedieron Cárdenas y Solórzano) era la sede de residencias y colegios para los niños refugiados. Amalia Solórzano jugó un papel importante en arreglar su llegada a México, fundando en 1936 el "Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español" (ver artículo). El sitio web Portal del exilio explica:
General Lázaro Cárdenas y su esposa Amalia mostraron desde el primer momento un vivo cariño e interés por los 451 niños que viajaron en el Mexique desde Burdeos hasta Veracruz, donde desembarcaron el 7 de junio de 1937. Al día siguiente llegaron a ciudad de México, siendo alojados en la Escuela “Hijos del Ejército” nº 2. El 10 de junio una multitud de personas les daban la bienvenida en Morelia, en el estado de Michoacán. Se les alojó en dos antiguos seminarios, ahora transformados en colegios para niños y niñas con el nombre de Escuela Industrial “España-México”.
Siempre me han interesado las relaciones entre España y Latinoamérica con respecto a la GCE. Mientras que gobiernos como el mío básicamente se negaron a intervenir en el caso español, países como México y la Argentina les daban la bienvenida a muchos republicanos exiliados. Tanto durante la guerra como muchas décadas después con la
última dictadura militar, ha habido un movimiento entre España y la Argentina. Nadie puede saber por cierto las huellas que permanecen en un país después que ha ocurrido esta especie de intercambio tumultuoso. El caso mexicano, sin embargo, parece ser algo más desconocido. ¿Es porque la Argentina es más "europeo" que México -- o, en otras palabras, porque México representa más al "otro"?

En "La mala educación," Jordi Soler, el escritor y periodista catalán-mexicano, habla de la "amnesia" de la que sufre España con respecto a las relaciones mexicanas-españolas. Para Soler, el tratamiento actual de mexicanos carece de humanidad si se considera la acogida de españoles en México durante la guerra: "
Cárdenas abrió las puertas de México a cualquier inmigrante español, con profesión o sin ella, sin más trámite que la necesidad, o el deseo, de rehacer su vida y labrarse un porvenir en aquel lejano país de ultramar." Soler utiliza la columna editorial para establecer un vínculo entre la política de inmigración de la España de hoy y lo que hizo el gobierno de Cárdenas para refugiados españoles. Soler sostiene que las medidas actuales que se aplican para la llegada de mexicanos a España son excesivas, pensando en la defensa mexicana del gobierno republicano:
. . .en el año de 1937, en la sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra, todas las democracias del mundo hacían la vista gorda para no condenar el golpe de Estado del general Franco, ni la intervención de Alemania e Italia en la Guerra Civil española. El silencio y la pasividad de aquellos gobiernos frente al golpe contra la República legítimamente constituida fue, y sigue siendo, una vergüenza.Sólo un país defendió entonces, contra viento y marea, al Gobierno de la República: México. El presidente Lázaro Cárdenas, a través de su embajador en Ginebra, Isidro Fabela, dijo, ante el pasmo de todos los demás, cosas como ésta: 'El Gobierno mexicano no reconoce, ni puede reconocer, otro representante legal del Estado español que el Gobierno republicano'.
Creo que las relaciones mexicanas-españolas son unas que aún merecen mucha investigación, pero como señala el artículo de Soler, primero habrá que dar a conocer a la gente de cómo lo que pasó hace 70 y pico años aún tiene implicaciones para el momento actual. Sobre todo para los que son hijos y nietos de estos exiliados.
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