Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
lunes, 19 de julio de 2010
Libro: Historia cultural y guerra civil española
Obra colectiva sobre historia cultural y guerra civil española
El libro España fragmentada. Historia cultural y Guerra Civil española, editado por Comares en edición a cargo de Chris Ealham y Michael Richards analiza la cultura y las ideas que rodearon la catastrófica guerra civil en la que estuvo sumida España entre 1936 y 1939. Contiene artículos de destacados historiadores españoles, británicos y estadounidenses, en los que se examina la compleja interacción de los factores nacionales y locales que contribuyeron a la conformación y al desarrollo de la guerra. Según los editores, "como demuestran los trabajos contenidos en este volumen, la guerra civil fue resultado de multitud de fisuras culturales presentes en la sociedad española de los años treinta, que se vieron acentuadas y potenciadas por el estallido de la contienda. Así, al contrario de como se ha venido haciendo hasta ahora, el presente volumen no concibe la guerra civil como un gran conflicto bipolar entre dos grupos de ideas, de clases sociales y formas de vida fácilmente identificables. La tragedia española, en la esfera de la vida cotidiana, contuvo multitud de tensiones y fracturas tanto en el terreno de la política como en el de las percepciones que los españoles tuvieron de la sociedad en crisis que los rodeaba".
viernes, 11 de junio de 2010
Si esto es diplomacia. . .
1. Moratinos estuvo en una conferencia sobre los diplomáticos de la II República. Pero sus comentarios no podrían haber sido menos diplomáticos. No es exactamente una manera de ganar amigos sugerir que Francia se tiene que "mirar al espejo."
2. Puede que sea cierto que Francia, igual que muchos otros países - el mío incluido - "abandonó" España en el peor momento. Pero no sé, a estas alturas, si re-visitar las consecuencias de la no intervención de aquel momento tiene sentido, especialmente durante la presentación de un libro. Otra vez, la falta de diplomacia.
3. Hablando de mirarse al espejo, Moratinos asegura que "[n]osotros, los españoles, lo hacemos, con serenidad, a pesar de que de vez en cuando hay mucho ruido sobre la memoria histórica." ¿Mucho ruido? ¿Se refiere, tal vez, al caso Garzón y las críticas internacionales que ha suscitado? Aquí, parece que Moratinos desea re-situar la cuestión de la memoria histórica más allá de las fronteras españolas, lo cual está bien, con tal de que sea evidente que España ya ha tenido éxito en este ámbito. No me parece claro que todos los españoles se miran "con serenidad" cuando se habla del pasado, sr. Moratinos. La diplomacia no es echar la culpa a otro país.
Miguel Ángel Moratinos, ministro de Asuntos Exteriores. Imagen aquí.
De: La Opinión de Murcia
Memoria histórica
Moratinos pide a Francia admitir que abandonó a España en 1936
El ministro espera que otros países europeos "también se miren el espejo, como hacemos nosotros"
EFE El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha afirmado que socios europeos como Francia deberán algún día "mirarse al espejo" y hacer "autocrítica" por abandonar a la España republicana de 1936 y no hacer nada ante la instauración del franquismo.
El ministro se ha pronunciado así en la presentación del libro "Al servicio de la República, diplomáticos y guerra civil", que rinde homenaje a los diplomáticos que fueron fieles al régimen constitucional a raíz del alzamiento de Francisco Franco. Moratinos ha querido rendir homenaje a aquellos diplomáticos que fueron leales a la República y que trataron de combatir la política de no intervención mantenida por los países europeos ante la sublevación militar.
A su juicio, la postura en favor del aislamiento de España que adoptaron entonces esos socios fue una "gran falacia". "Cuando no intervienes, te lavas las manos", ha dicho el ministro. Moratinos ha añadido: "Es bueno que se sepa que los socios y aliados europeos tendrán también que mirarse al espejo. Nosotros, los españoles, lo hacemos, con serenidad, a pesar de que de vez en cuando hay mucho ruido sobre la memoria histórica".
Ha puesto como ejemplo el caso de Francia, que con "gran entusiasmo" alabó lo que representó la República española y su lucha contra el fascismo. "Pero luego, ¿qué hicieron nuestros aliados y los países europeos? No sé si acertada o desacertadamente, pero también ellos tendrán que hacer un poco de autocrítica, no por nosotros, porque nosotros la historia la hemos vivido, padecido y superado", ha apuntado. Moratinos ha recordado que a los países que pretendieron "aislar y encapsular" el caso de España, luego les ocurrió lo mismo con la II Guerra Mundial (1939-1945). "A veces, creemos que lo que les pasa a otros no nos afecta, pero en el mundo en que vivimos, todo nos afecta", ha concluido.
lunes, 7 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
García Lorca y la II República
García Lorca al servicio de la República
Una investigación de Miguel Caballero demuestra que el poeta fue secretario de Fernando de los Ríos, Ministro de Instrucción Pública, durante la Segunda República
FERNANDO VALVERDE - Granada
ELPAIS.com - Cultura - 28-05-2010
"Por ser el secretario de Fernando de los Ríos, por rojo y por masón". Según explicó Emma Penella, esos fueron los motivos que argumentó su padre, Ramón Ruiz Alonso, en la denuncia que redactó contra Federico García Lorca y que terminó por costarle la vida. Punto por punto, los historiadores se han encargado de matizar o negar cada una de estas acusaciones, en especial la primera. Desde ayer, parece incontestable que García Lorca fue secretario de Fernando de los Ríos cuando éste ocupaba el cargo de Ministro de Instrucción Pública.
El investigador granadino Miguel Caballero (1959) acaba de publicar el libro Lorca en África. Crónica de un viaje al protectorado español de Marruecos (Patronato Provincial Federico García Lorca de la Diputación de Granada). El descubrimiento de Caballero nace de la casualidad, de un azar pronosticable. Durante varios años el investigador ha reunido 3.000 artículos de prensa publicados entre 1924 y 1976 en los que se cita al poeta de Fuente Vaqueros. "Un día me llevé la sorpresa. En uno de los publicados en 1931 pude leer que Fernando de los Ríos iba a viajar a Marruecos acompañado por su secretario, Federico García Lorca. Aquello me puso sobre aviso y empecé a indagar hasta encontrar más fuentes", relata el investigador.
Caballero, que ya había publicado con anterioridad otros trabajos sobre la biografía del poeta, recopiló diferentes crónicas y hasta una fotografía en la que se puede ver a García Lorca integrado en la comitiva del ministro. También existe un video que el investigador ha rescatado en el que se intuye la figura de Lorca junto al político sobre la cubierta de un buque. Es cierto que puede adivinarse que se trata de él, aunque sólo adivinarse.
Pueda vérsele en el video o no, lo cierto es que tanto García Lorca como Fernando de los Ríos desembarcaron del destructor de la armada Almirante Ferrándiz en Ceuta el 26 de diciembre y permanecieron en África hasta un día antes de fin de año. En su estancia en Marruecos recorrieron Tetuán, Alcazarquivir y Xauen. "Es muy curioso comprobar el dato de que García Lorca y Fernando de los Ríos se alojaron en la residencia del general Cabanellas, uno de los militares que años después participó en el alzamiento", relató Caballero, que también ha recopilado información que prueba que García Lorca visitó durante su estancia a un primo hermano suyo que era farmacéutico en Tetuán y que falleció en 1938 como consecuencia de una sobredosis de morfina.
"Sin duda trabajó como su secretario. Tenían una simpatía personal muy grande y García Lorca fue nombrado vocal de la Junta Nacional de Música y Teatro Lírico en sustitución de Manuel de Falla, lo que tampoco fue una casualidad", explica Caballero, que afirma que el propio García Lorca "escribió algunos de los discursos del ministro, como es más que evidente en los que leyó en África por sus referencias a San Juan de la Cruz y a su relación con los judíos".
Otro de los motivos por los que Ramón Ruiz Alonso pidió la detención de García Lorca, al que consideraba un elemento peligroso en los primeros días del levantamiento ilegal del verano de 1936 en Granada, fue que el poeta tenía relaciones con la masonería. En el libro de Miguel Caballero también se aportan pruebas en este sentido, aunque no atañen al poeta. "El viaje es la consecuencia de una serie de invitaciones que Fernando de los Ríos recibe de grupos masones. Estaban enviadas a Jugan, que era su nombre en la masonería. Algunas de estas cartas fueron luego utilizadas como pruebas de cargo por el Tribunal Especial para la Masonería y el Comunismo", explica.
Lo cierto es que los datos que aporta Caballero hacen pensar que aquellas informaciones aparecidas en prensa fueron utilizadas para construir una serie de argumentos en contra del poeta que finalmente le acabarían costando la vida una noche de agosto a un lado de la carretera que une las localidades de Víznar y Alfacar, donde fue fusilado junto a otras tres personas.
martes, 25 de mayo de 2010
Stanley Payne, en El Mundo
Stanley G. Payne: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra?.
CARLOS FRESNEDA / Nueva York
«La izquierda utiliza la Guerra Civil por su rentabilidad política»
El hispanista Stanley G. Payne (Denton, Texas, 1934) vuelve al ruedo político con un argumento que amenaza con levantar ampollas: la «culpabilidad» no asumida de la izquierda en la Guerra Civil. En ¿Por qué la República perdió la guerra? (Espasa), Payne pone al día la vieja tesis y carga las tintas en la responsabilidad del Partido Socialista y de líderes como Santiago Carrillo. En su opinión, la derecha asumió hace tiempo los abusos del franquismo, pero desde la izquierda se sigue teniendo «una visión romántica» y se utiliza incluso la Guerra Civil por «rentabilidad política».
Pregunta.- Su libro llega en un momento crispado y crítico en España. ¿Qué le parece la decisión del Consejo General del Poder Judicial de suspender a Baltasar Garzón por su investigación sobre las desapariciones del franquismo?
Respuesta.- Una de las mayores debilidades de España es la politización de su sistema judicial. Las actividades de Garzón han estado muy determinadas por la política. En lo que se refiere a la «amnistía», siempre ha medido por un rasero muy distinto a la izquierda y a la derecha. En vez de ser un juez imparcial que se atiene a la ley, Garzón ha sido muy frecuentemente el «antijuez», preocupado, sobre todo, por la publicidad y por la política.
P.- Lo cierto es que el caso Garzón, y no hace mucho la Ley de Memoria Histórica, han vuelto a poner la Guerra Civil al rojo vivo. ¿Reviven los viejos fantasmas?
R.- No creo que el Gobierno pretenda revivir la Guerra Civil, sería exagerado decir eso. Lo que Zapatero está intentando en todo caso es rentabilizar la Guerra Civil, sacarle partido político. A mí me parece, sobre todo, una maniobra para estigmatizar históricamente a la derecha y, por extensión, al PP.
P.- En su libro, asegura que el PSOE fue uno de los principales obstáculos para la democracia antes y durante la Guerra Civil. ¿No es una acusación demasiado fuerte?
R.- A los hechos me remito. Está claro que las graves contradicciones internas y las tensiones entre las facciones de Besteiro, Prieto y Largo Caballero ayudaron mucho a que las cosas fueran mal en la República. Indalecio Prieto hizo una pequeña autocrítica, pero el Partido Socialista -y la izquierda en su conjunto- no ha hecho una examen autocrítico de sus errores.
P.- Usted acusa también a Santiago Carrillo de ser uno de los pocos extremistas que en realidad quería la guerra...
R.- Es cierto. Conviene recordar que Carrillo no fue un demócrata hasta 1977. Sus discursos en las Juventudes Comunistas eran muy radicales; de alguna manera, estaba esperando la llegada de la guerra, como tantos extremistas. El Carrillo de la Transición actuó de un modo muy responsable, pero en los últimos años ha vuelto a la vieja retórica de la izquierda y mantiene una posición muy sectaria.
P.- Parece que está exculpando usted a la extrema derecha.
R.- Los dos extremos estaban deseando y provocando la guerra civil. La extrema izquierda y la extrema derecha pensaban que iba a ser un conflicto rápido y que iba a culminar con la victoria. La sociedad española no estaba, en realidad, tan polarizada; lo que se había polarizado era el activismo radical. La radicalización de las minorías fue letal y acabó contagiando a todo el sistema y a los líderes políticos, que permitieron que el país se encaminase hacia un proceso revolucionario violento.
P.- Hasta ahora, hemos cargado las tintas sobre la izquierda, pero díganos, ¿qué podría haber hecho la derecha para evitar la Guerra Civil?
R.- Lo que podría haber hecho la derecha es, en el fondo, muy simple: someterse a todos los abusos de la izquierda. Someterse a la persecución es, a veces, la mejor opción política (al fin y al cabo, ésa era la posición de la Iglesia Católica hasta el 18 de julio de 1936). Así se podría haber evitado la guerra, al menos en ese momento. Tal vez el Frente Popular se habría partido o las condiciones podrían haber mejorado. O, tal vez, dada la naturaleza de la izquierda, podíamos haber asistido a una Guerra Civil bastante distinta.
P.- Sin el asesinato de Calvo Sotelo, ¿se habría evitado el conflcito [sic] armado?
R.- Se podría haber evitado el Alzamiento, eso creo. Franco lo consideraba prematuro unos días antes. Nadie duda de que el asesinato fue el detonante.
P.- ¿Cuál fue la baza peor jugada de la República?
R.- El Gobierno de la República fue poco inteligente a la hora de poner a prueba el nivel de tolerancia de la derecha. En las sociedades humanas, hay siempre un nivel de tolerancia que se puede soportar sin contraatacar. Pero el Gobierno de la República sobrepasó ese límite. Debería haber reforzado la ley y la Constitución, y, sin embargo, no se hizo... Incluso después del asesinato de Calvo Sotelo, Casares Quiroga tuvo la ocasión de crear un gobierno de conciliación nacional, aunque sólo fuera para mantener la seguridad. Pero tanto Casares como Azaña y Largo Caballero creyeron que el conflicto era inevitable y, hasta cierto punto, lo instigaron porque estaban convencidos de que la rebelión militar no iría muy allá. Cometieron un grave error de cálculo.
P.- ¿Tuvo la República alguna opción real de ganar la guerra?
R.- La tuvo durante las seis u ocho primeras semanas. Pero las divisiones políticas y los errores militares frustraron esa capacidad. Uno de los tópicos de la guerra es que la fuerza militar de Franco era abrumadoramente superior. En ciertas fases de una guerra de desgaste, como lo fue la Guerra Civil española, hubo un claro desequilibrio, pero las diferencias no fueron tan grandes.
P.- Entonces, ¿por qué perdió realmente la República?
R.- Creo que el propio Negrín dio en el clavo cuando se refería a «las intrigas, celos y divisiones» que corrompieron la República, y también a «los errores y la irresponsabilidad» de los líderes, asumiendo su parte de culpa. Hablar a estas alturas de las guerras civiles que hubo dentro de la Guerra Civil resulta tal vez un tópico, pero está claro que las disensiones internas debilitaron tremendamente a la izquierda.
P.- Usted critica duramente la versión de la izquierda, pero no podemos olvidar que, durante 40 años, en España existió una sola versión de la guerra.
R.-Queda tan sólo un pequeña minoría de franquistas que consideran que Franco era maravilloso, pero incluso la opinión más conservadora acepta el hecho de que fue una dictadura que llevó a cabo un fiera represión. La derecha no idealiza el franquismo como la izquierda sigue idealizando el Frente Popular, con sus abusos e incluso sus prácticas terroristas. El debate en España no es sobre la izquierda frente a la derecha, sino sobre la necesidad de reconocer la realidad histórica de la guerra sin romantizarla.
P.- ¿Qué lección se puede extraer finalmente de la Guerra Civil?
R.- Una muy simple: respetar las reglas del juego democrático. Y sirve igual para los dos bandos, estén en el poder o en la oposición. Creo que los españoles aplicaron muy bien esa lección durante la Transición. Lo que no tiene sentido es reabrir la Transición a estas alturas.
lunes, 8 de marzo de 2010
Las mujeres y el exilio - jornadas en Salamanca

Bitácora sobre Cultura Escrita
lunes, marzo 08, 2010
Memoria de mujer en el exilio
II JORNADAS
Memoria de mujer. Exiliadas
Universidad de Salamanca
8 y 9 de marzo de 2010
LUNES, 8 de marzo
9.00 h Entrega de documentación
9.30 h INAUGURACIÓN
10.00 h Os he soñado juntas: Marina Tsvietaieva y María Zambrano, 1939, Marifé Santiago Bolaños [Filósofa y escritora]
11.15 h Las diputadas republicanas ¿nunca volvieron?, Rosa Mª Merino Hernández [Universidad de Salamanca]
12.30 h El peligro rosa. Carmen de Burgos, una mujer comprometida, Carmen Amate [Instituto de Estudios Almerienses]
16.00 h Mujer y exilio: otra forma de represión, otra forma de compromiso, Ángeles Egido León [UNED]
17.30 h María Zambrano: Antígona como arquetipo de la exiliada, Mercedes Gómez Blesa [Filósofa y ensayista]
18.30 h La recuperación de la memoria histórica de las mujeres exiliadas en América Latina tras la guerra civil: una perspectiva bibliográfica, Mª Aranzazu Díaz-R. Labajo [Universidad de Salamanca]
MARTES, 9 de marzo de 2010
9.00 h Las periodistas: perfiles, valores y producción informativa en el exilio, Matilde Eiroa San Francisco [Universidad Carlos III de Madrid]
10.00 h Memoria e identidades femeninas en el exilio mexicano, Pilar Domínguez Prats [Universidad de Las Palmas de Gran Canaria]
12.00 h Invisibilidad y memoria de las mujeres exiliadas, Josefina Cuesta Bustillo [Universidad de Salamanca]
16.00 h De la evacuación al exilio. Cartas y otros escritos de las niñas españolas refugiadas en Rusia durante la Guerra Civil, Verónica Sierra Blas [Universidad de Alcalá]
17.15 h La niña de la sopa: imágenes del exilio femenino en los campos de concentración de Francia, Jesús García Sánchez [IES Fray Luis de León, Salamanca]
18.30 h Transmisiones de un exilio del siglo XX, Queti Otero [IES Perpiñán, Francia]
19.45 h CLAUSURA
DIRECCIÓN
Josefina Cuesta Bustillo [Universidad de Salamanca]
Mª José Turrión García [Centro Documental de la Memoria Histórica, Salamanca]
COORDINACIÓN
Rosa Mª Merino Hernández [Universidad de Salamanca]
ORGANIZACIÓN
Ministerio de Cultura
Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas
Subdirección General de los Archivos Estatales
Centro Documental de la Memoria Histórica
Universidad de Salamanca
Cursos Extraordinarios y Formación Continua
Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea
Lugar de celebración
Universidad de Salamanca
Facultad de Geografía e Historia
Salón General “Ángel Rodríguez Sánchez”
Calle Cervantes, s/n
37002 Salamanca
viernes, 5 de febrero de 2010
De memoria y desmemoria....
TRIBUNA: RICARDO LEZCANO
Memoria y desmemoria histórica
RICARDO LEZCANO 05/02/2010
Por más que la Memoria Histórica haya sido laureada con una medalla o con una cruz, que en este caso ha sido una ley, tengo la impresión de que en muchas existencias humanas, ricas en años y en experiencias han sucedido hechos memorables que no han sido arropados por ninguna memoria histórica, sino simplemente por la memoria cotidiana y personal.
Personalmente he sido testigo, y a veces víctima, de tormentosos sucesos, especialmente durante nuestra Guerra Civil, sucesos que, inexplicablemente, han pasado desapercibidos para los historiadores de nuestra contienda.
En 1937 yo vivía en Cataluña y fui movilizado, pero sólo me consideraron apto para servicios auxiliares y este destino afortunado me hizo vivir un extraño suceso. Fui a parar al hermoso edificio de la Comandancia Militar de Cataluña en el paseo de Colón, edificio que todavía hoy sigue mostrando su sobria arquitectura y cuyos robustos muros de granito me sirvieron de amparo a menudo frente a los bombardeos aéreos que golpeaban el cercano puerto de Barcelona. Después de diez meses trabajando allí, estos ataques aéreos no pasaban de meros sustos, porque la Comandancia parecía disfrutar de un salvoconducto bélico.
Pues bien, como la tranquilidad excesiva no parece ser buena para el espíritu, un día del mes de septiembre de 1938, cuando los soldados de servicios auxiliares entramos en la Comandancia Militar como todas las mañanas, descubrimos con asombro y zozobra que no había allí ninguno de los oficiales del Ejército que dirigían los servicios, salvo el general Riquelme, comandante militar de Cataluña.
Enseguida se corrió la voz de que todos los ausentes eran espías y que seguramente habían sido detenidos. Todo esto parecía algo rocambolesco. Es verdad que aquellos oficiales provenían de la selección que se había hecho en 1936 entre los que no habían secundado el golpe de estado franquista, pero pronto tuvimos la prueba de que aquella oficialidad era una especie de quinta columna con galones enquistada en la Comandancia Militar de Cataluña.
Cuando al día siguiente llegamos al edificio, cuál no sería nuestro asombro al ver en su fachada un enorme boquete de ocho metros de diámetro que dejaba al descubierto el despacho del Comandante Militar, el general Riquelme.
Todos los presentes elucubraron sobre un bombardeo nocturno, pero de haber sido así, las bombas no podrían haberse limitado a un impacto en la fachada; lógicamente habrían impactado en lo alto del edificio. El periódico La Vanguardia publicó un lacónico y oscuro parte hablando de una alarma a medianoche por peligro de bombardeo, aunque nadie había oído aquellas sirenas.
Así pues, aquel ataque a la Comandancia quedó en la sombra y sin aclarar, sin que supiéramos relacionarlo con la desaparición de la oficialidad ocurrida el día anterior.
Entre sustos, rumores e incertidumbres fuimos pasando los pocos días que faltaban para el fin de la República.
Unos meses después, el 26 de enero de 1939, vi bajar por la Travesera de Gracia una moto conducida por un solitario marroquí, no exento de valor. Al poco rato aparecieron las tropas ya españolas. Durante toda la noche estuvieron pasando transportes militares, material bélico y combatientes alemanes e italianos.
Después de unos días y bajo el peso de la derrota, sólo aliviada por los contactos postales con mi familia, a la que no veía desde tres años atrás, decidí marcharme para reencontrarme con ellos en mi tierra canaria. Sólo me faltaba el último paso para normalizar mi situación como ex soldado de la zona republicana. Era la famosa depuración, trámite que me intranquilizaba bastante, pues los compañeros de la Comandancia conocían de sobra mis ideas izquierdistas.
Cuando me presenté ante el tribunal de oficiales que tenía que depurarme, me dio un vuelco el corazón. Dos de ellos, se dirigían hacia mí, con gestos amistosos y llamándome por mi apellido. Entonces me di cuenta de que aquellos oficiales formaban parte del grupo de desaparecidos de septiembre de 1938; no los habían detenido, ni fusilado. Simplemente, se habían pasado al enemigo.
En cuanto al trato cordial que me dispensaron se debió a mi puesto de soldado auxiliar: yo era el encargado de repartir los "chuscos" y se los facilitaba con frecuencia, cada vez que me los pedían, especialmente cuando tenían invitados.
Quién iba a pensar que aquellos panes estupendos de 500 gramos de muy buena harina que yo repartía diariamente iban a ser mi afortunado salvoconducto. La depuración, hecha al instante, me transformó de sospechoso soldado rojo en ex soldado inocente.
Queda un punto oscuro que quizá aclarará en su día algún estudioso de la memoria histórica. Sabemos que el general Riquelme fue un combatiente republicano, honesto y valeroso. Pero, ¿quién y cómo derribó una noche la fachada de su despacho en la Comandancia Militar de Cataluña?
Ricardo Lezcano es periodista y escritor.
miércoles, 27 de enero de 2010
Editorial sobre Manuel Azaña

De: ElPaís.com
TRIBUNA: CÉSAR ANTONIO MOLINA
Azaña, un estoico moderno
Siete décadas después de la muerte en el exilio del último presidente de la Segunda República, su capacidad para combinar el ejercicio del poder con la pasión por la cultura debe servir de modelo a los políticos de hoy
27/01/2010
Azaña fue hasta 1930 un literato-intelectual y político; y desde 1930 hasta el final de sus días, en 1940, un político-intelectual y literato. Compartió ambos mundos, en apariencia antagónicos, de la misma manera que lo habían hecho otros personajes en el siglo XIX, como Martínez de la Rosa. Azaña mantuvo su creación literaria y desarrolló a la par una ferviente acción pública. Escribió novelas, ensayos, artículos, discursos, biografías, diarios e hizo numerosas traducciones, además de redactar y estrenar varias obras teatrales, quizás su género literario más querido. También dirigió publicaciones como La Pluma y España.
En la cena con los intelectuales catalanes celebrada en Barcelona en 1931, Azaña afirmó: "Yo soy un escritor perdido en la política". Por mi parte, pienso que "perdido" no sería la palabra: mejor, "metido" en la política. ¿Por qué lo hizo? Azaña nunca abandonó su carrera literaria. Siguió publicando libros, estrenó con los mejores directores y actores y, por otra parte, la política le ofreció un inmenso material para escribir los mejores diarios que jamás se hayan redactado. El autor de El jardín de los frailes fue un estajanovista del trabajo intelectual y no menos del político. Alguien que se resistió a entrar en la vida pública, a pesar de que muchos lo veían más como un político que como un literato. Lo mismo le sucedió en el ambiente de la política, donde lo consideraban más bien un intelectual.
Los juicios de Azaña sobre la política española y los políticos de su tiempo son tremendos. Los intelectuales, artistas y escritores le provocan comentarios críticos, pero en todos ellos ve un estímulo, una superación, un arrojo y gallardía que no contempla en cambio en sus otros compañeros. Azaña afirma que resulta más fácil brillar en la política que en la literatura. Para él, por su formación y carácter, la política tenía muchos inconvenientes. La gente procedía en la política por subordinación, no por espíritu crítico ni adhesión libre y, además, existían intereses que él calificaba de "subalternos". En El presidente del Consejo habla a los lectores (Ahora, 1931), reinterpreta su compromiso político afirmando que él era un político porque era un optimista y creía que la función del gobernante -la diferenciaba de la del político- tenía que consistir en llevar el esquema intelectual de su país futuro a la realidad social o legislativa. "El apartamiento voluntario en que yo he vivido durante veinticinco años, dedicado a las letras y al estudio y conocimiento de mi país y de otros extranjeros, me ha dado esta confianza que me enseña a no conceder importancia a las mezquindades personales, y a lo que suelen llamar enojos y pequeñas pasiones de la política y a atenerse a sus fines esenciales y duraderos que, para un hombre cultivado y sensible, representan un armazón interior equivalente al del arte o de la religión". Azaña se convierte en un hombre de acción sin por ello desprenderse de su ser esencial.
Azaña fue a la política para cumplir con un deber. La política para él era la más alta manifestación de la cultura. Sus palabras textuales serían las siguientes: "La pasión del arte lleva a crear, y la política no es más que eso; creación, y por ello, tiene la grandeza de todas las artes" (Homenaje a Espina, 1935). Estando en la política no dejaba de estar en la cultura. Sus metas eran extender la alfabetización, el saber y el conocimiento por todo el país para conseguir de una vez por todas ciudadanos libres. Tarea ingente en la que no fracasó del todo. Azaña está en los debates políticos pero sin dudarlo un momento se pone al servicio de la cultura con gestos y medios, con su propia ejemplaridad de lector, espectador y visitante de todos los templos donde se representan cada uno de los géneros. No hay obra de teatro, estreno cinematográfico de relevancia, concierto, exposición o cualquier otra actividad que el trabajo cotidiano le impidiera visitar. "Por la tarde, a las cuatro, voy a las Cortes. Leo el proyecto de Ley de Presupuestos y me vuelvo al ministerio: al poco tiempo salgo solo y voy al concierto de la Orquesta Filarmónica en el Español. Mozart me ha puesto de buen humor. Desde allí al teatro de la Princesa, que ahora se llama María Guerrero. Sesión de clausura de la asamblea del partido de Acción Republicana. Pronuncio mi discurso que sale bien y es aplaudidísimo. Vengo al ministerio a cenar y ya no salgo", escribirá en 1932.Como un ilusionista, sacaba tiempo para todo, incluso para seguir escribiendo sus obras y varias páginas confesionales de profunda sabiduría estoica. Porque Azaña era un estoico moderno. La política y el poder no lo envanecieron, precisamente por albergar dentro de él ese sentimiento de humildad ante la fragilidad de la existencia. Cuando llegó al poder, ya era alguien, no necesitaba de la política para aumentar su prestigio. Lo arriesgó todo, lo apostó todo a esa carta. Fue generoso a sabiendas de lo ingrata que siempre fue España para con sus servidores. De ahí precisamente extrajo la firmeza de sus ideas y convicciones. Por otro lado, sin sectarismo alguno, Azaña fue una persona conciliadora en un país que caminaba a posiciones extremistas irreconciliables. Fue la razón y la prudencia mismas. Azaña ejerciendo la piedad no sólo para con los demás, sino también para consigo mismo.
Pronto se dio cuenta de la gravedad del momento histórico que vivía y de la dignidad y cordura con que tendría que enfrentarse a su destino. Se podría decir que en él se simbolizaba perfectamente la verdad y la lealtad de la República para con sus conciudadanos. Nunca mantuvo el poder para sí, sino para ejercitarlo hacia el bien común. Y si usó de ese poder lo hizo en beneficio de su país y no de su partido. O si se prefiere, en beneficio del futuro de España: "El futuro de España... ¡terrible secreto!", afirmaría.
Azaña era un personaje singular. Su ejemplo debería haber servido de arquetipo para todos los presidentes de cualquier democracia. En nuestro caso no ha sido así. Se le ignoró, y sólo se le rescató en momentos partidistas, cuando él ya estaba por encima de todo. En Grandezas y miserias de la política, se plantearía una reflexión fundamental: si una persona eminente en otras artes tiene o no derecho, es o no útil, que intervenga en la vida política. "La política", decía, "es la aplicación más amplia, más profunda, más formal y completa de las capacidades de un espíritu, donde juegan más las dotes del ser humano, y donde no juegan sólo cualidades del entendimiento, sino, además, cualidades del carácter". Azaña cree que esa presencia es buena para la política, aunque también advertía que el talante para sobrevivir en ese mundo era diferente, pues los valores eran distintos y las mañas también.
El gran problema de la política española lo contemplaba en la capacidad de acertar en la designación de los más capaces. La política se alejaba de esos principios universales, tan sólo por el personalismo de quien elige. Otro de nuestros males estaba igualmente en la incapacidad para conseguir formar una clase dirigente. "Una sociedad -decía-, aunque con desventura, puede pasarse sin grandes artistas pero no se puede pasar sin dirección política".
Un presidente preocupado por las cosas del espíritu, escribían en algunos periódicos sin que él llegara a adivinar si era un piropo o una crítica. Más bien habría que decir un presidente volcado en la acción pública y con tiempo para pensar. Azaña quería poner a España al nivel de Francia o Inglaterra. No tuvo tiempo. No lo dejaron o, mejor dicho, lo abandonaron.
En la gigantesca edición de sus Obras completas, magníficamente preparadas por Santos Juliá, se reproduce una carta que desde el exilio le envía a Ángel Ossorio: "Repetidamente le llamé la atención a Negrín. El Museo del Prado, le dije en una ocasión, es más importante para España que la República y la Monarquía juntas". "No estoy lejos de pensar así", respondió él. "Pues calcule usted qué sería si los cuadros desapareciesen o se averiasen", añadí yo. "Sí: un gran bochorno", me confesó. "Tendría usted que pegarse un tiro", le repliqué.
Azaña amó a nuestra cultura sobre todas las cosas y, al referirse al Prado, lo hacía por extensión a toda ella con sus peculiaridades y lenguas. España sin sus extraordinarios creadores no era nada. ¿Qué le diría hoy don Manuel Azaña a su homólogo? ¡Exactamente lo mismo! Y le añadiría además que la cultura española vale mucho más que el supuesto glamour y los votos.
César Antonio Molina, ex ministro de Cultura, es escritor. Su último libro publicado es Lugares donde se calma el dolor (Destino).
sábado, 21 de noviembre de 2009
"La noche de los tiempos" de Antonio Muñoz Molina; entrevista en Babelia

Tengo muchas ganas de leer este libro, pero hay que ser sincera y decir que no sé si lo podré hacer. En los últimos años han salido varios libros sobre la GCE y la posguerra con una extensión impresionante -- pienso en Los libros arden mal, de Manuel Rivas, o El corazón helado, de Almudena Grandes. El de AMM es de casi mil páginas. ¿Es que los escritores están intentando escribir la novela de la guerra - cosa que a menudo se ha dicho que no existe -- o es simplemente que no puede ser de otra manera, por el tema que tratan, y la distancia temporal? La última vez que leí una novela de esta extensión fue con La Regenta. A pesar de tener que leerla para una clase, lo vi como un desafío personal como lectora. Para mí, el problema es que me gusta leer todo lo que pueda, y si leyera una novela de 960 páginas, tendría que dedicarme sólo a esa labor, y nada más. Voy a agregar este título a mi lista de lecturas pendientes, a ver qué pasa.
Resumen de Seix Barral:
Un día de finales de octubre de 1936 el arquitecto español Ignacio Abel llega a la estación de Pennsylvania, última etapa de un largo viaje desde que escapó de España, vía Francia, dejando atrás a su esposa e hijos, incomunicados tras uno de los múltiples frentes de unpaís ya quebrado por la guerra.De: Babelia, El País
Durante el viaje recuerda la historia de amor clandestino con la mujer de su vida y la crispación social y el desconcierto que precedieron al estallido del conflicto fratricida. La noche de los tiempos es una gran novela de amor ambientada en el año previo al inicio de la guerra civil española. Por ella transitan personajes reales (Negrín, Moreno Villa, Bergamín...) y personajes de ficción, tejiendo una red colectiva que contextualiza la vivencia personal de un solo individuo y que convierte la narración en una sinfonía de asociaciones y sugerencias, en la caja de resonancia de toda una época.
Este libro inolvidable es el máximo empeño literario de Antonio Muñoz Molina, y, sin duda alguna, un texto único sobre las raíces de la sociedad en que vivimos: la confrontación entre la desvalida necesidad personal de amor y la feroz carnavalada sangrienta de los fanatismos ideológicos que arrasan el mundo moderno.
ENTREVISTA: EN PORTADA - Entrevista
Contra los fanatismos
Casi mil páginas y tres años de trabajo. Antonio Muñoz Molina publica La noche de los tiempos, una novela sobre los traumas de la República, la guerra y el exilio. "Es mentira que estuviéramos abocados a un final así".
JESÚS RUIZ MANTILLA 21/11/2009
Probablemente, 958 páginas sean pocas para dirimir ciertas cosas. Más cuando se trata de la República, la Guerra Civil, el exilio y aquellos traumas aún sangrantes en la conciencia de los españoles. Pero cuando algunos asuntos importantes aparecen desdibujados por debates enconados conviene afrontar un exhaustivo examen de conciencia. Es lo que ha tratado de hacer Antonio Muñoz Molina en La noche de los tiempos (Seix Barral). Honestamente. Sin evadir verdades dolorosas, desplegando sobre planteamientos profundamente cívicos hechos que, no por haberse diluido en idealismos y nostalgias, dejan de resultar menos crudos ni dolorosos.
¿Por qué aquel sueño de la República nos fue arrebatado de cuajo? ¿Por qué entre dos bandos fanatizados perdieron quienes quedaban en medio? ¿Qué hizo que el sentido común resultara la más desautorizada de las utopías? ¿Quién tuvo la culpa de que la decencia, la democracia, el progreso descarrilaran en aquel tren que después llegó con un interminable retraso histórico? ¿Por qué unos se fueron y otros se quedaron? ¿Cómo afrontamos hoy todo aquel desastre? ¿Qué estamos dispuestos a admitir? ¿Continúa la derrota?...
En el Hungarian Pastry Shop, un café encantador de su barrio neoyorquino donde el autor ha escrito parte de su novela, Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) sigue preguntándose esas y otras cosas. Son cuestiones sobre las que el escritor ha navegado buscando respuestas que todavía se nos escapan. Lo ha hecho para construir una novela de amor y odio. Junto a un personaje complejo y lleno de claroscuros como es el arquitecto Ignacio Abel. A su lado, en un exilio americano hacia donde huye al principio de la guerra en busca de Judith Biely, su amante perdida, Muñoz Molina crea personajes de ficción en los que remueve a fondo el conflicto y sus contradicciones.
Pero también, por La noche de los tiempos desfilan otros reales: desde políticos como Juan Negrín y Manuel Azaña a nombres de la cultura como el escritor activista José Bergamín, el pintor José Moreno Villa, Zenobia Camprubí, la mujer de Juan Ramón Jiménez, o Rafael Alberti. Unos salen mejor parados que otros. Pero es que ciertas verdades institucionalizadas necesitan de revisiones, aunque vayan a levantar ampollas."No soy belicoso", avisa el escritor. De lo que no hay duda es de que este libro le ha costado sufrimiento, angustia y sudores. Ha buceado con plena honestidad en simas a las que no todo el mundo está dispuesto a llegar. Menos desde la izquierda. Si hay algo que ha sacado en claro después de haber logrado una de las prosas más poderosas de su carrera es una cosa: "Es mentira que estuviéramos abocados a un final así. Aquello nunca debió haber ocurrido".
PREGUNTA. Esta novela suya es un auténtico examen de conciencia republicano. ¿Así se lo ha planteado?
RESPUESTA. Sí, hasta cierto punto, eso es verdad. Pero las novelas no se hacen con posiciones políticas. Para hacer un examen de conciencia no necesitas hacer una novela. Es importante precisarlo. Lo más difícil de ésta era ponerse en el lugar. En un tiempo y un espacio que yo no he vivido, pero que debía hacer míos también.
P. ¿Como una especie de literatura del método, si lo trasladamos a términos actorales?
R. Algo así, necesitaba una identificación. Debía conseguir que lo que cuento no resultara retrospectivo, sino que fuera percibido como algo inmediato. Por eso la novela está contada en presente. El examen de conciencia aquí consiste en intentar quitar las capas de la ignorancia, la ideología, la pereza mental para intentar saber cómo se siente una persona que vive una experiencia así, cómo ha sido la vida para la gente que no deseaba eso. Es muy fácil juzgar a posteriori, dividir el mundo entre los justos y quienes no lo son, pero las cosas son mucho más complicadas. Hay que hacer un esfuerzo y consiste en imponer, más que nuestra mirada o nuestras opiniones caprichosas, las preguntas. A quienes lo vivieron y a nosotros mismos: ¿tú qué habrías hecho?
P. Pues mire, eso era lo que le pensaba preguntar al final, pero ya que lo saca.
R. Debemos plantearnos eso. Ésa es la cuestión. Son dos partes. Una enterarnos de cómo eran las cosas. Leer y recordar qué nos han contado para entender. Ese mundo, cuando yo era niño, lo recordaba vivamente y la gente de mi entorno lo contaba sin prejuicios ideológicos. Ese sustrato no ideológico me ha servido. También los testimonios de personas honradas, sin tergiversaciones.
P. Como quién.
R. Ignacio Abel le debe mucho a Arturo Barea, sobre todo al tercer tomo de sus memorias, La llama. Empieza cuando arranca el conflicto y acaba en 1938, cuando se va a Londres con una mujer a la que conoció. Era hijo de una lavandera y ascendió de clase social. Tenía una militancia socialista y sindicalista muy fuerte y vivió con el conflicto del hombre que ha ascendido socialmente, de quien tenía zapatos donde los demás calzaban alpargatas. La descripción del 19 de julio, cuando Abel atraviesa la ciudad en busca de su amante, le debe mucho a él, ese surrealismo de feria y carricoches, era así.
P. También esa parte le debe algo al San Camilo
1936
de Cela. ¿Puede ser?
R. Cela utilizó unas técnicas, como las de mezclar los anuncios en el relato. Esa novela de Cela es muy importante. Pero también me sirvió mucho la técnica de collage de Manhattan Transfer, de John Dos Passos, o el Ulises, de Joyce. Como novelista, soy deudor de los grandes maestros del siglo XX. Ellos nos han enseñado que podemos atrevernos a escapar de los corsés y ahora nos beneficiamos de esas invenciones. Yo me aprovecho de eso, también de Faulkner, Virginia Woolf, novelas suyas como Mrs. Dalloway o Alfaro. Durante un tiempo me consideré un absolutista de la novela. Pero tampoco quería hacer una obra que llamara la atención sobre sí misma, sino que lo crucial eran los personajes, la historia. Algo que me obsesionaba era saber de verdad cómo eran las cosas cotidianas. Porque la verdad es que son las primeras que desaparecen y cuando intentas revivir una época...
P. Conviene ir al detalle, a cierto puntillismo.
R. Sí, yo quería saber cómo era un billete, una postal. Una clave fundamental fue introducir mi propio deseo de plasmar aquello. Qué había en los bolsillos de ese señor, qué se sentía al tocar un periódico. Me invadió una forma insensata de romper la barrera del tiempo. No podía ser una reconstrucción tranquila, no conflictiva, debía transparentarse la dificultad, el esfuerzo de saltar a otra época. Porque, además, la gente no sabía qué estaba pasando.
P. Pero sí percibes el miedo a lo que creían que iba a pasar.
R. El miedo estaba en mucha gente, pero todavía nadie se atrevía a llamar a aquello guerra. También aprendí mucho al leer las memorias de Julián Marías. Un hombre íntegramente republicano, pero católico. Muchos vivían ese conflicto. Zenobia Camprubí, también. Sus testimonios me sirvieron mucho. ¿Qué hacían? ¿Cuál era su posición? Cuando hablábamos del examen de conciencia, entra el deseo de ir más allá de las versiones simplificadoras que se siguen propagando en España tanto tiempo después.
P. ¿El problema es el victimismo? ¿No nubla demasiado ciertas cosas?
R. Lo que tenemos que conocer es la historia. Hay que diferenciar la historia del tebeo y del mitin. Pero yo quería contar cuál es la percepción de las cosas cuando no son historia todavía. Las personas vivieron en presente y tuvieron un orden de prioridades. Pero eso cambia y cada uno tiene asuntos personales que se imponen. Lo que quiere Ignacio Abel, el 18 de julio, es encontrar a su amante. Su desgarro no es la guerra. Nadie sabe qué nombre tiene lo que está pasando. Esa palabra tarda en salir en los periódicos. ¿Qué sabía nadie entonces?
P. Y así ha pasado tres años de trabajo, obsesivos. Al ver el resultado, ¿ha encontrado a un escritor distinto?
R. No pienso en esos términos. Para mí era una cosa más perentoria e inmediata. Empecé sin saber adónde iba, ni el grado de dificultad que fue adquiriendo, de una manera muy caótica. Cuando llevaba 400 páginas tuve que volver al principio. Yo sabía muy poco sobre la novela al meterme en ella.
P. ¿Qué sabía?
R. Que iba a centrarse en un personaje con una encrucijada fundamental como la que tuvo Pedro Salinas, más personal. Y otra política, como la de mucha gente que no cuadraba en ninguna de las simplificaciones que se impusieron a posteriori. No hay dos Españas, como en un partido de fútbol siniestro, que al final entran en guerra. Hay una situación política muy confusa, muy rica, en la que lo más difícil era que se formaran bandos congruentes. Sólo dentro del PSOE había dos bandos. ¿Qué tenían que ver los anarquistas con los socialistas de Julián Besteiro, los de Largo Caballero, los republicanos de Azaña, de Miguel Maura, de Alcalá Zamora, un mundo muy fluido que no debía haber acabado en eso? Era un bando muy caótico. Por eso, en parte, se pierde la guerra. Se empeñaron casi en perder. Es muy fácil saber eso. Lo único que hay que hacer es leer. En España se puede saber todo. Los historiadores de verdad han hecho su trabajo. Y lo han hecho bien.
P. Los personajes históricos que ha elegido están ahí para explicar esa encrucijada. Pero se destruyen algunos mitos. ¿Le preocupan las reacciones?
R. Ésos fueron saliendo. Todo fue un proceso de descubrimiento. Tanteas a ver qué aparece. Todas las novelas son así. Luego se ve tan largo el libro y parece hecho a propósito, pero no es así. Los personajes van surgiendo. Por ejemplo, convertir a Ignacio Abel en arquitecto me llevó a otras vertientes, al proyecto de la Ciudad Universitaria, tan utópico y tan práctico a la vez. A quienes buscaban una idea de progreso. La República es un proyecto político, cultural y social que venía de mucho antes, de una idea liberal, de la Institución Libre de Enseñanza o de personajes que estaban en la Junta de Ampliación de Estudios, como Ramón y Cajal, que con eso impulsa una formación europeísta de la que después vienen Negrín, Antonio Machado, Ortega y Gasset, Francisco Ayala... Ignacio Abel pertenece a ese mundo, el de la modernización social de España.
P. ¿Por eso es un personaje que huye de toda aquella violencia? ¿Aunque lo haga con mal cuerpo?
R. La novela comienza cuando él escucha una voz que lo llama en la estación. ¿Cuál es esa voz?
P. ¿La de su conciencia? De ahí parte el examen que usted realiza.
R. Yo creo que él al huir busca que no le maten, algo más primitivo. Marcharse. Tengo esa impresión. Pero no hay manera de despojarse de la vida que dejas atrás. Durante su existencia ha adquirido cosas, ha pasado de una portería en la calle Toledo a un piso en el barrio de Salamanca y, de repente, no tiene nada. Pero la carga la lleva. Eso y lo que tiene en la maleta y los bolsillos. La experiencia del despojamiento la sufrió mucha gente y la siguen sufriendo en otros países. Por eso hay que ver en ello una clave no española. En Estados Unidos, tengo que rebelarme muchas veces tanto entre progresistas y reaccionarios con que la desgracia española es específica, como la fiesta de los toros, y no es así. Es parte de la crisis europea que se resuelve en un conflicto global como la Segunda Guerra Mundial y si no entendemos eso, no entendemos nada.
P. Pero usted también parece haber hecho cierta introspección en esta novela. Hay reflexiones sobre la paternidad cruciales. Por cierto, ¿sus hijos son buenos lectores suyos?
R. Sí. Muy buenos, muy acertados. Me interesan mucho sus lecturas. Son muy atentos. Ahora, yo soy mejor padre que Ignacio Abel. Pero sí es cierto que hay reflexiones íntimas sobre la paternidad. En esta novela hay pluralidad de mundos. La tentación de convertir a un personaje en un héroe se borra cuando te encuentras a su hijo observándolo. También cuando aparece el contrapunto de una amante que se niega a ser la querida de un varón español.
P. ¿También hay un Muñoz Molina que se siente en el exilio?
R. En el exilio no. Tenemos que ser muy cuidadosos con las palabras.
P. Tiene razón. ¿Un Muñoz Molina nómada, mejor dicho?
R. Mejor eso. No podemos usurpar con nuestro narcisismo el sufrimiento de otros. El exilio es el exilio. Yo me siento alguien de ida y vuelta entre Madrid y Nueva York. Voy de mi casa a mi casa. Lo que me gusta es poner distancia. España es un país en el que estamos todos muy apretaos. Es muy fácil ser demasiado visible y a mí no me gusta ser un personaje público. De mi oficio me interesa el hecho de escribir y leer.
P. ¿Está preparado para recibir su leña desde la izquierda? Porque algunos le darán.
R. Pues, lo siento. Yo soy una persona de izquierdas. Me da igual lo que digan. En la novela no hay nada que no hayan escrito o manifestado y pensado gente de izquierda. Mis guías políticos en la novela han sido progresistas como Barea, José Zugazagoitia, Moreno Villa o Manuel Chaves Nogales.
P. Pero hay grandes sacrosantos de ese bando que no quedan en buen lugar, como Alberti o Bergamín.
R. Es lo que es. No resulta lo mismo, por ejemplo, Miguel Hernández que otros. Él estuvo en lugares donde silbaban las balas mientras otros estaban en bailes de disfraces y comilonas de la Alianza de Escritores Antifascistas. Es así.
P. Entonces, ¿se va a remangar bien para responder en todos los frentes? Hasta en las Cartas al Director,
como hace a veces.
R. No, no. En este caso no.
P. Eso le va, no me lo niegue.
R. No. Yo no soy belicoso. Lo que a veces me subleva es que, siendo tan fácil conocer las cosas como fueron o como son se mienta. Pero en fin, esto es una novela y ya está. No he contado nada que no proceda de testimonios directos. Las cosas que dice Bergamín están sacadas de cosas firmadas por él. ¡Qué le vamos a hacer! Se dijeron barbaridades atroces y las consecuencias fueron terribles. Las palabras, en vez de construir, servían para destruir. Hay un enloquecimiento ideológico, un delirio en los dos bandos. También hay que preguntarse por qué después de 70 años no existe un acuerdo básico sobre lo que pasó. Que no se haya implantado la concordia fundamental sobre esos hechos.
P. No sé si ha caído en que grandes novelistas de su generación: usted, Javier Marías o Almudena Grandes, han escrito últimamente a lo grande sobre la Guerra Civil. ¿Era una deuda pendiente?
R. No lo sé. En mi caso, ese hilo lo he cultivado desde mi primera novela. A lo mejor, ahora lo estamos abordando con más profundidad.
P. En esta novela se ha retado usted hasta un límite obsesivo. ¿Ha querido ser más perfeccionista que en otras?
R. Siempre pasa lo mismo. Yo a veces tenía la sensación de no haber exprimido suficientemente todas las posibilidades. Pero con esta novela pasará lo mismo que con otras. Mientras lo haces pones los cinco sentidos. Pero dentro de un tiempo creeré que podía haber ido más allá.
P. ¿Dentro de unos años?
R. Qué va. En dos meses... Por otra parte, ya está. No me gusta regodearme.
P. ¿Pero se ha llegado a arrepentir de algo? ¿Ha tenido la tentación de desheredar alguna obra suya? No entremos en títulos.
R. El arrepentimiento varía. Viene por épocas.
P. De Beltenebros
tengo la impresión de que usted se ha arrepentido.
R. No. Me he arrepentido de no haber sabido hacer esa novela con toda la complejidad que requería. No supe en su momento. Pero bueno, esa novela tiene sus lectores.
P. Por último. Echo de menos una respuesta. Se lo pregunté antes pero no me contestó. Insisto. Usted, en aquellos días, ¿qué hubiera hecho?
R. Es que no lo sé. Nadie sabe cómo se reacciona en una situación de extremo peligro y de pánico. Me lo he preguntado muchas veces mientras escribía este libro. Pero hay que tener la humildad de no responderse. La novela, como género, nos enseña que debemos tener un fondo de respeto sobre el ser humano. Que hay cosas que podemos saber pero otras no: ni sobre otros, ni sobre nosotros mismos.
martes, 10 de noviembre de 2009
La fiesta del oso, nueva novela de Jordi Soler
Tengo pendiente desde hace mucho leer las dos otras novelas de Jordi Soler, Los rojos de ultramar y La última hora del último día, y ahora hay una tercera, La fiesta del oso, traducida curiosamente al inglés como The Republican's Tale (debe haber sido publicada por una editorial británica, porque por aquí lo único en que piensa la gente cuando oye "republicano" es en lo que se refiere al partido que opone a los demócratas). La fiesta del oso ata los "cabos sueltos" de Los rojos de ultramar.De: Público
Jordi Soler indaga en los fantasmas de la República
El escritor retrata la crudeza del exilio en 'La fiesta del oso', su última novela
LÍDIA PENELO - BARCELONA - 10/11/2009 08:30
El narrador de La fiesta del oso (Mondadori) se encuentra "hablando otra vez de la puta guerra" y tratando de averiguar qué fue de Oriol, el hermano de su abuelo desaparecido en los Pirineos al estallar la Guerra Civil. Este es el arranque de la última novela de Jordi Soler (Veracruz, México, 1963), un escritor que tras escribir Los rojos de Ultramar (Alfaguara) se quedó con ganas de atar algunos cabos que le habían quedado sueltos. En ese libro daba por muerto a su tío Oriol y en este, le sigue el rastro.
Tras una charla sobre los republicanos en Argèles-sur- Mer, una desconocida entrega una foto al narrador. Mezclar ficción y realidad es algo que divierte a Soler. La fotografía existe, y además de ilustrar la portada del libro generó su origen. "En realidad, La fiesta del oso más que una novela es un pie de foto, es todo lo que pasa a partir de una fotografía. La historia que sale de esta imagen está anclada a cosas que le pasaron a mi familia", cuenta el autor con acento mexicano.
La metáfora de la República
Nacido en el cafetal que fundó su abuelo en Veracruz, un republicano que sobrevivió al campo de concentración de Argèles, a Soler le gusta deformar la realidad. "Tengo mucha afición por meterme conmigo y con mi familia en mis novelas. Pero no contaré cuanta realidad pongo, eso sería como preguntarle a un mago por sus trucos", afirma sonriente. La voz narrativa que comparte muchas similitudes con el autor empuja y protagoniza la trama junto a Oriol y a Noviembre.
Mientras su familia lo daba por muerto, el Oriol de ficción arrastró una pierna muerta por medio Alt Empordà y consiguió salvarse. "Oriol me parece una metáfora de la República, durante la que se realizaron muchos esfuerzos para terminar con el país tullido", explica el autor que degrada a su personaje sin compasión. "Me interesaba contar la descomposición de una persona. Quiere ser músico y termina siendo una bestia en la montaña porque se le ha cruzado la guerra", argumenta.
El contrapunto de la bestia es Noviembre, un gigantón que cría cabras y se hace cargo de Oriol. "Es que los gigantes siempre me han fascinado y quería uno en mis libros", suelta con timidez un hombre que descarta Argèles como lugar de veraneo. Dice que reconciliarse con esa playa le resulta imposible.
Noticia del blog Literaturas noticias:
La editorial MONDADORI va a publicar el próximo día 6 de Noviembre, por primera vez en su catálogo y con gran satisfacción LA FIESTA DEL OSO, la nueva novela del autor mexicano, afincado en Barcelona, JORDI SOLER.
En la guerra se pierden los destinos. Historias que parecen cerradas de repente admiten un giro más, una nueva revelación que cambia nuestra perspectiva del pasado y por ende nuestro presente. La historia de Oriol es una de esas.
En febrero de 1939, Oriol desaparece sin dejar rastro, en medio de una terrible tormenta de nieve. Desde el exilio, su hermano Arcadi espera, durante décadas, alguna noticia de su paradero, sin perder la esperanza de que siga vivo. Será un sobrino de Oriol, narrador de esta magnífica novela, quien sesenta años después, en el sur de Francia haga un descubrimiento inesperado.
Para aquellos que recuerdan la lectura de Los Rojos de ultramar (Alfaguara, 2004), La fiesta del oso vuelve a ese universo narrativo para contarnos el paradero de Oriol y para ofrecernos una historia sorprendente que entremezcla realidad y ficción, llena de humor y melancolía, sobre la memoria, la culpa hereditaria y la búsqueda de la verdad. Una casa que sólo existe si la habitas.
Eva Cuenca
Jefa de prensa/Press manager
Editorial Mondadori y Debolsillo
RANDOM HOUSE MONDADORI
Travessera de Gracia, 47 - 49
08021 Barcelona
Tel.: 00 34 93 366 64 06 /Movil: 00 34 646 95 32 32
martes, 27 de octubre de 2009
Soitu: Italo Rondinella, fotógrafo italiano de los aviadores de la República
Recordando a 'las alas de la República'
* El fotógrafo italiano Italo Rondinella sigue los pasos de los aviadores la República
* Represaliados durante el franquismo, siguen reivindicando su papel en la Guerra Civil
Por MAR SÁNCHEZ (SOITU.ES)
Actualizado 27-10-2009 11:45 CET
El fotógrafo Italo Rondinella es un joven recién llegado de Italia que perfecciona sus conocimientos de fotografía en Barcelona. Quiere distanciarse del sofocante clima político que se respira en su país. Abogado de profesión, dejó el oficio para dedicarse de lleno a su gran pasión: hacer fotos. De él nos ha interesado su proyecto 'Las alas de la República', un trabajo recién empezado en el que Rondinella retrata a los aviadores de la Guerra Civil Española que lucharon con la República.
"Este trabajo apenas ha comenzado", dice, "sólo llevo 4 meses en España, así que de momento sólo he contactado con cuatro de los aviadores". Sobre las motivaciones que han llevado a un italiano a embarcarse en un proyecto sobre la recuperación de la memoria histórica española dice que "no tiene que ver con este país, sino con toda Europa. Esos hombres, con sólo 18 ó 20 años, combatieron en condiciones durísimas. Lucharon por los derechos de la gente de mi generación, derechos que ahora disfrutamos sin llegar a valorarlos".
Italo los llama "los padres de la democracia", y a lo largo de este trabajo recién comenzado ha tenido la ocasión de conocerlos bien: "ahora tienen más de noventa años, pero viven la vida con gran intensidad, me encanta hablar con ellos".
Entre las razones que da para marcharse de Italia afirma que se siente molesto y desmotivado por la situación política de su país, la actitud laxa de la sociedad italiana y la falta de derechos sociales. Según él, esta combinación de factores está afectando a la actividad cultural. "Me apetecía salir de allí y pensé en una ciudad con un ambiente más internacional", explica.
En la capital catalana, a través de una amiga supo de la Asociación de Aviadores de la República, y una vez que contactó con ellos supo de sus dificultades tras perder la guerra. "Muchos salieron del país, pero los que se quedaron fueron humillados. Por ejemplo, perdieron sus títulos académicos y fueron obligados a hacer el servicio militar", cuenta.
La asociación se creó en los años 70, con la llegada de la democracia, sin embargo hasta bien entrada la década de los años 80 no consiguieron que les fuese reconocida su graduación militar.
En otros de los trabajos de Iatlo podemos ver que refleja temas como un estudio sobre la depresión en la vejez, la prostitución, y la acción social. Este año ha pasado por el Seminario que dirige Gervasio Sánchez en Albarracín, en el que tuvimos la oportunidad de mantener con él esta charla tras conocer su trabajo en los talleres prácticos. Nos hemos prometido que seguiremos de cerca su mirada, tan llena de lucidez.
martes, 20 de octubre de 2009
Nuevo libro sobre el final de la II República
De: El PaísÁngel Viñas y Fernando Hernández reconstruyen el desastre republicano en la Guerra Civil, centrado en el golpe del coronel Casado y el mito del dominio comunista sobre Negrín
18/10/2009
Sobre el final de la Guerra Civil se dispone de una abundante literatura. Está, en gran medida, teñida por los testimonios de vencedores y vencidos. Entre los primeros predominan el júbilo y la mitologización. A la alegría de la VICTORIA se unieron las múltiples y variadas leyendas que presentaron el conflicto como una lucha por la salvación de España y para evitar que la PATRIA (siempre con mayúsculas) fuese a caer en las garras de Moscú. Entre los segundos dominan las querellas durante los largos años del exilio; la angustia por determinar las responsabilidades de la derrota y los intentos de echarlas, en la mayor medida posible, sobre los demás.
(...) La guerra fría, con sus exigencias políticas, ideológicas y militares, indujo a una amplia gama de historiadores, politólogos y simples propagandistas a presentar la guerra española no como un fenómeno precursor de la mundial sino como una muestra, afortunadamente fracasada, de la pugna sistémica. La Unión Soviética habría tendido a establecer en España una República popular avant la lettre, un anticipo de lo que el Ejército Rojo impuso en la Europa central y oriental por la fuerza de las bayonetas. Aunque dictador con rasgos a veces poco recomendables, Franco habría sido el "centinela de Occidente", el visionario que había sabido infligir la primera derrota al comunismo por la fuerza de las armas. En extraña coyunda, conservadores, libertarios, un amplio sector socialista, renegados comunistas, trotskistas y poumistas de gran imaginación llevaron a la literatura una interpretación sobre la Guerra Civil y su final que convenía y alegraba a todos, también a los franquistas. Culminó en tres mitos esenciales:
1. Los republicanos -bajo la férula del PCE y formalmente bajo un Gobierno dirigido por Negrín- mantuvieron la resistencia cuando ya nada quedaba por hacer. Sobre ellos recaen los muertos y la sangre derramada en los últimos meses de la contienda.
2. Ante la repulsa que en los mandos militares y en las organizaciones políticas despertaba tan absurda estrategia, Negrín preparó, en connivencia con los comunistas, un golpe de fuerza que le habría permitido poner bajo su control a los restos del Ejército Popular para así proseguir una resistencia desesperada, que sólo convenía a la URSS.
3. Afortunadamente, gente que no estaba tan alocada y era más sensible a las exigencias de la realidad preparó un golpe destinado a cortar tal deriva.
(...) Todavía hoy destacados historiadores del conservadurismo de habla inglesa argumentan que Negrín, el hombre de la resistencia contra Franco, habría sido, quisiéralo o no, un instrumento del PCE. Los comunistas españoles, lacayos de la Unión Soviética, se habrían comportado como vehículos transmisores de los deseos de Stalin a través de la Internacional Comunista (...).
Tales mitos, que siguen teniendo plena vigencia hoy en día entre los autores pro franquistas y muchas de cuyas manifestaciones asume acríticamente una cierta corriente de historiadores, son el objeto del presente libro. (...) Negrín fue lo más próximo que los españoles de la época tuvieron a una figura de la talla del líder francés (Charles de Gaulle) o a la de un Winston Churchill. Si España no continuara siendo la proverbial madre amarga y su política fuera menos cainita es verosímil que la memoria de Negrín hubiese sido rehabilitada hace tiempo con todos los honores. Aunque ello no haya sido así, como tampoco lo ha sido la épica lucha que una parte sustancial del pueblo español mantuvo contra el expansionismo fascista, ofrece cierto consuelo el que al menos, en el año 2008, su partido decidiera readmitirle póstumamente a la militancia junto con treinta y cinco de sus partidarios, expulsados ignominiosamente de éste en 1946 en los albores de la guerra fría.
(...) Tras dos años y medio de resistencia la República fue derrotada debido a la superioridad y mayor disciplina del adversario y a la continuada retracción de las democracias. Pero su derrota en concreto se configuró también por la desintegración derivada de una dinámica de discordia interna que fue creciendo en intensidad y que dio al traste con cualquier posibilidad de salvación de un mayor número de vidas republicanas.
(...) Demostramos, con documentos en la mano, que Negrín no fue un instrumento de los comunistas; que, al contrario, estos últimos se encontraban en una relación de dependencia cuando no de supeditación con respecto a él; que si bien uno y otros caminaron juntos un largo trecho, hubieron de divergir en el tramo postrero sin que el PCE pudiera hacer nada por evitarlo; que ambos fueron víctimas de los prejuicios y del clima en el momento histórico en que les tocó desarrollar su acción y que, en definitiva, tanto la Guerra Civil como su conclusión deben reinterpretarse desde coordenadas muy diferentes a las utilizadas por la historiografía pro franquista o anticomunista de la guerra fría.
[En la última fase de la guerra] no hubo nunca dos conspiraciones en paralelo, aunque opuestas. Sólo hubo una, la casadista, a la cual se unieron ciertos sectores procedentes de un Frente Popular local relativamente aislado, como era el madrileño. Sus componentes ni representaban a sus partidos y organizaciones nacionales, ni contaban con el menor átomo de autorización, salvo en el caso notorio de los libertarios, brazo armado de la insurrección. En puridad (...) podría hablarse de una conspiración anarco-casadista.
Casado manipuló las esperanzas e ilusiones de los mandos del Ejército Popular, muchos de ellos preocupados por resolver su "pequeño problema personal", y otros deseosos de creer en la posibilidad de una sintonía entre "compañeros". Se basaron en el espíritu corporativo, en la noción de que la política de resistencia sólo hacía el caldo gordo a los comunistas y a los presuntos intereses soviéticos, en la crítica sistemática a Negrín y en la animosidad contra el PCE y que éste se había ganado a pulso. Aprovecharon al máximo la anómala situación constitucional creada por la dimisión de Azaña y el conocimiento por parte de Casado de los movimientos tácticos del presidente del Gobierno, tras recibir alguna de sus confidencias e interceptar sus comunicaciones.
(...) Las razones de la insurrección casadista están claras. Ante todo, la creencia de que al ofrecer en almoneda la cabeza de Negrín y el poder comunista a Franco, éste podría mostrar condescendencia. Pero hubiese bastado con leer, como hizo un diplomático chileno, aquel monumento a la monstruosidad jurídica que fue la Ley de Responsabilidades Políticas -promulgada cuando ya Casado cabildeaba con los emisarios de Franco-, que perseguía con efectos retroactivos (que iban ¡hasta octubre de 1934!) conductas perfectamente amparadas por la legalidad republicana y derivaba de ellas responsabilidades criminales, para darse cuenta de qué forma se manifestaría la proverbial "magnanimidad" del Caudillo.
El desplome de la República, de Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez. Editorial Crítica. A la venta el 22 de octubre. Precio: 35 euros.
sábado, 17 de octubre de 2009
Sobre el programa "Olvida tu equipaje;" novela de Agustín Lozano de la Cruz
He mencionado en dos ocasiones este blog. Una vez fue en marzo 2009, en relación con un documental sueco sobre el abad del Valle de los Caídos, y la otra vez fue el post sobre las citas de Franco de hace unos días. Hoy también me gustaría dirigiros a este blog para leer más sobre Guerra ha de haber, la nueva novela de Agustín Lozano de la Cruz, y escuchar la entrevista muy informativa y detallada que se hace allí con el autor.

Agustín Lozano de la Cruz nació en Madrid en 1976, pero se crió en Extremadura. Actualmente trabaja como bibliotecario en Madrid pero también ha ejercido esta profesión en Dublín. Según la sinopsis del blog oficial del libro:
Una joven se siente fascinada por el rostro de un fotógrafo húngaro que participó en la Guerra Civil española y en la Resistencia francesa, un rostro olvidado que sale a su encuentro repetidas veces, hasta terminar convirtiéndose en su particular obsesión vital.Si os interesa esta novela, se puede leer en línea el prólogo y el primer capítulo.
Será un anciano poeta republicano quien, siguiendo la estela del reportero húngaro, hablará a la protagonista de un episodio casi desconocido que tuvo lugar en las postrimerías de la II Guerra Mundial: tras la liberación de Francia, unos 4.000 soldados españoles, victoriosos sobre el nazismo, emprendieron la locura de invadir la Península Ibérica atravesando los Pirineos, con la intención de conquistar el valle de Arán y resistir allí hasta forzar la intervención de los Aliados.
La narradora, a medio camino entre Madrid y como okupa en Londres, nos lleva a las movilizaciones antiglobalización y del "no a la guerra", a una de las cumbres del G8 y a los atentados terroristas que trágicamente hermanaron ambas ciudades; nos conduce por una trama que esgrime para dibujar la línea interrumpida de la esperanza, para sacudirse el desencanto y la derrota, para defender una tesis que pasa ineludiblemente por la memoria como asidero contra el tiempo y como reivindicación de otro mundo que fue posible: la Segunda República española.
A mí me han llamado la atención varios aspectos de la entrevista mantenida con el autor, y de lo que he leído en su blog. Aunque aún no haya leído la novela, creo que estos elementos pueden distinguir la novela Guerra ha de haber de otras también escritas en torno a la memoria de la guerra. Según el presentador del programa y el autor de la novela, en el libro "memoria histórica" no sólo se refiere a lo que todos hemos venido a conocer como "memoria histórica" -- la "recuperación" de la memoria histórcia de la GCE y del franquismo. En esta novela se trata de pensar en la "memoria histórica" en términos más amplios que el pasado "lejano." "Memoria histórica" también es la memoria -- la que ya desvanece o se hace desvanecer, en opinión del autor (una opinión con la que estoy totalmente de acuerdo) -- de la invasión y la guerra de Irak o de los atentados terroristas del 11-M.
Otro elemento que me interesa, y del que no hablaron nada el autor ni el presentador del programa, es el hecho de que protagoniza la novela una mujer. Es un detalle que podría pareceros insignificante, pero si se piensa en la cantidad de novelas recientes sobre la guerra y el franquismo, figuran muy pocas mujeres protagonistas (una excepción sería La voz dormida o La mitad del alma), especialmente en novelas escritas por hombres (sólo hay que pensar en Soldados de Salamina, en que hay una ausencia prácticamente total de personajes femeninos). Habrá que ver cómo se retrata la investigación de la protagonista a través de la novela de Lozano de la Cruz. También me llama la atención el elemento transnacional de Guerra ha de haber (España-Londres) y la relación intergeneracional que parece que se establece entre la protagonista y el "anciano poeta republicano." Ya tengo ganas de leer más de esta novela.
Guerra ha de haber lleva su título de una cita de J.R.R. Tolkien en El señor de los anillos. Creo que es una cita apropiada con la que terminar este post, porque explica un poco más lo que a primera vista podría parecer un título "belicoso," en palabras del presentador de la entrevista radiofónica. Es una cita muy relevante para el día de hoy, en varios contextos históricos y políticos.
Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden: la ciudad de los Hombres de Númenor; y quisiera que otros la amasen por sus recuerdos, por su antigüedad, por su belleza y por la sabiduría que hoy posee. Que no la teman, sino como acaso temen los hombres la dignidad de un hombre, viejo y sabio".J.R.R. Tolkien. El señor de los anillos. Libro II.
Dos cuadros de José Guerrero
Leyendo el blog Arte Spain me encontré con esta obra de José Guerrero, pintor español que falleció en 1991. El pintor granadino terminó en Francia en los años 40, para luego irse a Estados Unidos. No sé nada de este cuadro ni de su artista, pero es imposible no entender la alusión a la bandera republicana que se hace con la brocha aquí. No he podido averiguar el título del cuadro, pero en dos webs se dice que se llama "El artista pintando en su estudio en Nueva York en los 80."Según parece, Guerrero mantuvo una amistad con Federico García Lorca, y la obra "La aparición" de 1946 se relaciona directamente con una conversación entre los dos en Granada, antes que el poeta fuera a Nueva York. Se puede leer un reportaje extenso sobre ese cuadro (abajo) aquí. Dadas las noticias de estos últimos días acerca de la apertura de la posible tumba de Lorca, pienso que el cuadro es especialmente significativo.
jueves, 8 de octubre de 2009
Los filmes perdidos de Carlos Velo
Os filmes perdidos de Carlos Velo
O 15 de novembro fará un século do nacemento en Cartelle do pioneiro do cinema moderno en Galicia
DANIEL SALGADO 09/10/2009
O rastro das dúas bobinas de Galicia, o documental que Carlos Velo (Cartelle, 1909 - Cidade de México, 1988) rematou de montar en 1936, perdeuse na fronteira con Francia ao remate da Guerra Civil. Do grande filme destruído da II República en Galicia, canda Mariñeiros de José Suárez, conserváronse oito minutos de metraxe, a metade do total. "Galicia é dun deses catro intres chave polos que Velo pasará á historia do cinema", considera o crítico Miguel Anxo Fernández, autor da monografía As imaxes de Carlos Velo.
Nas pescudas previas para a elaboración de Liste pronunciado Líster, a cineasta e académica Margarita Ledo Andión detectou imaxes capturadas en Galicia no filme soviético Spanija (1939), de Esfir Shub. Agora teoriza sobre a orixe e peripecia dos fotogramas. "O cónsul mexicano na II República, Fernando Gamboa, saíu por Figueres co filme", explica. Gamboa, responsábel de fretar o buque Sinaia cargado de exiliados republicanos e destino México, militaba no Partido Comunista. "Seguramente el enviou Galicia cara a URSS", aventura Ledo Andión. Do nacemento de Fernando Gamboa cúmprese un século este 2009. Tamén de Carlos Velo, refuxiado no país azteca dende 1939 até a morte.
Miguel Anxo Fernández continúa a traballar nunha tese sobre Torero! (1956) e Pedró Páramo (1966), as dúas grandes apostas fílmicas de Velo en México. Coincide con Margarita Ledo nas máis que probábel autoría do cineasta galego dos planos aproveitados por Esfir Shub e apunta a "desaparición" da copia de Galicia que gañou o premio da Exposición Universal de París en 1937. "A fita levouna Luis Buñuel, pero Velo só a viu montada, non posproducida". O seu autor non coñeceu o texto en off de combate coa que se popularizou o documental. Segundo Fernández, a súa intención era "máis galeguista; por que, senón, contaría con Dieste, Castelao para os títulos de crédito e Bal y Gay para a música?".
O Galicia arestora en circulación, os oito minutos que fundan a posibilidade dun cinema do real con arelas vangardistas e non conciliado no país homónimo, é o que chegou, xa na década de 60, a mans de Velo en México. O seu operador de cámara na República, Cecilio Paniagua, levoulle daquela a única bobina conservada. Das afirmacións de Luís Seoane sobre a existencia dunha copia completa nunha filmoteca estadounidense, o propio Carlos Velo confesoulle a Miguel Anxo Fernández "non saber nada".
Pero a pelexa cinematográfica do de Cartelle resultaba outra en 1960. Pasaran os anos dos noticieiros, nos 40, e que estuda na Universidade de Santiago de Compostela o doutorando Xan Gómez Viñas so a dirección da propia Margarita Ledo. "Vimos de adquirir copia de traballo de todos noticieiros", conta Ledo Andión, "e serán fundamentais para abrir e seguir a traballar na figura de Ledo". En palabras de Miguel Anxo Fernández, aqueles traballos informativos "ían moito máis alá da súa función; poucas veces se levantou acta dun país como fixo Velo naquel momento en México".
Con Torero!, "claro precedente do docudrama", o director triunfou no Festival de Venecia, onde acadou diploma. "Gillo Pontecorvo sempre declarou", relata Fernández, "que sen Torero! nunca faría A batalla de Arxel". E este retrato con arestas críticas do mundo taurino constituíu, talvez, o último proxecto pleno do Carlos Velo autor. O ambicioso diagrama que, canda o patriarca do neorrealismo italiano Cesare Zavattini, trazara a xeito de fresco fílmico de México ficou no limbo. Na Universidade Autónoma de México elaborouse unha tese que investiga aquela idea inspirada en Viva Italia! (Roberto Rosellini, 1960).
E acto seguido, Carlos Velo enfrontouse a unha das fracturas que, segundo o seu biógrafo, definiu a traxectoria do cineasta: a guionización e rodaxe de Pedro Páramo, a novela do mexicano Juan Rulfo. "A intelectualidade latina quedou absolutamente decepcionada coa adaptación", explica, e menciona a Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, o mesmo Carlos Fuentes que colaborara co director no guión, ou o propio Juan Rulfo. Velo decidiu nese momento abandonar "o cinema serio, de autor". "Dedicouse ás comedias", lembra Fernández, "pero se accedes ao guión de Pedro Páramo, ves que nada ten que ver co resultado". As presións do director de fotografía, Gabriel Figueroa, que tamén coproducía a fita, modificaron o resultado final.
O autor d'As imaxes de Carlos Velo salienta, na etapa final da vida de Velo, as escolas de cinema que constitutíu nos anos 70. Era o tempo no que gravaba a Salvador Allende falando para os estudantes de Guadalajara -Universidad comprometida (1972)- ou a Homenaje a León Felipe, en México D.F., da que explicou anos logo: "Era tan difícil colocar as cámaras pola aglomeración de xente e de nenos, que pensei en acumular material. Diante da moviola díxenme: o que teño que facer é meter a León Felipe vivo. A planificación é posterior. Foi unha película microscópica".
Aos traballos de Fernández, que atesoura materiais inéditos do cineasta á espera de pór en marcha, o ano que vén e en Cartelle, a Fundación Velo, sumouse o libro de Fernando Redondo Neira, Carlos Velo. Itinerarios do documental nos anos trinta (2004). Pero queda terreo por rozar. Margarita Ledo procura espazos inéditos e ángulos inexplorados no traballo documentalista e case antropolóxico en México -o seu rescate de Terra do Chicle (1952) data de 2006. Para Fernández, non é descartábel a descoberta de inéditos. "Algún temos localizado", revela, sen entrar en detalles. De Infinitos, o seu experimento vangardista e republicano, só se sabe polas críticas da época.
Carlos Velo, o amante de Robert Flaherty, Alexander Dovjenko ou Dizga Vertov, naceu o 15 de novembro de 1909 en Cartelle (Ourense) e morreu o 1 de marzo de 1988.
domingo, 4 de octubre de 2009
Noticia de las X Jornadas del Maquis en Santa Cruz de Moya (Cuenca)
Resumen en inglés:
The 10th "El Maquis" program ended this weekend in Cuenca with the following demands:
-that the Government of Spain create a National Search Commission for the Disappeared of Francoism
-that the Law of Memory be drastically revised
-that a National Genetic Database be formed, with the aim of searching for the "lost children" of Francoism
-that sites of the Francoist repression be deemed "sites of memory" and be put forth before UNESCO as "World Heritage Sites"
-that the Law of Memory and "Gender Law" recognize the particular crimes against humanity perpetrated against and suffered by women under Francoism
-that men and women of the Maquis be recognized for their defense of the Spanish Constitution with a national day of honor, "Día del Guerrillero español"
Las X Jornadas "El Maquis" piden la apertura de una Comisión de búsqueda de desaparecidos del franquismo
CUENCA, 4 Oct. (EUROPA PRESS) -
Los asistentes a las X Jornadas "El Maquis" celebradas en Santa Cruz de Moya (Cuenca) este fin de semana han concluido con la petición, al Gobierno y las autoridades españolas, de una "profunda reforma" de la Ley de la Memoria, para cumplir con el Convenio Europeo de Derechos Humanos, así como la puesta en marcha de una Comisión Nacional de búsqueda de los desaparecidos del franquismo.
Igualmente, según informó la organización de las jornadas en un comunicado, solicitaron una Base Nacional de Datos Genéticos y la búsqueda de los niños perdidos del franquismo, "en muchas ocasiones robados a familias de guerrilleros españoles como forma de represalia".
También demandaron protección legal para todos los lugares de la represión franquista como "lugares de la memoria" del genocidio de los defensores de la II República española y la promoción ante la UNESCO de varios de estos lugares como Patrimonio de la Humanidad.
De la misma forma, las jornadas concluyeron con la una demanda de reconocimiento y homenaje desde la Ley de la Memoria de la "Memoria de Género" y los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el franquismo contra toda una generación de mujeres por su compromiso con la democracia.
Instaron a la nulidad radical de todas las "sentencias" de muerte del franquismo y su expreso reconocimiento como asesinatos de Estado de lesa humanidad y la aplicación en España, a favor de sus familiares, de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los deberes de reparación a las víctimas de violaciones manifiestas de los Derechos Humanos.
Finalmente, demandaron el reconocimiento expreso en la Ley de la Memoria de todos los hombres y mujeres del Maquis, "puntos de apoyo y enlaces como miembros del Ejército Popular y defensores de la Constitución española con todos sus derechos sociales, la inclusión de su relato en todos los niveles de la enseñanza y la proclamación parlamentaria del Día del Guerrillero español como día de Homenaje y recuerdo Nacional".
Ser republicano y católico
Hace poco vi la película La buena nueva, de la directora española Helena Taberna. El filme presenta el caso de un joven sacerdote enviado a un pueblo socialista a principios de la guerra civil. Este párroco se enfrenta con sus superiores religiosos sobre el papel de la Iglesia en la guerra, y defiende a las mujeres viudas de republicanos fusilados. La historia tiene base en la realidad, según comenta la propia directora en el sitio oficial de la película:
La Buena Nueva es una película de ficción, pero está basada en la biografía de un familiar mío, Marino Ayerra, que llegó a hacerse cargo de la parroquia de Alsasua el 16 de julio de 1936. Es una historia que conocí siendo niña y que me impresionó mucho por el misterio que rodeaba a los temas relacionados con la guerra. Las mujeres de mi pueblo a menudo se me acercaban agradeciendo enormemente lo que Don Marino, al que yo no conocí personalmente, había hecho a favor del pueblo.
La película ofrece una revisión del típico religioso corrupto y sin conciencia que tantas veces se ve en el cine sobre la guerra civil. Pienso, por ejemplo, en la figura de Salvador en Los girasoles ciegos o en los curas de La mala educación, entre muchos otros. Creo que es necesario evaluar el papel de la Iglesia en la guerra, y opino que tiene el deber de pedir perdón por su estrecha relación con la represión franquista -- la censura, las detenciones, la tortura, el encarcelamiento y los fusilamientos. Pero para el periodista Daniel Arasa, autor de Católicos del bando rojo, también es necesario conocer el caso de católicos que luchaban contra Franco, católicos que apoyaban la causa republicana.
De: El Plural (1.10.09)
El periodista Daniel Arasa rompe clichés de la etapa franquista en la presentación de su nuevo libro
Había un número importante de católicos en el bando republicano
LUIS MARCHAL
El periodista Daniel Arasa rompe clichés de la etapa franquista en Católicos del bando rojo (Styria). Ahí desmiente el tópico de que todos los católicos apoyaron a Franco en 1936. Lo hace con datos concretos, con la historia de más de 50 personas destacadas que fueron fieles a la República sin abandonar su condición de católicas. El presidente de Unió Democràtica de Catalunya, Josep Antoni Duran i Lleida, lo presentó ayer, puesto que algunos de los protagonistas del nuevo libro fueron de su formación política.
El Papa pidió clemencia por el general José Aranguren, pero éste fue fusilado en abril de 1939 tras haber confesado y comulgado. Estaba al frente de la 5ª Zona de la Guardia Civil (Cataluña) al producirse la sublevación en julio de 1936. Mantenerse leal al Gobierno fue su pecado.
Aranguren es una de las personas con firmes convicciones católicas cuya dramática historia aparece en Católicos del bando rojo. En él, sobre todo hay presencia de militares, de curas y de dirigentes políticos. Nombres y apellidos que no son fáciles de identificar, porque es difícil conseguir testimonios y documentos que demuestren la existencia de estas historias. Arasa anunció ayer que está preparando un segundo volumen con más casos.
No repetir los errores
Tanto Duran i Lleida como Arasa coincidieron en la presentación en que conocer la historia facilita no repetir los errores del pasado. “El de Arasa es un libro muy necesario en una sociedad que ha tenido la costumbre de reescribir la historia según quien gobierna”, elogió el portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados.
Historia en vez de apología
Una característica sobre la que incidió el político catalán es que “Arasa ha hecho historia donde otros han hecho apología”. No citó ejemplos, aunque entre ellos se encuentra el revisionista Pío Moa.
Maestra de la vida
“Es importante que el acercamiento a nuestra historia más trágica se pueda practicar desde la mayor objetividad posible; deshaciendo entuertos, rebajando mitos, acercándonos a la realidad de los hechos, para convertir la historia en maestra de la vida y no en causa de nuevos enfrentamientos”, añadió Duran i Lleida. En ese sentido, pidió que la memoria histórica esté “en manos de los historiadores y no de los políticos”.
De Unió
A continuación, Duran i Lleida habló de Manuel Carrasco i Formiguera, quien fue fusilado por Franco. “Unió Democràtica de Catalunya nació en 1931 como un partido asentado en profundos valores católicos”. Carrasco intervino en la fundación en nombre de Acció Catalana. Al iniciarse la Guerra Civil, el partido apoyó a la Generalitat y al Gobierno de la República. “Carrasco tuvo que huir de la zona republicana. Después fue apresado por los sublevados y ejecutado”.
En todos los bandos
Tras la intervención de Duran i Lleida, Arasa tomó el testigo. “Hubo católicos en todos los bandos”, sentenció. Después, explicó que “la Iglesia católica no se sublevó, no intervino para nada en el alzamiento”. Sí que más adelante “se puso al lado de un bando”, como consecuencia de la “persecución” a la que se vio sometida.
Comentario de extrema derecha
Sin duda, el libro de Arasa no estará exento de polémica. El autor lo sabe. De hecho, ya ha recibido a través del correo electrónico mensajes de personas con diferentes ideologías. Leyó en público varias de las opiniones que ha recibido. Una decía: “Los católicos que apoyaron al bando republicano durante 1936 fueron, como mínimo indirectamente, colaboracionistas por participar voluntariamente en la defensa de un sistema político que decidió exterminar a la Iglesia de forma clara y notoria”. Un comentario que Arasa calificó de “extrema derecha”.
Buscar la verdad
“Lo importante no es si el libro es polémico o no, sino buscar la verdad”, concluyó Arasa. Este periodista, que fue redactor jefe de Europa Press más de 20 años, dejó claro que al publicarlo pretende “reconciliación, perdón y conocer la verdad”.
Familiares presentes
El acto tuvo lugar en la universidad católica CEU San Pablo, en Madrid. Precisamente, Arasa es profesor en Barcelona de la Abat Oliba CEU. A la presentación también acudieron algunos familiares de los protagonistas de Católicos del bando rojo. Los de Lluís Lúcia, de la Derecha Regional Valenciana, denunciaron que su memoria “fue tapada por Franco”. Aunque a Lúcia se le conmutó la pena de muerte, “fue testigo de ejecuciones desde la cárcel de Barcelona donde estuvo recluido” y “fue condenado a la pérdida de memoria”. Incluso “se sustituyó su nombre de las fotografías en las que aparecía para que desapareciera de la historia”.

