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domingo, 22 de agosto de 2010

Premio de memoria histórica de la Junta de Andalucía

Francisco Espinosa Maestre

Felicitamos a Francisco Espinosa por su labor constante a favor de la recuperación de la memoria histórica.

De: Tiempo de historia
El historiador Francisco Espinosa, premio de memoria histórica de la Junta de Andalucía

La Consejería de Gobernación y Justicia de la Junta de Andalucía ha concedido el premio Andalucía a la recuperación de la memoria histórica al historiador Francisco Espinosa Maestre, por su "trayectoria individual, tanto personal como profesional". Esta distinción, contenida en una orden de 14 de julio de 2010, publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía el 20 de agosto de 2010, ha sido acordada por un jurado compuesto por José Antonio Gómez Periñán (presidente), el comisario de la Memoria Histórica, Juan Gallo González (vicepresidente), y los vocales María del Carmen Fernández Albéndiz, María Victoria Fernández Luceño, José María García Márquez, Concha Langa Nuño, Fernando Martínez López y Demetrio Pérez Carretero, con Margarita Centeno Pariente como secretaria.

En esta primera edición de los «Premios Andalucía a la Recuperación de la Memoria Histórica» también se han concedido las siguientes distinciones:

- Premio a la investigación histórica, antropológica o arqueológica: Pura Sánchez Sánchez con una dotación de tres mil euros (3.000 euros) y entrega de objeto conmemorativo.
- Premio a la mejor iniciativa llevada a cabo por las entidades sin ánimo de lucro: «Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica» y «Asociación contra el Silencio y Olvido» y para la «Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga» con una dotación de mil quinientos euros (1.500 euros), y entrega de objeto conmemorativo a cada una de ellas.
- Premio a entidades locales andaluzas: Ayuntamiento de Sevilla, con entrega de un objeto conmemorativo.
- Premio a la mejor labor en el ámbito educativo: Instituto de Educación Secundaria «Carlos III» de Prado del Rey (Cádiz), con entrega de un objeto conmemorativo.
- Premio a la aplicación de las nuevas tecnologías en la difusión de la Memoria Histórica: web «Todos (...) los nombres», con una dotación de tres mil euros (3.000 euros) y entrega de objeto conmemorativo.

La Junta justifica así estos premios: "Mediante Orden de 6 de abril de 2010 (BOJA núm. 92, de 13 de mayo), de la Consejería de Gobernación y Justicia, se publicó la convocatoria para el presente año de los , en su I Edición, y cuyo objetivo radica en distinguir la labor realizada por aquellas personas y entidades que han contribuido de manera notoria, tanto en la investigación como en la difusión y reconocimiento de la Memoria Histórica.

El artículo 5 de la mencionada Orden dispone que corresponderá la Presidencia y Vicepresidencia del Jurado de dichos Premios a la persona titular de la Consejería de Gobernación y Justicia de la Junta de Andalucía, salvo delegación en la persona titular de la Viceconsejería, y a la persona titular del Comisariado para la Recuperación de la Memoria Histórica, respectivamente, mientras que la Secretaría se atribuye a un funcionario o funcionaria de la Consejería de Gobernación y Justicia. Con respecto a las Vocalías del Jurado estas fueron designadas, de conformidad con lo establecido en el artículo 5.1.c) de la disposición indicada, por Orden de 13 de mayo de 2010, del Consejero de Gobernación y Justicia.

Por otra parte, y conforme lo dispuesto en el artículo 6.1.in fine de la Orden de 6 de abril de 2010, el Jurado, en sesión celebrada el día 17 de mayo, falló el otorgamiento de los «Premios Andalucía a la Recuperación de la Memoria Histórica» a distintas personalidades destacadas por su contribución a favor de la recuperación de la Memoria Histórica".

jueves, 15 de abril de 2010

Mañana en "La Memoria," un programa sobre "el acoso al juez Garzón"

Me alegra saber que Programa la Memoria va a tratar el caso contra el juez Garzón, mañana, a las 21,30 h en Radio Andalucía. Recordad, si no podéis escuchar en directo, siempre hay la posibilidad de bajar el archivo después. Para hacerlo, pinchar aquí, buscar el título del programa, y pinchar en XML. Luego, buscar la fecha en que se emitió el programa, y pinchar con el botón derecho para bajar. Es muy fácil, y así he podido guardar decenas de programas. Abajo copio y pego la sinopsis del coloquio de mañana:
Intervienen el magistrado del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, la vicepresidenta de la Asociación Memoria y Justicia de Andalucía, Paqui Maqueda y el historiador del comité de expertos de Garzón, Francisco Espinosa.

El programa “La Memoria” de Radio Andalucía, dirigido y presentado por Rafael Guerrero, dedica su emisión del viernes, 16 de abril, a un coloquio sobre el tema más candente de la actualidad española en estos momentos: el acoso al magistrado juez andaluz Baltasar Garzón.

Según todos los indicios, el magistrado jiennense de la Audiencia Nacional podría ser suspendido en sus funciones por el Consejo General del Poder Judicial en la reunión plenaria que mantendrá el próximo jueves, día 22 de abril. Es por ello que esta semana se ha iniciado una movilización social impresionante dentro y fuera de España a favor del juez acusado desde el Tribunal Supremo de prevaricación por intentar investigar los crímenes del franquismo, del mismo modo que lo hizo con las atrocidades cometidas por las dictaduras argentina y chilena.

Encierros de intelectuales y artistas, actos multitudinarios de apoyo como el celebrado en la Universidad Complutense de Madrid, querellas contra el juez que acusa a Garzón de prevaricador, concentraciones por diversos lugares de España, demandas en Argentina para que desde allí se investigue el genocidio franquista que aquí no se permite encausar, etc. Son algunos ejemplos de la reacción social de apoyo al juez español que con tanta valentía se ha destacado en la persecución del terrorismo, del narcotráfico y de los crímenes contra la humanidad cometidos en España y en América Latina.

El programa “La Memoria”, en un intento de desentrañar las claves de un asunto tan candente y tan trascendente para la democracia española, ha celebrado esta semana un interesante coloquio en el que intervienen el magistrado del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín, la vicepresidenta de la Asociación Memoria y Justicia de Andalucía, Paqui Maqueda y el historiador que formó parte del comité de expertos del juez Garzón, Francisco Espinosa.

Emisión.- Viernes, 16 de abril, a las 21,30 horas en Radio Andalucía Información.

Descarga en internet.- Los últimos programas, a través de www.rtva.es por “radio a la carta” y el histórico de todos los programas emitidos, a través del blog del programa “La Memoria”: http://blogs.canalsur.es/lamemoria/

Suscripción por internet.- Se aconseja la suscripción por el sistema podcasting, siguiendo las instrucciones en www.rtva.es a través de “radio a la carta”.

viernes, 23 de octubre de 2009

Entrevista con el historiador Francisco Espinosa

De: La Opinión Coruña
Doctor en Historia

Francisco Espinosa: ´Al PP le queda mucha influencia de la dictadura´

"El abandono de los políticos a la memoria histórica ha abonado el campo para las demandas sobre la represión negando el testimonio oral"

Víctimas del franquismo, testigos, documentalistas e historiadores fueron silenciadas en plena democracia. La docena de casos que el historiador extremeño Francisco Espinosa recoge en 'Callar al mensajero' -tres de ellos de Galicia- acabaron en tribunales, a su juicio, por el abandono de los políticos de los temas relacionados con la memoria. Espinosa, que ayer participó en Carral en unas jornadas sobre el Frente Popular, presentará hoy su libro en Santiago (11.00 horas en la Facultad de Historia) y en O Grove (20.00 h. en la Casa de la Cultura)

R. PRIETO | A CORUÑA -

Los casos que relata en
Callar al mensajero, ¿son residuales o sigue habiendo muchos tabúes en el tema de la represión?

-La clave de la mayoría de los casos que se narran en el libro son de negación del testimonio oral. El problema viene de que en España se tardó mucho en permitir el acceso a los archivos. Todavía no tenemos acceso a todos ni sabemos dónde está determinada documentación.

-¿A qué archivos se ponen más trabas?

-A los del entorno eclesiástico por supuesto. Aparentemente no hay ningún problema para que tú veas la documentación, lo que ocurre es que la han ordenado ellos. Y de la catalogación que hagan yo no me fío. En España todavía no hemos llegado a los archivos del terror, como les denominan en Centroamérica; y el problema es que parece que esos archivos pudieron haber sido destruidos. Algo debe quedar, sobre todo en un país tan burócrata como este que hace 20 copias de cada cosa.

-¿Quién intenta callar más al mensajero de la memoria: la Administración local, la autonómica, la central o la Justicia, los estamentos militares o la Iglesia?

-Casi todos tuvieron una actitud contraria. Todos los que empezamos a investigar en los años ochenta sabíamos que no éramos bien recibidos en ningún sitio, ni en los archivos municipales, ni en los provinciales, ni en los militares, en los eclesiásticos ya ni nos dejaban entrar. Además había una tierra de nadie que nadie sabía que derechos tenía alguien a pedir documentación. Ahí decidía siempre el que mandaba, el encargado del archivo. En cuanto se olía que la cosa iba por el tema de la Guerra Civil ahí empezaban las pegas. Más adelante en vez de oponerse y vetarte, te decían que estaba en proceso de catalogación.

-Con la aprobación de la ley de memoria ¿se les han abierto más puertas?

-Es una situación todavía confusa. Desde que se aprobó la ley de memoria histórica que tanto trabajito costó darle salida, vino lo de Garzón, que hizo saltar por los aires todo lo de la ley de la memoria histórica. Pero luego ocurrió lo que ocurrió y entre unos y otros acabaron con la iniciativa de Garzón (de investigar los crímenes del franquismo). La situación actual es que no se sabe hacia dónde se va.

-Que estos temas acaben en los juzgados ¿responde a una dejación por parte de los políticos?

-Evidentemente. Hay una falta de acción de los políticos que en esos temas no han querido entrar porque consideran que no tiene interés y que forma parte del pasado. Ha habido ese abandono hacia las políticas de memoria y la cuestión de los archivos no les ha importado. Pero debían presuponer que iba a haber problemas. Si con el tema de la Guerra Civil y la represión no se hacía nada, como ha ocurrido, y se ponían tantas trabas a la investigación y no se ponía orden en los archivos, el campo estaba abonado para que las investigaciones surgiera y también las demandas.

-¿Echa en falta a jueces como Garzón?

-Aunque es un juez que tiene sus aristas complicadas, en España el hecho de que sólo haya uno como él es un problema. Lo malo es que hay muchos que son de la otra parte. Son los que acabaron con el auto. Después de salir el libro, pasó todo lo que pasó. El de Garzón hubiera sido el caso número 13 de Callar al mensajero por la denuncia de Manos Limpias. Espero no verlo en el banquillo por su auto sobre el franquismo, pero tampoco sería nada raro viendo la Judicatura que tenemos.

-¿Espera que el PP también se sume en el Congreso una resolución de condena del franquismo, como hizo el PP gallego?

-En noviembre de 2002 ya lo hizo, pero de forma muy light. Cuando ha tenido que definirse en el Parlamento al hablar de la memoria, el argumento que utilizó el PP fue el de leer la ley de Amnistía del 77. No tuvo otra ocurrencia durante el debate parlamentario de la ley de memoria histórica.

-¿Hay miedo en la derecha a deslegitimar el franquismo?

-Totalmente. La particularidad española es que vencieron. No es el mismo caso que Alemania, Italia o Austria. Esta gente venció, se mantuvo, siguió, controló la Transición y la orientó en el sentido que ellos querían. Estamos pidiendo que dejen de ser como han sido. La derecha se ha adaptado a la nueva situación, a las elecciones, a la situación democrática, aunque todavía les queda mucho de la influencia altísima de la dictadura. Nunca hablarán mal de su padre. En sentido genérico, de sus orígenes.

miércoles, 29 de julio de 2009

Entrevista al historiador Francisco Espinosa Maestre; Nuevo libro - CALLAR AL MENSAJERO


Me enteré del nuevo libro del historiador Francisco Espinosa Maestre, Callar al mensajero (Península), al leer el otro día el blog Dignidad y Memoria. El resumen del libro, escrito por los autores del blog, me hizo pensar en una película documental que había visto, y lo comenté. Un día después me quedé sorprendida al encontrar que Francisco Espinosa había respondido directamente en el post que había comentado. Así son los blogs, y por eso me encantan. Fue un placer leer un comentario de este autor, a quien conozco por el libro Contra el olvido. Historia y memoria de la Guerra Civil (Crítica, 2006), un estudio importantísimo para entender la trayectoria de la memoria histórica en España. He agregado su nuevo libro a mi lista de lectura, porque promete ser otra aportación valiosa, esta vez con un enfoque en lo jurídico y en la historia oral.

Según la sinopsis del libro en la web de la editorial, el libro presenta "Doce casos concretos de represión detallados y analizados a la luz de la situación jurídica actual." Memoria Libertaria va un poco más allá y explica que el libro examina, en parte, casos de personas que "contaron lo ocurrido con nombres y apellidos" -- o sea, nombraron a los asesinos -- y fueron denunciadas por ello:
Fernando Ruiz Vergara y su documental Rocío, que ofreció las claves de la represión en Almonte (Huelva); Isidoro Sánchez Baena, envuelto en la vorágine judicial por dar el nombre de un asesino de Luque (Córdoba); José Casado Montado, por contar por escrito historias de San Fernando (Cádiz) que todos conocían; Fabien Garrido, al que un juez cerró una página Web que recogía la memoria de su padre por mencionar el papel jugado en la represión por cierto alcalde de O Grove (Pontevedra); Marta Capín, cuyo relato de la matanza de Valdediós llevó a la familia de un médico implicado a ponerle una demanda; Santiago Macías, a quien dos de las historias narradas en Las fosas de Franco han llevado a los tribunales; Dionisio Pereira, al que la familia de otro ex alcalde franquista ha intentado tapar la boca y con él a quienes le contaron viejas historias de Cerdedo (Pontevedra), y Alfredo Grimaldos, denunciado por la familia Rosón, ya experta en esto de llevar ante la justicia a quienes los relacionen con la represión fascista en Galicia.

Para completar el panorama se estudian cuatro casos más. La historia de Violeta Friedman y su lucha contra el nazi belga afincado en España León Degrelle, una buena muestra de que la misma Justicia que amparaba el honor de los franquistas frente a la libertad de información podía perfectamente amparar el honor de una judía frente a la libertad de expresión de un nazi. O la historia del documental Sumarísimo 477, de Dolors Genovés, envuelta en un larguísimo proceso por sacar en pantalla los nombres y las palabras de los fascistas catalanes que intervinieron en el consejo de guerra contra Manuel Carrasco i Formiguera, dirigente catalán, republicano y católico. También un caso que no pudo ser y que muestra las dificultades que los vencidos tienen para acogerse al derecho al honor: la historia del intento frustrado de los familiares de Amparo Barayón, esposa de Ramón J. Sender, asesinada en Zamora en 1936, por restablecer su honor tras ser calumniada en la prensa zamorana por alguien que buscó vengarse del libro Muerte en Zamora, escrito por Ramón Sender Barayón muchos años antes. Finalmente se expone una historia que muestra los excesos a los que ha conducido en ocasiones el boom de la memoria. En este caso fueron una periodista y un viejo falangista los que fraguaron otra calumnia: acusar a un inocente, Antonio Martínez Borrego, de ser el delator que provocó una importante redada en 1948.

No puedo comentar el libro de Espinosa Maestre sin haberlo echado un vistazo en persona. Pero el resumen de arriba me ha hecho pensar en estos casos: 1) los "escraches" en la Argentina, un término definido en Wikipedia como "el nombre dado en el Río de la Plata, principalmente Buenos Aires y Montevideo, a un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar por diferentes motivos, de modo que se hagan conocidos a la opinión pública" y 2) la persecución de criminales nazis, por ejemplo en el caso bien conocido de John Demnanjuk, el ex-guardia de la SS, de 89 años. Los "escraches" se han empleado para avisarle al público de criminales asociados con la dictadura militar argentina -- por ejemplo, para señalar dónde está viviendo y de qué le acusan. Demnanjuk ha estado al centro de un debate, por lo menos en el noroeste de Ohio, de donde soy yo (y donde se había ido a vivir este señor): por un lado, hay los que apoyan que le juzguen por fin en un tribunal, y por otro lado, hay los que dicen que se debe dejarlo en paz, por ser un anciano enfermo, y por haber pasado tantos años desde los presuntos delitos. Su familia insiste en que no participó de lo que le acusan.

Desconozco, en los dos casos, si ha habido también personas que han defendido los derechos de los acusados (por ejemplo, si en algún momento se ha hablado de la difamación personal o familiar). Pero los dos casos hacen surgir esta pregunta, creo: ¿Dónde está la línea entre encontrar justicia para las violaciones graves contra derechos humanos y proteger el derecho a la privacidad y, lo que es tal vez más importante, el derecho a llevar el caso al juicio para que sea juzgado legalmente y en un tribunal democrático? ¿Qué pasa si es imposible llevarlo al juicio como resultado del paso del tiempo, y de la muerte de los asesinos? Por eso, a mi parecer, era tan devastador todo lo que pasó -- o no pasó -- con respecto al auto de Garzón. Habría significado mucho para reparar, hasta simbólicamente, a las víctimas y sus familias.

¿Por qué el enfoque cae en lo que han sufrido los denunciados en vez de en las víctimas verdaderas? ¿Tenemos un deber de considerar también los derechos de los que son descendientes de nazis, franquistas, pinochetistas, etc., que no tuvieron nada que ver con las decisiones de sus padres o abuelos? Si nunca ha habido ocasión para juzgar, por ejemplo, a militares que firmaron penas de muerte o participaron en la detención, el secuestro, la tortura y el asesinato, entonces es de esperar que va a haber algunos (víctimas, o tal vez, más comunmente, descendientes de víctimas) que desean retomar la cuestión de la justicia y nombrar públicamente a los presuntos autores del crimen. Es sintomático de un país que no ha tenido -- ni probablemente va a tener -- una comisión para la Verdad y la Reconciliación.

Recuerdo una escena de un documental que vi hace poco: un hombre le está dando al director su testimonio sobre quienes mataron a un grupo de hombres en un pueblo de Andalucía en los años 40. Pero el director, en vez de dejar que se nos revelen esos nombres, se inserta en el testimonio, callando la voz del anciando, y usando voz en off, y explica que el propósito de su documental no es ese. El director no oculta el deseo del superviviente de ofrecerle los nombres de asesinos, pero deja que los espectadores consideremos cuáles son los motivos tras la película, y nos enseña su consciencia sobre las cuestiones éticas que pueden surgir en situaciones así.

Está claro que no tengo entrenamiento jurídico, ni mucho menos (ni siquiera estoy segura si decir "crimen" o "delito" en estos casos!); mis preguntas les pueden parecer muy ingenuas o inconsecuentes para los que sí son investigadores de estos temas. De momento, habrá que esperar leer Callar al mensajero, y ver cómo aborda los asuntos de arriba. También me interesa explorar cómo han cambiado o no las cosas desde los años 80 (cuando fue publicado el libro de Ramón Sender Barayón que cita el historiador -- otro en mi lista de lectura para el verano que aún no he terminado).

Aquí tenéis la entrevista con Francisco Espinosa Maestre, junto con un enlace a otro artículo sobre el libro.

Encontrado en: Kaos en la red

Publicado originalmente en: Público

Entrevista al historiador Espinosa Maestre: "La justicia se ha quitado la careta con Garzón"

El autor de ‘Callar al mensajero' cree que el "núcleo conservador" de la justicia frena cualquier intento de deslegitimar el franquismo

Ángel Munárriz

Tras reconstruir en sus obras el avance del bando nacional y la represión en Huelva, Sevilla y Badajoz, el historiador Francisco Espinosa lleva a las librerías Callar al mensajero (Península), donde documenta 12 casos de víctimas del franquismo, testigos, documentalistas o historiadores cuyas voces fueron silenciadas en plena democracia, en ocasiones con la complicidad del Estado.

¿Sigue habiendo tabúes sobre la represión?

Sí, pero se han roto muchos. Ya desde ante del inicio del movimiento de memoria, hubo desde los 80 varias investigaciones importantísimas, porque constituían el acta de desaparición del abuelo, el padre...

¿Garzón quiso entrar en un jardín prohibido?

Es evidente. Pero su intento tiene un mérito: puso en términos jurídicos lo que estaba dicho en palabras de historia sobre lo ocurrido tras el 18 de julio. La justicia se ha quitado la careta, como cada vez que ha hecho falta. Ya lo hizo con Ruiz Vergara [autor de la película Rocío, censurada por el Supremo en el 84]. Entonces era abiertamente franquista. Ahora, aunque disimulado, tiene un núcleo conservador.

¿Hay miedo en la derecha a deslegitimar el franquismo?

La derecha española no puede ser como la alemana porque tiene conciencia de ganadora. A diferencia de Alemania, Italia o Austria, en España el fascismo ganó y se perpetuó, controlando la transición mediante el ejército. Aquí se ha logrado evitar que Garzón demostrase la criminalidad del franquismo con la lógica jurídica.

¿Cree que no hubo un cambio democrático real?

¿Cuándo? Franco murió en el 75. ¿Fue entonces, o en el 78? ¿Fue con la Constitución, con el harakiri de las Cortes? No hay punto de cambio. La gente se quita la camisa azul, se pone la otra y se presenta como demócrata de toda la vida.

¿Lo atribuye al vínculo familiar de la clase política con el franquismo?

Pero eso pasa a todos los niveles, y mientras a un nivel más alto te muevas, más. ¿Quién estudiaba en España? La mayoría era de familia burguesa, es de cajón. Mira la judicatura. La mayoría, incluso de los que hemos investigado la represión, somos de familias de derechas. Incluso los jueces progresistas lo son. Se puede saltar ese condicionante.

¿Ha hecho mella en la percepción de la historia el repunte del revisionismo?

No sé dónde hubiera llegado si el PP gana en 2004, porque tras los primeros síntomas a finales de los 90, en 2000 se quitaron la careta con una recuperación del franquismo y una crítica absoluta de la experiencia democrática republicana, sirviéndose de propagandistas como Pío Moa o César Vidal.

¿Qué supondría una sentencia en Estrasburgo favorable a la familia de Luis Dorado Luque?

Sería muy importante y abriría nuevas puertas. Es algo que se puede conseguir en cualquier momento, o también que no se consiga nunca. Pasa como con la inhibición de Garzón, que a mí me parece fatal, pero que puede hacer que hayas jueces que abran otras vías.

¿Qué suscita su interés por las voces acalladas, recogido en Callar al mensajero?

Es algo que conocemos de sobra los investigadores. Recuerdo el impacto que produjo la película Rocío, de Fernando Ruiz Vergara. La pantalla se quedaba en negro varias veces por una sentencia de 1984 Supremo que obligaba a suprimir las partes en que se identificaba a José María Reales, con nombres y apellidos, como el principal represor en Almonte. En cuanto empezó a circular, su familia, de terratenientes, lo cortó.

La película se exhibió otra vez en Huelva en 2005.

Pero no íntegra. Le hacíamos un homenaje a Ruiz Vergara, que traía las dos versiones: la original y la otra. La hermandad del Rocío y el Partido Andalucista empezaron a movilizarse en contra. Los medios le ponían el micrófono a la familia Reales, clientes de El Monte, en cuya sala se iba a exhibir la película.

Usted tuvo problemas para presentar La justicia de Queipo en Sevilla. ¿Hubo ocultación?

Hubo un deseo de no presentarlo. Fue un libro que hice con materiales del archivo militar, abierto en el 97. Los pocos historiadores que entramos vimos que lo que había era impresionante. Por entonces, el archivo no ponía trabas de acceso, algo impensable. Cuando lo leíamos entonces, pensábamos: Esto nunca va a salir. Al final busqué una imprenta y lo edité yo mismo. Para presentarlo, contacté con la Casa de la Provincia [Diputación]. Primero parecía que sí, pero al final lo leerían y no les haría gracia, supongo. Empezaron a darme largas. Y no se presentó. En 2006 lo recuperó Crítica.

¿Existe suficiente libertad de acceso a los archivos?

Se ha abierto mucho, pero falta una política archivística racional. Cuando incorporaron archivos militares a la estructura civil, permitieron que los siguieran controlando los militares. Sigues dependiendo de ellos.

¿La Iglesia ha aportado su información disponible?

Por la Ley de Patrimonio Documental, debería. Pero hay un problema: la documentación la controlan y catalogan ellos, y no personal del Cuerpo de Archiveros del Estado, que para eso está. De la otra forma, cuando hay un papel delicado, lo ponen en la caja B. O lo pueden quemar perfectamente.

Queda poco para que desaparezca la generación que vivió la guerra. ¿Qué supone eso para España?

Es una pérdida de memoria absoluta. La actitud del poder durante los años 80 y 90 ha sido fundamental para tapar su testimonio. Había mucha gente que tenía escritas memorias, pero las tiraron al ver que el tema no interesaba. Da la impresión de que la Ley de Memoria Histórica se hizo para cerrar el tema. No se tocaron los aspectos básicos, como que el Estado asuma las exhumaciones.
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