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lunes, 15 de junio de 2009

Dos artículos sobre Pablo Suero, periodista en la España de los años 30

España levanta el puño. Palabras al borde del abismo - Pablo Suero

Colección: papel de liar
Páginas: 304
PVP: 20 euros
ISBN: 978-84-936679-5-5
Formato: 14 * 22 cm
Junio de 2009

Del blog Literaturas Noticias:

El periodista argentino Pablo Suero desembarcó a finales de 1935 en la España febril que aguardaba entre soflamas y ansiedades las elecciones de febrero sin aceptar del todo que estaba también afilando los cuchillos del matadero. (Eso, por supuesto, lo vemos nosotros, profetas irrisorios que disponemos de aquel futuro para contemplarlo como contemplamos el destino inexorable de las malas novelas.) Durante los meses siguientes enviaría a su periódico una serie de crónicas donde dibujaba con esmerada prosa el aire de las calles, el humo de los cafés y, por encima de todo, el agridulce sabor de las palabras. Aunque ya entonces silbaban algunas balas, las palabras eran aún la materia prima de casi todos los estragos: hoy, setenta años después y con aquel futuro a nuestras espaldas, estremece oírlas en arengas, grandilocuencias o necedades, pero también conmueven como dardos melancólicos cuando tejen bromas, chascarrillos, habladurías, envidias o pequeños rencores ahora oxidados.

Suero conversó, y en muchos casos fraternizó, con la crema política e intelectual madrileña de la época, dio cumplida cuenta de sus conversaciones en los artículos que mandaba a Buenos Aires y, cuando terminaba el año, recopiló esos textos en un volumen cuyo título pregonaba a los cuatro vientos la postura del autor frente a la contienda ya iniciada. Para esas fechas, varios de sus interlocutores o actores secundarios habían sido baleados por la justicia reinante: el elocuente y vigoroso Calvo Sotelo, a quien vemos impartiendo doctrina a punto de convertirse en protomártir, el siempre cordial y fogoso José Antonio, el ocurrente Muñoz Seca, el engolado Maeztu y García Lorca, el gran cautivador cuyo fusilamiento se resiste a aceptar su amigo argentino al final de estas páginas. Otros morirán algo más tarde en la cárcel (Hoyos y Vinent, Miguel Hernández) o el exilio (Antonio Machado, Azaña, Juan Ramón Jiménez, Prieto, Largo Caballero, Jiménez de Asúa…); unos cuantos se afiliarán con resignación o entusiasmo a la España franquista (Gómez de la Serna, Benavente, Manuel Machado, Marquina, Baroja…); y unos pocos regresarán del destierro con las manos abiertas como Alberti o con el puño retórico todavía cerrado dentro del bolsillo.

Lo dicho entonces constituye, pues, la materia prima de este libro. Su materia oscura es el abismo que muchas de esas palabras excavaban y por el que todas se precipitaron.

Pablo Suero, (Gijón, 1898-Buenos Aires, 1943) emigró siendo niño a la Argentina, país donde alcanzó bastante notoriedad como reportero, traductor, dramaturgo y director de escena, aunque hoy es sobre todo recordado como letrista de varios tangos llevados a la fama por Carlos Gardel. En diciembre de 1936 (justo cuando preparaba la edición de España levanta el puño) contrató para su compañía a una jovencísima actriz que pocos años después se llamaría Eva Perón. Suero conoció a Lorca durante la visita de éste a Buenos Aires (1933-34), y a finales del 35 viajó a España para escribir las crónicas recogidas en este libro.

Encontraréis más información en el documento adjunto. Si deseáis recibir un ejemplar del libro, por favor, contactad con:

Ninian Gómez
Comunicación y coordinación editorial
GLOBAL RHYTHM PRESS
C/Bruc 63, principal 2ª
08009 Barcelona
www.globalrhythmpress.com

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Dos Españas al filo de la tragedia

El periodista argentino Pablo Suero visitó nuestro país meses antes de la Guerra Civil - Sus entrevistas con figuras de la política y las letras recuperan el pálpito de la época

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS - Madrid

EL PAÍS - Cultura - 15-06-2009

Pablo Suero llegó a España a finales de diciembre de 1935 para informar a los argentinos sobre un país que, en sus palabras, "palpitaba". Faltaban pocas semanas para las elecciones del 16 de febrero y pocos meses para el golpe de Estado del 18 de julio y Suero, que escribía para el periódico Noticias Gráficas y que también era crítico de teatro y poeta, retrató a través de crónicas callejeras y de entrevistas a políticos, escritores y artistas, un país que bordeaba el abismo. España levanta el puño (Papel de Liar) reúne por primera vez en España (en Argentina se publicó en 1937 al calor de los acontecimientos) aquellas historias en boca de algunos de sus protagonistas.

Juan Ramón Jiménez, Pío Baroja, Manuel Azaña, Jacinto Benavente, José Bergamín, José Calvo Sotelo, Alejandro Casona, Federico García Lorca, José María Gil Robles, Dolores Ibárruri, Francisco Largo Caballero, Antonio y Manuel Machado, José Antonio Primo de Rivera o Indalecio Prieto son algunos de los personajes que Suero entrevistó al filo de la tragedia. Documento histórico de primera mano estas entrevistas realizadas pocos meses antes de la Guerra Civil confirman una observación del propio Pablo Suero: "No he visto multitudes más dramáticas que las españolas en trance de manifestar sus ideales. Ese dramatismo fluye del silencio, la seriedad y la ausencia de todo exhibicionismo provocativo".

- Manuel Azaña en batín. Vivía en la calle de Serrano, 38, y Pablo Suero le visitó antes y después de las elecciones del 16 de febrero. "Son las diez de la mañana. Ya es inusitado que un hombre en Madrid reciba a hora tan temprana", dice el periodista. Azaña le recibe en batín. Inteligente, arrogante y fatalmente lúcido, Azaña habla: "Soy el único español de sentido común... Aquí la inteligencia está peor repartida que el dinero. ¡Pero el talento no se puede socializar! Soy el hombre más conservador de España desde el punto de vista político, no social... Cuando todos los ensayos disparatados se hayan hecho y esto se haya ido abajo y yo esté exiliado en el extranjero, en el presidio o muerto, dirán: 'Aquel bárbaro de Azaña tenía razón".

- Juan Ramón Jiménez, poeta entre los poetas. Para tomar "el pulso de España, en estos momentos de alta fiebre", Suero decide que una voz imprescindible es la del poeta entre los poetas. Quedan por la tarde, en la casa del autor de las Arias tristes. Al periodista le defrauda el encuentro, le parece que Juan Ramón (un hombre profundamente atormentado) no está a la altura de "esta hora de asolador derrumbe". Es, sin embargo, una de las mejores paradas de este libro. Agrio y pesimista, el poeta ("¿Para qué quiero la vida si para nada me sirve?") se declara "comunista individualista". Reniega de sus colegas y de Neruda dice: "Aborrezco la poesía que es química pura, artificio. ¿Ese Neruda? ¡Pero si no sabe escribir una carta!".

- La ciática de don Pío. Pío Baroja estaba terminando El cura de Monleón, "una novela antirreligiosa, vida de curas". Se queja de la vida del escritor: "No se lee en España. Creo que es un oficio que se acaba en España, éste de escribir libros... Todavía nosotros hemos tenido ilusiones... ¡Pero los de ahora! El escritor vive asfixiado en este medio y los socialistas se recrean con esta asfixia del escritor. Se asfixia uno metido entre estas dos capas plúmbeas de derecha e izquierda...". "¿A qué aspira usted ahora?". "A mi edad y en mis circunstancias, a lo único que se aspira es a vivir tranquilo y a que la ciática lo deje dormir a uno. Ésta es la verdad y el que diga lo contrario es un farsante".

- Largo Caballero, el jefe. "Largo Caballero es un jefe, un verdadero jefe", escribe Suero sobre "el Lenin español". "¿Durará mucho el bloque de las izquierdas?", inquiere el periodista. "Dependerá de la conducta del Gobierno... Si Azaña cumple el programa que nos ha unido, comenzará el sabotaje capitalista con el cierre de las fábricas. La prensa, nuestra prensa, que es otro aspecto del capitalismo, se nos echará encima con sus campañas de alarmismo. Y entonces, será difícil...".

- Calvo Sotelo, con empaque. Al periodista le sorprende que Calvo Sotelo es "por fin" un político que no vive modestamente, sino como casi todos los políticos argentinos, "en gran tren, con refinado confort". Vive en el madrileño barrio de Salamanca, "despejado y frío". Viste con empaque. "Y de las dictaduras, ¿qué opina usted?". "No soy partidario de la dictadura, pero creo en la eficacia del mando único y estable. Un hombre de Gobierno como Mussolini y detrás el rey, que asegura la sucesión. Creo, eso sí, en el plebiscito...".

- Federico García Lorca, un amigo. Suero habla de Lorca con la rabia del que ha perdido a un amigo. El poeta le habla de sus proyectos y del hambre. Lorca le invita a comer con su familia. Era en vísperas de las elecciones y la madre de Federico le dice al periodista: "Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España! ¡Nos echarán, si es que no nos matan!".

- La Pasionaria. Croché en la cárcel. Recibe en la cárcel, acompañada de su abogado. El encuentro es más simbólico que interesante. "¿Se portan bien con usted aquí?". "Sí. No puedo quejarme. Claro que nunca falta el esbirro o la esbirra que aplica severamente el reglamento, pero vamos pasando". "¿Y en qué entretiene el ocio de este encierro?". "Escribo para mi periódico y -agrega sonriendo y mostrando una aguja de croché y un paño- coso un suéter para mi hija".

lunes, 2 de marzo de 2009

Argentina y la Guerra Civil Española

La memoria histórica como proyecto social y cultural es un blog de Eduardo Montagut Contreras. Lo leo todos los días, y muchas veces tengo la sensación de ser estudiante otra vez; las lecciones vienen frecuentemente, pero en pequeñas dosis, fáciles de digerir y con referencias para continuar la investigación. Por ejemplo, el otro día el autor nos organizó una bibliografía fantástica sobre los maquis.

Es gracias a este blog que me he enterado de la publicación de Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil española (el libro salió en junio de 2008). Reproduzco abajo una entrevista con uno de los cuatro co-autores del libro, Jerónimo Boragina, publicada originalmente en Tribuna latina. Cuando se habla de voluntarios extranjeros en la GCE, típicamente se oye hablar de franceses, británicos y estadounidenses. Desde hace mucho tengo un interés en la relación España-Argentina (más en un sentido posdictatorial), así que encontré especialmente interesante esta conexión de la que antes no sabía nada. Al buscar más información, también he encontrado estos enlacea que pueden ser de vuestro interés:
“No sé si la España posfranquista se puede reparar con una ley”
Mariana Cantero

Setenta años después de la Guerra Civil en España, un grupo de historiadores argentinos bucea en la trayectoria de los voluntarios de su país que lucharon en el bando republicano. Después de revisar archivos, recuperar documentos y rescatar testigos, Lucas González, Ernesto Sommaro, Gustavo Dorado y Jerónimo Boragina (que conforman el colectivo Historia desde abajo) publican ahora ‘Voluntarios de Argentina en la Guerra Civil Española’ (Ed. Centro Cultural de la Cooperación). La decisión de tocar en este momento el tema, dicen, no es casual: estuvo vetado durante años por las diferentes dictaduras que asolaron el país del sur.

¿Cuáles son las motivaciones que llevaron a los argentinos a participar como voluntarios en la Guerra Civil española?
Se dieron diferentes causas, tanto ideológicas como sociales. La inmigración española, junto a la italiana, era mayoritaria en la Argentina y las ideas republicanas se diseminaron rápidamente. El primer Centro Republicano Español de Buenos Aires se creó en 1907, junto a centenares de instituciones regionales que difundían la cultura y por lo tanto la política española. Y en Buenos Aires los partidos de izquierda (que aglutinaban a socialistas, comunistas y anarquistas) estaban al alza y movilizados contra la dictadura del general Uriburu (que hizo un golpe de estado en 1930). Es decir, que esta mezcla de antifascismo que se vivía en Argentina por el movimiento obrero y las diferentes colectividades de inmigrantes, al lado de los fuertes lazos sociales y culturales con España, crearon el ambiente necesario para que miles de hombres y mujeres se comprometieran en la solidaridad con la causa republicana. Fue realmente fuerte la repercusión, una inmensa marea solidaria de recursos y medios que se brindaron a la República. También salieron del país (Argentina) más de 540 voluntarios que participaron de la contienda (española) en diferentes tareas.

Usted explica en su libro que Buenaventura Durruti vivió, de hecho, en la Argentina ...
Sí, cuando en 1925 la CNT entra en la ilegalidad, Durruti decide marcharse a Latinoamérica organizando la recolección de dinero para la autodefensa obrera. Llega a nuestro país con diversos compañeros de "Los Solidarios", entre los cuales estarían Gregorio Jover, Antonio Rodríguez, Francisco Ascaso y su hermano Alejandro. Intentan trabajar en diferentes oficios, pero cambian de dirección y el 18 de enero de 1926 roban el Banco Provincia de la sucursal San Martín, acción en la cual se supone contaron con el apoyo del anarquista argentino Horacio Badaraco. Después ante el peligro a ser capturados deciden marcharse a Montevideo, Uruguay.

Y algunos de los que colaboraron con Durruti en Argentina lucharon después a su lado en España...
Sí. Paradójicamente, fue el mismo Badaraco quien acompañó a Durruti en su columna durante meses, colaborando como redactor de la publicación anarquista ‘Solidaridad obrera’. Asimismo, hubo muchos milicianos argentinos que participaron en su columna marchándose hacia Teruel.

¿Cómo se organizó el envío de contingentes de voluntarios y qué requisitos tenían que cumplir?
La Internacional Comunista da indicaciones a nivel mundial de reclutar voluntarios para luchar en España contra el fascismo. Eso hizo que el Partido Comunista Argentino llevara adelante estas directivas y empezara el reclutamiento formalmente, pero en la clandestinidad porque la persecución del régimen dictatorial era muy eficaz. Es así como en todo el país se intentó atraer a jóvenes que tuvieran experiencia militar, con claros antecedentes políticos antifascistas y, en tanto que fuera posible, sin cargas familiares. El movimiento anarquista argentino también envió dirigentes a España, pero priorizó la ayuda material y no la de milicianos. No obstante, es muy dificultosa la individualización de los anarquistas, que mayoritariamente calaron en zona catalana, donde tenían la mayor influencia. Después socialistas y republicanos, informalmente y por decisiones más individuales que institucionales, dieron apoyo al envío de decenas de militantes a combatir, pero fue sin duda el Partido Comunista el que pudo organizar y enviar mayor cantidad de voluntarios.

¿Qué tareas se les asignaba una vez en España?, ¿eran enviados a alguna zona en particular?
En España se le daba mucha importancia a la experiencia y habilidades de los voluntarios. Había muy buenos dirigentes comunistas que fueron comisarios políticos, como Ángel Ortelli o Juan J. Real. También traductores de las Brigadas Internacionales, como Nicolás Steinmetz, Lilia Bondareva o Sonia Besmertnaia; o médicos, como Gregorio Bergman, Juan Golstraj o Milan Matkovich. Muchos eran actores, enfermeros, estudiantes, pero el grueso se desempeñaba como trabajadores y obreros en nuestro país. Lo cierto es que el grupo de voluntarios argentinos se encontraba repartido entre el Ejercito Republicano y las Brigadas Internacionales. Al comienzo muchos eran parte de las milicias populares, principalmente en zona catalana para los anarquistas. Socialistas y comunistas participaron en el naciente Ejército Republicano y luego algunos fueron transferidos a las Brigadas Internacionales, principalmente la numero XV, en el Batallón 24.

¿Cuál fue el destino de estos voluntarios en cuanto a campos de concentración?, ¿se sabe cuántos murieron o fueron presos y cuántos regresaron a Argentina?

Cuando la República decide retirar a los brigadistas, éstos van a parar a los campos de concentración en Francia, sobre todo a Saint Cyprien, Argeles Sur Mer y a Gurs. Ángel Ortelli, que fue comisario político de la Segunda División, describe en una nota para el diario ‘Crítica’ del 7 de mayo del 39 la situación en el campo de Saint Cyprien: “(…) es de arena y está junto a una laguna maloliente (…) no había comida, ni habitaciones ni ropa para abrigarse. Durante cinco días no se entregó alimentos y recién después y tras llenar el formulismo exigido comenzó a dárseles un pan para cada 25 personas como comida diaria...”. Otro grupo tuvo mejor suerte y logró ser repatriado en mayo y junio de 1939 por la cancillería Argentina. En cuanto a muertos, los datos son muy inexactos, aproximadamente se puede establecer la muerte o desaparición de un tercio de voluntarios, pero la falta de registros escritos e inclusive su ubicación en una fosa o cementerio, complican todo tipo de registro y cálculo. Varios argentinos también permanecieron más de 20 años presos, como Luis A. Quesada, Juan Arhancet, o Manuel Villar, que permaneció preso en el campo de Albatera y luego en la Modelo de Barcelona, totalizando 18 años.

¿Qué valoración hace de la Ley de Memoria Histórica? ¿Cree que sirve realmente para compensar a las familias de los voluntarios?
No sé si habría que analizar sólo una ley. ¿Qué hay de la educación en las escuelas, del legado cultural y simbólico que en muchos casos aún perdura? Fue tan nefasto el periodo que vivió la España posfranquista hasta 1960, que no sé si se puede reparar con una ley. Fueron torturados, desaparecidos, fusilados; perdieron sus trabajos y sus propiedades cientos de miles de hombres y mujeres. La ley podrá lograr algún avance a nivel jurídico, pero lo peor es la falta de reconocimiento hacia el pueblo, el ocultamiento de la verdad, la humillación y el exilio, y eso no creo que pueda tratarse todo en una ley. Desde aquí convivo con los viejos militantes y luchadores españoles y la ley todavía no ha tenido mayores implicaciones. Por otro lado, creo que podría abarcar más a nivel económico y saldar una deuda histórica, principalmente con los exiliados que no pudieron volver a su tierra. Por el momento tiene sabor a poco, y esperemos que no sea una ley final, sino el punto de partida para mejorar la situación.

¿Por qué en Argentina se ha olvidado esta historia?
Hasta la llegada de la democracia en 1983, se le dio a la sociedad argentina una visión un tanto demoníaca de la Guerra Civil Española. Se la mostró como un derramamiento de sangre entre hermanos, una guerra fraticida que se podría haber evitado. Gran cantidad de políticos argentinos citaban la Guerra Civil que ocurrió en España como visión apocalíptica de lo que podía pasar en nuestro país. Claro que casi nunca se aclaraba que hubo un golpe de Estado, que el pueblo se defendió ante dicho golpe preservando la democracia, y que en esta guerra no hubo solo hermanos, sino también cientos de miles de extranjeros en uno u otro bando.

Hay inclusive militantes de la Juventud Democrática Española desaparecidos por la dictadura militar Argentina. También escasean las publicaciones sobre Argentina y la Guerra Civil.

martes, 17 de febrero de 2009

Ayudas a los "niños de la guerra"

De: Crónicas de la emigración:

Un total de 2.167 ‘niños de la guerra’ recibieron ayudas en el cuarto trimestre de 2008, según datos de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración. Estas ayudas se conceden al amparo da Ley 3/2005, de 18 de marzo, por la que se reconoce una prestación económica a los ciudadanos de origen español desplazados al extranjero durante su minoría de edad como consecuencia de la Guerra Civil, que desarrollaron la mayor parte de su vida en el extranjero.
El mayor número corresponde a Cataluña (458); seguida del País Vasco (327); Galicia (326), Madrid (267) y Asturias(243). Las comunidades con menor número de perceptores de estas ayudas fueron Baleares (3); La Rioja (7); Extremadura (12); Canarias (15); Navarra (17) y Murcia (18).

En el resto de comunidades el número de beneficiarios fue el siguiente: Castilla-La Mancha, 21; Castilla y León, 65; Comunidad Valenciana , 66; Cantabria, 90; Aragón, 96; y la Cuidad Autónoma de Ceuta (3). Además, hay 133 beneficiarios que no están asignados a ninguna comunidad.

Por países, el mayor número de beneficiarios corresponden a México (588); Argentina (587); Chile (255); Venezuela (183) y Rusia (179).

jueves, 8 de enero de 2009

Los niños del franquismo

En 2000, la profesora y estudiosa Jo Labanyi publicó un artículo -- frecuentemente citado hoy en día -- sobre la presencia de monstruos, vampiros y fantasmas en la literatura y el cine españoles. Labanyi citó ejemplos como El espíritu de la colmena, Luna de lobos y El sur para hablar del espectro de la guerra civil en la producción cultural española de las últimas tres décadas. Probablemente, haber leído tantas veces este artículo es lo que me ha hecho pensar en la aparición de orfanatos y niños fantasmas ("El espinazo del diablo," "El orfanato") en el cine español. Por supuesto siempre ha habido películas del mundo sobrenatural, y siempre las habrá, pero este es un tema preferido en películas españolas recientes ("Nos miran," "Los sin nombre," "Aparecidos"). Ahora bien, hay que señalar que puede ser que tengo esa sensación más por la cuestión del marketing que cualquier otro motivo: al mercado estadounidense siempre le gustan películas de suspense. Pero muchas de las películas que acabo de mencionar se centran en gente desaparecida --y especialmente niños. En muchos casos, estos niños han experimentado algún trauma psíquico o se encuentran separados de sus padres. A veces sufren abusos violentos a manos de torturadores sádicos. Aquí tenéis los carteles de algunas de las películas que he nombrado aquí (el primero es del estreno estadounidense de Los sin nombre):

Es verdad que no todas las películas de arriba tienen que ver con la GCE y/o el franquismo, pero su enfoque en desapariciones infantiles o fantasmas que se aparecen a los vivos no me parece casual dadas las circunstancias de los últimos años con respecto a la recuperación de la memoria histórica.

Mientras que han ido ganando cobertura informativa muchos temas relacionados con la GCE y el franquismo - las fosas comunes, las cárceles franquistas, los campos de concentración -- la cuestión de los niños y la guerra es uno que no se ha hablado tanto (ver el artículo de Vincenç Navarro). El documental y libro Els nens perduts del franquisme (Montse Armengou y Ricard Belis) sirven como un buen punto de partida para entender más sobre este tema. Yo no he leído el libro, pero se puede ver el documental entero en YouTube (hacer clic aquí para ver el primer clip; en catalán y español). Los dos textos se enfocan en la re-educación de niños de madres republicanas, presas en cárceles franquistas, y también abordan la repatriación de estos niños a España, acabada la guerra. Este último tema es uno que surge en la novela de Emma Riverola. La novela explora los efectos distintos de esta repatriación en los niños Andreu y Victor, personal y políticamente. El régimen franquista se aprovechó de la repatriación de los niños. Según Armengou y Belis:

Pero el régimen de Franco no se conformó solo con los hijos de los “rojos” en territorio español. Durante la guerra civil, muchos padres tuvieron que tomar la difícil decisión de confiar sus hijos a la República para que los evacuara al extranjero. Confiaban en que sus hijos, terminada la guerra, podrían regresar a una España liberada del fascismo. Pero la guerra la gana Franco y decide que todos estos niños tienen que regresar a España, con o sin la autorización de sus padres. El régimen convierte la repatriación de los menores en una gran operación propagandística. “Franco devuelve a las madres de España la alegría y el cariño de los que un día, por orden del Gobierno marxista, fueron arrancados de su patria y entregados a la tutela de las más antiespañolas instituciones internacionales”, decía el narrador de una película propagandística de la época. En muchos casos, sin embargo, el menor no era entregado a sus familias e iba a parar directamente a un asilo. Una ley de 1940 establecía que la patria potestad de los niños que estaban en centros de Auxilio Social pasaba automáticamente a la institución. Esto creaba un gran riesgo de que los padres perdieran la pista del niño para siempre.

De entre todos los niños españoles en el extranjero, el régimen franquista tenía especial interés en los que estaban evacuados en la Unión Soviética. Para Franco, era un triunfo sacarlos del país donde había triunfado la revolución comunista. Pero, al mismo tiempo, el Caudillo veía a estos niños como elementos peligrosos. Habían estado en contacto con el comunismo, estaban contaminados y hacía falta ingresarlos en un centro que garantizara su reeducación. Néstor Rapp, evacuado a la Unión Soviética antes de que terminara la guerra, fue repatriado a España en 1943. Su familia no había pedido su repatriación y se entera del regreso de su hijo por el periódico. Cuando solicitan que se les entregue el menor, el delegado de la Junta de Protección de Menores les dice que tiene orden de Madrid de no entregarlo y Néstor ingresa en un centro de Auxilio Social. Muchos años después, con la llegada de la democracia, la familia Rapp tiene conocimiento de un informe donde se dice textualmente que el menor no se entregó a la familia porque ésta “no ofrecía ninguna garantía sobre su educación”.

Como apuntan los autores luego, la aprobación de una ley en 1941 permitió que se cambiaran los apellidos de los menores: "La excusa era dar una identidad a los niños perdidos durante la guerra. Pero, en realidad, dificultaba todavía más que las familias legítimas pudieran encontrar a sus hijos y dejaba la puerta abierta a adopciones irregulares." Se ha hablado mucho de los hijos y nietos de desaparecidos de la dictadura argentina que fueron adoptadas por padres que, en algunos casos, estuvieron directamente ligados con la dictadura. Las películas argentinas La historia oficial, Cautiva, y Nietos: Identidad y memoria examinan lo que pasa cuando esos hijosy nietos saben que sus padres (adoptivos) no son quienes pensaban que eran. Desde luego , por muchas razones no se puede comparar el contexto argentino con el español. Pero sí en el sentido de que en los dos países se puede hablar de adopciones ilegales durante dictaduras. El auto de Garzón, el que luego fue declarado incompetente, citó el caso de "niños perdidos" que fueron adoptados por familias franquistas: "los niños perdidos son también parte de las víctimas del franquismo: se trata de hijos de presos cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen. Varios miles de hijos de obreros fueron también enviados a instituciones del Estado, porque el régimen consideraba su familia republicana como 'inadecuada' para su formación."

Hoy, según El País, el juez Baltasar Garzón ha pedido que siete juzgados investiguen "la existencia de un plan sistemático y preconcebido de eliminación de oponentes políticos a través de múltiples muertes, torturas, exilio y desapariciones forzadas (detenciones ilegales) de personas a partir de 1936, durante los años de Guerra Civil y los siguientes de la posguerra, producidos en diferentes puntos geográficos del territorio español" ("Garzón insta a siete juzgados a investigar los 'niños robados' del franquismo"). No está claro qué pasará una vez inciada tal investigación (o si los juzgados la continuarán), pero por lo menos parece que tendría que incluir el caso de los "niños perdidos," algunos de los cuales incluso pueden seguir vivos y no saber nada de su identidad verdadera.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La teoría de los "dos diablos"

El informe Nunca más es un documento extenso y esencial para cualquier persona a quien le interesa el tema de derechos humanos; se conoce por los testimionios explícitos sobre torturas, detenciones y secuestros ocurridos en la Argentina durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional. No he leído el informe completo, pero me familiaricé con él al estudiar narrativa y cine sobre la dictadura argentina. Obviamente, no se puede equiparar el contexto dictatorial argentino con el español - y tienen poco en común las transiciones a la democracia de estos países. Quisiera dejar claro desde el principio que aquí estoy hablando de dos contextos totalmente distintos. Aún así, a veces lo que encontramos en estudios de otras dictaduras puede tener cierta resonancia en el contexto español.

En su libro sobre la dictadura argentina, Postmemories of Terror, escribe Susana Kaiser que el informe Nunca más empieza con un reconocimiento del papel de la ultra izquierda, al igual que el de la ultra derecha. Según Kaiser, este intento de balance, o esta manera de "repartir" la culpabilidad a toda la gama política, demuestra que "this society 'convulsed' by terror neither had any participation or responsibility, nor has any role to play in the present in demanding accountability" (25). Para justificar su tesis, Kaiser cita una serie de entrevistas con argentinos de la "segunda generación" (mayormente, jóvenes porteños asociados con organziaciones políticas o con supervivientes de la dictadura), en las que es frecuente oír nombrar lo que ella llama "la teoría de los dos diablos" ("Two Devils Theory"). Es decir, al ser preguntados por lo que saben con respecto a la dictadura, los jóvenes del estudio de Kaiser suelen contestar que a los dos grupos políticos se les puede echar la culpa de lo que ocurrió después.

Menciono aquí esta teoría porque creo que merece la atención que Kaiser la presta. En España también ha sido común oír decir, "bueno, en los dos bandos hubo matanzas. En los dos bandos se cometieron atrocidades." Luego, se pregunta que por qué se excava, literal o simbólicamente, en el pasado, si es que sólo reabre heridas. También es frecuente citar la idea de que en la derecha hubo víctimas, víctimas de las que ahora se olvida la gente que aboga por la "recuperación de la memoria histórica." Se comenta la violencia republicana para "balancear la cuenta" - "bueno, si es que los rojos también mataban..." Por casualidad, después que empecé esta entrada, salieron varios artículos en El país este fin de semana que también apuntan esta tendencia -- lo que llama el historiador y profesor (Universidad de Zaragoza) Julián Casanova, "las teorías del fifty-fifty" ("Juicio a la barbarie").

Según Casanova, era común encontrarse con dificultades al investigar la GCE a fines de los 70, y durante los 80:
Cuando yo pedía dinero para proyectos de investigación a mediados de los ochenta (en instituciones controladas casi todas entonces por los socialistas), se me contestaba que a condición de que analizáramos también la violencia de los otros, de los rojos/republicanos, como si esa violencia hubiera estado también oculta. Era el momento en que las teorías del fifty-fifty, las culpas repartidas al 50%, parecían marcar la política correcta.
Por cierto, las condiciones citadas por Casanova se han mejorado bastante desde los 80. Pero sólo hay que echar un vistazo a la prensa diaria, a los sitios web que profesan hablar de la "verdadera memoria histórica" (léase: la de los nacionales), o a los comentarios al final de un artículo periodístico electrónico para saber que las teorías del fifty-fifty no se han borrado por completo. De hecho, a veces parece que están gozando de más atención que nunca. Lo expresa "Paco 1946" en el comentario número 39 del artículo de hoy, "Juicio a la barbarie:" "Pero no oigo hablar de desenterrar a tantos curas y monjas que murieron en la Casa de Campo. El ser humano sin sentimientos está en todos los sitios ( derecha ó izquierda) y sus maldades no tienen´límite." También, en el sitio web de "memoriahistorica.COM," que parece existir con el mero propósito de contradecir el trabajo de la ARMH en "memoriahistorica.ORG." Leemos en la página principal del primer sitio: "Comenzamos este blog para dar a conocer las barbaridades que se cometieron por parte de los ascendientes ideológicos de aquellos que han elaborado la Ley."

Es hora de que
se cuestione la discusión que surge cuando se habla de la memoria de los "vencidos" (o sea, que también se ha de considerar lo que hicieron los republicanos). A primera vista, el argumento que se hace puede parecer legítimo en cualquier sociedad democrática y liberal en que se ha valorado la convivencia de una variedad de perspectivas políticas. El problema es que la derecha ha aprendido a explotar tal convivencia para su propio bien. Por ejemplo, en la reinvindicación del pasado por la derecha - el lamento repetitivo de "nosotros también sufrimos" - se emplea la idea de que en una sociedad liberal, todo el mundo se puede expresar como quiera (que pueden convivir múltiples perspectivas, aunque entren en conflicto con la una a la otra). Pero desde su perspectiva, no es así - la verdad, en este caso, sólo se refiere a lo que dicen personas como "Paco 1946" o sitios como memoriahistorica.COM. En otras palabras, la verdad (o La Verdad) representa aquella "versión oficial" de la Historia que ya estaba escrita durante 36 años de dictadura (y más).

En el mejor de los casos,
Two Devils Theory (lo cito en inglés, ya que el libro está escrito en ese idioma) representa una perspectiva sumamente ingenua frente al pasado traumático histórico. Hay que reconocer que puede haber razones que se ha arraigado esta perspectiva, como una falta de información (libros de texto que crean esta idea del pasado, por ejemplo). Pero en todo caso, esta perspectiva permite cierta neutralidad frente al pasado al exculpar a todo el mundo. En el peor de los casos, tal teoría es una falacia lógica diseñada (conscientemente o no) para evitar la responsabilidad para con ese pasado y sus víctimas. Es decir, si ya se ha determinado que nadie pudo evitar lo que hizo durante la guerra o la posguerra - que a todos se les podía echar la culpa - entonces, también se puede preguntar, ¿para qué razón crear una "comisión de verdad y reconciliación"? ¿Para qué extraditar a ex-dictadores y a sus parientes y amigos? ¿Para qué crear un registro de represaliados, desclasificar archivos, retirar símbolos franquistas, exhumar restos de fosas comunes? La lista de preguntas se vuelve interminable y ridícula. El argumento de los dos diablos es absurdo. Implica que nunca se puede juzgar a nadie para nada, porque todos participaron y contribuyeron a su propia destrucción y a la de otros.

¿Hay momentos en que "la verdad" no signifique un balance de perspectivas sino una universal? El filósofo Slavoj Žižek, en otro contexto, parece hablar de esta situación exacta cuando dice, "universal truth can only be articulated from a thoroughly partisan position; truth is by definition one-sided. This, of course, goes against the predominant doxa of compromise, of finding a middle path among the multitude of conflicting interests" (en: http://www.lacan.com/zizek-plea.htm). Parece que la derecha ya está actuando bajo este principio, mientras la izquierda sigue operando bajo la noción de que una variedad de perspectivas puede, y debe, exisitir acerca del tema de la GCE y el franquismo. El ideal democrático de un marco que pueda soportar una variedad de perspectivas depende de la participación y colaboración de todos. Si en España hubiera una comisión de Verdad y Reconciliación, no se podría establecer si un lado decidiera no participar. Pero España no ha tenido tal comisión -- para ocupar su lugar, hay la Ley de Memoria Histórica. Hay la ARMH. Y recordemos a cuál partido decidió no votar a favor de la Ley de Memoria Histórica.

Hay que cuestionar la "teoría de los dos diablos," aún tan presente en el discurso sobre la GCE y la dictadura. Primero, se ha de identificar las circunstancias en que surgen tales explicaciones del pasado. Luego se puede cuestionar por qué se apela tanto a esta falacia. ¿Cuál es la historia que parece querer subrayar? ¿Cuál, esconder?

La izquierda también tiene obligaciones. En primer lugar, tiene la obligación de reconocer su propio papel en la creación y el mantenimiento del "pacto de silencio," especialmente durante los 80. En segundo lugar, tiene el deber, cuando se presentan críticas como las que he mencionado arriba, de salir en su propia defensa. Tiene la responsabilidad de enfatizar en cada oportunidad que se le presente, que no, no se tiene que hablar una vez más sobre las pérdidas de la derecha o sobre todos los males que hicieron los rojos. Otra vez, de eso se habló durante 36 años. Aquella historia ya se contó. ¿Por qué nadie habla de fosas comunes que contengan restos de franquistas? ¿Por qué cada día sale otra noticia hablando de republicanos enterrados en una cuneta? Porque estas historias, como apunta Casanova, son las que han estado ocultadas, no las del bando nacional.
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