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viernes, 9 de enero de 2009

Los tebeos de la GCE

Exposición en el Centro Documental de Memoria Histórica: Los tebeos de la Guerra Civil Española. Niños y propaganda. 1936-1939
hasta 25.1.09 en la Sala Santo Domingo de la Cruz de Salamanca

Horario de visitas:
Martes a viernes: 17 a 21 h. Sábados, domingos y festivos: 12 a 14 y 17 a 21 h.
Lunes no festivos: cerrado.


A veces me llegan un poco tarde las noticias, pero acabo de enterarme de esta exposición y siguiendo con el tema de los niños, pensé que merecía la pena mencionarla. Por si no la podéis asistir, como yo, la web del Ministerio de Cultura ofrece una maravillosa selección de 55 páginas para ver y guardar en PDF. Los ejemplares disponibles en línea son del 15 de julio de 1936 hasta 1937. Se puede apreciar la calidad frágil de algunos de los documentos (unas hojas tienen agujeros pequeños o algunas palabras borradas), pero las páginas mantienen sus colores vivos y sobre todo, su mensaje propagandístico destinado para los niños.

Más que nada, lo que se destaca aquí es 1) la violencia de los rojos y 2) el castigo que sufren después. Así leemos en un trozo de la página 52, en que un soldado rojo y feo - con los ojos locos - dice: "Tengo sed de robar y asesinar. Por algo soy rojo." En estas viñetas el soldado se acerca a una casa, y después de confirmar que el perro está enjaulado, descubre a un "par de viejos" y decide matarlos sin ningún motivo. El lector ha de entender que hay algo innatamente violento e inmoral en la naturaleza del rojo. Después de matar a la pareja, dice, "Ahora voy a robar." Lo vemos llenar un saco de los efectos personales de la pareja y comentar "Buen botín, no se ha perdido el día." Termina la historia cuando el rojo, después de intentar matar el perro, es atacado por el animal, que le muerde en el trasero.

En el relato de Alberto Méndez, Cuarta derrota, el narrador recuerda su infancia en la posguerra: "como todo lenguaje era hiperbólico, Cruzada quería decir guerra, rojos significaba demonios, nacional quería decir vencedor, era natural que voluntario quería decir obligatorio. . ." (145). Ver estos tebeos es también percibir un lenguaje doble, uno que va dirigido al mundo "típico" de los niños (la aventura, la fantasía), y otro que ya los habla como si fueran pequeños adultos, listos para servir felizmente la Patria y el Movimiento Nacional. Como explica la web del Ministerio de Cultura, la propaganda "[d]el lado republicano tuvo su mayor intensidad y calidad en el cartel y en la prensa de partidos y de trincheras, mientras que del lado franquista se cifró sobre todo en la multiplicación de revistas, diarios y folletos, incluidos los tebeos, que jugaron un papel de gran y especial importancia en esta guerra de papel."

miércoles, 19 de noviembre de 2008

"Arrugas" de Paco Roca

No soy lectora de los tebeos, pero últimamente, me encuentro leyéndolos más y más frecuentemente. Tal vez sería mejor decir echándolos un vistazo, porque parece que soy más bien tradicional -- aún no me he acostumbrado a "leerlos." Puede ser porque en Estados Unidos nunca ha existido una "cultura" del tebeo como en España.

Mi primera experiencia con los tebeos fue con la gran obra de Art Spiegelman, Maus. Luego me enteré de Carlos Giménez. Luego volví a Spiegelman, cuando salió In the Shadow of No Towers. Entonces supe de Cuerda de presas, de Jorge García y Fidel Martínez. El hilo conductor de todos estos textos es la memoria: la memoria del Holocausto, del 11-S, y de la Guerra Civil.

Hoy me he enterado de Arrugas, una obra de Paco Roca que ha ganado el Premio Nacional del Cómic. Roca afirmó que Arrugas es para la gente que no se siente aficionada a los cómics, como a sus padres. Tengo que admitir que empecé a leer el artículo sobre Arrugas sólo porque vi la palabra "memoria." Después de enfocarme a diario en este término, suelo hacer clic en cualquier titular que lo mencione.

Muy generalmente hablando, Arrugas es un cómic sobre la memoria -- o sobre la pérdida de ella. Sin embargo, en contraste con los tebeos mencionados arriba, aquí la memoria no se refiere a la histórica, a la colectiva, o a otra de las miles de designaciones que hay para este tema. Aquí, Roca aborda el tema del Alzheimer. En la portada del libro se ilustra de una forma magistral la facilidad con que se puede escapar el contacto entre el ser humano y su pasado. Las fotos familiares, también utilizadas en la obra de Spiegelman, representan la frontera entre quienes éramos y quienes somos ahora, pero también señalan lo que pudo haber sido y no fue. Aquí, parecen simbolizar la pérdida de la conciencia del yo. El tren sigue su rumbo, y no hay manera de parar.
En la novela La mitad del alma (Carme Riera, 2004), la narradora, C., explica: "sin la memoria estamos muertos." Este comentario también es algo que ha dicho la autora en una entrevista. La memoria es la identidad.

Por casualidad, en la novela de Riera -- una indagación en la España de la posguerra -- hay también un personaje con Alzheimer. Y en Soldados de Salamina, el filme de David Trueba basado en la novela homónima de Javier Cercas, hay un padre con demencia senil que se olvida de su pasado cuando su hija le pregunta por la guerra. "¿Qué guerra,?" dice, cuando ella le enseña un artículo que ha escrito sobre Antonio Machado. Hasta se olvida de su propia participación en la contienda, aunque su hija estudia una foto en blanco y negro en que el padre escribió un año definido y los nombres de sus amigos.

A pesar de que el cómic de Roca no tenga nada que ver con la memoria de la GCE o el franquismo, no se puede fingir que no exista un discurso de la memoria en España al considerar el tema del libro. Las fotos que se escapan de la cabeza del hombre en la portada pueden servir como metáfora con la que leer la necesidad de "recuperar" las memorias históricas. Porque la memoria autobiográfica y personal se entrelaza con la colectiva, y sin una, no se puede entender la otra.
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