Cuando se habla de la cuestión actual de las memorias históricas en España, se oyen cada vez con más frecuencia alusiones a las segundas y terceras generaciones o a los hijos y nietos de la guerra. Si Emilio Silva y el presidente del gobierno son ejemplos conocidos de estos nietos (los abuelos de cada uno murieron fusilados), ser "nieto" realmente implica mucho más que ser descendiente de una víctima de la guerra.
Las psicoanalistas Anna Miñarro y Teresa Morandi han organizado un estudio sobre la transmisión intergeneracional de la memoria de la GCE y el franquismo. La página web de la
CCSM (Congrés Català de Salut Mental) informa que la gente interesada puede mandar anónimamente sus testimonios sobre "els efectes psíquics que la guerra del 36, el franquisme i el postfranquisme." Tales testimonios podrán formar parte de la investigación de las autoras.

Teresa Morandi y Anna Miñarro
foto: Ramon Vila, en
La Vanguardia (27.11.08)
En una
entrevista en
La Vanguardia del pasado 27 de noviembre, Miñarro y Morandi afirmaron que la memoria de la guerra y el franquismo puede llegar incluso hasta la cuarta generación, en lo que llaman una "transmisión de muerte." Aleida Assmann, profesora de inglés y literatura comparada, y autora de numerosos libros, antes ha hablado de un período de extinción (mis palabras, no las suyas) de unas 3 generaciones en lo que se refiere a la memoria intergeneracional, así que a mí me interesa saber cómo las autoras manejan en su proyecto la cuestión de una transmisión tan extendida de la memoria.
Aunque Miñarro y Morandi nunca emplean la palabra "posmemoria" durante su entrevista, hacen eco de los estudios de la profesora y estudiosa Marianne Hirsch en el contexto del Holocausto. El término que Hirsch proporcionó a la "memoria" de la segunda generación (e implica que puede estar adecuado para la siguiente generación también) se ha adoptado en diversos contextos históricos y se entiende como una memoria que está simultáneamente vacía de recuerdos (personales) y constituida siempre por los recuerdos de otros (sus padres o abuelos). En su libro
Family Frames Hirsch no está hablando de cualquier memoria, sino la del Holocausto en particular, así que es importante recordar que cuando se dice "posmemoria," se está refiriendo a una memoria de un pasado traumático histórico.
Como creo que el tema de la transmisión de la memoria va a ser importantísimo (ya lo es) en el contexto español, los voy a dejar con unos fragmentos de la entrevista hecha por Ramon Vila (se puede encontrar haciendo clic en el enlace de arriba, "entrevista"):
-Así que un trauma se va pasando de padres a hijos…
-Sí. Las violencias del pasado se transmiten a segundas, terceras y hasta cuartas generaciones. Hay que tener en cuenta que la Guerra Civil duró tres años, pero la represión se extendió durante casi 40 años. En todo este tiempo ni después de la Transición ha habido profesionales preparados para atender correctamente a las mal llamadas "víctimas", que nosotras preferimos llamar supervivientes.
-¿Cómo explican que un trauma se manifieste en alguien de tercera o cuarta generación?
-Esa ha sido una sorpresa. Nuestra hipótesis inicial era que los traumas van perdiendo fuerza con el paso de las generaciones, como al lanzar una piedra sobre el agua que rebota muy fuertemente en el primer impacto, pero que va disminuyendo en cada nuevo salto hasta hundirse. Hemos descubierto que en la cuarta generación el trauma rebrota muy fuertemente. Cuando ha habido un silencio de muerte y un secreto que no se ha podido contar aparece un malestar en el cuerpo más vacío de palabras, pero con muchos síntomas psíquicos. Y esto es alguien que nadie relacionaría con las vivencias de sus antepasados. Cuando abres la historia de vida de dos o tres generaciones te das cuenta de que hay un hilo conductor de ese trauma, se tiene de forma inconsciente. Al no hablar de los traumas y la situación catastrófica vivida, éstos van insistiendo hasta que salen en forma de un malestar vacío de palabras. Al haber más secretos y silencio más destacado es el síntoma.