Esta mañana, he leído con emoción en la portada de El País que el juez Baltasar Garzón, cuyo nombre he mencionado aquí en otros momentos, investigará la represión franquista.
Hace sólo unos meses, la ARMH y otras organizaciones a favor de la recuperación de la memoria histórica, criticaron al juez Garzón por asistir a las exhumaciones de fosas comunes en otros países (Colombia) y no a las de España (ver este blog, el 28 de agosto). Pero desde entonces, se le ha entregado un informe de los nombres de más de 100.000 víctimas del franquismo, tal y como ha pedido el juez.
No he visto, desde la aprobación de la Ley de Memoria, tantos artículos diarios sobre la recuperación de la memoria histórica como he visto estas últimas semanas. Hay días en que se puede leer en El País un editorial, un artículo en "Cultura," y otro en "España" sobre la guerra, el franquismo y/o la recuperación de la memoria histórica (las exhumaciones, el caso de Lorca, etc.). La verdad es que no suelo leer tanto ABC, El mundo u otros periódicos nacionales o regionales, y debería, porque conozco bien las inclinaciones políticas de El País. He agregado a mi lectura un vistazo diario a Público.com (sitio web que encontré gracias al blog del escritor Isaac Rosa) y Cadena Ser, este último sitio mayormente por los archivos de audio que se pueden descargar. Dondequiera que se publiquen los artículos sobre el auto de Garzón, no hay nada que pueda borrar lo que el juez ha empezado hoy.
Específicamente, el juez Garzón ha preparado un auto de 68 folios (disponible en formato PDF para descargar en el sitio Web de El País) en que apunta que "'los vencedores de la Guerra Civil aplicaron su derecho a los vencidos y desplegaron toda la acción del Estado para la localización, identificación y reparación de las víctimas caídas de la parte vencedora, no aconteció lo mismo respecto de los vencidos que además fueron perseguidos, encarcelados, desaparecidos y torturados por quienes habían quebrantado la legalidad vigente al alzarse en armas contra el Estado'" (citado en "Garzón investigará la represión franquista y abrirá la fosa de Lorca"). Ciertamente, es importantísimo tal declaración, pero también lo es la pedida del juez que el "Ministerio del Interior. . .identifique a los máximos dirigentes de Falange desde el 17 julio de 1936 hasta el 3 de diciembre de 1951" y su afirmación que Franco y 34 otros acusados están implicados "en desapariciones ilegales, dentro del contexto de crímenes contra la Humanidad." Aunque a estas alturas sea un acto puramente simbólico, el juez ha llegado incluso a pedir los certificados de defunción de los involucrados, para probar que ya no pueden ser juzgados en un tribunal. Según un artículo de la BBC, "Judge Garzon's document names Gen. Franco and 34 of his senior aides as the instigators of the alleged crimes. He even asks that their death certificates be produced, to prove that they can no longer face prosecution" (leer artículo original aquí).
"Crímenes contra la Humanidad" es una frase que se oye mucho, y, por lo menos en la manera en que yo he observado su uso, tiende a mezclarse o confundirse con "genocidio" y "crímenes de guerra." El profesor, y experto en crímenes de guerra para la ONU, M. Cherif Bassiouni, ha hablado de la distinción particular entre estas tres frases en un artículo del Crimes of War Project, un sitio colaborativo que examina las leyes de guerra y cómo se aplican y cuya meta es: "to promote understanding of international humanitarian law among journalists, policymakers, and the general public, in the belief that a wider knowledge of the legal framework governing armed conflict will lead to greater pressure to prevent breaches of the law, and to punish those who commit them."
De acuerdo con Bassiouni, se puede distinguir del genocidio o del crimen de guerra un crimen contra la Humanidad, a pesar de que entre las tres categorías puede haber ciertos elementos en común: "To some extent, crimes against humanity overlap with genocide and war crimes. But crimes against humanity are distinguishable from genocide in that they do not require an intent to “destroy in whole or in part,” as cited in the 1948 Genocide Convention, but only target a given group and carry out a policy of “widespread or systematic” violations. Crimes against humanity are also distinguishable from war crimes in that they not only apply in the context of war—they apply in times of war and peace." Recomiendo ver aquí el artículo completo para más información.
Un crimen contra la Humanidad es el crimen de nivel más grave que se puede cometer: significa hacer "un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque" e incluye, según el Estatuto de Roma de 1998, 11 tipos de actos: el asesinato; el exterminio; la esclavitud; la deportación o traslado forzoso de la población; el encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física en violación de normas de derecho internacional; la tortura; la violación; la persecución de un grupo o colectividad; la desaparición forzada de personas; el crimen de apartheid; y otros actos inhumanos (para más información ver la entrada de Wikipedia aquí o el artículo 7 del Estatuto de Roma aquí).
Sin duda, el auto de Garzón va a marcar, para algunos, un día histórico para España. Sin embargo, para otros, representará ya otro intento de "abrir heridas" o "remover el pasado." Antes, he comentado aquí que me parece admirable el trabajo de Garzón, aunque se hable de él como el "juez estrella" o se diga que sus motivos no son del todo humanitarios. Sigo pensando que hace falta una figura como él, que aboga por la justicia. Pero quisiera terminar esta entrada enfatizando una vez más el trabajo que han hecho cientos de voluntarios anónimos: ante todo, las familias, los amigos y los vecinos de los desaparecidos, que han preguntado por y han investigado el paradero de sus seres queridos. La ARMH empezó de forma totalmente voluntaria: con un hombre, Emilio Silva, que buscaba a su abuelo desaparecido. También es preciso recordar a los investigadores, antropólogos forenses, arqueólogos, historiadores - con o sin nombre - que han estado presentes en las exhumaciones, en los archivos, en las hemerotecas. Es posible que Garzón termine siendo el "rostro representativo" de este momento histórico, pero no se debe de olvidar a las demás personas, sin cuya ayuda y atención no se habría llegado hasta aquí.
Un saludo especial a Rafael Guerrero, que dirige el programa de la radio y el blog "La memoria."
Diálogos intergeneracionales sobre la guerra civil española y el franquismo en la España actual Intergenerational Dialogues on the Spanish Civil War and Francoism in Contemporary Spain
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jueves, 16 de octubre de 2008
domingo, 7 de septiembre de 2008
La Iglesia y la memoria de la guerra
La primera y la única vez que estuve en el Valle de los Caídos fue cuando tenía 24 años. En aquella época aún no había cursado estudios de doctorado, y sabía poco de la GCE - sólo algunas cuantas fechas, cosas que había leído en un puñado de libros.Cuando decidí hacer la visita, como cualquier otro guiri, al Valle de los Caídos, creo que lo hice porque me parecía una visita obligatoria - ver una cruz enorme, sacar fotos, parar también en El Escorial. Ninguno de mis amigos se opuso exactamente a que yo fuera allí, pero recuerdo que tampoco querían acompañarme. Terminé yendo con un amigo poco convencido de la necesidad de la excursión; cuando llegamos, hizo que subiéramos caminando hasta la estructura enorme. Lo que recuerdo de estar allí es la sensación de frío que había en todo - el frío del viento, el frío de los colores del mausoleo. Y recuerdo haber visto las tumbas de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco: hasta en aquel entonces, se me habría ocurrido preguntarme por qué los dejaba descansar así la Iglesia.
Ayer, en un reportaje de la Cadena SER, el abogado de la ARMH, Fernando Magán, habló sobre las iniciativas de Baltasar Garzón para documentar a los desparecidos de la GCE y el franquismo. Magán enfatizó la necesidad de colaboración con la Iglesia, ya que, según el abogado, la Conferencia Episcopal mantiene en sus parroquias listados de "fallecidos de la época." La cifra de desaparecidos se ha aproximado alrededor de 30.000 personas, pero hay otras fuentes que calculan aún más. Según Magán, la cifra puede alcanzar más de 130.000 desaparecidos. Se puede escuchar parte de la entrevista aquí:
Aquí me interesa, más que las cifras (que siempre se disputan), hablar un poco del papel de la Iglesia, no tanto durante la guerra y el franquismo, sino en la actualidad. Aunque no siempre sea evidente, la Iglesia Católica sigue siendo una fuerza dominante en la política del país. Y la memoria -- principalmente por parte de la izquierda -- de la Iglesia como aliada íntima de Franco es una razón poderosa para el antagonismo que se expresa en su contra. Cada vez que se habla de asuntos como la separación de la Iglesia y el Estado, el aborto, el matrimonio gay y la memoria histórica, surgen en algún lugar editoriales recordando a los lectores de la relación incestuosa de la Iglesia con el régimen. Una imagen que siempre se me viene a la cabeza es una viñeta de El roto de enero de 2008, en que se ve a un arzobispo solemne, de cuya mitra sale un Franco pequeño e inconfundible.
Como casi siempre cito aquí noticias de El país, pensé que me hacía falta investigar un poco qué decían en otros medios sobre la pedida de Garzón con respecto a crear un registro de desaparecidos. Así que primero busqué información en ABC, y luego en La razón. Quería saber cómo se acercaba al tema de la Iglesia en estos diarios. En La razón encontré un artículo revelador: "La memoria que no se quiere recordar olvidar," con un subtítulo de, "La iglesia católica, a la que Garzón reclama datos de sus archivos, sufrió durante la Guerra Civil la 'mayor persecución religiosa de la historia.' Cuatro mil sacerdotes y dos mil religiosos fueron asesinados."
El autor del artículo, José R. Navarro Pareja, comienza tachando de paradójica la pedida de Garzón de cooperación de la Conferencia Episcopal. Según Navarro, "en realidad, la Iglesia católica fue la institución que más sufrió la violencia de aquellos años. Una represión que desencadenó la mayor persecución religiosa de la historia y que los que ahora reivindican la 'memoria histórica' parecen querer olvidar." Cuando la derecha habla de las víctimas de la GCE, casi siempre apunta al clero asesinado brutalmente por los republicanos (el llamado "terror rojo"). Navarro sigue esta fórmula, empeñándose en documentar, de forma casi hagiográfica, varios ejemplos de la violencia ejercida en contra del clero. El artículo va acompañado de una foto de "fieles en la peregrinación de los mártires en Roma."
En octubre de 2007, la Iglesia beatificó al mayor número en masa en su historia - casi 500 "mártires" de la GCE, un grupo que consistía no sólo en sacerdotes y monjas, sino también en gente laica perseguida por creencias religiosas. No fue por casualidad que tal beatificación ocurriera durante el mismo mes en que se aprobó la Ley de Memoria - de hecho, sólo unos días antes de su aprobación oficial. Sin duda, no se puede pasar por alto los asesinatos de unos 6.000 religiosos cuando se habla de los años de la guerra. Pero se tiene que considerar también la manipulación de estas escenas de violencia, durante muchos años, por parte de los franquistas. Como explican Montse Armengou y Ricard Belis en Las fosas del silencio, "[e]l estupor sincero de una parte de creyentes por el asesinato de unos seis mil religiosos fue convenientemente utilizado por el aparato franquista. La necesidad de documentar aquella violencia revolucionaria - la real y la inventada - para poder justificar la propia se traduciría en una nueva herramienta de propaganda: así fue como nació la Causa General" (101).
Si la Iglesia gozara, durante tanto tiempo, de un tratamiento excepcional por el régimen. . .si todo lo que hacía la Iglesia fuera politizada, y todo lo que hacía el régimen recibiera una buena dosis de religiosidad (sólo hay que pensar en la imagen de Franco como soldado en la Cruzada). . .entonces, ¿por qué insiste tanto ahora la Iglesia en quejarse por la persecución que sufría en aquel entonces, y en la que, aparentemente, sigue sufriendo ahora?
Muchos han denunciado el hecho de que la Iglesia - o mejor, la Conferencia Episcopal española - nunca haya pedido perdón por el papel que cumplió durante la GCE y la dictadura franquista - hasta frente a las protestas por el Vaticano mismo. La pedida de Garzón es una nueva oportunidad para reconocer públicamente una pequeña porción de la historia de la relación de la Iglesia católica española con su propia gente.
sábado, 6 de septiembre de 2008
Abrir vs. cicatrizar heridas
El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha hablado esta mañana en un congreso del PSM (Partido socialista de Madrid), sobre la "hipocresía" del PP con respecto a la Ley de Memoria y la investigación reciente de Baltasar Garzón en torno a las fosas comunes. Una de las críticas más frecuentes del PP sobre las iniciativas durante el gobierno socialista a hacer frente a la (des)memoria de la guerra civil - la Ley de Memoria Histórica, la retirada de símbolos franquistas, el censo de desaparecidos - ha sido que es un intento de dividir al pueblo español y de reabrir heridas y rencores entre los españoles.Como informó Carlos Cué el 3 de septiembre ("El PP y los jueces critican a Garzón por 'remover la historia' de la represión," El País), el líder de los populares, Mariano Rajoy, ha afirmado que es "'partidario de no abrir las heridas del pasado, porque no conduce a nada'," mientras Jaime Mayor Oreja, el ex-ministro de Interior de Aznar, ha explicado que la iniciativa de Garzón es un "'disparate'" que sólo representa "'recuperar la peor historia de España.'" Como se sabe, el mismo Mayor Oreja ha hecho comentarios parecidos antes: tal vez el ejemplo más citado (por lo menos en internet) es su pregunta durante una entrevista en La voz de Galicia de 2007, "¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo?" (ver la versión completa aquí).
Desde los comentarios del 3 de septiembre, el portavoz de los populares, Esteban González Pons, ha contradicho a Rajoy, diciendo que las familias de los desaparecidos tienen "'todo el derecho del mundo' a saber dónde están sus cuerpos" ("El PP ahora apoya que se abran las fosas de la guerra"). Es posible que el desacuerdo aparente entre los del PP de un día para otro subraye las divisiones dentro del partido. Pero lo que enfatiza aún más es el peso que tienen los motivos políticos. No es que la política y la ética no se puedan mezclar. Hablo de la manipulación política de la cuestión ética y humana que representan las fosas y la recuperación de sus restos. Como explica ZP, "la mejor manera [de cerrar heridas]. . .como se hace en cualquier país democrático. . .es que no sea objeto de la confrontación partidista":
Es sumamente interesante observar la forma en que los dos partidos hacen referencia a la imagen de la "herida" para hablar a favor o en contra de la conexión con el pasado. La repitición constante de la frase "no reabrir las heridas" por parte del PP es, en primer lugar, una manera de sugerir que los que desean encontrar, identificar y enterrar a sus seres queridos no tienen derecho a sentir esas heridas. Pero aún peor es la sugerencia que esas heridas las causó o está causando una minoría selecta de gente rara - que se está haciendo daño a sí misma.
Está claro que para el PP, "reabrir las heridas" significa mirar hacia atrás, lo cual implicaría, entre otras cosas, recordar a la gente de la encarnación original del partido como la Alianza Popular fundada por Fraga y amigos. "Reabrir las heridas" significaría (significa) también investigar por qué hay heridas, quién las causó, y qué pasó que hasta ahora no se han podido cicatrizar. Los comentarios del PP revelan una falta de respeto total para con la gente que ha sufrido estas pérdidas. Es adoptar un aire paternalista y condescendiente sobre el trauma personal o familiar de otros. Es decir: entendemos mejor que Uds. lo que necesitan, lo que sienten, lo que deben de sentir.
No digo que el PP sea dictatorial; sin embargo, la especie de comentarios que deja saltar alude a la clase de creencias que construye una dictadura: mandando emociones, intentando controlar la memoria del pasado para que sólo exista una versión oficial de la Historia. El partido realmente parece ser un partido derechista pos-dictatorial dedicado a borrar las huellas de su propio pasado - por eso, los comentarios del tipo, "hay que mirar hacia el futuro, no al pasado." Por eso, el miedo a que se toque el tema de la Constitución de 1978, o que se critique el proceso de transición a la democracia.
Lo expresó bien Isaías Lafuente en el prólogo al libro de Emilio Silva, Las fosas de Franco: "¿Puede un país democrático permitir que miles de ciudadanos asesinados como animales por un régimen dictatorial permanezcan enterrados al borde de las cuneta? ¿Puede soportar que eso suceda mientras quien amparó y propició la matanza descansa bajo el altar mayor de una basílica cristiana? La respuesta es tan evidente que casi ofende hacer la pregunta."
miércoles, 3 de septiembre de 2008
"¿Quién se beneficia de esto?" - el censo de desaparecidos
Ante todo, quisiera saludar a Elita (recomiendo ver su excelente blog literario Bibliácora) y agradecerle el dato del artículo en El País que me comentó el otro día.*
Es difícil saber donde empezar esta entrada, considerando la cantidad de artículos publicados hoy sobre Baltasar Garzón y la creación de un censo de desaparecidos del franquismo (y temas relacionados). Esta mañana, sólo en El País (periódico que leo diariamente), había por lo menos 3 artículos nuevos, más un editorial, "Garzón y la memoria." Aunque geográficamente yo esté lejos de España, creo que sería cierto decir que éste es un momento histórico para el país. Según Natalia Junquera ("Media España, sin datos), "[c]on su petición de datos para realizar un censo de desaparecidos y muertos por la Guerra Civil, el juez Baltasar Garzón revolucionó ayer a asociaciones, investigadores e instituciones públicas de casi toda España."
*El 2 de septiembre, El País publicó un artículo de Manuel Altozano, "Garzón lanza la mayor investigación sobre desaparecidos del régimen de Franco." La noticia salió días después de que organizaciones como la ARMH criticaron a Garzón por haber asisitido a exhumaciones y ayudado investigaciones en otros países fuera de España. Hay aspectos complicados del proceso legal en España que reconozco no entender del todo. Pero sí es evidente que la participación de Garzón ha sido fundamental en acelerar los trámites para identificar y documentar a los desaparecidos.
A veces, lo que me parece casi tan interesante como los artículos que salen con respecto a este tema son los comentarios que se publican a su final por los lectores. Los foros de discusión, las salas de chat y otras regiones del mundo virtual parecen incubar gente de una mentalidad extrema -- o de izquierdas o de derechas -- que no puede callarse la boca, exhibiendo así para todo el mundo las opiniones que tal vez no se atreverían a comentar públicamente. A veces hablan por hablar, a veces por ver cómo le responden, a veces por apoyar o defender a alguien con ideas parecidas. Si el tema es controvertido, como casi siempre suele ser el de la GCE y la memoria histórica, echo un vistazo a los comentarios al final del artículo para salir del lenguaje (supuestamente) objetivo y ver qué es lo que opina la gente común y corriente.
No me acuerdo ahora del artículo en que apareció esta pregunta, pero la apunté porque me pareció relevante, aunque se hizo con un tono un tanto amargado o mosqueado. "¿Quién se beneficia de todo esto,?" preguntó la persona del comentario número 60, y, si mal no recuerdo, después de haberse preguntado si también contaban víctimas de otras guerras y de otros momentos históricos. Más que sugerir que las últimas noticias surgían por razones políticas, la irritación del autor parecía provenir de la distancia temporal de la GCE y el franquismo.
Se ha oído mucho, sobre todo del PP (pero también de otros), que todo lo referido a las fosas, la simbología franquista, las conmemoraciones, y la ley de Memoria es reabrir heridas, es remover el pasado para no dejar cicatrizar las heridas. Como antes he hecho aquí, me pregunto: ¿de quién(es) son estas heridas? ¿Cuál es el pasado que tanto desean dejar enterrado los que critican propuestas como la del censo, la desclasficiación de archivos, o reparaciones para los descendientes de represaliados? La pregunta "¿quién se beneficia de esto?" es una pregunta egoísta si se considera, en primer lugar, para qué razón existen tales intentos de identificación, documentación y reparación. La pregunta se niega a examinar las razones tras las decisiones recientes sobre qué hacer (o no) con el pasado traumático histórico: su autor determina que el caso del franquismo no merece un tratamiento especial, ya que hay tantos casos parecidos en la Historia.
Quién se beneficia de esto. Avishai Margalit, en su libro The Ethics of Memory, habla de qué obligaciones -- si es que las hay -- tenemos frente al pasado. ¿Hay un deber a recordar? ¿Hay un "derecho a la memoria," como dijo Dulce Chacón? O, ¿hay un exceso de memoria, como proponen otros como Manuel Cruz en Las malas pasadas del pasado? Creo, como Margalit, en lo que llama la "ética de la memoria." Esa ética, según la entiendo yo, no sólo significa nuestra responsabilidad hacia el pasado, sino hacia el futuro. En cualquier contexto político, hay que romper con la idea de que todo lo que hacemos ahora lo hacemos por y para nosotros.
Sé que la pregunta se formuló como un comentario suelto al final de un artículo. Sé que es una opinión entre muchas. Pero preguntar quién se beneficia del censo propuesto o de las exhumaciones es un insulto a los muertos, y un insulto a sus familias. No hay "beneficios" cuando se está hablando de guerras.
Es difícil saber donde empezar esta entrada, considerando la cantidad de artículos publicados hoy sobre Baltasar Garzón y la creación de un censo de desaparecidos del franquismo (y temas relacionados). Esta mañana, sólo en El País (periódico que leo diariamente), había por lo menos 3 artículos nuevos, más un editorial, "Garzón y la memoria." Aunque geográficamente yo esté lejos de España, creo que sería cierto decir que éste es un momento histórico para el país. Según Natalia Junquera ("Media España, sin datos), "[c]on su petición de datos para realizar un censo de desaparecidos y muertos por la Guerra Civil, el juez Baltasar Garzón revolucionó ayer a asociaciones, investigadores e instituciones públicas de casi toda España."
*El 2 de septiembre, El País publicó un artículo de Manuel Altozano, "Garzón lanza la mayor investigación sobre desaparecidos del régimen de Franco." La noticia salió días después de que organizaciones como la ARMH criticaron a Garzón por haber asisitido a exhumaciones y ayudado investigaciones en otros países fuera de España. Hay aspectos complicados del proceso legal en España que reconozco no entender del todo. Pero sí es evidente que la participación de Garzón ha sido fundamental en acelerar los trámites para identificar y documentar a los desaparecidos.
A veces, lo que me parece casi tan interesante como los artículos que salen con respecto a este tema son los comentarios que se publican a su final por los lectores. Los foros de discusión, las salas de chat y otras regiones del mundo virtual parecen incubar gente de una mentalidad extrema -- o de izquierdas o de derechas -- que no puede callarse la boca, exhibiendo así para todo el mundo las opiniones que tal vez no se atreverían a comentar públicamente. A veces hablan por hablar, a veces por ver cómo le responden, a veces por apoyar o defender a alguien con ideas parecidas. Si el tema es controvertido, como casi siempre suele ser el de la GCE y la memoria histórica, echo un vistazo a los comentarios al final del artículo para salir del lenguaje (supuestamente) objetivo y ver qué es lo que opina la gente común y corriente.
No me acuerdo ahora del artículo en que apareció esta pregunta, pero la apunté porque me pareció relevante, aunque se hizo con un tono un tanto amargado o mosqueado. "¿Quién se beneficia de todo esto,?" preguntó la persona del comentario número 60, y, si mal no recuerdo, después de haberse preguntado si también contaban víctimas de otras guerras y de otros momentos históricos. Más que sugerir que las últimas noticias surgían por razones políticas, la irritación del autor parecía provenir de la distancia temporal de la GCE y el franquismo.
Se ha oído mucho, sobre todo del PP (pero también de otros), que todo lo referido a las fosas, la simbología franquista, las conmemoraciones, y la ley de Memoria es reabrir heridas, es remover el pasado para no dejar cicatrizar las heridas. Como antes he hecho aquí, me pregunto: ¿de quién(es) son estas heridas? ¿Cuál es el pasado que tanto desean dejar enterrado los que critican propuestas como la del censo, la desclasficiación de archivos, o reparaciones para los descendientes de represaliados? La pregunta "¿quién se beneficia de esto?" es una pregunta egoísta si se considera, en primer lugar, para qué razón existen tales intentos de identificación, documentación y reparación. La pregunta se niega a examinar las razones tras las decisiones recientes sobre qué hacer (o no) con el pasado traumático histórico: su autor determina que el caso del franquismo no merece un tratamiento especial, ya que hay tantos casos parecidos en la Historia.
Quién se beneficia de esto. Avishai Margalit, en su libro The Ethics of Memory, habla de qué obligaciones -- si es que las hay -- tenemos frente al pasado. ¿Hay un deber a recordar? ¿Hay un "derecho a la memoria," como dijo Dulce Chacón? O, ¿hay un exceso de memoria, como proponen otros como Manuel Cruz en Las malas pasadas del pasado? Creo, como Margalit, en lo que llama la "ética de la memoria." Esa ética, según la entiendo yo, no sólo significa nuestra responsabilidad hacia el pasado, sino hacia el futuro. En cualquier contexto político, hay que romper con la idea de que todo lo que hacemos ahora lo hacemos por y para nosotros.
Sé que la pregunta se formuló como un comentario suelto al final de un artículo. Sé que es una opinión entre muchas. Pero preguntar quién se beneficia del censo propuesto o de las exhumaciones es un insulto a los muertos, y un insulto a sus familias. No hay "beneficios" cuando se está hablando de guerras.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Creando un registro de víctimas
Se me olvidó mencionar en esa fecha que el 30 de agosto es el Día Internacional del Detenido-Desaparecido. Se puede ver un fragmento de un anuncio relacionado aquí (de la Cruz Roja, y en inglés):
Es imposible que el vídeo cite las estadísticas para todos los países con detenidos y desaparecidos, puesto que es de unos 53 segundos. Pero el fragmento nos recuerda de la cantidad de países que aún tienen a personas desaparecidas. Para más información sobre estas desapariciones, recomiendo leer la página de Amnistía Internacional, la de Human Rights Watch o la de Nacionas Unidas.
El 8 de octubre de 2000 - 20 días antes de que exhumaran los restos de su abuelo - Emilio Silva, uno de los dos fundadores de la ARMH, escribió un ensayo titulado "Mi abuelo también fue un desaparecido." El uso en el título de la palabra "desaparecido" subrayó la conexión íntima que el autor sentía con los nietos de otros desaparecidos. Como se sabe, el término "desaparecido" se usó por la propia dictadura militar argentina. En 1985, Jorge Rafael Videla, dictador de Argentina entre 1976-1981, respondió en una entrevista televisiva que los desaparecidos no están muertos ni vivos - son desaparecidos:
Aparte del asco y la rabia que produce ver la frialdad con que Videla pronuncia esta palabra - y la idea de que es él que la explica - la "definición" que provee sí subraya el estado de incertidumbre perpetuo por el que tienen que pasar los parientes y amigos de un desaparecido. Muchos ya han estudiado el peso del término "desaparecido" y la angustia que provoca saber que nunca se ha encontrado a un ser querido. No es mi intención aquí explorar el uso de esta palabra, pero sí quisiera comentar que el término se ha extendido a muchos otros contextos y ya no se acepta solamente como algo que se refiere a las dictaduras del Cono Sur. En España, como saben muy bien sus familias, amigos y vecinos , también hay desaparecidos. Como explicaron Julio Vidal y María Encina Prada en 2000, (ver Las fosas de Franco. Crónica de un desagravio) muchas veces estos desaparecidos han sido "un secreto a voces, sobre las que recae un pesado y miedoso silencio" (59). Ocho años después, se están señalando más y más - gracias en parte a los testimonios de los que estuvieron allí, o de los que crecieron sabiendo donde se encontraban las fosas -- donde yacen estos muertos.
Hasta el momento, no ha existido ningún registro nacional de víctimas en España. Tampoco se puede ver, que yo sepa, un listado general de las víctimas encontradas en las fosas hasta la fecha. Hace unas semanas mencionamos aquí que se creaba la primera base de datos de la ADN para ayudar a identificar los restos de una fosa común. Hoy Baltasar Garzón ha dicho que será necesaria más información antes que decida si se puede crear un registro de víctimas de la GCE y el franquismo. Se puede leer el artículo original aquí.
Es interesante que, mientras aún no exista tal registro, numerosos sitios web ya hayan intentado crear su propia base de datos, contando con la participación de los internautas para mandar datos y ayudar a reconstruir historias. Mencioné hace poco el blog "Quiénes eran," pero hay muchos otros, demasiados para nombrar aquí.
La espera en España para enterrar dignamente a los "desaparecidos" ha sido de muchos años. Demasiados. Es muy probable que algunos nunca se encuentren. Pero quizá con la atención de Garzón, por lo menos se atienden más rápidamente las peticiones de ayuda para buscar. Las exhumaciones han consistido en mucha ayuda por parte de voluntarios, encima de especialistas como antropólogos forenses y arqueólogos. Pero como explica artículo 13 de la Ley de Memoria Histórica, "Colaboración de las administraciones públicas con los particulares para la localización e identificación de víctimas," el gobierno también necesita colaborar a encontrar e identificar a las víctimas de las fosas:
Es imposible que el vídeo cite las estadísticas para todos los países con detenidos y desaparecidos, puesto que es de unos 53 segundos. Pero el fragmento nos recuerda de la cantidad de países que aún tienen a personas desaparecidas. Para más información sobre estas desapariciones, recomiendo leer la página de Amnistía Internacional, la de Human Rights Watch o la de Nacionas Unidas.
El 8 de octubre de 2000 - 20 días antes de que exhumaran los restos de su abuelo - Emilio Silva, uno de los dos fundadores de la ARMH, escribió un ensayo titulado "Mi abuelo también fue un desaparecido." El uso en el título de la palabra "desaparecido" subrayó la conexión íntima que el autor sentía con los nietos de otros desaparecidos. Como se sabe, el término "desaparecido" se usó por la propia dictadura militar argentina. En 1985, Jorge Rafael Videla, dictador de Argentina entre 1976-1981, respondió en una entrevista televisiva que los desaparecidos no están muertos ni vivos - son desaparecidos:
Aparte del asco y la rabia que produce ver la frialdad con que Videla pronuncia esta palabra - y la idea de que es él que la explica - la "definición" que provee sí subraya el estado de incertidumbre perpetuo por el que tienen que pasar los parientes y amigos de un desaparecido. Muchos ya han estudiado el peso del término "desaparecido" y la angustia que provoca saber que nunca se ha encontrado a un ser querido. No es mi intención aquí explorar el uso de esta palabra, pero sí quisiera comentar que el término se ha extendido a muchos otros contextos y ya no se acepta solamente como algo que se refiere a las dictaduras del Cono Sur. En España, como saben muy bien sus familias, amigos y vecinos , también hay desaparecidos. Como explicaron Julio Vidal y María Encina Prada en 2000, (ver Las fosas de Franco. Crónica de un desagravio) muchas veces estos desaparecidos han sido "un secreto a voces, sobre las que recae un pesado y miedoso silencio" (59). Ocho años después, se están señalando más y más - gracias en parte a los testimonios de los que estuvieron allí, o de los que crecieron sabiendo donde se encontraban las fosas -- donde yacen estos muertos.
Hasta el momento, no ha existido ningún registro nacional de víctimas en España. Tampoco se puede ver, que yo sepa, un listado general de las víctimas encontradas en las fosas hasta la fecha. Hace unas semanas mencionamos aquí que se creaba la primera base de datos de la ADN para ayudar a identificar los restos de una fosa común. Hoy Baltasar Garzón ha dicho que será necesaria más información antes que decida si se puede crear un registro de víctimas de la GCE y el franquismo. Se puede leer el artículo original aquí.
Es interesante que, mientras aún no exista tal registro, numerosos sitios web ya hayan intentado crear su propia base de datos, contando con la participación de los internautas para mandar datos y ayudar a reconstruir historias. Mencioné hace poco el blog "Quiénes eran," pero hay muchos otros, demasiados para nombrar aquí.
La espera en España para enterrar dignamente a los "desaparecidos" ha sido de muchos años. Demasiados. Es muy probable que algunos nunca se encuentren. Pero quizá con la atención de Garzón, por lo menos se atienden más rápidamente las peticiones de ayuda para buscar. Las exhumaciones han consistido en mucha ayuda por parte de voluntarios, encima de especialistas como antropólogos forenses y arqueólogos. Pero como explica artículo 13 de la Ley de Memoria Histórica, "Colaboración de las administraciones públicas con los particulares para la localización e identificación de víctimas," el gobierno también necesita colaborar a encontrar e identificar a las víctimas de las fosas:
1. Las Administraciones públicas, en el marco de sus competencias, facilitarán a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la guerra civil o la represión política posterior y cuyoparadero se ignore.
Lo previsto en el párrafo anterior podrá aplicarse respecto de las entidades que, constituidas antes de 1 de junio de 2004, incluyan el desarrollo de tales actividades entre sus fines.
2. Conforme a su normativa reguladora, podrán arbitrarse subvenciones para contribuir a sufragar los gastos derivados de las actividades contempladas en este artículo.
viernes, 29 de agosto de 2008
Los nietos o la "tercera generación"
Apareció hoy en El País un breve artículo relacionado con 2 personas mencionadas en este blog recientemente - Federico García Lorca y Baltasar Garzón. Nieves Galindo, la nieta de un republicano fusilado, pedirá a Garzón que investigue "el paradero de su abuelo, Dióscoro Galindo, maestro de la localidad granadina de Pulianas asesinado el 18 de agosto de 1936 junto con dos banderilleros y el célebre poeta." El artículo menciona que ésta no es la primera vez que la nieta de Galindo ha intentado abrir la fosa, pero que hasta el momento se ha encontrado con la resistencia de los descendientes de Lorca.
Aparte de lo que implique esta exhumación para la familia Galindo, la familia Lorca, los especialistas lorquianos, o la ARMH, me parece importante señalar que según parece, es una nieta del fusilado - alguien de la "tercera generación" - la que ha iniciado el proceso de búsqueda e investigación. Por ejemplo, como ya se sabe, el presidente del gobierno es el nieto de un republicano ejecutado. Emilio Silva, el fundador de la ARMH, es el nieto de Emilio Silva Faba, uno de los "13 de Priaranza," exhumados de una fosa común en 2000, año en que se fundó la organización.
Es cierto que la idea de una "generación" (de cualquier tipo) raras veces ha sido productiva por la tendencia de sobre-categorizar o esencializar a la gente que la compone. Sólo hay que pensar en las generaciones literarias (el '98, el '27, etc.) o la mal apodada "Generación X" que marcó la vida de mi generación en los 90. Aún así, ¿no puede ser útil considerar el papel de la tercera generación en la "recuperación de la memoria histórica"? Sin duda, la manera en que los nietos abordan el tema de la GCE y la dictadura será diferente que la forma en que los hijos ven estos temas.
Paloma Aguilar, en su libro sobre la memoria de la guerra civil durante la transición a la democracia, habla de un factor íntimamente conectado con la memoria colectiva - lo que otros han llamado en otros contextos "the generational effect." Se explica tal efecto entendiendo que el mismo evento histórico puede producir efectos diversos según la edad de la población (entre otros factores). Aguilar cita a Schuman y Scott (1989) y su estudio sobre la memoria de la guerra de Vietnam en Estados Unidos. Los autores concluyeron que la memoria de la Segunda Guerra Mundial significó algo muy diferente para los de la generación que la vivió, que para los que vivieron la guerra de Vietnam con la misma edad (3). Por cierto presenciamos algo parecido, como explica Aguilar, en cuanto a la memoria de la GCE.
Muchos otros teóricos, sobre todo en los contextos del Holocausto y del Cono Sur, han estudiado y comentado la necesidad de examinar a la segunda generación y su relación con el pasado traumático. Pero puede ser que en España, a casi 33 años desde la muerte de Franco, resulta más eficaz -- si es que vamos a hablar de generaciones -- evaluar el papel de la tercera generación.
Aparte de lo que implique esta exhumación para la familia Galindo, la familia Lorca, los especialistas lorquianos, o la ARMH, me parece importante señalar que según parece, es una nieta del fusilado - alguien de la "tercera generación" - la que ha iniciado el proceso de búsqueda e investigación. Por ejemplo, como ya se sabe, el presidente del gobierno es el nieto de un republicano ejecutado. Emilio Silva, el fundador de la ARMH, es el nieto de Emilio Silva Faba, uno de los "13 de Priaranza," exhumados de una fosa común en 2000, año en que se fundó la organización.
Es cierto que la idea de una "generación" (de cualquier tipo) raras veces ha sido productiva por la tendencia de sobre-categorizar o esencializar a la gente que la compone. Sólo hay que pensar en las generaciones literarias (el '98, el '27, etc.) o la mal apodada "Generación X" que marcó la vida de mi generación en los 90. Aún así, ¿no puede ser útil considerar el papel de la tercera generación en la "recuperación de la memoria histórica"? Sin duda, la manera en que los nietos abordan el tema de la GCE y la dictadura será diferente que la forma en que los hijos ven estos temas.
Paloma Aguilar, en su libro sobre la memoria de la guerra civil durante la transición a la democracia, habla de un factor íntimamente conectado con la memoria colectiva - lo que otros han llamado en otros contextos "the generational effect." Se explica tal efecto entendiendo que el mismo evento histórico puede producir efectos diversos según la edad de la población (entre otros factores). Aguilar cita a Schuman y Scott (1989) y su estudio sobre la memoria de la guerra de Vietnam en Estados Unidos. Los autores concluyeron que la memoria de la Segunda Guerra Mundial significó algo muy diferente para los de la generación que la vivió, que para los que vivieron la guerra de Vietnam con la misma edad (3). Por cierto presenciamos algo parecido, como explica Aguilar, en cuanto a la memoria de la GCE.
Muchos otros teóricos, sobre todo en los contextos del Holocausto y del Cono Sur, han estudiado y comentado la necesidad de examinar a la segunda generación y su relación con el pasado traumático. Pero puede ser que en España, a casi 33 años desde la muerte de Franco, resulta más eficaz -- si es que vamos a hablar de generaciones -- evaluar el papel de la tercera generación.
jueves, 28 de agosto de 2008
Baltasar Garzón y España
Baltasar Garzón se conoce como el "superjuez" o el "juez estrella" de España. Para conocer más sobre su biografía, recomiendo leer la entrevista y el artículo de Daniel Rothenberg, "Let Justice Judge: An Interview with Judge Baltasar Garzón and an Analysis of His Ideas."Me enteré por primera vez de BG durante el "caso Pinochet" (también es el título de un documental de 2002 de Patricio Guzmán) a fines de los 90 cuando el ex-dictador chileno fue arrestado en Londres, gracias a una orden de detención de Garzón, que pidió que fuera extraditado a España. Según el artículo de Rothenberg, todo empezó en 1996, como resultado de 2 casos distintos, y a petición de familiares españoles de desaparecidos durante la dictadura argentina y chilena (929-30). Pero como lo explica Rothenberg, mientras este "caso" (un eufemismo sumamente inadecuado, considerando el sinnúmero de atrocidades bajo el régimen de Pinochet) particular iba evolucionándose, empezó a incluir a miles de otras personas argentinas y chilenas también. Así que está claro que desde el principio, el "caso" iba a tener un peso o un valor transnacional.
En los últimos años, el nombre de Garzón ha aparecido con gran frecuencia en la prensa, dando la impresión de que no hay caso que no le interese perseguir. En marzo, expresó públicamente que se debe procesar a George Bush y a sus aliados por crímenes de lesa humanidad en Irak. Ha investigado a ETA, ha denunciado por genocidio a las fuerzas militares de Ruanda, ha pedido el arresto de grupos mafiosos rusos en Madrid. Y hoy he leído en el sitio de la ARMH que también ha estado en Colombia, asistiendo a las exhumaciones de fosas comunes.
Hablando aquí como alguien sin ninguna conexión personal o directa con la dictadura franquista - o cualquier otra dictadura - tengo que confesar que siempre he admirado desde lejos el labor de Garzón y sus esfuerzos de perseguir y arrestar a los criminales que aún andan libremente por las calles, como si nunca hubieran tenido nada que ver con detenciones, despariciones, torturas, y asesinatos.* Pero al mismo tiempo, puedo entender por qué hay gente que lo critica.
Como varios investigadores - entre ellos, el historiador y profesor extremeño Francisco Espinosa Maestre - ya han apuntado, debemos tener en cuenta muchos factores al observar la participación de Garzón en la llamada justicia "universal" o transnacional. Ante todo, es imposible no considerar la relación histórica entre España y países como Chile o la Argentina. Cada uno ha tenido una dictadura y ha manejado de una forma diferente la transición a la democracia y la memoria de su pasado traumático. Pero el involucramiento español en los sistemas políticos y jurídicos de Chile y Argentina se puede percibir menos como ayuda, y más como una imposición de la "madre patria" o un intento de arreglar o controlar lo que no pueden arreglar por su cuenta estos países. Es más, pensando en la aparente ausencia de Garzón en la cuestión de las fosas comunes de España, es natural cuestionar - como ya han hecho muchos - los motivos del juez en otros países.
El artículo de hoy (de la portada de la ARMH), "PIDEN AL JUEZ GARZÓN QUE ASISTA A EXHUMACIONES DE FOSAS COMUNES EN ESPAÑA," cita a Garzón en Colombia, después de haber asistido a una exhumación de desaparecidos colombianos. Según el juez, "La verdad es que no había tenido ocasión de ver una fosa en la que se está descubriendo cadáveres y ver los cuerpos y sus restos." Luego reconoció la importancia de las exhumaciones para las familias de los desaparecidos, afirmando que "la desaparición forzada de personas es el peor crimen que puede existir." Se puede leer el resto del artículo aquí
Desde hace tiempo me he preguntado si tal situación - o sea, la de Garzón en los asuntos exteriores - se puede leer como lo que llamaría Freud un "desplazamiento," definido brevemente en Wikipedia como "un mecanismo de defensa inconsciente en que la mente redirige algunas emociones de un objeto y/o representación psíquica. . .que se persigue como peligroso o inaceptable a uno aceptable." No digo que Garzón mismo exprese tal concepto o que él personalmente desplace algo, sino que sus acciones se pueden percibir, por admirables que sean, como expresiones de un duelo inacabado, que luego se desplaza hacia países como la Argentina y Chile. Creo que si organizaciones como la ARMH tuvieran la atención y el apoyo de un juez "de primer plano" como Garzón, tal vez fuera más fácil proseguir con las exhumaciones y la documentación necesaria de los restos, sobre todo porque gran parte del trabajo sigue siendo de voluntarios.
De momento, habrá que esperar a ver cómo responde el juez a la pedida pública de la ARMH. . .
*Un buen ejemplo reciente (julio 2008) de alguien así es el caso del ex-presidente serbio-bosnio Radovan Karadzic, que fue arrestado por la policía serbia después de 13 años andando en libertad.
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